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Full text of "Historia de la Santa a.m. iglesia de Santiago de Compostela"

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Tipografía y Encuademación del 
Seminario C. Central. • Santiago 



EX LIBR1S 

WALTER MUIR 

WHITEHILL JÚNIOR 

DONATED BY 

MRS W. M. WHITEHILL 

1979 






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piC, p, y^NTONIO pÓPEZ pERREIRO, 

CANÓNIGO DE LA MISMA 

y correspondiente de la Real Academia de la Historia. 



(CON LICENCIA DE LA AUTORIDAD ECLESIÁSTICA) 



Imp. y Enc. del Seminario Conciliar Central 

1839 



Es PBOPIKDAD. — Queda 
nicho ít dtpósito que ytuxtea 
ta 5?ctj . 



LIBRO SEGUNDO 

LOS TRES PRIMEROS SÍGLOS DE LA IGLESIA 

COMPOSTELANA 



VI 



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CAPÍTULO I 



Descubrimiento del Sepulcro de Santiago.— Venida de D. Al- 
fonso el Casto á Arca Marmorica para enterarse por sí mis- 
mo del venturoso hallazgo. — El Papa San León III. — Enu- 
meración de las principales Reliquias de Santiago de que 
hay noticia en diversas iglesias de Europa. 




(*) 



l hacer Isaias en el capítulo XV de su 
Profecía la reseña de las futuras gran- 
dezas y prerrogativas de la Humanidad 
de Nuestro Señor Jesucristo, cuenta 
como una de ellas, el que á Él habrían 
de dirigir sus preces las naciones, y que su Sepulcro 
sería glorioso. Ipsum gentes deprecábuntur , et Sepulchrum 
ejus erlt gloriosum. En más de una ocasión manifestó el 
Señor, con hechos patentes, que era su voluntad, que 
sus más amados Discípulos participasen de sus glorias, 



(*) Esta inicial, lo mismo que todas. las demás de los capítulos de este 
tomo, ha sido tomada por el distinguido grabador D. Enrique Mayer, por. 
medio del calco, del Salterio de Fernando I, escrito é iluminado en el 
año 1055. 



8 LIBBO SEGUNDO 



como compartían con Él las humillaciones y los sufri- 
mientos. Los tres Discípulos que fueron testigos de las 
amarguras del Huerto de las Olivas, lo fueron también 
de las radiantes y maravillosas magnificencias del Ta- 
bor. Parecía, pues, que podía esperarse de la benignidad 
del Señor para con sus amados Discípulos, el que tam- 
bién ellos tuviesen un Sepulcro glorioso. Así lo tuvieron, 
en efecto, San Pedro en Roma y San Juan en Efeso. 
Mas el Sepulcro de Santiago, ¿dónde se hallaba? El tiem- 
po, las vicisitudes humanas, las dolorosas crisis por que 
tuviera que atravesar nuestra Península, borraran todo 
recuerdo, toda indicación precisa del sitio en que esta- 
ba; y ya no era pequeña cosa el que se hallase graba- 
do en la memoria de los pueblos y consignado en algún 
códice poco conocido, que Santiago yacía, sepultado en 
Arca marmorica, ó Arcis marmoricis, en la comarca de 
Amaía, provincia de Galicia. Y sin embargo, la volun- 
tad del Señor era, que Santiago tuviese un Sepulcro 
glorioso, ante el cual también las naciones elevasen sus 
plegarias. 

La Amaía era una región incluida en el territorio 
de los Cáporos, y ocupaba toda la cuenca del Sar hasta 
cerca de Iria Flavia, y por el N. se hallaba limitada por 
el Tambre. Casi en el extremo oriental de esta región, 
había un pequeño castro (1), en cuya vertiente, por la 
parte que miraba al Sudeste, á principios del siglo IX, 
se elevaba una muy modesta iglesia, que servía de 
parroquia para el reducido número de labradores que 



(1) Este castro coronaba un alto cerro que por el Mediodía se extendía 
hasta el río Sar, y por el Noroeste, con más larga pendiente, llegaba hasta 
el Sarela, afluente del Sar, 



LOS TRES PRIMEROS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELAff A 9 

cultivaban algunas tierras como á tres kilómetros hacia 
el Nordeste en los lugares de A mió, cerca del Sar, y en 
algunas otras aldeas á la redonda. 

No consta desde cuándo databa la iglesia; pero á 
juzgar por algunas sepulturas que se descubrieron á 
principios del siglo pasado, en el año 1724 (1), para 
ensanchar el atrio, debía remontarse á los siglos V ó 
VI. Dichas sepulturas estaban excavadas en la misma 
roca como otras del tiempo de los Suevos. Actualmente 
esta iglesia de aquella época, no conserva más que el 
tímpano ó dintel de la puerta de entrada, el cual ostenta 
grabada una sencilla cruz de brazos iguales, y puede 
atribuirse al siglo VIII ó IX, y quizás proceda de la ree- 
dificación hecha por el Obispo Sisnando I. San Félix, 
mártir de Gerona, era su Santo titular, y además como 
sobrenombre llevaba el de Solóbio ó Sub lóbium, esto es, 
debajo ó al pie del bosque ó de la enramada (2). 

El terreno inmediato á la iglesia estaba, al parecer, 
despoblado. El castro, á cuyo pie ésta se erguía, si en 
otro tiempo había servido para guardar los confines de 
los antiguos Amaeos, entonces, como tantos otros en 
nuestra región, quedara sin objeto, y se convirtiera en 
un espeso y casi impenetrable matorral, como era todo 
el suelo que lo rodeaba. 

En los comienzos del siglo IX dieron en esparcirse 
rumores de que de la Otra parte del castro, en el sitio 
en que justamente el bosque era más cerrado y más 
denso, se veían de noche luces extrañas como estrellas, 



(1) V. Huerta, Anales de Galicia, tomo I, lib. II, cap. VIII, pág. 110. 

(2) Lobium ó Lobio viene de la raíz germánica laub, frondosidad ; 
ramaje. 



10 líbbo Segundo 



y aun se oían voces suaves y armoniosas, que al parecer 
nada tenían de natural. Los rumores cada día fueron 
tomando cuerpo, hasta que se hicieron públicas y noto- 
rias aquellas maravillosas manifestaciones, y muchos 
eran los que deponían haber visto las luces y resplando- 
res prodigiosos y haber oído las voces y los cánticos. 

Vivía por allí cerca, hacia el sitio que hoy ocupa la 
iglesia de San Payo ó Pelayo, un piadoso anacoreta, por 
nombre Pelayo, el cual, fuese por divina inspiración, 
como dicen algunos, fuese por inducción de algunos da- 
tos históricos que él pudiese poseer, no tardó en darse 
en cuenta de lo que significaban aquellas extraordina- 
rias apariciones, pues para él en aquel sitio debía de 
hallarse sepultado el cuerpo del bienaventurado Apóstol 
Santiago (1). 

Cundió la voz y la fama de lo que ocurría, y traspa- 
só los límites de la parroquia de Solobio; pues las luces 
no desaparecían, ni los cánticos cesaban. Ya no era sólo 
el vulgo, el pueblo, el que se hacía eco de tales prodi- 
gios; sino que muchas personas notables quisieron averi- 



(l) Dubium quidem non est sed multis manet notum, —se dice en la 
Escritura de concordia entre el Obispo Compostelano D. Diego Peláez y el 
Abad S. Fagildo otorgada en 1077,— sicut testimonio Bti. Leonis didicimus 
Papae, quod Bmus. Apóstol us Iacobus Hierosilimis decollatus a discipulis 
Ioppem asportatus, ad ultimum Hispaniam, manu Domini gubernante, sit 
translatum, et in finibus Galleciae sepultum per longa témpora mansit 
occultum. Sed quia lux in tenebris, vel lucerna sub modio diu latere non 
potuit, divina providente clementia, temporibus serenissimi Regis domini 
Adefonsi, qui vocatur Castus, cuidam anacoritae nomine Pelagius, qui non 
longo a loco, in quo apostolicum Corpus tumulatum iacebat, degere consue- 
verat, primitus revelatum esse angelicis oraculis dignoscitur. Deinde sacris 
luminaribus quam pluribus fidelibus in ecclesia sancti Felicis de Lo vio, 
cornmorantibus ostenditur. 



LOS tfBEá PBIMEBOS SIGLOS DE LA I. ÓÓMíOSfíÍLAttA Ü 

guar qué era lo que en esto había de cierto, y contem- 
plar por sí mismas tan inusitado espectáculo. Ya no 
cabía dudar, de que aquello era presagio ó indicio de 
algún grave y trascendental acontecimiento, que esta- 
ban muy lejos de poder adivinar. Los más autorizados 
entre ellos juzgaron que lo que procedía era poner en 
conocimiento del Diocesano, el Obispo de Iría, todo lo 
que estaba pasando, para que él tomase las providen- 
cias que creyese más convenientes. 

El venerable Teodomiro, que éste era el Prelado que 
entonces ocupaba la Sede Iriense, escuchó, no sin extra- 
ñeza y asombro, lo que le referían aquellas personas dig- 
nas de entero crédito, entre las cuales es fácil que se 
contase el anacoreta Pelayo; pero, no porque dudase de 
su veracidad, sino porque quería presenciar por sí mismo 
aquellos prodigios, dejó su ciudad episcopal y se vino al 
solitario bosque , teatro de tan impensadas maravi- 
llas (1). Y vio por sus propios ojos las maravillosas luces 



(1) Qui inito consilio Iriensem Episcopum dominum Theodomirum 
arcessiverunt, sanctam visionem illi detegentes. (Escrit. cit.) 

Quídam namque personati et magnae auctoritatis viri praefato Episcopo 
(Theodomiro) retulerunt se luminaria in nemore, quod super Bti. Iacobi 
tumbam diuturna vetustate excreverat, nocturno tempore ardentia multo- 
tiens vidisse; ibique Ángelus sibi frequentius apparuisse. (Hist. Comp., li- 
bro I, cap. 2). 

Por rreuelacon foy alguus homes et personas de grande auctoridade 
demostrado et apertamente viiam grandes lumes de candeas arder de noyte 
et de dia en huun monte muy espeso de muytas aruores et siluas a oyto 
milias de Iria, et que non se apagauan de dia e de noyte. Et mays que oyan 
ende continuamente grandes cantares de angeos. Os quaes foron a o dito 
Obispo e lie contaron a dita uison. (Coránica de Sta. María de Iria, de la 
copia original que se guarda en el Archivo de la S. I. M. de Santiago, y 
aue fué escrita por Ruy Vázquez hacia el año 1467}. 



12 LIBEO SEGUNDO 



y resplandores, y oyó las angélicas melodías (1). No era 
dado vacilar; todo aquello encerraba un misterio que, 
con los auxilios divinos, era preciso aclarar. Publicó un 
ayuno de tres días para obtener del Señor luz y acierto 
en los trabajos que se proponía emprender. 

Hecha esta necesaria diligencia para no incurrir en 
la nota de temeridad, el día de antemano señalado se 
presentó con trabajadores de su confianza en el lugar de 
las estrellas, comenzó á desmontarlo de toda la maleza y 
ramaje, y pronto descubrió restos de antigua edificación. 
Esto no hizo más que comunicar mayor ardor á los ope- 
rarios, mayor atención y ansiedad al Prelado, y aumen- 
tar la indecible expectación de las turbas de fieles, que 
habían acudido en tropel al sitio, ávidos de contemplar 
el desenlace de tan extraordinarios acontecimientos. 

Comienzan á sacar ladrillos, trozos de mármol, silla- 
res de granito, hasta que al fin dan con los muros de un 
pequeño monumento perfectamente labrado. Con cre- 
ciente afán y empeño siguen escombrando, y dejan 
descubierto el edificio y el embaldosado que lo rodea. 
Allí pudieron notar dos sepulturas cubiertas con baldo- 
sas de ladrillos; pero, ¿qué era lo que contenía el edifi- 
cio? La puerta estaría probablemente tapiada. A una 
indicación del Prelado la franquean; y el venerable 



(1) Quo audito ipsemet ad eum locum unde illi se talia vidisse assere* 
bant, accessit, et luminaria in praedicto loco ardentía propriis oculis pro- 
culdubio aspexit. (Hist. Comp., loe. cit.) 

O qual quando oyeu, foy muy marauillado, e foyse con eles ao dito 
lugar, et por la gracia de Deus, que querío illuminar et onrrar a egleaia 
onde tal por lo precioso thesouro do corpo do glorioso apostólo Santiago, ó 
dito bispo por sy meesmo veo as ditas candeas e luminarias et oyeu os 
ditos cantares angelicaes. (Coránica citada). 



LOS TRES PBIMEBOS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 



13 



Teodomiro penetra y ve un altar, y al pie del altar una 
losa sepulcral rodeada de un pavimento de mosaico. 
Hace levantar la losa; y aparece un cadáver, que á juz- 
gar sólo por el sitio donde se halla, debajo de un altar. 




Miniatura del Tumbo A, fol. 1 vuelto que representa el descubrimiento de los Sepulcros 

de Santiago y sus dos Discípulos. 



no podía menos de ser de un Santo, y de un gran Santo. 
Reconoce, registra, repasa todo el Sepulcro, todos los 
objetos que en él se hallan, examina la bóveda, las pa- 
redes, quizás decoradas con pinturas, y todos los rincones 



14 LIBRO SEGUNDO 



del monumento, se fija en la lámpara ó lucerna que de- 
bió estar cerca del altar (1), y halla, no ya indicios, 
sino pruebas evidentes de que el Santo que allí yace se- 
pultado es nada menos que el Apóstol Santiago, Evan- 
gelizador de España. Esto lo movió, sin duda, á confron- 
tar con los datos que se hallaban consignados en algu- 
nos de los códices que entonces habían de guardarse en 
Iria, las circunstancias del lugar y del hallazgo; y por 
de pronto vio que aquel sitio se llamaba Arca marmorica, 
y que estaba dentro de los confines de la Amaía. Este 
era el sitio en que las antiguas memorias colocaban el 
Sepulcro de Santiago (2). Por allí cerca estaba también 
el famoso monte Ilicino, en el cual, aún en tiempo de 



(1) En las antiguas miniaturas que representan esta escena, se ve, en 
efecto, una lámpara suspendida sobre el sepulcro. 

(2) Qui (Theodomirus) indicto triduano jejunio, fidelium caetibus 
agregatis, Beati Jacobi sepulchrum marmorcis lapidibus contectum inve- 
nit. (Escrit. cit.) 

Divina igitur inspiratus gratia (Theodomirus) praefatum nemusculum 
festinanter adiit, et diligentius circunspiciens, quamdam domunculam mar- 
moream tumbam intra se continentem, inter sylvas et frútices invenit. 
(Hist. Comp., loe. cit.) 

Et por la graca de Deus entrou (Teodomiro) ena espesidume do monte 
• et achou hua casilla pequeña de arcos de marmores et dentro hua tunba de. 
moymento moy boo, a qual asy achada, dou muytas gracas a Deus e lan- 
couse en oración et en jajun (ayuno) et foylle reuelado que era aly sepultado 
o corpo do apostólo Santiago Zebedeu, que auia oytocentos anos que ally 
jazia ascondido en aquel monte et siluas et matos. (Corán, cit.) 

La Compostelana, que guardó toda su facundia y verbosidad para des- 
cribir el pontificado de D. Diego Gelmírez, bien pudo dar del descubri- 
miento del Cuerpo del Santo Apóstol algunos de los muchos pormenores 
que en su tiempo aún no podían estar olvidados; pues aunque su objeto era 
historiar lo primero, lo segundo fué suceso tan capital, que bien merecía 
mayor detención y una relación más minuciosa. Pero los autores de la 



tOS TRES PRIMEROS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELAN A 15 

Sisnando I tan viva se conservaba la memoria de mu- 
chas de las escenas á que dio lugar la traslación y sepul- 
tura del sagrado Cuerpo de Santiago. Otras coinciden- 
cias, no menos inesperadas, hallaría Teodomiro, que 
ahora no podemos adivinar, pero que, á no dudarlo, 
hicieron en su ánimo profunda impresión, y le obligaron 
á prorrumpir en exclamaciones de la más viva y sincera 
gratitud por el imponderable beneficio que acababa de 
recibir. ¿Y qué espectáculo no ofrecería aquella muche- 
dumbre apiñada en el bosque, al saber que era el Sepul- 
cro de Santiago lo que contenía aquella Mamoa ó Arca, 
que por tanto tiempo había pasado inadvertida, como 
tantas otras en nuestro país? Podrá imaginarse y hasta 
cierto punto sentirse, mas no describirse. Diríase que 
era una familia desolada, que de un modo inopinado, 
recobraba á su amoroso Padre, á quien habían llegado á 
creer para siempre perdido. 

Cuéntase del venerable Asturio, Obispo de Toledo, 
que después que halló en el Campo laudable, ó sea Alcalá, 
los restos de los Santos Niños Justo y Pastor, ya no qui- 
so separarse de ellos en toda su vida. Es fácil que Teo- 
domiro no se acordase de esto; pero, como los sentimien- 
tos que dominaban su pecho, eran los mismos que los de 



Compostelana trataron siempre los sucesos antiguos, si no con despego, al 
menos con cierta apatía é indiferencia. 

D. Alfonso III, en su Carta al Clero y pueblo de Tours, (Esp. Sag., t.XlX, 
Apénd., p. 34G. — V. Apéndices n.° XXVII, p. 59) les había prometido en- 
viarles una relación detallada de este suceso; pues les dice que acerca de 
él y de cómo el Cuerpo se había manifestado evidentemente, había mu- 
chos y graves testimonios, como cartas de Arzobispos, historias de Padres 
y deposiciones de muchas personas. 



16 LIBRO SEGUNDO 



Asturio, adoptó igual resolución. Mas no se contentó 
con esto. Su corazón se dilataba con la vehemencia de 
los afectos que en él rebosaban; y Teodomiro hubiera 
querido extender á toda su Diócesis, á toda Galicia, á 
toda España, el santo entusiasmo de que él se hallaba 
poseído. Con este designio, él mismo se puso en camino 
para dar cuenta al rey D. Alfonso II del maravilloso 
descubrimiento con el cual España recobraba su Após- 
tol, su Patrón y su Defensor (1). 

D. Alfonso escuchó, no menos impresionado que Teo- 
domiro, la relación que éste le hacía de todo cuanto ha- 
bía pasado; y bien hubiera querido volar como su pen- 
samiento hacia aquel sitio venturoso que guardaba al 
que había de ser como la égida de España. Procuró, no 
obstante, compensar de algún modo la tardanza con la 
solemnidad y aparato con que hizo su visita. No vino 
solo, vino acompañado de los magnates de su Corte y 
con el corazón henchido de veneración y de piedad. 
¡Qué día aquel en que, en el bosque de Lobio, entre los 
escombros de Arca marmorica, se veía postrado á un Mo- 
narca rodeado de inmensa muchedumbre elevando hu- 
mildes y fervorosas preces ante un Sepulcro, que la tie- 
rra por manera tan prodigiosa acababa de devolver al 



(1) Qui máximo gavisus gaudio (Theodomirus) religiosissimum Re- 
gem praefatum vocare non distulit. (Escrit. cit.) 

Qua inventa, Deo gratias referens, Casti Regis Adefonsi, qui tune in 
Hispania regnabafc, praesentiam incunctanter adivit, eique rem ut audierat 
et propriis oculis viderat, veraciter notificavit. (Hist. Comp., loe. cit.) 

Et enton o dito bispo foyse a el Rey don Afonso ó Casto por sy meesmo, 
et disolle todo, como a el por la graca de Deus fora reuelado o corpo do 
apostólo Santiago. (Coránica cit.) 



LOS TBES PEIMEBOS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELAffA. 17 

amor y á la veneración de los españoles! El mismo don 
Alfonso confiesa (1), que lo había venerado yreverencia- 



(1) Quod ego audiens cum magna devotione et supplicatione ad ado 
randum et venerandum tam pretiosum thesaurum cum Majoribus nostri 
Palatii cucurrimus, et eum sicut Patronum et Dominum totius Hispaniae 
cum lacrymis et precibus multis adora vimus. (D. Alfonso II, en el Diploma 
otorgado á Santiago y al Obispo Teodomiro en 4 de Septiembre de 829). 

Huerta (Anales de Galicia, tom. II, lib. VIII, c. IX), publicó acerca de 
estos sucesos dos relaciones en gallego, que en muchos de los pormenores 
que traen, merecen muy poca fe. La primera está tomada de un ejemplar 
de la Historia Iriense, de que gozó el analista de Galicia, pero que no 
concuerda en todo con la Historia Iriense, que conocemos. Después de 
describir, cómo Teodomiro halló el Cuerpo del Apóstol, añade: «E alí arri- 
mado á él (al Sagrado Cuerpo) o seu bordón de Romeyro e un petrefedis 
con letras latinas e gregas que decían: Aquí jaz Jacobe, filio del Zebedeu e 
de Salomé, hirmao de Jan, aquén matou Herodes en Jerusalern." 

La segunda relación está tomada del prólogo del antiguo Libro de la 
Cofradía de Cambiadores. Este libro, que contenía cuentas y actas de la Co- 
fradía, existe, pero faltoso de algunos folios, y se comenzó á escribir en los 
primeros años del siglo XIV. El encabezado, según Huerta, era como si- 
gue: «Memoria do que conten a fundación dos cambeadores da iglesia de 
Santiago, e como apareceu o corpo de Santiago todo enteyro, que estaba 
escondido nua cova labrada con dous arcos de pedra debayxo da térra nun 
moy mentó de marmor no meu do monte de Burgo de Libredon, abaijo do 
castro de san Fiz de Solobio e termos de Bonaval, donde está outro Castelo 
chamado do Camino que vay direyto a see do Apostólo.» 

Sigue la descripción del descubrimiento del Cuerpo de Santiago; y luego 
termina: «E virón ser o santo corpo do Apostólo e que tina a cabeza courtada 
e o bordón dentro cun letreyro que decia: Aquí jaz Jacoho filho do Zebedeo 
e de Salomé, hirmao de San Juan, que matou Herodes en Jerusalern e veo por 
mar co os seus discípulos fasta Iria Flauta de Galicia, e veo nun carro e bois 
de Lupa, señora deste campo; e daqul non quijeron passar mais adiante: e San 
Cicilio discípulo do Apostólo le fez estando juntos os mais discípulos. E esta- 
ba escrito esto en grego e latino dentro do moy mentó. E en XXV de Julio 
se descubreu.» 

Erce Ximenez (Pte. I, trat. VII, c. IV), había advertido que la primera 
hoja del libro estaba borrosa y casi ilegible, y que en el año 1624, antes 
que desapareciese del todo lo escrito, se trasladó á otra hoja nueva. Enton- 
Tomo II.— 2. 



18 LIBEO SEGUNDO 



do como d Patrón y á Señor de toda España con abundan- 
tes lágrimas y oraciones fcum lacrymis et prectbus multisj. 
¡Cuántas las habrían ya precedido y cuántas las siguie- 
ron después! Y era que el Sepulcro del obscuro Pescador 
de Galilea comenzaba á ser glorioso! 

Triste es confesarlo; pero el día en que tuvo lugar el 
hecho memorable del descubrimiento de los sagrados 
Restos del Apóstol, no figura en el calendario, porque se 
ignora. Entonces se sentía repugnancia á instituir fies- 
tas nuevas; por lo que la fecha de este dichoso aconteci- 
miento fué quedando sólo confiada á la memoria de los 
fieles, la cual, al fin, se perdió por completo (1). 

Poco menos pasó con el año: algunos autores, como 
Morales y Yepes, lo colocan en el año 835; otros, como 
Castellá, en el año 829; Pellicer en 825; Huerta en 813; 
y los secuaces de los falsos Cronicones, como Gándara y 
Argaíz, en el año 801 ó en el 799. El P. Flórez (2) no se 
atreve á fijar año, y sólo dice que el Descubrimiento de- 
bió de haber sido antes del 814. 

El único Diploma que se conserva, de los varios que 
D. Alfonso II otorgó á la Iglesia de Santiago, no sirve 
para resolver la cuestión; porque dicho documento, como 
ya advirtió Flórez (3), fué despachado bastante tiempo 



ees fué cuando, conservando lo substancial de la narración, se introdujeron 
algunas especies fabulosas, como la referente k San Cecilio, á los Españas, 
los Temes, losBoanes, etc.. , en las cuales vieron satisfechos los poseedores 
del Códice, que solían ser los más antiguos entre los Cofrades, su vanidad 
y sus pruritos genealógicos. 

(1) En el prólogo del libro de los Cambiadores se decía que el feliz 
descubrimiento había tenido lugar el 25 de Julio: mas como dicho prólogo 
ha sido muy retocado, no podemos prestarle gran crédito. 

(2) Esp. Sag., t. XIX, p. 69. 

(3) Esp. Sag., t. XIX, p. 47. 



LOS TRES PBIMEBOS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 19 

después de descubiertas las sagradas Reliquias, y nada 
contiene de la fecha del descubrimiento. 

La fecha que aparece más aceptable, es la de Huer- 
ta, ó sea, el año 813. En una Escritura de Samos del 
año 811, aparece subscribiendo un Obispo con el nombre 
de Quendulfus; en otras dos de Oviedo de Noviembre 
de 812 aparece también otro Obispo con el nombre de 
Qiándulfus. Este Quindulfo ó Quendulfo es sin duda el 
antecesor de Teodomiro; y por consiguiente el descubri- 
miento de las Reliquias debió tener lugar después de No- 
viembre de 812. Por otra parte la Compostelana dice (1) 
que el descubrimiento sucedió en tiempo de Cario Mag- 
no, el cual falleció en 814; por lo tanto, entre estas dos 
fechas, fines de 812 y 814, debe colocarse la aparición 
de los Restos de Santiago. Que Cario Magno llegó á 
tener conocimiento de tan feliz suceso, y que aún con- 
tribuyó de algún modo á celebrarlo, parece demostrarlo 
el Aniversario que por él se hacía el 6 de Julio en la 
Iglesia Compostelana (2). 

Contra esto podrá alegarse una Escritura del Tumbo 
de Sobrado (3), datada el 1.° de Septiembre de 818, en la 
cual se cita como testigo á Kindulfvs, Obispo de Iria. 
Según esto, no habiendo podido ser Teodomiro Obispo 
de Iria antes de esta fecha, después de esta fecha es for- 



(1) Hoc autem sub tempore Caroli Magni facfcum fuisse multis refe- 
rentibus audivimus. (Lib. I, c. II, núm. I). — El Cronicón Irievse también 
dice que sucedió «diebus Caroli Regis Franciae et Alfonsi Hispaniae Regis.» 
(Esp. Sag., t. XX, pág. 602). — Lo mismo aürma Gelmírez en un Privilegio 
otorgado á San Martín Pinario en 1 1 15. 

(2) V. Morales, Coron. gen. lib. IX, cap. VII, y Viaje Santo. 

(3) Tomo I, núm. XLII, en el Archivo Nacional Histórico, — V. Apén- 
dices, núm. I. 



20 LIBBO SEGUNDO 



zoso colocar el descubrimiento del Cuerpo del Apóstol. 
Mas, si bien se mira, la cita que allí se hace de Quendul- 
fo como testigo, no es para el otorgamiento de la escri- 
tura, sino para la entrega de unos bienes, que debió 
haberse hecho algunos años antes. 

Una diligencia necesaria no omitió D. Alfonso, y fué 
poner en conocimiento del Papa San León III el descu- 
brimiento del sagrado Cuerpo de Santiago, consultándo- 
le tal vez acerca de lo que sería conveniente hacer. 
Quizás lo haría por conducto de Cario Magno, que tan 
en íntimas relaciones se hallaba, así con el Papa, como 
con el mismo D. Alfonso. Lo cierto es que San León 
recibió con júbilo tan grata nueva, y aún juzgó oportu- 
no anunciarla á toda la Iglesia por medio de la Epístola 
Noscat, fraternitas vestra, que hemos publicado en el libro 
primero, cap. IV, §. I. 

Con ser tan cierta y tan evidente la existencia del 
Cuerpo de Santiago en Arca marmorka ó Compostela, 
aun antes de la solemne declaración del Sumo Pontífice 
reinante León XIII (1), sin embargo no faltaron quie- 
nes hubiesen pretendido para sus respectivas iglesias, 
todos ó gran parte de los Restos de nuestro Apóstol. 
Hoy esta cuestión, en realidad, es ociosa; no obstante, 
como para tener alguna noticia de lo que se ha dicho 
sobre el particular, mencionaremos algunas de estas ya 
caducadas reclamaciones. 

En Tolosa de Francia afirmaban que poseían el 
Cuerpo entero de Santiago con la cabeza. Así Nicolás 
Bertrand, citado por Cúper (2), publicaba en el año 1515: 



(1) En la Bula Deus Omnipotens expedida en 1.° de Noviembre de 1884. 

(2) Acta Sanct., tom. VI de Julio, dic XXV, pte. I, §. VI. 



LOS ÍEES P&IMEBÓS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 21 

Primo jacet (en la iglesia de San Saturnino) et aperte, 
monstratur corpus et caput Sancti Jacobi Majoris, fílii Zébedaei. 
Del mismo modo Menagio y Claudio Menard lo supusie- 
ron en la iglesia de San Maurilio en Angers. Otros lo 
llevaron á Verona, y lo colocaron en un monasterio ex- 
tramuros de esta ciudad. En la diócesis de Milán, en el 
pueblo de Zibiti, hay una iglesia dedicada á Santiago, 
en la cual también se creyó que se hallaba el Cuerpo del 
Apóstol del mismo nombre (1). 

Asunto es éste que no debe ser tratado ligeramente; 
y para proceder con la necesaria circunspección, ade- 
lantaremos aquí dos advertencias, que ya tuvo presen- 
tes el P. Cúper al ocuparse de las Reliquias de nuestro 
Apóstol (2). Es la primera, que ya en tiempo de Teodo- 
reto, como se ve en el Diálogo Impatibilis, era fre- 
cuente tomar una pequeña parte por el todo de las Re- 
liquias de un Santo. In Sanctorum enim Apostolorum, dice 
el elocuente Obispo de Cyro, vel Prophetarum aut Marty- 
rum aedes sacras ingressi interrogamus: Quis situs est in arca? 
Qui autem verum norunt, respondentes, aut Thomam forte 
Apostolum dicunt, aut Joannem Baptistam aut Stephanum 



(1) Empero, Nicolás Chorier, para no dejar del todo descontentos y 
desairados á los españoles, asienta en su Historia general del Delfinado, que 
el Conde de Albon, Gruigues III, inauguró en el año 1107 las peregrina- 
ciones á Compostela con motivo de la visita que en dicho año hizo á este 
santuario para venerar unas reliquias, que se reducían á la cabeza de un 
santo llamado Jacobo, que había sido sepultado en la iglesia de Echerolles, 
á una legua de Grenoble; la cual cabeza traída á, Galicia se convirtió en 
cabeza de Santiago el Mayor. Por lo visto, el espíritu que inspiró los falsos 
Cronicones se dejó sentir en todas partes; sólo que en unas se contentó con 
enaltecer las cosas domésticas; en otras propendió además á denigrar ó á 
obscurecer las ajenas. 

(2) Act. Sanct., loe. cit. 



22 LIBBO SEGUNDO 



Martyrum antesignanum, aut aliurn quempiam ex Sanáis no- 
minantes, tametsi perexignae interdum réliquiae conditae sint. 
Ahora, si es fácil tomar por el cuerpo entero una peque- 
ña parte, mucho más fácil será tomar esta pequeña par- 
te por el miembro á que pertenezca. 

La segunda advertencia sugerida por el mismo Pa- 
dre Cúper en los números 59 y 68 de su eruditísimo Co- 
mentario, es que hallándose Compostela en posesión del 
Cuerpo de Santiago, los que pretendan tener también 
alguna parte, deben alegar manifiestos testimonios de 
su traslación (1). Y en efecto, muchos son los pueblos 
que se jactan de poseer alguna Reliquia de Santiago; 
pero no todos ostentan títulos para acreditar la legiti- 
midad de esta posesión. La cabeza de Santiago también 
se la atribuyeron varias iglesias. Ya hemos visto lo que 
pretendían los de Tolos i. En Venecia hubo asimismo 
dos monasterios, el de San Jorge y el de San Felipe y 
Santiago, que se disputaban tan insigne Reliquia. Car- 
los Bartolomé Piazza, en el Hemerologio Sacro de la ciu- 
dad de Roma, colocó también la cabeza de Santiago en 
la Basílica de los Doce Apóstoles; Ferrari en el Catálo- 
go de los Santos de Italia en una iglesia de la Diócesis 
de Pavía; y Uglielli en la Italia Sacra en un convento de 
Amaííi en el reino de Ñapóles. Como ya notó Cúper, 
ninguna de estas iglesias presentó un verdadero y legí- 
timo título para apoyar su pretensión. 

Más adelante hablaremos de las Reliquias que de la 
Santa Cabeza se conservan en el monasterio de San 



(1) Cum enim Hispani pi'íói'és Siflt tóiñpore... etiaíii potiores sunt jure, 
quod illis eripi nequid, nisi producantur manifiesta translationis illius t©^ 
fltimonia, (Núm. 59), 



LOS TRES PBIMEEOS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 23 

Vaast, diócesis de Arras, en la iglesia Ariense, en Pisto- 
ya y en Toledo, y de las de un brazo que se guardan en 
Lieja. 

Brazos aparecieron igualmente muchos en diversas 
partes de Europa. Saussay, en el Martirologio Galicano, 
puso uno en Trecas; (xaetano, en el Martirologio siculo, 
puso otro en Monreal de Sicilia; Uglielli, en el tom. V de 
la Italia Sacra, otro en Torcelli en el Véneto, y en el to- 
mo VII otro en la isla de Capri, en el reino de Ñapóles; 
Jacobo Grualla otro en Pavía; Onofre Panvinio otro en 
San Pablo extramuros de Roma; Gabriel Bucelino otro 
en el monasterio Andecensi de Baviera. Pero para ad- 
mitir la autenticidad de todas estas Reliquias, el P. Clí- 
per ya requería más firmes testimonios que los que se 
alegaban (1). 

En tres ocasiones principalmente pudo darse lugar á 
que se recogiesen algunas Reliquias de Santiago; la pri- 
mera al tiempo de su martirio en Jerusalén; la segunda 
al dársele sepultura en Arca marmórica; y la tercera al 
tiempo de descubrirse y reconocerse su sagrado Sepul- 
cro. Prescindiremos de la primera, aunque en el tomo I, 
pág. 61, hemos visto cómo sobre el lugar de su martirio 
se levantó un magnífico templo dedicado á su santo 
nombre. En la segunda era natural que los fieles, dado 
el afán que siempre mostraron en conservar alguna reli- 
quia que fuese como prenda de amor y de protección, 
procurasen recoger algún objeto de los que habían per- 
tenecido al Apóstol, antes que fuesen inhumados sus sa- 



(1) Sed pro his ómnibus reliquiis etiam firmiora testimonia requiriinus. 
- — Acerca de las causas á que deba atribuirse la multiplicidad de reliquias 
de un mismo santo existentes en muy diversas partes, véase la Disertación 
sobre las Reliquias, art. V, del P. Honarato de Sta. María. 



24 LIBEO SEGUNDÓ 



grados restos; objeto ú objetos que serían conservados y 
trasmitidos de generación en generación como tesoro 
inestimable de salud y santificación. De esta época de- 
ben proceder las reliquias de que hay noticia con ante- 
rioridad al descubrimiento del Sepulcro á principios del 
siglo IX. Tales son las que existían á mediados del si- 
glo VIII en el lugar en que, en el año 757, se edificó ó 
se levantó de nuevo, la iglesia de Santiago de Meilán, á 
media legua de Lugo y á orillas del Miño (1), las de 
San Pedro de Taberna, monasterio anejo al de San Vic- 
toriano en Aragón (2), etc., etc. 

Por último, difícil es persuadirse de que D. Alfonso 
el Casto al venir á Compostela y al reconocer y contem- 
plar las Reliquias recien descubiertas de Santiago, no 
hubiere recogido alguna para enviársela á su gran ami- 
go Cario Magno, al mismo tiempo que le daba aviso de 
tan venturoso hallazgo. Esto solía hacer el Rey Casto 
cuando en su reino tenía lugar algún acontecimiento 
notable; y así lo hizo, cuando en el año 798 se apoderó 
de Lisboa, el cual acontecimiento notició en seguida al 
Emperador de los Francos, enviándole como presente 
siete moros de los cogidos en el botín. Las Reliquias que 
sin duda D. Alfonso envió á Cario Magno fueron el 
hueso frontal y quizás alguna más. El frontal, que tam- 
bién fué tomado por toda la cabeza, fué donado poco 
después por Carlos el Calvo al Monasterio de S. Vedasto 
ó S. Vaast de Arras (3). Y justamente el frontal es el 



(1) V. Esp. Sag., t. XL, Apend. XI y Ápénl. XII, p. Zfá.-Éecuer- 
dos de un Viaje á Santiago, pág. 104 y 105. 

(2) V. Briz, Historia de San Juan de la Peña, lib. II, cap. XX, 
^3) Acta Sanctorum¡ tom. VI de Julio ; al día 25, núm. 76-79, 



LOS ÍBE9 PBIMEBÓS SIGLOS DE LA I. COMPOSTSLAÍTA 25 

único hueso cranial, del que no se conserva fragmento 
alguno en el segundo grupo de los tres en que clasifica- 
ron los sagrados restos descubiertos en el año 1879, los 
tres doctísimos Profesores encargados de verificar el 
reconocimiento y clasificación (1); lo cual viene á cons- 
tituir un gran argumento en favor de lo que ya desde 
un principio se presumía; á saber, que el segundo grupo 
era el que contenía los huesos del Apóstol Santiago (2). 
Debe asimismo tenerse presente, que en el lenguaje 
comunmente recibido, no sólo se da el nombre de reliquia 
á cualquiera fragmento ó partícula de los huesos de un 
Santo, ó de las ropas que hubiese usado en su vida, ó de 
algún utensilio que con él hubiese estado en íntimo con- 
tacto, sino también á otros objetos, como lienzos ó paños, 
brandea, que se habían tocado á los cuerpos de los Márti- 
res ó á sus sepulcros (3). Tal origen debieron tener mu- 
chas de las Reliquias de Santiago. 



-**~€®^*4*- 



(1) V. el Informe 6 dictamen en los Recuerdos de Un viaje á Santiago, 
Apénd. I, p. 110. 

(2) Tal vez proceda de esta ocasión la ampolla llena de sangre de San- 
tiago, que se conserva en la Iglesia de los Santos Apóstoles en Roma, la 
cual sería hallada por Alfonso II con Teodomiro, en el sepulcro de Arca 
marmórica, y enviada al Papa S. León III. 

(3) V. S. Gregorio M., Bpiat. f lib. III, Ep. XXX. Ad Constantiam Aug, 



CAPÍTULO II 



Construye D. Alfonso el Casio una Basílica sobre el Sepulcro 
de Santiago, y la declara Iglesia Catedral al igual de la 
Sede Iriense. — Instálase el Obispo de Iria, Toodomiro, en 
la nueva Basílica.— Funda D. Alfonso dos monasterios 
para dar más realce al culto en la Iglesia Apostólica. 




A visita de D. Alfonso á Arca marmórica no 
fué un mero acto de devoción, sin más con- 
secuencias que las de haber satisfecho el Mo- 
narca un impulso de su corazón piadoso. 
Bien penetrado estaba D. Alfonso de cuanto 
exigía la gloriosa memoria y el nom- 
bre del Apóstol de España; y aunque, 
por ventura, no lo estuviera, á voces 
se lo dirían las muchedumbres de devotos que sin cesar 
se sucedían, y que sin reparar en que estaban á cielo 
descubierto y expuestos á las inclemencias del tiempo, 
se postraban fervorosos ante la Tumba Apostólica im- 
plorando protección, y remedio y alivio para sus nece- 
sidades. 

No necesitaba el Rey Casto de estos estímulos; y sin 



28 LIBBO SEGUNDO 



duda en prueba de cuan sinceras eran sus súplicas, for- 
muló ya desde el primer momento el voto de hacer 
construir un templo que fuese á la vez monumento eri- 
gido á Santiago, y Casa de oración en que se tributasen 
alabanzas al Señor por las maravillas que había obrado 
en su Apóstol. Y Teodomiro, si no se anticipó, secundó 
con todo ahinco los designios del Monarca. ¡Con qué efu- 
sión no celebraría Misa en aquel Altar, por tantos siglos 
enterrado, que evocaba tantos recuerdos, y que era como 
el anillo que sin interrupción enlazaba los tiempos pri- 
mitivos con los actuales! 

El medio único para conseguir todo esto, era cons- 
truir allí mismo una Cátedra episcopal, cimentada sobre 
las piedras de aquel Sepulcro que contenía los restos del 
gran Maestro de la Verdad en nuestra Península. La 
Compostélana, dice, que el Rey Casto, autorizado con el 
voto de muchos Obispos, siervos de Dios y varones ilus- 
tres, trasladó á este sitio el episcopado de Iria, y que así 
lo consignó en un Real Privilegio (1). D. Alfonso II por 
su parte advierte, que cuando vino á Arca marmórica, le 
acompañaban los Magnates de su Corte, fcum Majoribas 
nostri Palatii), entre los cuales, como era de uso, se ha- 
bían de contar algunos Prelados. Era muy natural, que 
viéndose allí reunidos, discurriesen y deliberasen acerca 
de lo extraordinario del caso, y aún que propusiesen é 
insistiesen en la conveniencia de realizar lo que dice la 



(1) Ad lioiioi'em tanti Apostoli Eccleslam reátaüíaüs, Epíscopíüm llien- 
Sis Sedis itt hunc locum, qui Compostella dicitur, multorum Episcoporum ac 
Bei seívorutti, nobiliümqüe virorum auctoritate, atque Kegali privilegio 
commutavit. (Lib. I, cap. II, núm. 1). 



LOS TRES PRIMEROS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELAKA 29 

Compostelana. Lo cierto es que el ver ya desde entonces 
erigido al lado de la Basílica un baptisterio, parece re- 
velar el propósito de construir una Basílica episcopal. 

Sin embargo, la fundación de D. Alfonso no tuvo el 
alcance que hacen presumir las palabras de la Composte- 
lana. El Rey Casto no mudó la Iglesia de Iria; la dejó 
en el mismo ser que antes tenía; no hizo más que insti- 
tuir, por su parte, la nueva Iglesia de Arca marmórica 
con la categoría de Basílica Catedral, unida á la de Iria, 
fundada por el mismo Apóstol, y bajo el régimen de un 
mismo Pastor, el cual por mucho tiempo continuó lla- 
mándose Episcopus Iriensis et Apostólicas Sedis (1). 

Mas la obra de la iglesia no sufría dilación: las pere- 
grinaciones cada vez iban en aumento; los prodigios 
cada vez más portentosos y frecuentes; los votos de los 
fieles pidiendo albergue sagrado en que depositar las 
ofrendas de su corazón, cada vez más ardientes. Con toda 
premura púsose, pues, manos á la obra; no se pensó en 
hacer un edificio grandioso y magnífico; sólo se atendió 
á satisfacer cuanto antes las necesidades del culto. lu- 
ciéronse las paredes de manipostería, asentada, no con 
cal que estaba lejos, sino con barro; y cubriéronse con 
un sencillo artesonado (2). 

Mas, como D. Alfonso deseaba al mismo tiempo que 



(1) Es lo que dice el mismo D. Alfonso II en su Diploma citado: Irien- 
sem Sedem cum eodem loco Sancto coniunximus. 

(2) Statuimus aedificare domum Domini, dice D. Alfonso III en la re- 
lación de la consagración del nuevo á fines del siglo IX. (Esp. Sag., to- 
mo XIX, Apénd. p. 344), et restaurare templum ad tumulum Sepulchri Apo- 
stoli, quod antiquitus construxerat divae memoriae dominus Adefonsus 
Magnus expetra et luto opere parvo. 



30 LIBEO SEGUNDO 



el culto que se tributara al Apóstol fuese tan asiduo 
como fuera posible, dispuso la construcción de tres igle- 
sias, como se ve en la Escritura de Concordia, tantas veces 
citada, la cual las describe sucintamente en esta for- 
ma: Qui pío ut erat affectu castimoniac fcastimoniae) dili- 
gens sanctitatem, statim in honor e ejusdem Apostoli fabrícala 
ecclesia, et circa eamdem alteram (altera) in honore bsati Bap~ 
tistae Ioannis, ante ipsa sancta altarla tertiam non modicam 
tria continentem altar ia, primum in honor e sancti Salvatoris, 
secundum in honore sancti Pdri, Apostolorum Princlpis, ter- 
tium in honore beati Ioannis Apostoli, construere festinavit. 

Tenemos, pues, tres iglesias, la de Santiago, la de 
San Juan Bautista, y la de San Salvador. En la de San- 
tiago se conservó en cuanto fué posible, el antiguo mo- 
numento apostólico; ó más bien la nueva obra se adaptó 
á la antigua, construyendo en la parte anterior un cuer- 
po de fábrica del mismo ancho, ó sea de ocho metros, que 
viniese á ser como la nave que precedía al ábside. Efecto 
del declive del terreno y de lo elevado del basamento 
del antiguo edificio, que en proporción era bastante lar- 
go, el pavimento de la obra nueva, quedó como un me- 
tro más bajo que el de la antigua. Esto se remedió 
construyendo una escalera para dar acceso desde la 
nave al ábside. No se tocó al altar, que se dejó estar en 
su mismo sitio, es decir, en el primitivo edículo y sobre 
el sepulcro del Apóstol; lo único que se hizo fué cerrar 
con paredes los costados exteriores del monumento en 
lugar de las columnatas ó pretiles que había en un 
principio. ^ 

Junto á esta iglesia por la parte del Norte se cons- 
truyó el baptisterio, dedicado como de costumbre á San 
Juan Bautista, y en el cual acaso se colocó ya la pila 



LOS TEES PBIMEBOS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 31 

mm ______ _____________________________ __________________——--——. __________—-——-—---———•———-—-————. i 

ó cuba que aún se conserva hoy como depósito de agua 
bendita (1). 

Con esto parece que ya quedaban atendidas las más 
urgentes necesidades del culto y aún lo más preciso 
para el establecimiento de la Cátedra episcopal. Pero 
D. Alfonso deseaba más; quería que, como sucedía en 
otros famosos santuarios, fuesen varias las comunidades 
dedicadas á cantar las alabanzas del Señor en torno del 
Sepulcro de su Apóstol, quería establecer una especie de 
Laus perennis como sucedía en el célebre monasterio de 
Agaune. A este fin, al Oriente de la iglesia de Santiago, 
mandó construir una tercera iglesia, bastante capaz 
para aquellos tiempos, con tres altares dedicados, el 
central al Salvador, el de la derecha á San Pedro y 
el de la izquierda á San Juan Evangelista (2). 

Esta tercera iglesia la destinó D. Alfonso para una 
Comunidad de Monjes Benedictinos, que alternasen con 
el Clero Catedral de la iglesia de Santiago en los oficios 
del Coro y del Altar. Qui supra corpus Apostoli oficia divi- 
na cantassent et Missas assidue célebrassent, dice la referida 
Escritura de Concordia. A este efecto instaló en ella como 
Abad á un varón de gran santidad, llamado Ildefredo, 



(1) Huerta (An. de Gal., t. II, lib. VIII, c. X), dice que el baptisterio 
ó iglesia de San Juan Bautista estaba al Mediodía en la plaza de la Quinta- 
na; pero D. Alfonso III (Esp. Sag.,t. XIX, p. 345), la coloca ad Aquilonem. 

(2) Huerta (An. de Gal., t. II, p. 315j, partiendo del supuesto de que 
la iglesia de Santiago era subterránea, afirmó que la iglesia de San Salvador 
estaba edificada sobre ella. Esto podía decirse hasta no hace muchos años; 
pero después de las exploraciones que se hicieron en la Capilla mayor, se 
halló que la primitiva iglesia de Santiago, estaba muy lejos de ser subterrá- 
nea, pues su pavimento se elevaba sobre el nivel del terreno cerca de dos 
metros. La cripta que hay ahora, se hizo extrayendo el escombro que relle- 
naba el antiguo basamento. 



32 LIBEO SEGUNDO 



con doce Monjes, á los cuales, al Oriente de la iglesia, 
ó como se decía en el lenguaje de aquellos tiempos, 
ante la iglesia ó los altares, les señaló solar para que edifi- 
casen el claustro y las demás dependencias del Monas- 
terio (1). 

Del mismo modo que hacia la parte de Oriente se 
había señalado sitio para el Monasterio, ya antes se 
demarcara hacia la parte de Mediodía, lugar para la 




Primitiva pila bautismal de la Catedral de Santiago. 



Canónica, cuyas obras se emprendieron con la actividad 
que es de suponer. Al acotar D. Alfonso los términos del 
Monasterio, ya cita el dormitorio de los clérigos de la 
Catedral, cameram clericorum in qua dormiebant. El buen 



(1) In qua (ecclesia Sti. Salvatoris) abbatem dominum Ildefredum 
magnae sanctitatis virum cum monachis custodiae Apostoli deputatis, divi- 
no officio mancipatis, non minus quam duodecim constituit, qui supra cor- 
pus Apostoli officia divina cantassent, et missas assidue celebrassent, divi- 
densque eis ad orientalem partem locuin ante ipsa altaria per chartulam 
dotis, ubi claustrum et offi ciñas secundum tenorem beati Benedicti, con- 
struerent. (Escritura citada). 

Cuando á fines del siglo XI se ensanchó la Catedral, gran parte de este 
solar quedó comprendido dentro del ensanche. 



LOS TBES PRIMEBOS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELÁlfÁ 33 



N 



^^^rs 



PIMARIO 





Plano conjetural de la primitiva Compostela (' 



(*) A. Iglesia Apostólica de Santiago:— B. Iglesia de San Salvador.— C. Iglesia de Santa 
Maria de la Corticela — D. Iglesia de San Juan Bautista ó Baptisterio.— E. Palacio Epis- 
copal.— F. Dormitorio de los clérigos de la Iglesia de Santiago.— G. Despensa del Cabildo.— 
H. Lugar de la Canónica.— J. Torre grande que estaba en el foro ó plaza. 
Tomo II.-3. 



34 ' LIBRO SEGUNDO 



Teodomiro, con parte del Clero Catedral de Iria, había 
de estar seguramente á pie firme al lado del Sepulcro, 
presenciando enternecido las conmovedoras escenas, que 
allí á todas horas tenían lugar. Excusado es ponderar 
cuánto él no activaría además los trabajos para ver 
cuanto más antes colmados sus deseos de poseer un local 
techado, en que con mayor recogimiento y decoro pu- 
diesen celebrarse las augustas ceremonias del Culto. 

Entretanto se ejecutaban estas obras, se fué acaban- 
do de desmontar el bosque, se levantaron tiendas y ba- 
rracas para albergar á los peregrinos, á los operarios y 
á los Ministros del templo, se establecieron puestos y 
mesas surtidas de los géneros más indispensables para la 
vida, se organizaron provisionalmente algunos servicios, 
como el de Cambiadores, el de policía, etc.; y aquel 
campo agreste hasta entonces desierto, que ya comen- 
zaba á ser conocido con el nombre de Campo de la Estre- 
lla (Campus Stéllae), de la noche para la mañana vióse 
transformado en una especie de animado y bullicioso 
campamento, que sirvió de núcleo para la población, que 
transcurridos apenas treinta años, ya tenía calles, su 
foro ó plaza pública, y estaba circundada de murallas y 
fortificaciones. Pocas veces se vería brotar como aquí, 
de un sepulcro una corriente tan poderosa y eficaz de 
animación y de vida social. 

No se hizo esperar, por tanto, el solemne día de la 
consagración de las tres iglesias. D. Alfonso II, con toda 
su Corte, no faltó á esta cita; y dado el fervor de los 
pueblos, la piedad de los Magnates y el anhelo de los 
Prelados, fácil es imaginar con qué entusiasmo y con 
qué explosión de los sentimientos religiosos no se cele- 
braría tan deseada y tan memorable fiesta. 



LOS TRES PRIMEROS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 35 

D. Alfonso el Casto, que no quería renunciar al ho- 
nor de llamarse fundador de dichas iglesias, debió de 
hacerles en aquella ocasión grandes donativos, como era 
de rito en semejantes casos. Por la carta de dote que 
dos ó tres años antes había otorgado á la Santa Iglesia 
de San Salvador de Oviedo, podemos formarnos alguna 
idea de los objetos que donaría á la de Santiago, como 
velos, frontales, paños, albas, cruces, cajas, candeleros, 
cálices, incensarios, libros, etc., y además algunos sier- 
vos para las labores más comunes de la, iglesia. Todo 
esto debió de consignarse en un Diploma, que en el 
lenguaje de entonces se llamaba lestamentum^Privilegium, 
Cliarta, ó Chartula dotis, en el cual se expresaban además 
las fincas ó tierras que se destinaban para sustento del 
Clero y sostenimiento del Culto. De este Diploma, que 
no pudo omitir D. Alfonso en su cualidad de fundador, 
pues así lo exigían los Cánones, no ha quedado memoria 
alguna; en cambio en la Escritura de concordia con el 
Abad San Fagildo y en otros documentos, se cita la 
Chartulam dotis, que otorgó al monasterio de Antealtares 
al tiempo de su fundación. Sólo el Cron'cóyi Iriense dice (1) 
que D. Alfonso ofreció muchos dones á la iglesia de 
Santiago multa óbtulit dona; y por su parte la Goronka de 
Iría escribe que dotou o sancto lugar con moytos doos et joyas. 
Según la Disciplina entonces vigente, cuando se fun- 
daba alguna iglesia destinada al culto público, debía de 
ser dotada por lo menos con los diextros, que venían á ser 
un coto de 84 pasos de radio, los doce más inmediatos 
para cementerio, y los restantes para viñedo, huerto ó 
prado, según la calidad del terreno. D. Alfonso también 



(1) Esp. Sag., t. XX, p. 601. 



36 LIBEO SEGUNDO 



donó sus diextros á la Iglesia Apostólica, pero en la 
forma que luego vamos á ver. 

Durante estos sucesos gozaba la España cristiana de 
una larga tregua, porque abatidos y desalentados los 
Árabes con el desastre de Lutos, ó Llamas, cerca de Can- 
gas y Tineo en el año 793, no volvieron á molestarla tan 
pronto. Sin embargo, no renunciaron á su propósito de 
exterminar el reino cristiano, y sólo esperaban rehacer- 
se para volver con mayores bríos y mayor pujanza al 
ataque y tomar con largas creces el desquite. Por este 
lado esperaban, pues, á los Cristianos terribles y durí- 
simas pruebas. Pero no era menos fiero y cruel el enemi- 
go, que por la parte del Norte amagaba á toda España, 
y en particular á Galicia. Y en estos críticos momentos 
fué cuando apareció el Sepulcro de Santiago como para 
infundir en los Cristianos nuevo vigor, y comunicarles 
nuevos alientos con la firme esperanza de su presencia 
y de su protección. 

En efecto, en el año 820 vióse invadida Galicia por 
dos poderosos ejércitos, uno de los cuales penetró por 
Portugal, y el otro por la frontera del Este. Muchos de 
los guerreros que habían corrido á Arca marmórica para 
presentar al Santo Apóstol el tributo de su amor y ve- 
neración, ó que habían asistido fervorosos al acto de la 
consagración, tuvieron ahora que acudir al sitio del 
peligro. El ejército que había entrado por Portugal, fué 
deshecho en Anceo, hacia Puente San Payo; la misma 
suerte tocó al otro que había entrado por la frontera 
del Este; fué desbaratado en Ñaharón, ó Narón hacia 
Chantada. 

De esta manera quiso dar á entender Santiago, con 
qué especial carácter quiso aparecer en aquellas circuns- 



LOS TRES PRIMEROS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 37 

tancias, con el de Guerrero, Defensor y Protector de 
España. 










i .■«■i » ii 




Fotografía de .). Limia, Fotograbado de Lnporta. 

Viñeta del Tumbo A, que representa á D. Alfonso II. 



Don Alfonso II había dado repetidas pruebas do su 



38 LIBRO SEGUNDÓ 



gran devoción al Apóstol Santiago. En el año 829 dio 
un nuevo testimonio de su generosidad y munificencia 
para con la Iglesia del Santo Patrón, otorgándole el se- 
ñorío del territorio comprendido en el radio de tres 
millas en torno, in giro, de la Iglesia Apostólica. 

He aquí este importante documento, según se lee en 
el folio 1 vuelto del Tumbo A: 

Adefonsus rex per huius nostre serenitatis iussioneni danius et 
concedimus huic boato iacobo apostólo, et tibí patri nostro teodo- 
miro episcopo tria milia in giro ecclesie (1) beati iacobi apostoli. 
huius enim beatissinii apli. pignora uidelicet sanctissimum corpus 
reuelatum est in nostro tempore. Quod ego audiens cum magna 
deuocione et supplicatione ad adorandum et uenerandum tam 
preciosum tesaurum cum maioribus nri. palacii cucurrimus et 
eum sicut patronum et dominum tocius hyspanie cum lacrimis et 
precibus multis adorauimus. et supradictum munusculum ei uolun- 
tarie concessimus. et ob honorem eius ecclesiam construí iussimus. 
et iriensem sedem cum eidem loco sancto coniunximus. pro anima 
nostra et parentum nostrorum. quatinus hec omnia deseruiant tibi 
et successoribus tuis per sécula cuneta, facta scriptura testamenti 
in era DOCCLXVII et quot. pridie nonas septembris. 

Ego adefonsus rex hoc meum factum confirmo. 
Henamirus confirmo. Brandila presbyter confirmo. 

Sancius confirmo. Ascarius abba confirmo. 

Oueco confirmo. Vitenandus confirmo. 

De cláusula tan escueta como es aquella: damus... 
tria milia in giro ecclesie, no se desprende qué alcance 
tenía esta concesión; pero por otros privilegios análogos 



(1) Sobre Ecclesie se escribió en el siglo XIII Tumbe. El P. Flórez 
en el ejemplar que publicó entre los Apéndices del tomo XIX de la España 
¡Sagrada, unió Tumbe con Ecclesie, 



LOS TEES PKIMEBOS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 39 

se viene en conocimiento de lo que quería donar Don 
Alfonso. El Rey Casto no dio la propiedad de todo este 
territorio, sino ciertos derechos jurisdiccionales que pue- 
den reducirse á dos: 1.°, el de percibir todos los tributos 
reales y personales, gravasen ora sobre las personas, ora 
sobre las tierras, que se debían al fisco regio; y, 2.°, ad- 
ministrar justicia, hacer efectivas las multas y ejecutar 
embargos sin intervención alguna de toda persona extra- 
ña á la Iglesia (1). 

El Cronicón Iriense señala los límites de este territorio 



(l) V. Fueros Municipales de Santiago y de su tierra, t. I, c. III, 
pág. 53.— Como este asunto es de alguna trascendencia, al menos por 
lo que toca al primer punto, nos detendremos algún tanto para que sepa- 
mos á qué atenernos en otras concesiones análogas hechas por los Reyes. 
El tributo ó censo que se pagaba á la Iglesia dentro del coto de las 
tres millas en virtud de la donación de D. Alfonso el Casto, era el llamado 
cuadragesimal, que según un Privilegio otorgado por D. Orcloño II á la 
misma Iglesia en 30 de Mayo de 912, tenían que pagar en Galicia al Real 
Señorío todos los siervos fiscales ó del Real Patrimonio restaurados ó de- 
clarados libres é ingenuos. Sicuti ceteri ex provincia Oallaeciae tributum 
quadragesimale per agentes huic Loco Apostólico, quod soliti sunt ad partem 
Dominicam peragere. De este tributo cuadragesimal se hace también men- 
ción en la Gompostelana, lib. I, cap. XC VI, p. 179. Y ¿qué venía á ser el tal 
tributo? D. Ordoño III, en un Privilegio de 11 de Noviembre de 952, aclara 
algo más este punto con las siguientes palabras: Persoluant censum fiscalem 
sicuti alia plebs commissalta. Según esto, el tributo cuadragesimal que se 
daba en las tierras de la Iglesia compostelana, venía á ser el mismo que se 
pagaba en los commissos ó encomiendas á los Condes ó Magnates que los te- 
nían por Real concesión. Lo que á fine3 del siglo XII se pagaba á los que 
tenían tales encomiendas, era, cada vecino, excepto I03 pobres, una talega de 
60 puñados de trigo, otra de cebada, ocho dineros y una gallina. (V. Fueros 
municipales de Santiago..., t. 1, c. XI, ps. 152 y 153). En esto, pues, debía 
consistir poco más ó menos el tributo cuadragesimal, que se pagaba en los 
siglos IX y X. Y sin duda se pagaba en la Cuaresma, porque siendo ésta la 
época del año en que se preparaban las expediciones militaresj ne ^sitaban, 



40 LIBBO SEGUNDO 



por Siaonia (Sionlla?), Lestetum (Leste do), Villam Astructi 
(Villestro?) y el Tambre. A todos estos sitios desde San- 
tiago hay por lo menos seis millas; por lo tanto, es de 
creer que el autor del Cronicón confundió la acotación 
de D. Alfonso el Casto con la que hizo D. Ordoño I al 
alargar el coto hasta seis millas. 

El P. Flórez (1) identificó este Privilegio de D. Alfon- 
so II concediendo las millas, con el que otorgó al Abad 
Ildefredo señalándole el solar del monasterio. En el 
primer Diploma dirigido, como hemos visto, á Teodomi- 
ro, ni la más mínima mención se hace del monasterio; 
por lo que el Privilegio otorgado á éste era distinto ó 
independiente. Cónstanos lo substancial de su contenido 
por otro Privilegio concedido por D. Alfonso VII á Ante- 
altares en el año 1147. Según este documento, el solar 
cedido por el Rey Casto al monasterio, comprendía la 
actual capilla del Salvador ó del Rey de Francia en la 
Catedral; la capilla de San Juan Apóstol; desde aquí la 
línea divisoria se dirigía á espaldas de la iglesia de 
Santa María de la Corticela; luego, siguiendo el muro de 
la ciudad, á una torre que estaba sobre la plaza de la 
Quintana, y después á otra torre mayor que debía estar 
próximamente en el ángulo que hoy forma la plaza de 
Cervantes con la calle del Preguntoiro; bajaba en segui- 



los Condes ó Comenderos allegar fondos y recursos para poder incorporarse 
Con su respectiva mesnada á la hueste del Rey. 

Una diferencia había entre los commissns dados á los magnates y los 
dados á las iglesias; los primeros eran dados sólo por el tiempo de la vo- 
luntad del Monarca; los segundos con carácter de perpetuidad. Sin embargo, 
al tiempo de subir al Trono, procuraba cada Monarca prestar su personal 
Confirmación á estas concesiones hechas por sus antecesores á las iglesias. 

(1) Esp. Sag., t. XIX, c. VI, n.° 5. 



LOS TRES PRIMEROS SIGLOS DE LA I. COMPOSTÉLAÍÍA 4Í 

da á la casa de la Canónica, ó sea la actual Casa-correo; 
y por último cogía la capilla de San Pedro dentro de la 
actual Basílica (1). 

Sandoval (2), Argaiz (3), y después de él, Huerta (4), 
el P. Foyo y otros autores pretendieron que estos mon- 
jes de Antealtares, que según el primero de los autores 
citados, D. Alfonso II había traído del monasterio de San 
Cipriano de Calogo, cerca de Villanueva de Arosa, fue- 
ron por mucho tiempo los únicos ministros del templo de 
Santiago, con exclusión de toda otra comunidad. Qui- 
siéramos que nos dijese a estos autores, qué fué entonces 
lo que hizo el Rey Casto cuando dispuso la unión de la 
Sede de Iria con el Lugar Santo de Santiago (Iriensem 
Sedem cum eodem loco Sancto coniunximusj; porque si la igle- 
sia, había de ser sólo para monjes, la asistencia del Obis- 



(1) Confirmo vobis situnn, — dice D. Alfonso VII, — eiusdem nionasterii 
cum omni gyro suo, sicuti Rex dominus Adefonsus dictus Castus... cum 
assensu Iriensis Episcopi domini Teodomiri et totius eiusdem Ecclesiae 
Iriensis Capituli, olim abbati domino Udefredo suisque monachis fortissimo 
privilegio cum omni libértate donavit. . per haec, videlicet, loca nominata, 
quomodo incipitur ab Ecclesia Sancti Salvatoris et per altare Sancti Ioannis, 
et pergit directe ad fundamentum ecclesiae Sanctae Mariae usque in di- 
rectum ad murum de turre minore, et deinceps per ipsum murum ad turrim 
maiorem, unde solebant daré praeconia in foro; delibero vobis calles inter 
utramque turrem, sicuti in praefato privilegio continetur; et de ipsa turre 
maiore cui vaditur in circuitu, et vadit ad solium Dominorum et ad apo- 
tecam canonicorum et in directuurad cameram clericorum, in qua tune tem- 
poris dormiebant; inde in directum ad altare Sancti Petri, et concludit ad 
altare Sancti Salvatoris ubi prius incepimus.... (Yepes, Coron. gen. de San 
Benito, t. IV, Apénd. VIII).— Según esto, el solar del monasterio estaba en 
íntimo contacto con la Iglesia Apostólica y con la Canónica. 

(2) Cinco Obispos, ed. de Pamplona, 1634, p. 194 y siguientes. 

(3) La Soledad laur., t. III, p. 329. 

(4) Anal de Gal, t. II, libro VIII, c. X. 



42 tilBRÓ SEGUNDÓ 



po no podría menos de considerarse como una abusiva 
ingerencia. 

Léase también este párrafo del Privilegio, que en el 
año 1115 otorgó D. Diego Grelmírez á San Martín Pina- 
rio (1), el cual párrafo, á pesar de sus erratas, viene á ser 
como un comentario ó explanación de la frase de D. Al- 
fonso II: Postquam vero Teodomiro rever endissimo Iriense 
Eplscopo beatissimo, sacratissima revelatio et sancti tumulatio 
apud Compostellam tempore Principis domini Adefonsi Casti... 
tune dignis illustrium Episcoporum testimoniis cognitaet reperta, 
praesente eodem Principe honorifice consecratur et ubique divul- 
gatur, eommuni consensu utile visum fuit, ut Iriense Episco- 
pium ad liunc Apostolicum transferretur locum, ubi antistites 
post leodomirum, et Ataulfus et ítem Adaulfus sanctam duxere 
vitam. 

No eran incompatibles entonces dos y tres comunida- 
des sirviendo en un mismo templo, como hemos visto. 
Además, al señalar D. Alfonso II el solar del monasterio, 
designa como lindes el solium dominorum, la apoteca cano- 
nicorurn, la camera clericorum; y todo esto nada tiene que 
ver con el monasterio. Hubo, pues, además de la co- 
munidad monacal, otra secular dedicada al servicio del 
templo apostólico; y ésta fué la que prestó el consen- 
timiento para que D. Alfonso II pudiese desmembrar el 
terreno necesario para la construcción del monasterio; 
cum assensu Iriensis Episcopi domini Teodomiri et totius eius- 
dem Ecclesiae Iriensis capituli. No necesitaba por cierto 
D. Alfonso este consentimiento, si no se hallasen ya allí 
instalados el Obispo y el Clero iriense. 

Así lo reconoce el P. Yepes en la Coronica general de 



(1) Yepes, Coron. gen, de S. Benito, t. IV, Ap. XII. 



LOS ÍSES PBIMEBÓS SIGLOS DE LA I. COMPOSÍELANA 43 

San Benito (1), el cual después de citar al Líber Pontificalis 
de Roma y á Platina, concluye: «Destas autoridades, 
curioso lector, verás con luz más clara que la del medio- 
día, que en los templos más principales de Roma quales 
son San Pedro y San Pablo, San Juan de Letrán, Santa 
María la Mayor, San Lorenzo, auia Monasterios de mon- 
ges, que si bien no eran los principales que gouernauan 
aquellas yglesias, pero eran miembros muy esenciales de 
ellas, y las tenían rodeadas estando muy cerca para 
poder acudir con puntualidad a hazerlos oficios diuinos. » 
Luego añade, que este estilo y modo de vivir se extendió en 
algunas iglesias de España y en particular á la de San- 
tiago. 

Según resulta del Liber Pontificalis (2) las Basílicas 
de Roma por este tiempo (en tiempo de San León III, 
795-816), tenían anejos los monasterios siguientes: la de 
San Pedro los de San Juan y San Pablo, San Esteban 
Mayor, San Esteban Menor y San Martín; la de Letrán 
los de San Pancracio, San Andrés y San Bartolomé y 
San Esteban; la de San Pablo ios de San Cesario y San 
Esteban; la de Santa María la Mayor, los de San 
Andrés, San Adrián, . y San Cosme y San Damián; y la 
de San Lorenzo los de San Casiano y San Esteban. 

Volviendo ahora al Privilegio de las tres millas, re- 
petimos que éste no fué el único que D. Alfonso concedió 
á la Iglesia de Santiago. En el Tumbo A de esta Santa 
Metropolitana Iglesia, ha}^ un mandato de D. Alfonso III 
dirigido á Lucido y á Aldroito para que entreguen á la 
Iglesia del Apóstol las villas de Cesar, San Julián y 



(1) Tomo III, al año 761. fol. 226. 

(2) Ed. de Duchesne, t. II, p. 22. 



44 LIBRÓ SEGUNDO 



Pazo en la comarca de Sarria, las cuales había donado 
á dicha Iglesia su abuelo de buena memoria D. Alfonso, 
sicut eas havus noster dive msmoríe domnus Adefonsus jam 
dudum Sancho lacóbo apostólo concessit. Hubo, pues, otro Di- 
ploma en que el Rey Casto concedió las mencionadas 
villas, cuya donación pudo muy bien ir incluida en la 
Carta de dote otorgada al tiempo de la consagración de 
la Iglesia del Apóstol. 

Resta averiguar ahora, ya que damos por supuesto que 
había comunidad seMilar en la Iglesia de Santiago, qué 
Regla era la que seguían los Clérigos adscriptos en ella. 
Por de pronto guardaban la vida común, pues tenían un 
mismo refectorio, un mismo dormitorio y un mismo ves- 
tuario. Según Sandoval, en el lugar citado, esta Regla 
no era otra que la monacal, que era la única que enton- 
ces, si hemos de prestarle fe, se conocía. Mas en esto el 
erudito cronista de Carlos V, en su afán de contradecir 
á D. Mauro Castellá, se equtvo3Ó grandemente. El Con- 
cilio de Aquisgrán, celebrado en el año 816, distingue 
con toda claridad en los cánones XCVII y CXV, la Re- 
gla canonical de la monástica, y en el canon CXXV re- 
prende severamente á los Canónigos que pretendan usar 
cogulla ó hábito monástico. 

Verosímilmente, la Regla que hubo de adoptar el 
Cabildo compostelano debía de ser la prescrita en este 
mismo Concilio de Aquisgrán. En el canon CXVII, se or- 
dena que en los claustros de los Canónigos haya dormi- 
torios, refectorios, despensas y las demás piezas necesa- 
rias para los hermanos que vivan en vida común (1). Por 



(1) Sint etiam interius dormitoria, refectoria, cellaria et ceterae habita- 
tiones, usibus fratrum in una societate viventium, necessariae. (Labbé y 
Cossart, Sacrosancta Concilla; ed. de Venecia, 1729, tom. IX). 



LOS TEES PRIMEROS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 45 

la escritura que hemos citado de D. Alfonso VII (1), 
vemos que en tiempo del Rey Casto ya los Canónigos 
tenían dormitorio ó casa de morada (solium doyninorum) , 
despensa ó bodega (apoteca canonicorum) y dormitorio 
(camera clericorum, in qua time temporis dormiebant). Era 
lo que exigía el Concilio de Aquisgrán para constituir 
vida reglar canonical, y por lo mismo debemos creer que 
los Canónigos compostelanos adoptaron desde el prin- 
cipio la Regla propuesta en el referido Concilio. 

Aymerico, ó quien quiera que sea el autor del li- 
bro V del Códice de Calixto II, dice que los Canónigos 
de Santiago seguían la Regla de San Isidoro. BU. Isidori 
Hispaniensis doctoris regulam tenentes. Del gran Doctor es- 
pañol se sabe que compuso una Regla monacal, que fi- 
gura entre sus obras. De Regla canonical hay un lige- 
rísimo bosquejo en la Carta que el Santo escribió al 
Obispo Leudefredo (2); pero nada se halla aquí en 
concreto del método de vida que debían seguir los Ca- 
nónigos. Por tanto, entendemos que las palabras de 
Aymerico deben referirse al texto del Oficio Divino y á 
la distribución de las Horas Canónicas. 

Una vez que los Canónigos de Santiago vivían en 
comunidad y ad instar coenóbii, como dice Paulo Diácono 
de los de San Chrodegango, no son de extrañar las expre- 
siones que se les aplican en los antiguos diplomas, como 
Regula Sancta, congregatio, fratres y aun monachi; las cua- 
les expresiones tanto hicieron cavilar á Sandoval, 
Argaiz, Foyo y otros, acabando por extraviarlos, y ha- 



(1) Pág.41. 

(2) Divi Isidori, Hispakvsis Episcopi, opera; tomo II, p. 518; Madrid, 
1778. 



46 LIBEO SEGUNDO 



cerles creer que se trataba de verdaderas comunidades 
de monjes. 

En el canon CXLII del mencionado Concilio Aquis- 
granense, se da por supuesto que los Canónigos, que te- 
nían morada propia, podían residir en ella sin infrac- 
ción de la Regla canonical (1); pero al mismo tiempo se 
ordena que se construyan casas para los ancianos y en- 
fermos, que por ventura no las tuvieran. Es verosímil 
que esto se hiciese ya en aquellos primeros tiempos; pero 
consta, como más adelante veremos, que bajo el Pon- 
tificado de Sisnando I se llevó á debida ejecución. Por 
lo que toca á los Canónigos hacendados, como resulta 
de los cánones CXXI y CXXII, no estaban excluidos de 
participar de la ración de pan y vino, que se distribuía 
en la Canónica, ni de las comidas que en ciertas solem- 
nidades tenía el Cabildo, ni de los demás emolumentos 
que se repartían entre los servidores de la iglesia (2). 

Echábase de menos en la Basílica del Apóstol, una 
capilla, un oratorio dedicado á Aquella que es la princi- 
pal medianera de nuestros ruegos y de nuestras súpli- 
cas, á Aquella que, si es verdadera Madre del Señor, en 
cuya mano está el dispensarnos todo bien, no lo es me- 
nos de los miserables, que á todas horas se ven acosados 
de trabajos ó perseguidos por el infortunio. Pronto se 
remedió esta falta; y del lado del Norte, cerca del Bap- 
tisterio, se levantó un oratorio bajo el título de Santa 



(1) Quamvis Canonicis proprias licitum sit habere mansiones, debet 
tamen a Praelato mansio infirmorum et senum intra claustra Canonicorum 
fieri, ut qui suam forte non habent, in eadem suam possint aptissime tole- 
rare imbecillitatem. 

(2) La Canónica ocupaba todo el lado Sur de la plaza de la Quintana y 
parte de la actual Basílica. 



LOS TRES PEIMEEOS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 47 

María; en el que se comprometió á celebrar los Divinos 
Oficios una nueva comunidad de monjes benedictinos 
bajo el régimen del Abad ítanualdo; la cual estableció 
su vivienda en una casa llamada de Besulio (acaso del 
nombre del donante), en el lugar de P¡ guarió ó Pinario, 
sitio un tanto separado, pero en la misma dirección y 
hacia donde hoy se halla la iglesia conventual de San 
Martín. Como el nuevo oratorio estaba tocando con las 
cercas de la Apostólica Basílica, recibió el nombre de 
Corticella (1). Tal fué el humilde origen del famoso mo- 
nasterio de San Martín Pinario. 

La Compostelana (2) atribuye á Sisnando I la funda- 
ción de San Martín. También atribuye al mismo Prela- 
do la fundación de Antealtares y la de San Félix de 
Lobio. Como es evidente que dichas iglesias existían an- 
tes de Sisnando I, las palabras de la Compostelana sólo 
habrán de entenderse de reedificaciones ó de notables 
concesiones. Flórez (3), que niega á Sisnando I la fun- 
dación de la Corticela, pues confiesa que esta iglesia es 
más antigua, la atribuye á Alfonso III al tiempo de re- 
edificar la Basílica del Apóstol; pero esto es afirmar lo 
que antes había negado; porque en la reedificación de 
la Basílica tanta parte tuvo Sisnando I como D. Alfon- 
so III. Como luego veremos, el monasterio de la Corti- 
cela ya existía en tiempo de Alfonso II. 

Aunque el lugar de Arca marmórica por su alejamien- 
to de la frontera de los moros estaba, al parecer, al 



(1) En el latín de la Edad Media curtís significaba terreno ó solar cer- 
cado. Aún hoy en gallego cortina quiere decir heredad cercada. 

(2) Lib. I, cap. II, nú ni. 3. 

(3) Esp. Sag., t. XIX, c. III, números 10 y 11. 



48 LIBRO SEGUNDO 



abrigo de cualquiera golpe de mano; sin embargo, la ex- 
periencia enseñaba que nada podía darse por seguro an- 
te la audacia y genio aventurero de los árabes. Hacia 
el año 788 habían invadido á Asturias y entraron en 
Oviedo. Fuerza fué, pues, poner al Lugar Apostólico de 
Compostela en condiciones de poder resistir y rechazar 
cualquiera embestida, que era de temer á la hora menos 
pensada; y Teodomiro, de acuerdo con D. Alfonso II, hi- 
zo rodear su nueva ciudad episcopal con fuertes mura- 
llas flanqueadas con torres y baluartes. El perímetro de 
estos muros venía á describir como un rectángulo, cuyos 
lados más largos estaban en dirección de Oriente á Po- 
niente (1). El lado menor, que miraba á Oriente, abraza- 
ba, con poca diferencia, el espacio que hay entre la es- 
quina de la plaza de Cervantes y la de la bajada á la 
Fuente Sequelo. El lado opuesto, que decía á Poniente, 
comprendía todo el espacio que hoy ocupa la fachada 
occidental de la Basílica con parte del Palacio arzobispal. 
De los dos lados mayores, el que miraba al Norte cogía 
el espacio que hay entre la citada esquina de la plaza 
de Cervantes hasta la esquina de bajo el arco de Pala- 
cio; y el opuesto desde la esquina Sudoeste de la Cate- 
dral hasta la esquina mencionada antes de la calle de la 
Fuente Sequelo. Dentro de este recinto quedaban, pues, 
incluidas las cuatro iglesias de Santiago, San Salvador, 
San Juan y Santa María, la Canónica, el monasterio de 
Antealtares, algunas calles y plazas como la del Preconi- 
torium (hoy Preguntoiro), que era donde se daban los 
pregones y se hacían las subastas, las alberguerías para 



(1) Véase el grabado de la pág. 33. 



LOS TRES PRIMEROS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELAtfA 49 

los peregrinos, las tiendas de objetos piadosos y las me- 
sas de los cambiadores, que solían estar contiguas con 
las iglesias. 

Recinto fortificado no podía estar desprovisto de uno 
de los elementos más indispensables para la vida, cual 
es el agua. En esto pensó sin duda Teodomiro; y reco- 
giendo los abundantes manantiales que brotan de las 
vertientes del Vite, cerro que se levanta como á dos 
kilómetros al N. de Santiago, los dirigió por medio de 
un acueducto construido de manipostería para surtir de 
aguas á la nueva población. La verdad es, que de este 
acueducto ya se hace mención á principios del siglo X 
con motivo de la concesión que hizo el Obispo Sisnan- 
do I al monasterio de San Martín del derecho de deri- 
var de él el caudal de aguas necesario para los usos de 
la casa. 

La institución de los cambiadores data en Composte- 
la desde muy antiguo, y según algunos, desde los tiem- 
pos del mismo Alfonso II y de Teodomiro; lo cual es 
muy creíble, porque siendo tantos los peregrinos y de 
tan distintas regiones como eran los que ya entonces 
venían á visitar el Sepulcro de Santiago, era necesario 
que hubiese personas de confianza encargadas de reci- 
birlos, y que á la vez fuesen conocedoras de las diversas 
clases de moneda y de su valor respectivo para instruir- 
los respecto del precio corriente de las mercancías, faci- 
litarles los legítimos cambios, y evitar que su buena fe 
fuese sorprendida en las alberguerías, en los comercios ó 
en los demás establecimientos á que por ventura tuvie- 
sen que recurrir. 

En el preámbulo de un libro de la antigua Cofradía 
de los Cambiadores, comenzado á escribir á principios del 

Tomo II.— 4. 



50 LIBUO SEGUNDO 



siglo XIV (1), se cuenta en la forma siguiente el origen 
de esta institución: «E sabido por todo o mundo, logo 
acudiron tantas gentes que era milagro; e daban sen- 
dos (dineiros) e esmolas aos cregos; e tragian tantos 
dineiros de prata e de ouro, que non eran conoscidos. E 
moitos malditos honres mataban e roubaban os romeiros 
ansi na cidade como fora déla. Desto deron aviso ao 
Santo Rey (Alfonso II); e mandou por sua carta real a 
Brandela presbitero seu capelan mor, fose a Compostela 
de Galicia, e dos mais altos homes fillosdalgo déla e dos 
poboadores, que nela estuve ien, juntase ante o Apóstol 
doce que cuidasen das moeclas, ouro e prata e outros 
haberes que viñan de longas térras que tragian os ro- 
meiros; e que estos homes fillosdalgo estuvesen ante a 
porta do Camino junto da eireja e cada un posesse ali 
suas taboas douradas e pintadas con suas arras e balanzas 
e dentro diñeiro e moedas, e que as cambeasen, e que 
tuvesen seus homes, e que fossen zuribiesses que assis- 
tisen con eles; e que non fosen mouros nin judeus; e que 
pudessen rescibir outros homes .que fossen fillosdalgo de 
cabaleyros e seus fillos e fecesen hermandad en honra do 
Apostólo e de sto. Ilafonso. E das ganancias se pagassen 
e de noite se poseessen cirios que alomeasen ante o 
Apostólo aos peregrinos. E do3 primeiros foron Vrena- 
rido de España, Ascario Arias, Sandegis Bermudez, 
Joannes Galos, Ramiro Goncalvez, Fernando Locan, 
Abril Pérez, Jerpe Guillelmez, Eleca Reimondez, Ñuño 
de Reino, Abril Jiménez, Bernaldo Eans. E que non 
pudesen ser homes fillos de barraganes e barraganas, e 



(1) Es el que liemos citado en la nota de la pág. 17. 



liOS TRES PEIMEEOS SIGLOS DE LA I. COMPOSTE LAÍT A 6l 

que estes homes sempre fossen muy acabados e premea- 
dos do Rey e que traten toda verdad» (1). 

Los Cambiadores ponían sus mesas con las balanzas 
y los demás medios de contrastar las monedas, en el pa- 
raíso, (en francés, parvis), que venía á ser una plaza 
ancha y larga cuanto un tiro de piedra, que estaba á la 
entrada de la Catedral por el lado del Norte; en la cual 
plaza había otros muchos puestos en que se vendían 
conchas, correas, cinturones, zapatos, bolsas y toda suer- 
te de hierbas medicinales y de especias, (omne genus her- 
barum medicinalium et caetera pignienta, como se dice en el 
libro V del Códice de Calixto II). En el paraiso de las 
principales Basílicas de Roma se vendían también espe- 
cias, como azafrán, clavo, canela, pimienta, bálsamo, 
etcétera..., que venían de Palestina, de Arabia, de la 
India ó de los Molucas. A la Ciudad Eterna llegaban 
estos productos en calidad de rentas que pagaban algu- 



(1) En este largo pasaje, que está á continuación del que hemos inser- 
tado en la nota de la pág. 17, debemos distinguir dos partes; la una que con- 
tiene la relación más ó menos detallada de sucesos históricos, que ya cono- 
cemos por otros conductos; y la otra en que se da cuenta del origen y orga- 
nización de la Cofradía de Cambiadores, y nombres de los primeros Cofrades. 
En lo primero es de creer, que el que en el año 1 624 trasladó el primer 
folio ya casi ilegible del Libro citado, no introdujese alteración notable; 
pues se trataba de asuntos que no le interesaban; en lo segundo ya es otra 
cosa; lo que le estimulaba y movía su pluma era el deseo de señalar las 
familias y apellidos en que desde el principio se hallaba, por decirlo así, 
vinculado el cargo de Cambiador. Así es que en el curso del libro se ven 
con frecuencia muy posteriormente enmendados, y á veces con más arro- 
gancia que habilidad, los apellidos de ciertos Cambiadores y substituidos 
por los de las familias que se pretendían privilegiadas. 

Romey, que sin duda por tener ocasión de decir un chiste, admitió sin 
repugnancia este texto, llama bandoleros arrepentidos á los primeros Cam- 
biadores. 



52 LIBEO SEGUNDO 



nos pueblos ó tierras de Oriente (1); á Compostela ve- 
nían sin duda por conducto de negociantes árabes. 

De este modo en breve tiempo quedó convertido en 
población aquel campo agreste, liberalmente cedido para 
área de sepultura, aquel monumento fúnebre hecho á 
manera de las arcas que antiguamente se levantaban en 
los extremos ó confines de los respectivos territorios. Y 
como á cosas nuevas, nuevos nombres, los antiguos de 
Liberum donum y Arca marmórica quedaron como recuerdo 
venerando de lo pasado, perpetuados sólo en los docu- 
mentos oficiales, y sustituidos en el lenguaje vulgar por 
otros no menos gráficos y expresivos, como el de Locus 
Sanctus, Locus Apostólicas, Campus Stellae, Compostela. 

Acerca de la etimología de esta última voz, mucho 
se ha discurrido. El Cronicón Iriense la deriva de Compo- 
situm tellus; el Gerundense de Compos Stella; Isaac Vossio 
comentando á Mela, y después Harduino sobre Plinio, 
de Jacóbus Apostolus, y en romance Giacomo Postolo; la opi- 
nión general, de Campus Stellae. r 

El P. Flórez (2) acepta con recelo esta etimología; 
porque, dice, los antiguos documentos mencionan, no 
estrella, sino luces, luminaria. Esta, ¡sin embargo, es la 
interpretación más plausible de cuantas por ahora se 
conocen: porque para el vulgo, que sin duda fué el autor 
ó por lo menos el principal propagador de este nombre, 



(1) Véase Duchesne, Líber Pontificalis, Introducción, página CL. — 
A propósito de esto dice con gran oportunidad el sabio editor del Líber 
Povtificalis: «He aquí un episodio en la historia del gran comercio durante 
la Edad media, en un tiempo en que los principales mercados, las ferias 
ecuménicas, se celebraban con ocasión de las fiestas de los Santos, y á la 
sombra de sus Iglesias.» 

(2) Esp. Sag., t. XIX, p. 70. 



LOS TRES PRIMEROS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELA1TA 53 

llamar estrellas á luces de tal clase, es cosa bien obvia 
y fácil. D. Fernando I, según hemos visto en el tomo I, 
página 173, fué el primer Monarca que en sus Diplomas 
usó el nombre de Compostela; pero ya se ve empleado 
en una Escritura del año 914 de San Martín Pinario (1) 
y en otra del 988, perteneciente á Antealtares, en que 
se lee villa Compostella, territorio Amae. 

En las Colecciones de las antiguas inscripciones se 
registran algunas que se suponen halladas en esta loca- 
lidad. Así Hübner en el tomo II del Corpus Inscriptionum 
latinarum, números 2548, 2549 y 2550, trae las cuatro 
siguientes inscripciones, que á mediados del siglo XVI 
se veían en una de las plazas que rodean á la Iglesia 
Catedral. 

Aunque, á nuestro juicio, dichas lápidas nada tienen 
que ver con la antigua Arca marinar ica ó Compostela, las 
damos á continuación para que nuestros benévolos lec- 
tores tengan á mano todo cuanto pueda referirse de un 
modo ó de otro á nuestro objeto: 

AQVILIAE • MODESTAE 

ANNOEVM • (LJXX 

SENECIO • MODESTVS 

MATRI ■ PIENTISSIMAE 

FECIT -H-S-E-S-T-T-L 

Aquiliae Modestae 

annorum LXX? 

Senecio Modestus 

Matri pientissimae 

fecit. H(ic) s(ita) e(st) s(it) t(ibi) t(erra) l(evis). 



(1) Yepea, Goronica general de San Benito^ t. IV, Escrit. XIII, 



54 LIBBÓ SEGUNDÓ 



D. M. 

ACILIA • MODESTA • M • F 

MODESTO • PATRI • PÍEN 

H-S-E-S-T-T-L 

D(iis) M(anibus) 

Acilia Modesta M(odesti) F(ilia) 

Modesto patri pien(tissimo) 

H(ic) s(itus) e(st). S(it) t(ibi) t(erra) l(evis). 

D. M. S. 

NVMERIVS ■ VITALIONIS 

NVMERIAE • VITALIAE ■ VX 

B-M'F-H-S-F-S-T-T-L. 

D(iis) M(anibus) S(acrum) 

Numerius Vitalionis 

Numeriae Vitaliae Vx(ori) 

B(ene) M(erenti) F(ecit). H(ic) S(ita) 

E(st). 'S(it) T(ibi) T(erra) L(evis). 

PROCVLA 

CAMALI 

F • CROVIA 

ANN • XXX 

H • S • E • SE 
CVNDVS ET D (1) 

Procula 

Caniali 

f(ilia) Crovia 

ann(orum) XXX 

H(ic) S(ita) E(st) Secundus et D.., 

(1) No es verosímil que estas lápidas fuesen primitivamente halladas 



tOS TBES PRIMEROS SlOLÓS DE ÍA I. COMPOSTELANA 55 

Estas fueron las principales obras á que logró dar 
cima el Obispo Teodomiro en su no muy largo pontifica- 
do. En sus Varones Ilustres, cap. II, decía San Ildefonso 
de su antecesor Asturio, que se había hecho digno de 
que en su tiempo se descubriesen las Reliquias de San 
Justo y San Pastor. Lo mismo podemos decir del Obispo 
Teodomiro respecto del descubrimiento de las Reliquias 
de Santiago. Como Asturio, lo^ró descubrir en la tierra 
las Reliquias de aquél con quien había de vivir siempre 
unido en el cielo. Las maravillas que á todas horas es- 
taba presenciando al lado del Sepulcro del Apóstol, 
enarde3Ían su ánimo, y le encendían en deseos de admi- 
rar y contemplarla gloria celestial, de aquél, cuyos res- 
tos mortales ostentaban su virtud y su poder con tantos 
prodigios (1). Esperaba confiado que en recompensa de 
la Basílica que él con tanto celo y afán, había erigido, 
el Apóstol le había de obtener una eterna mansión en 
el cielo. Nuestra inconsideración y desidia, que es falta 
or : glnal en el pueblo gallego, acerca de los hechos de Teo- 



en el sitio donde eran vistas en el siglo XVI, ni en el área que ocupa la 
ciudad; pues toda ella fué removida para extraer materiales para las edifi- 
caciones. Pudieran haber sido de las piedras que trajo D. Alfonso III de 
diversas partes de España para la reedificación de la Catedral compostela- 
na; pero tampoco esto es probable, porque de aquella obra nada ha queda- 
do; todo lo consumieron las reedificaciones posteriores. Debieron de ser, 
pues, piedras que algún curioso halló en las inmediaciones de Santiago 
(p. ej., algún Canónigo en algunas de las tenencias del Cabildo), y que, para 
que no se perdiesen, trajo á la ciudad. 

(1) Teodomirus vero Episcopus tanto fidentius oculos mentis ad coe- 
lestis patrias consideratione(m) erigebat, quanto frequentius Beatum Jaco- 
bum post Basilicam sibi factam miraculis et virtutibus coruscare conspi- 
ciebat. Spe ergo coelestium praeditus, aliquanto interjecto tempore vitara, se- 
curus effudit finali sorte interveniente. (Hist. Comp., lib. I, c. II, núm. 1), 



56 LIBBO SEGUNDO 



domiro, apenas dejó consignado más que algunos descar- 
nados párrafos en la Historia Compostelana. Hoy para for- 
marnos idea más cabal del espíritu y de la persona de 
Teodomiro, estamos reducidos á contemplarlo como som- 
bra veneranda que circula silenciosa por entre los pila- 
res de la Basílica, alentándonos y estimulándonos á 
todos con su actitud grave y serena, para que amemos 
y reverenciemos al Apóstol Patrón de España. 

De los muchos prodigios acaecidos en este tiempo, no 
hay más noticia individual, que de el que se refiere en 
el capítulo II del Libro de los Milagros de Santiago, atri- 
buido á Calixto II. A un italiano, reo de un horrendo 
crimen, le había impuesto su Obispo, como penitencia 
pública, el venir en peregrinación á la Tumba de San- 
tiago, con una carta para el Prelado compostelano, en 
que se hacía relación del execrable delito que había me- 
recido tan severa y costosa reparación. Aceptó el ita- 
liano con el mayor arrepentimiento la penitencia im- 
puesta; y llegó á Compostela á tiempo de poder asistir 
á la gran festividad del 25 de Julio. Entre lágrimas y 
sollozos á la hora de Prima, pudo acercarse fervoroso á 
la mesa del Altar, y depositar debajo de los paños, la 
cédula ó carta que pesaba sobre su alma con abruma- 
dora inquietud. A la hora de Tercia se disponía el Obis- 
po Teodomiro á celebrar solemne Misa pontifical, y notó 
debajo del paño del Altar la extraña presencia de aque- 
lla carta. Preguntó qué hacía allí aquel papel, y quién 
lo había puesto. El anhelante peregrino echóse á sus 
pies, y públicamente confesó su pecado, y refirió el man- 
dato que le había dado su Obispo. El Venerable Teodo- 
miro recogió la carta, la abrió, y examinó, y la enseñó 
á todos para que viesen cómo había desaparecido loque 



LOS TBES PBIMEHOS SIGLOS DÉ LA I. COMPOSTELA1ÍA 57 



en ella estaba escrito (1). Maravilláronse los circunstan- 
tes de lo ocurrido, no menos que el compungido pecador, 
el cual con dificultad acertaba á creer tanta dicha. Teo- 
domiro lo declaró absuelto de todo reato por los méritos 
é intercesión del Apóstol; pero ante sus vivas instancias 
le puso por penitencia el ayunar todos los viernes. 

A esta época debe pertenecer también el milagro, 
que dio ocasión á que los peregrinos de Santiago adop- 
tasen como distintivo las conchas ó veneras (pectén jaco- 
baeus). Cuéntase, que á un caballero de una muy princi- 
pal familia, viajando por las costas de Portugal ó Gali- 
cia, se le desbocó el caballo y lo precipitó en el mar. 
Estando ya á punto de perecer ahogado, con el corazón 
se encomendó al Santo Apóstol, el cual lo sacó á flote 
sobre las aguas, pero todo cubierto de conchas. Refieren 
este prodigio Molina (2), Oxea (3), Castellá (4), Erce 
Ximénez (5) y otros muchos autores, citando varios tes- 
timonios antiguos, como el de un libro manuscrito del 
Convento de San Juan de los Reyes en Toledo y un 
Santoral también manuscrito del monasterio de Aleo- 
baza en Portugal, y la autoridad de algunos Breviarios, 
p. ej., el de S. Culgat en Cataluña, y el antiguo de 
Oviedo, en el cual se leía un himno de Santiago con la 
siguiente estrofa: 

Cunctis mare cernentibus 
Natus Regis submergitur, 



(1) Sanctus Presul, aperta cédula, ac si nunquam litteris esset cotia* 
cripta, nichil in ea repperit scriptum. 

(2) Descripción del reino de Galicia, pte. V, fol. 61. 

(3) Historia del Apóstol Santiago, cap. XXVIII, núm. 2, 

(4) Historia del Apóstol Santiago, lib. II, cap. II. 

(5) Prueva evidente, etc., pte. II, trat. III, c» I, 



LlBEO SEGUNDÓ 



Sed a profundo ducitur 
Totus plenus conchilibus. 

No están, sin embargo, acordes todos estos escritores, 
ni acerca del sitio, ni acerca del tiempo en que tuvo 
lugar este prodigio. Unos dicen que sucedió en las costas 
de Portugal frente á un lugar llamado Bouzas; otros en 
las de Galicia. Asimismo, unos afirman que la sumer- 
sión del caballero acaeció al tiempo que pasaba por 
aquel sitio la barca que conducía desde Jafa el Cuerpo 
de Santiago; y así se veía representada esta escena en 
un retablo que para la capilla de nuestro Apóstol en San- 
ta María de Araceli en Roma, pintó Juvenal de Orvieto 
en el año 1441. El Maestro Oxea supone que el suceso 
tuvo lugar después de descubierto el Cuerpo de Santia- 
go (1). Prescindamos de la cuestión del lugar, que sobre 
ser de difícil solución, en este momento no nos interesa 
tanto; pero por lo que toca á la fecha del acaecimiento, 
nos inclinamos á la opinión de Oxea; pues no hay el más 
leve indicio de que, desde tiempos tan remotos, los de- 
votos de Santiago usasen las conchas como peculiar dis- 
tintivo; y así, lo más probable es, que este prodigio de las 
conchas aconteciese á alguno de los primeros peregrinos 
que acudieron á venerar la Tumba recién descubierta 
de Santiago, y se viese en tal trance, que sólo por la 
intercesión del Apóstol pudiese librarse de la muerte. 
Lo cierto es, que poco después del descubrimiento de las 
Reliquias de nuestro Apóstol, las conchas aparecen ya 
como insignia de los devotos y romeros de Santiago. 



(1) Los genealogistas del siglo XVII, no desperdiciaron la oportuni- 
dad que les ofrecía este noble caballero para convertirlo en tronco de 
ilustres familias, y para explicar la razón y significado de las conchas en 
algunos escudos de armas. 



LOS tfBES ÍKIAÍEROá SlGÍLOá DÉ LA í. CÓMPOSÍELANA 59 

Del mismo modo que en la iglesia matriz y principal, 
iba en aumento el estado próspero de las dos Comunida- 
des subalternas, la de Antealtares y la de la Corticela, 
que con su asistencia contribuían á que en el templo 
Apostólico el Culto fuese más continuo y esplendoroso é 
inspirase mayor devoción. Probablemente la carta de 
dotación del Monasterio de Antealtares fué otorgada al 
mismo tiempo que D. Alfonso II firmó en favor de la 
Iglesia de Santiago el Privilegio de las tres millas. Ya 
hemos visto el solar que señaló D. Alfonso para las vi- 
viendas y claustro de los monjes, y para las demás 
dependencias del Monasterio; pero además para susten- 
to de la Comunidad destinó las ofrendas hechas ante los 
altares de San Salvador, San Pedro y San Juan, y cier- 
ta parte de las hechas ante el altar de Santiago (1). 

D. Alfonso II no dejó preteridos á los monjes de la 
Corticela. Viendo que estaban relucidos á vivir con 
bastante estrechez, para su sustento y vestido, pro vwtu 
atque vestitu, les hizo donación de las islas de Ons, Sálvo- 
ra, Framio, Sinales y Arosa. Así lo refiere el Obispo 
compostelano, Hermenegildo, en un Diploma que otorgó 
al Monasterio de San Martín (2). 



(1) Vocem intendit Petrus Antealtarium abbas, — se lee en el Privi- 
legio que en el año 1152 otorgó el Arzobispo compostelano, D. Bernardo I, 
al Monasterio— de altaribus san'cti Salvatoris etsancti Johannis (el de San 
Pedro continuaban poseyéndolo los monjes), et de oblationibus altaris 
Beati Jacobi secundum Begis Gasti dotem. (Yepes, Coronica gen. de S. Be- 
nito, tomo IV, Apead, núm. IX). 

(2) Yepes, Coro:i. gen. etc., tora. IV, al año 835.— La donación era 
para todas las Comunidades que contribuían á prestar culto en el Templo 
Apostólico; pero como el Monasterio de la Corticela desde la época más 
remota poseía la isla de Arosa, debió de ser incluido en la concesión que 
tizo D. Alfonso II, 



60 lilBÍtO SEGUNDÓ 



La muerte no sorprendió á Teodomiro. Aunque lo 
sorprendiera, como él tuviese un sólo instante para ex- 
presar sus sentimientos, diría con efusión: — Muero, Se- 
ñor, contento, porque he visto con qué prodigios habéis 
revelado el lugar en donde se hallaba oculto el Sepulcro 
de vuestro amado Discípulo; porque he visto erguidas 
una y más Basílicas para tributaros en ellas las debidas 
gracias y alabanzas por las maravillas obradas en vues- 
tro Apóstol; porque he visto conmovido al mundo y 
puesto en movimiento al rumor del feliz hallazgo de las 
Reliquias de Santiago; porque he visto esta prenda fir- 
mísima de salud y salvación de toda España. — Estos de- 
bieron ser, á no dudarlo, los afectos que le embargaban 
en los últimos momentos de su vida; y, si su alma voló 
al cielo para gozar de la presencia de Dios al lado de la 
de su Maestro y Antecesor, su cuerpo fué sepultado á 
los pies de la Basílica en que se guardaban los mortales 
despojos por él tan dichosamente hallados. Y hoy desde 
el fondo del coro, en donde probablemente yace sepul- 
tado, asiste de continuo en la forma posible á las salmo- 
dias y melodías, que él con tanta piedad y tanto entu- 
siasmo inició pasa ya de diez siglos. 

Su fallecimiento debió ocurrir á fines del año 829, ó 
en los primeros meses del siguiente. 



tffffffíWÍTO 



CAPÍTULO III 



Sucede en la Sede de Iría y en la Iglesia Apostólica á Teodo- 
miro 9 Adulfo I. — Demarcación que de la Diócesis de Iria 
hizo Tructino por comisión de D. Alfonso II. 




dulfo, Adaulfo ó Ataúl- 
fo se llamó el sucesor 
de Teodomiro. Nada se 
sabe de las circunstan- 
cias de su vida en el 
tiempo que precedió á 
su promoción al Episco- 
pado. Probablemente 
habría sido Canónigo ó 
Arcediano en la Iglesia de Iria ó Arca marmórica; pues 
entonces lo ordinario era que el Obispo de una Iglesia 
fuese elegido de entre los individuos del clero adscripto 
al servicio de la misma. 



62 LIBRO SEGUNDO 



Respecto á la forma de su elección, nada puede afir- 
marse con seguridad; pues en situación tan precaria, 
como era aquella por que entonces atravesaban la Igle- 
sia y el Estado, en cada caso se seguía lo que exigían 
é imponían las circunstancias (1). Aun en muchos de 
los casos en que hubiese tenido lugar la elección del 
Clero y del pueblo, como prescribía la Disciplina gene- 
ral entonces vigente, tal elección era pura fórmula. Lo 
más probable es que la designación de Adulfo partiese 
de D. Alfonso II; pues el Concilio XII de Toledo, en el 
canon VI, cometió esta facultad á los Monarcas; y el Rey 
Casto, como se lee en el Cronicón AJbddense, procuró res- 
taurar el orden y disciplina que habían seguido los 
Godos (2). 

En el año 830, hallándose ya Adulfo posesionado de 
la Sede de Iria y Compostela, vino á Arca marmórica 
un personaje de la Corte de D. Alfonso II, llamado 
Truccino ó Tructino, el cual traía del Rey la comisión 
de consignar al nuevo Obispo ciertos distritos é iglesias 
que pertenecían á la Diócesis Iriense (3). Esta diligencia 



(1) Hablando de la elección del Obispo Gundesindo, dice la Composte- 
lana (lib. I, c. II): Gundesindus... qualicumque modo succedens. De la de Sis- 
nando II dice: Quadam sorte potestatis succedentem. De la de D. Pelayo Uo- 
dríguez: Dignitatem in saeculari potentia suscipiens; etc. 

(2) Omnemque Gothorum ordinem, sicuti Toleto fuerat, tam in Eccle- 
siam, quam Palatio, in Oveto cuneta statuit. (Esp. Sag., tomo XIII, Ap. VI, 
página 453). 

(3) In Era DCCCLXVITI venit dominus Truccinus per ordinationem 
domini Adefonsi principis, et consignavit domino Adulfo episcopo ecclesias 
quecumque sunt proprie hyriensis Sedis. (Tumbo rotulado Concordias con 
esta ciudad. Privilegios y Constituciones. — Véase Monumentos antiguos de la 
Iglesia Compostelana, pág. 35. — Véase este documento en el número II de 
los Apéndices). 



LOS TRES PRIMEROS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 63 

fué sin duda promovida por el mismo Adulfo, por la 
razón siguiente. En el Privilegio otorgado por D. Ordo- 
ño II en el año 915 á la Iglesia de Santiago, se refiere 
que al tiempo de la devastación hecha en España por 

r 

los Árabes, varios de los Obispos que habían logrado 
escapar del furor musulmán, llegaron fugitivos hasta la 
Diócesis Iriense, y que el Prelado los acogió con benigni- 
dad y caridad cristianas, señalándoles algunos distritos 
y algunas granjas, con cuyos productos pudiesen aten- 
der á su subsistencia (1). A la sazón los Obispos que se 
hallaban disfrutando de este beneficio eran el de Tuy 
y el de Lamego; el primero en los distritos de Nendos, 
Faro, Bergantiños y Soneira; y el segundo en los de 
Trasancos, Labacengos, Nemancos, Céltigos y Camo- 
ta (2). D. Ordoño II habla de otros dos distritos, el de 
Pruzos y el de Besoucos, que al parecer estaban agrega- 
dos á la Diócesis de Oviedo (3). El Concilio, que con este 
motivo se celebró en dicho año de 915 quizás en San- 



(1) Et quoniam Hiriensis Sades ultima prae ómnibus Sedibus erat, et 
propter spatia terrarum vix ab impiis inquietata, aliquanti Episcoporum 
proprias desinentes Sades viduas et lúgubres in manibus impiorum, ac ten- 
dentes ad Episcopum supra memoratae Sedis Hiriensis, propter honorem 
Sancti Jacobi, coUegit eos humanitate praestante, et ordinavit decaneas 
unde tolerationem habuissent. (Esp. Sag., tomo XIX, pág. 350. — Véase 
Apénd. núm. XXXVII). 

(2) Et haec Sedes Hiriensis, quae est conj uñeta loco Patroni nostri 
Sancti Jacobi Apostoli, fines suos ab omni integritate custodiat et contineat, 
sicut ab antiquis Patribus praescriptos cognovimus, id est, Trasancos, La- 
pacencos, Nemancos, Célticos, et Camota, quam obtinuit Episcopus Lame- 
censis; necnon Nemitos, Faro, Brecantinos et Somnaria quam obtinuit 
Episcopus Tudensis. (Esp. Sag., tomo XIX, pág. 351. — V. Apénd. citado). 

(3) Adicientes ad haec Prucios et Bisancos, qui steterunt post partem 
Regulae ad Ouetao. — (Véase Apénd. citado, pág. 83). 



64 LIBBO SEGUNDO 



tiago, dispuso que todos los mencionados distritos, que 
hasta entonces habían poseído los Obispos de Tuy y La- 
mego, se restituyesen íntegra y definitivamente á la 
Sede Iriense, toda vez que cesaran los motivos por los 
que se había adoptado esta provisoria desmembración. 

Ahora bien, todos los distritos que acabamos de nom- 
brar, fueron asignados por Tructino á Adulfo; lo cual 
demuestra, que éste, para impedir que la ocupación tem- 
poral de dichas comarcas por Obispos extraños, pudiese 
ocasionar en lo futuro algún perjuicio á los derechos de 
su Sede, pidió que se declarase oficialmente que los 
referidos distritos eran propios de la Diócesis Iriense. 
Además se le asignaron á Adulfo los distritos de Post- 
marcos, Montaos, Marzoa, Bembejo y Montesacro, que 
quizás habrían sido destinados para residencia de otros 
Obispos expatriados. Y en efecto, en el distrito de Mon- 
tesacro ó Picosacro residió Naustio, Obispo de Coimbra, 
el cual falleció en el año 912, y fué sepultado en la igle- 
sia de San Andrés de Trobe. 

En tiempo de Adulfo, ó poco después, según una Es- 
critura del monasterio de San Martín de Jubiá, que cita 
Argaiz (1), se instaló en el distrito de Trasancos el Obis- 
po Argemiro, el cual residió por mucho tiempo en dicho 
monasterio. Otros varios Obispos debieron de hallarse en 
el mismo caso que Argemiro y Naustio. No faltaban, por 
tanto, motivos á Adulfo para procurar que los términos 
de su Diócesis estuviesen perfectamente deslindados. 

La verdad es, que el objeto de la misión de Tructino 
no pudo ser el hacer una demarcación completa de la 
Diócesis Iriense; pues en su consignación faltan distritos 



(1) La Soledad laureada, tomo III, páginas 103 y 475, 



LOS TEES PEIMEEOS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANÁ 66 

tan principales como los de Morrazo, Saines, Continos ó 
Cuntís, Célenos ó Caldas, Metazios, Mercienses y Cáporos, 
Tructino se limitó, pues, á la designación de aquellos 
distritos, sobre los cuales con el tiempo, por efecto de la 
residencia de Obispos extraños, podía ocurrir alguna 
duda ó algún litigio (1). 

Es de advertir que en la demarcación que hizo Truc- 
tino, no se mencionan todas las iglesias ó parroquias 
correspondientes á cada distrito, sino tan sólo algunas. 
Así, p. ej., en Montesacro sólo se citan las iglesias de 
San Pedro de Carcacía, de San Félix de Saines ó Sales 
y la de San Juan ad Heremo 6 da Coba. Varios pudieron 
ser los motivos para que de estas iglesias se hiciese par- 
ticular mención; pero si se hizo de algunas, fué porque 
en ellas Adulfo, no sólo debía ser considerado como 
Obispo, sino también como dueño y propietario; ora por 
concesión Real, ora por donativo de personas particula- 
res, de ciertas prestaciones á que estaban obligadas 
dichas iglesias por razón de los terrenos con que habían 
sido dotadas. Tal era la de Carcacía, la cual había sido 
del Real Patrimonio, como dice D. Alfonso III en un 
Diploma concedido á Santiago en el año 867; pero des- 
pués, sin duda por donación del Rey Casto, pasó á ser 
propiedad de Teodomiro y de sus sucesores en la Sede 
de Iria. 

También puede decirse (y quizás esto sea lo más pro- 
bable), que Tructino vino, no para indicar los límites de 
la Diócesis Compostelana, pues éstos ya se hallaban pre- 



(1) Y efectivamente, ocurrió á principios del siglo XII sobre los distri- 
tos de Trasancos, Labacengos, Arros y Besoucos, entre los Obispos de San- 
tiago y Mondoñedo. 
Tomo II— 5. 



68 LIBRO SEGUNDO 



cisados en los Cánones de los antiguos Concilios, sino 
para señalar las iglesias offertionales, que D. Alfonso II 
tenía ya de antes donado á la Sede Iriense. Estas igle- 
sias offertionales, de las cuales, distinguiéndolas de las 
propiamente diocesanas, dioecesales ó canónicas, hace men- 
ción D. Ordoño II en un Privilegio otorgado á la Igle- 
sia Legionense en el año 916 (1), venían á ser por do- 
nación ú otro título como de propiedad particular de 
los Reyes, los cuales por este motivo recibían anualmen- 
te un canon ó pensión que se llamaba offertio. Un ejem- 
plo de estas iglesias offertionales, nos lo ofrece la iglesia 
de Santa María de Mezonzo en la Diócesis Compostela- 
na, de la cual hacia el año 870 el Abad Reterico hizo 
donación á D. Alfonso III (2). 

Si Adulfo recibió de D. Alfonso II pruebas inequívo- 
cas de deferencia y consideración, no las recibió meno- 
res de su sucesor D. Ramiro I; el cual, con consentimien- 



(1) Esp. Sag., t. XXXIV, Apénd. VII, p. 436.— Véanse también las 
páginas 225-227. 

(2) Véase la Escrit. LII, t. I del Tumbo de Sobrado, en el Archivo 
Histórico Nacional. He aquí lo que dice la Escritura pertinente á nuestro 
asunto: «In dei nomine. Ego retericus abbas licet immerito tibi gloriosissi- 
mo principi nostro adefonso. Placuit mihi atque conuenit... ut tibi domino 
meo facerem donationem sicut et fació de ómnibus rebus meis; id est, in 
uillas quas uocitant presares, cum ecclesiis uocobulo scm. petrum et sea. ma- 
ria monasterio uilla natoris... et direxi ex persona mea presentem fulga- 
redum presbyterum subrinum meum, qui ista carta a me rouorata ex mea 
persona meo domino sicut et tradidit. Ego namque peccator,alumnus uester, 
retentus sum ab egritudine graui, quod uidere non ualeo presentiam domi- 
ni mei. Tamen profiteor me per singulos annos, dum uixero, per istum mo- 
nachum dirigere meam offertionem, sicut et feci, et semper faciam.» 

En la fecha de esta Escritura debe sobrar una C; pues de otro modo re- 
sultaría el año 930. Otras dos Escrituras del Tumbo de Celanova, lib. I, nú- 
meros LX y LXIj por las cuales se ve que ya era Abad de Mezonzo Fulga- 
redo, están datadas en el año 871.— (V. Apéndices, números VIII, IX y X). 



LOS TBES PBIMEBOS SIGLOS DE LA I, COMPOSTELANA 67 



to del venerable Prelado y de su Cabildo, confirmó el 
Privilegio en que su predecesor había amojonado el solar 
del monasterio de Antealtares. De los privilegios espe- 
ciales otorgados por D. Ramiro I á Santiago, hacen 
mención D. Alfonso III y D. Ramiro II. El primero en 
un Diploma del año 899, dice: que su bisabuelo D. Al- 
fonso II, su abuelo D. Ramiro I y su padre D. Ordoño I, 
todos ellos ofrecieron ante el Altar de Santiago grandes 
dones y mercedes (1). D. Ramiro II, en una Escritura del 
año 934, añade que su antecesor del mismo nombre, con- 
firmó el Privilegio de las tres millas, y otorgó por sí 
otra donación (2). 

No se especifica en estos textos cuál era el contenido 
de estos privilegios de D. Ramiro I, ni en qué consistían 
sus mercedes y beneficios; pero por ahora basta dejar 
consignado que dicho Monarca hizo notables donaciones 
á la Iglesia de Santiago. 

La Compostelana (3) en pocas palabras hace su cumpli- 
do elogio: Dlvini verbi pábulo gregem sibi corumissum, prout 
valuit, v : gilanti cura cibavit. El Cronicón Iriense (4) le llama, 
varón Santo, Sanctus vir; y D. Diego Gelmírez, en la Es- 
critura otorgada á San Martín Pinario en el año 1115, 



(1) Qui omnes inulta beneficia et dona casta mente sancto Altario ves- 
tro obtulerunt. (España Sagrada, tomo XIX, Apénd. pág. 343.— V. nues- 
tros Apénd., n.° XXV). 

(2) Post eum quoque Ranimirus Rex, et ipsum confirmavit et aliud 
addidit. (España Sagrada, tomo XIX, Apénd. pág. 363.— V. nuestros 
Apénd., n.° LV). 

(3) El Cronicón Iriense dice que Adulfo I fué consagrado reinando ya 
D. Ramiro. Esto no puede admitirse; porque en el Diploma de Tructino, 
hemos visto que Adulfo era ya Obispo en tiempo de Alfonso II en el año 830, 

(4) Lib. I, cap. II, núm. 2, 



68 LIBRO SEGUNDO 



dice de él, que como Teodomiro y su sucesor Adulfo II 
vivió en el lugar apostólico santamente, sanctam duxere 
vüarn. 

Veinticuatro años poco más ó menos, desde el 830 
hasta el 854 ú 855, rigió Adaulío I la Iglesia Composte- 
lana; pues probablemente él es el mismo Ataúlfo, á 
quien D. Ordoño I, en el año 854, en reverencia y honra 
del Bmo. Apóstol Santiago, Patrón suyo y de toda Es- 
paña, otorgó un Privilegio confirmando las tres millas 
que había donado D. Alfonso II, y añadiendo por su 
parte otras tres, de modo que resultasen seis en torno de 
la Tumba Apostólica, ut sint sex millia integra. D. Ordoño 

envió de su Peal Casa (mittimus tibí nostros pueros et 

familiares nuntios) comisionados para acotar el nuevo te- 
rritorio por él cedido (1). Por desdicha no se conserva el 
acta de esta acotación; pero creemos que á ella debe re- 
ferirse el Cronicón Iriense cuando habla del coto que se- 
ñaló D. Alfonso II alrededor de la Iglesia de Santiago 
por Sionlla, Lestedo, Villestro y el Tambre, (cautum ei 
fecit per Siaoniam, et per Lestetum et per villam Astructi et 
inde in Tamare) (2). Justamente estos puntos cardinales 



(1) Véase este Privilegio, entre los Apéndices, núm. III. — Castellá 
Ferrer (Historia de Santiago, tomo IV, cap. XII), y Gándara (El Cisma 
Occidental, tomo II, cap. II?), juzgaron que estos enviados de D. Ordoño 
eran sus propios hijos, á los cuales mandaba á Compostela para que fuesen 
educados bajo la dirección del Obispo Ataúlfo en la Universidad, que, según 
Gándara, habia fundado y dotado el mismo D. Ordoño. Prescindiendo de lo 
prematuro de la fundación universitaria, observaremos que estos pueros et 
familiares nuntios, que enviaba D. Ordoño, no eran estudiantes, sino indi- 
viduos de la servidumbre, empleados de Palacio, á quienes D. Ordoño comi- 
sionó para que confirmasen el Privilegio de las tres millas, y acotasen las 
otras tres por él concedidas. 

(2) Esjiaña Sagrada, tomo XX, pág. 601. 



tOS TEES PBIMEBOS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 



69 



que cita el Cronicón Iriense distan de Santiago, según ya 
hemos advertido, las seis millas. 




Fotografía de J. Linda* Fotograbado de Laporta, 

Miniatura del Tumbo Á, fol. 1 Vuelto, que representa á D. Ordoño I. 



Poco tiempo pudo sobrevivir Adaulfo I después de la 
concesión de este Privilegio; pues ya llevaba un largo 



70 tlBEO SEGUIDO 



Pontificado. Sólo sabemos por el Iriense (1) que murió 
reinando D. Ordoño I, in (Ordonii) diebus. 

Sobre este fondo admirable, que ofrece el conjunto 
de virtudes en que se cifra toda vida santa y ejemplar, 
se destacaba, según la Compostelana, el frecuente ejercicio 
de la predicación de la divina palabra, que Adulfo des- 
empeñaba con no menor fruto, que celo y elocuencia. A 
su muerte fué sepultado, como Teodomiro, en el atrio á 
la entrada de la iglesia; el cual sitio corresponde boy, 
con poca diferencia, al fondo del coro. 

Antes de poner punto en este capítulo, debemos dar 
cuenta de un notable suceso, que demuestra la gran im- 
portancia que en poco tiempo alcanzó Compostela. Ha- 
cia el año 850 llegó á nuestra ciudad una extraña em- 
bajada, de la cual se ocupó en los siguientes términos el 
insigne orientalista Sr. Simonet en el segundo de los 
cuatro eruditísimos artículos que con el título de El 
Apóstol Santiago y los autores arábigos, publicó en La Ilus- 
tración Católica del año 1881 (2): "Pero veamos ya lo que 
refieren los autores arábigos con respecto á la venera- 
ción que inspiraba en aquellos siglos el sepulcro de San- 
tiago de Compostela y peregrinaciones de que era objeto 
por parte de la cristiandad, así mozárabe como libre, 
así europea como oriental. 

U A las diligentes investigaciones del docto arabista 
Mr. Reinhart Dozy, debemos el hallazgo de un docu- 
mento sobremanera importante para nuestro objeto, por 
donde consta que antes de la segunda mitad del siglo IX, 



(1) España Sagrada, tomo XX, pág. <>02, 

(2) Números de 14 y 21 de Septiembre, y de 7 de Octubre y 14 de 
isoviembre» 



LOS ÍBES PBÍMEBOS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELAtf A 71 

era ya muy concurrida y famosa la peregrinación al se- 
pulcro de Santiago en Compostela. Alli fué á parar, ha- 
cia el año 850 de nuestra era, acompañando á un emba- 
jador del rey de los normandos, el célebre poeta y diplo- 
mático andaluz Yahya ben Alhacam, natural de Jaén 
y más conocido por la Algazel ó la gacela. Así lo prueba 
la relación de aquella embajada, escrita por un autor 
coetáneo (1) en el siguiente pasaje: 

"Finalmente, Algazel partió de aquel país, pasando 
"á Santiago en compañía de los embajadores del rey 
"normando y con una carta de éste para el señor de 
"aquella ciudad. Allí, colmado de honores, permaneció 
"dos meses con aquellos magnates hasta que dieron fin 
"á su peregrinación. De Santiago pasó á Castilla con 
"los peregrinos que regresaban á esta comarca; de allí á 
"Toledo, y por último á la corte del Sultán Abde- 
"rrahman (2), después de veinte meses de ausencia" (3). 

Hacia este tiempo debió realizar su peregrinación á 
Compostela San Evermaro, natural de Frisia, cuya fiesta 
se celebra el 1.° de Mayo. Ingreclitur itaque vir Dei, nos 
dice su biógrafo (4), viam,, quae Gálaeciam tendit ad S. Ja- 



(1) El celebrado cronista Tammam ibn Alcania, que murió en 896, y 
Cuyo relato copió Abuljatthab ibn Dáhya, natural de Valencia, que murió 
en el año 1 235 de nuestra era. Mr. Reinhart Dozy, en su novísima edición 
de sus Recherches, tomo II, páginas 267 y 268» Acerca del poeta y diplomá- 
tico Algazsl, que murió hacia el año 864 de nuestra era, vide ibidem, 
pág. 269.— (Nota de Simonet). 

(2) Abderrahman II de este nombre, que reinó en Córdoba desde el 
año 821 al 862 de nuestra era. — (Nota de Simonet). 

(3) Mr. Dozy en la mencionada edición de sus Recherches, páginas 271, 
278 y 279. El texto de tan curioso pasaje y de toda la embajada se halla en 
el número XXXIV de los Apéndices.— (Notas del Sr. Simonet). 

(4) Acia Sanctorum, tomo I del mes de Mayo, págs, 120 y siguiente^ 



72 LISBO SEGUNDO 



cóbum, ingressusque ecclesiam Sti. Jacobi, et expetitis ejus suf- 
fragiis, regreditur ad partes Galliae inferiores. Es cierto que 
allí se dice que San Evermaro nació reinando Pipino, 
hijo del Duque Ansigiso (687-714), en cuyo tiempo aún 
no se habían descubierto los sagrados Restos de Santia- 
go; pero, como advierte el P. Cúper (1), el autor de la 
biografía debió confundir á este Pipino con algún otro 
que hubiese reinado posteriormente; por ejemplo, con 
Pipino, rey de Aquitania, hijo de Ludovico Pío, que 
reinó desde el año 814 al 838, ó Pipino de Vermandois, 
que vivió por el mismo tiempo. 

De esta manera iba caminando Compostela á aquel 
punto culminante, que señaló Dozy en su Historia de los 
Musulmanes de España (2) con las siguientes palabras: "A 
excepción de la Ciudad Eterna, no había en toda Euro- 
pa un lugar tan renombrado por su santidad, como San- 
tiago de Galicia." 



(1) Acta Sanctorum, tomo VÍ dei mes de Juíio, num. ÍÚO, 

(2) Tomo III, pág. 228. 



WffWWWWWWWWWWIIIIItWWfí 



CAPITULO IV 



La batalla de Clavijo» y el Voto nacional hecho al Apóstol 
Santiago. 




urante el pontificado de 
Adulfo I tuvo lugar un acon- 
tecimiento, que dio como la 
consigna histórica que por mucho tiempo guardó con 
toda fidelidad el pueblo español. Nos referimos á la bata- 
lla de Clavijo, cuya certeza y evidencia sólo comenzó á 
velarse y obscurecerse, desde el momento en que nues- 
tro pueblo comenzó á decaer de su antigua grandeza, á 
degenerar de su primitiva estirpe y á perder aquellas 
notas características de católico y belicoso , que lo 
hacían señalado entre todas las naciones de la tierra. 
Hablando el Sr. Cavanilles (1) de la batalla de Clavi- 



(1) Hist, de .%., 1. 1, p. 398, 



74 tiBBo SEatrMDO 



jo, dice: "De aquí, el apellidar á Santiago Patrón de Es- 
paña, y el ser el nombre de guerra en los siglos posterio- 
res, Santiago y Cierra España. De aquí.... ¡qué dolor, que 
lo que inventó la piedad, tenga que rechazarlo la crí- 
tica!" ¡Lo doloroso es que se pretenda, que haya que re- 
chazar las verdaderas enseñanzas de la piedad, porque 
las combata la crítica desde que se declaró impía! 

Difícil se hace creer; pero es lo cierto, que en los 
pequeños Estados cristianos de aquella época pululaba 
ya la ambición, y que por lo mismo cada vacante de 
Trono provocaba una crisis, que en la mayor parte de 
los casos resolvía la fuerza de las armas. Por propia ex- 
periencia comprendía esto mismo D. Alfonso II; así es, 
que para prevenir tales conflictos en los últimos años de 
su vida, se asoció al Trono á su primo D. Ramiro, hijo 
de D. Bermudo I y nieto de D. Fruela, hermano de 
D. Alonso el Católico. A pesar de esta precaución, cuan- 
do en 842 falleció el Rey Casto, no faltaron á D. Rami- 
ro audaces y temibles competidores, como Nepociano, 
cuñado del monarca difunto y los condes palatinos Al- 
droito y Piniolo, que le disputasen la corona. Con su 
valor é intrepidez desbarató D. Ramiro los planes de sus 
adversarios, y reprimió y contuvo sus temerarios inten- 
tos; pero estas discordias no podían menos de debilitar 
las fuerzas del pequeño reino cristiano, y estimular á los 
enemigos de siempre, á los árabes, á que, aprovechando, 
como otras veces, la ocasión, tratasen, ya que no de ex- 
terminar el estado fundado por Pelayo, someterlo á una 
vergonzosa é inicua capitulación. 

Así sucedió, en efecto; el Emir de Córdoba, Abde- 
rrahman II, no era persona á quien pudiera ocultarse lo 
propicio de estas circunstancias, y que no se apresurase 



tOS ÍBES £BlMEBOá SIGLOS 1)É tA 1. tíOk£(téTÉLANA 75 

á sacar de ellas todo el provecho que podía prometerse 
para sus planes, solicitado acaso por los mismos parti- 
darios de Nepociano (1). Envió, pues, en el año 843 
una embajada al nuevo monarca, y probablemente á los 
demás jefes de los Estados cristianos, como el de Álava y 
Castilla, intimándoles que si querían conservar su auto- 
nomía, se allanasen á pagar ciertos tributos, y entre ellos 
el de cien doncellas, que sin duda había pactado con los 
árabes alguno de los pretendientes á la Corona de Astu- 
rias. Cualquiera otro que no fuese D. Ramiro, quizás ti- 
tubearía antes de dar una respuesta categórica á la in- 
timación de Abderrahman; pero el animoso hijo de 
D. Bermudo I, contestó, cual se merecía, á la insolencia 
del arrogante Emir de Córdoba, y convocó en León á to- 
dos los principales de su reino, dióles cuenta de la em- 
bajada, y puso pregón en todos sus reinos para que todos 
estuvieran dispuestos para cuando él los llamase. 

• Viendo Abderraman, que las amenazas verbales no 
surtían el resultado que se proponía, recurrió á los he- 
chos, juntó un numerosísimo y poderoso ejército, y al aso- 
mar la primavera del año 844, invadió los Estados de 
Castilla y Álava, con ánimo sin duda de caer después so- 
bre el reino de Asturias (2). Voló D. Ramiro con la ac- 
tividad que le era propia en socorro de los Estados cris- 



(1) El Albelden se en la mención previa de los Heves de León (Es* 
paña Sagrada, t. XIII, p. 450), cuenta a Nepociano entre los monarcas le- 
gión enses. 

(2) Esta misma ruta siguió en los años de 882 y 883 (V. el Cronicón 
AlbeldenseJ Alfmondzir, hijo de Mohammed I, para caer después sobre León 
y Asturias. Quizás Abderrahman quiso también tomar esta dirección para 
recoger las tropas auxiliares de Muza II, jefe de los Beni-Casí de Aragón^ 
ó asegurarse al menos su neutralidad# 



76 LIBBO SEGUNDÓ 



tianos, en los que además de la religión, le llamaban 
poderosos afectos personales, como que en uno de ellos, 
en el de Bardulía ó Castilla, había tomado recientemente 
esposa. El avistarse los dos ejércitos cerca de Albelda en 
la Rioja, y el trabarse la batalla fué una sola cosa; pues 
ni la impetuosidad de carácter del Rey D. Ramiro, ni la 
ansiedad de los sarracenos de desbaratar cuanto antes á 
un ejército, al cual suponían poco compacto y mal orga- 
nizado, sufrían dilación. Peleóse de un lado y de otro 
con gran encarnizamiento, hasta que la noche separó á 
los combatientes; ¡pero en qué distintas condiciones! los 
musulmanes con la certeza de un completísimo triunfo; 
los cristianos con la convicción de su propia impotencia 
y el temor de una inevitable y espantosa derrota! 

Aprovechando D. Ramiro aquella suprema tregua, 
retiróse al collado vecino de Clavijo ó Laturce, abruma- 
do con los más tristes y fatales presentimientos. Repre- 
sentábale su imaginación la corona de Pelayo rodando 
á los pies de los caballos árabes, hecho pedazos el cetro 
de los Alfonsos, perdidas la libertad é independencia del 
Estado cristiano, profanados los templos, saqueadas las 
ciudades, talados los campos, sus subditos expuestos á 
toda suerte de oprobios y atropellos, y él, acaso por te- 
meridad é imprudencia, como causa ocasional de tan 
inmensa é irreparable catástrofe. Rendido el espíritu, 
no menos que el cuerpo con la fatiga, cayó en un sopor, 
más bien que sueño, durante el cual tuvo una maravi- 
llosa visión, que en un principio le llenó de admiración 
y de asombro. Apareciósele un personaje de aspecto ve- 
nerable, que manifestó ser el Apóstol Santiago, á quien 
el Señor había encomendado la defensa y tutela de Es- 
paña. — «Ten valor, y no desfallezca tu ánimo, prosiguió 



LOS TRES PBIMEROS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 77 

en substancia; mañana verás huir ante tus huestes esa 
muchedumbre innumerable de sarracenos que te tiene 
cercado. Cuando me veáis todos en el combate montado 
en un caballo blanco y ostentando en mi diextra una 
bandera del mismo color, entonces os persuadiréis de la 
verdad de mis promesas. Preparaos, pues, como buenos 
cristianos para la lucha, acometed invocando el santo 
nombre de nuestro Dios y el mío, y no dudéis que la 
victoria será vuestra.» 

Santiago desapareció; pero Ramiro se encontró otro 
hombre. Reanimado con tan celestial aparición, convo- 
có, al punto á los Prelados, á los Magnates, á los Capita- 
nes de su ejército, y les expuso con la emoción que es de 
suponer, lo que acababa de ver y oir. Desde aquel ins- 
tante, el dar cumplimiento al mandato del Apóstol, fué 
la preocupación de todos. Dispusiéronse como para la 
celebración de una gran solemnidad religiosa, confesán- 
dose según lo permitía la premura del tiempo, comul- 
gando é invocando el Nombre sacrosanto del Dios de los 
ejércitos. 

Al amanecer del día siguiente, dada la señal del 
combate, los cristianos por distintos puntos del monte y 
al grito de Ayúdenos Dios y Santiago, se lanzan impávidos 
sobre los sarracenos, los cuales quedaron un tanto sor- 
prendidos ante aquella fiera acometida que no espera- 
ban. Mas su sorpresa y desconcierto subieron de punto, 
cuando en los aires y al frente de las huestes cristianas 
vieron un gran resplandor en el cual se dibujaba \\n 
caballero montado en un caballo blanco, enarbolando 
en la diextra una blanca bandera y como en actitud de 
arengar y animar á las tropas que le seguían. Poseídos 
de terror y de espanto, vuelven precipitadamente- la 



78 LIBEO SEGUNDO 



espalda, y con la ceguedad y el atolondramiento que 
infunde el miedo, se atropellan unos á otros; y aquel 
ejército tan ordenado y compacto, se convierte en un 
horrible remolino de hombres que violentamente chocan 
entre sí, se traban, se envuelven con vertiginosa confu- 
sión. A los cristianos ya no fué necesario combatir; 
bastábales descargar la espada sobre aquella masa casi 
imposibilitada hasta para huir. Cerca de 70.000 maho- 
metanos quedaron tendidos en el campo de batalla; y 
D. Ramiro pudo proseguir su victoriosa marcha hasta 
Calahorra, en donde le plugo reunir los trofeos de su 
inopinado triunfo. 

La existencia de la nacionalidad española quedaba 
asegurada; vindicados la dignidad y honor del pueblo 
cristiano; disipada por completo la nube que amagaba 
horrorosa tormenta que iba á sepultar entre irreparables 
ruinas la obra levantada á tanta cosa. Y esto lo veían, 
esto lo presenciaban, esto lo palpaban, aquellos mismos 
que la víspera habían podido apreciar cuan al borde del 
abismo se hallara el Estado cristiano. En el corazón de 
todos surgió espontáneo y unánime un generoso senti- 
miento, el de demostrar por manera perdurable cuan 
obligada quedaba la nación al patrocinio del Apóstol 
Santiago. Para realización de tan generoso propósito, 
todos unánimemente, desde D. Ramiro hasta el último 
vasallo, hicieron voto solemne de dar para siempre á la 
Iglesia de Santiago de cada yugada de labranza, fuese 
de propiedad eclesiástica, ó de propiedad laical, cierta 
medida dq grano ó de vino, según la calidad del terreno. 
Establecióse además, que en el reparto del botín cogido 
á los sarracenos en los combates sucesivos, se reservase 
al Apóstol una parte igual á la que correspondía á cada 



LOS TRES PRIMEROS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 79 

caballero. De todo ello, se extendió para perpetua me- 
moria un solemne Privilegio, que fué fechado en Cala- 
horra á 25 de Mayo de 844 y subscripto colectiva- 
mente por todos los que se hallaban presentes. Tal fué 
el origen de los célebres Votos de Santiago, que la nación 
española, librada prodigiosamente de inminente ruina y 
redimida de ominoso tributo, acordó satisfacer agrade- 
cida á su Patrono, Defensor y Libertador. 

Pronto hubieron de experimentar los cristianos, 
cuan propicio había acogido Santiago aquel grandioso 
acto de piedad y devoción. Al aproximarse el verano de 
aquel mismo año, una flota numerosa de normandos in- 
vadió por primera vez las costas de España; saquearon 
los alrededores de Grijón, y se dirigieron á la Coruña, en 
donde desembarcaron dispuestos á proseguir su tarea de 
pillaje y destrucción. Mas D. Ramiro I, luego que tuvo 
noticia de la invasión, envió tropas á Galicia, las cuales, 
enardecidas aún con el fragor del último combate y de 
la reciente victoria, al mando de aguerridos Condes 
y Capitanes, arremetieron briosamente contra los nue- 
vos invasores, los desbarataron y los persiguieron hasta 
sus naves, de las cuales consiguieron incendiar hasta 
sesenta (1). 

Con las naves que les quedaron enderezaron los nor- 
mandos, ó más bien los escandinavos, su rumbo hacia 
otra parte, y se dirigieron hacia las costas occidentales 



(1) Itaque subsequenti tempore Nordomannorum classes per septen- 
trionalem Oceanum ad littus Gregionis Civitatis adveniunt, et inde ad 
locum, qui dicitur Farum Bregantium, perrexerunt; quod ut comperit 
Eanimirus jam factus Rex, misit adversus eos exercitum cum Ducibus et 
Comitibus, et multitudinem eorum interfecit ac naves igne conbusit. (Cro- 
nicón de D. Alfonso III, en el tom. XIII de la Esp. Sag., p. 489). 



80 LIBRO SEGUNDO 



de la España árabe, en donde no encontraron la resisten- 
cia, que les había hecho sufrir tan duro escarmiento en 
Galicia. A mediados de Agosto del referido año 844, en- 
traron en Lisboa, y pasados algunos días prosiguieron su 
marcha hasta llegar á Sevilla, en donde, como dice Don 
Alfonso III en su Cronicón, recogieron considerable botín 
é hicieron grandes estragos (1). 

Los historiadores árabes, como Aben-al-Cortiya, 
Nouairi, y Aben-Adari, hacen también memoria de esta 
invasión de los normandos (2). No ocultan el espanto 
que se apoderó de los musulmanes al aproximarse los fe- 
roces piratas escandinavos. Aben-al-Cotiya confiesa que 
en todo el Oeste no hubo persona que osase salir á com- 
batirlos. Al fin dicen, que los atrevidos corsarios fueron 
rechazados con grandes pérdidas; pero á juzgar por la 
manera que tienen de referir estos hechos, debe juzgarse 
que los normandos sólo se retiraron cuando les faltó lu- 
gar para recoger más botín. 

De todo esto se deduce, que á la humillación de Cla- 
vijo, se siguió otra no menos terrible y vergonzosa; la del 
saqueo de Lisboa, Sevilla y otras importantes ciudades 
del imperio musulmán, llevada á cabo por unas hordas de 
piratas, que acababan de ser rechazadas ignominiosa- 
mente de los dominios cristianos. 

Por lo que toca al año en que tuvo lugar la jornada 
de Clavijo, hemos elegido sin vacilar el 844, porque esta 
fecha, como advierte Ambrosio de Morales, es la más 



(1) Qui vero ex eis (Nordomannis) remanserunt, civitatem Hispaniae 
Hispalim irruperunt, et praedam ex ea capientes, plurimos Chaldaeorum 
gladio atque igne interfecerunt. (Esp. Sag., tom. XIII, loe. cit.) 

(2) V. Dozy, Recher ches sur V Histoire et la Liitterature de l' Espagne; 
3. a ed.; tomo II, págs. 252 y siguientes, 



LOS TEES PRIMEEOS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELAtíA 81 

verdadera fhaec verior sitpputatio), y la más acomodada á 
la cronología del remado de D. Ramiro I. Es de adver- 
tir que como nos falta, por lo menos, desde el siglo XVI, 
el original del Privilegio de los Votos (1), forzoso nos es 
atenernos á las copias, las cuales en materia de fechas, 
mayormente en el tránsito de la letra gótica á la france- 
sa, por impericia de los copistas, que nunca solieron ser, 
ni tuvieron obligación de serlo, paleógrafos críticos, casi 
siempre están equivocadas. Así en unas copias, y son 
las más, se lee Era DCCGLXXI1 (año 834); en otras 
Era DGCCLXI1 (año 824; y en otras Era DCCCLXXXII 
(año 844). Esta última variante es la única aceptable. 



^K^f«^H»* 



(1) Por lo que refiere el Canónigo Sr. D. Pedro Antonio Sánchez Vaa- 

monde (Apología del Voto de Santiago, pág. 14), el original, ó lo que tal se 

creía en aquella época, se extravió en el año 1543 al ser presentado en la 

Cnancillería de Valladolid con motivo del pleito contra la villa de Pedraza, 

Tomo II.— 6. 



/V/V/V/V/V/V/V/V/V/V/V/V/V/V/V/V/V/V/V/V/V/V/V/V/V/V/V/V/V/V/V/V/V/V/V/V/V/V/V/V/V/V/V/V/V/V/V/jV 



CAPITULO Y 



Discútense los argumentos con que se pretendió demostrar 
la falsedad del Voto nacional y de la batalla de Clavijo. 




ero la batalla de Clavijo ¿fué, en 
efecto, un hecho real y positivo? 
Esta pregunta, que en otros tiem- 
pos causaría asombro y escándalo, 
en los nuestros, al contrario, es tan 
natural y tan obvia, que el no ha- 
cerla sería ó indicio de crasa igno- 
rancia, ú omisión tan sólo propia de espíritu empapado 
en rancias y ya caducas preocupaciones. Este fenómeno 
no sucede con sola la batalla de Clavijo; sucede también 
con otros muchos hechos é instituciones, en pasadas 
épocas respetadas y consentidas; al presente controver- 
tidas y menospreciadas. No nos detendremos en inves- 
tigar las causas de tal fenómeno, por más que en el am- 
biente social que respiramos, no dejaríamos de hallarlas 



84 LIBBO SEGUNDO 



pronto; lo que ahora nos importa averiguar, es si, en 
efecto, la batalla de Clavijo fué un hecho real y positivo. 
Aun los críticos, que pasan por más cuerdos y sensa- 
tos, no titubean en contestar de pronto y resueltamente 
de un modo negativo á esta cuestión; y para esto, fun- 
dados en un argumento que creen apodíctico y conclu- 
yente, á saber, el silencio, que según ellos, guardan 
todos los documentos durante los cuatro primeros siglos 
que se siguieron después de la batalla de Clavijo. Pero 
este argumento del silencio ¿es tan eficaz y persuasivo, 
que pueda dejar convencido y satisfecho á un ánimo 
verdaderamente crítico? Así también podría decirse, que 
porque una persona no tiene conciencia de una cosa, no 
debe existir esta cosa. Del mismo modo la Historia po- 
drá no tener conocimiento ó conciencia de un hecho 
concreto, ó podrán faltarle motivos de credibilidad para 
demostrarlo, pero para poder deducir de aquí lógica- 
mente que tal hecho nunca ha existido, hay un abismo 
que no siempre han salvado con fortuna todos los críticos. 
Los cuales, con sobrada frecuencia en estos casos, antes 
que medir, pesar y aquilatar las dificultades, y buscar y 
escudriñar las soluciones más adecuadas, como trabajo 
más cómodo 3^ expeditivo, pues siempre fué más fácil 
sentar una negativa que demostrarla, prefieren desatar 
el nudo, si no despóticamente, al menos á lo Alejandro, 
cortándolo de un sólo tajo. Si en el gran drama de la 
humanidad, no hubiesen pasado más hechos, que aque- 
llos que conoce, ó de que da cuenta la Historia crítica, 
dicho drama quedaría reducido á bien escasas propor- 
ciones, y de su trama y enredo muy pequeña idea po- 
dríamos formarnos. 



LOS ÍBES í>BIMEROS SIGLOS DE LA I. COMPOSfELANA 85 



iñi 



mpero, antes de entrar en materia, cúmplenos 
■ k^í)J hacer una protesta, la protesta de que no 

pretendemos decir cosas nuevas, ni aducir 
desconocidos argumentos; porque después de las sólidas 
y razonadas apologías que en defensa de la batalla de 
Clavijo escribieron á fines del siglo pasado y á princi- 
pios del actual, personas tan competentes como el Doc- 
toral de nuestra Santa Iglesia, después Obispo de Lérida, 
Dr. D. Joaquín Antonio Sánchez Ferragudo (1), el Li- 
cenciado D. José Francisco de Turnes (2), el Disertador 
Compostelano , que impugnó especialmente á Masdeu (3), 
el Padre M. Fray Pablo Rodríguez O. S. B. (4), el Padre 



(*) Las iniciales de los párrafos de este capítulo, lo mismo que las de 
otros contenidos en este volumen, están tomadas de varios fragmentos de 
Breviarios Compostelanos del siglo XIII ó XIV. 

(1) En 1769 publicó en Santiago, en la imprenta de Aguayo, un Alega* 
to intitulado: Por el Arzobispo, Cabildo, Grande y Real Hospital de Santia- 
go, Manifiesto, Respuesta y Satisfacción jurídica á la queja dada por el 
R. Arzobispo de Granada sobre la exacción y cobranza del Voto de Santiago. 

(2) Siendo Cura de Aro, en esta Diócesis, escribió una Disertación 
histórico-crítica apologética sobre el Privilegio del Voto concedido al glorioso 
Apóstol Santiago, Patrón de España. Posteriormente, siendo Magistral de 
Lugo, escribió en 1779 la Apología histórico-crítica en que se defiende la cer- 
teza del Privilegio del Voto. Ambas obras se conservan manuscritas en el 
Archivo de la Iglesia compostelana, Est. VIII, caj. I. 

(3) Se publicó su Disertación en el t. XVI de la Historia Crítica de 
España, de Masdeu. 

(4) Escribió en 1778 dos gruesos volúmenes intitulados Instrucción al 
público, ó aea, Tratado diplomático , cronológico y apologético f en demostré 



86 LIBUO SEGUNDO 



M. Fray Domingo delbarreta de la misma Orden (1), el 
Canónigo compostelano Dr. D. Pedro Antonio Sánchez 
Vaamonde (2) etc., etc., parece una especie de arrogan- 
cia el volver á tratar el mismo asunto. Pero como muchos 
historiadores, y justamente de los que más alardean de 
críticos, siguen repitiendo y recalcando, sin duda porque 
no tuvieron tiempo para leer alguna de las luminosas 
obras citadas, las afirmaciones en ellas rebatidas y des- 
hechas, creemos del caso resumir y condensar lo ex- 
puesto en tan magistrales trabajos para ofrecer á nues- 
tros lectores como un bosquejo de lo más principal que 
se ha publicado sobre la materia. 

Una cosa hay, sin embargo, en que nos separamos 
de la opinión corriente entre los autores que acabamos 
de citar, y es la que se refiere al año en que se dio la ba- 



ción del Voto del Apóstol Santiago; que se conservan manuscritos en el Ar- 
chivo de esta Santa Iglesia Metropolitana, Est. VIII, caj. I. En 1804 
publicó en Madrid, con el título de Diploma de Ramiro I, un libro en que 
se halla extractado lo contenido en la Instrucción, y en que expresamente 
se rebaten los argumentos de Masdeu. 

(1) Envió al Cabildo compostelano un folleto manuscrito intitulado, 
Apuntamientos histór ico-diplomáticos, que cita el Sr. Sánchez Vaamonde 
(Apol., pág. 232) como existente en el Archivo del Cabildo. 

(2) En 1813, se publicó en Santiago la Apología en favor de la Santa 
Iglesia de Santiago en razón de los Votos, que había dejado manuscrita. 

En vida en 1805 había publicado en Madrid en casa de Ibarra sobre lo 
mismo la Respuesta al Canónigo D. Joaquín Antonio del Camino. 

En el Archivo del Cabildo guárdase también manuscrita una volu- 
minosa Apología del Voto general del Apóstol Santiago, escrita en nombre 
del Revmo. Arzobispo, Cabildo y Hospital Real. 

Hácense grandes elogios del Alegato escrito por el Sr. Mora Jaraba, 
abogado del Cabildo en el pleito con el Duque de Arcos. El Cabildo había 
resuelto publicarlo, pero el Presidente del Consejo Sr. Eigueroa no juzgó 
oportuna su publicación, toda vez que el Duque de Arcos había desistido 
de su demanda, 



LOS TRES PBIMEBOS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 87 

talla de Clavijo. Y al obrar así, no nos hemos determina- 
do por propio impulso, sino acomodándonos al sentir de los 
maestros de nuestra historia, Ambrosio de Morales (1), 
Mariana y Flórez, que todos pusieron la batalla en el 
año 844, y no en el año 834, como quieren muchos de 
los apologistas del Diploma de D. Ramiro I. La razón de 
esta discrepancia estuvo en haber considerado los apo- 
logistas del Diploma á las copias de que se han servido, 
(pues el original ya debe de hacer bastantes siglos que 
se perdió) como documentos que representan en toda su 
integridad el prototipo, no sólo en lo substancial, sino en 
todos los pormenores. Especialmente en materia de fe- 
chas, no hay copia antigua, que no deba ser contrasta- 
da (y esto bien lo saben los que tengan alguna práctica 
en el manejo de documentos antiguos), con otros datos 
cronológicos seguros, para ensayar hasta dónde llega la 
exactitud de la data. Aun las copias de los Tumbos y 
Cartularios, que solían ser hechas por las personas más 
expertas y avisadas de las iglesias y monasterios, no 
ofrecen en la fecha seguridad alguna, y tienen que ceder 
ante cualquiera otro dato cronológico que se desprenda 
del contexto, ó que pueda adquirirse por otros con- 
ductos. 

Hicieron, pues, mal, en nuestro humilde juicio, los 
apologistas del Diploma de Ramiro en aferrarse ciega- 
mente á las notas cronológicas de las copias; máxime 
que en este punto siempre es más fácil disminuir, que 

(1) Morales en el lib. IX, cap. VII, de la Crónica, publicó íntegra una 
traducción del Diploma con la fecha Era DCCCLXXII. Posteriormente, 
en 1590, en la Disertación que envió á Roma sobre el Rezo de la Traslación 
de Santiago, adoptó la Era DCCCLXXXII, como fecha más exacta, comQ 
verior supjputatio, 



88 libuo segundó 



aumentar; y en las fechas de los documentos góticos, 
cuando hay más de una X, de tal modo aparecen enla- 
zadas y enredadas, que se necesita mucha práctica y 
observación, para saber si son dos ó tres, ó tres ó cuatro 
en su caso. Esto que decimos de las fechas, también es 
aplicable á las firmas ó subscripciones. 




II 



iniendo ahora á nuestro asunto ¿es tan pro- 
fundo el silencio, que como pretenden los 
Z^\j críticos, se nota en los documentos hasta el 
siglo XIII respecto de la batalla de Clavijo? Para poder 
afirmar esto debieran haber demostrado que ninguna 
de las dos victorias, que según escribía D. Alfonso III 
en su Cronicón á fines del siglo IX, obtuvo D. Rami- 
ro I contra los sarracenos, había sido la de Clavijo (1). 
Debieran haber demostrado que el Privilegio , que 
según D. Ramiro II, otorgó D. Ramiro I (2) á la Igle- 
sia compostelana, no había sido el de los Votos. De- 
bieran haber demostrado que entre los muchos beneficios 
y dones, que según D. Alfonso III (3), hizo D. Ramiro I 
á la Iglesia de Santiago, tampoco podía contarse el Pri- 
vilegio de los Votos. Debieran haber demostrado otras 



(1) Nam adversas Sarracenos bis praeliavit et victor extitit. (España 
Sagrada, tomo XIII, pág. 490). 

(2) Kanimirus Rex, et ipsum (testamentum Adefonsi II) confirmavit 
et aliud addidit. (Esparta Sagrada, tomo XIX, pág. 363). 

(3) Multa beneficia et dona casta mente...; España Sagrada, tomo XIX, 
página 343. 



tÓS TftES PKIMEBOS SÍGLCté DE tA t ÓÓJkÍPOSTELANA 89 

muchas cosas en que luego nos ocuparemos, pero que de- 
jaron pasar por alto como las que acabamos de mentar. 
Debieron no haberse perdonado la molestia de irse á 
Orense, en donde podrían haber visto con sus propios 
ojos una copia auténtica del Privilegio de los Votos, pues 
ésta es una fuente de información histórica, como otra 
cualquiera, hecha á mediados del siglo XII, es decir, un 
siglo antes del XIII. Debieran haber demostrado, que 
aquel ejemplar del Privilegio de los Votos que vio Don 
Alfonso XI en el año 1341 al tiempo de confirmarlo (1), 
el cual, según el mismo Monarca, estaba escrito de letra 
mozárabe, ó sea gótica, que fué la que se usó en España 
hasta principios del siglo XII, no era anterior al si- 
glo XIII. Debieron haber visitado y examinado los relie- 
ves que aún se ven en la Catedral compostelana, en las 
iglesias de Santiago de la Coruña, Santiago de Betan- 
zos, Santiago de Bardauri cerca de Miranda de Ebro, de 
Santiago de Taboada, etc., etc., todos ellos anteriores al 
siglo XIII. Pero más cómodo era evitarse todas estas mo- 
lestias, y afirmar rotundamente, y dar por sentado, que 
durante los cuatro siglos que mediaron entre el IX y 
el XIII nadie pensó en la batalla de Clavijo. 

El caso es que en su afán de esforzar este argumento 
del silencio, nuestros críticos probaron demasiado, y por 
lo mismo no probaron nada. Veámoslo si no. Quedamos 
en que según los críticos impugnadores de la batalla de 
Clavijo, en el siglo XIII se hallaba, por fin, divulgada la 
noticia de tan memorable acontecimiento. Ahora bien; 
entre las crónicas de cuyo silencio se valen para negar el 



(1) Representación contra el pretendido Voto de Santiago del Duque de 
Arcos, Madrid, 1771; Apéndice núm, XL. 



90 LIBEO SEGUNDÓ 



suceso de Clavijo, cuentan el Cronicón Complutense, los 
Anales Complutenses, el Cronicón Burgense, los Anales Tole- 
danos primeros y terceros y los Cronicones Con i mbr ¿censes, 
latino y portugués. Mas todos estos Anales y Cronicones 
fueron escritos en el siglo XIII, y algunos, como los Co- 
nimbricenses y los Toledanos terceros, en el XIV (1). 
Luego, siendo esto así, como indudablemente lo es, ha- 
bría que deducir que ni en el siglo XIII, ni aún en 
el XIV era conocida la batalla de Clavijo. Esto último, 
sin embargo, no quieren admitirlo nuestros críticos. En- 
hora buena; pero ¿en qué razón se fundan para sentar 
que el silencio de dichas crónicas es eficaz respecto de los 
siglos anteriores al XIII, é ineficaz respecto de este siglo 
y de los siguientes? O es eficaz para todos ó para ninguno. 
Así lo requiere la lógica. Pero no es esto sólo. Ninguno 
de los Cronicones citados, y otros más que citan el autor 
de la Representación del Duque de Arcos (2) r Masdeu, Cami- 
no, Ledesma, etc., hacen la menor mención del descubri- 
miento del Cuerpo de Santiago en tiempo de D. Alfon- 
so II. Según el criterio sentado por los críticos impugna- 
dores del suceso de Clavijo, habría que decir, ó que este 
descubrimiento no pudo tener lugar, ó que si lo tuvo, sólo 
sería después del siglo XIII ó del XIV. Verdaderamente 
es terrible el silencio de los Cronicones. 

Pero además del silencio de las Crónicas cristianas, 
hay el de las arábigas, en las cuales no se halla la más 
mínima mención de la batalla de Clavijo. Comparando 



(1) Véanse todos ellos entre los Apéndices del tomo XXIÍI de la Tus* 
paña Sagrada. 

(2) Número 93, 



LOS TBES PRlMEBOá SIGLOS Í)E LÁ I. COMPOStffíLÁNA 91 

Dozy (1), á propósito de la batalla de Simancas en el 
año 939, el silencio de las primeras con el de las segun- 
das, dice: «Los cronistas latinos de España son en extre- 
mo avaros de detalles, aunque se trate de victorias de sus 
correligionarios; y los cronistas árabes que en otros casos 
los completan con frecuencia, son de esta vez aún más 

lacónicos Los cronistas arabo-españoles ó africanos 

pasan lo más rápidamente posible por sobre esta desas- 
trosa expedición (la de Simancas). Hubieran querido bo- 
rrar esta página de sus Anales; y algunos intentaron ha- 
cerlo; al llegar al año 939 guardan un profundo silencio.» 
Sin embargo, la batalla de Simancas se dio; pero lo que 
no consiguieron los cronistas árabes con la batalla de 
Simancas, lo obtuvieron respecto de la de Clavijo, que 
tuvo lugar un siglo antes, y que por lo mismo pudo más 
fácilmente quedar olvidada; ya que no es de creer que 
tuviesen más especial interés en conservar su memoria. 



III 



OMO también hay rutinas eruditas, no es de 
extrañar, que después que el autor de la Re- 
presentación del Duque de Arcos, núm. 98, sentó 
esta proposición, «A la verdad, el silencio tan general, 
uniforme y constante por cerca de cuatro siglos hasta 
en la boca de la misma Iglesia, es capaz, no sólo de hacer 
balancear el juicio más inflexible, sino de convencerle á 




(1) Rccherches sur V Histoire et la Littérature de V Espagne, tomo I ; 
página 157, 



92 LÍBBO SEGUNDÓ 



que es ficción délos tiempos posteriores»; casi todos los 
críticos, comenzando por Masdeu (1), diesen ya por su- 
puesto, que durante cuatro siglos, ó desde el IX hasta 
el XIII, nadie mentó, ni hizo la menor alusión á la 
batalla de Clavijo. Pero no es lo mismo hacer suposicio- 
nes, que probarlas y demostrarlas. Lo primero puede 
permitirse en el autor de la Representación, que como 
buen curial y agente, pudo valerse de los recursos y 
fórmulas acostumbradas en los escritos de los litigantes, 
concluyendo con la solemne: Es justicia que pido, etc. (2). 
Pero que los que alardean de críticos acepten tan á ojos 
cerrados afirmaciones lanzadas en el calor del litigio, y 
en las cuales el interés aparece como principal inspi- 
rador (3), es cosa que ni los acredita de críticos, ni 
hablará mucho en favor de la sinceridad de sus propósi- 
tos. La verdad es que lo que provocó el interés á fines del 
siglo pasado, fué con aplauso acogido en nuestra época 
tan propicia á aceptar todo aquello en que se vean des- 
mentidas nuestras antiguas y venerandas tradiciones. 
De aquí resultó que el silencio de los cuatro siglos quedó 
como estereotipado para uso de los historiadores, que 



(1) Este, sin embargo, atribuyó la invención de la batalla de Clavijo 
á los autores de la Gompostelana, los cuales ni una sola palabra dicen de tal 
acontecimiento. 

(2) Así lo hizo en efecto; pues al terminar su intrincado Alegato, nú- 
mero 285, dice: Ya ve Vuestra Majestad, cuan justa es la pretensión del 
Duque. 

(3) El mismo autor de la Representación, que algunos dicen haber sido 
el Conde de Eloridablanca, lo da á entender bien claramente en el núme- 
ro 284; porque después de poner al margen Objeto de esta Súplica, pide al 
Rey se digne declarar que en ninguno de los pueblos de su casa (la del Duque 
de Arcos) i Estados tiene derecho la Santa Iglesia de Compostela a cobrar el 
Voto de Santiago, 



LOS TRES PRIMEROS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA. 93 

sólo saben atender al influjo de las corrientes dominan- 
tes, sin preocuparse de cuál sea la orientación de éstas. 
Por lo demás, si se mira, la cuestión por el lado puramen- 
te jurídico, por necesidad habrá que suscribir á esta ter- 
minante afirmación del Sr. La Fuente (1). «Las con- 
firmaciones del Voto por varios monarcas desde San 
Fernando hasta los Reyes Católicos inclusives, y las res- 
puestas mismas de las Cortes, en tiempo de D. Juan I y 
del Emperador Carlos V, eran más que suficientes para 
ganar cuantos pleitos se quisieran, cualquiera que fuese 
el valor histórico del Diploma.» 

Suelen atribuir los críticos al célebre Arzobispo de 
Toledo, D. Rodrigo, la primera inserción en nuestra 
Historia de los sucesos de Clavijo. Y ¿qué fué lo que 
pudo aconsejar á D. Rodrigo este arrojo de consig- 
nar el primero, y perpetuar por medio de la Historia ac- 
ción tan gloriosa para la Iglesia compostelana? He aquí 
cómo nos lo explica Masdeu (2): «Cuando D. Rodrigo se 
puso á escribir, se halló con un Diploma que tenían todos 
por genuino, y que según la aprobación ó firma de don 
Pedro Mancio manifestaba á lo menos un siglo de exis- 
tencia; se halló con una Escritura de cien años de fecha, 
en la cual el Arzobispo D. Diego Gelmírez hablaba de 
Votos de Santiago, y citaba en el asunto como verdade- 
ra y legítima otra Escritura de dos siglos más atrás (3); 
se halló con la Historia Compostelana, que refería va- 
rios sucesos del siglo XII relativos á la contribución de 
los pueblos en favor de la Iglesia de Compostela; se halló 



(1) Historia eclesiástica de España, 2. a edicióo, tomo III, Apéndice 
núm. 23, pág. 460, nota 2. 

(2) Historia Crítica de España, tomo XVI, pág. 103. 

(3) Ya llegamos al siglo X. 



94 LIBRO SEGUNDO 



con decretos de Reyes y bulas de Papas que aprobaban 
y mandaban dicha contribución; se halló, finalmente, con 
el ejercicio práctico de toda la nación que pagaba el tri- 
buto á nuestro Santo Patrono sin dificultad ni resisten- 
cia... Así no es de extrañar que tuviese el hecho por cier- 
to, y lo entregase á la memoria de la posteridad» (1). 
Con otras muchas más cosas debió hallarse D. Rodrigo, 
pero por ahora basta con las que apunta Masdeu. ¿Qué 
se hizo, pues, del decantado silencio de los cuatro siglos? 
¿O qué clase de silencio de cuatro siglos era éste tan eficaz 
y elocuente, que por medio de escrituras, documentos, 
decretos de Reyes, bulas de Papas y de la opinión uná- 
nime de los pueblos, forzó al célebre Arzobispo á escribir 
contra lo que sentía? ¿O se pretenderá decir que todo este 
aparato, concurso y concierto de voces y testimonios, 
formóse, no durante los cuatro siglos que precedieron 
al XIII, sino cabalmente la víspera del día en que D. Ro- 
drigo, en mal hora para él, se puso á escribir de don 
Ramiro? 



IV 




ero examinemos, siglo por siglo, estos 
silenciosos documentos, y veamos si su 

silencio es tal, que pueda hacer sostenible la tesis de la 

mudez de los cuatro siglos. 



(1) En el tomo XVIII, pág. 452, explica Masdeu de otra manera este 
arrojo de D. Rodrigo, y dice que el sabio Arzobispo de Toledo obró así, no 
porque sintiese lo que decía, sino por política, por solos respetos humanos, 



LOS TBES PBIMEROS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 95 



SIGLOS XII Y XIII (1) 

Bulas de Papas. — Comencemos por Inocencio III, que 
ocupó la Silla Apostólica desde el año 1198 hasta el 1216. 
En el Derecho Canónico, capítulo XVIII, De Censibus, 
hay una Decretal de este Papa, fechada en el año 1212, 
que resuelve algunas dudas acerca de la medida por la 
cual se había de pagar el Voto de Santiago. En el 
preámbulo se dice que algunos, que desde hacía mucho 
habían dejado de hacer dicha paga, ahora obligados de 
nuevo querían hacerla por una medida muy pequeña. 
Quídam qui a longis retro temporibus ab eorum sólutione cessa- 
runt, nunc perros, etc.. En la Colección de Cartas de este 
Papa, que publicó Baluze (2) hay tres referentes á este 
asunto de los Votos, fechadas todas probablemente en 
el año 1199. La una va dirigida contra algunos labrado- 
res del reino de León, que se resistían al pago de los 
Votos; la otra habla con los Arzobispos de Toledo y de 
Braga reprendiéndoles porque no obligaban á sus dioce- 
sanos, como repetidas veces se les había mandado, á pa- 
gar los Votos debidos á la Iglesia de Santiago; la tercera 



por no oponerse claramente á la opinión popular de aquellos tiempos. Obró 
así por política. ¡Tal vez por dar más fuerza á las antiguas pretensiones de 
los Prelados compostelanos! 

He aquí un nuevo tema para el estudio de las fuentes históricas; el ave- 
riguar si fueron escritas en sentido histórico ó en sentido diplomático. 

(1) D. Rodrigo escribió su Historia por encargo de San Fernando; y 
como este insigne Monarca comenzó á reinar en el año 1217, resulta que los 
primeros años del siglo XIII están también incluidos en la conspiración del 
silencio. 

(2) Libro II, números 145, 146 y 147. 



96 LIBBO SEGUNDO 



se entiende con los Caballeros de Santiago, á los cuales 
intima, bajo graves penas, que también deben pagar los 
Votos de Santiago, ó sea, census quídam certus, qui Vota 
dicitur, de singulis paribus boum antiquíbus... constitutus. Por 
fin, del mismo Papa Inocencio III hay una grande y so- 
lemne Bula, despachada en el año 1199, en la cual se 
confirman todos los Privilegios y donaciones hechas á la 
Iglesia de Santiago, y entre ellas: lllum etiam censum 
qui vota dicitur, quem hispanorum catholici Reges ex singulis 
boum paribus a flumine Pisorga usque ad mare occidentale, et 
per totam husitaniam provinciam, ac etiam in Toleto et Trans- 
serram annuatim persolvendum pro salute totius terrae... 

El predecesor de Inocencio III, Celestino III (1191- 
1198), que como Legado pontificio había recorrido gran 
parte de España, á 31 de Enero de 1195, á petición del 
Arzobispo compostelano D. Pedro Suárez de Deza, se 
dignó declarar, que así como en los tributos y cargos 
públicos, no se da lagar á la prescripción, tampoco se da 
en los Votos de Santiago, porque illa vota (1) sunt quasi 
tributa, quae Deo et Bto. Jacobo Apostólo in Hispania statuit 
annis singulis exolvenda Rex Ramirus. 

Este mismo Papa Celestino, en el segundo año de su 
Pontificado, sentenció por otra Bula á la Iglesia de Lugo 
á pagar á la de Santiago los Votos que de antiguo esta- 
ba obligada á satisfacer. Ut si Lucen-sis Ecclesia vota quae 
sub nomine Bti. Iacobi colligit cum cera reddere noluerit com- 
postellana Ecclesiae ut de jure et consuetudine antiqua tene- 
tur... 



(1) Nowota, como escribieron Masdeu y el autor de la Representación 
del Duque de Arcos. 

(2) Tumbo B, fol, 258 vuelto, 



tOS TRES PRIMEBOS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELAtfA 97 

Mii. . ._ . . . . i . .. ii iir-in i mi i -r-r --[ih - i - i 1 — i- i -i - ri 11 — 1 1 — i ~ ini - nir nr Tr^^n- 1 — *" t "T -~ — r~ *i r~i m — r 1 1 m » ia^^ 

Del Papa Alejandro III (1159-1181) hay una Bula 
solemne (1), expedida en el año 1174, confirmatoria de 
los Privilegios y donaciones hechas á Santiago. En ella 
también se lee: Illud etiam omnimode interdicimus ut nulli 
unquam personae facultas sit BU. Jacóbi Ecclesiae illum censum 
qualibet occasione subtráhere, quern hispanorum catholici reges 
ex singulis boum paribus a flumine Pisorga usque ad mare 
occidentale atque etiam in Toleto et Transerram annuatim per- 
sólvendum, sicut in scriptis ejusdem Ecclesiae continetur, pro sa- 
lute totius provinciae, statuerunt. El mismo escribió á todos 
los Arzobispos y Obispos, en cuyas diócesis se pagaban 
los Votos de Santiago, ordenándoles que compeliesen al 
pago de dichos Votos á todos los que á ello estaban obli- 
gados (2). 

Inocencio II (1130-1143), en el primer año de su 
Pontificado, escribió dos cartas sobre los Votos de San- 
tiago, la una dirigida á todos los Arzobispos y Obispos de 
España, y la otra á Pelayo, Arzobispo de Braga. En 
ambas les manda que no pongan impedimento alguno al 
pago de los Votos. 

Por último, en el año 1102, el Papa Pascual II, con- 
firmó también las posesiones de la Iglesia compostelana 
y entre ellas, censum illum... quem hispanorum reges quídam 
nobilis memoriae, Alphonsi praesentis praedecessores, pro salute 
totius provinciae statuerunt a flumine videlicet Pisorgo usque 
ad littus oceani annuatim ex singulis boum paribus per sólven- 
dum, sicut in scriptis ejusdem Ecclesiae continetur. 

Decretos y concesiones de los Reyes. — Del Rey D. Alfon- 
so IX de León (1188-1230) hay una Provisión dirigida á 



(1) Tumbo B, fol. 238. 

(2) Castellá, Hist. de Sant, lib. III, cap. XV, fol. 279. 

Tomo n.— 7. 



98 LIBBO SEGUNDO 



todos los vecinos del Obispado de Lugo, que dice así: 
Uníversís hominibus per episcopatum lucensem commorantíbus 
salutem. June recle cog'turs nos credimus, cum recognoscimas 
quantum reuerentium et quantum, clébemus deuotionem impende- 
reregni nostri et tocius Jüspanie patroni gloriosissimo del apo- 
stólo sanct'ssimo iacobo, cui proaui et antecessores nostri pro li- 
beratione terre et cum consensu omnium populorum uotum 
fecerunt, ut per slngula capita certum censum soluerent eius ec- 
clcsle, qui d'c'tur uota sancti iacobi (1). 

En el primer año de su reinado donó D. Alfonso IX 
á la Iglesia de Santiago su villa de Melgar, y en la Es- 
critura de donación añade esta cláusula: Adjicío etiam 
et confirmo vebis per universum regnum meum redditus illos, 
qui Vota Bti. Iacobi dicuntur. Et si Bominus regnum nostrum 
per fines Maurorum nóbis dilatare concesserit, eumdem censum 
ibi constltuo vesíruz Ecclesiae persolvendum, quem de singulis 
loum paribus untecee sores nostri ab antiquo statuerunt. 

En el año 1150, ya había extendido D. Alfonso VII 
á la comarca de Toledo el pago de los Votos de Santia- 
go, como se ve por el Privilegio otorgado en dicho año, 
en el cual con su hijo D. Sancho, el Arzobispo D. Raimun- 
do y el Clero y pueblo de Toledo, hizo voto de dar per- 
petuamente todos los años, en remisión de sus pecados y 
por las almas de sus ascendientes, qui ab antiquiius hoc vo- 
verunt... Deo et Bto. Jacobo de Ccmpostella de uno quoque jugo 
bcum sin gulas faneigas de tr't'co per totum terminum toleta- 
num ab integro. Hcc autem inspirante Deo, grato animo et spon- 
tanea voluniute... erectis maníbus ad Deum ununimiter promit- 
timus, d pruedicto Apostólo Patrono nos tro, cujus meritis et 



(1) Tambo B, fol. 109 vuelto. 



LOS TEES PEIMEBOS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 99 

auxilio et praedecessores nostri de paganis firmiter credimus sae- 
pe hdbuisse trium^hum, indiíbitanter dcibimus. 

Actas episcopales. — En el año 1204 hicieron las iglesias 
de Santiago y Tuy una concordia sobre cobranza de 
Votos, que Flórez (1) extracta así: «Por Noviembre del 
mismo año de 1204 el Cabildo y el Arzobispo de Santia- 
go D. Pedro III hizo una escritura de concordia con el 
Cabildo y Obispo de Tuy D. Pedro, concediendo aquél á 
éste la tercera parte de los Votos de Santiago en el Obis- 
pado de Tuy, por atención al cuidado que el Obispo y 
Cabildo ponían en su cobranza, y á fin que en adelante 
se recogiesen fielmente por los ministros de las dos Igle- 
sias, ayudándose unos á otros.» 

Diez años antes el Arzobispo D. Pedro y el Cabildo 
compostelano, habían celebrado sobre lo mismo otra 
concordia con el Obispo y Cabildo de Lugo. El autor de 
la Representación del Duque de Arcos, aprovechándose, por 
uno de esos recursos tan frecuentes en los pleiteantes, 
de un párrafo de Pallares en su Historia de Nuestra Señora 
de los Ojos grandes, supuso que habían dado margen á esta 
concordia las cuestiones que había entre las dos Iglesias 
compostelana y lucense, reclamando la una los Votos de 
Santiago y la otra los de Santa María. El P. Risco (2) 
ya contestó en la forma, que era debida, al autor de la 
Representación en los siguientes términos: «Teniendo yo 
presente el documento de la concordia que se celebró 
entre las Iglesias de Santiago y Lugo, debo decir que la 
controversia se movió sólo acerca de los Votos y cera 
que se pagaban en la Diócesis de Lugo á nombre del 



(1) Esp. Sag., t. XXII, pág. 102. 

(2) Esp. Sag., t. XLI, pág. 48. 



100 LIBRO SEGUNDO 



Apóstol Santiago (1), sin que en el instrumento haya la 
más leve memoria de los Votos de Nuestra Señora de 
Lugo.» 

Cuando estos Obispados trataban de eximirse del pa- 
go de los Votos, no impugnaban, no, el título, ó su tras- 
lado, ó la relación verídica de los sucesos en que la Igle- 
sia compostelana fundaba su derecho, pues estos sucesos 
estaban en la conciencia de todos, sino que, por lo gene- 
ral, alegaban el gran número de años que habían pasa- 
do desde que ellos percibían tal renta, ó sin que ellos 
hiciesen tal pago; y que, por consiguiente, de su parte 
estaba la prescripción. De aquí resulta la consecuencia, 
que muy oportunamente sacó el Sr. Sánchez Vaamon- 
de (2), á saber: «Para que estas Iglesias se defendiesen 
con la posesión, era preciso que ésta hubiese sido muy 
larga. Añádase á esto lo que debieron durar los pleitos, 
y se conocerá, que cuando se celebraron las concordias, 
debía haber siglos que se cobraban los Votos en aquella 
Diócesis. » 

En el año 1171 el Arzobispo D. Pedro II con el Ca- 
bildo hizo una copiosa donación á la naciente Orden de 
Santiago. Donóle, entre otras cosas, la mitad de los Vo- 
tos de las ciudades de Zamora, Salamanca y Ciudad 
Rodrigo, los del Obispado de Avila y los de Trasierra. 

En el año 1145 el Obispo de Tuy D. Pelayo con su 
Cabildo hizo donación al monasterio de Oya de la igle- 
sia de San Mamed de Lourezo con todos cuantos dere- 



(1) Super votis et cera quae nomine Bti. Jacobi per episcopatum Lucen- 
sem persolvuntur, se lee en la Escritura. Véase en el tomo citado de la Espa- 
ña Sagrada, Apénd. XXIII. 

(2) Apol. del Voto de Santiago, pág. 158. 







LOS TRES PRIMEROS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 101 

chos y acciones en esta iglesia le pertenecían, á excep- 
ción del Voto de Santiago, excepto voto Sancti Jacobi. En la 
donación qne en 1143 hizo el Arzobispo compostelano á 
San Juan da Coba le confirmó medietatem voti omnium eccle- 
siarum dioecesis Montis Sacri. 

Hacia el año 1131 el Arzobispo de Braga, D. Pedro, 
dando cumplimiento al mandato, que hemos citado más 
arriba, del Papa Inocencio II, escribió al Arzobispo de 
Santiago manifestándole que le había parecido muy bien 
el que hubiese comisionado al Canónigo compostelano 
Pedro Fernández para que recogiese los Votos del Arzo- 
bispado de Braga (1). 

Posteriormente, en el año 1122, D. Diego Gelmírez 
cedió á D. Munio, Obispo de Mondoñedo, todos los Votos 
que se pagaban en esta Diócesis á excepción del cirio de 
cien libras, que todos los años se mandaba á la Iglesia 
de Santiago (2). Seis años antes había dado poder á 
Juan Cidiz para tener enmombre de la Iglesia compos- 
telana ciertas heredades en el Obispado de Astorga, de 
cuyos productos había de dar la tercera parte, á excep- 
ción de los Votos de Santiago, de los cuales tenía que 
dar las dos terceras partes (3). 

En los Estatutos que el año 1113 D. Diego Gelmírez 
dio á la Tierra de Santiago, en el capítulo XXIV, se 
prohibe ejecutar embargos en los Abades y Clérigos, que 
concurren á Sínodo, ó traen el Voto ó las Tercias. Alba* 



«—■-.— -.. ¡T~ 



(1) Quoníam Ve^o Bi'acai'enáiá At'chiepiacop&tus Vota veátro clerieo do- 
mino Petfo Fei*dinandi, vestroque canónico coüimíssistis, nos satis ducimua 
esse jucundum, et summopere laudamtis. (Esp. Sag., t» XX., pág. 528). 

(2) Esp> Sag., t. XX, pág. 376. 

(3) fop, Sag. t t, XX, pág. 479, 



102 LIBRO SEGUNDO 



tes et Clericos venientes ad Synodum, vel Votum aul tertias af- 
ferentes, plgnerari vetamtis (1). 

SIGLO XI 

En el año 1093, á 17 de Junio, el Obispo de Orense 
D. Pedro, á instancia del venerable Pedro, abad de Ce- 
lanova, consagró la iglesia parroquial de S. Adrián. En 
el acta de consagración se determina el censo que la 
iglesia debía pagar cada año al Apóstol Santiago; á sa- 
ber: un ciento de peces cogidos á la red y un quartario 
de trigo (2). 

A fines de este siglo XI el Conde de Galicia con su 
esposa D. a Urraca, de orden del Rey D. Alfonso VI, po- 
bló á Salamanca y la dio fueros, entre los cuales se ha- 
llaba el siguiente capítulo, que romanceado decía así: 
«Del Voto de Santiago. — El Vodo de Santiago coyanlo de 
Sant Martin de Agosto fasta Nadal, e después no res- 
pondan» (3). 

De este siglo (si no del anterior), es el testimonio 
del Cronicón de Cárdena que dice así: «En pos Alfonso regnó 
Don Ramiro seis años e nueve meses e diez e ocho días. Este 
venció e mató Normandos que ellos entraron por mar en Galicia 
e quemó los LXX navios, e venció los moros en Clavío por mi- 
rado de Santiago. Este Bey dio las Adras a Santiago.* Acerca 
de este texto, bueno es tener presentes las advertencias 



(1) España Sagrada, tomo XX, pág. 181. 

(2) Ex qua censum damus per omne annum apostólo Seo. Iacobo C. pi- 
sces de rete et quartario tritici. (Cartulario de Celanova,lib. III, núm. LIV). 

(3) Apología del Voto de Santiago, pág. 1G5. 



LOS TEES PEIMEBOS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 103 

que hace el P. Berganza en el tomo II de las Antigüeda- 
des de Es-paña, pág. 578, á saber: «Que en nna biblia gótica 
del monasterio de Cárdena copiada á los principios del 
siglo de nuevecientos, al fin de los libros de los Macabeos 
fué trasladado un Cronicón latino, el cual tuvo la des- 
gracia que otros muchos manuscritos antiguos de haber 
sido arrancado por manos menos discretas y poco ad- 
vertidas; pero con la circunstancia de haber quedado 
parte de algunas hojas; que de este Cronicón existe en 
aquel monasterio una copia en estilo vulgar, que con- 
frontada con lo que ha quedado en las hojas del latino 
se halla haber sido fielmente traducido. » En confirma- 
ción de esto pone en dos columnas los dos textos, el la- 
tino que ha quedado en parte de las hojas arrancadas, 
y el castellano; de esta confrontación resulta que ape- 
nas hay discrepancia entre los dos textos, y que el caste- 
llano suple cumplidamente lo que se había perdido en 
el latino. El P. Flórez, por una inadvertencia, rara, en 
tan ilustre crítico, se presuadió, á pesar de la terminante 
afirmación del P. Berganza, á que éste no había hecho 
más que recoger en un cuerpo « especies apuntadas en 
diversos parajes.» Fundábase el autor de la España Sa- 
grada «en la inconexión de las páginas citadas al margen 
para demostrar el sitio de cada cláusula» (1). Mas como 
demostró el Sr. Sánchez Vaamonde (2), estas citas no se 
referían al sitio en que se hallaba cada cláusula, sino á 
los lugares de la obra del P. Berganza en que se trataba 
del mismo asunto que traía el Cronicón. 

Relieve de la batalla de Clavijo. — «Muéstrele un Santia- 



(1) España Sagrada, tomo XXIII, pág. 358. 

(2) Apología del Voto de Santiago, pág. 5G. 



104 LIBfiO SEGUNDÓ 



go á caballo que se califique de aquel tiempo.» De esta 
manera provocaba el autor de la Representación, núm. 100, 
á los defensores del Voto de Santiago. Y en el num. 101, 
dando por supuesto, que su provocación no sería contes- 
tada, exclamaba en son de triunfo: «I en la inteligencia 
de no reconocerse imagen de Santiago á caballo á lo 
menos en cuatro siglos, séanos lícito ya preguntar ¿cómo 
se borró al instante de la memoria de los' españoles un 
suceso indeleble?» Con sobrada ligereza, por no deoir otra 
cosa, se condujo aquí el autor de la Representación. Pedía 
un Santiago á caballo, que perteneciese á cualquiera de 
los cuatro siglos del silencio; y el Santiago á caballo apa- 
reció, y con tales señales y caracteres, que sólo tenien- 
do á la vista el Diploma de D. Ramiro, pudo el escultor 
arreglar aquella composición (1). 

Por de pronto hay una observación que debe tener- 
se muy presente para poder apreciar la fecha de esta 
escultura; y es, que desde el último tercio del siglo XI, 
floreció en Santiago una escuela escultórica, que llegó 



(1) Véase el fotograbado de la página 107.— Donosa es la ocurrencia 
que tuvo Masdeu, (Historia crítica de España, tomo XVI, pág. 61), para 
salir del aprieto en que le puso esta escultura. La interpretó en sentido 
alegórico, y dijo, que Santiago á caballo en forma de guerrero denota el 
valor sobrenatural y divino con que ha dado impulso muchas veces á nues- 
tros ejércitos (menos al de D. Ramiro I, se entiende), y que las doncellas 
al rededor del Santo, nos renuevan la memoria de su poderosa intercesión 
(menos en Clavijo). 

De esta manera pudo Masdeu evitarse la molestia de batallar tanto con- 
tra el Diploma de Ramiro I; porque tomándolo, no como un documento his- 
tórico, sino como un escrito alegórico de lo que los españoles debían pro- 
meterse de la poderosa intercesión de Santiago y del impulso que muchas veces 
había de dar á nuestros ejércitos, ya tenía el asunto concluido. Tales extra- 
Vagancias no son de extrañar en el crítico, que también tuvo al Cid por 
personaje alegórico. 



tOS TBES PBÍMEBOS Sl&LOá Dfi LA I. COMPOSffiLAlÍA IOS 

á su apogeo á fines del siglo XII, en tiempo del insigne 
Mateo, y que, aunque después decayó visiblemente en 
la ejecución, en la corrección del dibujo, en el modelado 
y en la composición, conservó, no obstante, por mucho 
tiempo, tales rasgos, máxime en lo que toca á lo levan- 
tado ó saliente de los relieves, que es imposible confun- 
dir cualquier obra de este período, con cualquiera otra 
que pertenezca á época anterior (1). Esta sola conside- 
ración nos demuestra que la escultura ó relieve de que 
se trata, tiene que ser anterior al último tercio del 
siglo XI. 

A la misma conclusión habían llegado, después de 
un minucioso examen y de varias calicatas practica- 
das al rededor del relieve para reconocer la época 
de su adaptación al muro en que se halla incrustado, los 
dos peritos D. Lorenzo Lupi y D. Juan López, nom- 
brados el primero por el Duque de Arcos, y el segundo 
por el Cabildo compostelano; los cuales peritos declara- 
ron que el relieve era, á su parecer, más antiguo que el to- 
tal de la Iglesia (2); que como es sabido se comenzó hacia 
el año 1077 y se terminó en el 1118. 

Hay otro medio que nos lleva casi necesariamente al 
mismo resultado, y es la observación de la forma y des- 
tino que debió de haber tenido la piedra ó relieve. Este 
fué, con toda evidencia, el dintel ó tímpano de una puer- 
ta; y aún hoy en los extremos de la parte horizontal 
pueden notarse tan sólo desbastado el lecho con que, 
de uno y otro lado, descansaba sobre las mochetas. 



(1) Compárase, por ejemplo, con el tímpano de la puerta de la Corticela, 
ó con el que perteneció á una de las puertas de la antigua iglesia de San 
Pedro (V Afora. 

(2) Véase El Pensamiento Galaico de Santiago de 23 de Mayo de 1890i 



106 LIBBO SEGUNDO 



Puerta de tales dimensiones no podía admitirla la gran 
Basílica de fines del siglo XI, como puede verse por el 
marco de las puertas pequeñas abiertas en los entre- 
paños de los muros; por consiguiente, ese tímpano ó din- 
tel debió pertenecer á otro edificio anterior, y de dimen- 
siones mucho más reducidas. 

Consultemos ahora la indumentaria, por ver si nos 
dice algo acerca de la antigüela! del relieve, ó nos 
ofrece algún dato que esté en oposición con la fecha que 
le atribuimos. 

El Apóstol aparece con la cabeza desnuda, pero ro- 
deada de nimbo; partido el cabello y cayendo hasta to- 
car casi los hombros; luenga la barba. Redúcese su ves- 
tido á una amplia túnica, abierta por delante y por 
detrás, cual convenía á un jinete, de mangas largas y 
estrechas y ceñida de un lujoso cinturón fbalteum) esmal- 
tado de conchas de relieve, como usaban los grandes ca- 
balleros (1). Los cabos del cinturón llegaban casi hasta 
el tobillo; rodea el cuello de la túnica una cenefa 
lisa; cruza el hombro derecho un ancho tahalí, del cual 
pendía la espada. Su adorno consiste en grueso zigzag 
de realce. Todo esto demuestra cuan preponderante se 
hallaba aún la influencia bizantina al tiempo en que 
se labró el relieve. 

Además de la túnica, viste calzas largas y estrechas, 
que se prolongan hasta envolver el pie, como las que se 
ven en la tapicería de Bayeux (sig. XI). 

La postura del Apóstol es del todo inverosímil, y 



(1) En el año 922, el Obispo compostelano Gundesindo, regaló á don 
Ordoño II un balteum aureum cum lapidibus miro opere compositum. (Véa- 
se Apéndices, núm. XLIV). 



LOS TEES PEIMEEOS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 107 




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acusa la poca experiencia del artista en esto de modelar 
y representar imágenes. El rostro y el pecho, en vez de 
estar de perfil, preséntanse de frente. En la portada in- 
mediata de la Platería, levantada á fines del siglo XI, 
no se notan tales artísticas incorrecciones. 

Santiago empuña en la diestra una espada, y en la 
izquierda, juntamente con las riendas del caballo, una 
asta que termina en una cruz potenzada, y que tiene 
enarbolada una bandera de tres cabos parecida á algu- 
na de las que se ven bordadas en la famosa tapicería de 
Bayeux. La espada es ancha y no muy larga, y termina 
en punta roma, como las que se usaron desde el tiempo 
de Cario Magno hasta el siglo XII (1). En la bandera 
se ve grabada en dos renglones la siguiente inscripción, 
cuyos caracteres no desdicen del período que medió en- 
tre fines del siglo X y principios del XI (2): 

SCS ! IACOBVS 
APOSTOLVS i XPISTI. 

La silla del caballo está provista de fuste delante- 
ro y trasero, curvos ambos algún tanto para mejor 
acomodarse á la configuración del cuerpo del jinete. 
Las caídas que cuelgan debajo de la silla, son de corte 
rectangular, y están adornadas de una doble cenefa de 
zigzages. 



(1) Véase Viollet-le^Duc, Dictionnáife Qaissonné du mohilier franjáis > 
tomo V, pág. 3G6. — Las que manejan dos guerreros esculpidos en una de 
las columnas del Pórtico de la Gloria, son bastante más largas y estrechas, 

(2) Son por el estilo de los grabados al pie de algunas figuras de la 
portada de la Platería. 



LOS TEES PRIMEROS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELAtf A 109 

La brida es muy parecida á la de un caballo repre- 
sentado en un capitel del siglo XII, cuyo dibujo nos da 
Viollet-le-Duc en el tomo VI de su Diction. du Mobilier 
Frangais (1). Hállase adornada, lo mismo que el pretal, 
de pinjantes que figuran conchas (2). Nótese que el ca- 
ballo carece de retranca ó ataharre. 

Las espuelas son de una sola punta cónica, como se 
usaron desde la más remota antigüedad hasta el si- 
glo XIII. 

Los estribos afectan la forma triangular, como casi 
todos los que se usaron antes del siglo XIV (3). Las 
aciones están ornamentadas como el cinturón. 

A los extremos del tímpano hay seis figuras femeni- 
les, tres de cada lado. Todas están en cabellos, cual co- 
rrespondía á doncellas, y en actitud suplicante. Las que 
se ven á la izquierda del espectador visten sólo una sen- 
cilla túnica. Las del lado opuesto traen sobre la túnica 
una vestidura, que raramente se halla representada en 
los dibujos y esculturas de aquellos siglos. Consiste en 
un ropaje parecido al de la paenula de los Romanos, de 
corte circular completamente cerrado, y con un agujero 
en el centro para meter la cabeza. La abertura del 



(1) Página 34. 

(2) En el año 887, Sisnando donó á su esposa Aldonza una muía cum 
sella et freno ornato. (Véase Apénd. núm. XX). 

(3) Esto, según Viollet-le-Duc (véase voz Étrier). Víctor Gay en su 
Glossaire Archeologique en la misma voz Etrier, presenta algún estribo del 
siglo XIII de forma redondeada. De forma arqueada son también los estri- 
bos que lleva D. Fernando II en una miniatura del Tumbo A de Santiago, 
fol. 44 vuelto. El mismo Viollet-le-Duc, en el tomo III, pág. 433, presenta el 
dibujo de un caballo de principios del siglo XIII, cuyos estribos son de 
forma redondeada. 



110 LIBBO SEGUNDO 



cuello y todo el borde inferior están adornados con una 
franja de zigzages. Con este mismo ropaje aparece la 
Keina D. a Sancia en el Salterio de D. Fernando I (1055) 
y la Infanta D. a Urraca, hija de D. Fernando I, en el 
Tumbo A de Santiago, fol. 33 (1). Vese, pues, que esta 
clase de ropaje era propio de personas de alta alcurnia, 
y que aquí en el relieve sirve para distinguir á las donce- 
llas nobles de las plebeyas. 

La época en que debió ponerse en el sitio que hoy 
ocupa el tímpano ó relieve en cuestión, fué á fines del si- 
glo XII, como lo hace ver claramente el estilo del mar- 
co de ángeles que lo rodea (2). El follaje, las rosas de las 
enjutas, la franja perlada que rodea las arcaturas de los 
ángeles, y se cruza y extiende para formar una línea pa- 
ralela al arco que cierra el bellísimo marco, no dejan á 
ello el menor lugar á duda. 

Resulta, pues, que todos los caracteres arqueológicos, 



(1) La misma ropa usan otras infantas representadas en las miniaturas 
de dicho Tumbo. Pero ya no está completamente cerrada como la de las don- 
cellas del relieve, ó la que lleva la Reina D. a Sancha, sino abierta al menos 
hasta cierta altura. Tal ropa se fué con el tiempo acortando; y quedó com- 
pletamente abierta por delante, y de ella provino acaso el dengue que gasta- 
ban nuestras aldeanas. 

(2) Cuando en el año 1771, los dos peritos nombrados por el Cabildo y 
el Duque de Arcos examinaron el relieve, supusieron que había sido allí 
colocado al tiempo de la construcción de la iglesia, ó sea, á fines del siglo XI. 
Esto no puede admitirse, por lo menos respecto de la archivolta que lo ro- 
dea, que como acabamos de decir, es del siglo XII. La ventana, hoy tapiada, 
parte de cuyo vano ocupa el relieve, estuvo primitivamente utilizable, como 
lo demuestran los quicios emplomados en las jambas, descubiertos reciente- 
mente al practicar un reconocimiento en el macizo del muro. Esto no obsta 
para que el relieve ocupase quizá aquel mismo sitio, mucho antes que se hi- 
ciese la archivolta que lo rodea. 



LOS TEES PBIMEEOS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 111 

lejos de implicar inconveniente alguno para que al re- 
lieve pueda darse fecha anterior al siglo XIII, ofrecen 
claros indicios de que es muy anterior 4 este mojón cro- 
nológico (1). 

siglo x 

Hasta este siglo llegan los testimonios del pago de 
los Votos de Santiago. En tiempo del Abad Mandino, 
que, como demostró el P. Rodríguez (2), ocupó la Aba- 
día de Samos desde el año 972 hasta el de 991, en todas 
las parroquias del coto de dicho monasterio (pues tam- 
poco las haciendas de los monasterios estaban exceptua- 
das), se pagaba el Voto de Santiago. En un documento 
del antiguo é inapreciable Tumbo ó Cartulario del men- 
cionado monasterio, folio 87, después de referir lo que por 
razón del Voto de Santiago pagaba cada parroquia 
(Sacarunt ipso Voto de Sancti Jacobi Apostoli de circiiitu Sa- 
manensi), se termina diciendo: In tempore domini Rex Ade- 
fonsus (es D. Alfonso V), et in tempore Mandini Ábba, et 
tempore Didaci Abba, et tempore Brandilani Abba, et Auderici 
Abba alia Vota non dábant, nisi tantum istcs lenzos, et istos 
bracales... (3). De este mismo documento se infiere que el 



(1) Después de este famoso relieve, que antiguamente estuvo dorado y 
pintado, pudiéramos citar los ya mencionados de la iglesia de Santiago de 
la Coruña, de la de Santiago de Betanzos, de la de Santiago de Taboada, 
cerca de Lalín, de la de Santiago de Bardauri, cerca de Miranda del Ebro, 
del cual debemos un exacto dibujo á nuestro ilustrado amigo el Sr. D. Ig- 
nacio Alonso, de Santo Domingo de la Calzada, etc.; pero para el objeto 
basta uno. 

(2) Diploma de Ramiro I; Madrid, 1804; pág. 351. 

(3) Eran piezas tejidas. Los lenzos, según el mismo documento, tenían 
catorce codos de largo cada uno; los bracales nueve codos; los primeros, se- 
gún algunos, eran tejidos de lino, y los segundos de lana. 



112 LIBBO SEGUNDO 



pago de los Votos debía de ser mucho más antiguo; pues 
lo que antes se pagaba en granos, según el tenor del 
Diploma de los Votos, en tiempo del Abad Mandino, sin 
duda por avenencia con los Obispos de Santiago, se con- 
mutó en otra especie de más fácil pago en aquella 
comarca. 

A fines del siglo IX fundó el Obispo compostelano, 
Sisnando I, el monasterio de San Sebastián de Montesa- 
cro ó Picosagro. Algunos años después, en el 914, dotóle 
convenientemente para que los Monjes tuviesen con qué 
atender á su subsistencia. Entre otras cosas, donóle los 
Votos de todas las parroquias que se hallaban en el cir- 
cuito del monasterio, como San Mamed de Bivadulla, 
Santa Cruz de Eivadulla, San Pedro de Vilanova, San 
Cristóbal de Merín, etc.; de los cuales Votos había de 
retener las dos terceras partes el monasterio de San Se- 
bastián, y ceder la otra tercera al próximo monasterio 
de San Juan da Coba (1). 

En el año 934 vino D. Ramiro II en peregrinación á 
Santiago, y como él mismo nos refiere en el Diploma 
que con esta ocasión expidió (2), trató de averiguar qué 
privilegios y donaciones habían hecho sus ascendientes 
á la Iglesia del Apóstol; y halló que D. Alfonso el Casto 
concedió el privilegio de las tres villas y que D. Rami- 
ro I confirmó este privilegio, y él por sí otorgó otro. 
(Post eum quoque Ranivnirus Rex, et ipsum confirmavit, et 



(1) De istis votis habeat Sanctus Sebastianus partes duas, et Sanctus 
Joannes de Fovea tertiam partera per manus fratrum qui fuerint in Sancto 
Sebastiano. Et de predictis ecclesiis veniant clerici et presbyteri cum votis 
ad Sanctum Sebastianum. (Véase el Apénd. núm. XXXV). 

(2^ Esp. Sag n t. XIX, p. 362. (Véanse nuestros Apéndices núm. LV). 



LOS TBES PRIMEBOS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 113 

áliud addidit). Dígasenos cuál fué este otro Privilegio que 
otorgó I). Eamiro I, para que podamos persuadirnos de 
que no pudo ser el de los Votos. Dígasenos también cuá- 
les fueron los muchos beneficios y dones, que, según 
D. Alfonso III en su Diploma del año 899, hizo D. Ra- 
miro I á la Iglesia de Santiago, para que nosotros no 
podamos confundirlos con los Votos del Apóstol. Y díga- 
senos, por último, en qué sitios se dieron las dos bata- 
llas, de las cuales, según su nieto D. Alfonso III, salió 
victorioso D. Ramiro I, para que nosotros tengamos que 
confesar que ninguna de ellas fué la de Clavijo. 

De lo que hasta aquí llevamos expuesto, resulta ple- 
namente demostrado, que desde los primeros, años del 
siglo X, al menos en algunas comarcas, venía ya pagán- 
dose anualmente el Voto de un modo regular y constan- 
te. Pagábase por parroquias: y á cada parroquia estaba 
ya señalada de antemano la cantidad fija con que había 
de contribuir (1). Todo esto supone bastante tiempo 
transcurrido, para que durante él pudiera organizarse y 
regularizarse la cobranza, y celebrar para el pago, con 
cada parroquia, ó cada comarca, los acuerdos ó avenen- 
cias convenientes y equitativas (2). 

Vemos, pues, que en favor de la batalla de Clavijo, 
depone un pueblo entero desde la época más remota; y 



(1) Esta forma de cobranza duró por lo menos hasta el siglo XII. Des- 
pués se arrendó por partidos la cobranza de los Votos. 

(2) Ya hemos visto que en el coto de Samos, en lugar de granos, paga- 
ban lienzos. En otros sitios con los granos pagaban cera ó en lugar de la 
medida de vino ofrecida, ó porque se rebajase en los granos la cantidad 
equivalente á la cera. En las costas como equivalente se pagaban peces. 
Análogos conciertos se hicieron también para el pago de las tercias que las 
iglesias de la diócesis pagaban á la Catedral. 

Tomo II.— 8. 



114 LIBRO SEGUNDO 



no depone de cualquiera manera; depone de una mane- 
ra contante y sonante, que es la más enérgica y convin- 
cente de las deposiciones (1). Los que impugnaron la 
batalla de Clavijo y el Diploma de Ramiro I por inju- 
riosos y depresivos del honor de nuestra nación, infieren 



(1) Bien conoció el autor de la Representación del Duque de Arcos el 
peso y la fuerza de este testimonio; así es que juzgó que era necesario á todo 
trance desvirtuarlo, aunque hubiese que recurrir al medio extremo de de- 
jar á los Reyes leoneses como al gallo de Morón. En efecto, el autor de la 
Representación dice que estos Votos de Santiago que se pagaban, no eran los 
Votos de D. Ramiro I, sino los tributos debidos á los Reyes, que por conce- 
sión Real se satisfacían, primero en las tres millas que donó D. Alfonso el 
Casto, y después en los demás territorios que á éste se fueron agregando; 
los cuales tributos, como tenían el carácter de ofrenda religiosa, pudieron 
también tomar el nombre antonomástico de Votos. Pudieron tomarlo, pero 
no pasaron de la potencia absoluta. Ahora bien; como el autor de la Repre- 
sentación confiesa que en el reino de León, al menos hasta el Pisuerga, todo 
el censo fiscal, ó sean los tributos reales, iban á parar á la Iglesia de Santia- 
go, los Monarcas de León debieron verse precisados á aprender algún oficio. 
Y aún no es esto lo más grave; lo más grave es que los Reyes de León ce- 
rraron la puerta á toda esperanza de mejorar de fortuna; pues D. Alfonso IX, 
según hemos visto más arriba, no sólo confirmó en todo su reino (per uni- 
versum regnum meum) las rentas llamadas Votos de Santiago, sino que pro- 
metió que en todos los territorios que en adelante conquistase á los Moros 
había de establecer el pago del mismo censo. A esto condujo al abogado del 
Duque de Arcos su ignorancia y su ciego empeño en combatir la batalla de 
Clavijo. 

La verdad es, que los Votos de Santiago nada tienen que ver con los 
tributos regios cedidos á los Prelados compostelanos en las comarcas en que 
éstos por concesión real eran señores. Y la prueba palmaria es que, tanto 
los Votos, como los tributos propios del señorío, coexistieron juntos, pero 
como cosas completamente distintas, en tiempo del autor de la Representa- 
ción y hasta el presente siglo, en que unos y otros fueron abolidos. Esta 
confusión de Votos y derechos señoriales si que es verdaderamente quimérica 
y milagrosa. La Iglesia compostelana cobró siempre los Votos como Votos, 
y los tributos como tributos. Los Votos los percibían á partes proporciona- 
les la Mesa Arzobispal y la Mesa Capitular; el censo fiscal, ó sean los dere- 



LOS TRES PRIMEROS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELAtf A 115 

á España la más atroz de las injurias, la de suponer tan 
rematadamente imbécil á nuestro pueblo, que una mera 
novela, fundada en la relación de hechos públicos que to- 
do el mundo podía conocer y comprobar, le obligó á abrir 
todos los años su bolsillo, y á transmitir para siempre á 
sus herederos una pensión, que, cuan gravosa sea, lo ha 
reconocido y demostrado el autor de la Representación. 
Esta imbecilidad raya en los límites de lo inverosímil; 
porque aun los mismos imbéciles, cuando se trata de lo 
que inmediata y directamente les interesa, no suelen 
ser tan fáciles de sorprender y engañar. ¡Imbéciles tan- 
tos Reyes! ¡imbéciles tantos Obispos y Abades! ¡imbéciles 
tantos Magnates! Pero no; tal enormidad preferible se- 
rá rechazarla sobre la cabeza de quien la ha provo- 
cado (1). 

Masdeu adoptó, cuando le vino á cuento, el recur- 
so del censo fiscal, como se ve por lo que escribe en las 
páginas 400, 404 y 448 del tomo XVIII de la H'storia 
critica; pero á prevención ideó otro no menos peregrino 



chos propios del señorío en los territorios cedidos por los Monarcas, sólo los 
cobró la Mitra mientras no se suprimieron los señoríos. Esto es lo que reza 
la verdadera Historia. 

Y aún hay más. No hay Iglesia catedral, ni monasterio en España que 
no haya obtenido de los Reyes donaciones del censo fiscal en comarcas más 
ó menos extensas. Ahora ¿cómo estas donaciones del censo fiscal no fueron 
también elevadas, como las hechas á Santiago, á la categoría de Votos, ó 
cómo aquellas eran compatibles con éstas? ¡Acaso la Iglesia compostelana 
habría obtenido privilegio de invención! 

(1 ) La misma observación había hecho ya el P. Pérez en la Disertación 
en que trató de impugnar el Diploma de Clavijo. Non veri cst simile, dice, 
aut religiosissimam ecclesiam rem sihi non debitan a Christianis populis 
per fraudern exigere voluisse; aut plebcm credalam in re, quae sua tantopere 
intererat, sihi fucum fisri gratis passam esse. 



116 LIBRO SEGUNDO 



y prodigioso: el de suponer que todos los españoles, Reyes 
y vasallos, habían tenido aptitud para ofrecer Votos á 
Santiago, menos D. Ramiro I. Partiendo de este supues- 
to, ya que de admitir un Voto á Santiago no podía 
prescindirse, inventó una suma de Votos particulares, 
como el que hacia el año 912 tenían hecho, según él, los 
habitantes de la Ulla (1), los Iracarenses (2), etc., los 
cuales, reunidos, constituyeron una especie de Voto na- 
cional. Masdeu no se preocupa de averiguar en qué 
tiempo, por quién, con qué ocasión se hicieron estos Vo- 
tos. Como no habían podido ser hechos por D. Ramiro I, 
al historiador crítico era indiferente el saber quién, que 
no fuese D. Ramiro, los hiciera (3). Con crítica, en cu- 
yos moldes entra tal modo de razonar, es dado hacer 
éstos y aún mayores prodigios (4). 



(1) Tomo cit., pág. 392. 

(2) Tomo cit., pág. 395. 

(3) Así, refiriéndose á una Bula de Alejandro III, confirmatoria de los 
Votos de Clavijo, dice que el Papa no «habla de los Votos fabulosos de Don 
Ramiro I, sino de los verdaderos Votos ofrecidos d Santiago por Diplomas 
legítimos de otros Reyes." (Tomo cit., pág. 448). 

(4) Sólo con el Voto de Clavijo la crítica de Masdeu se muestra inexo- 
rable; respecto de los demás Votos poco le importa que teDgan título legíti- 
mo, colorado ó presunto, ó que no tengan ninguno; porque en este caso lo 
supone él, como inventó el de los Votos de la Ulla, el de los bracaren- 
ses, etc.... 



LOS TRES PRIMEROS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 11.7 




ty — - reemos haber demostrado que el silencio 
|i|^^^i[ de los cuatro siglos respecto de la bata- 
--^g^ jj a ^ e Q] av jj 0) f u ¿ ficticio, y que no exis- 
tió más que en la imaginación de los que, ó por interés, 
ó por no contar con fuerzas para marchar contra las 
dominantes corrientes, vieron en tal hipótesis el medio 
de cortar de un golpe el nudo que les constreñía y mo- 
lestaba (1). Ahora nos haremos cargo de algunos de los 
principales reparos que se presentaron contra lo subs- 
tancial del hecho de Clavijo. 

No nos detendremos en sostener la posibilidad de la 
milagrosa aparición del Apóstol Santiago; porque esta 
tesis puede verse perfectamente desenvuelta y demos- 
trada en cualquiera tratado De vera Religione (2). Sólo ad- 
vertiremos, que porque los que rinden culto á las ideas 



(1) Así lo dice expresamente el abogado del Duque de Arcos al final 
del número 2 de la Representación: «I como destruido lo principal, cae sin 
impulso alguno lo accesorio, se dirige el Duque á echar la segur á la raiz, 
para cortar de un golpe tantos y tan ruidosos motivos de quejas como pade- 
cen su Casa y sus Vasallos.» 

(2) No obstante, insertaremos aquí un suceso histórico, la célebre bata- 
lla de Aquileya, dada en el año 394 por Teodosio contra el tirano Eugenio, 
que por las analogías que tuvo con el de Clavijo, no deja de ofrecer interés. 
Rohrbacher (Historia universal de V Eg. Cathol.; 3. a ed., t. VII, pág. 306), 
teniendo á la vista á los historiadores contemporáneos San Ambrosio, Teo- 



118 LIBHO SEGUNDO 



dominantes en nuestra época sean alversos y hasta 
quieran escandalizarse con todo lo que aparezca sobre- 
natural, no por eso lo sobrenatural dejará de existir. La 
crítica en este punto nos impone que estudiemos el ob- 
jeto en sí, sin atender á subjetivismos que en nada pue- 
den influir en la existencia y realidad de la cosa. 

Lo curioso es que algunos críticos admiten, como no 
podía ser menos, la posibilidad del milagro; pero en re- 
sumen vienen á declarar á D. Ramiro I incapaz para 
recibir tales favores. Así Masdeu declara que «Santiago 
á caballo en forma de guerrero denota el valor sobrena- 
tural y divino con que ha dado impulso muchas veces á 
nuestros ejércitos» (1). Y el Sr. La Fuente (2) dice que 
«en tiempo de Ramiro II hay una aparición de Santia- 
go, no desmentida por los críticos. » No sabemos qué pu- 
do hacer el vencedor de Clavijo para granjearse así la 
malquerencia de los críticos; lo que desde luego puede 



doreto y P. Orosio, lo describe así: «Teodosio, viendo abatidos á sus solda- 
dos, se retiró á una capilla edificada sobre lo alto de la montaña en que es- 
taba acampado su ejército y pasó en ella en oración toda la noche. Hacia la 
madrugada, postrado sobre el suelo, quedó dormido con el cansancio y en 
sueños vio á dos caballeros, cu} 7 os vestidos y cuyos caballos eran blancos 
como la nieve. Le ordenaron que al salir el sol, renovase la batalla, pues 
ellos habían sido enviados para ayudarle personalmente en el combate, y le 
manifestaron quiénes eran, el uno Juan Evangelista (el hermano de San- 
tiago el Mayor), y el otro el Apóstol Felipe.» 

No faltó quien objetase contra la aparición de Santiago en Clavijo, que 
como este Apóstol había sido pescador, debía de estar poco acostumbrado al 
manejo de la espada. Bueno sería que el qus esto objetó, acreditase también 
que tanto San Juan, como San Felipe, habían figurado ya en el escalafón 
de algún ejército. 

(1) Historia Crítica de España, tomo XVI, pág. 61. 

(2) Historia eclesiástica de España, 2. a edición; tomo III, Apéndice 
núm. 23, pág. 461. 



LOS TRES PRIMEROS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 119 

asegurarse es, que ni como Rey, ni como particular, dio 
motivo para que traten de excluirlo á él del número de 
los protegidos por el Apóstol. 

Descartado, pues, el argumento de la imposibilidad 
de la aparición del Apóstol Santiago, aunque se supon- 
ga la aparición hecha en favor de Ramiro I, pasemos al 
examen de otra objeción que se ha presentado con tan- 
to aparato, como si ella por sí sola bastase para demos- 
trar que la batalla de Clavijo fué una falsedad inventa- 
da por quien para nada tuvo en cuenta el honor de 
nuestra nación. 

«¿A quién se le ocultará — exclama el autor de la 
Representación del Duque de Arcos á propósito del tributo 
de las cien doncellas — la inverosimilitud y repugnancia 
de este tributo? ¿Cómo es posible que llevando del Reino 
todcas los años cien vírgenes hermosas, destinadas á la 
prostitución de los bárbaros, lo tolerasen sus padres, sus 
parientes y sus aficionados? Cien doncellas causaban la 
afrenta de cien familias. Apenas pudieran sacarse un 
sólo año otras tantas del rincón de Asturias, único te- 
rreno que poseían los cristianos; pero repetir cada año 
esta infame tragedia, es increíble. ¿Este abuso de la hu- 
manidad cabe por ventura en la esfera del sufrimiento 
entre enemigos tan capitales como eran los cristianos 
de los moros? ¿Los impulsos de la sangre en los padres, 
hermanos y parientes; los del amor en los amantes y 
amigos; los del honor en los compatriotas; los de la Re- 
ligión en los Prelados y varones justos; y los de la ira 
en todos, no están imposibilitando este suceso sin apo- 
yo?» (1) 



(1) Número 59. 



120 LIBRO SEGUNDO 



Poco más ó menos creemos que serían estos los con- 
ceptos que expuso D. Ramiro I en la Junta en que dio 
cuenta de la misiva y de las amenazas de Abderrah- 
man II. Ni probablemente serían otros los sentimientos 
que inflamaron el pecho de los Prelados, de los magna- 
tes y de los caballeros convocados por D. Ramiro, y los 
decidieron á exponerse al riesgo de perecer todos al pie 
del collado de Clavijo, antes que consentir en la renova- 
ción de un ominoso tributo arrancado en días de supre- 
ma angustia para la patria. Y he aquí cómo los impul- 
sos de la sangre, los del amor, los del honor, los de la 
Religión y los de la indignación, con la protección visi- 
ble de Santiago, imposibilitaron este tributo. 

No hay nación en el mundo que no tenga que con- 
tar en su historia grandes reveses é infortunios; pero 
sólo aquellas han conquistado el renombre de heroicas 
y magnánimas, que supieron levantarse y sobreponerse 
á sus desventuras; pues tales pruebas necesita el verda- 
dero valor para aquilatarse y acreditarse. 

Prescindiendo de los sentimentalismos á que pueda 
dar lugar el asunto, y que son buenos para formulados 
de lejos, pero que están en contradición con lo que sen- 
tían los contemporáneos (1), otros hechos hubo en aque- 
lla época más graves é ignominiosos, contra los cuales no 
sabemos que hayan protestado los no del todo desinte- 
resados entusiastas encomiadores de la dignidad y deco- 
ro de nuestra nación. Los señores de Borja, por ejemplo, 
los famosos Beni-Casi, no dieron doncellas, ó más bien 



(1) Isidoro Pacense, testigo presencial, dice que España en aquella 
ocasión experimentó tam in honore, quam etiam in dedecore, todas las cala- 
midades por que antes habían pasado Troya, Jerusalén, Babilonia y Roma. 



LOS TEES PBIMEHOS SIGLOS DÉLA I. COMPOSTELANA 121 

dieron doncellas, varones, niños y ancianos, á sí mismos 
y á^us propias almas, apostatando para que los dejaran 
en paz los invasores, y proclamándose clientes del Califa 
de Oriente Walid. No hicieron de la necesidad virtud; 
hicieron con la necesidad perfidia é infame defección. No 
llegaron á tanto los Reyes, ó más bien el Rey de Astu- 
rias, que pactó con los árabes el odioso tributo; conservó 
su independencia y la integridad de su fe y continuó 
siendo sólo cliente del Salvador del mundo; á gran pre- 
cio, sí; ¡pero qué sacrificios á veces no nos impone la 
necesidad para conservar la existencia! 

Sin haberse visto en tanto aprieto y sólo para obte- 
ner de los árabes una tregua, ob persecutionem arábum dif~ 
ferendam (1), el Duque de Aquitania Eudes ó Eudón en- 
tregó su propia hija Lampegia al feroz Munuza. Por 
este ejemplo, y otros muchos análogos que pudiéramos 
citar, se ve que tales hechos, dadas las ideas y las cos- 
tumbres de aquellos tiempos, no encontraban la repug- 
nancia que ahora (2). Y en efecto, cuando una turba de 
invasores se proponía establecerse en un país conquis- 
tado, era natural, que si no llevaban consigo compañeras 
ó esposas en quienes asegurar la descendencia, procu- 
rasen buscarlas allí en donde había sentado sus reales, 
ó en los lugares próximos. 



(1) Cronicón del Pacense, en el tomo VIII, de la España Sagrada; 2. a 
edición, pág. 310. 

(2) A nadie se le ha ocurrido censurar á algunos de nuestros Príncipes, 
fuese D. Alfonso V, como quiere el Obispo D. Pelayo, fuesen D. Bermudo II 
y D. Sancho de Castilla, como pretende Dozy, que á fines del siglo X para 
vivir en paz con los moros, les dieron en matrimonio á sus hijas ó hermanas; 
pero es de suponer que, por el mismo motivo, menor trabajo les habría cos- 
tado el desprenderse de otras mujeres, con quienes no estuviesen tan ínti- 
mamente unidos. 



122 LIBBO SEGUNDO 



i Esto, en su caso (prescindiendo de los Escitas y de- 
más pueblos nómadas, que llevando consigo sus mujeres 
y con ellas el mobiliario que les pertenecía, nada nece- 
sitaban para perpetuarse en un país), lo hicieron todos 
los pueblos y aún á veces, sin abandonar sus hogares, 
buscaban mujeres donde podían, como hicieron los grie- 
gos cuando cautivaron á las de Caria, y los romanos 
cuando robaron á las Sabinas. Hacia el año 171, antes 
de Cristo, se presentaron en Roma nada menos que cua- 
tro mil varones, hijos de soldados romanos y cautivas 
españolas, pidiendo área ó campo para fundar una colo- 
nia, y obtuvieron del Senado autorización para fundar 
la colonia de Carteya (1). Las demás colonias romanas 
militares para perpetuarse, debieron emplear procedi- 
mientos parecidos; porque los soldados, aunque fuesen 
romanos, por sí solos no podían tener sucesión. 

De los árabes que invadieron á España, no se sabe 
que viniesen acompañados de sus mujeres, al menos 
en la conveniente proporción; si se proponían esta- 
blecerse en España, como se establecieron en Siria, 
en Egipto y en el Norte de África, fuerza era que se 
valiesen de los mismos medios, que pusieron en prácti- 
ca los demás pueblos, cuando se vieron en circunstan- 
cias parecidas; con esta diferencia, que si los demás, por 
lo general monógamos, podían ser más parcos en esta 
materia, los árabes á quienes su ley permitía el vivir á 
un tiempo maritalmente con cuatro mujeres y además 
un número indefinido de concubinas, habían de ser más 
exigentes y regateadores, y más difíciles de contentar. 



(1) Tito Livio, libro XLIII, cap. III. 



LOS TBES PBIMEBOS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 123 

Por otra parte, las pretensiones de los árabes en este 
punto no repugnaban al Derecho de gentes, según, aún 
entonces, era entendido y practicado por muchas nacio- 
nes. Los árabes eran vencedores de los españoles; y en- 
tonces el vencedor quedaba dueño de la persona del 
vencido y de todo cuanto le pertenecía, incluso la mujer 
y los hijos. Cuando Atila invadió las Galias en el año 451 
exigió que se le diese esposa. (Attila Gallias ingressus quasi 
jure debitam poscit uxorem) (1). Lo propio harían sus ca- 
pitanes. 

Con mayor apremio debieron hacer los árabes la 
misma demanda; puesto que uno de los motivos que los 
impulsaron á penetrar en nuestra Península, fué la be- 
lleza de las mujeres españolas. Se refiere en Ajbar Mach- 
rnua, que cuando Tarif volvió de su primera expedición 
á España, se llevó consigo por cautivas mujeres tan her- 
mosas, como nunca las habían visto Muza ni sus compa- 
ñeros. Lo propio que Tarif, harían sin duda Taric, Mu- 
za y todos los demás emires que les sucedieron. Es cier- 
to, que á muchas de las cautivas las destinaban para 
ofrecer como valioso presente á los Califas de Damas- 
co (2), como hizo Muza, que llamado á dicha ciudad, lle- 



(1) Chronica Oallica, anno GCCCLTI, edición de Momni3en, vol. I, 
pág. 662.— Lo propio debió bacer Totila, Rey de los Godos, cuando saqueó á 
Roma en el año 547, pues se llevó consigo á algunas senatrices. (Véase el 
Cronicón de Marcelino, edición de Mommsen, volumen II, pág. 108. 

(2) En el año 734 Obadallah, nombrado gobernador de Áfrici por el 
Calif i Hescham, arrebató á los berberiscos sus mujeres y sus hijas para 
enviarlas á los serrallos de Siria; pues los señores árabes habían gran 
cuenta de las mujeres berberiscas, que en aquel tiempo gozaban fama de 
exceder en belleza á las mujeres árabes. (Véase Dozy, Hist. des Musulmans 
d } Espagne, tomo I, pág. 234). 

En cambio Tertuliano (De cultu foeminarum, libro II, cap. VII, Vatro- 



124 LIBBO SEGUNDO 



vó consigo para ofrecer á Walid I hermosísimas donce- 
llas (1); pero también es de suponer que no siempre su 
adulación llegaría á tanto, que no les permitiese reser- 
varse algunas como propias cautivas. De Abdelaziz, á 
quien se nos pinta como el más humano y transigente 
de los caudillos árabes, se sabe, que no contento con 
tomar por esposa á Egilona, viuda, á lo que se creía, del 
último Rey de los godos, D. Rodrigo, no podía dominar 
la ardiente pasión que sentía por las hijas de los mag- 
nates godos, á las cuales solicitó y obligó á abandonar 
la casa paterna (2). 

Para que se conozcan las ideas que los musulmanes 
abrigaban sobre el particular, y como sus tendencias y 
sentimientos iban siempre á parar hacia el mismo pun- 
to, léase el artículo Barbastro en el Diccionario geográfi- 
co de Yacut, citado por Dozy (3). En dicho articulóse 



logia lat., tomo I, col. 1322), afirmaba que las mujeres de África envidiaban 
á las europeas su belleza y sus rubios cabellos. Video quasiam capillum 
croco verteré; pudet eas etiam nationis suae, quod non Germanae aut Gallae 
procreatae. 

(1) Ulit Amir Almuminim... previsis copiis universarum gentium 
necnon et muñera Spanie cum puellarum decoritate sibi exhibita... et in 
oculis eius prevalida. (Isidoro Pacense, en Monumento, Germaniae histórica... 
Ghronica minora, saec, IV, V, VI, VII, vol. II, pág. 354), 

(2) Per idem tempus Abdellazis omnem Spaniam per annos tres sub 
censuario iugo pacificans, cum Spali divitiis et honoris fascibus cum regina 
Spanie in coniugio copulata vel filias regum ac principum pelicatas et im- 
prudenter distractas ex tu aret (aestuaret)... (Isidoro Pacense, Monum. Ger- 
maniae histórica, loe. cit., pág. 356). 

Hemos traducido distrahere por separar de la familia, porque esta es una 
de las acepciones de dicho verbo, y además porque en la capitulación de 
Orihuela hecha á Abdelaziz, se estipuló, que los fieles (los musulmanes) no 
matarían, ni causarían, ni separarían de los cristianos, ni á sus hijos, ni á 
sus mujeres. 

(3) Becherches sur V histoire et la litter ature de V Espagne, 3. a edición, 



LOS TBES PRIMEBOS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 



125 



dice que en el año 1064 los cristianos se apoderaron de 
la referida ciudad, y que entre los presentes que se re- 
servaron del botín para ofrecer al Emperador de Cons- 
tantinopla, se contaban siete mil distinguidísimas don- 
cellas. Alano siguiente, según el mismo autor, los mu- 
sulmanes recobraron á Barbastro, y como botín recogie- 
ron diez mil mujeres. No tiene, pues, nada de extraño 
lo que cuenta Aben Aljatib del Rey de Murcia Abu- 
Abdallah, que vivió á mediados del siglo XII, y que cu- 
bdbat cum multis puellis (ducentis, según otra lección) sub 
una stragula (1). 

Lo que hacían los árabes en .España, lo practicaban 
en todas partes. A mediados del siglo IX, según refiere 
el Anónimo Salernitano, cuyo Cronicón publicó Mura- 
tori, entre los Rerum Italícarum Scriptores, el famoso 
Obispo Atanasio los llamó en su auxilio, y he aquí como 
correspondieron á su llamamiento. His diébus Athanasius, 
Praesul Neapolitanus... missis apocrisariis in Siciliam Agare- 
nis... Sichamum Begem exposcit, et illis veniens praefecit. Sed 
justo Dei judíelo primo omnium super eum insurgens coepit 
Neapolim affligere et devorare omnia exterius, ac puellas, equos 
et arva vi expetere (2). En las actas del Concilio de Narbo- 



tomo II, páginas 348-349. Tales procedimientos entre los musulmanes aún 
se conservaron por mucho tiempo. Cuando en el año 1571 Mustafá se apo- 
deró de Nicosia en Chipre, reservó mil mujeres de las más hermosas para 
ofrecer al Sultán Selín II y á los altos dignatarios de la corte. 

(1) Dozy, Recherches sur V histoire et la litterature de V Espagne pen- 
dant le moyen age, 3. a edición; tomo I, pág. 368, nota 1. a 

(2) Rer. Ital. Scriptores; Milán, 1726; tomo II, pte. II, cap. CXXXII, 
col. 271. — Es curioso ver como el mismo Anónimo refiere en el cap. XLV 
la entrada de los Sarracenos en Sicilia: cPer idem tempus Agarenorum ge- 
nus Siciliam invasit... Erat vir praedives quidam in Siciliae finibus Eufimius 
nomine (Euthymius, según Juan Diácono en las Vidas de los Obispos Ñapo- 



126 LIBRO SEGUNDO 



na celebrado en el año 1134, se lee que el Obispo de 
Elna, Udalgario, «surrexit commemorans calamitatem 
suae dioecesis, cui ita erant graves sarraceni, ut passim 
Christianos trucidarent, in captivitatem ducerent, et 
nvmc pro eorum redemptione petebant centum virgines 
adoleecentulas. " 

Visto esto, se comprende fácilmente con cuánta ra- 
zón pudo decir G. Van Vloten (1) que los Walies en las 
provincias sometidas á los árabes se las exprimían como á 
camellas, y que, dada la indiferencia con que los escritores 
musulmanes miraban á los pueblos conquistados, quizás 
no conozcamos la mitad de las vejaciones que éstos pa- 
decían. Pero no se ocultaban á San Eulogio, el cual, en 
el Memortalis Sandorum, lib. III, capítulo VII (2), refiere 
que el hijo y sucesor de Abderrahman II, Mahomet, 
para vengarse de las predicaciones de San Fandila, 
expidió un decreto ordenando foeminas publico clistractu 
dispergere. 

No satisfechos con esto, comerciaban los árabes en 
mujeres con los países del Norte; y este comercio, según 
nota Gustavo Le Bon, gran panegirista de la cultura 
arábiga (3), duró hasta el siglo XI. El mismo Le Bon 



lítanos), qui desponsaverat puellam, Homonizam nomen gerentem, mirae 
pulchritudinis. Illo denique tempore quídam ' Graeculus Siciliae praeerat. 
Accepta pecunia ab alio viro, desponsatam Eufimio auferens, alteri viro eam 
denique tradidit. Quod dum in patulo exiit atque Eufimio nuntiatn.m fuisset, 
talia verba depromit: Meam namque foedastis uxorem; hoc peream auno, si 
non foedari fació plurimorum uxores.* Y para realizar su propósito fué á 
buscar á los Agarenos de África. 

(1) Recherches sur la domination árabe, le Chiisme et les croyances mes- 
sianiques sous le Khalifat des Omayades. 

(2) SS. PP. Toletanorum quotquot extant opera; Madrid, 1785, tomo II. 

(3) La Civil isation des Árabes; París 1884; pág. 608. 



LOS TRES PRIMEROS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANÁ 127 

añade en la obra citada, pág. 274 y 275, que fué princi- 
palmente con mujeres cristianas, con que los musul- 
manes poblaron sus harenes, y perpetuaron su raza (1). , 

Es evidente, por tanto, que lejos de haber nada de 
inverosímil en admitir que los musulmanes exigiesen el 
que anualmente se les facilitasen (y esto sea dicho con 
perdón de algunos escritores, que parece rehuyen tratar 
de esta materia, como si temieran ofender los sentimien- 
tos de pudor y continencia de los árabes) cierto número 
de doncellas para surtir sus serrallos, para ofrecer dones 
y presentes, y para destinarlas á los servicios entre ellos 
acostumbrados, es esto, por lo contrario, muy creible y 
está en completa consonancia con las tendencias y modo 
de ser del pueblo árabe. 

Veamos ahora, si por parte de los españoles hay difi- 
cultad en suponer tan humillante prestación. Se habla 
del heroismo de los españoles, de los impulsos del amor, 
del honor, de la Religión, etc.. esto, sí, es cierto; pero 
por eso no deja de ser ridículo el pretender, que, los que 
no pudieron evitar la ruina de toda España, inclusas 
sus doncellas, cuando se veían acorralados y reducidos 
á situación casi desesperada, pudiesen resistir y recha- 
zar siempre las intimaciones de los moros, y sostenerse 
firmes hasta tal punto, que nunca se viesen obligados á 
firmar una capitulación, que si era humillante y afren- 



(1) «Ce fut surtout avec des chrétiennes, en effet, que les Árabes ali- 
menterent leurs harems et perpetuerent leur race. Les chroniqueurs árabes 
rapportent que dans les premieres expeditions trente mille d' entre elles 
furent employées a cet usa ge; et il y a encoré a 1' Alcázar de Sevilla une 
cour dite des jeunes filies (doncellas), dont le nom provient du tribut annuel 
de cert jeunes vierges, que les chretiens étaient obÜgés de payer a un sou- 
verain árabe.» 



128 LIBRO SEGUNDO 



tosa, no envolvía la ruina total de la patria. También 
los romanos pasaron una vez por las horcas caudinas; y 
sin embargo no por eso dejaron de ser el Pueblo Rey (1). 

En realidad, aunque los cristianos no hubiesen pac- 
tado la entrega anual de las cien doncellas (si es que 
este tributo no era redimible, ó una manera convencio- 
nal de designar la cantidad del tributo, como lo indica 
la distinción de doncellas nobles y doncellas plebeyas), 
tendrían que darlas del mismo modo; porque los musul- 
manes en sus irrupciones anuales todo lo arrasaban, y 
cautivaban á todos cuantos encontraban á su paso. De 
este modo irían cien doncellas, ó quizás algunas más, y 
en peores condiciones; pues no es lo mismo ir como botín 
cogido en trance de guerra, que como consignadas en 
virtud de un pacto ó capitulación. 

Nuestros historiadores, comenzando por D. Lucas de 
Tuy y D. Rodrigo Jiménez, suelen atribuir á Maurega- 
to, la estipulación del tributo de las doncellas. Quizás 
hubiese tenido lugar ya antes, porque los inmediatos 
antecesores de Mauregato, D. Aurelio y D. Silo, vivie- 
ron en paz con los moros, según se lee en los Cronicones 
del Albeldense y de D. Alfonso III; y esta paz no pudo 
menos de ser pagada á buen precio. Lo que haría Mau- 
regato, sería dar una forma más concreta y específica 
al tributo; porque al fin podía considerar que, ya que 
á él, el haber nacido de una esclava, no había sido óbice 



(l) Ya hemos visto que según el autor de la Representación del Duque 
de Arcos, en un año apenas podrían sacarse del rincón de Asturias cien don- 
cellas. Entonces resultaría que D. Alfonso I, con sólo cien ó doscientos 
hombres, reconquistaría á Astorga, León, Braga, Osma, etc., etc., lo cual 
sería axín mucho más maravilloso que la propia batalla de Clavijo. 



LOS TEES PRIMEEOS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 129 

para ocupar el trono de Asturias, también á la prole de 
las cautivas cristianas podía tocar la misma fortuna. 

Si D. Lucas y D. Rodrigo, varones ambos graves y 
circunspectos, se decidieron á echar sobre la memoria de 
Mauregato mancha tan afrentosa, no sería sin duda por 
resentimientos personales que con él tuviesen, sino por- 
que ya la hallasen impresa en acreditados documentos, 
que hoy no conocemos. Objetáresenos nuevamente el 
silencio de las antiguas crónicas y escrituras: pero ade- 
más de lo que hemos dicho antes, podremos repetir lo 
que Dozy hacía presente á Bofarull á propósito del rela- 
to de Ademar, á saber, «que cuando se trata de la his- 
toria de la Edad media, de una historia cuyas fuentes 
son tan incompletas, conviene servirse lo menos posible 
del argumento tomado del silencio de los cronicones y 
de las escrituras» (1). 

Por lo demás, lo que hizo Mauregato en el siglo VIII, 
lo hizo á mediados del siglo XV D. Alonso Fajardo, el 
cual vendió de una vez en Granada cien doncellas mur- 
cianas (2) ; y otros muchos antes y después hicieron cosas 
parecidas, y aún falta saber si nuestra propia época está 
exenta de semejantes dislates en obsequio de los moros. 



(1) Recherches sur V histoire et la litter ature de V Espagne; 3. a edición; 
tomo II; pág. 334. 

Así, por ejemplo, se reputaba por poco probable y aceptable el relato de 
Zurita, según el cual cuando D. Alfonso el Batallador tenía cercada á Za- 
ragoza, se acercó para socorrer á los sitiados un poderoso ejército á las órde- 
nes de Temim; quien no atreviéndose á medir sus fuerzas con los Cristianos, 
tuvo á bien retirarse. En el tomo III de la Tecmila de Aben Alabar, halló 
recientemente comprobada la relación de Zurita el Sr. Codera, según lo 
manifestó en un Informe á la Real Academia de la Historia. (Véase Boletín 
de la Real Academia de la Historia, tomo XXXII, páginas 103-104). 

(2) Cavanilles, Historia de España, tomo IV, pág. 198. 

Tomo II.— 9. 



130 



LIBBO SEGUNDO 



Aquí si que viene lo de los impulsos del corazón, del 
amor, del honor, etc., etc.; mas es sabido que la Retó- 
rica no siempre anda acorde con la Historia, y que á 
veces tanto más se extreman los recursos oratorios, 
cuanto es el empeño en ocultar ó impugnar la verdad. 
Y lo que es más; la tradición del tributo de las Don- 
cellas estuvo por sí tan arraigada en la memoria del 
pueblo español (el cual no advirtió la afrenta que á su 
propio honor en esto se encerraba, hasta que á fines del 
siglo pasado se lo hicieron notar los agentes encargados 
de impugnar la paga del Voto de Santiago), que en va- 
rias ciudades, como León, Astorga y Carrión, desde 
tiempo inmemorial se establecieron fiestas especiales pa- 
ra conmemorar de un modo perenne la . anulación del 
ominoso tributo. Es que creían con el solemne triunfo 
de Clavijo suficientemente vindicado el honor de la na- 
ción, y bien compensado el quebranto ocasionado por la 
flojedad, cobardía ó malicia de algunos españoles. 



VI 



^.««m,^ 




esta ahora que nos hagamos cargo de 
las numerosas objeciones que se hicieron 
contra el texto del Diploma de Rami- 
ro I. Si bien se mira, gran parte de estas objeciones 
parten de un supuesto gratuito, si no falso; porque como 
el documento original no existe, y ya no existía al 
tiempo en que comenzó á ser impugnado el Voto de 
Clavijo, muchos de los yerros en que indudablemente 
debieron de incurrir los antiguos copistas se suponen sin 



LOS TRES PEIMEEOS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 



131 




132 LIBBO SEGUNDO 



más examen como propios del original. Es de advertir 
también que el Diploma de D. Ramiro I, debió de ser 
confirmado, como era costumbre, por los Monarcas pos- 
teriores y entre ellos, por D. Ramiro II; y de aquí las 
incongruencias y los anacronismos que se notan en las 
subscripciones. Pero ante todo veamos el texto del Pri- 
vilegio según una copia de mediados del siglo XII que 
se guardaba en la Catedral de Orense y ahora en el Ar- 
chivo de la de Santiago y que es la más antigua de las 
que se conservan (1): 



In nomine patris et filii et spiritus sancti amen. Antecessorum 
facta, per que successores ad bonum poterunt erudiri, non sunt pre- 
tereunda sub silentio, uerum pocius debent comitti monumentis 
litterarum, ut eorum recordatione ad imitationem bone operationis 
inuitentur posteri. Ea propter ego rex renemirus et a deo michi 
coniuncta urracha regina cum filio nostro rege ordonio et fratre 
meo rege garsia, oblationem nostram quam gloriosissimo apostólo 
dei iacobo fecimus cum assensu arciepiscoporum episcoporum ab- 
batum et nostrorum principum et omnium hispanie Xpistianorum 
litterarum committimus obseruationi, ne forte successores nostri, 
quod a nobis factum est, per ignorantiam temptent irrumpere, et 
ut etiam per recordationem nostre operationis ad similiter operan- 
dum moueantur. Causas etiam quibus ad faciendum istam oblatio- 
nem conpulsi sumus, scribimus vt ad noticiam successorum reser- 
uentur in posterum. 

Fuerunt igitur in antiquis temporibus circa destructionem his- 
panie a sarracenis factam rege rvderico dominante, quidam nostri 
antecessores, pigri, negligentes, desides et inertes xpianorum prin- 



(1) Para mayor comodidad hemos dividido el texto en párrafos. El 
Cardenal Pedro Marcio (no Mancio, como escribió Masdeu), que autorizó 
esta copia, vivió á mediados del siglo XII. Véase en el fotograbado de la 
página 131 una muestra de la letra de este documento. 



LOS TEES PBIMEROS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 133 

cipes, quorum utique uita nulli fidelium extat imitanda. Hi, quod 
relatione non est dignum, ne sarracenorum infesta tionibus inquie- 
tarentur, constituerunt eis nefandos redditus de se annuatim per- 
soluendos, centum uidelicet puellas excellentissime pulcritudinis, 
quinquaginta de nobilibus hispanie, quinquaginta uero de plebe, 
pro dolor et exemplum posteris non obseruandum. pro pactione 
pacis temporalis et transitorie tradebatur captiua xpistianitas lu- 
xurie sarracenorum explende. 

Ex predictorum principum semine nos perducti, ex quo per de 
misericordiam regni suscepimus gubernaculum, diuina inspirante 
bonitate predicta nostre gentis obprobria cogitauimus abolere. Hac 
de tam digna cogitatione perficienda communicauimus consilium 
primo archiepiscopis, episcopis, abbatibus et religiosis uiris, post 
modum uero uniuersis nostri regni principibus. Accepto tamen 
sano et salúbri consilio, dedimus apud legionem legem populis et 
posuimus consuetudines per uniuersas nostri regni prouincias ob- 
seruandas. Deinde uniuersis nostri regni principibus edictum com- 
mune dedimus quatinus quosque robustos et ad preliandum fortes 
uiros, tam nobiles, quam ignobiles, tam milites, quam pedí tes ab 
extremis nostri regni finibus euocarent, et usque ad constitutum 
diem in expeditionem facerent congregan. Archiepiscopos etiam 
et episcopos, abbates et religiosos uiros ut interessent rogauimus 
quatinus eorum orationibus nostrorum per dei misericordiam aug- 
mentaretur fortitudo. Completum est itaque imperium nostrum, et 
relictis ad excolendas térras tantum modo debilibus et ad bellan- 
dum minus idoneis, congregati sunt in expeditionem ceteri, non de 
nostro imperio, sicut solent inuiti, sed deo ducente, per dei amo- 
rem spontanei. 

Cum his ego rex ranamirus de misericordia dei pocius quam de 
gentis nostre multitudine confidens, peragratis inter iacentibus 
terris, iter mei exitus direxi in nageram, hac inde declinaui in lo- 
cum qui nuncupatur aluella. Interim autem sarraceni nostrum 
aduentum fama precone cognoscentes, omnes cismarini in unum 
contra nos congregati sunt, transmarinis etiam per litteras et nun- 
cios in suum auxilium conuocatis, inuaserunt nos in multitudine 
graui et manu ualida. Quid plura? Quod sine lacrimis non recorda- 
remur peccatis exigentibus, multis ex nostris corruentibus, percus- 



134 LIBBO SEGUNDO 



si et uulnei*ati conuersi sunius in fagam, efc confusi peruenimus in 
collem qui clauillium nominatur; hac ibi in una mola congregati 
totam fere nocfcem in laorimis et orationibus consumpsimus igno- 
rantes ex toto quid in die essemus postea aucturi. Interea sompnus 
arripuit me regem ranemirum cogitantem multa et anxium de pe- 
riculo gentis xpistiane. At michi dormienti beatus iacobus hispa- 
norum protector corporali specie est se presentare dignatus. Qaem 
cum interrogassem cum admiratione quisnam esset, apostolus dei 
beatum iacobum se esse confessus est. Cumque ad hoc uerbum ultra 
quam dici potest obstupuissem, beatus apostolus ait: Numquid 
ignorabas quod dominus meus ihesus xpistus alias prouincias alus 
fratribus meis apostolis distribuens totam hispaniam mee tutele 
per sortem deputasset et mee commisisset protectioni? Et manu 
propria manum meam astringens: Confortare, inquit, et esto robus- 
tus; ego enim ero tibi in auxilium et mane superabis in manu dei 
sarracenorum a quibus obsessus est innumerabilem multitudinem. 
Multi tamen ex tuis quibus, iam parata est eterna requies, sunt 
instanti pugna pro xpisti nomine martirii coronam suscepturi. Et 
ne super hoc detur locus dubitationi, et uos et sarraceni uidebitis 
me constanter in albo equo dealbata grandi specie máximum uexil- 
lum álbum deferentem. Summo igitur mane facta peccatorum 
uestrorum confessione et accepta penitentia, celebratis missis et 
accepta dominice corporis et sanguinis communione armata manu 
ne dubitetis inuadere sarracenorum acies inuocato nomine dei et 
meo; pro certo enim noueritis eos in ore gladio ruituros. Et his 
dictis, euanuit a conspectu meo uisu desiderabilis dei apostolus. 

Ego autem pro tanta et tali uisione uehementer e sompno 
excitatus archiepiscopis, episcopis, abbatibus et religiosis uiris 
seorsum uocatis, quicquid michi fuerat reuelatum cum lacrimis 
et singultibus et nimia contrictione cordis eodem ordine pro- 
palaui. lili ergo in oratione prius prouoluti deo et apostólo pro 
tam admirabili consolatione gracias egerunt innúmeras ac deinde 
rem administrare prout nobis fuerat reuelatum, festinarum (sic). 
Armata itaque et ordinata nostrorum acie uenimus cum sarraee- 
nis in pugnam et beatus dei apostolus apparuit, sicut promiserat, 
utrisque instigando et in pugnam animando nostrorum aciem, 
Sarracenorum uero turbas impediendo et diuerberando. Quod 



LOS TEES PEIMEROS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 135 

quam cito nobis apparuit cogaouimas beatissimi apostoli pro- 
missionem implefcam; et de tañí preclara uisione exhilarati, 
nomen dei et apostoli in inagnis uocibus et nimio cordis affectu 
inuocauimus dicentes: Adiuua nos deus et sánete iacobe. Que qui- 
dem inuocatio ibi tune prima fuit facta in hispania; et per dei mi- 
sericordiam non in nanum; eo namque die corruerunt circiter se- 
ptuaginta millia sarracenoram. Tune etiam euersis eorum municio- 
nibus eos insequendo ciuitatem Kalaforram cepimus et xpistiane 
religione subiecimus. 

Tantum igitur apostoli miraculum post inopinatam uictoriam 
considerantes, deliberauimus statuere patrono et protectori nostro 
beatissimo iacobo donum aliquod in perpetuum permansurum. 
Statuimus ergo per totam hispaniam, ac uniuersis hispaniarum 
partibus, quascumque deus sub apostoli iacobi nomine dignaretur a 
sarracenis liberare, uouimus obseruandum, quatinus de uno quoque 
iugo boum singule mensure de meliori fruge ad modum primitia- 
rum et de uino similiter ad uictum canonicorum in ecclesia beati 
iacobi commorantium annuatim ministris eiusdem ecclesie in per- 
petuum persoluantur. Concessimus etiam et similiter in perpetuum 
confirmauimus quod xpiani. per totam hispaniam in singulis ex- 
peditionibus de eo quod a sarracenis acquisierint ad mensuram 
porcionis unius militis, glorioso patrono nostro et hispaniarum 
protectori beato iacobo fideliter attribuant. 

Hec omnia donatiua, uota et oblationes, sicut superius diximus, 
per iuramentum nos omnes xpistiani hispanie promissimus annua- 
tim ecclesie beati iacobi et damus pro nobis et successoribus no- 
stris canonice in perpetuum obseruanda. 

Petimus ergo pater omnipotens eterne deus quatinus interce- 
dentibus meritis beati iacobi ne memineres domine iniquitatum 
nostrarum sed sola tua misericordia nobis prosit indignis. Et ea 
que ad honorem tuum beato apostólo tuo iacobo dedimus et 
offerimus, de eis que per te ipso opitulante acquisiuimus, nobis et 
successoribus nostris proficiant ad remedium animarum, et per 
eius intercessionem nos recipere digneris cum electis tuis in eterna 
tabernacula, qui in trinitate uiuis et regnas in sécula seculorum 
amen. 

Volumus etiam et in perpetuum statuimus tenendum quatinus 



136 LIBRO SEGUNDO 



quicumque ex genero nostro descenderint, semper suum prestent 
auxilium ad pretaxata beati iacobi donatiua. Quod si quis ex gene- 
re nostro, uel aliorum, ad hoc nostrum testamentum uiolandum 
uenerit, uel ad implendum non adiuuerit, quisquís ille fuerit, cleri- 
cus uel laicus, in inferno eum iuda traditore et datan et abiron 
quos térra uiuos absorbuit dampnetur in perpetuum, et filii eius 
fiant orfani et uxor erius uidua, etregnum eius temporale accipiat 
alter, et a communione corporis et sanguinis xpisti fiat alienus, 
eterni uero regni participatione priuetur pereeniter (sic). Insuper 
regie maiestati et ecclesie beati iacobi per médium sex mille libras 
argenti pariat, et hoc scriptum semper maneat in robore. 

Nos etiam archiepiscopi, episcopi et abbates, qui illud idem 
miraculum, quod dominus noster ihs. xps. fámulo suo illustri regi 
nostro ranemiro per apostolum suum iacobum dignatus est mon- 
straré propriis oculis, deo iuuante, uidimus, predictum ipsius regis 
nostri et nostrum, et totius hispanie xpistianitatis factum ; in per- 
petuum confirmamus et canonice sancimus obseruandum. 

Quod si quis ad noc scriptum et ecclesie beati iacobi donatiuum 
ad inrumpendum uenerit vel persoluere renuerit, quisquis ille fue- 
rit, rex uel princeps, rusticus, clericus, uel laicus, eum maledecimus 
et excommunicamus et eum iuda traditore gehennali pena dampna- 
mus in perpetuum cruciandum. Hoc idem successores nostri ar- 
chiepiscopi, episcopi faciant deuote annuatim. Quod si renuerint, 
omnipotentis dei patris et filii et spiritus sancti auctoritate et 
nostra dampnentur, et excommunicatione et potestatis sibi a deo 
tradite rei teneantur. 

Facta scriptura consolationis, donationis et oblationis huius, in 
ciuitatekalaforranoto die VIII kalendarum iunii, era DCCCLXXII. 
Ego rex ranemirus eum coniuge mea regina urracha et filio nostro 
rege ordonio et fratre meo rege garsia, hoc scriptum quod fecimus 
proprio robore confirmamus. Qui presentes fuerunt. 

Ego dulcius cantabriensis archiepiscopus qui presens fui con- 
firmo. 
Ego suarius ouetensis episcopus, qui presens fui, confirmo. 
Ego oueco asturicensis episcopus, qui presens fui, confirmo. 
Ego salomón astoriensis episcopus, qui presens fui, confirmo. 



LOS TEES PBIMEROS SIGLOS BE LA I. COMPOSTELAtf A 137 

Ego rodericus lucensis episcopus, qui presens fui, confirmo. 
Ego petrus biriensis episcopus qui presens fui, confirmo (1). 
Ego regina urracha, confirmo. 
Ego ordonius eius filius, confirmo. 
Ego rex garsia frater regis ranemirus (2) confirmo. 
Osorius petrici regis maiordomus qui presens fai, confirmo. 
Pelagius guterrici regis armiger qui presens fui, confirmo. 
Menendus suarizi potestas terre, qui presens fui, confirmo. 
E-udericus gunsaluiz potestas terre, qui presens fui, confirmo. 
Grudesteus osorici potestas terre, qui presens fui, confirmo. 
Suarius menendiz, potestas terre, qui presens fui, confirmo. 
Gruterre osoriz potestas, qui presens fui, confirmo. 
Osorius guterrici potestas qui presens fui, confirmo. 
Eanemirus garsia, potestas qui presens fui, confirmo. 
Martinus testis. 
Petrus testis. 
Pelagius testis. 
Suarius testis. 
Menendus testis. 
Vincentius sagio regis testis. 

Nos omnes hispanie terrarum habitatores populi, qui presentes 
fuimus et superscriptum miraculum et protectoris nostri glorio- 
sissimi apostoli iacobi propriis oculis uidimus et triumpbum de 
sarracenis per dei misericordia obtinuimus, quod superius scriptum 
est. sancimus et in perpetüum confirmamus permansurum. 

Ego Petrus marcius dei gratia ecclesie beati iacobi cardinalis, 
sicut inueni in alio scripto quod in beati iacobi thesauro et 
in eius titulo permanet, ita scripsi et hoc translatum feci et 
proprio robore confirmaui. 

Grondisaluus notui.» 

Hemos dicho que D. Ramiro II, debió de haber con- 
firmado el Privilegio de D. Ramiro I, pues él mismo lo 



(1) Esta subscripción falta en la copia del Tumbillo, fol. 127. 

(2) En el Tumbillo, frater eius. 



138 



LIBRO SEGUNDO 



da á entender en el Diploma otorgado á la Iglesia com- 
postelana en León á 21 de Febrero de 934 (1). Refiere 
el vencedor de Simancas, que viniendo á visitar la Igle- 
sia de Santiago (advenientes aule Mi. Jacóbi orationis causa), 
después de examinar atentamente los Diplomas de sus 
antecesores, entre los cuales Diplomas cita á dos de 
D. Ramiro I, los confirmó todos; et testamentos priores 
maiorum nostroram manu propria coyifirmamiis. Y en efecto, 
cuando otorgó el fechado en León, parece debió de ha- 
ber tenido á la vista el de los Votos de D. Ramiro I. 
Véanse, si no, confrontados los preámbulos de dichos dos 
Diplomas: 



Diploma de D. Ramiro I. 

Antecessorum facta per que 
successores ad bonum poterunt 
crudiri, non sunt pretereunda 
sub silentio, uerum pocius de- 
bent comitti monumentis litte- 
rarum, ut eorum recordatione 
ad imitationem bone operatio- 
nis inuitentur posteri. Eaprop- 
ter ego rex ranemirus et a deo 
michi coniuncta urracha regi- 
na (2), cum filio nostro rege 
ordonio et fratre meo rege gar- 
sia oblationem nostram quam 
gloriosissimo apostólo dei iaco- 
bo fecimus cum assensu arcie- 
piscoporum, episcoporum abba- 
tum et nostrorum principum 



Diploma de D. Ramiro II. 

Antiquorum etenim exem- 
pla et opera acta obcelari non 
queunt, sed pene ómnibus nota 
manent que de tempore succe- 
dente in témpora gesta fue- 
runt. Literarum monimenta ad 
posterorum memoriam scripta 
ac reservata sunt, ut singulo- 
rum solertiam quisquis legerit> 
aperta mente consideret que ei 
liceat imitari. Denique in cu- 
juscumque chronicis vel mem- 
branis tortum invenerit, discat 
se omnimodis custodire ne ta- 
ba operetur; ubi vero in Do- 
mino et per Deum sanum et 
desiderabile repererit scrip- 



(1) España Sagrada, tomo XIX, Apéndice, pág. 362. 

(2) En el de D. Ramiro II, también se dice antes, cum conjuncta nobis 
0, Domino Urraca regina. 



LOS TRES PRIMEROS SIGLOS DE LA. I. COMPOSTELAVA 139 

et omiiium híspame xpisfciano- tum, pie et cum tota mentís 

ram litterarum committimus intentione agere studeat, ut 

observationi, ne forte suocesso- sanctorum sequendo exempla 

res nostri, quod a nobis factum cum eis pro bene gestis gaudio 

est, per iguorantiam temptent fruatur perpetuo. Jam vero 

irrumpere, et ut etiam per re- quid nostro ob amore Dei et 

cordationem nostre operatio- sancto ejus Apostólo uret in 

iiis ad similiter operandum mo- pectore, faucibus apertis et pa- 

veantur. tulo ore coram omni catholico- 

rum toga fari oportet. 

Los antiguos copistas acostumbraron siempre á 
transcribir los Diplomas poniendo á continuación las 
subscripciones, sin cuidarse de distinguir las propias del 
primitivo documento, de las que se añadieron después 
al tiempo de ser suscripto por otros Monarcas. De aquí la 
confusión que se nota en muchos Privilegios, los cuales 
aparecen suscriptos por personajes que vivieron en muy 
distintas épocas. Esto sucedió también en las copias del 
Diploma de los Votos, en las cuales al lado de, ó á con- 
tinuación de las suscripciones de los primeros firmantes, 
como Dulció Arzobispo cantabrknse, y Suario ovetense, se ven 
otras evidentemente muy posteriores, como la de Salo- 
món astur ¡cense, Pedro Iriense, y entre los caballeros la de 
Gutier Osorio y la de Osorio Gutiérrez. Estos dos últimos, 
lo mismo que Salomón, Obispo de Astorga, vivieron en 
tiempo de Ramiro II, y debieron subscribir con él el 
Privilegio de Ramiro I. ' 

De aquí resulta que es vana tarea el empeñarse, 
como hicieron muchos, en buscar en tiempo del vence- 
dor de Clavijo personajes que vivieron cien años des- 
pués; y que son sin fundamento muchas de las objecio- 
nes que por este motivo se hicieron al Privilegio de los 
Votos. 



140 LIBRO SEGUNDO 



Deben también tenerse presentes los frecuentes ye- 
rros materiales en que incurrían los copistas al transcri- 
bir los números y los nombres propios de personas y de 
lugares de los documentos. Mientras no sepamos con 
evidencia que en el Diploma original estaba, Suarius 
ovetensis episcopus y no Serranas ovetensis episcopus, p. ej., en 
vano es combatirle por este concepto. Lo mismo debe 
decirse de otras subscripciones, como la de Oveco asturien- 
sis, (que bien pudo ser Oveco II de Oviedo, que vivió en 
tiempo de Ramiro II), la de Rudericus lucensis episcopus y 
la de Petrus iriensis episcopus, que falta en algunas copias. 

El insigne Mabillón, en su célebre tratado De re di- 
plomática, lib. I, cap. VII, habla de la renovación de los 
antiguos Diplomas, que se habían extraviado ó perecido 
en algún incendio, ó que se habían deteriorado por el 
uso, la acción del tiempo ó descuido en su conservación. 
En España, en el siglo XII, después que se generalizó el 
uso de la letra francesa, hubo necesidad de renovar 
muchos documentos antiguos, que escritos en letra góti- 
ca quedaban casi ininteligibles para la generalidad. El 
Privilegio de los Votos, que desde su principio forzosa- 
mente tuvo que estar en continuo movimiento á causa 
de la frecuencia con que había que presentarlo y llevar- 
lo de una parte á otra para hacer las oportunas recla- 
maciones, lo cual supone mucho uso y el consiguiente 
deterioro, debió de pasar también por la renovación. En 
esta operación fué fácil que se corrigiesen algunos de 
los solecismos, en que no podía menos de abundar el 
texto primitivo, y que aún se añadiese algún inciso, que 
no alterase en nada la substancia del documento (1). 



(1) Tal quizás sería uno de ellos aquella cláusula: «Proh dolor! et 



LOS TRES PRIMEROS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 141 

A nada de esto atendieron los impugnadores del Di- 
ploma, ó más bien del Voto. Su única preocupación era 
combatir bien ó mal el contenido del mismo, y buscar 
cualquiera asomo de dificultad que sirviese de funda- 
mento para contradecirlo y desacreditarlo. Unos lo 
combatían por la corrección (relativa) y elegancia de su 
estilo, que tanto discrepa del que se observa en las es- 
crituras de la época; como si entonces no hubiera quien, 
como San Eulogio, Alvaro Cordobés ó el Abad Sansón, 
no supiese escribir correctamente el latín, ó como si la 
redacción de un documento tan trascendental é impor- 
tante, se confiara, á cualquiera vulgar notario. Otros 
presentan como indicios de falsedad los títulos de Arzo- 
bispo y Potestad, que emplea el Diploma, los cuales títu- 
los, según los impugnadores, eran entonces enteramente 
inusitados en España, como si la palabra Arzobispo no la 
usara ya San Isidoro y no apareciera, á pesar de lo que 
diga Masdeu (1), entre las subscripciones del Concilio III 
de Mérida, y en la carta de Quirico, Obispo de Barcelona, 
á San Ildefonso, y en otros varios documentos anteriores 
al Privilegio de los Votos, que pueden verse citados en 
la Apología del Voto de' Santiago, pág. 250 y siguientes; y 
como si el título de Postestas terre (si es que no debiera 
leerse Princeps terre, como conjetura el Sr. Sánchez 
Vaamonde (2), no se viera ya usado en otros antiguos 
documentos (3). Ya indican las fuentes de que se sirvió 



exemplum posteris non observandum! pro pactione pacis temporalis et tran- 
sitorie tradebatur captiva christianitas luxurie sarracenorum explende.» 

(1) Historia Crítica de España, tomo XI, núm. 92. 

(2) Apología del Voto de Santiago, pág. 270, nota. 

(3) Apología, etc., pág. 273 y siguientes. 



142 LIBRO SEGUNDO 



el impostor para la confección del Diploma, y citan á 
Quinto Curcio y á Tito Livio, que hablan de las apari- 
ciones de Hércules á Alejandro y de Castor y Polux en 
la batalla del lago Regilo; sin hacerse cargo que de este 
modo hacen al impostor más versado en la Historia clá- 
sica (lo cual sería verdaderamente extraordinario), que 
en la patria. Ya tachan al Diploma de falso, porque en 
él se supone que León ya estaba poblada en tiempo de 
Ramiro I, lo cual, según los impugnadores, no se efectuó 
hasta el tiempo del sucesor de D. Ramiro; siendo así 
que, como demostró el P. Risco (1), León, desde que fué 
recobrada á mediados del siglo VIII por D. Alfonso I, 
siempre estuvo más ó menos poblada, y con iglesias y 
monasterios. Masdeu (2), para tener un argumento más 
que poner, inventó que el Sayón del Rey Vicente había fir- 
mado el Diploma, como notario; y la realidad es, que lo 
subscribió como testigo. El que, según la copia más an- 
tigua que se conserva, autorizó el Diploma, fué Gonza- 
lo: Gondisalvvs notvit. 

Una objeción hay, sin embargo, que se convirtió en 
lazo en que se vieron cogidos los mismos que lo tendie- 
ron. El Diploma, decían con aire de triunfo y como si 
ya tuvieran en la mano un atestado irrefragable de la 
falsedad, llama Urraca á la esposa de D. Ramiro, y es 
sabido que su verdadero nombre fué el de Paterna, pues 
así la denomina D. Alfonso III en su Cronicón (3). Pero 



(t) España Sagrada, tomo XXXIV, pág. 127. 

(2) Historia Crítica, tomo XVI, pág. 6. 

(3) Al tratar de esta objeción no puede disculparse á los impugnadores 
del Diploma de la tacha de ligeros y apasionados; pues de otro modo, antes 
de proponer tal argumento, debieran haber resuelto el problema del nombre 
de la esposa de D. Ramiro II; la cual, según los historiadores, se llamó Te- 



LOS TEES PBIMEROS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 143 

¿cuántas esposas tuvo D. Ramiro I? La primera, es indu- 
dable, que se llamó Paterna, y ¿cómo se llamó la segunda 
de la cual no quieren entender los impugnadores del Di- 
ploma, ó si entienden la tienen por anónima? Refiere don 
Alfonso III en su Cronicón, que á la muerte de D. Alfon- 
so II fué proclamado D. Ramiro I, el cual, asociado ya 
al Trono desde hacía algunos años, á la sazón se hallaba 
ausente en Castilla, á donde ha.bía ido para tomar espo- 
sa (1). Supongamos, por un momento, que ésta fuese la 
doña Paterna, la que se creía única esposa de D. Rami- 
ro. Entonces tendremos que este monarca, del cual no 
quiere reconocerse el prodigio de Clavijo, dejaría un 
hijo, D. Ordoño I, dos veces prodigioso por las razones 
siguientes: D. Ramiro I, que, cuando se casó en Castilla 
y sucedió á D. Alfonso II, pasaba ya de cincuenta años, 
falleció al entrar en el octavo de su reinado, ó sea á 
principios de 850. En este año lo más que podría tener 
D. Ordoño I (partiendo siempre del supuesto de que don 
Ramiro no estuvo casado más que una vez), serían seis 
años y medio; y sin embargo, lo vemos ya en aptitud de 
capitanear grandes ejércitos, y emprender vigorosas 
campañas (2). 



resa Florentina y Sancha; según las Escrituras, Urraca. Mas el desmedido 
afán de combatir el Diploma de Clavijo, los dislumbró de tal modo, que no 
advirtieron la contestación que al punto podía dárseles, á saber, que lo que 
había pasado con el nombre de la mujer de D. Ramiro II, esto pasó con el 
de la de D. Ramiro I. 

(1) Post Adefonsi decessum, Ranimirus, filius Veremundi Principis, 
electus in Regnum; sed tune temporis absens erat in Barduliensem provin- 
ciam ad accipiendam uxorem. (España Sagrada, tomo XIII, pág. 489). 

(2) Adversus chaldaeos saepissime praeliatus est, et triumphavit in 
primordio regni sui. (Chron. de Sebastián de D. Alfonso III, España Sagra- 
da, tomo XIII, pág. 490). 



144 LIBEO SEGUNDO 



No es esto sólo. D. Ordoño I falleció en 866, dejando 
á su hijo y sucesor, D. Alfonso III, de dieciocho años de 
edad, como dice el Albeldense. Desde el año 842 en que 
se casó D. Ramiro, hasta el 866 en que falleció su 
hijo D. Ordoño, transcurrieron veinticuatro años. Des- 
cuéntense de estos veinticuatro años los dieciocho que 
tenía D. Alfonso III, cuando falleció su padre; y re- 
sultará que éste engendró á su hijo á los cinco ó cin- 
co años y medio de edad. Dejemos á los críticos que se 
entretengan en desatar este inextricable nudo; nosotros 
entretanto repasemos lo que con gran sencillez y con no 
menor exactitud y admirable tino histórico expuso en su 
Crónica (1) sobre el particular, el célebre Ambrosio de 
Morales: «Lo cierto es, dice, que el Rey D. Ramiro estu- 
vo casado dos veces. La primera antes que fuese Rey 
con esta señora doña Paterna, que no fué Reyna, más 
fué madre del Rey D. Ordoño. Y después otra vez con 
la Reyna doña Urraca. Esto se ve claramente; pues el 
Rey hemos visto como se casó al mismo tiempo que co- 
menzó á reynar. Y siendo entonces el Rey de más de 
cinquenta años, como por la muerte de su padre parece, 
no es creible que se casó entonces la primera vez. » El 
P. Flórez (2) siguió en esto á Morales, y cita en corrobo- 
ración de lo mismo al Tudense y al Arzobispo D. Rodri- 
go, los cuales llaman doña Urraca á la esposa que don 
Ramiro había traído de Castilla. 

Acerca del testimonio del Tudense y D. Rodrigo, de- 
bemos notar, que ambos Prelados tuvieron indudable- 
mente á la vista documentos, de los cuales hoy ni si- 



(1) Libro XIII, cap. LIV. 

(2) Memorias de las Reynas Cathólicas, tomo I, pág. 65. 



tOS TRES PRIMEROS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANÁ 145 

quiera hay noticia. D. Rodrigo dice expresamente en el 
Prólogo de su Historia, que para la composición de su 
obra había consultado y compulsado minuciosamente, 
además de los Cronicones, Concilios y otras obras que 
nombra, muchas Escrituras (1). Así es que, á no ser que 
quiera decirse, que D. Rodrigo lo sacó de su cabeza, ha- 
brá que confesar que en algún antiguo documento debió 
de haber hallado que D. Ramiro amaba á su hermano 
D. García como á sí propio, y que doña Urraca era una 
señora piadosísima, y que hizo muchos dones á las igle- 
sias de Santiago y San Salvador de Oviedo. 

Además de D. Ordoño, tuvo D. Ramiro otros hijos, 
de los cuales apenas hay noticia cierta (2). Conócese, 
sin embargo, una hija, Aldonza, que correría la misma 
suerte, que estuvo á punto de correr D. a Urraca, á no 
haberla puesto á salvo una Escritura del Tumbo de Sa- 
inos, que cita Flórez en las Memorias de las Beynas catho- 
licas (3), y que sería como otras que pudieron compulsar 
D. Lucas de Tuy y D. Rodrigo al redactar sus respecti- 
vas obras (4). 



(1) Et alus scripturis, quas de membranis et de pictaciis laboriose in- 
vestigatas, laboriosius compilavi. 

(2) Berganza cita á D. García, y Salazar á D. Rodrigo y á D. a Ildoni- 
cia ó Aldonza, que dice nació ciega. 

(3) Tomo I, pág. 66. — De esta Escritura hemos visto algunas copias 
que se sacaron directamente del Tumbo de Samos en el siglo pasado. 

(4) He aquí cómo extracta Flórez la referida Escritura, que era la VI 
del Turnio en la nota 1. a de la citada página: «Dice la citada Escritura que 
D. a Aldonza dejó después de sus días la villa de Sala al nepto (ó sobrino) 
Bermudo, quien se la dio á su mujer Gontrode, y ésta al sobrino Froylán, 
hijo de Alfonso, (que es el Rey Fruela II, hijc de Alfonso III), y Froylán 
se la dio al Rey Ramiro (que es el II), y éste á su hermana D. a Auria y al 
Conde Nepociano. Era, pues, Aldonza hija de Ramiro I, no del II, porque 

Tomo II.— 10. 



146 LIBEO SEGUNDO 



No se aleguen, pues, dificultades contra la verdad 
histórica de la jornada de Clavijo, porque á la luz de la 
sana crítica penosamente podrán prosperar. Dígase con 
franqueza que el admitir suceso tan prodigioso en el si- 
glo pasado no convenía á las miras interesadas y egoís- 
tas de muchos (lo cual en cierta manera es disculpable); 
y en el presente no lo toleran, ni consienten las corrien- 
tes escépticas y racionalistas dominantes. 



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después de este II no huvo Froylan hijo de Alfonso, sino solo después de 
Harairol.» 

La villa de Sala debe de ser una aldea de este nombre en la parroquia 
de San Pedro de Armea, cerca de Sarria, y no lejos de Samos. 



JÍSflfifó^^ 



CAPITULO VI 



Adulfo II. — Obtiene de Roma autorización para erigir en Ca- 
tedral la Iglesia de Santiago. — Es acusado de un crimen 
horrendo, y se justifica por medio de la prueba del Toro. 
— Renuncia la Sede y se retira á Asturias. 




Adaulfo I sucedió Adaulfo II (1 
semejante al primero, tanto en 
el nombre como en las virtudes 
y en la ejemplaridad de su vida, 
y que probablemente era el Abad 
Adulfo, que en tiempo de Rami- 
ro I gobernó el monasterio de Antealtares (2). 

Gravísimos sucesos no tardaron en turbar su pontifi- 



(1) Entre los dos Adaulfos puso Huerta (Anal, de Gal., t. II, libro IX, 
cap. 1), á un Obispo Pedro, del que no hay noticia alguna, y cuya existen- 
cia rechazan de consuno la Compostelana, el Iriense y D. Diego Gelmírez, 
en el Diploma otorgado á San Martín Pinario en el año 1115. El Obispo 
Pedro, á que se refiere el documento de Sobrado citado por Huerta, es San 
Pedro de Mezonzo. 

(2) Véase el Privilegio concedido por D. Alfonso VII en el año 1147 
á Antealtares entre los Apéndices de la Coronica de Yepes, tomo IV. 



148 LIBRO SEGUNDO 



cado; 3^ el primero, entre ellos, fué una nueva invasión 
de los normandos, que como un torrente devastador, ha- 
cia el año 858, se precipitó sobre la Europa meridional 
sin parar hasta Grecia (1). Galicia, como la primera in- 
vadida, fué la que sufrió el choque en toda su fuerza y 
violencia. Conocían los normandos, por los embajadores 
que habían venido á Compostela hacia el año 850 en 
compañía de Algazel (2), el gran concurso de peregri- 
nos de todas partes que casi de continuo había en esta 
ciudad, y las muchas y á veces valiosas ofrendas que se 
presentaban ante el Altar de Santiago. Esto avivó su 
codicia, y les hizo proponerse como uno de los principa- 
les objetivos de su expedición, el apoderarse ó al menos 
saquear el templo del Patrón de España." Cual huracán 
desencadenado entraron por la ría de Arosa, llevándolo 
todo á sangre y fuego (3). Iria no fué barrera bastante 
para contenerlos; ó más bien, si los detuvo, fué mientras 
duró la faena de arrebatar y apoderarse del botín (4). 
El Cabildo de Iria, y probablemente el mismo Adaulfo, 
que acaso se hallaría allí accidentalmente, si es que no 
había acudido á las primeras noticias de la invasión, 



(1) España Sagrada, tomo XIII, pág. 492. 

(2) Véase cap. III, pág. 70. 

(3) De esta invasión hace memoria el Cronicón Iriense (España Sagra- 
da, tomo XX, pág. 602), en los siguientes términos: «Eo tempore centum 
naves Normanorum in Gallaeciam venerunt, et post triennium ad propria 
sant reversae.» 

(4) «ínter caetera reperimus, se lee en el preámbulo del Diploma por el 
cual D. Diego Gelmírez restauró la Canónica Iriense. (Véase Monumentos 
antiguos de la Igelsia Cornpostelana, pág. 9), eosdem venerabiles praede- 
cessores nostros Irienses Pontifices periculum barbaricum, quod quam má- 
xime océanos fines Grallaeciae invaserat...» 



LOS TEES PBIMEBOS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 149 

» 

tuvieron que retirarse precipitadamente á Compostela, 
y encerrarse dentro de sus muros (1). 

Posesionados los normandos de Iria, amagaron á 
Compostela y la obligaron á entrar en negociaciones, y á 
pagarles un tributo para no verse asaltada y saquea- 
da (2). Mas no satisfechos con esto algunos de los jefes 
normandos, se concertaron entre sí para entrar en la 
Ciudad Santa, abrir el sepulcro del Apóstol y llevar sus 
Sagrados Huesos (3). Quizás ya se disponían á llevar á 
cabo sus propósitos, cuando en esto aparece el Conde 
gallego Pedro, que los pasó á todos á cuchillo (4). 

Mas Iria había quedado desolada, y expuesta de con- 
tinuo á nuevas y no menos terribles invasiones. Las cien 
naves que arribaron á las costas de Galicia, se destaca- 
ron sin duda de la gran armada normanda, que siguió 
su derrotero y en todas partes hasta Grecia dejó huellas 
sangrientas de su paso (5). Era de recelar que estas fe- 
roces incursiones se repitiesen, si no todos los años, con 
sobrada frecuencia, tanto más cuanto que no eran so- 
los los normandos á quienes había que temer, sino á 



(1) Fugiendo ad urbem Compostellanam, si fieri posset ab illorum do- 
minio mancipandum, usos salubri convaluisse consilio. (Monumentos antiguos 
de la Iglesia Compostelana, pág. 9). 

(2) Et quia Locum Apostolicum virtus ipsa barbárica jam sibi per vio- 
lentiam subjugatum. tributarium instituerat... (Monumentos, etc..., pág. 9). 

(3) Jam sane quidam de barbarorum principibus sibi condixerant, qua- 
tinus beati Jacobi sepulturam effringerent, et os3a sacratissima asportarent. 
(Monumentos, etc., pág. 9). 

(4) Ejus (Ordonii) tempore Lordomani iteruin venientes in Grallaeciae 
maritimis, a Pedro comité interfecti sunt. (Chronicon Albeldense; España Sa- 
grada, tomo XIII, pág. 454). 

(5) Véase el Cronicón de D. Alfonso III en la España Sagrada, 
tomo XIII, pág. 492. 



150 LIBEO SEGUNDO 



los árabes, que también comenzaron á infestar nuestras 
costas (1). Por lo tanto, la permanencia del Obispo y 
del Cabildo en Iria se hacía imposible. De esta difícil 
situación dieron cuenta al Rey D. Ordoño, el cual, con 
consejo de los Grandes de su Corte y de acuerdo con el 
Prelado, envió como legados al Papa, que entonces no 
podía ser otro que Nicolás I (858-867), á algunos de los 
arcedianos de la diócesis Iriense para que pusiesen en 
su conocimiento lo aflictivo de las circunstancias en que 
se hallaba la Iglesia de este título, arruinada ó destrui- 
da, y expuesta á las continuas incursiones de audaces y 
furibundos corsarios, y la conveniencia de que se trasla- 
dase todo el Clero catedral á la Iglesia de Santiago, en 
donde podría estar más seguro y tranquilo (2). 

Parece que el Papa puso alguna dificultad en que se 
abandonase definitivamente la Sede Iriense, y se esta- 
bleciese la Catedral episcopal en una iglesia fabricada 



(1) Según Conde (Historia de los Árales, tomo I, pág. 301), en el año 
867 Mohammed I envió sus naves para la guerra en las costas de Galicia. 
Encargó esta expedición al emir del mar Walid ben Abdelhamid, y salió 
la armada con buen viento y llegó con próspera navegación á las costas del 
Gut de España, y estando para desembarcar en aquellas costas de nahar 
Miño, sobrevino recia tempestad, y las naves se quebraron unas contra 
otras, y otras fueron á estrellarse contra los peñascos de unos islotes y en 
la costa brava, en donde pocos se salvaron, y de éstos fué el caudillo 
Abdelhamid. 

Por tierra también entraron los w alies de la frontera; pero al retirarse 
con el botín fueron destrozados por los cristianos. 

(2) Quod quidem legionensi Regi per fideles legatos iriensis Pontificis 
intimatum est. Unde idem Legionensis Princeps, collecto cum potentibus 
regni sui consilio per missarios et archidiáconos iriensis Pontificis apud 
Iíomanum Pontificem summis precibus impetravit, quatinus sedem iriensem 
ad composteUanam transmigrare jnssisset ecclesiam. (Monumentos, etc., 
pág. 9). 



LOS TRES PRIMEROS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 151 

pocos años antes, en la cual, si residían habitualmente 
los Prelados con parte del Clero catedral, no era por tí- 
tulo canónico de Sede, sino por tributar más esplendo- 
roso culto al Apóstol Santiago (1). Quizás el Papa Nico- 
lás I, que á la sazón se hallaba bastante preocupado con 
la cuestión del cisma de Focio, comenzó á vislumbrar 
los recelos, que después abrigaron sus sucesores, recelos 
que se patentizaron en el Concilio de Peims de 1059, en 
donde el Prelado compostelano fué excomulgado por 
usar el título de Obispo Ecclesiae Apostolícete. Lo cierto, es 
que, sólo en atención á los ruegos y á las vivas instan- 
cias de D. Ordoño, condescendió con que el Obispo Irien- 
se estableciese Cátedra pontifical en Compostela, pero 
con las siguientes condiciones: primera, que la Sede 
Iriense continuase siendo considerada como tal Sede, 
aunque secundaria; segunda, que se la dotase convenien- 
temente para sustento y decoro del Clero adscripto á su 
servicio (2). 

En virtud de lo ordenado por el Papa, se señalaron 
á la Sede Iriense todas las tercias del arcedianato de 
Saines, los diezmos y frutos de las parroquias de Padrón 
y Herbón, varias salinas y heredades, y cierto número 
de siervos ministeriales, como panaderos, cocineros, mo- 
zos de servicio, labradores, carpinteros, etc. (3). 



(1) Foedum sane Romano Pontifici visum fuerat, ut sic nova Sedes 
conderetur, ut illius principalis ac veteris memoria tolleretur. (Monumentos, 
etcétera..., pág. 9). 

(2) Ea videlicet semper ratione servata, ut memorata Iriensis eccle- 
sia, opibus et gazis refecta, consistens secundaria sedes Pontificis, habere- 
tur in honore et honéstate máxima, utpote ubi XXVIII o pontificum 
sanctissima sepulta corpora conquiescunt. (Monumentos, etc., pág. 9). 

(3) Unde ex mandato et praecepto jam dicti Romani Praesulis praefati 



152 LIBBO SEGUNDO 



De esto se deduce que hasta esta época, aun después 
de descubierto el Sagrado Cuerpo de Santiago, el cate- 
drático y las tercias, que eran la tercera parte de los 
frutos de cada parroquia, se llevaban á la Iglesia de 
Iria, única Cátedra reconocida en toda la Diócesis. Des- 
pués de esta época, dichos frutos se trajeron á Compos- 
tela, á excepción de los del arcedianato de Saines, que 
se reservaron para el Cabildo de la Catedral Iriense; y 
desde entonces la Iglesia compostelana gozó de la con- 
sideración de Sede primaria de la Diócesis, toda vez que 
el Papa definió cuál era su verdadero puesto jerárquico, 
que hasta aquella ocasión no se había canónicamente 
precisado. Es verdad que D. Alfonso II, con consejo ó 
autorización de los Prelados que lo habían acompañado 
en su primer viaje á Compostela, había unido al Lu- 
gar Santo con la Sede Iriense ( Iriensem Sedem ciim, 
eodem loco Sancto conjunximus) : mas aquí lo que hizo el 
Rey Casto fué dejar á la Iglesia Iriense en su antiguo 
estado de Sede única y exclusiva de la Diócesis, y poner 
á la nueva Iglesia del Apóstol bajo el régimen inmedia- 
to y personal de los Prelados de Iria, los cuales, por 
esta razón, con parte de su Cabildo, residían habitual- 
mente en el Lugar Santo, ó sea Compostela. 

El Rey D. Ordoño quiso por su parte autorizar todo 



irienses Episcopi in eadem Iriensi ecclesia ob redivivam tantae ecclesiae 
memoriam canonicatum constituentes, largos redditus et possessiones ad 
victum et tegumentum canonicis usquequaque sufficientes, gratissime con- 
tulerunt; id est, archidiaconatum saliniensem, ecclesiam Patronensem, eccle- 
siam ürbonensem, salinas, haereditates et nomines de servitio, id est, pisto- 
res, coquos, pincernas, colonos, carpentarios et alia multa quae rescire Ion- 
gum est. 



LOS TRES PRIMEROS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 153 

esto; y á tal fin en el año 862 envió á Compostela á su 
hijo primogénito D. Alfonso con el carácter de Rey de 
Galicia. Proponíase, sin duda, D. Ordoño, con tal medi- 
da, aumentar los recursos de defensa de Compostela, y 
tener allí un contingente de tropas pronto á acudir á 
donde quiera que amenazase el peligro de una nueva 
invasión de los piratas del Norte. Y en efecto, hasta me- 
diados del siglo siguiente no hay noticia de que se repi- 
tiesen en Galicia, al menos en tan terribles proporcio- 
nes, las correrías de los tan famosos y temidos wikingos. 

D. Alfonso, que á la sazón contaba catorce años de 
edad, debía de traer instrucciones de su padre acerca 
del gobierno de Galicia. Una de ellas versó sobre la con- 
vocación de una junta ó concilio en Compostela para 
ratificar, de un modo más público y solemne, la conce- 
sión de las seis millas hecha ocho años antes. Damos 
aquí traducido al castellano el interesante documento, 
en que se trata de este asunto: 

«En virtud de la ordenación de nuestro señor el 
Príncipe Ordoño, se reunió un concilio en el lugar san- 
tísimo del bienaventurado Apóstol Santiago, en donde 
está sepultado su Santo Cuerpo. En él hemos visto, exa- 
minado y releído la ordenación y la carta del mismo 
señor, gloriosísimo Príncipe Ordoño, por la cual conce- 
dió á este lugar las villas y los hombres habitantes en 
ellas en el radio de seis millas, la cual carta su hijo el 
Rey Alfonso confirmó por común consejo de todo el 
concilio. En la Era DCCCC (año de C. 862). Estuvieron 
presentes Gudesteo, Ervigio, Emiliano, Quiríaco y Bo- 
nelo abad. — Alfonso Rey confirmo» (1). 



(1) Véase Apéndice, núm. IV. 



154 LIBEO SEGUNDO 



Y después, á los veinte y dos días de fallecido su 
padre (f 27 de Mayo de 866), el 18 de Junio del referi- 
do año 866, volvió D. Alfonso á confirmar todo cuanto 
sus antecesores habían donado á la Iglesia del Apóstol, 
y en especial la Sede de Iria con la iglesia de Santa 
Eulalia y con toda la Diócesis, conforme él acababa de 
demarcarla en el Concilio, y según la habían tenido los 
Obispos predecesores Teodomiro y Adaulfo I. Encarga á 
Adaulfo II, que procure regirlo todo con vigilancia y fir- 
meza, extirpando los vicios y malas costumbres, y que 
haga oración por él con toda su congregación, como re- 
pite , al final del Diploma. Omnia vigiliter et firmiter regatis, 
et mala vitia extirpetis, et pro nobis orationem faciatis... cum 
omni congregatione vestra (1). Aquí se ve ya cómo la Iglesia 
de Santiago ocupaba el primer lugar en la Diócesis, aún 
respecto de la de Iria (2). 



(1) Véanse Apéndices, núm. V. 

(2) En este mismo año, á juzgar por lo que á primera vista resulta de 
un Diploma otorgado por D. Alfonso III á la Iglesia de Mondoñedo (es el 
del Apéndice IV del tomo XVIII de la España Sagrada), habría que decir 
que el referido Monarca hizo una desmembración de la Diócesis composte- 
lana; pues consigna al Obispo Mindoniense, Sabarico I, dioecesim Mam, quae 
vocatur Trasancos et Besancos et Prucios cum ómnibus terminis suis proce- 
dentibus usque ad aquam de Junqueras, lnsuper addimus Ubi illas ecclesias 
de Salagia (Seaya, cerca de Malpica en Bergantiños), per aquam de discessu 
usque ad montem qui vocatur Neni (Neme). Mas, aquí conviene distinguir, 
cerno ya hemos notado en el capítulo III, entre iglesias dioecesales é iglesias 
offertionales. Las primeras, eran las que en todo estaban sujetas al Ordina- 
rio de la Diócesis; las segundas, eran como propiedad particular de los 
Reyes ó de los Magnates en su caso. (Véase lo que acerca de estas iglesias 
particulares hemos dicho en los Fueros de Santiago y de su tierra, tomo I, 
páginas 29-30). Pues bien, lo que aquí consignó D. Alfonso fué, no las 
iglesias dioecesales ó diocesanas, sino las offertionales. Por eso declara en el 
Diploma que deja de contar como suyas propias á dichas iglesias, para que 



LOS TRES PRIMEROS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 155 

De este modo iba aumentando y afirmando su im- 
portancia la Iglesia de Santiago, que ya no era sólo un 
santuario visitado y concurrido de todas las partes del 
mundo y servido por numeroso y respetable Clero, sino 
que había adquirido en la escala jerárquica religiosa, el 
puesto más encumbrado, el de Cátedra episcopal. Mas 
al poco tiempo, tuvo que sufrir su Cabeza ó su Pastor 
una terrible prueba. Las eminentes virtudes de Adaul- 
fo II, y acaso su celo por la conservación de la disciplina 
eclesiástica, ofuscaban con sus destellos á muchos espíri- 
tus débiles (ó fuertes, según la carne), que no podían 
soportar el vivo resplandor de tanta luz. Urdieron, pues, 
una conspiración para sepultar en el cieno á quien de 
él pretendía levantarlos. Buscaron como cómplices é ins- 
trumentos á algunos de los servidores de la Iglesia com- 
postelana (1), y los instigaron para que acusasen ante el 
Rey al Obispo Adaulfo del torpísimo vicio de sodomía. 
El Rey, que según el encadenamiento de los sucesos, 



los Obispos de Mondoñedo las posean íntegramente. De nostro jure et domi- 
nio omnium Jiominum radimus, ui habeas tu et successores tui in integrum. 
Esto, de ningún modo podía decirlo D. Alfonso, si se tratara de iglesias 
diocesanas. 

Pusimos este Diploma, que parece de los renovados en el siglo XII, no 
en el año 867, como lo puso Flórez, sino en el 866; porque á 7 de Mayo 
de 867 ya era Obispo de Mondoñedo Kudesindo I, como consta de la Escri- 
tura de Almerezo; la cual además de señalar en la fecha la Era DCCCCV, 
año 867, acusa también el primer año completo del reinado de D. Alfonso 
en Asturias. (Véanse Apéndices, núm. VII). 

(1) Según el Cronicón Iriense (España Sagrada, tomo XX, pág. 602), 
fueron cuatro los criados que cometieron tal alevosía contra su señor. D. Pe- 
layo en su Cronicón (España Sagrada, tomo XIV, pág. 481), dice que fueron 
tres, y les llama Iadón, Cadóny Ensión, ó según otra lección, Zadón, Cadón 
y Auxilien. 



156 LIBEO SEGUNDO 



debía ser D. Alfonso III, dio oídos á la denuncia de los 
siervos, los cuales de tal modo supieron presentar el he- 
cho, que el crimen parecía fuera de duda. Sorprendióse 
D. Alfonso con lo extraordinario del caso, y quedó no 
poco maravillado, porque de una persona como Adaulfo 
pudieran decirse tales cosas; sin embargo, como no era 
procedente el castigo por sólo la acusación de los sier- 
vos, juzgó que el Obispo debía purgarse del delito ó demos- 
trar públicamente su inocencia, por medio de una de 
aquellas pruebas que estaban tan en uso en la Edad 
media, y que se conocían con el nombre de pruehas vul- 
gares, ó juicios de Dios. La prueba que propuso el mo- 
narca, sin duda por consejo de los maliciosos émulos del 
Prelado, fué el ser expuesto á la furia de un toro braví- 
simo azuzado por los ladridos de encarnizados perros. 
Aceptó Adaulfo; y el día convenido, después de celebrar 
con el fervor y devoción de que era capaz la Santa Mi- 
sa con el ceremonial prescripto para tales casos, y reves- 
tido como estaba de pontifical, salió á la plaza en que 
había de tener lugar el terrible drama. Grande era el 
concurso, afanoso de contemplar la escena; pues convir- 
tióse en festivo espectáculo, lo que no podía ser más que 
experiencia jurídica de la inocencia de un tan calificado 
acusado. Sale también enfurecido el toro; y la ansiedad 
por ver el desenlace del fatal encuentro, se refleja en el 
semblante de todos los espectadores. Y en efecto, el des- 
enlace resultó bien digno de ser contemplado! Así que 
el toro advirtió la presencia del Obispo, depuso su fiere- 
za y se le acercó manso y humilde hasta poner sus te- 
midas defensas, como en señal de reverencia, entre las 
manos del Prelado. 

Vencida estaba la prueba; Adaulfo quedaba declara- 



LOS TEES PBIMEEOS SIGLOS DE LA 1. COMPOSTELA1ÍA 157 

do inocente del crimen que se le achacaba; sus acusado- 
res convencidos de falsarios y perjuros; y sus émulos 
confundidos y avergonzados. No se aprovechó el venera- 
ble Prelado de su triunfo más que para despedirse del Mo- 
narca, renunciar la Sede, y hacer pública manifestación 
de que olvidaba la injuria que le habían hecho sus ca- 
lumniadores. Desde entonces dispúsose á satisfacer la 
constante aspiración de su vida, el entregarse de lleno 
á la contemplación de las verdades eternas (tanto ínter- 
nae visionis desiderio succensus extitit, dice la Compostélana) ; 
y se retiró á un lugar solitario en Asturias, su patria (1), 
en donde acabó santamente sus días, dejando á la pos- 
teridad documentos y enseñanzas admirables de piedad 
y de virtud (ubi exemplum sanctae conversationis aliis relin- 
quens in era DCCCCIV naturae debita per solvit (2J. La Com- 
postelana (3) refiere que á los pocos años su sucesor, y 
sobrino por parte de madre, Sisnando I, trajo sus vene- 
rables restos á Compostela, y les dio honrosísima sepul- 
tura. Gil González (4) coloca su sepultura en la villa de 
Grado, donde es tenido por santo; y Argaiz (5) añade 
que allí «muestran hoy su sepulcro, por cuya intercesión 
ha hecho Dios muchos milagros con el nombre de Santo 
Delpho.» Todo esto se compone con la relación de la 



(1) Según el Obispo de Oviedo, D. Pelayo, (España Sagrada, t. XIV, 
pág. 482), Adaulfo se retiró á la iglesia de Santa Eulalia en el valle de Pra- 
via en donde, según el mismo D. Pelayo, fué sepultado. 

(2) Compostelana. — (España Sagrada, tomo XX, pág. 10). 

(3) Is etiam praedecessoris ejusdem Adaulfi sanctam vitam recolens, 
summae ac fraternae dilectionis desiderio Asturienses partes intravit, 
eumque mortuum Compostellam asportavit, et cum summa reverentia se- 
pelivit. (España Sagrada, tomo XX, pág. 10). 

(4) Theatro ecles., tomo I, pág. 33. 

(5) La Soledad laureada, tomo III, pág. 341. 



158 LIBBO SEGUNDO 



Compostelana; pues, como nota Flórez (1), «puede verifi- 
carse que recurriendo los fieles al sepulcro donde estuvo, 
reciban de Dios algunos beneficios por la fe y devoción 
con que invocan el patrocinio del que fué sepultado en 
aquel sitio» (2). 

Añade la Compostelana, en el lugar citado, que la ca- 
sulla con que Adaulfo celebró Misa el día de la terrible 
prueba, se guardó como una reliquia; y de ella se decía, 
que el que la vistiese hallándose reo de perjurio, difícil- 
mente podía quitarla. 

Díjose, por último, que el toro había dejado sus astas 
en las manos del Prelado, y que después se colgaron, 
como recuerdo del memorable suceso, en el baldaquino 
del altar mayor. Lo de dejar el toro sus cuernos, parece 
indicarlo la Compostelana, y lo afirman el Cronicón Iriense 
y el Obispo D. Pelayo; mas de que después se hubiesen 
suspendido en el altar mayor, no hay noticia segura, 
porque lo que se tuvo por asta, no era sino una bocina 
de caza donada por aJguno de los Reyes del si- 
glo XIII ó XIV. 

Por su parte D. Alfonso, no satisfecho con echarse á 
los pies del Prelado para pedirle perdón, castigó severa- 
mente á todos los que aparecieron complicados en la 
infame calumnia, reduciéndolos al estado de servidum- 



(1) España Sagrada, tomo XIX, pág. 79. 

(2) Es asimismo de recelar que el Obispo D. Pelayo, Gil González y 
Argaiz, hayan confundido la sepultura de Adulfo de Santiago con la de 
otro Obispo Adulfo que hacia la misma época fué sepultado en San Juan 
Bautista de Neva. cerca de Aviles. ("Véase el Apéndice, núm. III, del to- 
mo XXXVIII de la España Sagrada). — La sepultura del primero debió estar 
más al Oriente de Asturias; pues por allí residía su sobrino, cuando se le 
encargó el gobierno de la Diócesis compostelana. 



LOS TBES PRIMEEOS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 159 

i ■ ' ' ' — ■ ■— 

bre y obligándolos, á ellos y á sus descendientes, á des- 
empeñar el oficio de cocineros, panaderos, barrenderos, 
y demás servicios necesarios en beneficio de la Iglesia y 
del Clero catedral (1). 

El P. Flórez, después de referir minuciosamente el 
suceso del toro (2); después de corregir al Obispo D. Pe- 
layo, que disloca geográfica y cronológicamente el suce- 
so, pues lo dá como acaecido en Oviedo y en tiempo de 
Bermudo II (3); después de corregir á D. Lucas de Tuy 
y al Arzobispo D. Rodrigo, que siguieron en esta parte 
al Ovetense, menos en lo de hacer á Adaulfo Obispo de 
la capital de Asturias; después de sentar (página 77, 
núm. 6), que entre la narración de D. Pelayo y los que 
le siguieron y la de la Compostelana y del Iriense, debe 
darse la preferencia á la de los últimos, «pues debiera 
presumirse en ellos mejor informe por hablar de cosas 
de su Iglesia;» desde la página 80 trata de quitar todo 
crédito á cuanto antes había referido. Dice que, en 
efecto, el testimonio de la Compostelana y del Iriense, de- 
biera prevalecer; pero para desvirtuarlo, supone gra- 



(1) España Sagrada, tomo XX, páginas 9 y 11. — La Compostelana, 
atribuye al sucesor de Adaulfo la imposición de este castigo; más natural 
parece que fuese el mismo D. Alfonso quien lo impusiese, pues así lo exigía 
la justicia y su propia dignidad. Por lo demás, la Compostelana afirma que 
Sisnando procedió en esto con autorización del Rey, auctoritate Regís. 

(2) España Sagrada, tomo XIX, pág. 75 y siguientes. 

(3) D. Pelayo refirió el hecho tal cual lo había recogido de la tradición 
vulgar, la cual, como de costumbre, lo tenía revestido de muchas circuns- 
tancias y detalles, que lo hacían más dramático y de mayor sensación, como 
la de que el toro, desarmado y todo, embistió y mató á muchos de los espec- 
tadores, y después se retiró á sus bosques, la de que Adulfo excomulgó ó 
maldijo al Rey, y á los que lo habían calumniado, etc.... Tal es la elocuencia 
del vulgo. 



160 libro segundo 



tintamente, que tanto la Cornpostelana, como el Iriense, 
tratan sólo de un bárbaro castigo, impuesto inconside- 
radamente sin previo juicio por la precipitación de un 
Rey, que no supo contener su cólera, y que ambos afir- 
man, que este Rey no fué otro que Ordoño I. La Corn- 
postelana no nombra Rey alguno; sólo habla del Rey que 
entonces, presidía en España (Begis qui tune temporis His- 
paniae praeeratj. No se ve aquí razón por la que se le 
antojase al P. Flórez, que aquí se trataba de Ordoño I. 

Es cierto que el Cronicón Iriense, va tejiendo simul- 
táneamente la cronología de los Reyes y de los Obispos 
compostelanos; pero de esto no se deduce que todos los 
hechos referentes á un Prelado hubiesen acaecido bajo 
el reinado del Monarca nombrado como contemporáneo; 
porque para esto había que suponer que Rey y Prelado 
habían entrado á gobernar en un mismo día y fallecido 
igualmente á un mismo tiempo. Por lo tanto, porque el 
Iriense diga que Adaulfo comenzó su pontificado en 
tiempo de Ordoño 1, no ha de inferirse que lo terminó 
en tiempo del mismo Monarca. 

El empeño del P. Flórez en hacer ver que la Corn- 
postelana y el Iriense habían atribuido á Ordoño I el su- 
ceso del toro, tenía por causa el creer que de este modo 
le era fácil demostrar la falsedad del aserto de dichos 
cronistas, enteramente incompatible con lo que todos 
nos dicen de dicho Monarca, á quien todos nos lo pre- 
sentan como discreto á maravilla, y de condición suma- 
mente dulce y apacible. Mas en estas cuestiones bueno 
es tener presente el carácter personal de los individuos, 
pero mejor es estudiar el carácter peculiar de cada 
época, la cual en tales casos no siempre solía tolerar 
tales dulzuras y mansedumbres. Entre l&s personas que 



LOS TRES PRIMEROS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 161 

autorizaban, ó presenciaban las antiguas pruebas vulgares, 
como la calclaria, la de las ascuas, la del desafío, y otras 
no menos bárbaras y terribles, no dejaría de haberlas 
bien benignas y piadosas, que sin embargo, no hallasen 
incompatible con su carácter el contemplar semejantes 
escenas. 

Pero tranquilícese el P. Flórez; el Rey de que aquí 
se trata no es D. Ordofio I, sino su hijo D. Alfonso III, 
el cual á los veinte años, que contaría entonces, no po- 
día tener reunido tal caudal de discreción y prudencia, 
cual se requería para la resolución de los negocios gra- 
ves y extraordinarios. 

Poco propicias eran, por otra parte, las circunstan- 
cias para que D. Alfonso pudiese conservar la calma y 
serenidad de espíritu necesarias en el manejo de las 
cosas públicas. En el mismo momento de subir al trono 
se le interpuso y se adelantó el Conde gallego Fruela y 
le obligó á refugiarse en Castilla (1). D. Fruela en Ga- 
licia tenía mucho arraigo, y contaba con numerosos 
parciales, y no contento con lo suyo se apropió también 
lo ajeno. Tal aconteció á la iglesia, ó á los bienes de la 
iglesia de San Pedro de Carcacía, que por real conce- 
sión pertenecía á la Sede de Iria. Vencido y muerto don 
Fruela. las cosas volvieron á su antiguo estado, y la igle- 
sia de Carcacía volvió á sus antiguos dueños en virtud 
de reclamación, que el Obispo Adaulfo II presentó á Don 
Alfonso III, á principios del año 867 (2). Ahora, si los 



(1) Ab apostata Froilane, Galliciae comité, per tyrannidem regno pri- 
vatur; ipseque Rex Castellam se contulit. (Chron. Alleldense en el to- 
mo XIII de la España Sagrada, pág. 454; 2. a edición). 

(2) Véanse los Apéndices, núm. VI. 

Tomo II.— 11. 



162 LIBBO SEGUNDO 



partidarios de D. Fruela en Galicia (entre los cuales no 
debía contarse el Obispo de Iria) maquinaron para 
usurpar la corona al primogénito de D. Ordoño I, no es 
difícil que maquinaran también para vengarse á la vez 
de Adaulfo y de Alfonso III. De todos modos, si este 
Monarca en esta ocasión procedió con ligereza, bien 
caro lo pagó en los últimos años de su vida. 

Por lo demás, el suceso en cuestión no tuvo el ca- 
rácter de pena, sino de prueba, purgación. Bien clara- 
mente lo dice el Iriense que afirma, que Adaulfo se 
purgó, expiavit se tauro feroce, en el lenguaje recibido 
para tales casos. 

Según la Compostelana (1), Adaulfo II falleció en la 
Era DCCCCIV, año 866; pero, como ya advirtió Fló- 
rez (2), dicha Era debió salir defectuosa, con una X ó un 
diez menos, de modo que el año verdadero del falleci- 
miento de Adaulfo resultase ser el 876 ú 877. 

Parece que D. Alfonso III quedó tan vivamente im- 
presionado del prodigioso desenlace de la prueba del 
toro, que mientras vivió Adaulfo, á pesar de su irrevo- 
cable renuncia, no se atrevió á designarle sucesor, y 
sólo nombró administrador de la Diócesis en su lugar á 
su sobrino, el presbítero Sisnando, cuyas altas prendas, 
aún sin esto, bien lo hacían acreedor á esta y á otras 
mayores distinciones. En el año 869, á 15 de Abril, ya 
Sisnando estaba nombrado administrador de la Diócesis 
de Santiago, pues como á tal en dicha fecha concedió 
D. Alfonso la iglesia de Santa María de Teneiana (Tene- 
jana) en el territorio de Oviedo. 



(1) España Sagrada, tomo XX, pág. 10. 

(2) España Sagrada, tomo XIX, pág. 86. 



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CAPITULO Vil 



Es nombrado Administrador de la Diócesis tríense el Pres- 
bítero Sisnando de Liébana. — Donaciones hechas por Don 
Alfonso III á la Iglesia de Santiago. — Memorias de algunos 
de los Obispos refugiados en ¡a Diócesis de Iría. 




onocido á maravilla tenía D. Alfonso III 
á Sisnando, y desde luego comprendió 
que era el hombre que necesitaba para 
suceder á Adaulfo II. Sisnando, á lo que 
parece, se había educado y formado en 
el monasterio de San Martín ó Santo 
Toribio de Liébana, de donde había 
salido para restaurar el de San Cristóbal de Cremanes, 
que estaba abandonado (1). Los hábitos de retiro y con- 



(1) De este Sisnando, guiado Argaiz por el falso Auberto y otros auto- 
res de la misma calaña (La soledad laureada, t. III, pág. 349), hizo dos Pre- 
lados de Santiago, Sisnando I y Sisnando II, y entre ellos puso á un Pedro, 
que según su cronología, resulta el Sexto del mismo nombre, el cual existió 
sólo en la imaginación de los corruptores de nuestras fuentes históricas. 

Al Sisnando, que Argaiz, llamado Segundo (y es el que nos ocupa), lo 
supuso Abad de Altares; pero á nuestro juicio sin fundamento. Cita, no obs- 



164 LIBEO SEGUNDO 



templación, que había contraído en el monasterio, en 
aquel monasterio en que habían florecido Santo Toribio 
y San Beato, le hacían mirar con repugnancia el desem- 
peño de todo cargo público (1); así es que sólo obligado 
por Alfonso III, pudo decidirse á aceptar la administra- 
ción de la Diócesis de Santiago. Esto, sin embargo, no 
entorpecía, ni ataba su actividad. Siendo monje de Lié- 
bana, restauró el monasterio de San Cristóbal, y reedi- 
ficó las iglesias de Santa Eulalia de Alesce (Alejes), la de 
San Martín de Verdiagio (Verdejo), y la de San Martín 
de Alione, como lo refiere el mismo Monarca en Privile- 
gio fechado en 14 de Febrero de 974 (2). 

Deseaba D. Alfonso restaurar la iglesia y monaste- 
rio de Santa María de Teneiana (Tenejana, no Tenciana, 
como imprimió Flórez), en el territorio de Oviedo, la 
cual iglesia había sido del Rey D. Pelayo, y después ha- 
bía quedado incluida en el Real Patrimonio. No halló 
persona más á propósito para el caso que al Presbítero 
Sisnando, que estaba ya nombrado administrador de la 
Diócesis iriense y compostelana. Encárgale que no sólo 
reedifique la iglesia, sino que recobre todas sus posesio- 
nes, que por incuria de los monjes, habían ido á parar 



tante, una donación, que parece auténtica, que le hizo Suero Suárez de una 
heredad en término de Furcas y Paradas; la cual donación comienza así: 
In Dei nomine. Ego Suarius Suariz vobis Sisnandum Patri in Domino Deo 
aeternam salutem. Sanum habens consilium, qualem placuit mihi, animo bono 
et pacis volúntate, ut faceremus sibi iam dicto Patri Sisnando ista scriptura, 
etc.... IV Kls. Decembris Era DCCCCIII. Esta era debe estar errada y 
quizás deba leerse DCCCCLII, año 914. 

(1) Adeo in labore sanctae praedicationis desuda vit, quod despectis 
rerum saecularium negotiis supernae contemplationi toto mentis affectu 
inhiavit. (España Sagrada, tomo XX, pág. 10). 

(2) Véanse Apéndices, núm. XI. 



LOS TRES PRIMEROS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 165 

á manos extrañas. Dióle D. Alfonso esta comisión, que 
llevaba consigo la donación de la iglesia de Santa Ma- 
ría en favor de la Sede de Santiago, el 15 de Abril 
de 869 (1). 

Tales fueron algunas de las obras en que se había 
ensayado Sisnando antes de ser promovido á la Cátedra 
de Compostela; así es que cuando llegó este día, pudo 
muy bien decir de él Gelmírez (2): «En cuarto lugar 
después de ellos es elegido, contra su voluntad, en la 
Sede del Apóstol Santiago, Sisnando, varón religioso, 
lleno de sabiduría, ilustre por su elocuencia y de suma 
dignidad. > Post quos Sisnandus quartus a primo, vir religio- 
sas, scientia plenus, eloquio clarus, dignitate sumrnus, annuente 
Domino, in Apostoli Jacob i Sede invitus eligitur sácenlos. 

Difícil es precisar el tiempo que duró la administra- 
ción de Sisnando, y el año en que fué consagrado Obis- 
po de Iria y Compostela. Argaiz (3) da á entender que 
mientras vivió Adaulfo, no recibió la dignidad pontifi- 
cal; y como, según hemos indicado, su antecesor no fa- 
lleció hasta el año 876 ú 877 (4), sólo después de esta 



(1) Esp. Sag. t. XIX, Apénd., pág. 337. 

(2) Yepes, Coránica general de San Benito, tomo IV, Escritura XII. 

(3) La Soledad laureada, tomo III, pág. 350. 

(4) El P. Flórez (España Sagrada, tomo XIX, pág. 87), partiendo del 
supuesto de que Adaulfo no renunció la Sede, afirma, no sabemos con que 
fundamento, que falleció mucho antes, por más que en la página anterior 
había confesado que la fecha, que la Compostelana había señalado á su fa- 
llecimiento, estaba defectuosa. El autor de la España Sagrada no quiere 
reconocer más motivo, ni pretexto para el nombramiento de Administrador 
en favor de Sisnando, que la mera voluntad, ó pudiéramos decir capricho, 
de Alfonso III.— En dos Privilegios otorgados por D. Alfonso á la Iglesia 
de Mondoñedo, el uno á 10 de Febrero y el otro en Febrero ó Abril de 877, 
(España Sagrada, t. XVIII, pág. 308 y pág. 67) suscribe un Obispo Ataul- 



166 LIBRO SEGUNDO 



fecha entró como Pontífice á gobernar la Diócesis. En 
efecto, en el año 879, según resulta de una sentencia, 
que expuso Flórez (1), ya estaba consagrado Obispo. La 
sentencia dada á 7 de Diciembre de 885, versó sobre la 
devolución de la iglesia de San Adrián de Sionda, aneja 
del monasterio de San Martín de Lióbana, que el Obispo 
Sisnando había dado en préstamo, seis años antes, áLilito 
y á Lilio. Descontados seis años de los 885, quedan 879; 
y por lo tanto, parece que ya en esta fecha Sisnando era 
Obispo. Lo que sí, se sabe, es que en su elección se guar- 
daron las formas canónicas; porque, aunque D. Ordo- 
ño III, en un Diploma del año 952, dice que lo eligió 
D. Alfonso III, tal elección sólo debe entenderse como 
mera propuesta ó designación, toda vez que el mismo 
D. Alfonso III, en un Privilegio del año 885, hablando 
de Sisnando, afirma que había sido elegido y consagra- 
do en Concilio: Qui nostro temporeper conclium electus et 
ordinatas est. En 30 de Junio de 880 aún debía hallarse 
recién consagrado, á juzgar por el Privilegio que con 
dicha fecha le otorgó D. Alfonso III, en el cual le dice, 
que según lo que se había deliberado en el Concilio (en 
el Concilio acaso en que fué elegido y consagrado Obis- 
po), le concede y confirma ]a Sede iriense con toda su 
Diócesis y la casa ó templo del Apóstol Santiago con 
todo su territorio, para que en virtud de esta ordena- 
ción, pueda él regir, vigilar, enseñar y corregir sin obs- 



fo, que quizás sea el nuestro. En otro documento de la misma Iglesia min- 
doniense, que extracta Risco (España Sagrada, t. XL, pág. 123), firma 
también un Obispo de Iria, cuyo nombre no da el continuador del P. Flórez. 
(1) España Sagrada, tomo XIX, pág. 89.— Véanse los Apéndices del 
mismo tomo, pág. 338. 



LOS TBES PBIMEEOS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELAN'A 167 

táculo de ninguna clase, y darle aviso de quien intenta- 
re perturbarle en tales tareas. Ruégale que no se olvide 
de hacer frecuente oración por él con los Sacerdotes de 
la Iglesia de Santiago. Anuncíale, por último, que comi- 
sionó al Diácono Julián, que estaba presente, para que 
le haga formal entrega de todo (1). 

Después que D. Alfonso se afianzó en el trono, su 
primer pensamiento fué extender los confines de su rei- 
no por las comarcas meridionales de Galicia y las limí- 
trofes de Portugal. Ya personalmente, ya por medio de 
sus capitanes, alargó la conquista hasta la ciudad de Mé- 
rida. En pos del conquistador caminaba el poblador y el 
restaurador; pues la voluntad de D. Alfonso era poblar 
toda la extrema ó frontera desde Tuy hasta la ciudad de 
Eminio, cerca del Mondego, en Portugal. Ut de Tudens e 
urbe usqiie Mineo ciuitatem, omnls ipsa extrema a xpisti plebe 
popularetur, sicuti Deo iubente completum est (2). Turbas de 
pobladores, agmína populorum, como dice el Rey Magno 
en la Escritura citada, se posesionaron de esta extrema 
región, y quién sentó sus reales al lado de una iglesia 
destruida, quién entre los escombros de una antigua 
granja, quién en medio de las ruinas de una ciudad de- 
vastada y demolida. 

En esta obra patriótica y tan beneficiosa para el 
Estado, no tomó pequeña parte el Obispo de Iria y 
Compostela. Entre los nuevos pobladores, se señalaron 



(1) Véanse los Apéndices, núm. XII. 

(2) Escritura otorgada por D. Alfonso III en favor de la Iglesia de 
Santiago en 17 de Agosto de 883. Esta Mineo civitas no puede ser otra que 
Eminio, ciudad cerca del Mondego, nombrada por Plinio, Tolomeo y An- 
tonino. — Véanse Apéndices, núm. XV. 



168 



LIBRO SEGUNDO 



un presbítero, llamado Cristóbal, y cierto Romarico 
apellidado Cerva. El primero se posesionó del monasterio 




Fotografía de J. Limia. Fotograbado de Laporta. 

Miniatura del Tumbo A, fol. 2, que representa á D. Alfonso III. 

de San Salvador de Montelios cerca de Braga, que 
había sido fundado por San Fructuoso, pero que á la 



LOS TBES PBIMfcfcOS SIGIOS t)É LA I. CO^POSTELAttA 16§ 

sazón estaba desierto y abandonado; y después de dis- 
frutarlo por varios años, hizo donación de él y de todas 
sus pertenencias á la Iglesia de Santiago. Romarico 
pobló varias villas ó lugares del otro lado del Miño, 
frente á Tuy. Donó una de ellas, la de Nogaria (No- 
gueira), á la Sede de Santiago, y en ella Sisnando 
edificó una gran iglesia dedicada á San Cristóbal. Ubi 
iam uos (SisnandusJ amplum templwn sel. Xplstofori constru- 
xistis. Probablemente, tanto Cristóbal, como Romarico, 
habrían sido dio3esanos ó acaso familiares de Sisnando. 
Todo esto fué confirmado por D. Alfonso en el Diploma 
de 17 de Agosto de 883. 

Así fué señalando D. Alfonso cada paso que daba en 
el camino de la reconquista, con una nueva donación á 
la Iglesia de Santiago, ya en los países recién recobra- 
dos, ya en los que él había heredado de sus mayores. 
Mas esto no es de admirar en quien, como D. Alfonso, 
siguiendo las huellas de los grandes Príncipes cristia- 
nos, había enarbolado la Cruz como símbolo de su fe y 
prenda segura de victoria. Desde el gran Constantino, 
habían experimentado la singular eficacia de este signo 
divino; y D. Alfonso el Magno no se sustrajo, por cierto, 
al influjo de esta salvadora persuasión. En el año 874, 
ofreció á Santiago una preciosísima alhaja, una cruz de 
oro, semejante á la de Gala Placidia, que se conserva 
en Brescia, y á las de los Angeles y de la Victoria de 
Oviedo; en la cual se hallaba repetido el lema inscripto 
en el lábaro del primer Emperador cristiano: Hoc signo 
vincitur inimicus (lj. 



(1) La inscripción completa dice así: f OB HONOHEM S(AN)C(T)I 
IACOBI AP(OSTO)LI OFFERUNT FAMULI ADEFONSUS PRIN- 



170 LIBUO SEGUNDO 



Consiste la riquísima presea en una tenue hoja de 
oro batido que cubre y envuelve por todas partes una 
alma de madera, en forma de Cruz, de brazos casi iguales 
realzada en el anverso con adornos sobrepuestos como 
chatones y piedras grabadas (1), y un menudo trabajo 
de filigrana y gusanillo figurando trenzados y otras sen- 
cillas combinaciones de trazos rectilíneos y curvilíneos, 
y algunos filetes granulosos, y en el reverso, con la ins- 
cripción que hemos copiado y algún trabajo de levantado 
ó repujado, si es que no fueron hechos por el procedi- 
miento de la estampación, que parece lo más probable. 

En el cruce de las dos traviesas había dos medallo- 
nes circulares también de oro. El del anverso, que según 
Castellá, estaba adornado de doce chatones, ha desapa- 
recido acaso al tiempo en que en el siglo XVÍI se puso 
en su sitio una Cruz también de oro de que hablaremos 
en el capítulo XI, cubierta con una chapa de plata 



QEP3 ET SCEMENA REGINA. ROO OPUS PERFECTUM EST 
IN ERA DCCCC DUODÉCIMA. HOC SIGNO VINCITUR INIMICUS, 
HOC SIGNO TUETUR PIVS. 

( l ) Los chatones eran 39; pero sólo quedaron 20. Piedras grabadas hay 
dos: en una se lee RE 1 1 (Rex); en la otra: ADFOHS 

DOMHO 
REII. 

Las piedras son, en su mayoría, corneninas, alguna turquesa, melanitas 
ó piedras negras, y vidrios incolores sobre fondo colorido, que quiere seme- 
jar rubí ó amatista. 

Entre todas, las piedras que en un principio adornaban la Cruz, eran, 
por lo menos, setenta y nueve. 

Las dimensiones de la Cruz, son 4G centímetros de alto por 44 y medio 
de ancho y dos de grueso. Los brazos de la Cruz, en los extremos, tienen 
seis centímetros de ancho, y al cruzarse en el centro, tres y medio. 



LOS TEES PRIMEBOS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 171 

dorada, de pésimo gusto, sobre la cual S3 aplicó un Cru- 
cifijo también de plata (1). 




Fotcgmfia de J. Limia. Fotograbado de Laporta. 

Anverso de la Cruz de oro donada por D. Alfonso III á la Iglesia de Santiago. 

En el centro del medallón del reverso se ve un cu- 



jí) Recientemente se quitó la chapa de plata y la cruz de oro que es- 



172 



LtBRO SEGUNDO 



riosísimo esmalte cloissonné ó de campo cercado, que re- 




fotografía de J. Liniia. Fotograbado de La porta. 

Reverso de la Cruz de oro donada por D. Alfonso III i la Iglesia de Santiago, 



presenta dos blancas palomas con manchas rojas picando 

taba debajo; y en su lugar se puso una rtruz de cristal con un pequeño 
trocito del Lignum crucis. 



LOS TBES PEIMEBOS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 173 

una fruta azulada sobre fondo verde. Hállase inscripto 
el esmalte en un marco cuadrado formado de dos filas; 
la interior de dieciseis perlas, la exterior de bullones de 
oro, separadas por un filete de filigrana. En el campo 
del medallón sobre el cual estuvieron engastados ocho 
chatones, se ven también trabajos de filigrana rodeados 
de un círculo de bulloncicos. En el extremo de cada bra- 
zo había también un medallón ovalado con una gran pie- 
dra engarzada. Estas desaparecieron. Castellá aún al- 
canzó á ver dos, que tenían grabadas, según él, una, 
una figura varonil con una palma en la mano, y la otra 
una inscripción arábiga. 

En los brazos de la cruz se conservan aún dos pe- 
queñas asas de oro, de las cuales pendían, sin duda, las 
letras griegas alfa y omega. 

En el citado año de 883, á 25 de Septiembre, donó 
D. Alfonso á su Patrón Santiago, su aldea ó villar de 
Cerrito cerca del monasterio de Vaorres, con la condi- 
ción de que se construyese allí una iglesia bajo la advo- 
cación del Apóstol (1). Fácilmente se adivina el mo- 
tivo, que impulsó á D. Alfonso á hacer esta donación. 
En aquella fecha ó pocos días antes, acababa de ser re- 
chazado ante los muros de León un poderoso ejército 
musulmán á las órdenes de Almondzir, hijo del Emir de 
Córdoba Mohamed I. 

En los primeros años de su reinado, se había apode- 
rado D. Alfonso de la ciudad de Coimbra, y posterior- 
mente se posesionó de otros muchos lugares en aquella 
comarca. También de los frutos de tan importante con- 
quista quiso el magnánimo Monarca hacer participante 



(1) Véanse Apéndices, núin. XVI. 



174 LIBBO SEGUNDO 



á la Iglesia de Santiago; y en el año 895 (1), el día 30 de 
Diciembre, fiesta del Patrón de España, donó á su Igle- 
sia varias de estas villas y lugares, que como él dice, 
puso el Señor en sus manos por la intercesión del Após- 
tol. Villas in suburbio conimbr Ícense, quas naper Dominus d e 
manu Gentilium abstulit, et sancta vestra intercessione ditioni 
nostrae subdidit. Las villas donadas, fueron una á orillas 
del rio Viaster con la iglesia de San Martín; la villa de 
Crescemiro, á orillas del Cartoma, con la iglesia de San Lo- 
renzo, y la tercera parte de la villa de Travazolo, entre 
el Ágata (Águeda), y el Vauga (Vouga) (2). 

El Albeldense (3), dice que D. Alfonso repobló á Coim- 
bra con gallegos. Conimbriam ab inimicis possessam erema- 
vit, et Gallaecis postea populavit. Entre estos gallegos, debe 
contarse el abad Itila, que edificó ó reedificó varias igle- 
sias en aquella comarca, y después, como refiere D. Al- 
fonso en su Privilegio, donó á la Sede de Santiago. 

El 25 de Julio de 893, ya había hecho donación don 
Alfonso al templo del Apóstol, de la iglesia de Santa 
María, en la villa de Arenosium (Arnoso), cerca del río 
Tena (Tea), con todas las casas y edificios, huertas y vi- 
ñas comprendidas dentro de los 84 pasos alrededor que 



(1) Quizás en este año fué cuando obligó á los árabes á levantar el 
cerco que habían puesto á la ciudad de Coimbra (Chron. de Sampiro; Espa- 
ña Sagrada, tomo XIV, pág. 454). — Véanse Apéndices, núm. XXII. — Esta 
Escritura trae en el Tumbo fol. 4 v.°, Era DCGCCXXXVII, de aquel año 
de C. 899. Mas si se tiene en cuenta que entonces probablemente el año se 
empezaba á contar desde el 25 de Diciembre, resulta el año 898, que es el 
que pusimos en el Apéndice. Castellá y la copia que se envió á Elórez traen 
la Era DCGGCXXXIII, año 895. Es fácil que esta variante estuviere to- 
mada del original, existente entonces; y en tal supuesto debe ser preferida. 

(2) Véanse los Apéndices núm. XXIV. 

(3) España Sagrada, tomo XIII, pág. 455, 



LOS TRES PBIMEEOS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELAtíA 175 

le correspondían, como diextros. Esta iglesia también 
era propiedad de D. Alfonso (1). 

El lumbo A, al folio 5 v. to , trae una carta de D. Al- 
fonso III dirigida á Lucido y á Aldroito, en que les hace 
saber que había ordenado de palabra á Gutino, que en- 
tregase á la Iglesia de Santiago y al Obispo Sisnando 
las villas de César, San Julián y Pazo ó Palacio en el 
territorio de Sarria, según ya las había dado al templo 
apostólico D. Alfonso el Casto. Añade, que ]por su parte, 
donaba también los derechos señoriales ó commissum so- 
bre dichas villas, según lo había tenido Julián Diligato. 
Les encarga, que no causen en esto ninguna perturba- 
ción, porque al fin no podrán salir con su intento, como 
pueden ver por los ejemplos acaecidos en dicho lugar. 
Multo s habetis quos in exemplum de ipso loco habeatis (2). 

Como si las gloriosas campañas que el Rey Magno 
sostuvo contra los moros, no hubieran sido bastantes 
para demostrar su valor, otras durísimas pruebas, pro- 
vocadas por enemigos interiores y aún, lo que es más, 
domésticos, le esperaban para que mejor resaltase todo 
el vigor y energía de su carácter. 

Hacia el año 885 estalló en su reino una vastísima y 
tremenda conspiración, que se proponía despojarle del 
trono y de la vida, y en la cual, al parecer, se hallaban 
complicados sus propios hermanos. D. Alfonso no se de- 
jó sorprender; desbarató con mano fuerte los planes de 
los conjurados; castigó con todo rigor su temeridad y 
alevosía sin perdonar á sus propios deudos; y á unos 
confiscó sus bienes, á otros impuso fuertes penas corpo- 



(1) Véanse los Apéndices, núm. XXI. 

(2) Véanse Apéndices, núm. XIII. 



176 LIBRO SEGUNDO 



rales, y á todos hizo sentir cuánta era la vigilancia de 
su espíritu y el vigor de su brazo. Mas D. Alfonso, que 
en todas sus empresas siempre elevaba su corazón hacia 
el Dador de todo bien, reconocía sin dificultad á quien 
debía atribuir sus éxitos y triunfos. De las tierras con- 
fiscadas a Hanno, uno de los conspiradores, donó á San- 
tiago la iglesia de San Román de Gerontiana, en el su- 
burbio de León; y cerca de Sublancio, una tierra de trein- 
ta modios de sembradura (1). 

En Galicia también tuvo la conjura extensas ramifi- 
caciones, y el principal cabeza fué Hermenegildo, hijo 
acaso del vencedor de los normandos, el conde Pedro (2); 
el cual, con su esposa Iberia, fué, por su soberbia y osa- 
día, uno de los que más se señalaron entre los rebeldes 
y conjurados. D. Alfonso le confiscó sus bienes, y de ellos 
donó á la Iglesia de Santiago, en Escritura fechada el 24 
de Junio de 886, los viveros y salinas que tenía en el 
condado de Saines, desde Plataneto hasta la Lanzada (3). 

En el año 895, á 25 de Noviembre, hizo D. Alfonso 
donación á la Iglesia del Apóstol de las villas de Parata 
(Parada) y Limitóse (Lindoso), á orillas del Valcarce y 
del Burbia, en el Bierzo, con sus iglesias y posesiones, y 
del próximo lugar de Decemiani (Trabadelo?); las cuales 
heredades el Rey había confiscado á los hijos de Sarra- 
ceno y Sindina, que también se habían rebelado contra 
él y contra la patria (4). Añade, además, la villa de 



(1) Véanse los Apéndices, núm. XVII. 

(2) D. Alfonso le llama hijo de Pedro; Hermegildus filius Petri. 

(3) Véanse los Apéndices, núm. XIX. 

(4) Engentes se in superbiam contra nos et patriam regni nostri, quos 
per vestram (Bti. Jacobi) intercessionem virtus divina humüiavit.*— (Véan- 
se los Apéndices^ núm, XXII). 



LOS TRES PRIMEROS SIGLOS DE Lk I. COMPOSTELAtf A 177 

Montemasedo , y el bosque llamado Bustoynaiore á la falda 
del monte Capeloso (ad rad'cem montis Cajtpelloso) en el 
mismo territorio. 

No era sólo el Monarca el que se reconocía deudor al 
Santo Apóstol de sus victorias y de las muchas gracias 
y favores que recibía, al verse libre de tantos enemigos 
como por todas partes le asediaban; muchas personas 
particulares acudían también á ofrecer su óbolo ante el 
Altar de su gran Protector. Entre ellas únicamente que- 
dó memoria de Dagaredo y Tintasindo (Tructesindo?); 
los cuales, en el año 894, hicieron una copiosa donación 
á Sisnando y á la Congregación de Santiago: Sisenando 
ejnscopo et congregationi sancti Jacóbi (1). 

Entre tanto Sisnando proseguía infatigable en el 
ejercicio de su sagrado ministerio, y de un modo espe- 
cial, en el de la predicación de la divina palabra. Esto 
no le estorbaba para que fuera de su Diócesis toma- 
se parte en aquellas fiestas religiosas, a cuyo mayor es- 
plendor podía contribuir con su presencia. Así, en el 
año 891, con Nausto de Coimbra y Ranulfo de Astorga, 
consagró la iglesia de San Adrián de Tuñón en Astu- 
rias (2), y en 893 asistió con otros seis Obispos a la consa- 
gración de la iglesia de Valdedios, también en Asturias, 
como se ve por la inscripción que publicó, entre otros, 
Flórez, en el tomo XVI de la España Sagrada. Con Naus- 
to de Coimbra y Recaredo de Lugo consagró igualmente 
la iglesia de San Salvador, dentro del castillo de Gau- 
zón, que el Rey D. Alfonso había mandado edificar para 



(1) Yepes, Coránica general de San Benito, tomo IV, pág. 287. 

(2) España Sagrada, tomo XXXVII, pág. 21S. 
Tomo II.— 12. 



178 LIBBO SEGUNDO 



defensa de la ciudad de Oviedo contra las incursiones 
de los Normandos (1). 

Acordándose de las virtudes de su buen tío Adaul- 
fo II, y como filial obsequio prestado á su santa memo- 
ria, trajo de Asturias su cadáver, y le dio honrosa sepul- 
tura, probablemente al lado de las de Teodomiro y 
Ataúlfo I (2). 

Continuó prestando generoso asilo á los Obispos, que 
se veían obligados á vivir fuera de sus Sedes, sitas en 
países dominados por los sarracenos, ó continuamente 
expuestos á sus correrías y rapacidad. Entre estos Obis- 
pos, debemos mencionar á Nausto de Coimbra, cuyo 
noiíibre en los antiguos monumentos aparece casi siem- 
pre al lado del de Sisnando, como que vivió por espacio 
de 45 años, con raras intermitencias, retirado en nues- 
tra Diócesis, probablemente en la parroquia de San An- 
drés de Trobe, á orillas del Ulla, y á unas tres leguas al 
Sud de Santiago. En la iglesia parroquial se ve aún hoy 
la losa, que cubría su sepulcro con esta interesante ins- 
cripción, en que se hace el elogio de las virtudes del 
venerable Prelado: 



(1) España Sagrada, tomo XXXVII, pág. 215. 

(2) Esjmña Sagrada, tomo XX, pág. 10. 



LOS TEES PEIMEBOS SIGLOS DE LA 1. COMPOSTELANA 179 

HIO QUIETUS RECUBAT FELICIS SORTE 

NAUSTI AEPISCOPI SACERDOS, QUEM LETUS 

CELIS MENTE INTULIT ALMA FIDES. 

DEGENS CULMINE PONTIFICALI CONIMBRIENSE 

SEDIS PER ANNIS XXXXV. 

QUIESCENS IN HOC TÚMULO DIE XI (1) KA- 

LENDAS DECEMBRIS ERA DCCCCL. 

Sit vestra cuntorum pro illo oracio pia, 

Sic vobis det dominus sine fine premia digna. 

Es de suponer que asistiesen á los funerales de su 
entierro en Trobe, sus sobrinos Hermogio, que al poco 
tiempo fué Obispo de Tuy, y los padres del santo niño 
Pelayo, mártir en Córdoba, que á la sazón contaría cin- 
co ó seis años (2). 

El P. Argaiz (3), refiriéndose á una Escritura del 
monasterio de San Martín de Jubia, cerca del Ferrol, 
habla de un Argemiro, que en tiempo de Ramiro I se 
retiró á dicho monasterio, que estaba en el valle de Tra- 
sancos, in valle Trasancos. Fué Obispo, aunque el P. Ar- 
gaiz no dice de dónde; pero como hacia este tiempo 
hubo en Lamego un Prelado de este nombre, y como 
por otra parte consta por un Diploma de D. Ordo- 
ño II (4), que los Obispos de Lamego fueron de los que 
hallaron hospitalidad en la Diócesis de Iria ó Santiago y 



(1) Flórez, en la copia que publicó en el tom. XIV de la Esp. Sag. al 
tratar de la Iglesia de Coimbra, puso erradamente X en lugar de XI. 

(2) En los confines de esta parroquia de Trobe con la de Teo, en el 
lugar de Mallos, hubo una iglesia dedicada á San Pelayo, que á principios 
del siglo XIV aún era parroquial. Es probable que esta iglesia date de los 
tiempos próximos al martirio de San Pelayo. 

(3) La Soledad laureada, tomo III, págs. 103 y 475. 

(4) España Sagrada, tomo XIX, pág. 350. -Véanse Apéndices, nú- 
mero XXXVII. 



180 LIBBO SEGUNDO 



cabalmente en el territorio de Trasancos, brota espon- 
tánea la conjetura de que el Obispo Argemiro, que vivió 
retirado en Jubia, era el de Lamego. 

Por allí cerca, en la comarca de Nendos y Faro, como 
resulta del Privilegio citado de D. Ordoño II, tenía su 
residencia el Obispo de Tuy, Diego. Más al Sur, en Ber- 
gantiños y en la parroquia de San Tirso de Cospindo 
vivió otro Obispo, Rudesindo I, de Mondoñedo, no preci- 
samente como refugiado, sino como dueño y señor de 
extensas heredades. En el año 867, á 7 de Mayo, recién 
electo, hizo una copiosa donación al monasterio de San 
Vicente de Almórezo (hoy da Grana anejo de Cospindo), 
en el cual había sido monje. ¡Cuan dulce es la memoria 
de este Prelado al contemplarlo en su obscuro monaste- 
rio, interrumpiendo sólo el canto de las alabanzas divinas 
para escribir Códices en compañía de sus hermanos (1), 
ó para ocuparse en dotar á su iglesia de los vasos y ves- 
tiduras sagradas competentes (2), ó afanarse, en fin, en 



(1) Dejó para el Monasterio las siguientes obras que había escrito 
con sus hermanos; San Próspero, las Epístolas de San Pablo, los Morales 
de San Gregorio y sus Homilías sobre Ezequiel, dos Pasionarios y un An- 
tifonario. Dejó además comenzados, pero con propósito de terminarlos, el 
Libro de Job, quizás el atribuido á Beda, los comentarios de éste sobre el 
Eptatico, ó sean los siete primeros libros del Antiguo Testamento y sobre 
el Libro de los Reyes, un libro Glossematarum, ó sea explicación de las 
palabras de obscura significación, un Libro Ordinum, otro de Preces, 
un Manual in duas formas dwisum y un Gerovtio, ó una colección de Vidas 
de los antiguos Padres. El libro Ordinum en España, según el documento 
que publicó Flórez (Esp. Sag., t. III, Apénd. pág. 391), contenía el formu- 
lario para la administración del bautismo y para el Oficio de sepultura. 

(2) Donó una cruz de plata, dos coronas de plata, un par de vasos 
ministeriales, un incensario de plata, dos de cobre, y ropas de seda, de lana 
y de lino. 



LOS TEES PRIMEROS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 181 



proveer á los monjes de todo lo necesario para su sub- 
sistencia! (1). 

En el Tumbo de Sobrado, t. I, núm. LXXV, hay no- 
ticia de otro Obispo, Froarengo de Oporto?, que también 
residía en nuestra Diócesis, y que como juez, dictó sen- 
tencia contra Letasia, convicta y confesa de varios deli- 
tos de que era acusada. Había cometido adulterio con el 
siervo Ataúlfo, que guardaba un busto ó dehesa de Her- 
menegildo y la vacada que en ella se criaba. Se les pro- 
bó que entre los dos habían comido cuatro vacas y 
sesenta quesos. Et comedimus de ipsis suis animalibus quatuor 
uaccas sexaginta cáseos furtíni. Conducida Letasia ante 
Froarengo, éste la condenó á pagar doblados las vacas 
y los quesos. Et adduxerunt me ante iudicem nomine Froa- 
rengum episcopum. Et ipse iudicauit, ut paríarem ipsas uaccas 
et ipsos cáseos in duplum. Conformóse Letasia, y en pago 
dio á Hermegildo una heredad que tenía en la aldea en 
donde había habitado su padre Cristóbal. In uilla ubi pa- 
ter meus xpistoualus habitauit... in territorio tamarense. Ejecu- 
tóse la sentencia en 25 de Agosto de 858? 

9 

En los índices del Archivo de San Martín Pinario se 
hace mención de un Obispo, D. Ñuño, cuya Sede no se 
expresa, pero que vivió por estos tiempos en nuestra 
Diócesis, y por lo que parece, en el monasterio de San 



(1) Al enumerar los bienes que dejaba al Monasterio, cita los hórreos, 
las bodegas, la cocina, las cubas, las herramientas, los vasos de vidrio, de 
bronce y de madera, las yeguas, las vacas, las ovejas, los bueyes, los cer- 
dos, etc.. Respecto de I03 siervos y siervas declara, que como ya les había 
dado la libertad por otra Escritura, quiere que sirvan al Monasterio como 
libertos, facultándolos para que dejen el servicio de quien los maltrate, y 
se pongan al de quien los trate con buenos modos, qut eos modaverit. 
(Véase la Escritura íntegra, en los Apéndices núm. Vil). 



182 LIBRO SEGUNDO 



Pedro de Soandres, en la comarca de Nendos. El nom- 
bre de este Obispo apárese entre los notabilísimos per- 
gaminos del Archivo episcopal de Lugo, lib. VIII, con 
motivo de una sentencia que dio en el año 922, estando 
en Soandres con el conde Froilán Menéndez, sobre la 
propiedad de la villa de Rausendi. El advenimus inde in 
concilio, se dice en el documento, lile in Suandres in presen- 
tía Nunnu D¿i gratia ep'scopus et Fro'la Menendiz comes.,. 
Auctorgaverunt eos Froila Menend'z commes et Nunnus Dei 
gratia episcopus et elegerunt in ipso concilio... Sic et iurarunt 
lúe in Seo. Felice de Boigoi (San Félix de Bijoy) et per 
manus saioni Gudesteo. 

De aquí es dado inferir, con cuánta solemnidad y 
aparato se celebrarían algunas fiestas en el templo apos- 
tólico, á las cuales podían dar realce con su presencia 
tres ó cuatro Prelados, que de ordinario residían en la 
Diócesis. Sisnando procuraba, por su parte, que el perso- 
nal de la iglesia fuese escogido y numeroso; así es que 
en el acta de fundación del monasterio de Arcos de Fur- 
cos, cerca de Cuntís, año 898, subscribe con ventiocho 
miembros del Clero Catedral, cum communi conlatwne 
sancti iacóbi (1). 

Sin embargo de todo esto, Sisnando no estaba satis- 
fecho; echaba de menos un templo capaz, un templo 
construido con la solidez y magnificencia propia de una 
gran basílica; y esta fué la constante preocupación de 
su largo pontificado. 



(1) Véanse Apéndices, mira. XXlíí, 






iijiiiijiMinmnmiiiHi^ 



CAPITULO VIII 



Reedificación del Templo de Santiago.— Su solemne consa- 
gración en el año 899. 




L Rey D. Alfonso, en este punto, se halla- 
ba del todo identificado con las ideas y 
propósitos de Sisnando (1). La continua 
agitación en que casi siempre vivió Don 
Alfonso, batallando sin tregua ni descanso, ora con los 
enemigos de dentro, ora con los de fuera, le impidió por 
mucho tiempo poner manos á la obra (2); pero entre 
tanto fué reuniendo materiales á propósito, aprovechan- 
do los que quedaban de antiguos edificios arruinados ó 
abandonados. Entre ellos, utilizó los que se hallaban en 
un antiguo palacio que habían poseído los Reyes, proba- 
blemente antes de la irrupción de los árabes, en una 



(1) Cujus (Sisnandi) instinctu —dice en el Diploma que ponemos en el 
número XXV de los Apéndices — studuimus aulam tumuli tui instaurare et 
ampliare... Ego Adefonsus princeps cum praedicto antistite statuimus aedi- 
ficare domum Domini, et restaurare templum ad tumulum sepulchri Apostoli. 

(2) Tempore multo omissimus fabricare templum. (Escritura citada). 



184 LIBRO SEGUNDO 



ciudad que, dicen, se llamaba Eabeca, cuya verdadera 
situación, ó cuya equivalente, no puede señalarse á pun- 
to fijo (1). Estos materiales fueron transportados por 
tierra por siervos del Real Patrimonio, por entre las tur- 
bas de los moros que procuraban estorbar el paso (2). 
Por mar hizo asimismo conducir D. Alfonso desde Opor- 
to otras muchas piezas, como sillares, bases, columnas, 
capiteles de mármol, etc.. 

Reunidos todos estos materiales, Sisnando dio co- 
mienzo á la obra, que se fué prosiguiendo con la activi- 
dad que permitían las circunstancias. Ignórase quién 
haya sido el arquitecto que dirigió los trabajos; porque 
obra de tal importancia no podía confiarse á cualquiera 
vulgar maestro; acaso fuese el mismo que tuvo á su car- 
go las notables construcciones que se llevaron á cabo 
bajo D. Alfonso III en Oviedo y en sus alrededores (3). 

Respetóse la forma y distribución del antiguo tem- 
plo, dándose al nuevo mayores proporciones en largo y 
en ancho, de modo que la primitiva iglesia de San Sal- 



(1) Nos quidem inspiratione divina adlati cum subditis ac familia 
nostra adduximus in sanctum locum ex Hispania inter agmina Maurorum. 
(Escritura citada). 

(2) Unos dicen que Eabeca es Auca (Oca) en tierra de Burgos, otros 
que es Beteca, Silla episcopal sucesora de Aquae Flaviae (Chaves) al Norte 
de Portugal. Es más verosímil que la ciudad de Eabeca, ó como quiera que 
se llamase, estuviese más al Mediodía y más próxima al litoral; porque Don 
Alfonso nos advierte que los mármoles con que había sido edificado el pala- 
cio, fueran traídos por mar... petras marmóreas, quas avi nostri ratibus per 
pontum transvexerunt, et ex eis pulchras domos aedificaverunt, quae ab inimi- 
cis manebant destructae. Eabeca quizás fuese Coimbra ó Viseo. 

(3) Ab hoc Principe omnia templa Domini restaurantur et civitas in 
O veto cum regÜ3 aulis aedificatur. (Chronicon Albeldense, España Sagrada, 
tomo XIII, pág. 45G). 






LOS TBES PRIMEBOS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 185 

vador y aún el baptisterio, quedaron incluidos dentro del 
nuevo trazado, si bien el baptisterio se reconstruyó, 
como entonces aún se acostumbraba, separadamente del 
cuerpo del edificio principal. 

En nada se tocó á la capilla ú oratorio que contenía 
los sepulcros de Santiago y sus dos discípulos San Teo- 
doro y San Atanasio; el cual oratorio vino á quedar 
como en el centro de la iglesia, y estaba aún formado 
por los restos que quedaran del primitivo mausoleo del 
Apóstol. 

La iglesia, á lo que hoy puede conjeturarse con bas- 
tante probabilidad, venía á tener tres naves. En el ábsi- 
de ó cabecera de la central estaba el altar de San Sal- 
vador, que vino á sustituir á la iglesia del mismo título, 
construida en tiempo del Rey Casto. Más al centro de 
la Basílica estaba el altar de Santiago. En el ábside de 
la nave lateral de la derecha estaba el altar de San 
Pedro; y en el de la otra nave, el altar de San Juan 
Apóstol. 

La portada principal, ó sea la de Occidente, se cons- 
truyó con los mármoles labrados que habían venido de 
Eabeca (1); se aprovechó el dintel de la puerta antigua, 
por estar maravillosamente esculpido (2). 

En la puerta lateral del Norte, que era la que más 
se usaba, fué en donde más se esmeraron los directores 
de la fábrica. Allí también era el sitio donde se adminis- 



(1) Ostium principale occidentalis partís ex ipsis marmoribus est appo- 
situm. (Escritura citada). 

(2) Supercilia vero liminaris sedis invenimus, sicut antiqua sessio fue- 
rat miro opere sculpta. 



186 



LIBBO SEGUNDO 




Planta de la iglesia edificada por D. Alfonso III (1). 



(1) A. Altar de Santiago.— B. Altar y ábside de San Juan Apóstol.— C. Altar y ábside de San Pe- 



LOS TRES PRIMEROS SIGLOS DE LA T. COMPOSTELANA 187 

traba justicia (1). Hallábase presedida la puerta por un 
pórtico sostenido, por lo menos, por dieciocho columnas 
de mármol de las que vinieron de Oporto (2); y sobre el 
pórtico había una especie de balcón ó galería. 

En el interior, efecto del desnivel del terreno, el 
pavimento de las naves estaba algún tanto más bajo 
que el de los ábsides, á cada uno de los cuales se subía 
por su correspondiente escalera. A la entrada del ábside 
principal, había un gran arco, el arco triunfal, que des- 
cansaba sobre dos sólidas pilastras de un metro de ancho 
cuyos cimientos se han descubierto en las excavaciones 
practicadas en el año 1878 (3). 

Cerca de la puerta lateral del Norte, se construyó el 
nuevo baptisterio, dedicado como todos á San Juan 
Bautista, no de manipostería, sino con hiladas regulares 
y simétricas de sillares (4). Su planta sería poligonal, y 
en el centro se elevaría la pila bautismal, que probable- 



(1) Ostiumde sinistro... columnas sex cum basibus totidem posuimus, 
ubi abbobuta (abbuta?, cúspide, remate) tribunalis est constructa. 

(2) Vel alias columnas sculptas, supra quas porticus imminet de oppi- 
do portucalense ratibus deportatas adduximus quadras et calcem, unde sunt 
aedificatae columnae decem et octo, cum alus columnelis marmoreis simili 
modo navigio (artificio?) 

(3) En el asiento de la base de estas pilastras hemos notado una parti- 
cularidad digna de ateución. En vez de estar asentada de plano sobre los 
cimientos, lo estaba tan sólo en los cuatro ángulos, de modo que quedaba en 
hueco en gran parte del asiento. 

(4) Oraculum baptistae et martyris Joannis, quem simili modo funda- 
vimus, et de puris lapidibus construximus. 

dro.— D. Altar y ábside de San Salvador. — E. Baptisterio.—/". Puerta occidental precedida 
de un protyro ó vestíbulo cubierto.— O. Puerta septentrional. — H. Puerta meridional. 

Los trazos negros indican la obra antigua; las rayadas la obra posterior del siglo XI. 
Nótese la ligera desviación que bay entre los ejes de las dos iglesias. 



188 LIBBO SEGUNDO 



mente es la que actualmente sirve de depósito de agua 
bendita (1). 

Desde que se comenzaron á ejecutar las obras, estu- 
vo preocupado D. Alfonso con la gran solemnidad de la 
consagración de la nueva iglesia. Ansiaba por otra par- 
te, hacer que Oviedo fuese lo que Toledo había sido en 
tiempo de los Godos. Para la mejor realización de sus 
designios, envió al Papa Juan VIII á los dos Presbíte- 
ros, Severo y Sidérico, con cartas en que le participaba 
las victorias que había obtenido de los moros, como esta- 
ba poblando á Braga y á otras muchas ciudades, como 
se había apoderado de Coimbra, de Coria, de Idaña, y lle- 
gado hasta cerca de Mérida. Le manifestaba sus deseos 
de que se congregase como un Concilio nacional en la 
Sede regia de Oviedo, y que se la declarase la principal 
Metrópoli, ó sea la primada de su reino (2). Le hizo 



(1) Véase el grabado de la pág. 32. 

(2) Ya D. Alfonso II había solicitado de San León III, la declaración 
de Metrópoli en favor de la Sede Ovetense (véase Risco, España Sagrada, 
tomo XXXVII, Disertación sobre el Concilio I de Oviedo, pág. 173 y si- 
guientes); pero la pretensión del Rey Casto se limitaba á la declaración de 
simple Metrópoli. D. Alfonso III quería más; quería que Oviedo fuese con- 
siderada como Sede regia y con las mismas prerrogativas, que como tal 
Sede regia, había tenido Toledo en otro tiempo. Al mencionar el Albeldense 
(España Sagrada, tomo XIII, pág. 437), los Obispos que había en su tiem- 
po, nombra en primer lugar á Hermenegildo de Oviedo; Regiamque Sedem 
Hermenegildus tenet; é inmediatamente después á los dos Metropolitanos de 
Braga y de Lugo. 

Cuando D. Ordoño II estableció la Corte en León, caducaron los privi- 
legios y prerrogativas de la Sede Ovetense; quedó sin efecto lo dispuesto 
en sus Concilios; cuyas Actas para el caso vinieron á ser letra muerta. Cuan- 
do dos siglos después, á fines del siglo XI ó á principios del XII, algún 
copista inexperto, ó poco cuidadoso, quiso trasladar las Actas, vio que se 
referían á un Concilio celebrado en tiempo de un Rey D. Alfonso, en que se 



ÍiOS TRES PRIMEROS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 189 

también saber su propósito de consagrar con toda so- 
lemnidad la Iglesia de Santiago. Concluye, como solía 
hacer D. Alfonso cuando se dirigía á las personas reli- 
giosas, encomendándose á sus oraciones. 

Con dos cartas contestó el Sumo Pontífice á las de 
D. Alfonso, y las remitió por su mensajero Rainaldo, que 
vino con Severo y Sidérico. La una iba dirigida á sólo 
D. Alfonso; la otra al Rey, á los Obispos, á los Abades 
y á todo el pueblo ortodoxo. En la primera se congratu- 
la el Papa con D. Alfonso por sus triunfos, y le autoriza 
para que pueda hacer consagrar la Iglesia de Santiago, 
y celebrar el Concilio que deseaba (1). En la otra, exhor- 



había acordado erigir en Metrópoli á la Sede Ovetense. Juzgó que en reali- 
dad sólo se trataba de un Concilio; confundió y mezcló las del uno con las 
del otro; é hizo tal embrollo y tal madeja, que muchos escritores para salir 
pronto del paso, creyeron que lo mejor era negar la existencia de uno y otro 
Concilio. Pero la verdad en estas materias no siempre se encuentra siguien- 
do vías francas y expeditas, sino después de recorrer senderos muy in- 
trincados y difíciles. Véase la Disertación citada del P. Risco, la cual á 
pesar de las diatribas del Sr. de La Fuente, por ahora espera cumplida 
refutación. 

(1) Le dice además, que también él se ve frecuentemente acosado por 
los paganos, á quienes tiene que combatir de día y de noche. Lo mismo 
escribió Juan VIH en Noviembre de 876 á Carlos el Calvo, y en 882 á 
Carlos el Craso. El Chronicon Salernitanum publicado por Muratori en el 
tomo II, parte II, col. 264 de Berum Italicarum Scriptores, dice, refi- 
riéndose al año 876 ó 877; Tune Salernum, Neapolis, Gajeta et Amalfia 
pacem habentes, cum Agareni navalibus incursibus Bomam gravi angustiabant 
depopulatione... Eu alguno de los años que mediaron entre el 876 y el 882, 
fué cuando D. Alfonso III debió dirigirse á Juan VIII, pidiéndole la auto- 
rización que solicitaba. — En esta ocasión debió tener lugar la ida á Roma 
del Conde Gisuado, enviado por D. Alfonso III. Habla de esta embajada 
Sandoval, citado por Yepes (Coronica general de la Orden de San Benito, 
tomo IV, fol. 355 vuelto), al tratar del monasterio de San Adrián de Boñar. 
Al volver, trajo el Conde por donación del Papa, los Cuerpos, ó Reliquias 



190 LIBEO SEGUNDO 



ta al Rey, al Clero y al pueblo á que perseveren cons- 
tantes en la adhesión á la Cátedra de Pedro, y á todos en- 
carga que se muestren subditos de la Iglesia ovetense (1). 
He aquí el texto de la carta en que el Papa autori- 
zaba á D. Alfonso para hacer consagrar la Iglesia de 
Santiago (2): • 

Joannes episcopus servus servorum Dei dilecto filio Adefonso 
Regi Gallaeciarum. Litteras devotionis vestrae suscipientes, quia 
devotum vos esse cognovimus erga nostram Sanctam Ecclesiam, 
gratias vobis multíplices referimus, Dominum exorantes, ut vigor 
Regni vestri abundet, de inimicis vestris victoriam vobis concedat. 
Nam Nos, fili charissime, sicut petistis, sedulas preces Domino fun- 
dimus, ut Regnum vestrum gubernet, vos salvos faciat, custo- 
diat et protegat, et super omnes inimicos vestros erigat. 

Ecclesiam autem Beati Jacobi Apostoli ab Hispanis Episcopis 
consecrare facite et' cum eis Concilium celébrate. 

Et Nos quidem, glorióse Rex, sicuti vos, a Paganis jam con- 
stringimur, et die ac nocte cum illis bella committimus; sed Omni- 
potens Deus donat nobis de illis triumphum. Hujus rei gratia, ro- 
gamus dilectionem vestram et animum deprecamur, ut quia, ut 
diximus, valde a Paganis opprimimur, aliquantos útiles et óptimos 
Mauriscos cum armis, quos Hispani caballos alfaraces (3) vocant, ad 
Nos dirigere non omittatis, qualiter Nos recipientes, J)ominum 
collaudemus, vobis gratias referamus, et per eorum portitorem de 
benedictionibus Sci. Petri vos remuneremus. Bene vale, dilectissi- 
me fili et charissime Rex. 



insignes, de los Santos Adriano y Natalia, en cuyo honor construyó el mo- 
nasterio de Boñar. Por el mismo tiempo se construyó también el de San 
Adrián de Tuñón en Asturias. El Conde Gisuado iría quizás acompañando 
á los dos Presbíteros Severo y Sidérico ó Sinderico; si es que no fué después 
para cumplimentar al Papa, y llevarle ciertos caballos que pedía. 

(1) Véase esta otra Carta en el tomo XIV de la España Sagrada, 
página 455. 

(2) España Sagrada, tomo XIV, pág. 455. 

(3) Ligeros, veloces. 



LOS TRES PRIMEROS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELÁNA 191 

En Julio de 896 ya estaban terminadas las obras de 
la Iglesia de Santiago (1); ya nada, pues, impedía, ni en 
lo material, ni en lo formal, que cuanto antes se llevase 
á cabo la consagración. No así las cosas de D. Alfonso; 
quien, habiéndose propuesto dar al acto todo el realce 
posible, y hacer con este motivo como un alarde de 
ostentación y magnificencia, veíase á la sazón envuelto 
en tal red de tenebrosas conjuras, que no le permitieron 
otra cosa, que atender á desbaratar las mallas en que 
se pretendía cogerlo. Vencidas las sublevaciones de Her- 
menegildo, Hanno, Witiza y otros magnates, otras no 
menos temibles hubo de combatir, las de sus propios her- 
manos Fruela, Bermudo, Ñuño y Oduario, alguno de los 
cuales, por testimonio de Sampiro, con la ayuda de los 
árabes y berberiscos, sostuvo por espacio de siete años 
en Astorga el estandarte de la rebelión. 

Al fin, en el año 899, comenzaron á lucir días más 
serenos y tranquilos, y D. Alfonso quedó en libertad 
para la realización de sus proyectos. Convocó ó citó para 
Compostela, para principios de Mayo de dicho año 899, 
á todos los Prelados y Magnates de su reino, y en el 
momento oportuno se puso él en camino acompañado de 
la Reina D. a Jimena, de sus hijos D. García, D. Ordoño, 
D. Fruela, D. Ramiro y D. Gonzalo (y al parecer, de sus 
hermanos Ñuño y Oduario, que acaso se habrían recon- 
ciliado con él), y de los principales funcionarios de la 
Corte. Al mismo tiempo, afluían de todas partes á Corn- 



il) Castellá (Historia del Apóstol Santiago, fol 4G3), dice que las obras 
duraron 33 años; pero el pasaje de la Escritura á que Castellá se refiere, 
sólo afirma que la consagración se verificó en el año XXXIII del reinado 
de D. Alfonso. 



192 LIBEO SEGUNDO 



postela turbas de devotos y peregrinos ávidos de con- 
templar aquella fiesta, que á juzgar por la fama y por 
los trabajos que con tanta antelación se habían hecho, 
en la memoria de los nacidos no había tenido otra se- 
mejante (1). 

El día 6 de Mayo, quinta Dominica después de Pas- 
cua, era el señalado para la gran festividad. Concurrie- 
ron diecisiete Prelados: Juan de Oca, Vicente de León, 
Gómelo de Astorga, Hermenegildo de Oviedo, Dulcidio 
de Salamanca, Nausto de Coimbra, Argemiro de Lame- 
go, Teodomiro de Viseo, Guiñado de Oporto, Jacobo de 
Coria, Argemiro de Braga, Diego de Tuy, Egila de 
Orense, Sisnando de Iria, Recaredo de Lugo, Rudesindo 
de Mondoñedo y Britonia y Eleca de Zaragoza, y los 
Condes Alvaro de Luna, Bermudo de León, Sarracino 
de Astorga y Bierzo, Bermudo de Torres, Betote de 
Deza, Hermenegildo de Tuy y Oporto, su hijo Arias de 
Eminio, Pelayo de Brigancio, Oduario de Castela y 
Orense, Silo de Pruzos, Ero de Lugo, Gonzalo, Osorio y 
Lucidio (2). 

Celebróse la consagración con la solemnidad que es 



(1) cVoeatis de diversis sedibus Pontificibus et universo Hispaniae et 
Gallaeciae populo,» se lee en el Privilegio otorgado por Grelmírez á San 
Martín en el año 1115. 

(2) El nombre de casi todos estos Condes aparece citado en los antiguos 
documentos. Llamaremos la atención sobre algunos de ellos; porque esto 
ha de importarnos para mejor seguir el hilo de nuestra narración. 

El Conde de Deza, Betote, fué padre de D. Gonzalo, fundador de los 
monasterios de Camanzo y Carboeiro, y de D. Tello. 

El Conde de Tuy y Oporto, Hermenegildo, fué abuelo de San Rosende. 

Oduario, Conde de Castela y Auria, fué poblador de gran parte de la 
provincia de Orense y de la de Trasosmontes en Portugal. 

Los Condes Sarracino de Astorga y Bierzo y Bermudo de Torres, debie- 



tOS TRES PRIMEROS SIGLOS DE LA I. COMI»OSTELANA 193 

de suponer. Los altares estaban convenientemente dis- 
puestos; las mesas descansaban sobre macizos revocados 
con blanquísimo estuco? y cal, y en ellos estaban abier- 
tos los sepulcros revestidos con láminas de oro y perfu- 
mados con incienso y otras substancias aromáticas. 
Altaría sancta ninquide et calce cons&pta, quae urnas áureas 
habent, Sepulchra balsamum et incensum redolent fragraniia. 

Las Reliquias, al ser introducidas en los sepulcros, 
fueron depositadas previamente en cajas de cedro, cu- 
yas estrechas juntas fueron tapadas con pasta formada 
de cera y polvo de mármol, sobre la cual pasta se im- 
primieron los sellos de los Consagrantes. Los sepulcros 
se cerraron con pequeñas losas cuadradas de mármol 
y yeso. . 

En el altar del Salvador se colocaron diecisiete Reli- 
quias (1); de sepulchro Domini, de vestlmento Domini quando 
crucifixus est, ítem de túnica Salvatoris, de térra ubi Dominus 
stetit, de ligno sanctae Grucis, de pane Domini, de lacte sanctae 
Mariae, de Santiago Apóstol, de Santo Tomás Apóstol, 
de San Martín Obispo, de San Vicente Levita, de San 
Cristóbal, de San Baudilio, de San Julián y Santa Basi- 
lisa, de Santa Leocadia Confessor, de las Cenizas y San- 
gre de Santa Eulalia de Mérida y de Santa Marina. En 
el altar de San Pedro se depositaron Reliquias de San 
Pedro y San Pablo Apóstoles, del Sepulcro del Señor, 
de San Andrés Apóstol, dé San Fructuoso Obispo, de 



ron de ser hijos del célebre Conde D. Gutón, poblador del Bierzo. 

El Conde Osorio fué abuelo del Conde Santo, fundador del monasterio de 
Lorenzana. 

(1) Muchas de estas Reliquias debieron de ser de las que Santo Tori- 
bio trajo de Jerusalén, y depositó en su monasterio de Liébana, de cuyas 
cercanías era, al parecer, natural el Obispo Sisnando. 
Tomo II.— 13. 



194 LIBRO SEGUNDO 



Santa Lucía, de Santa Rufina y de Santa Leocricia. En 
el altar de San Juan Apóstol se pusieron Reliquias del 
Santo titular, del Sepulcro del Señor, de San Bartolomé 
Apóstol, de San Lorenzo Diácono, de San Baudilio y de 
Santa Leocadia Confessor. En el altar del Baptisterio se 
colocaron Reliquias de San Juan Bautista, del Sepulcro 
del Señor, de la Sangre del Señor, de Santa María Vir- 
gen Madre del Señor, de San Julián y Santa Basilisa, 
de Santa Leocricia Mártir y de Santa Eulalia de Mérida. 

El altar, que estaba sobre el Sepulcro de Santiago, 
se conservó tal cual se hallaba, cuando fué descubierto 
en tiempo de Teodomiro; así es que no osaron tocarlo, 
ni modificarlo en nada. Super corpore quoque benivoli Apo- 

stoli patet altar ium sacrum, in quo patet antiqua es marty- 

rum tlieca, quam a sanctis Patribus scimus conditam esse, unde 
nemo ex nóbis ausus fuit tollere saxa (1). 

Todo debió de ser conmovedor y grandioso en aque- 
lla augusta ceremonia; pero el momento en que Don 
Alfonso, seguido de su esposa y de sus hijos, se prosternó 
delante del sagrado altar para depositar en él la Escri- 

(1) Véase la Escritura de los Apéndices, núm. XXV. — En el Cronicón 
de Sampiro, interpolado en Oviedo, se describe así esta festividad: «Conse- 
cratum est jam dictum templum a praedictis Pontificibus hoc ordine sub- 
scripto. Imprimis consecraverimt altare in honorem Salvatoris nostri Jesu 
Christi; et ad dexteram praedicti altaris consecraverunt altare in honorem 
Apostolorum Petri et Pauli, et ad laevam dicti altaris consecraverunt altare 
in honorem sancti Joannis Apostoli et Evangelistae. In altare quoque, quod 
est snper corpus Beati Jacobi Apostoli, quod consecratum fuerat a septem 
discipulis ejus, quorum nomina suDt haec, Calocerus, Basilius, Pius, Griso- 
gonus, Theodorus, Athanasius, Maximus, tamen nemo ex jam dictis Episco- 
pis ausus fuit aliquid in eo agere, nisi tantum orationem, Missamque can- 
tare.» (España Sagrada, tomo XIV, pág. 457). — El interpolador tuvo indu- 
dablemente á la vista, además de la Escritura citada, otros documentos que 
hoy no conocemos. 



LOS TRES PRIMEROS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 195 

tura de dotación, como era de rito en semejantes casos, 
y expresar al mismo tiempo sus profundos sentimientos 
de piedad y devoción, quedó, sin duda alguna, indeleble- 
mente grabado en la memoria de todos los circunstantes. 

En este notabilísimo Diploma de dotación, D. Alfon- 
so resumió todas las donaciones que había hecho á la 
Iglesia del Apóstol hasta la fecha, y además hizo otras 
nuevas, que fueron las siguientes: una villa del Real Se- 
ñorío en Montenegro, que había cultivado un siervo pa- 
nadero de la Iglesia Iriense, llamado Pedro; la villa de 
Nubolis ó Juniolis con la iglesia de San Clemente, á ori- 
llas del Ulla; la de Vitallia; la de Vallaga (Valga); en el 
territorio de Braga una villa en donde estaba fundada 
la iglesia, de San Víctor, á orillas del río Ateste, con los 
lugares á ella anejos, Efigies, Murgoros y Palatium; la villa 
de Molendinis, entre Braga y la iglesia de San Víctor; la 
isla de Ons con la iglesia de San Martín; la de Arosa 
con la de San Julián; la de Sálbora con su iglesia; la 
iglesia de San Vicente del Grove; la mitad de unas vi- 
llas en San Vicente de Bama; en Presaras las iglesias y 
villas que le había cedido el Abad Reterico; y en el con- 
dado de Sonarla (Soneira), la iglesia de San Julián en la 
villa de Oneja y la villa de Gernio, de las que le había 
hecho donación Gradino (1). 

Termina el Dipjoma con esta hermosa deprecación: 
«Recibe, te lo pedimos, Señor, esto que te ofrecemos en 



(1) Nótese que en esta Escritura ninguna mención se hace de alhajas, 
vasos sagrados, libros y ropas donadas por el Monarca á la Iglesia, como 
era de costumbre en tales ocasiones. O se suprimieron estas cláusulas al 
trasladar el original, ó D. Alfonso consideró ya bastante provista á la Igle- 
sia de todos esos sagrados objetos. 



196 LIBBO SEGUNDO 



el templo de tu gloria, es decir, de tu Apóstol Santiago, 
y ponemos en manos de su Pontífice Sisnando, Obispo, 
el cual con nosotros hizo esta obra, y trabajando sin des- 
canso la llevó á debida ejecución. Ratificamos y confir- 
mamos cuanto nuestros abuelos y nuestros padres devo- 
tísimamente ofrecieron, á saber: nuestro bisabuelo Al- 
fonso y nuestro abuelo Ramiro, Príncipes de buena 
memoria, y nuestro padre, el Príncipe Ordoño; los cua- 
les todos, con pura mente, hicieron á vuestro santo altar 
muchos dones y beneficios. » 

«Hecha la Carta de donación en el año XXXIII 
del reinado del glorioso Príncipe Alfonso, presentes 
en medio de dicha iglesia los Obispos y Condes el día 
de la consagración del templo, 6 de Mayo de la 
Era DCCCC.XXX.VII (año 899).» Siguen las subscrip- 
ciones del Rey y sus hijos, y las de muchos Obispos y 
Proceres (1). 

El año en que tuvo lugar tan solemnísima consagra- 
ción, efecto de las muchas erratas de los Códices y de 
las de las diversas copias del original, fué por bastante 
tiempo objeto de muchas dudas é incertidumbres. Mora- 
les en su Crónica, lib. IX, cap. VII, la pone en el año 873; 
y en el lib. XV, cap. XXV, en el 900. Noguera, en el 
Ensayo cronológico añadido á la edición de Mariana en 
Valencia, prefiere el año 898. Flórez, en el tomo II de 
la España Sagrada, la coloca en el año 876; pero en el 
tomo XIX (2), la fija definitivamente en el año 899. Esta 
es la única fecha admisible, pues es la en que uniforme- 
mente concurren todos los datos cronológicos más claros 



(1) Véase la Escritura íntegra en los Apéndices, núm. XXV. 

(2) Página 95 y siguientes. 



LOS TRES PRIMEROS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 197 

y seguros, que ofrecen, así la Escritura de dotación, como 
el Acta adjunta de la consagración. 

En prueba de ello, examínense estas dos notas crono- 
lógicas que trae el Acta de consagración: Completam hoc 
est Era eongruit esse novies centena (900) sexies sena (-+- 36) 
addito tempore uno (-H 1), ó sea 937; y Erectum in Regno 
anno (de la Era) DCGCCIV ó sea el año de Nuestro Se- 
ñor 866, nunc ordinem credhnus impletum volvens tricesimum 
tertium. Si al año de la Era DCCCCIV, ó año del Se- 
ñor 866, se añaden treinta y tres, resultan años de la 
Era DCCCCXXXVII, año del Señor 899. Estas notas 
no ofrecen duda, ni tergiversación de ninguna clase. 
Por lo tanto, de los otros cómputos que traen la referida 
Acta (1), como la interpolación de Sampiro (2), que de 
suyo son obscuros y además ofrecen bastantes variantes, 
no puede sacarse ningún dato firme que destruya la 
certeza que presentan las notas cronológicas que hemos 
aducido antes. 

Visto esto, es de extrañar como el P. Risco en el 
tomo XXXVII de la España Sagrada (3), trató de embro- 
llar la cuestión. Tampoco se ve la razón que tuvo para 



(1) Ideoque secundo Nonas. Maii, anno Incarnationis Domini 
DCCCLXXXXVIIII, secunda feria deducebat annum ad lunae cursum III, 
luna XI... (España Sagrada, tomo XIX, pág. 345). 

(2) In prima die, quae erat Nonis Maii anno Incarnationis Domini 
Era DCCCCXXXVII, secunda feria ducebat annum ad lunae cursum III, 
luna XI. (España Sagrada, tomo XIV, pág. 457). 

En este año de 899 el Áureo Número fué VII, y por tanto en 6 de 
Mayo era la luna XXI, pues había empezado en 15 de Abril. El ciclo ó 
curso lunar era IV, ó como entonces se solía escribir IIII. El escribir III 
en lugar de IIII, y XI en lugar de XXI, no es yerro en que fácilmente 
no incurriesen los copistas de entonces. 

(3) Página 246 y siguientes, 



198 LIBRO SEGUNDO 



pretender (1) que se borrase de la colección de Concilios 
el que el Cardenal Aguirre puso en la suya con este 
título: Concilkim ovetense XVIII Episcoporum, praesente TJieo- 
dulfo Episcopo legato Regís Francorum. Era DCCCCXXXIX, 
id est anuo Christi DCCCCL Aquí se ve patente la confu- 
sión del Concilio celebrado en tiempo de Teodulfo, ó sea 
en tiempo de Alfonso II, con el celebrado en tiempo de 
Alfonso III. 

Una de las causas por las que muchos autores se 
vieron embarazados para fijar el año en que se consa- 
gró la Iglesia de Santiago, fué la persuasión que ellos 
mismos se formaron, de que la consagración y el Conci- 
lio de Oviedo habían de celebrarse bajo el pontificado 
de Juan VIII, que fuera el que otorgara la autorización 
para dichos actos. Mas como advirtieron, primero Mora- 
les y después Baronio (2), D. Alfonso III, ocupado con 
las guerras civiles y con las externas, no pudo por mu- 
chos años, y hasta después de muerto Juan VIII, usar 
de la autorización que este Pontífice le había concedido. 

Terminada la solemnidad de la consagración, los 
Prelados asistentes constituyéronse en Concilio para oir 
ciertas reclamaciones que presentó el Obispo de Lugo, 
Recaredo. Quejábase este venerable Prelado de que, 
cuando en tiempo de D. Alfonso II se desmembró su 
Diócesis para fundar el Obispado de Oviedo (3), como 
en compensación se habían sometido al régimen y juris- 



(1) Página 252. 

(2) Ad ann. 882. 

(3) Véase en el Cronicón de Sampiro, (España Sagrada, tomó XIV, 
pág. 460), las muchas tierras que se disgregaron de la Diócesis de Lugo y 
aún de la de Orense, y se incorporaron á la de Oviedo. 



LOS TEES PBIMEBOS SIGLOS DE LA. I. COMPOSTE LANA 199 

dicción de los Obispos lucenses los territorios de las dos 
Sedes de Braga y Orense, mientras éstas estuviesen des- 
pobladas, y además se les había reconocido la categoría 
de Metropolitanos. No obstante esta concesión de D. Al- 
fonso II y del Concilio celebrado en su tiempo, para 
Braga se había continuado nombrando Obispo con la 
consideración de Metropolitano; y esto venía á consti- 
tuir una derogación de la prerrogativa que en compen- 
sación se le había concedido; pues él era el verdadero 
Metropolitano de Braga, según lo dispuesto por el Con- 
cilio ovetense en tiempo de D. Alfonso II. Lo mismo su- 
cedía respecto de la Sede de Orense. 

El Concilio, y lo mismo D. Alfonso III, atendieron las 
reclamaciones del Prelado lucense, y aún declararon que 
eran razonables y fundadas en justicia; pero parece que 
se aplazó la resolución definitiva para'el Concilio que es- 
taba para celebrarse en Oviedo. Has, itaaue, urbes et pro- 
vincias praedictas (Bracharensem et Auriensem), dice Don 
Alfonso en el Diploma que sobre el particular otorgó á 
Lugo el 6 de Julio de 899 (1), vobis (Recaredo) condona- 
mus pro ipsis ecclesiis vestris et ^rovinciis, qiias Seo. Salvatori 
Ovetensis Ecclesiae subdidinius, de quibus vos, vestrique 
clerici conquesti estis querimoniam nobis obiectam in 
concilio episcoporum et nobilium virorum congregato in 
apostólica Ecclesia Sci. Jacobi die eius consecrationis; 
in quo videlicet loco in praesentia pene omnium qui 
aderant tantae dedicationi, a vobis mihi praesentatam pre- 
decessoris mei domini Adephonsi Regís, etc.. 

Mas, como ya hemos indicado, la resolución definiti- 



(1) España Sagrada, tomo XL, Apéndice XX, pág. 395, 



200 LIBBO SEGUNDO 



va se aplazó para el próximo Concilio de Oviedo, que 
ya estaba convocado, y que se celebró once meses des- 
pués. Por lo tanto, las Actas de lo acordado en Santia- 
go, encabezadas con el Acta de la Dedicación de la 
Iglesia, se llevaron á Oviedo para que allí las tuviesen 
presentes los Padres. De estas Actas, no sin confundir- 
las con las del primer Concilio ovetense, debió servirse 
el interpolador de Sampiro, para ingerir en el Cronicón 
de éste, la descripción de este Concilio II ovetense y la 
de la consagración de la Iglesia compostelana (1). 

En el Concilio de Oviedo se procuró afirmar la auto- 
ridad del Prelado de esta Iglesia é insistir en que Ovie- 
do venía á substituir á Toledo, y que por lo mismo, con 
arreglo á lo dispuesto en el Concilio XII toledano, todos 
los Prelados, incluso los Metropolitanos, debían de estar 
sumisos al Ovetense. 

Confirmóse también en este Concilio II la asignación 
que se había hecho en el I de iglesias y heredades cerca 
de Oviedo, para que en ellas y con sus rentas tuviesen 
hospedaje y mantenimiento los Obispos, cuando concu- 
rriesen para celebrar Concilio (2). Al Prelado de Iria se 
había señalado la iglesia de Santa María de Teneiana ó 
Tiniana (Tenejana), que, como hemos visto en el año 869, 
se hallaba desierta y casi del todo arruinada. 



(1) En el Tesoro de la Santa Iglesia de Oviedo también se hallaban 
las Escrituras del monasterio de Samos. (Véase España Sagrada, tomo XL. 
Apéndice XX, pág. 401). 

(2) En el can. V del Concilio VII de Toledo, también se dispuso que 
asistiese de continuo en la Sede regia, al lado del Rey y del Metropolitano, 
alguno de los Obispos comarcanos. Placuit, ut pro reverentia Principis, ac 
Begiae Sedis honore vel Metropolitani... convicini Toletanae Sedis episcopi... 
singulis per annum mensibus in eadem Urbe debeant commorari. 



LOS TBES PBIMEBOS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 201 

Respecto á la reclamación de Recaredo, parece que 
se acordó que mientras tanto viviese Argemiro, que era 
el Metropolitano titular de Braga, se le respetase la po- 
sesión de este título. Lo cierto es, que muerto Argemiro, 
hasta la restauración definitiva de la Sede de Braga, á 
fines del siglo XI, no aparecen otros Metropolitanos bra- 
carenses, que los Prelados de Lugo (1). 






(1) Véase sobre esto la nota manuscrita que dejó Flórez, publicada en 
la segunda edición de la España Sagrada, tomo XV, pág. 182. 



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CAPITULO IX 



Carta de D. Alfonso III al Clero y pueblo de Tours. — Corres- 
pondencia epistolar entre el Papa Juan X y el Obispo Sis- 
nando I. 




isnando, con tantos edificios, con tantas 
instituciones, había ensanchado considera- 
blemente los confines del horizonte de la 
naciente Compostela. La antigua Arca marmórica había 
dejado de ser un montón de ruinas cubierto de césped y 
maleza; ya era más que un Santuario visitado incesan- 
temente por turbas de peregrinos de todas clases y con- 
diciones; era un centro de civilización y de cultura, que 
en poco tiempo se había convertido en capital efectiva 
de la región gallega, tanto en el orden religioso, como 
en el civil y político. Era la residencia ordinaria de los 
Reyes de Galicia, herederos designados ó presuntos del 
trono de Asturias y León, primero de D. Alfonso III, 
después de D. Ordoño II y luego de D. Sancho Ordóñez. 
Allí acudían los hijos de los principales magnates para 



204 LIBEO SEGUNDO 



educarse é instruirse, como Bermudo, nieto del gran 
Oduario, Conde de Castela y Orense; Gutierre, hijo del 
Conde Ordoño Velázquez, y más tarde el propio D. Gar- 
cía, hijo de Fernando I. Allí se ventilaban y resolvían, 
en Juntas ó Concilios más ó menos numerosos, los más 
arduos asuntos eclesiásticos, que en época de tanta agi- 
tación y de tanta zozobra no podían menos de surgir á 
cada instante. Allí hormigueaba de continuo una nume- 
rosa población flotante, en la cual se veían mezclados y 
confundidos Prelados con Clérigos y Monjes, magnates 
y caballeros, con simples soldados y peones y artesanos 
y mercaderes; señoras de altísima prosapia con mujeres 
del pueblo; personas libres é ingenuas con siervos y es- 
clavos; y todo esto, como detalles que se destacaban so- 
bre un gran fondo, las muchedumbres de romeros de 
todas las lenguas y naciones, que acudían fervorosos á 
postrarse ante la Tumba de Aquel que había bebido, el 
primero entre los Apóstoles, del cáliz que hasta las 
heces había apurado nuestro Salvador. 

En el año 903 apoderáronse los normandos de la 
ciudad de Tours, y redujeron á cenizas el famoso tem- 
plo de San Martín. No quedaron tan abatidos los turo- 
nenses, que no se propusiesen al punto reedificar á toda 
costa la Basílica de su glorioso Patrón; y á fin de alle- 
gar recursos, despacharon comisionados á diversas par- 
tes de la cristiandad exponiendo el aprieto en que se 
hallaban, y solicitando de la piedad de todos socorro y 
ayuda para la obra que acababan de emprender. Noti- 
ciosos de las virtudes del gran Prelado de Iria y Com- 
postela, Sisnando, y del prestigio de que gozaba en su 
país, que desde el tiempo de los suevos profesara siem- 
pre profunda devoción á San Martín, le enviaron dos 



LOS TEES PBIMEROS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 205 

legados, á Mansión y á Dato, para que al mismo tiempo 
que recogían las limosnas, le rogasen que apoyase la 
pretensión que traían para ante el Monarca español, 
D. Alfonso III, de recibir de él una cantidad alzada en 
metálico en cambio de una preciosa corona imperial de 
oro y pedrería, que habían podido conservar. 

Sisnando recibió benignamente á los dos legados de 
Tours, que á lo que parece vinieron por tierra; se enteró 
con avidez del contenido de las misivas de que eran 
portadores; se prestó solícito á lo que de él deseaban los 
turonenses, trasmitiendo á D. Alfonso, eficazmente re- 
comendadas, las cartas que acababan de llegar á sus 
manos (1); y no le fué difícil obtener del piadoso Mo- 
narca una respuesta tan favorable, como acaso no osa- 
rían esperar los de Tours. Por sí mismo se dignó contes- 
tarles D. Alfonso, y acomodándose sin duda á su len- 
guaje, llama Arzobispo á Sisnando, y cuenta los años, 
no por la Era española, sino por la Encarnación del 
Señor, que era el cómputo usual en Francia (2). Co- 
mienza por lamentarse de lo que les había ocurrido con 
motivo de la invasión de los normandos; les felicita y se 
congratula con ellos por la resolución que habían toma- 



(1) Postquam eas (litteras) ille (Sisnandus) gratiose suscepit, et avide 
percurrens usque ad nostram Clementiam destinare solerter non pepercit.... 
Ob id apostolicam serení tatem Sisinandi intervenistis ut hoc nobis insinuare 
procuret... 

(2) De este modo de expresarse de D. Alfonso, tan natural en quien 
como él se dirigía y contestaba á extranjeros, quiso valerse el P. Cúper 
(Act. Sanct., tom. VI del mes de Julio) para insinuar no sabemos qué rece- 
los acerca de la autenticidad de esta Epístola; pero la prevención y la es- 
crupulosidad excesivas nada tienen que ver con la crítica. 



296 tIBEO SEGUNDO 



do de restaurar y fortificar convenientemente la Basílica 
de su glorioso Patrón; y, viniendo al punto concreto, 
que era el principal objeto de la embajada, les dice que 
él ante todo deseaba ver la corona, y les propone el me- 
dio de remitírsela sin peligro de ninguna clase. A me- 
diados de Mayo de aquel año 906, tenía pensado, según 
les advierte, enviar varias naves á Burdeos, en las cua- 
les naves, que probablemente zarparían de Gijón, irían 
algunos empleados de su Palacio, que llevaban el encar- 
go de avistarse con su amigo el Duque de dicha ciudad, 
Amalvino. Para dicho tiempo podrían ellos remitir á 
Burdeos la corona por Clérigos de toda confianza; y des- 
de allí, en una de las naves que él mandase, traerían á 
España la corona parte de los comisionados que la ha- 
bían conducido desde Tours juntamente con algunos de 
los empleados de su Palacio. Vista la corona, al punto 
se firmaría el contrato para su adquisición; pero en caso 
de que no agradase, él, de todos modos, se manifestaba 
dispuesto á remitir una considerable limosna para la fá- 
brica de la Iglesia de Tours, y además recompensar bien 
á los comisionados las fatigas y los gastos del viaje. 

Después de esto, pasa D. Alfonso á contestar en su 
Epístola á algunas preguntas que habían hecho los tu- 
ronenses en las suyas. Como hay dos Apóstoles del nom- 
bre de Santiago, y entonces, como ahora, la voz pública 
llamaba Santiago, sin más calificativo, al Apóstol que 
se hallaba sepultado en Arca marmórica de Galicia, du- 
daban los turonenses cuál era de los dos Apóstoles de 
este nombre, el que tenía allí su sepultura. D. Alfonso 
les contesta que lo que pueden tener por cierto es, que 
el Apóstol, cuyo sepulcro está in Archis marmoricís en la 
provincia de Galicia, no es otro que Santiago Zebedeo 



LOS TBES PRIMEEOS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELAtf A 207 

el Boanerges, el que fué degollado por Herodes (1). Tra- 
ta en seguida de explicarles cómo vino á parar á Galicia 
el Cuerpo de Santiago Zebedeo, y habla también de los 
muchos milagros que se hacían cabe el sepulcro de este 
glorioso Apóstol, según él mismo había visto y oído á 
personas dignas de entero crédito. Todo esto lo hace 
muy sumariamente, porque los emisarios de Tours ya 
deseaban dar vuelta á su patria, y además tenía ocasión 
de enviar una relación extensa y detallada por los Clé- 
rigos que le trajesen la corona (2). 

No se conserva noticia del desenlace que tuvo el 
asunto de la corona; pero este mismo suceso demuestra 
el gran crédito de que fuera de España gozaba nuestro 
insigne Obispo Sisnando. Otro hecho lo hace resaltar 
más, y es el que vamos á exponer con las siguientes pa- 
labras del P. Flórez (3): «Fue el caso, que el Papa 
Juan X oyendo la fama del Obispo de Compostela, Sis- 
nando, y deseando la protección del Apóstol Santiago, 
envió un legado al santo Obispo Sisnando, pidiéndole 
que en su nombre orasse al Santo Apóstol, que le fuese 
propicio en vida y en la hora de la muerte. Assi lo refie- 
re Baronio con Morales; y assi se halla también en el 



(1) Certissime pernoscite Iacobi apostoli Zebedei Boanergis, qui ab 
Herode decolatus est, sepulchrum habemus in Archis marmoricis provincia 
Galeciae. 

(2) Hemos publicado textualmente este pasaje déla Epístola de Al- 
fonso III en el primer tomo, página 185. La Carta íntegra la trae Flórez 
entre los Apéndices del tomo XIX de la España Sagrada. Antes había sido 
publicada por Andrés Duchesne entre las notas á la Bibliotheca clunia- 
sertsis, por Baluze en el tomo VII de las Misceláneas y por el P. Cúper en el 
tomo VI de Julio de Acia Sanctorum. (Véanse Apéndices, núm. XXVII). 

(3) Esp. Sag., t, III, pág. 273. 



208 tlBBO SEGUNDO 



Chronicon Iriense. El Obispo Sisnando y el Rey D. Or- 
doño volvieron a enviar como Legado propio al mismo 
que vino; aunque según variedad de instrumentos, pare- 
ce fué distinto. En fin, el Legado se llamaba Janelo o 
Zanelo; y el Rey le dio varios dones preciosos para el 
Papa. Recibiéronle en Roma magníficamente, y mantú- 
vose allí un año entero. A este tiempo falleció el santo 
Obispo Sisnando en la Era 958, año de 920; y por tanto 
se debe reducir el principio de la Embajada al 918 como 
dice Baronio.» 

Janelo ó Zanelo se llamaba el Legado que envió el 
Papa en la segunda embajada hacia el año 924 para 
reconocer y examinar los libros litúrgicos, de que usaba 
la Iglesia de España. Que éste fuese también el nombre 
, del Legado que enviaron á Roma Sisnando y Ordoño II, 
no parece probable; pues, por más que así lo llame el 
Cronicón Iriense, es de recelar que se hayan equivocado 
ó confundido los nombres de los Legados. El nombre de 
Janelo ó Zanelo puede decirse desusado en España. 

Del Legado que envió Sisnando á Roma, dice el 
Iriense, que al volver trajo consigo muchos libros, que en 
su mayoría serían litúrgicos. Collecta multorum librorum 
multitudine, cum gandió ad propria rediit (1). Esto indica el 
vuelo que había tomado la cuestión, y cómo se habían 
puesto en juego todos los medios conducentes para es- 
clarecerla. Lo cierto es que estas gestiones de Sisnando 
y de su Legado, no pudieron menos de atraer la aten- 
ción de la Corte Pontificia sobre las discrepancias que 
se notaban entre la Liturgia española, que databa por 
lo menos del tiempo de los godos, y la que se usaba en 



(1) Esp. Sag., t. XX ? pág. 603. 



LOS TflES PBIMEBOS SIGÍLOS DE LA I. COMPOSTELAKA 209 

las iglesias de Roma; y esto fué sin duda lo que provocó 
la venida de nuevos Legados, y por último la legacía de 
Zanelo hacia el año 924, para reconocer y examinar 
minuciosamente los libros de la Liturgia española (1). 

Como se trata de un punto tan importante, inserta- 
remos aquí lo que sobre el particular escribe el P. Flórez 
en el lugar citado: «Después de esto resolvió el mismo 
Pontífice (Juan X) volver enviar a Janelo por Legado a 
España, a fin de reconocer el estado de la Religión, y en 
especial el modo con que se hacían los Divinos Oficios. 
Según esto, se infiere que ya se habían excitado en Roma 
los recelos sobre nuestros Ritos eclesiásticos. La causa de 
esto se puede atribuir a que por el fin del siglo antece- 
dente estuvo en España otro Legado llamado Raynaldo, 
en tiempo de Juan VIII, el cual extrañaría el orden de 
nuestras Misas por ser muy diverso del Romano, y desde 
entonces andaría por Italia esta especie (2); que ahora 
volvería á renovar Janelo pues para todo Estrangero 
seria muy notable este punto, por no estar acostumbrado 
a tal Rito. Al recelo de esta variedad se juntaría el de si 
por la mezcla con infieles se había introducido en los Mis- 
terios algo malo: y para salir de estos cuidados envió el 
Papa Juan X al mencionado Janelo a que lo reconociese 
puntualmente. Hízolo asi, y hallando que todo estaba 



(1) Las iglesias de Galicia, desde el año 538, habían adoptado la Li- 
turgia romana, como resulta de la Epístola del Papa Vigilio al Metropolita- 
no de Braga, Profuturo. En el Concilio IV de Toledo, celebrado en el 
año 633, se ordenó que en todas las iglesias comprendidas en el imperio de 
los godos, como estaban entonces las de Galicia, se observase la Liturgia 
gótica, llamada después muzárabe. 

(2) Recuérdese á este propósito lo que sucedió á San Metoiio en tiem- 
po del mismo Papa Juan VIII. 

Tomo II.— 14. 



210 LIBEO SEGUNDO 



muy conforme con la fe, se alegró mucho. Dio cuenta de 
ello al Papa, quien con todo su Colegio dio gracias al 
Señor, alabando y confirmando aquel Oficio; sin que 
tuviesen que advertir otra cosa más, que de allí adelante 
usasen de las palabras de la Consagración, de que hoy 
usamos, dejándolas antiguas» (1). 

Lo que aquí nos importa notar es, cómo en el mismo 
documento en qué pormenor se refiere este suceso (2), se 
hace resaltar, entre todas las de su tiempo en España, la 
gran figura del Obispo Sisnando. Dícese, en efecto, para 
indicar la época del suceso, que reinaba en Francia. Car- 
los el Simple y en León Ordoño II, que el Papa 
Juan (X) tenía la Sede Romana y Apostólica, y que Sis- 
nando presidía en la Sede Iriénse. Regnante carolo franco- 
rum Rege ac patricio rome, et Ordonio rege in Legione civitate, 
jhoanes papa romanam et apostolicam sedem tenebat, Sisenan- 
dus vero iliensi Sedí rct mentís corpus beati Jacob i apostoli presi- 
debat, quotempore, etc.. En el orden eclesiástico no halló el 
redactor de este documento personaje más conspicuo y de 
más viso y categoría, que el Obispo de Iria para que pu- 
diese poner su nombre á continuación de los de Carlos el 
Simple, Ordoño II y Juan X. Y esto tanto más es de 
ponderar, cuanto que el documento no fué escrito en Gra- 
licia, ni en León, sino en la Rioja. 

También podrá inferirse de aquí la parte que debió 
tener Sisnando en el asunto de la revisión y aprobación 



(l) Las antiguas, o propias del oficio gótico, eran: Hoc est Corpus 
meum, quod pro vobis tradetur] y Hic est Calix vovi testamenti in meo san- 
guine, qut pro vobis ct pro multis effundetur in remissionem peccatorum. 

('2) Está tomado este documento del célebre Códice Einilianense, que 
se guarda en la Biblioteca del Escorial. Fué publicado con gran fidelidad 
en el tomo III de la Esp. Sag., Apénd. III, pág. 390. 



LOS TRES PEIMEROS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 211 

de la antigua Liturgia española; porque aunque esta 
aprobación se dio, según la opinión más probable (1), en 
el año 924, es decir, cuatro años después de muerto Sis- 
nando, los trabajos previos y preparatorios debieron co- 
menzar antes, por lo menos desde que el Legado que 
nuestro insigne Obispo envió á Roma trajo de allá los 
libros de que habla el Cronicón Iriense. De otro modo no 
se ve razón por la cual el autor de la nota inserta en el 
Códice Emilianense, citara el nombre de Sisnando para 
un suceso, que tuvo lugar después de su muerte, y en el 
que él no tuvo parte alguna. 

Pero esto consta hoy de una manera cierta por una 
cláusula de la Escritura que en 1115 concedió Grelmírez 
á San Martín Pinario. Esta cláusula, que omitió Yepes en 
el ejemplar que publicó en los Apéndices, núm. XII, del 
tomo IV de su Coránica (2), está tomada de una copia 
que á fines del siglo pasado se sacó del original existente 
en el archivo del citado monasterio, y dice así: Qui fSis- 
nandus) tantae sanctitatis fnít, quod a Romano Pontífice Joan- 

nes Misae Secreta recipere noluit scriptis et nunciis tari in 

Ecclcsia Dei, nisi quantum Dominus Jesús in Coena proprio 
ore discípulos docuit (3). 

(1) Unos leen Era DCCCCLX'V, otros Era DCCCCLXV, otros 
Era DCCCCLII, que es la lección más probable. (Véase Flórez, España Sa- 
grada, t. III, pág. 274 y siguientes). Este ejemplo nos demuestra cuan oca- 
sionadas son á yerros y equivocaciones las fechas de los documentos de la 
Edad Media. Y eso que aquí se trata de un documento original leído por 
personas muy competentes. La X con rasguillo, como es sabido, vale cua- 
renta. 

(2) El ejemplar de Yepes está plagado de erratas é incorrecciones; 
algunas de sus variantes son, sin embargo, importantes, por estar tomadas 
en tiempo en que el original estaba mejor conservado. 

(3) La copia de que está tomada esta cláusula, es digna de toda fe, pues 
se sacó con ocasión del pleito con el Duque de Arcos. 



212 LIBRO SEGUNDO 



De tan interesante cláusula resulta, que la revisión 
y aprobación del rito de las iglesias de España hubo de 
pasar entonces por varios trámites, y que se prolongó por 
algunos años. En un principio el Papa Juan X (914-928) 
aprobó el rito español sin introducir más novedad, que 
en la forma de la consagración. Resistióse á esto el Obis- 
po de Compostela, fundado en que debía conservarse 
intacta la antigua forma española, por cuanto no conte- 
nía más que lo que por su boca había enseñado á sus 
Discípulos Nuestro Señor Jesucristo; y en apoyo de su 
sentir recurrió á Roma por medio de nuncios y alegatos 
(scriptis et nanciis). En esto, en el año 920, ocurrió la 
muerte de Sisnando; y el Papa, á pesar de lo expuesto 
por el Prelado compostelano, prefirió que en punto tan 
esencial la Iglesia de España se conformase con la de 
Roma; y en 924 envió por segunda vez al Legado Zane- 
lo para que propusiese é hiciese aceptar la corrección 
deseada: lo cual por entonces, parece, no tuvo efecto. 



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CAPÍTULO X 



Estado de la Iglesia compostelana bajo el pontificado de Sis- 
nando I.— monasterios de Antealtares y San Martín Pina* 
rio.— Montesacro ó Picosagro. 




emos visto en la pág. 182 que Sis- 
nando había aumentado considera- 
blemente el número de Canónigos 
y Ministros de la Iglesia del Após- 
tol. Entre tantos servidores, era natural que pasado al- 
gún tiempo, hubiese más de uno que por su vejez, ó por 
sus achaques, quedase imposibilitado para asistir de 
continuo al Coro y á los divinos Oficios. Este caso, esta- 
ba previsto en el canon CXLII del Concilio de Aquis- 
grán, que ordenaba que para los enfermos y para los 
ancianos, que por ventura no tuviesen casa propia, se 
hiciesen moradas en el claustro de los Canónigos, en las 
cuales pudiesen más fácilmente sobrellevar los achaques 



214 LIBEO SEGUNDO 



é incomodidades de la vejez ó de la enfermedad (1). 

El Prelado compostelano, atemperándose en lo subs- 
tancial á lo dispuesto en el Concilio Aquisgranense, ha- 
bilitó varias mansiones, no precisamente en el claustro 
canonical, sino en los monasterios que rodeaban la Igle- 
sia Apostólica, y que en cierta manera eran como sus 
dependencias; á las cuales mansiones podían retirarse 
los ancianos y débiles, y aun los que aspirasen á hacer 
una vida más recogida y penitente. A tal fin hizo im- 
portantes obras en los monasterios de Antealtares y de 
San Martín, y acrecentó considerablemente sus rentas y 
posesiones (2). Lo que con esto se proponía el prudente 
Prelado era, que los que de entre los Canónigos por sus 
achaques ó por su vejez ó por otro motivo más elevado 
deseaban vivir en mayor retiro y sosiego, pudiesen ha- 
llarlo, los más dignos y de más categoría en Antealtares, 
y los otros en San Martín (3). 

No se sabe á punto fijo lo que Sisnando donó á Ante- 



(1) Debet tamen a Praelato mansio infirmorum et senura neri intra 
claustra canonicorum, ut qui suam forte non habent, in eadem possint suam 
aptissime tolerare imbecillitatem. 

(2) De aquí nació el que alguno3 autores atribuyesen á Sisnando la 
fundación de dichos monasterios. 

(3) Iste prior ordinavit familias et decanias, unamque suo servitio con- 
gruam ; ad honorem et excellentiam clericorum intra tam dignam deservien- 
tium aulam; ita ut, qui po3tea, relicta dignitatis potentia, tantum Deo vellet 
famulari, unusquisque, secundum sui gradus officium, haberet et quietis 
otium; majoribus monasterium Antealtare cum titulo sancti Petri sub ab- 
bate Ataúlfo; secundis et aequalibus arcisterium de Pignario cum sancta 
Maria et sancto Stephano ac sancta Columba sub abbate Guto; ac si minori- 
bus Lovium; verum etiam minoribus turrim competentibus aedificavit locis 
et de suae Ecclesiae bonis partem tribuit. (Escritura otorgada en 1115 por 



s 



LOS TRES PRIMEROS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 2 15 

altares en compensación de tan importante servicio; si 
bien es de suponer que se estimó suficientemente resar- 
cido el monasterio por la gran parte que tenía en las 
ofrendas presentadas en el Lugar Apostólico; las cuales, 
en aquella fecha, ya habían aumentado considerablemen- 
te. Esto fué por lo que á fines del siglo XI el abad S. Fa- 
gildo puso demanda al Clero Catedral (1). 

De lo que Sisnando cedió al monasterio de San Mar- 
tín, llamado en un principio de la Gorticella, hay en cam- 
bio una Escritura, en que se expresan y enumeran las 
muchas heredades y posesiones con que el Prelado quiso 
enriquecer el convento para aumentar suficientemente 
sus rentas y recursos. Donóle, en primer lugar, con con- 
sentimiento del cuerpo capitular (cum omnem congregatio- 



D. Diego Grelmírez á San Martín Pinario, y publicada por Yepes en el t. IV 
de la Coron. gen. de San Benito, Apénd. núm. XII). 

Lo mismo dicen la Gompostelana (lib. I, c. 2, núm. 3) y el Iriense (Espa- 
ña Sagrada, tomo XX, pág. 603). 

Las decanías venían á ser granjas, principalmente monasteriales, regi- 
das y administradas por un prepósito, y cultivadas por un número más ó 
menos considerable de trabajadores, que regularmente solían ser monjes. 
Del prepósito dependían los decanos (de donde quizás provino el nombre de 
decanía), que mandaban cada uno un grupo de trabajadores. Es curioso lo 
que de las decaníis dice San Fructuoso en el capítulo VI de su primera Re- 
gla. «In operando haec ratio observetur. Verno, vel aestate, dicta prima, 
commoneantur decani a praeposito suo quale opus debeant excercere, atqui 
illi reliquos admoneant fratres; tune demum, dato signo, sumptis ferramen- 
tis, congregentur in unum, factaque oratione, pergent recitantes ad opus 
usque ad horam diei tertiam, etc..» (Migne, Patrol. lat., tomo LXXXVII, 
col. 1102). 

(1) Quo peracto cum eodem Episcopo (D. Diego Peláez) ante faciem 
domini Regis Adefonsi (Alfonso VI) se praesentavit (San Fagildo), et de 
Apostoli iure, quod hactenus tenuerat, et de altaribus Sancti Salvatoris et 
S. Petri et S. Joannis qualiter eos in futurum peracto opere ecclesiae, obti* 
nere possent, causare coepit. 



216 LIBRO SEGUNDO 



nem Sci. Jacóbi Apostoli), la tercera parte del diezmo deli- 
ro, ó de los alrededores de Santiago; el diezmo íntegro del 
pomerio del palacio episcopal, ó sea de los terrenos que le 
estaban adjuntos, y un ramal del acueducto que surtía de 
aguas á Santiago. Dióle además la mitad de la isla de 
Arosa con su iglesia y salinas, la iglesia de Santa Eulalia 
de Arena Longa ( Villagarcía) , con la otra iglesia próxima 
de Alobre (1), con todas sus propiedades y pertenencias; 
la iglesia de San Vicente de Ogrove (Grove), con sus sier- 
vos y sus propiedades; la de San Jorge de Bellegia (Vea), 
con sus tercias; el Monasterio de San Sebastián de Mon- 
te Sacro con la iglesia de San Lorenzo, con sus siervos, 
bienes y demás propiedades. 

Sisnando había hecho de antemano considerables me- 
joras en el primitivo monasterio de la Cortkella, las cua- 
les le merecieron el título de fundador del convento. En- 
tre estas mejoras, debemos contar la reedificación de la 
iglesia de la Corticela, en la cual además de el de la ti- 
tular, Santa María, puso otros tres altares dedicados á 
San Esteban, San Silvestre y Santa Columba. Reedificó 
también, á lo que parece, la casa de los monjes ó sea 
la antigua casa de Besulio en el lugar de Pinar io ó Piñei- 
ro. Construyó en ella, ó junto á ella, un oratorio consa- 
grado al Santo Obispo de Tours, tan venerado en todo 
el Noroeste de España. 

Todo esto confirma y cede Sisnando al abad Gruto 
y á sus monjes en una solemne Escritura, que subscri- 
ben algunos Obispos y varios Abades y Canónigos de 



(1) Debía hallarse hacia dónde hoy la quinta de los señores Marqueses 



de Villagarcía. 



LOS TRES PRÍMEBOS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 217 

Santiago (1). Fué otorgado el Privilegio el 19 de Abril 
de 912 (2); y en confirmación, poco tiempo después, el 
Rey de Galicia D. Ordoño II, el 27 de Junio del mismo 
año 912, despachó otro solemne Diploma, en el cual no 
sólo ratifica todo cuanto había concedido Sisnando, sino 
que por su parte amplía las donaciones hechas por el 
Prelado y, con su consentimiento, añade otras nuevas. 
Dona la otra mitad de la isla de Arosa; la isla de Corte- 
gada con su iglesia; la iglesia de Santa María de Fratríbus 
(Frades, anejo de San Jorge de Vea); las villas de Antas y 
Gañón, y un casal poblado en Padrón á orillas del río 
Sar (3). 

Esto había hecho Sisnando por consideración á las 
Dignidades y Canónigos de Santiago, que aspirasen á 
tener un lugar retirado en donde con más facilidad pu- 
diesen dedicarse á la contemplación, y pasar los últimos 
años de su vida recordando y llorando los extravíos de su 
juventud. Quiso el discreto Prelado que los clérigos infe- 
riores de la Catedral pudiesen disfrutar proporcional- 
mente del mismo beneficio; y para ello reedificó la igle- 
sia de San Félix de Lovio, y levantó junto á ella una 
casa que sirviese como de vivienda á los ministros jubi- 



(1) Algunas de las subscripciones de Obispos que aparecen en el Do- 
cumento, la de Oveco de Oviedo, por ejemplo, debieron ser puestas posterior- 
mente, al tiempo en que el Privilegio fué confirmado por alguno de los Reyes. 

(2) Véase en los Apéndices núm. XXXII.— Yepes (t. IV, Apéndices), 
lo publicó con la fecha Era DCCCCLI, ó sea año 913; pero el Obispo 
Nausti de Coimbra, uno de los firmantes, había ya fallecido en el 
año anterior; y además esta donación debió de preceder á la de D. Ordoño II, 
que se hizo en el año 912, pues de otro modo resultaría inútil y sin objeto. 

(3) Yepes, Coron. gener. de San Benito, t. IV, Apéndices. 



^18 LIBBO SEGUNDO 



lados del Templo Apostólico, y de hospedaje á los pobres 
y peregrinos (1). 

Aún se extendió á más el celo caritativo del gran 
Prelado. La Iglesia del Apóstol contaba entonces con 
gran número de siervos, muchos de los cuales por los 
años, por el trabajo ó por accidentes fortuitos, se veían 
imposibilitados para ganarse por sus manos el sustento 
de cada día. Para ellos construyó también vivienda el 
próvido Sisnando en una de las torres de las cercas de 
la ciudad, próxima á la Catedral, y señaló rentas para 
su sustentación (2). 

De todas estas obras, que, á juzgar por el sello de ri- 
queza y magnificencia que se procuró imprimir en todos 
los productos del arte bajo el reinado de Alfonso III, de- 
bían de ser muy notables y de rela-tiva importancia, pue- 
de decirse que nada ha quedado. Únicamente el tímpano 
de la puerta de la iglesia de San Félix, que tiene escul- 

(1) El P. Yepes (Coron. gener. de San Benito, t. IV, al año 835, capí- 
tulo III), cita una Escritura, por la cual el Presbítero Frarigo donó la terce- 
ra parte de la aldea de Girantes ad illos fratres de homo. Añádese en esta 
Escritura que Frarigo encomendó el gobierno de la casa de Lovio al Abad 
de San Martín, Guto. Falta saber si este Lovio, de que habla Yepes, es el 
mismo que el Lobio que reedificó Sisnando; lo cual nos parece poco probable. 

Algunos quisieron también identificar á San Félix de Lobio con el mo- 
nasterio de San Pedro de Afora; pero ambas iglesias siempre fueron distin- 
tas é independientes la una de la otra. 

(2) Et Lovium ad susceptionem pauperum, ubi nunc ecclesia Sci. Fe- 
licis est constituía; et sedes ad suscipiendos pauperes de familia tam viros 
quam feminas inter turres; et de redditibus Ecclesiae pro posse sustentabat 
eos. (Cron. Iriense en el t. XX de la España Sagrada, pág. 603). 

La Compostelana nada habla de esta especie de hospicio establecido en 
las torres de la ciudad, pues lo confunde (España Sagrada, t. XX, pág. 11), 
con la casa edificada junto á San Félix de Lobio. Tanto el Iriense, como Don 
Diego Gelmírez en la Escritura otorgada á San Martín en 11 15, distinguen 
claramente un establecimiento de otro. 



LOS TRES PRIMEROS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA k 219 

pida en bajo relieve una cruz procesional, hoy cubierta 
por una espesa capa de cal y argamasa, parece de esta 
época. 

A otro punto importante, cual era la sabia adminis- 
tración de la hacienda de la Iglesia, dirigió al mismo 
tiempo su celosa atención el Obispo Sisnando. Según el 
Cronicón Iriense mandó hacer un apeo ó inventario de to- 
dos los bienes, estableció un plan de administración for- 
dinav't omnia hona), y puso, por consiguiente, personas 
que conforme á él los administrasen (1). En este espi- 
noso trabajo debieron servirle de poderosos auxiliares los 
notarios que tenía nombrados, entre los cuales conocemos 
á los Canónigos Hermemiro, Elias y Alfonso. 

Hemos dicho en la página 216 que entre las iglesias 
que Sisnando donó al Monasterio de San Martin, se con- 
taban las de San Sebastián y San Lorenzo de Monte- 
sacro ó Picosagro. Veamos ahora el origen y comienzos 
de estas dos iglesias. 

Refiere el interpolador de Sampiro, que al otro día 
de la consagración de la Iglesia de Santiago, los Obis- 
pos concurrentes defiriendo á los deseos del Rey D. Al- 
fonso, se encaminaron al monte Ilicino ó Sacro, para con- 
sagrar la iglesia de San Sebastián, que sobre la cumbre 
había edificado Sisnando I (2). 



(1) Deinde supradictus Sisnandus Pontifex, vir religiosus ac castus, 
ordinavit omnia bona quaecumque potuit scire et intelligere in Ecclesia sua 
tam de clero, quam de familia, et de omni bonitate. (España Sagrada, t. XX, 
página 603). 

(2) Peracta die Dedicationis, praedicti Pontífices jussu Regis, secus 
numen Ulia in monte, qui ab antiquis vocabatur Ilicinarius, consecraverunt 
ecclesiam in honorem Sancti Sebastianii Martyris. (España Sagrada, 
tomo XIV, pág. 457). 



•220 LIBEO SEGUNDO 



El objeto que se propusiera el piadoso Prelado al 
construir esta iglesia, nos lo expresa él mismo en la Es- 
critura en que anejó el nuevo templo al Monasterio de 
San Martín Pinario. Quería continuar en el Ilicino la 
obra de purificación, que habían iniciado los Discípulos 
de nuestro Apóstol al rociarlo con agua bendita, y al 
destruir el centro de abominación y culto infernal que 
allí tenía establecido el Demonio (1). 

Terminada y consagrada la obra, Sisnando la puso al 
cuidado de un piadoso presbítero llamado Leodulfo, el 
cual, obedeciendo á las instrucciones que había recibido 
del Prelado, fué trabajando con todo ahinco para pro- 
veer la nueva iglesia de los objetos necesarios al servicio 
del culto, y crearla recursos suficientes para cuando lle- 
gase el caso de establecer allí una comunidad de religio- 
sos. El espacio que ocupa la iglesia y el pequeño atrio 
que la rodea, se excavó en la roca y en los duros peñas- 
cos de que está erizado aquel vericueto (2). La casa pa- 
ra los religiosos, se construyó en la vertiente meridional 
y como á unos cuatro metros más abajo del nivel del 
atrio. (3) 

Al hacer entrega Leodulfo á Sisnando de la casa 



(1) In honorem domini nostri Iesu Xpisti et in honore gloriosi Marti - 
ris Sebastiani edificamus ecclesiam sub umbráculo et alis et sub protectio- 
ne beati Jacobi et nostri pontificatus labore nostro et expensa nostra, in 
monte quod quondam lllicinus dictus est, post adven tum Sci. Jacobi mons 
sacer est appellatus, qui a septem pontificibus, discipulis bti. Jacobi, as- 
persus sacramento salis et aque, et ab omni spurcitia diaboli et flatu pesti- 
feri draconis purgatus. 

(2) De esta iglesia actualmente sólo se conserva el ábside y parte del 
muro lateral del Norte. 

(3) "En este sitio, en una extensa zona, se han hallado carbones, gran- 
des capas de ceniza y restos de vasijas de barro. 



LOS TBES PRIMEBOS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 



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222 LIBRO SEGUNDO 



é iglesia, recontó lo que él con su industria y trabajo 
(propriis manibus auxiliante Domino lahoravi) había adquiri- 
do, ó recibido en oblación de los fieles (seu quod ex populo 
ibidem obtulerunt). Contáronse entre estas cosas un salte- 
rio, un oracionario, un pasionario, un comicum (1), un ma- 
nual, una campanilla de plata, cuatro mantas, cinco col- 
chones de pluma, una alfombra, seis camas, diez sillas, 
ocho mesas, ocho fuentes, quince tazas, tres arcas, diez 
cubas, tres cubos, diez bueyes, veinte vacas, diez yeguas, 
treinta ovejas, y la mitad de un pomar que había com- 
prado á Belesario en el lugar de Palacio ó Pazo de 
Sudares. 

Cuando Sisnando juzgó que ya estaba todo dispuesto 
para que allí pudiera instalarse una comunidad de Re- 
ligiosos, dotó la iglesia con terrenos suficientes para 
esparcimiento y sustento de los monjes para las nece- 
sidades del culto y para socorro de los pobres que allí 
se acogiesen. Mas abajo, en la misma montaña, en la 
vertiente que mira al Este y como á un kilómetro, ha- 
bía edificado otra iglesia dedicada á San Lorenzo, la 
cual quiso que también fuese servida por los monjes de 
San Sebastián. Señaló el coto ó términos de ambas igle- 
sias, comenzando por el lugar de Artillar io ( Ardilleiro) , 
que está al Este, siguiendo hacia el Norte, hasta tocar en 
la parroquia de Sergude, continuando por el Oeste hasta 
el lugar de Bebordellum (Rebórdelo), en la parroquia de 



(1) El libro Comicum, Comes, Comitis, Commicum, era el que contenía 
las profecías, las epístolas y los evangelios que se recitaban en la Misa. 
Véase el interesante opúsculo que publicó el Sr. Villa-Amil (Madrid, 1874) 
intitulado: Loa Códices de las Iglesias de Galicia. 



LOS TRES PRIMEROS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELAÍÍA 223 

Lestedo (1), y subiendo desde aquí, hasta montar la sie- 
rra y llegar al lugar de Ardilleiro (2). 

Sisnando ofreció, además, á la iglesia de San Sebastián 
tres cálices, uno de ellos con su patena (paropsidej de 
plata, una cruz y una caja de plata, una campana, una 
campanilla de plata apreciada en seis sueldos que tenía 
esculpido su nombre, dos frontales, paños para encima 
del altar, dos mantos, dos velos para suspender á la en- 
trada del ábside, dos casullas, tres estolas, un libro de 
Ordinum Sacerdotalium , un Geroncio y un tercero, con la 
misa y pasión de San Sebastián. 

• Donó, por último Sisnando, las penas ó multas (Clamo- 
res), en que incurriesen los habitantes del coto, y dos ter- 
ceras partes del Voto de Santiago que se pagaba por las 
heredades del mismo coto. 

Con esto ya el venerable Prelado tenía todo lo nece- 
sario para la fundación, es decir, rentas para el sustento 
de los monjes, é iglesia ó iglesias surtidas de lo más indis- 



(1) En este lugar se reunía ya entonces el Clero y el pueblo para can- 
tar las Letanías. 

(2) La sierra del Picosagro forma una prolongada loma que, como una 
colosal'trinchera, se extiende de N. á S. por espacio de unas tres leguas y 
divide lo que llamamos Ulla alta, de la Ulla baja. Describe un arco, cuya 
parte convexa mira al Poniente. Atraviésala el río Ulla en el famoso paso 
de S. Juan da Coba. Al extremo N. yérguese hasta unos 500 metros sobre 
el nivel del mar, un empinado cerro,, casi cónico, que es el Monte Sacro pro- 
piamente dicho. En el extremo opuesto hay otro agudo picacho, sobre el que 
estuvo edificado el castillo de Cira, propiedad del Excmo. Sr. Duque de Te- 
rranova. Entre ambos extremos surgen de trecho en trecho sobre la loma 
informes grupos en los que se ven como al azar hacinados asperísimos pe- 
ñascos, ya de cuarzo medio cristalizado, ya de formación basáltica. 

Sobre la loma y como á media altura del cerro del N., está la iglesia de 
San Sebastián; la de S. Lorenzo está ya en el declive de la loma por el lado 
del Este. 



224 LIBBO SEGUNDO 



pensable para el culto. Por lo tanto, hizo extender la es- 
critura de fundación, que publicó el P. Yepes, en el 
tomo IV de la Coronica general de S. Benito (1), y encomen- 
dó á Nantemiro Gruto y al buen presbítero Leodulfo el 
cuidado de ejecutarla en todos sus detalles (2). 

Estas eran las iglesias de San Sebastián y San Lo- 
renzo de Montesacro, que Sisnando había donado á San 
Martín; pero no por pura donación, sino para que el abad 
Guto tuviera á su cuidado la dirección del monasterio 
de San Sebastián, y el procurar que en él estuviese siem- 
pre en vigor y en observancia la disciplina monástica (3). 
Tal era la confianza que el Prelado tenía en la pruden- 
cia y en las virtudes de Gruto, que quiso que el monaste- 
rio de San Sebastián para nada dependiese de la jurisdic- 
ción del Diocesano, y que en todo estuviese sujeto á la 
autoridad del Abad de San Martín (4). Y como la expe- 
riencia enseñaba que en los monasterios pobres difícil- 
mente se conservaba por mucho tiempo la rigidez de la 



(1) Apéndices, núm. XIV. 

(2) Commendamus jam dictum locum cuín omnia quidquid ibidem per- 
tinet Nantemiro pro cognomento Guto et Leodulpho presbytero, qui coa- 
dunen ibi fratres, qui in vita sancta juvante Domino persistant, et habeant 
ipsum locum firmiter absque alicujus dominatione. 

Yepes pone por fecha la era DCCOCLII, año 914; mas como esta Escritu- 
ra debe ser anterior á la en que Sisnando anejó este Monasterio al de San 
Martín, año 912, creemos que su verdadera debe colocarse en el año 904. 
(Véanse Apéndices, núm. XXVI). 

(3) Ut per ipsius abbatis (Guto) institutionem et ipsius monasterii 
(Sci. Martini), ut mittant ibi fratres presbyteros in regula sancta in praedi- 
cto monasterio Sci. Sebastiani. 

(4) Et tam ipsum monasterium (Sci. Sebastiani), quam omnes adjunc- 
tiones suas ab omni fisco Regis, et ab omni debito nostre Sedis absolvimus 
in perpetuum. 



LOS TEES PBIMEROS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 225 

vida monástica, para que el nuevo monasterio no resulta- 
se gravoso al de San Martín, ni sus monjes se viesen pre- 
cisados á preocuparse por otros cuidados extraños á su 
profesión, lo dotó espléndidamente, como se ve por la Es- 
critura en que otorgó su anexión. Cedióle dos terceras 
partes de los Votos (1) que se pagaban á la Iglesia de 
Santiago en las siguientes parroquias del contorno: 
de Seo. Mámete (San Mamed de Bivadulla), de Sea. Cruce 
(Santa Cruz de Rivadulla), de Villanova (San Pedro de 
Vilano va), de Seo. Xpistoforo (San Cristóbal de Merín), 
de Seo. Miehaele (San Miguel de Sarandón), de Sea. Eulalia 
Vetereo (Santa Eulalia de Vedra), de lalobre (San Andrés 
de Trobe), de Talegio (Santa María de Teo), de Vaamun- 
di (Santa María de Vaamonde), de Seo. Andrea (San An- 
drés de Illobre), de Seo. Iuliano (San Julián de Sales), 
de Seo. Felice (San Félix de Sales), de Lestedo (Santa 
María de Lestedo), de Sergudi (San Verísimo de Sergu- 
de), de Lamas (Santa María de Lamas), de Vigo (San- 
ta Eulalia de Vigo), de Laureda (San Pedro de Loure- 
da), de Gradanes (Santa Marina de Castrar?), de Pre- 
vidinos (Santiago de Previdiños), de Foganes (San 
Verísimo de Foxás), de Aural (Santa María de Oural), 
de Minuci (San Lorenzo de Pousada?), de Castro (San 
Miguel de Castro), de Vilar (San Miguel de Vilar), de Co- 
dession (Santa Eulalia de Codeso), de Buqueison (San Vi- 
cente de Boqueixón), de Sea. Marina (Santa Marina de 
Sucira), y de Asnois (San Julián de Arnois) (2). Era obli- 



(1) La otra tercera parte la reservó para el monasterio de San Juan 
da Coba. 

(2) En casi todas estas parroquias se descubren vestigios de muy re- 
mota antigüedad. Así en Vedra y en San Miguel de Sarandón, se hallaron 

Tomo II.— 15. 



226 LIBEO SEGUNDO 



gación de los presbíteros ó clérigos de estas parroquias, 
el lle.var anualmente á San Sebastián los votos ó rentas 
que a cada una correspondiesen; de los cuales votos así 
reunidos se había de deducir una tercera parte para San 
Juan da Gota, cuya iglesia, según el Arzobispo D. Pedro 
Helias, había reedificado el mismo Sisnando. Dióle, ade- 
más, parte en varias penas pecuniarias de las que se co- 
braban en Iria, en el Giro ó alrededores de Santiago, en 
Montaos, en Cercedello ó Sabugueira, en Rivadulla, en 
Tabeirós y en Vea, y cierta renta, seis cuartales de trigo, 
en el lugar de Cornado de Sub vereda, que debe ser el de 
Cornado, en la paroquia de San Félix de Sales. Consig- 
nó, por último, para servició del monasterio, á dos fami- 
lias de esclavos, á Daniel con su mujer Fragundia y sus 
hijos, y á otro Daniel con su mujer Gota y sus hijos. 

Otorgóse esta notable Escritura que puede verse en 
los Apéndices, número XXXV, el 1.° de Febrero del 
año 914. Está subscripta por veintiocho, entre presbíteros 
y diáconos, que probablemente todos eran Canónigos de 
Santiago, incluso el notario Elias. 



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sepulturas antropomórficas, labradas en la peña; en Trobe y en Teo, sarcófa- 
gos de granito; en Vilanova, un capitel de mármol del siglo IV ó V; en Les- 
tedo, restos de una cruz de mármol de hacia los siglos VI ó VII; en Arnois, 
un sepulcro de Santa Paderjia ó Paterna, que parece del siglo IX ó X, etc.. 



CAPITULO XI 



Fin del reinado de D. Alfonso III, y comienzos 
del de D. Ordoño II. 




E los documentos expedidos 
en la regia Cancillería de 
D. Alfonso III en los últi- 
mos diez años de su vida, ó sea en los diez primeros del 
siglo X, muy pocos son los que nos quedan; pero en casi 
todos ellos aparece el nombre de Sisnando. Así en el 
año 902 subscribe el Diploma que D. Alfonso otorgó al 
monasterio de Samos, y en el 905 el otorgado á la San- 
ta Iglesia Ovetense. 

En un Privilegio concedido á 29 de Enero del año 915 
á la Iglesia de Santiago por D. Ordoño II, se dice que su 
padre, D. Alfonso III, había ampliado el coto de la Iglesia 
Compostelana, tanto por la parte del Tambre, como pol- 
la del Ulla, hasta doce millas de radio. La donación de 
Alfonso III, cuya Escritura ha desaparecido, se limitó, 



228 LIBRO SEGUNDO 



pues, á extender el radio por el Sur y por el Norte. Su 
hijo D. Ordofio, según luego veremos, lo extendió tam- 
bién hasta doce millas por el Oriente y por el Poniente. 

Otras adquisiciones logró por este tiempo la Iglesia 
Compostelana, y entre ellas la que se registra en el 
Tumbo C, fol. 142. El presbítero Viliulfo que había edi- 
ficado, ó quizá reedificado la iglesia de San Juan en el 
lugar de Penséllo, á la falda del Lartito y á orillas del 
Selo, en el territorio de Braga, y reunido en ella una 
comunidad de Monjes, la ofrece con todas sus posesiones 
al Apóstol Santiago, inclusas las cruces, los cálices, las 
coronas, los libros, los cortinajes y demás indumentaria 
sagrada, y los lechos, mesas, cátedras, bancos ó compendía- 
les, cubas y todo el mobiliario necesario para servicio de 
los Monjes. Datóse la Escritura en 4 de Marzo de 908, 
y está subcripta por los abades Gundesindo, Hermerote 
y Adaulfo (1), y por varios presbíteros y diáconos que 
sin duda eran Canónigos de Santiago (2). 

En su largo y azaroso reinado, había recibido D. Al- 
fonso III muchos desengaños de los hombres; estábale 
reservado para sus últimos años el experimentar hasta 
dónde llegaba la ingratitud y deslealtad de sus propios 
hijos y aún de su esposa D. a Jimena. Su hijo primogéni- 
to, D. García, celoso acaso de la preferencia que D. Al- 
fonso había dado al segundogénito D. Ordoño, nombrán- 
dole Rey de Galicia, estimulado por su madre Doña 
Jimena, apoyado por su suegro el Conde de Amaya, Don 
Munio Fernández, y secundado por sus hermanos, levan- 



(1) Los nombres de estos tres abades aparecen en varios documentos 
compostelanos de aquel tiempo. Adaulfo se llamaba el Abad de Antealtares. 

(2) Véanse en los Apéndices, núm. XXVIII. 



LOS TBES PEIMEEOS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 229 

tó el estandarte de la rebelión y trató de privar á su pa- 
dre del trono. Acaso no le habría sido difícil á D. Alfon- 
so el sofocar la rebelión de sus denaturalizados hijos; 
pero prefirió dedicar lo que le restaba de vigor y de 
fuerza á otras empresas más gloriosas y patrióticas, que 
la de teñir su siempre vencedora espada en la sangre de 
los mal aconsejados rebeldes, que al fin y al cabo era la 
suya propia. Rasgó su pecho como el ave de la fábula 
para que pudiesen vivir sus hijos. Pensó quizás que á 
sus años no le faltaba más que la más difícil de las vic- 
torias, la de vencerse a sí mismo; y renunciando á soste- 
ner por más tiempo el Cetro, quiso probar si podía ser 
tan buen subdito, como había sido glorioso Monarca. 

Su primer acto después de la renuncia ó deposición, 
fué venir á Compostela y presentar como oblación pura 
ante el Altar del Patrón de España el sacrificio, que con 
magnánima resolución acababa de hacer de su amor pro- 
pio (1). Vuelto á Astorga, suplicó á su hijo D. García 
que le permitiese otra vez más, guerrear con los Sarrace- 
nos; y reunido un gran ejército, corrió con él las tierras 
de los Moros, causando grandes estragos y obteniendo 
señaladas victorias. ¡Digno fin de su gloriosa carrera! Al 
llegar á Zamora de vuelta de su expedición, falleció 
en 910, de muerte natural, á los 62 años de edad y 44 
de reinado (2). En sus últimos momentos no se olvidó de 



(1) Ipse (Adephonsus) autem causa orationis ad Sanctum Jacobum Rex 
perrexit... (Cron. de Sampiro en el tomo XIV de la España Sagrada, pá- 
gina 461). 

(2) Inde (Sto. Jacobo) reversus, Astoricam venit, atque á filio suo Gar- 
seano petivit ut adhuc vel semel Sarracenos persequeretur; et multo agmine 
aggregato, multas strages fecit, et cum magna victoria regressus est, atque 
Zemoram veniens proprio morbo decessit. {Cron. de Sampiro, loe. cit.) 



230 LIBBO SEGUNDO 



Santiago, y sin duda, de los despojos de su victoria se- 
paró 500 monedas de oro, que entregó al Obispo de As- 
torga, San Genadio, para que éste las llevase ó enviase 
como ofrenda á la Iglesia del Apóstol (1). 

Con la muerte de D. Alfonso, quedaron sus hijos li- 
bres del remordimiento que debía causarles el ver des- 
pojado por ellos mismos, y errante, al que había sido 
autor de sus días. D. García se había posesionado de 
León, D. Fruela de Asturias, y D. Ordoño se quedó en 
Galicia. 

D. Ordoño no debió entrar en la conspiración que 
hicieron sus hermanos para destronar á D. Alfonso. Ha- 
bía recibido de su padre señaladas muestras de predi- 
lección, para que así se las pagase con tan negra ingra- 
titud, del todo incompatible con su excelente índole. 
Algunos años antes de su muerte y aún de declarada la 
rebelión, quizás en 906, D. Alfonso atendiendo á lo 
noble y belicoso de su carácter, quiso compartir con él los 
cuidados del Poder Real, y lo declaró Rey de Galicia (2). 

Para demostrar D. Ordoño que era muy digno de la 
confianza que en él había puesto su padre, al frente de 
un numeroso ejército, que había reunido y organizado 
en Galicia, rompió por tierra de Moros, atravesó el 
Tajo y el Guadiana, y siguió devastando é incendiando 
campos, aldeas y villas, y todo cuanto encontraba á su 



(1) Esto no pudo llevarse á efecto hasta algunos años después por la 
mala voluntad del Rey D. García. 

(2) Quem profecto Ordonium insignem militem Aldefonsus pater, 
magnus et gloriosus Rex, vivens Galliciensum provinciae praefecerat... Erat 
namque (Ordonius) in onini bello providus ac prudentissimus; in Civibus 
justus et inisericordissimus... (Gron. del Silense, en el tomo XVII de la Es- 
paña Sagrada, pág. 294). 



LOS TEES PRIMEROS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 231 

paso, hasta que logró penetrar en Sevilla, por la puerta 
de Regel. Desde aquí, dio vuelta cargado de despojos y 
trayendo consigo un gran número de cautivos, y esta- 
bleció su campo en la ciudad de Viseo (1). 

De esta manera inauguró su reinado D. Ordoño II; 
y cuando en Diciembre de 910 falleció su padre D. Al- 
fonso, se hallaba ya con suficiente fuerza y prestigio 
para que nada pudiese temer de la ambición de sus her- 
manos. 

El guerrero intrépido y denodado, era un cristiano 
profundamente religioso, que se sentía tanto más obli- 
gado á ejercer actos públicos de piedad y devoción, 
cuánto era más elevado su puesto en la sociedad. Per 
hoc nóbis a Deo cumulentur pracmia, per quod nos coram vpso 
d'spensamus terrena, decía él en el Diploma en que segui- 
damente vamos á ocuparnos. Apenas habían transcurri- 
do cuatro meses después de la muerte de su buen padre 
D. Alfonso, cuando con su esposa D. a Elvira, señora de 
nobilísima estirpe gallega, ofreció ante el Altar del 
Apóstol Santiago, á quien llama su glorioso Señor, un 
cuantioso y riquísimo donativo consistente en piezas de 
vajilla é indumentaria sagradas, en esclavos cogidos á 
los Sarracenos,' y en extensas haciendas y posesiones. 
Dona en primer lugar, treinta y cinco esclavos, cuyos 
nombres expresa; los cuales esclavos, probablemente se- 



(l) Siquidem dum Pater adhuc viveret, et ipse Galliciensibus domina- 
retur, collecto totius provinciae exercitu Baeticam provinciana petiit. Dein 
Vastatis circumquaque agris, et villis incensis, primo Ímpetu Regel civita- 
tem, quae inter occidentales omnes Barbarorum urbes fortior, opulentiorque 
videbatur, pugnando cepit. (Cron. del Silense, en la España Sagra- 
da, loe. cit.) 



232 



LIBEO SEGUNDO 



rían de los prisioneros cogidos en su expedición á An- 
dalucía. 




Fotografía de J. Limia. Fotograbado de Laporta. 

Miniatura del Tumbo A., fol. 5 v.°, que representa a D. Ordoño II. 

Las alhajas que ofreció eran de subido valor y méri- 
to como se verá por su simple enumeración. Dos cajas 



LOS TRES PRIMEROS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 233 

de oro purísimo, primorosamente adornadas de piedras 
preciosas y perlas, y esculpido en ellas el nombre de Or- 
doño y Elvira; otra caja de vidrio de Ultramar, dispuesta 
en forma de arcos; un cíngulo ó cinturón pontifical de 
oro, tachonado de piedras preciosas y perlas; un cáliz 
con su patena de oro, piedras preciosas y perlas; otro 
todo de vidrio; dos grandes cortinas de polea, una de 
ellas recamada con figuras de papagayo; tres relucien- 
tes coronas de oro purísimo, sembradas de piedras pre- 
ciosas; una Cruz de oro batido adornada de piedras va- 
liosas; una casulla episcopal piscina; otra con dos caras 
en el mismo tegido, una piscina y otra verde; otra casu- 
lla blanca (aluataroni) ; tres frontales recamados de oro; 
jarras de plata dorada y cincelada; intermisium (flabel- 
lum?) rotundum palmiceum miro opere pictum et exauratum; 
una cátedra episcopal de madera y hueso con su escabel, 
armada y sujeta con clavos y bolas ó remates de plata. 

En el Relicario de la Catedral, se conserva un pe- 
queño Crucifijo de lámina de oro, cuya forma damos en 
el grabado de la pág. 235; La cual, á nuestro juicio, per- 
tenece también á D. Ordoño II (1). 

Confirmó también la donación que había hecho Don 
Alfonso, de las islas Grove, de Ons, Framio, Sálvora, 
A rosa, Cias y Tambo, y por su parte, añadió la villa de 
Ardena (Árdea), que fuera propia de un cierto Pedro, y 
la villa de Noalia (Noalla), con sus colonos y sus salinas 
además de un pomar en Cornado, según su padre D. Al- 



(1) En época muy posterior, quizás hacia el siglo XV ó XVI, se cortó 
una tira en forma de cruz, de la lámina del reverso, sin duda, para dejar 
ver la madera que estaba dentro, y que probablemente sería un trozo del 
Lignum Crucis. En lugar de la tira sacada, se puso otra movible por medio 



234 LIBBO SEGUNDO 



fonso, lo había donado al presbítero Hermemiro, y éste 
á la Iglesia de Santiago, reservándose la mitad de los 
frutos durante su vida. Concedió por último, en el terri- 
torio de Braga, la iglesia de San Juan á orillas del Avo, 
con todas sus pertenencias, según se las había donado el 
abad Honorico, pero con la condición de que mientras 
viviese el presbítero Gundesindo, á quien él se la había 
concedido por Escritura, gozase de la mitad de los fru- 
tos. Está fechada la Escritura en 20 de Abril de 911 (1). 
Por entonces ya debieron de surgir algunas cuestio- 
nes y dificultades acerca de la condición social en que 
habían de considerarse los colonos habitantes en el coto 
de Santiago, especialmente respecto de los que habían 
procedido de otra jurisdicción ó señorío. Por esto Don 
Ordoño II, dos días después de haber concedido el ante- 
rior Privilegio, despachó otro en que confirma las dona- 
de una pequeña charnela. Al cortar la lámina, cortaron también una ins- 
cripción grabada con punzón, de la cual sólo quedaron las letras siguientes: 

En la traviesa: 

V 

IRM 

En el brazo largo: 
H C 

DO V 

DE F 

R IT 

S O 

IA O 

B 

A S 

LO 
Claramente sólo se lee S(c)o. Ia(c)ob(o) A(po)s(to)lo. — La Cruz mide 22 
centímetros de alto por 15 de ancho. 
(1) Véanse Apéndices, núm. XXX. 



LOS TRES PRIMEROS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 



235 



ciones de sus antecesores, y en especial las de su abuelo 
D. Ordoño I y la de su padre D. Alfonso III, declaran- 
do que los habitantes del coto de Santiago deben pagar 
á esta Iglesia, lo que tributaban al Real Señorío, pero 




Pequeño Crucifijo de lámina de oro, que se conserva en la capilla de las Reliquias 

de la Catedral de Santiago. 



no como siervos, sino como libres é ingenuos. Declara, 
además, que es su voluntad que la Iglesia de Santiago y 
de Iria, continúen poseyendo todos sus dominios y ha- 
ciendas del mismo modo que las había poseído en tiem- 



236 LIBRO SEGUNDO 



po de su padre, é intima á los Condes y demás funciona- 
rios públicos, que no se atrevan á mermar en nada lo 
que se ha escriturado en favor de dicha Iglesia (1). 

La Reina D. a Jimena, había heredado de una seño- 
ra gallega, llamada Gonnerodis, ciertos siervos y here- 
dades en Varna (San Vicente de Bama), en el Condado 
de Montesacro. Los hijos de Gonnerodis y de su esposo 
Suero ó Suario, tenían también parte, como era natu- 
ral, en estos siervos y heredades, y en León pidieron al 
Rey D. Alfonso que se hiciese la par tija de dichos bie- 
nes, entre ellos y la Reina D. a Jimena. D. Alfonso acce- 
dió á la súplica de los hijos de Gonnerodis, y comisionó 
al Obispo Sisnando, que á la sazón se hallaba en León, 
para que hiciese la partija que se pedía. Vuelto Sisnan- 
do á su Diócesis, convocados todos los partícipes, se 
constituyó en la iglesia de San Vicente de Bama, con 
peritos y otras personas competentes, y á cada una se 
fué adjudicando la parte que proporcionalmente le co- 
rrespondía. A D. a Jimena le tocó la familia de Herme- 
gotona con sus hermanos, hijos y sobrinos, entre todos, 
dieciseis siervos, con las heredades que labraban. 

Muerta á principios de 912 D. a Jimena, tocó esta ha- 
cienda á D. Ordoño II, el cual en 30 de Mayo de dicho 
año, hizo donación de parte de ella al Apóstol Santiago, 
al cual llama: Domino, Sando, invlctissimo atque triumphatori 
glorioso Dei martiri apostólo. Lo que dio D. Ordoño, fué un 
hijo de Hermegotona, llamado Visterlano, con sus cuatro 
hijos Nausto, Hermegotona, Vitilano, diácono? y Animia, 
y á dos nietas de la misma Hermegotona, llamadas Vis- 



(1) Véanse Apéndices, núm. XXXI. 



LOS TRES PBIMEBOS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELNA 237 

trileuba y Manosinde, con sus hijos. Los da con todo su 
peculio, tanto con el que ellos por sí adquirieron, como 
con el que heredaron de su madre y abuela Hermegoto- 
na, aunque con esta declaración, que mientras viva el 
Obispo Sisnando, permanezcan en su condición servil, 
pero, muerto éste, dejen de ser siervos fiscales ó de la 
Iglesia, y sean habidos como ingenuos, sin más obliga- 
ción que la de pagar al Templo Apostólico, el tributo 
cuadragesimal que en Galicia los de su clase solían pa- 
gar al Real Señorío (1). 

Otro asunto resolvió D. Ordoño tres días después de 
la data del Diploma que acabamos de extractar. Vi- 
viendo aún D. Alfonso III, una señora llamada Lupela, 
demandó como siervos á un tal Muzurri y á toda su pa- 
rentela ó casata. Muzurri contestó, que pasaba ya de no- 
venta años, que ni él, ni toda su casata, prestaran ser- 
vicio alguno á la demandante, ni aún por razón de pa- 
trocinio. Como no había testigos, ni documentos, D. Al- 
fonso, ante quien se llevó el asunto, con los jueces que 
lo asesoraban, dispuso que se recurriese al juramento y 
á alguna de las pruebas judiciarias que se estilaban en- 
tonces. Lupela se retrajo; y en representación suya pu- 
sieron los jueces para asistir al acto y recibir el jura- 
mento, á su hijo Sanzote. 

El éxito de la prueba había sido favorable á Muzu- 
rri; pero pasado ya algún tiempo, los hijos de Lupela 
introdujeron nueva demanda, alegando que su madre 
ni había asistido á la prueba, ni recibido el juramento, 
y comprometiéndose á demostrar, como hicieron, que 
hacía treinta años que los demandados les habían esta- 



(1) Véanse Apéndices, núm. XXXIII. 



238 LIBEO SEGUNDO 



do prestando servicio. Pero al entrar en posesión los 
hijos de Lupela de los siervos demandados, se presentó 
en tercería el propio D. Ordofio II, alegando que Lupela 
había hecho Escritura á su madre D. a Jimena de las dos 
cuartas partes de los siervos; que los hijos de Lupela le 
habían hecho á él Escritura de otra cuarta parte; y que 
en la cuarta restante era él heredero por tres porciones 
con los hijos de Lupela. Quedaron, pues, todos, ó casi 
todos, declarados siervos de D. Ordoño; el cual al poco 
tiempo, á 2 de Junio de 912, á petición del Obispo Sis- 
nando, los cedió á la Iglesia de Santiago, pero en la 
condición de ingenuos y libres, y seguros de toda acción 
cualquiera que fuese. Las familias donadas en esta oca- 
sión, fueron: la de Muzurri con sus hijos y nietos; la de 
Zili con sus hijos y nietos; la de Trudilde con sus hijos y 
nietos; la de Severilde con sus hijos y nietos; la de Fru- 
gilde con sus hijos y nietos; la de Avolina con sus hijos 
y nietos; la de Flamulina con sus hijos; la de Teodilde 
con sus hijos; la de Sabarico con sus hijos y nietos; la de 
Velasco con sus hijos y nietos; y la de Sisnando con sus 
hijos y nietos. Al terminar, repite D. Ordoño, que todos 
estos nombrados queden ingenuos ante Dios Padre Om- 
nipotente, y que sólo paguen á Santiago lo que los de- 
más ingenuos pagaban al Fisco, que sería el tributo cua- 
dragesimal (1). 

En todos estos documentos se transparenta el gran 
afecto y veneración que D. Ordoño profesaba á Sisnan- 
do I, á quien consideraba como á un padre y á su prin- 
cipal consejero. En este mismo año 912, á 27 de Junio, 
por consejo y consentimiento del Prelado y todo su Cle- 



(1) Véanse Apéndices, núm. XXXI V. 



LOS TBES PBIMEBOS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 



239 



ro, per consilium et consensum domini Sisnandi Episcopi Loci 
Sancti cum ornni suo Clero, confirmó las donaciones que 
dos meses antes, á 19 de Abril, Sisnando había hecho al 
monasterio de San Martín Pinario. Es de advertir que 
el Prelado, por las razones que hemos expuesto en el 
capítulo anterior, de la hacienda de su Iglesia Catedral 
había cedido alguna parte al referido monasterio, como 
la península del Grove, la mitad de la isla de Arosa, la 
de Cortegada, etc.. Todo esto confirma por su parte Don 
Ordoño, y además, por consejo del Prelado, añade otras 
donaciones, como la de la otra mitad de la isla de Arosa 
y una finca en Padrón, etc.. 

De todos cuantos se conservan, éste es el último Di- 
ploma que firmó D. Ordoño, como Rey de Galicia. 



-M 



iiiiiiiMiiiiiiiiiiinniHiiiiiiiMiiiiiMiiiiiiiiiiiiiiniiiiiiiiiiiiiinniiHiiiuiiiiiiiiiiiiiHiHiiiiiiinMiiiiiiiiiiiiiiiiiniiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiHiiiiiiiniiiiiiiiiiiiii 



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CAPITULO XII 



Donaciones hechas á la Iglesia compostelana por D. Ordo- 
ño II, como Rey de León.— Últimos días del gran Prelado 
Sisnando I. — Su gloriosa muerte. 




principios del año 914 ■ — no á fines, 
como dice Risco (1) — falleció D. Gar- 
cía, Rey de León, y su hermano D. Or- 
doño se apresuró, desde Galicia, á re- 
coger el Cetro que por tan poco tiempo 
había empuñado su antecesor. El primer Privilegio, que 
como Rey de León otorgó D. Ordoño á la Iglesia com- 
postelana, está fechado en 6 de Diciembre de 914. En 
él, después de confirmar la donación que su padre Don 
Alfonso había hecho á esta Iglesia de las villas de San 
Román de Jeronciana, cerca de León, de Parada en el 
Bierzo, y de Bustomayor, á la falda del monte Capeloso, 
ratifica también la concesión que á la misma Iglesia ha- 
bía hecho la abuela paterna de la Reina D. a Elvira, 



(1) Eupaiia Sagrada, tomo XXXIV, pág. 1208. 
Tomo II.— 16. 



242 LIBBO SEGUNDO 



D. a Egilona (1), de las villas de San Mamed de Ameo, de 
Peñalba en Vadapia y de San Salvador de Parada en 
el Bierzo (2). 

Halagado D. Ordoño con el glorioso triunfo que en 
San Esteban de Grormaz había obtenido en el primer 
año de su reinado en León, triunfo que á su parecer 
aseguraba las conquistas hechas por él y por su padre, y 
que se extendían hasta más allá del Mondego, juzgó que 
era llegado el momento oportuno para restablecer de 
hecho algunas de las Sedes Episcopales que por efecto 
de la devastación causada por los moros, se hallaban 
aún abandonadas y desiertas. Con este propósito, el 29 
de Enero de 915, reunió un Concilio en Compostela, ó 
quizás en Zamora, al que asistieron Recaredo, Obispo de 
Lugo; Froarengo, de Coimbra; Jacobo, de Coria; Genna- 
dio, de Astorga; Sabarico, de Dumio; Ansurio, de Oren- 
se; Atilano, de Zamora; Fronimio, de León; Oveco, de 
Oviedo, y Anserico, de Viseo (3); y en él, propuso Don 
Ordoño el restablecimiento de las Sedes de Tuy y La- 
mego, puesto que en estas ciudades ya vivían seguros 
los cristianos, tanto seglares como clérigos, y que además 
convenía dejar á la Sede Iriense, unida al Lugar Apos- 
tólico de Santiago, en su antiguo ser y estado, con todo 
el territorio que le habían señalado los antiguos Cánones. 



(1) La esposa de I). Ordoño, D. a Elvira, era hija de D. Bermudo y 
nieta de los Condes gallegos D. Galón y D. a Egilona. (Véase Flórez, Bey- 
nas Cathólicas, tomo I, pág. 81). 

(2) Véanse Apéndices, núm. XXXVI. 

(3) No se cita en la Escritura que trata de esto, el nombre de Sisnando 
de Compostela; sin duda es una omisión del copista. La verdad es que en 
todo el cuerpo de la Escritura no se hace de Sisnando mención alguna. 
Véase Apéndice XXXVII. 






LOS TRES PRIMEROS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 243 

Esto lo decía D. Ordoño, porque hasta entonces los Obis- 
pos de Tuy y Lamego estuvieron residiendo en la Dió- 
cesis de Iria, teniendo cada uno de ellos territorio se- 
ñalado para morada y sustentación; el de Lamego, las 
comarcas de Trasancos, Labacengos, Nemancos, Célticos 
y Camota; y el de Tuy, las de Nendos, Bergantiños y 
Soneira (1). 

Deliberaron los Padres sobre el punto, ó puntos pro- 
puestos (hoc tractatum figentes cum patríbus et episcopis no- 
stris), y resolvieron que, ya que dichas ciudades episco- 
pales se hallaban pobladas, que se restituyesen á ellas 
los Obispos titulares, y que la Sede Iriense continuase 
poseyendo su Diócesis con los mismos términos y confi- 
nes, que estaban demarcados en los antiguos Cánones. 
(Et haec Sedes Iriensis, quae est conjuncta loco Patroni nostri 
Sci. Jacobi Apostoli, fines suos áb omni integriiate custocliat et 
contineat, sicut áb antiquis Patribas praescriptos cognovirnusj. 

En la misma Escritura, en que se consignó este de- 
creto del Concilio, hizo D. Ordoño dos importantes con- 
cesiones á la Iglesia del Apóstol. Por la primera conce- 
sión, completó hasta doce millas por la parte del Oriente 
y del Poniente, desde San Vicente del Pino hasta Iria, 
el radio del coto de Santiago, al que, como ya hemos 
dicho, su padre D. Alfonso había dado la misma exten- 
sión por el Norte y el Mediodía. Para esto, cedió por el 
Oriente el Condado de Montesacro, según lo había teni- 
do el Abad Gundesindo, y por el Poniente, hasta Iria, 
las dos Amaías, según las poseyeran los Condes Lúcido 
Vimaraniz y Ñuño Gutiérrez; pero advirtiendo que los 



(1) Había, además, otros dos distritos desmembrados, el de Pruzos y el 
de Bezoucos, que, al parecer estaban agregados á la Diócesis de Oviedo, 



244 LIBEO SEGUNDO 



colonos moradores de estas comarcas cedidas habían de 
ser habidos como ingenuos y no pagar más que el tribu- 
to cuadragesimal, como los otros habitadores del coto. 

La segunda concesión tendía, no sólo á evitar enojo- 
sas querellas, sino á aumentar el vecindario de Compos- 
tela. «Otorgo, pues — dice — y al Santo Apóstol confir- 
mo (1), que si los hombres que moran en la ciudad, ó sea 
junto á la tumba del Apóstol Santiago, fueren reclama- 
dos y demandados como siervos dentro de los primeros 
cuarenta días de su residencia en la ciudad, sean al pun- 
to expulsados; pero si pasaren dichos cuarenta días sin 
ser reclamados, desde entonces, puedan permanecer en 
la ciudad sin temor á ninguna acción, ni demanda por 
tal concepto» De este modo quedaba abierta ancha 
puerta á los esclavos (que á la sazón debían de ser muy 
numerosos, atendido á los muchos cautivos que habían 
hecho en sus expediciones, tanto D. Alfonso III, como 
D. Ordoño), para restaurarse, como se decía entonces en 
lenguaje cristiano, y no emanciparse, y entrar en la 
clase de los libres é ingenuos. Y he aquí también un 
nuevo contingente, con el cual Compostela podía au- 
mentar su población (2). 

Del día siguiente, 30 de Enero, hay dos Diplomas de 
D. Ordoño II referentes á un mismo suceso, que cada 
uno describe á su manera, sin que por eso se note entre 
ellos substancial discrepancia. Uno de estos Diplomas 
ha sido publicado por Flórez entre los Apéndices del 



(1) E3ta palabra confirmo demuestra que la concesión era ya anterior 
á D. Ordoño. 

(2) Véanse Apéndices, núm. XXXVII. — Véanse las subscripciones de 
este documento en el Apéndice núm. XLV; si bien es de advertir que se 
hallan involucradas, como sucede de ordinario, con otras posteriores. 



LOS TBES PEIMEBOS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 245 

tomo XIX de la España Sagrada; el otro se lee en el 
Tumbo A, al íol. 8, y hasta ahora no ha sido publicado. 
Hemos dicho que D. Alfonso III, al tiempo de su falleci- 
miento, había legado á la Iglesia compostelana, 500 mo- 
nedas de oro, confiando el encargo de llevarlas ó man- 
darlas al Obispo de Astorga, San Grenadio. Según el texto 
publicado por Flórez, aunque D. a Jimena había consen- 
tido espontáneamente en el legado hecho por su esposo, 
sin embargo, San Genadio no pudo dar cumplimiento al 
encargo, porque se lo estorbó el Rey D. García, que 
hizo guardar todos los caminos que conducían á San- 
tiago. Fallecido D. García, el Santo Obispo de Astorga 
entregó las 500 monedas á D. Ordoño, el cual se las de- 
volvió, y lo comisionó para que las trajese á Compostela. 
Así lo hizo San Genadio; pero pasado algún tiempo, el 
mismo D. Ordoño, viendo que las 500 monedas guarda- 
das en el Tesoro de la Iglesia nada producían, propuso 
á Sisnando y á la gran Congregación de la Aula Apos- 
tólica (1), la permuta de este dinero por una finca equi- 
valente, cuyos frutos pudiesen emplearse en la susten- 
tación de los ministros del Templo, en las urgencias del 
Culto y en socorro de los pobres y peregrinos. Aceptó 
Sisnando y su Cabildo; y D. Ordoño, en compensación 
de las 500 monedas, donó la villa de Santo Tomás de 
Corneliana (Cornelhá, en Portugal), á orillas del Limia. 
Este es, en compendio, el texto de Flórez. El texto iné- 
dito dice que D. Alfonso y D. a Jimena, legaron las 500 
monedas (metcales ex auro purissirno), á Santiago, y que co- 



(1) Con razón el P. "Flórez en el Prólogo del tomo XIX de la España 
Sagrada, se detiene en estas palabras illius magnae congregationis, y ad- 
vierte, que ningún Rey trató de Grande á otro Cabildo, sino al de Santiago. 



246 LIBBO SEGUNDO 



metieron este encargo á San Genadio y á Fronimio que 
después fué Obispo de León. Omite lo de la oposición 
del Rey D. García, y expresa que en efecto las 500 mo- 
nedas no tenían objeto (vacantes ab aliqua operatione in 
thesauro); porque la Iglesia se hallaba bien surtida de 
todo, de cajas, de cruces, de cálices, de patenas, de co- 
ronas, etc.. y que por lo mismo era preferible emplear- 
las en socorro de los pobres y peregrinos, y que en 
satisfacción, á él le placía dar la villa de Corneliana con 
todas sus pertenencias, según sus antiguos términos, 
con el censo ó tributo que debían pagar los moradores 
ingenuos, y los servicios que debían prestar los siervos y 
libertos, cada uno según su clase (1). 

En el año siguiente 916, á 17 de Enero, ejecutó Don 
Ordoño otra última disposición testamentaria, la de su 
joven hermano D. Gonzalo, el cual al morir, mandó 
por su alma á la Iglesia de Santiago, la villa de Lánca- 
ra, en la Diócesis lucense, junto al río Neira. Mas con- 
venía al Rey la posesión de esta villa; y así ofreció en 
cambio otras dos villas de igual valor en el territorio 
de Nendos; la de Oza que había heredado de su padre 
D. Alfonso, y la quinta parte de la de Cela, á orillas 
del Mero, que también había sido de D. Alfonso por do- 
nación de Renfurco. Aceptaron el Obispo Sisnando y su 
Cabildo, y otorgóse en el citado día la Escritura que 
confirman los Obispos Ansurio y Recaredo, y los Mag- 
nates Gutierre Menéndez y Gutierre Osórez (2). Algún 
tiempo después, D. Ordoño mudó de parecer, y en lugar 
de la villa de Cela, donó la de Arcdbria en la comarca 



(1) Véanse Apéndices, núms. XXXVIII y XXXIX. 

(2) Véanse Apéndices, núm. XL. 



LOS TEES PRIMEROS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 247 

de Castela, á orillas del Miño, entre Layas y CastreUo, con 
sus casas, viñas, bosques y demás pertenencias, que 
habían sido de Vizoy y de Elvira (1). 

Con consentimiento de Sisnando y de todo el Cabil- 
do (cum omni Collegio cunctorum canonlcorum suorumj con- 
firmó D. Ordoño á 17 de Agosto de 916 la fundación 
del monasterio de San Salvador, en el lugar de Spinare- 
to, cerca del río Lérez, que había hecho el abad Cunta- 
do en terreno propio del Monarca. D. Ordoño dotó 
espléndidamente la nueva fundación; le señaló un ex- 
tenso coto; le cedió la propiedad de todas las heredades 
que tenía dentro del coto, con los siervos destinados á 
su cultivo; donóle dos muy buenas campanas, un cáliz 
de plata, una cruz y una caja también de plata, cuatro 
capas de seda y otros ornamentos, misales, salterios, an- 
tifonarios, la Regla de San Benito, etc.. y además la 
eximió con el referido consentimiento de Sisnando y su 
Cabildo, de la jurisdicción del Prelado Iriense y de 
todo pecho y tributo debido á la voz Real. Subscriben 
el Diploma, Sisnando y otros cinco Obispos, varios Ca- 
nónigos de Santiago y de Iria, y al fin, el notario en 
esta forma: Adefonsus . notarius episcopi domni Sesnandl in 
sede irlensi in loco apostólico canonicus, Scripsit et conjlrmat (2). 

Por este tiempo ya tenía realizado D. Ordoño su 
propósito de establecer la Corte en León, y de elevar la 
Iglesia legionense á la consideración de Sede regia, 
como él mismo dice en un Privilegio otorgado á la 



(1) Véanse Apéndices, núm. XLIV. 

(2) Véase el Diploma íntegro entre los Apéndices de la España Sa- 
grada, tomo XIX. En el ejemplar comunicado al P. Flórez hay algunas in- 
terpolaciones que deben ya proceder de alguna copia antigua; como la de 
Ordonius secundus, la de Sisnandi bonao memoriae. 



248 LIBBO SEGUNDO 



Iglesia de Lugo en 1.° de Septiembre de 915 (1). Quia 
auc torüate regali inter caeteras Sedes pontificales (Ecclesiam 
Legionensem), statuere decrevimus fírmato íbi solio regni 
nostri De tal suerte, quedaba sin efecto lo decretado 
quince años antes en el Concilio de Oviedo, respecto de 
la sublimación de esta Sede, y las Actas del referido 
Concilio, quedaron como letra muerta y hasta cierto 
punto perdida. 

Para facilitar la ejecución de estos proyectos, Don 
Ordoño cedió el palacio que habitaba dentro de los mu- 
ros de la ciudad, la cual, á lo que parece, venía á ser 
una antigua Basílica de tres naves de la época romana, 
rodeada, á lo que se cree, de Termas. En el fondo de las 
tres naves se colocaron tres altares, dedicados el del 
centro á Nuestra Señora, el de la derecha al Salvador 
y á los doce Apóstoles, y el tercero á San Juan Bautis- 
ta. La antigua Basílica dejó de ser palacio de Reyes? 
y contra lo que quizás estarían muy lejos de prever sus 
primeros constructores, fué consagrada palacio del único 
Rey y Señor del Cielo. A la solemnidad, que según 
opina Ruico (2), tuvo lugar el año 916, á 14 de Abril; 
asistieron casi todos los Obispos del Reino, y entre ellos 
nuestro Sisnando de Iría y Compostela (3). 

Probablemente, este fué el último viaje largo que 
emprendió Sisnando. Sus muchos años, que á la sazón 

(1) Véase España Sagrada, tomo XL, Apéndice XXI. 

(2) España Sagrada, tomo XXXIV, pág. 215. 

(3) Entre los firmantes de la Escritura que se refiere á este suceso 
(Apéndice del tomo XXXIV de la España Sagrada, núm. VII), hay un 
Sisnando Obispo de la Sede Iriense; pero como entre dichos firmantes, hay 
algunos que son muy posteriores á la fecha de la Escritura, la Reina Urra- 
ca, p. ej., y el .Obispo Arias de Dumio, cabe dudar si este Sisnando 
es el I ó el II. 



LOS TEES PRIMEROS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 249 

debían pasar de ochenta, y las continuas fatigas de una 
vida incesantemente laboriosa, debilitaron sus fuerzas, 
hasta el punto de que en este último período de su exis- 
tencia, no se ven señales de aquella prodigiosa activi- 
dad, que era una de las principales dotes de su espíritu. 
Es muy verosímil, que también él buscase en Antealta- 
res aquel asilo que con tan buen deseo había proporcio- 
nado á los demás (1); es decir, aquel lugar de retiro, de 
descanso, de contemplación y de preparación al indecli- 
nable desenlace de la humana existencia, al crítico mo- 
mento en que deshecho y descompuesto el cuerpo, se 
desprende el alma como responsable ante la presenci a 
de su Criador. 

Sin duda al venerable Prelado habían precedido en 
Antealtares algunos de los miembros de su numeroso 
Cabildo, en el que desde el año 898 hasta el 912 ó 913, 
es decir, en el espacio de quince años, se contaron unos 
setenta individuos, á saber, además del Abad Gunde- 
sindo, que era el Presidente, ó el que ocupaba la pri- 
mera silla, 

Abdias Abad. Gundisalvo pbro. 

Adaulfo diácono. Hermegildo 

Agustino presbítero. Honorico pbro. 

Alarico pbro. Islielmo diac. 

Alfonso notario. loannes diac. 

Alvito diac. Josefo diac. 



(1) Parece que por entonces, debió fallecer aquel varón de gran san- 
tidad, Ataúlfo, que era el Abad del monasterio. Sandoval (Cinco Obispos, 
pág. 255), cita un Privilegio dado en el año 919 al Abad Sancho, que servía 
con sus monjes en la Iglesia de Santiago. Este Abad Sancho, era probable- 
mente el sucesor de Ataúlfo. 



250 



LIBRO SEGUNDO 



Ariulfo diac. 
Armentario diac. 
Ascarico pbro. 
Atanasio diac. 
Baltimiro pbro. 
Cresconio pbro. 
Cresconio diac. 
Dagaredo diac. 
Diego pbro. 
Diego Alvitez. 
Eccemiro diac. 
Ederonio pbro. 
Elias notario. 
Ermemiro pbro. 
Ermerote abad. 
Ero pbro. 

Fernando Guntadi. 
Fredo pbro. 
Froarengo subdiacono. 
Froarico diac. 
Frojulfo diac. 
Gundesindo Lupelici diac. 
Guntero pbro. 
Gabino pbro. 
García diac. 
Gradila abad. 
Guifulfo diac. 
Gundemaro pbro. 
Gundisalvo abad. 



Lugemiro pbro. 
Mirachio pbro. 
Mundino abad. 
Munino Diaz diac. 
Munino diac. 
Oduario Gutiérrez. 
Pedro pbro. 
Placedon diac. 
Justo pbro. 
Quiríaco diac. 
Ramiro diac. 
Romano. 
Sagato pbro. 
Salamiro pbro. 
S andino abad. 
Segeredo abad. 
Sentario pbro. 
Sisnando diac. 
Tedon diac. 
Teodila diac. 
Teodomiro diac. 
Tello diac. 
Veremundo diac. 
Viliulfo pbro. 
Vimara pbro. 
Visclamundo pbro. 
Visterla diac. 
Vistrario diac. 
Xristoforo pbro. (1). 



(1) Todos estos nombres, y aún algunos otros que quizás pudiéramos 
añadir, están tomados de los Privilegios que Sisnando otorgó con el Cabildo 



LOS TEES PBIMEEOS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 251 

Esta era la Congregación capitular del Templo de 
Santiago, la Congregación que D. Ordoño llamaba 
grande, magna. Añádase á ésta la Comunidad de Ante- 
altares, que oficiaba en el mismo Templo en los altares 
de San Salvador, San Juan y San Pedro; la de San Mar- 
tín, que servía en la capilla de Nuestra Señora de la 
Corticela; la muchedumbre de Sacerdotes extranjeros y 
peregrinos que afluía en las épocas más solemnes del 
año; la turba de Clérigos de Menores y de ministros, de 
siervos que asistían en la Iglesia; de cambiadores, de 
plateros, de azabaclieros y de candeleras ó vendedoras de 
velas, que formaban fila á las entradas; y en virtud de 
todo ello podrá formarse alguna idea de la pompa, so- 
lemnidad y concurso con que entonces debían de cele- 
brarse las principales fiestas en el Templo de Santiago. 

Rodeado de tan numerosa y selecta familia, fijo el 
pensamiento en el Gielo, desasido el corazón de la tie- 
rra, iba contando Sisnando los momentos que tardaría 
en llegar su disolución, que al fin fué, cual era de esperar 
de su vida y de sus merecimientos. Su cuerpo fué man- 
dado á la tierra entre las lágrimas y sollozos de sus hi- 
jos; su alma voló al Cielo entre coros de ángeles, que, 
según el Iriense, le invitaban diciéndole: Ven, elegido de 
Dios, y entra en él gozo de tu Señor (1). La posteridad dirá 

á los Monasterios de Arcos de Furcos, San Martín Pinario y San Sebastián 
de Picosagro. Los Abades serían, tal vez, Canónigos que fuesen superiores 
de algunos de los monasterios agregados á la Sede. En el año 905 cuando 
Sisnando asistió á la dotación, que el 20 de Enero hizo D. Alfonso III á la 
Santa Iglesia ovetense, le acompañaban el Abad Abdias (Abdias dbbas de 
Seo. Jacobo) y el Diácono Gonzalo (Gundisalvus diaconus de Seo Jacobo). — 
Véase España Sagrada, tomo XXXVII, cap. XXVII. 

(1) Postea vero venerabilis vir, sanctissimüs Sisnandus Episcopus 
senio affectus moritur. Sepultus in pace audita canentium Angelorum muí- 



252 



LIBRO SEGUNDO 



siempre: ¡Bendita eternamente la memoria del Prelado 
insigne, que eon la santidad de su vida y sus eminentes 
virtudes y su talento verdaderamente organizador, elevó 
á tanta alteza la Iglesia del Patrón de España! (1) 

El P. Flórez (2), apoyado en la data de la Escritura 
por la cual D. Ordoño II permutó por la de Láncara las 
villas de Oza y de Arcabria, coloca la muerte de Sisnan- 
do á principios del año 922. Tanto la Gompostehna, como 
el Iriense, la ponen en el 920; y esto es lo que debe pre- 
valecer, como luego veremos. 



titudine et dicentium: Veni electe Dei, et intra in gaudium Domini tui. La 
Compostelana con el esquivo laconismo, que sabe emplear á veces, solo dice: 
Era DGGCC et LVIII idem Catholicus Episcopus in pace vitam finivit. 
(España Sagrada, tomo XIX, pág. 11). 

(1) El Arzobispo D. Pedro Elias, resumió así su elogio en un Diplo- 
ma otorgado á San Juan da Coba: Predecessor noster dompnus Sisnandus, 
sanctissimus praesul, quartus a primo, virtute sanctitatis praeclarus, et ho- 
nor ibus bonis ornatus, primitus praefatam ecclesiam sci. Iohannis construxit 
et ser vis Dei reliquit, qui prior in ecclesia bti. Iacobi plura bona fecit et 
ordinavit, cuius memoria usque in praesentem diem nobilis et sancta me- 
moratur. 

(2) España Sagrada, tomo XIX, pág. 112. 



tiiiiitiiiiinrttrit<«tÉttiinitii*t»iittttiiiiitiittiiititiniiiitiiiiiititi*ttiiiii>iiÉt*iiiitiiititii*t*tiiitiiiiiiiiiiiitiiw>it»i**iiiii«*<tii*i***Hiiiiiiiiniiiiiiiiiniiiiiifimitim 




CAPÍTULO XIII 



Algunos rasgos acerca de las ¡deas religiosas y sociales do* 
minantes en aquellos tiempos en nuestra Diócesis. 




uesto que se trata de una época 
tan obscura y tan escasa en memo- 
• rias y monumentos, para que pue- 
da formarse alguna idea del estado 
moral y religioso de aquella socie- 
dad, creemos del caso reunir en un 
capítulo las pocas noticias que nos 
quedan de fundaciones ó restauraciones de casas mona- 
cales de aquellos tiempos en nuestra Diócesis. 

El historiador es como un viajero, al cual á veces 
toca recorrer áridas y extensas estepas, en las que sólo 
aquí y allá se ven surgir pequeñas matas de arbustos y 
ramaje, que recrean la vista, refrescan el ambiente é in- 
terrumpen la monotonía del horizonte. En la historia, 
hay además el atractivo de los recuerdos. Tal vez donde 
hoy se alza una humilde ermita, que pasaría inadvertida 



254 LIBBO SEGUNDO 



á no indicarnos su carácter la mohosa espadaña que la 
corona, existió en otro tiempo floreciente escuela de pie- 
dad y perfección, en que las almas puras aprendieron 
las sendas que conducen á la celestial mansión. Tal 
vez aquella iglesia de agrietadas paredes que se le- 
vanta solitaria en extensa vega, señala, con el atrio 
que la rodea, el solar que en lejana época ocuparon los 
talleres y oficinas en que devotos y laboriosos Monjes 
escribían ó iluminaban Códices, ó se entretenían en otras 
labores que hoy son tan buscadas, tan estudiadas y apre- 
ciadas. No es difícil que el montón de escombros rodea- 
do de derruidos muros, que surge al extremo de aquella 
suave ladera, oculte los únicos restos que nos quedaron 
de la retirada mansión en que se reunieron varias fami- 
lias para vivir unidas y reglamentadas, no sólo con los 
vínculos de la caridad cristiana, sino con los que impone 
el pacto y regla aceptados voluntariamente. 

Reinando D. Alfonso el Católico (739-756), ó D. Frue- 
la I (756-768), vinieron á morar en Galicia Recesvindo 
y su mujer Egila. Estableciéronse en el extremo septen- 
trional de la Amaía, cerca de un antiguo Castro, y en 
donde probablemente habría habido alguna antigua 
villa romana, á la sazón del todo abandonada, y que 
desde, entonces, si es que ya no lo tenía de antes, tomó 
el nombre de Amexeneta (Ameixenda), por las muchas 
ciruelas (en gallego ameixas), que en ella se daban. Am- 
bos cónyuges eran profundamente religiosos; y tan bien 
supieron infundir en el corazón de su hija Calatrudia 
sus generosos sentimientos, que ésta no experimentaba 
sosiego y deleite en otros ejercicios, que en los de la pie- 
dad. Y tanto pidió y tanto suplicó, movida por celestial 
impulso, que obligó á sus padres á que le edificasen una 



LOS TEES PBIMEROS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 255 

iglesia dedicada á las gloriosas mártires Marina y Eula- 
lia, de la cual iglesia, ni en vida ni en muerte, quiso se- 
pararse, pues mandó que la sepultasen al pie de sus 
muros (1). 

Recesvindo ó Recesindo y su esposa Egila, tan cum- 
plidamente satisficieron los deseos de su hija, que no 
sólo edificaron la iglesia, sino que la proveyeron de or- 
namentos y de todo lo demás necesario para el Culto, la 
dotaron de suficiente hacienda, y reunieron Monjes que 
la administrasen y sirviesen (2). 

Algún tiempo después vino de Asturias, á poblar en 
Galicia, el Conde Alvito, y se fijó, con algunos de los 
que le acompañaban, Sumemiro, Sénior, Crescencio, 
Teodemiro, Sumiemiro y Aufila. no lejos de Ameixen- 
da, pero al N. del Tambre, y en el territorio de los Mon- 
tanos ó Montañeses. Había allí, á la falda del Castro 
Brión, una antigua villa llamada Lentobre, que ya enton- 
ces, por efecto de algún incendio, tomara el nombre de 
ustulata ú ostulata, y que hoy se llama Vilouchada. Cerca 
de ella, se levantaba una iglesia dedicada al insigne 
mártir español San Vicente, la cual estaba al cuidado 
de una pequeña comunidad de sacerdotes y religiosos. 
Aconteció, que sobre la propiedad de esta villa y otras 



(1) Sucedió á esta iglesia la de Santa Marina de Ameixenda, á unos 
nueve kilómetros al NO. de Santiago. 

(2) «Después parece, continúa el índice de que hemos tomado estas 
noticias, que por tiempo se fué deshaciendo del a3'untamiento y nú- 
mero de los moDjes, y vino á dar en manos extrañas y de seglares, y se ha 
despoblado del todo. Y después de allí a muchos años, ha sucedido de los 
sobredichos (otro Recesindo que con Eita monje y diácono otorgante de la 
Escritura), la reedificó, pobló y plantó en tiempo de Alonso V y su madre 
Elvira y Vistrario obispo compostelano; y en la era MLXXXV1I (año 1049), 
hizo la donación á los religiosos y religiosas, que allí moraban.» 



256 LIBKO SEGUNDO 



tierras, hubo pleito entre los hijos de Kicilano, — Villoi, 
Avolina, Astaguerra, Gasuilde y Trasarico — 3^ Vitina; y 
después de varias sentencias, arreglos y composiciones, 
en las cuales el Conde Alvito conoció por comisión del 
Rey D. Alfonso II, la tercera parte de la referida villa 
Ostulata, vino á parar al dominio del Conde, el cual la 
cedió, por Escritura otorgada en 1.° de Septiembre 
de 818, al monasterio d$ San Vicente pro victo ac vestito 
sacerdotum et monachorum Dei in ista ecclesia deservientium, 
sive pro luminaria altar is sui, vel helemosinis pauperam fl). El 
mismo Conde Alvito guardó por su mano la Escritura 
en las arcas de la iglesia. 

En la margen derecha del Ulla, como una legua más 
abajo del lugar en donde este río mezcla sus aguas con 
las del Deza, hay un valle estrecho, pero amenísimo, que 
hoy lleva el nombre de Donas. En remotísimos tiempos 
hubo allí una iglesia consagrada á los santos mártires 
Verísimo, Máximo y Julia; la cual iglesia era como ma- 
dre tierna y solícita, que acogía en su seno á los fieles 
de las cercanías. En el año 854, según una Escritura 
que vio Yepes en el archivo de San Pelayo de Anteal- 
res (2), el abad Juan, los presbíteros Vidal y Argensio, 
la monja Pruvina con otros religiosos y religiosas, que- 
riendo estrechar más los vínculos que los unían con aque- 
lla iglesia, ofrecieron á Dios sus personas y sus hacien- 
das, y propusieron profesar y guardar en ella las reglas 
del instituto monacal (3). Por mucho tiempo fué dúplice 



(1) Véase la Escritura íntegra en los Apéndices, núm. I. 

(2) Coron. gen. de San Benito, t. IV, al año 854. 

(3) Cum in unum duxissemus vitam nostram traddi... post Dominum 
in parte regulae Sanctae sunt nobis vel Patres nostri, qui in loco hujus mo- 
nas terii in pace requiescunt... 









LOS TBES PRIMEHOS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 257 

este monasterio; pero después quedó sólo como monaste- 
rio de Monjas, Donas, Dueñas, de donde le vino el nom- 
bre de San Breixo (Verísimo) das Donas (1). 

En la misma margen del río, media legua más abajo 
y casi en el centro del profundo corte abierto, fuese na- 
tural , fuese artificialmente , en la sierra del Pico- 
sagro, para dar paso al Ulla, anidado en la hórrida 
oquedad del inmenso peñasco que por el lado derecho 
cierra la estrecha garganta, existía desde muy antiguo, 
un monasterio dedicado á San Juan Bautista, que se- 
guía la Regla de San Agustín (2). En el último tercio 
del siglo IX, gobernaba esta casa el virtuoso abad Pa- 
nosindo, ó mejor Spanosindo, al cual D. Alfonso III, 
amenazado de continuo por las incesantes rebeliones de 
ambiciosos magnates, encomendó que orase por él y por 
la tranquilidad de sus Estados. (Dominum pro nobis depre- 
care... Et pro nostrae gloriae tranquillitate íbi Donúnum de- 
preceris). En 9 de Agosto de 883, confirmóle en la pose- 
sión del monasterio y de todas sus pertenencias, y entre 



(1) De este monasterio no queda hoy más que la iglesia parroquial de 
San Pedro de Donas, que del todo fué reedificada en el siglo pasado, y que 
de la fábrica antigua no conserva sino algunos restos de los antiguos contra- 
fuertes á ambos lados de la fachada. El Cardenal Hoyo, que visitó esta igle- 
sia á principios del siglo XVII, vio en una casa inmediata ]a siguiente ins- 
cripción sepulcral, que después se trasladó á la iglesia: 

-+■ HIC i REQVIESCIT : FAMVLO i DI-FROILA : CFPN 
DF i ERA i M. i C. : XVI : K i INS. 

Hic requiescit fámulo Dei Froila, confessor. Defecit era MCXVI kalen- 
das iunias (á 1.° de Junio del año 1078). 

(2) Monasterium Sci. Ioannis in Eremo, quod est fundatum in ripa 
fluvii Uliae in caverna montis, quam dicunt Montem Sacrum, qui antiqui- 
tus vocabatur Elicinus. 

Tomo II.— 17. 



258 



LIBRO SEGUNDO 




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LOS TRES PRIMEROS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 259 

ellas, algunas iglesias (que quizás serían las inmediatas 
de Santa Magdalena de Puente-Ulla, San Nicolás y San 
Adriano) (1) y otras que había recobrado Spanosindo (2). 
Se ignoran los otros hechos en que debió tomar activa 
parte este celoso Abad; en algunos documentos de esta 
época, aparece subscribiendo un abad Spanosindo, pero 
no puede asegurarse que sea el mismo, que el abad de 
San Juan da Coba, ó de la Cueva ó Caverna (3). 

Las iglesias ofercionales de San Pedro y Santa María 
de Mosoncio ó Mezonzo, eran administradas, con benepláci- 
to de D. Alfonso III, por el piadoso abad Reterico. Hubo 
en aquel sitio un antiquísimo monasterio, como lo indican 
el sobrenombre de Monasterio, que ya entonces llevaban 
dichas iglesias (san. Petrum et sea. María Monasterio), y 
las marmóreas columnas y capiteles que aún se ven en 
las hermosas portadas del actual edificio, que parece 
elevado entrada la segunda mitad del siglo XII (4). Du- 



(1) La situación de San Nicolás, era muy cerca del Puente-Ulla; la de 
San Adriano, en el monte vecino, que hoy lleva el nombre de Santardao, 
corrupción del antiguo gallego, Santo Adrao. En los Ap. núm. LXXVIII se 
mencionan también las iglesias de San Mamed, San Jorge y San Vicente. 

(2) Véase la Escritura en los Apéndices, núm. XIV. 

(3) Posteriormente este convento se unió con el Priorato de Sar de 
Santiago. A mediados del siglo XVI una gran avenida del río Ulla derribó 
la mayor parte del edificio, y desde entonces quedó del todo abandonado. El 
Cardenal Hoys aún alcanzó á ver una inscripción grabada en una puerta, 
que parecía la de la entrada de la casa monasterial. Decía así: 

E • I • C • LX • S • F. 

Era MCLX (año 1122) Sancius? fecit? 

(4) Nuestro caro amigo, el señor D. Ricardo Blanco Cicerón, guarda 
en su riquísimo museo dos capiteles de marmol, que pudo recoger en aquel 
sitio; los cuales, como los de las portadas de la iglesia, acusan los siglos VI 
ó VIL 



260 



LIBRO SEGUNDO 



rante su vida, pagó anualmente Reterico á D. Alfonso III 
la ofercion por dichas iglesias; y á su muerte, se las dejó 
al Monarca con todo lo que en ellas había adquirido (1). 
En el año 871, en virtud de un solemne pacto, se 
instaló en la iglesia de Santa María una comunidad de 




Fotografía de J. Limia. 



Fotograbado de La-porta. 



Capiteles de la antigua iglesia de Santa María de Mezonzo 
en el Museo del Sr. Blanco Cicerón. 



personas religiosas de ambos sexos, que se comprome- 
tieron á seguir la regla trazada por los Santos Padres 
bajo el régimen del celoso abad Fulcaredo ó Fulgaredo, 



(1) Son las iglesias, que en la Escritura de consagración de la Basílica 
compostelaua, dice D. Alfonso, que le donó en Presares el Abad Reterico. 



LOS TRES PRIMEROS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 261 

sobrino del abad Reterico, y del presbítero Pedro (1 
Los que subscribieron el pacto fueron los presbíteros 
Pedro, Unila, Heldefonso, Holomo, Terenciano, Gendo y 
Iubando ; los diáconos Sesemiro, Recesindo, Ermildo, 
Visterla, Ageredo, Grundesindo, Greodeberto y Sisnando; 
las monjas Senderica y Aliberta, con el notario Rano- 
sindo; y todos ellos se obligaron por medio de este pacto 
y común acuerdo á abrazar la regla activa y á vivir 
según los ejemplos de los Santos Padres, á renunciar á 
toda propiedad y á obedecer humildemente y cumplir 
todos los preceptos y mandatos del abad Fulcaredo, en 
quien reconocían, asimismo, autoridad para castigar á 
los negligentes y contumaces con la excomunión, con 
azotes ú otras penas corporales, según la gravedad de 
la culpa (2). 

En el mismo día del otorgamiento de la Escritura, 



(1) La situación de esta iglesia se determina así en la Escritura de 
convenio: In villa ubi dicunt Nantone, ubi est baselica fúndala, quod dicüur 
Monasterio, iuxta fluuio Tamare... En la donación hecha por Reterico á Al- 
fonso III, se añade: ínter Presares et Montanos. 

(2) Véanse los Apéndices, núm. VIII y IX. — Estos pactos eran entonces 
frecuentísimos en Galicia, y se redactaban con arreglo á la fórmula que dio 
San Fructuoso al fin de su Regula monástica communis (Migne, Patrol. lat., 
tomo LXXXVII, col. 1.127-1.130). 

A pesar del celo y sabiduría con que el santo Metropolitano de Braga 
reglamentó esta institución, no pocos monasterios de los así fundados (que 
en Galicia fueron muchísimos), degeneraron pronto de la primitiva discipli- 
na y observancia. Esto en gran parte, dependió de no haberse guardado las 
condiciones que San Fructuoso había puesto en los dos primeros capítulos 
de su Regla: I. TJt nullus praesumat suo arbitrio monasteria faceré, nisi 
communem collationem consuluerit 1 et hoc Episcopus per cañones et regulam 
confirmaverit. — II. TJt praesbyteri saeculares non praesumant ábsque Episco- 
po, qui per regulam vivit aut consilio Sanctorum Patrum, per villas monaste- 
ria construere. 



262 LIBEO SEGUNDO 



5 de Junio de 871, Fulcaredo había adquirido para su 
iglesia, por donación del abad Sigerico, ciertas villas 
entre el Miño y el Ladra, en la Diócesis de Lugo, y ade- 
más, la proveyó de cortinas, cruces, campanas, cálices, 
patenas, coronas, candeleros, libros, vestiduras de lana 
y de lino, etc.. (1). 

En el año 867, por muerte ó renuncia de Sabarico I, 
fué electo y consagrado Obispo de Dumio, Rudesindo I, 
el cual, como ya hemos dicho en otra parte (2), había pa- 
sado algún tiempo observando la vida monacal en el mo- 
nasterio de San Vicente de Almerezo, sito en la comarca 
de Bergantiños (3). Elevado Rudesindo á la dignidad epis- 
copal, quiso demostrar, de un modo palpable, que en el 
afecto quería continuar siendo Monje y servir á su mo- 
nasterio, como lo había hecho hasta entonces. El 7 de 
Mayo del referido año 867 hizo testamento, y en él lega 
al monasterio el propio lugar de Almerezo, que había 
heredado de su tío Gravinio. y las tierras que tenía en el 
lugar de Seretio (4). Deja á sus hermanos y sobrinos las 
granjas, pomares y viñas que tenía en la parroquia ve- 
cina de San Martín de Cores. En lo restante de sus bie- 
nes instituye herederos á sus siervos y siervas, á los 
cuales ya había dado la libertad. Nombra testamenta- 
rios á sus hermanos y sobrinos, para que á su falleci- 



(1) Véanse loa Apéndices, núm X. 

(2) Página 180. 

(3) Hoy es la iglesia de San Vicente da Qraña (aunque, á lo que pare- 
ce, edificada en distinto sitio), anejo de San Tirso de Cospindo. Quedó redu- 
cido á esta condición después de la exclaustración de los Regulares; pues 
antes era priorato y granja (de donde vino el nombre de Qraña), del monas- 
terio cisterciense de Sobrado. 

(4) Cerezo, lugar entre Cospindo y la Grana, 



LOS TEES PEIMEEOS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 263 

miento se apoderen de todo lo móvil que hallen en sus 
haciendas, así ganados, como ropas de lino, lana y seda, 
tanto de cama, como de vestir, y lo empleen en sus fu- 
nerales y sufragios, in meas missas. Declara, no obstante, 
que mientras viva su madre tenga ella el usufructo de 
todos estos bienes. Firman como testigos los abades Gri- 
sulfo, Palmacio y Pelayo, Patruina y Gudigena, y Ero, 
Gavinio, Atanito, Félix, Ikila, Gemundo y Baltario (1). 

Rudesindo no renunció á trabajar entretanto en pro 
de su monasterio, como copiando Códices y promoviendo 
todo cuanto podía redundar en utilidad de sus antiguos 
hermanos y compañeros; pero aunque vivió unos treinta 
años después del otorgamiento de esta Escritura, por lo 
escaso de los documentos de aquella época, que han lle- 
gado a nuestros tiempos, pocas noticias han quedado 
referentes á los hechos del último período de su vida. 

Pasando de Bergantiños al vecino territorio de Né- 
mitos ó Nendos, en un elevado risco que está sobre el río 
Mandeo y como á una legua corta al Sudeste de Betan- 
zos, medio oculta entre peñascos, se ve una pequeña 
iglesia, la de Santa Aya ó Eulalia de Espenuca, ó sea 
Spelunca (2). De esta casa apenas nos queda más que 
un documento, una inscripción grabada en una peña, 
de la cual inscripción, por haber sido la peña deshecha 
como material de construcción, hoy sólo se conserva al- 
gún pequeño fragmento. La inscripción, según la publi- 



(1) Véanse los Apéndices, núm. VII. 

(2) La misma iglesia, hasta la altura de un metro próximamente, está 
excavada en la roca. 



*264 



LIBRO SEGUNDO 



có D. Antonio de la Iglesia en la revista La Galicia (1), 
decía así: 

IINII ISETEIIETEP^ IN ALTVS 

IOCVSCOIISRV ESTOoISPEP DNIIV 

TENDYFOS 



IER 
INO 



+ 



VENIT CENDVLFVS PbSPIILIS c IO... NOSCE 

EVLALIE IV AIS 

KL-DS MARCIAS ERA DCCCCXVIIIL 



Advierte el Sr. La Iglesia, que las letras se hallaban 
ya muy gastadas, y que los dos últimos renglones pare- 
cían posteriores, y que en éstos la fecha se conservaba 
muy clara. En vista de lo borroso del letrero, difícil es 
darle una interpretación exacta y completa. Hay, sin 
embargo, algunas palabras que están bastante claras, y 
que ofrecen pie para poder por ellas sacar algún senti- 
do. Lo que con alguna verosimilitud puede leerse, es, á 
nuestro juicio, lo siguiente: 

\ In nomine Domini templum in altus 

locus consecratum, ó, constructum est db eplscopo domino 

Kendulfo (2) 



%n era. 



(1) Tomo III, núm. 24; La Coruña 1863. 

(2) Puede ser el Obispo Iriense, Quindulfo I ó II. (V. t. I, pág. 381), 



LOS TBES PRIMEROS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 265 

+ 

Venit Cendulfus presbyter in honore Sánete Eulalie 

Virginis et martyris. 

Kalendas marcias Era DGCCCXVIIII 

(1.° de Marzo de 881) (1). 

En este mismo territorio de Nendos, en el lugar de 
Aciones, existía una basílica dedicada clominis invktissimis 
ac triumphatoribíis gloriosis, la Santísima Virgen, Madre de 
Dios, Santiago Apóstol, San Juan Bautista y San Mar- 
tín Obispo, á la cual en el año 910 una piadosa señora 
llamada Godoigia, hizo donación de parte de dos poma- 
res, uno en la aldea de Mariniano que poseía con Alcedo- 
nia, y otro en la aldea de Morobio (2). Subscriben el pres- 
bítero Rudesindo, Froila, Nebociano, Africano, Teodigo 
y Teodosindo, probablemente hijos de Godoigia, y como 
testigos, Goimiro, Gondulfo y Flámula. 

Otro monasterio, el de San Salvador de Cinis, había 
en la misma comarca, que alcanzó gran nombradla por 
la calidad de las personas que lo fundaron y dotaron. 
Fué fundado á principios del siglo X, ó mejor á fines del 
antecedente, por los Condes D. Aloito ó Alvito y Doña 
Paterna, padres de D. a Argilo ó Argilona, la cual casa- 
da con otro D. Alvito, dejó numerosa y muy renombra- 
da prole. La D. a Paterna, habiendo quedado, á lo que pa- 
rece, viuda, se hizo religiosa, deovota, y consagró todos 
sus pensamientos y cuidados á dotar convenientemente 



(1) Con el tiempo este monasterio de Espenuca pasó á ser priorato de 
San Martín de Santiago. 

(2) Es la iglesia de Santiago de Oís.— (Véase la Escritura en los Apén- 
dices, núm. XXIX). 



266 LIBRO SEGUNDO 



el monasterio que con su marido había fundado. Obtuvo 
del Rey D. Ordoño II y de su esposa D. a Elvira el acota- 
miento de los términos del monasterio, que eran tan ex- 
tensos, que comprendían las parroquias de Cuiña, Salto, 
Mandayo, Cullergondo y Vívente, y después de señalar- 
los, lo entrega todo al abad Sabarico, et omni congregationi 
sub regula Sancti Benedicti vobiscum consistenti (1). 

La hija de D. a Paterna, D. a Argilona, prosiguió dis- 
pensando el mismo favor y protección al monasterio de 
Cinis. En el año 915, advirtiendo que por descuido de 
los Monjes había desaparecido del Tesoro de la Iglesia la 
Carta de fundación otorgada por sus padres, procuró ella 
remediar la falta dando otra nueva, de la cual se conser- 
va un ejemplar bastante borroso, en la Biblioteca de la 
Universidad compostelana, entre los Documentos proce- 
dentes de San Martín. Demarca, pues, con su marido 
Don Alvito los términos del monasterio, y dona, además, 
diez vacas con su toro, cinco yeguas, diez ovejas, diez 
(cerdos?...) gagnabe, antemanam, tapete, plomazios cum suas 
Uniólas, y á un mancebillo y á una mancebilla, mancipél- 
lum et mancipellam, Lopillo y Elina. Otrosí, añadió como 
ofrenda al monasterio, un servicio de plata para la mesa, 
á saber, fisorio, fertoria, troterion, coliare, cell.... Subscriben 
los cuatro hijos varones que había tenido de D. Alvito, 
á saber, el abad Grundesindo, presidente de la Canónica 
compostelana, que fué inmediato sucesor de Sisnando I 
en la Sede, y los Condes Arias, Gutierre y Hermenegildo, 
padre este último del Obispo compostelano Sisnando II. 



(1) Entre los Documentos procedentes del monasterio de San Martín, 
que se guardan en la biblioteca de la Universidad, hállase un extrato de 
esta Escritura. 



LOS TEES PBIMEROS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 267 

No fueron menos ilustres los fundadores ó restaura- 
dores del monasterio de Santa María de Cambre, á me- 
diados del siglo IX, en la misma comarca de Nendos, á 
saber, el Conde Alvito, Vistiberga, Urraca y Odrocia, 
hermanos todos, á lo que parece, de aquel noble Conde 
Pedro, que desbarató á los Normandos en su segunda 
venida á Galicia. Entre las muchas haciendas concedidas 
por ellos al monasterio, citaremos las villas de Calambre 
(Cambre), Elviña y Leira, la iglesia de Santiago de Ci- 
driales (Sigrás); la villa de Caurio (Coiro) en Céltigos; la 
iglesia de Roo en Entines; la de San Pedro de Bona (Boa), 
la villa de Taramancos cerca de Noy a, etc. Depositó Al- 
vito las Escrituras de todas estas donaciones en la iglesia 
de Oviedo; pero después los Monjes se vieron precisados 
á recoger estos títulos, ofreciendo á D. Alfonso III 500 
sueldos de plata para sacarlos. Fueron también bienhe- 
chores de este monasterio Hermenegildo é Iberia, hijos 
del Conde Pedro, que después aparecieron complicados 
en las rebeliones contra D. Alfonso III. Hacia el año 942, 
Ghitier y Alvito, descendientes laterales de los fundado- 
res, agregaron este monasterio al de Antealtares de San- 
tiago (1). 

Siguiendo más al Norte, en el territorio de Trasancos, 
que entonces pertenecía á la Diócesis compostelana, ha- 
llaríamos al monasterio de San Martín de Jubia, en el 
cual, como hemos dicho, estuvo retirado el Obispo de 
Lamego, Argemiro. Muerto éste, vivió aquí honesta y 
santamente su sobrina Elvira en compañía de otras mu- 
chas religiosas. Por este tiempo una poderosa señora, lla- 
mada Visclavara Vistruariz, viuda de Tello, donó consi- 



(1) Véase Yepes, Coron. gen. de San Benito, t. V, fol. 73. 



268 LIBBO SEGUNDO 



derables haciendas al monasterio, y entre ellas, la igle- 
sia de San Jorge de Modesti, hoy Moeche. Al señalar los 
términos del monasterio, cita una ciudad antigua que es- 
taba en la cumbre del monte de Jubia (1). 

No lejos de Almerezo, en la villa de Corissumarlo 
(Cores), había un grupo de iglesias dedicadas á San 
Tirso, á San Martín y á los Santos Julián y Basilisa, en 
las cuales prestaba culto una comunidad de Monjes y 
Sacerdotes (2). En el año 860, á 14 de Diciembre, cua- 
tro hermanos, Helaguncia, Pelayo, Baroncelo Alvino y 
Visclavara, hijos de Hermiario y Groldrogotona, hicieron 
donación á dicha Comunidad de parte de un pomar en 
Corissumario, junto á la iglesia de San Martín, y de una 
granja entre Castro y Nemeño, con sus casas y las viñas 
y pomares que allí había plantado cierto colono llamado 
Félix, para que los Monjes y Sacerdotes lo posean todo 
en comunidad, sicut docet regular is ordo, et canónica docet 
sententia. 

De otro contrato solemnísimo y original de vida 
regular (pactum regulae), hecho en la iglesia de San Ve- 
rísimo de Arcos de Furcos en el año 898, se conserva un 
notable fragmento en la Biblioteca de la Universidad 
compostelana, entre los documentos procedentes del mo- 
nasterio de San Martín (3). En el respaldo del documen- 
to un Archivero de dicho monasterio escribió en el siglo 
pasado lo siguiente: «De esta Escritura se da noticia en 
el primer tomo del Archivo abreviado, folio 67, por es- 



(1) Argaiz, La Soledad laureada, t. III, pág. 103 y 475. 

(2) En la actualidad, los monasterios del célebre monte Athos aún 
cuentan numerosas iglesias y capillas; algunos hasta treinta ó más. 

(3) Véanse Apéndices, núm. XXIII. 



LOS TRES PEIMEBOS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 269 

tas palabras: «Donación que hicieron á Adaulfo abad 
»Sisnando y Tructesindo y Gudesteo y Fortunio y Ana- 
»gildo y Formisario, presbíteros, de todos y cualesquiera 
» bienes que ellos pareciere tener por herencia de sus pa- 
»dres, asi muebles como raices, villas, pomares, bosques, 
»jomentos, animales, bueyes y vacas y casas y otras 
> cualesquiera cosas, y esto para que lo tenga la iglesia 
»de San Martín de Arcos, que sus abuelos edificaron, y 
»los monjes que allí habitaban. Lo que asimesmo le dan 
» con sus libros y ornatos y con sus casas y con lo a ello 
» perteneciente cierto tiempo y después sea tenedor de 
»todo ello el sobredicho: su fecha Era DCCCCXXVI.» 
Hay otra noticia en otro libro en cuarto, algo más an- 
tiguo que el antecedente, que al folio 8, dice así: «Iten 
»una donación que hacen seis hermanos y una hermana 
»al abad Adulfo dándole todo cuanto tenían; se metie- 
ron ellos en religión en el monasterio y ella se quedó 
>con alguna poca hacienda que le quedó. Lo que dieron 
»al dicho Abad fué su iglesia de San Breixo o Berisimo 
»y San Martín que es todo una iglesia, y dice que fué 
» fundada por sus abuelos en tierra de Gralicia en los con- 
» fines de Iria, en la aldea de Arcos acerca de las Aguas 
» Calientes, que agora llaman los Baños de Caldas de Cun- 
áis (1) debajo del monte de la Mora, y más dan toda su 
> hacienda, quanta tenían enteramente al abad Adaulfo 
»y á los Monjes y no habla que lo da a monasterio sino 
»al abad Adaulfo y á los monjes que con el vivían en 
>vida santa; y entiendo que, pues esta iglesia está junto 
»á San Miguel de Couselo, debía entonces de ser este 



(1) Las Thermae ó Aquae calidae de otros documentos. 



270 LIBRO SEGUNDO 



»Adaulfo abad de allí; y así será esta donación á 
»él. Confirma esta donación el obispo Sisnando, 
Era DCCCCXXXII» (1). 

Ocho, según el original, y no siete son los firmantes 
del pacto ó contrato, de la Escritura de concesión y 
aceptación de la regla (Kartula concessionis et regala tra- 
ditionis), á saber: los presbíteros Sisnando, Tructesindo, 
Gudesteo y Anagildo, Fortunit, Fr(umario?) y Vegito, y 
la monja (deovota) Fradegunda. Después de los otorgantes 
subscribe el Obispo compostelano Sisnando con la co- 
munidad capitular de Santiago (cum comuni conlatione 
sancti lacóbi). 

La próxima comarca Saliniense conservaba aún vivos 
los recuerdos de la estancia en ella del Metropolitano de 
Braga, San Fructuoso, y se hallaba no menos favo- 
recida de santuarios y monasterios, que mantuviesen 
siempre en vigor entre el pueblo el ejercicio de la pie- 
dad, y la práctica de las virtudes morales y sociales, que 
entraña la doctrina eminentemente civilizadora del Ca- 
tolicismo. Citaremos como más inmediato, al monasterio 
de San Salvador de Lérez, fundado y regido á principios 
del siglo X por el abad Gruntado, á quien en el año 916 



(1) En tres equivocaciones incurrió el autor de este extracto: primera, 
confundir el monasterio de Couselo con el de San Verísimo de Arcos; se- 
gunda, suponer que Fradegunda, que así se llamaba la hermana á que alude 
el autor del extracto, se había quedado sola con alguna parte de la herencia, 
siendo así que ella misma en su suscripción dice lo contrario: fradegunda 
deouota uobis abbati meo domno addaulfo, sicut me iam dudum uobis et eccle- 
sie sci. Verissimi tradidi cum omnia ita modo per textum scripture ira- 
do...; tercera, leer Era DCCCCXXXII, en lugar de DCCCCXXXVI, 
que trae el original. También el autor del primer índice citado, suprimió 
una X en la fecha. 



LOS TEES PRIMEBOS SIGLOS DE LA. I. COMPOSTELANA 271 

otorgó el Rey D. Ordoño con consentimiento del Obispo 
Sisnando I, amplios privilegios y exenciones. 

El monasterio de San Juan del Poyo, se enorgullecía 
de haber sido fundación de San Fructuoso, y en el siglo 
VII ú VIH había sido ilustrado por la vida inmaculada 
y prodigiosa de Santa Trahamunda, cuyo sepulcro se 
conservó por mucho tiempo en la iglesia. 

A mediados del siglo IX, el magnate Grundilano Grun- 
desindiz dona al monasterio de Callago (Calogo), y á su 
abad Viliato, el cual monasterio había sido también fun- 
dado por San Fructuoso, la iglesia de San Cornelio y 
San Cipriano, que él había edificado en un lugar próxi- 
mo, y dotado de vasos sagrados y de los ornamentos sufi- 
cientes para el Caito. Subscribe la donación el abad Vi- 
liato cum collegio fratrum y otras muchas personas. En el 
año 929, D. Alfonso IV y el Obispo compostelano Her- 
menegildo, enriquecieron este monasterio con nuevas do- 
naciones. 

Podríamos prolongar indefinidamente esta larga 
enumeración, exponiendo otras muchas análogas enér- 
gicas manifestaciones de la vida profundamente religio- 
sa en la Diócesis compostelana; pero esto ocasionaría, á 
no dudarlo, tedio y cansancio. Hay, sin embargo, otras 
dos iglesias rurales que por la importancia de los monu- 
mentos que contienen, no deben omitirse en esta árida y 
escabrosa reseña. Nos referimos á la iglesia de San Mar- 
tín de Churío, anejo de Santa María de Mantaras, en el 
partido judicial de Betanzos, y á la de San Salvador de 
Sietecoros en el de Caldas de Reyes. 

En la pared de la de San Martín de Churío, hállase 
incrustada por la parte de afuera una losa rectangular, 
excavada algún tanto en el centro y dejando de realce, 



272 LIBBO SEGUNDO 



alrededor, una especie de faja ó marco. En el campo ex- 
cavado, está representada, de relieve, una cruz de bra- 
zos casi iguales. De los brazos horizontales, penden las 
letras griegas alfa y omega; y sobre los mismos vense es- 
culpidos como unos candelabros de tres mecheros. En el 
marco, está grabada una inscripción interrumpida por 
cuatro palmetas, una en cada esquina; la cual inscrip- 
ción, según la copia que hemos visto, parece decir: 

EMANVEL NOVISCVM EST P 
SV ARA EIVS : S : MARTINI EPI : ET Co(nfessoris?) 

Es, sin duda alguna, una ara de la época de los sue- 
vos, hecha, quizás, al tiempo en que comenzó á exten- 
derse en Galicia el culto de San Martín con motivo de 
las Reliquias enviadas al Rey Camarico. 

De la antiquísima iglesia de Sietecoros (1), se con- 
servan tres ó cuatro columnas de mármol de unos dos 
metros de alto, con varios hermosos capiteles de forma 
casi clásica, y bases de la misma materia, y algunas 
dovelas de ladrillo, unidas aun por el cemento. Trátase, 
pues, á lo que parece, de una Basílica del siglo III ó IV, 
destruida al tiempo de la irrupción de los bárbaros. 

Aun nos sentimos tentados á abusar por más tiempo 
de la paciencia de nuestros lectores, haciendo mención 
aquí de un notable documento, que por más que no se 
refiera á edificantes escenas de la vida regular y mona- 
cal, refleja, sin embargo, vivamente las costumbres y las 
ideas dominantes en aquella época en otro orden de per- 
sonas é instituciones. En el año 887, un galán aristócrata, 



(l) El edificio actual comenzóse hacia el siglo XVI. La fachada se 
terminó en 1701. 



LOS TBES PRIMEKOS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 273 

Sisnando, discretamente enamorado de una noble y be- 
llísima doncella, para hacer ver con cuanta satisfacción 
estrechaba aquella virginal mano á la que con tanta 
ansia había aspirado y que consideraba como un don 
del Cielo, hizo extender al presbítero Vianamundo (Vis- 
clamundo?), la carta de dote en la que todo se le hizo 
poco para ofrecer como regalo á su amada Aldonza. Dó- 
nale diez pajes y diez doncellas; veinte caballos y una 
muía ricamente enjaezada; cincuenta yeguas con su po- 
tro; cien vacas; veinte pares de bueyes; quinientas cabe- 
zas de ganado menor; cuatrocientos sueldos de oro para 
el tocado y vestidos; treinta granjas sitas en las comar- 
cas de Nendos, Montaos, Presares y junto al Miño, 
y además la décima de toda su hacienda para que de 
todo dispusiese ella á su libre albedrío. Firman la Es- 
critura los abades Cissila y Hermildo, como confirman- 
tes, y once testigos, nueve varones y dos mujeres (1). 



-*«§»«4*~ 



(t) Véanse Apéndices, núm. XX. 
Tomo II.— 18. 



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CAPITULO XIV 



Sucede á Sisnando I D. Gundesindo. — Sus gestiones para ad- 
quirir el monasterio de Santa Columba en tierra de Bando. 
— Su muerte. 




odo en lo creado está sujeto á 
decadencia y á defección. El mis- 
mo astro esplendoroso, fuente in- 
agotable de luz y de calor, pade- 
ce eclipses que por más ó menos 
tiempo empañan su resplandor, y deslucen su claridad. 
Y sucede con frecuencia que en el mismo momento en 
que se pisa la cumbre de la grandeza, se abre por modo 
inevitable el camino del descenso, del decaimiento, de 
la flojedad, del abatimiento. 

En el año 920, á 18 de Mayo, D. Ordoño II otorgó á 
la Iglesia de Santiago un Privilegio, en el que refiere, 
que el presbítero Scissa había hecho donación por Escri- 
tura á la Reina D. a Jimena de toda su hacienda en la 
cual se incluían varias villas con iglesias y monasterios. 
Pasado algún tiempo, el mismo presbítero hizo nueva do- 



276 LIBEO SEGUNDO 



nación de todos estos bienes á la Iglesia de Santiago. 
Esta segunda donación era á todas luces nula, porque 
D. a Jimena había aceptado la primera; sin embargo, Don 
Ordoño por hacer bien por el alma de su madre, de los 
bienes donados por Scissa, cede la villa de Pelayo, entre 
los ríos Parga y Láncara en la Diócesis de Lugo, con la 
iglesia de San Martín, y con los libertos que cultivaban 
dicha villa (1). 

Debía de hallarse vacante á la sazón la Sede de San- 
tiago, porque D. Ordoño en el Diploma no se dirige, según 
era costumbre, al Prelado, sino en general al Sacratissimo 
Licgar de Santiago. Dedúcese de esto, que en 18 de Mayo 
de 920, ya había fallecido Sisnando, y que, por consi- 
guiente, había que tratar de designarle sucesor. Pero, 
¿quién podría ocupar dignamente aquella Silla que por 
tantos años había ilustrado y ennoblecido el gran Sisnan- 
do con tantos y tan esclarecidos hechos? La persona más 
significada parecía el abad Gundesindo, presidente ó 
Prior de la Canónica, hijo del Conde Alvito y de la pia- 
dosísima Condesa D. a Argilona, patronos y bienhecho- 
res insignes del monasterio de San Salvador de Cinis. 
Abrazó Gundesindo desde muy joven la carrera ecle- 
siástica, y debe de ser uno de los dos Diáconos Grundesin- 
dos que subscribieron en el año 898 el Privilegio otorga- 
do por Sisnando al monasterio de San V erísimo de Ar- 
cos (2). Diez ó doce años después ocupó con título de 



(1) Véanse Apéndices, núm. XLIII. 

(2) El Cronicón Iriense indica que en un principio había seguido la 
milicia. Quizás en esto aluda á la administración y gobierno que Gunde- 
sindo tuvo del Condado del Picosagro; los cuales cargos solían conferirse á 
caballeros y hombres de armas. 



LOS TEES PBIMEBOS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 277 

Abad (1), la primera Silla en el Cabildo; que antes, á lo 
que parece, había tenido el abad Spanosindo. 

Era persona del agrado del Rey D. Ordoño; el cual le 
había dado la administración del Condado del Picosagro, 
y en el año 917, á 20 de Enero, le donó las villas de 
Cela (2), Pravio y Paiaragio, de las cuales Espasando y 
Renfurco habían hecho Escritura á los Reyes D. Alfon- 
so III y D. a Jimena, que las legaron á D. Ordoño (3). 
En 1.° de Octubre del referido año 920 ya estaba consa- 
grado Obispo, pues como tal subscribe la donación que en 
dicho día hizo San Genadio á los Monjes y Anacoretas 
del Bierzo (4). 

A principios del año 922, vino D. Ordoño á Santia- 
go, á lo que parece, á recomendar por sí mismo que se 
hiciesen sufragios por su difunta esposa D. a Elvira, y á 
ofrecer ante el altar del Santo Apóstol nuevos testimo- 
nios de su piedad y de su devoción. Después de referir, 
como en cambio de la villa Láncara que había legado 
su hermano D. Gonzalo, había él ofrecido las de Oza y 
la de Arcabria (o), añade, que deseando ampliar esta do- 
nación, ofrece otra villa en Arcabria, que también había 
sido de una señora llamada Elvira, y que á la sazón 
poseía su hijo el Infante D. Sancho. Cedió, además, los 



(1) El título de Deán no se introdujo en Santiago hasta mediar el 
primer tercio del siglo XII. 

(2) Esta villa de Cela, es la que en un principio había dado D. Ordo- 
ño á la Iglesia de Santiago en cambio por la de Láncara. (Véase pág. 246). 

(3) Véanse Apéndices, núm. XLI. 

(4) España Sagrada, tomo XVI, Apéndice núm. III. — La Compostela- 
na da á entender que en su elección debió suceder algo de irregular y anó- 
malo. Así lo indican aquellas palabras: Quah'cumque modo succedens, 

(5) Véase pág. 246. 



278 LIBEO SEGUNDO 



derechos que correspondían al fisco sobre los habitantes 
de dichas villas, y por mano del Obispo Gundesindo, 
presentó como ofrenda ante el altar de Santiago, ade- 
más de varios Códices para uso de la Iglesia, dos ricas 
joyas, un cinturón de oro, adornado con primoroso tra- 
bajo de piedras preciosas, y otra á que da el nombre de 
limace ó lunace, también de oro cincelado y realzado con 
piedras de gran valor. Cada una de ellas estaba valua- 
da en 500 sueldos. Datóse la Escritura de donación, en 
27 de Febrero de 922 (1). 

En 9 de Marzo del mismo año, subscribió Gundesindo 
la donación de la iglesia de Santa Marina de Puerto- 
marín, hecha por el Obispo de Lugo, Recaredo, al 
Conde D. Gutierre Menéndez (2). Con el Prelado de 
Lugo, Recaredo, había tenido antes una cuestión 
Gundesindo , sobre los Condados de Pruzos y Be- 
soucos, que se ventiló en León, en presencia de los Re- 
yes D. Ordoño y D. a Elvira y de los Obispos Fronimio 
legionense y Fortis asturicense y de otras muchas per- 
sonas, así seglares como eclesiásticas. Esta cuestión no 
afectaba, como pudiera creerse, á los términos de la Dió- 
cesis compostelana, sino á ciertos derechos políticos y ci- 
viles sobre los habitantes de dichos commisos ó Conda- 
dos (3). El fallo que pronunció la Junta ó concilio, fué 



(1) Véanse Apéndices, núm. XLIV. — En esta Escritura se apoya el 
P. Flórez para afirmar (España Sagrada, tomo XIX, pág. 114), que Sis- 
nando I vivió hasta el año 922; mas la donación se hizo ya al Obispo Gun- 
desindo; y el consentimiento del Obispo Sisnando que en ella se cita, (cum 
consensu domini Sisnandi episcopi), se refiere al cambio que ya había hecho 
antes D. Ordoño II. (Véase pág. 246). 

(2) Cartulario de Celanova, lib. III, fol. 198 vuelto. 

(3) Así lo da claramente á entender la sentencia de la Junta ó jurado 



LOS TEES PRIMEEOS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELNA 279 

que, mientras viviese Recaredo, gozase de la mitad de las 
rentas que en lo civil tributasen dichos Condados, y que 
á su muerte pasasen íntegros al Señorío del Obispo com- 
postelano (1). 

A fines de este mismo año 922 otorgó D. Ordoño otro 
Diploma en favor de la Iglesia de Santiago. A mediados 
del siglo IX, el Conde D. Gatón (2), abuelo de D. Ordo- 
ño, por parte de su mujer D. a Elvira, restauró el monas- 
terio de San Pedro y San Pablo de Triacastela, en la 
Diócesis lucense (3), á la falda del Monte Seiro, y le donó 
la villa de Ranimiro, con la legítima de un Sabarico, á 
quien D. Ordoño llama tío suyo, y que probablemente 
sería hijo de D. Gatón y hermano de D. Bermudo, pa- 
dre de la Reina D. a Elvira. En el año 919, á 22 de No- 
viembre, el Rey D. Ordoño con su esposa D. a Elvira, 
que consideraban á este monasterio como dependencia 
de su familia, lo proveyeron de libros, ornamentos, cor- 
tinas, etc.. y declararon que era su voluntad que su 
iglesia no fuese parroquial, ni pública, sino exclusiva de 
los Monjes, que bajo el régimen del abad Sancto, perse- 
veraban militando en la milicia del Señor (4). Pues en 
este Diploma de fines de 922 (de 18 de Diciembre), 
otorgó D. Ordoño á la Iglesia de Santiago este monaste- 
rio de Triacastela con todo cuanto le pertenecía, con 
toda la vajilla, mobiliario é indumentaria de la iglesia 



de León, pues dice: Dividimus homiues bene, ut sint medii post partetn, 
JSci. Jacobi et medii post par tem illius (Recaredi). 

(1) Véanse Apéndices, núm. XLV. 

(2) No Gutón, como por error se puso en la nota de la pág. 193. 

(3) Entonces pertenecía á la de León.— Véase España Sagrada^ 
tomo XXXIV, pág. 225. 

(4) Véanse Apéndices, núm. XLII. 



280 LIBBO SEGUNDO 



y una campana ex metallo fusile (1), que allí habí a 
puesto. 

Adviértese en este último documento que no se hace 
mención alguna del Obispo Gundesindo. Por otro docu- 
mento del Cartulario de Celanova (2), sabemos que á la 
sazón se hallaba ocupado en una empresa, que él sin 
duda alguna consideraba laudable, pero que á la verdad 
no estaba contenida dentro de los límites de la pruden- 
cia. Refiere el citado documento de Celanova, que se 
hallaba en Santiago como paje ó familiar de Gundesindo 
(sal) regimine domni Gundesin&i), un joven de muy distin- 
guida familia. Llamábase Bermudo, y era hijo del diáco- 
no Odoino y sobrino de Oduario, aquel gran campeón 
gallego, que por comisión de D. Alfonso III, pobló y for- 
tificó buena parte de la provincia de Orense y de la de 
Trasosmontes en Portugal, y á quien el interpolador de 
Sampiro llama Conde de Castela y de Auria (Orense). 
Entre los cuantiosos bienes que Bermudo había hereda- 
do de su padre, contábase la antiquísima iglesia de San- 
ta Comba ó Columba, que había restaurado Oduario, y 
que aún hoy se conserva, y es uno de los monumentos 
arquitectónicos más notables que poseemos (3). Aconte- 
ció que sobrevino grave enfermedad á Bermudo, que le 
puso á punto de muerte; y Gundesindo, que deseaba 
poseer la iglesia de Santa Comba para establecer en 
ella un monasterio, tanto hizo, que consiguió que su 
joven alumno se la donase por Escritura. Al poco tiempo 
Bermudo recobró la salud; pero se encontró sin la igle- 



(1) Véanse Apéndices, núm. XLVL 

(2) Lib. II, núm. CXLVI. 

(3) Hállase en el partido judicial de Bande, cerca del río Limia. 



LOS TRES PRIMEROS SIGLOS DE LA. I. COMPOSTELANA 281 

sia de Santa Comba, por la cual tenía él tanto interés, 
por lo menos, como Gundesindo, y sobre la que abrigaba 
quizá el mismo pensamiento, que el Prelado. Juzgó que 
aquello había sido un despojo; pues decía que si había 
firmado la Escritura, había sido contra su voluntad, por 
no haber podido resistir la imposición de Gundesindo 
(invitissinie, quod non pacifice). 

Había venido á la sazón el Rey D. Ordoño á Galicia, 
y había convocado un Concilio que se reunió en Lugo 
el 1.° de Agosto de 922 para tratar de la restauración 
de la insigne abadía de San Julián de Samos. Presentó- 
se en el Concilio Bermudo, llevando por abogado y de- 
fensor al Conde D. Gutier Menóndez, padre de San 
Rosendo; mas, á todo esto, se había instalado en Santa 
Comba Gundesindo con una comunidad de hermanos ó 
religiosos (1). Oídas las quejas de Bermudo, resolvió el 
Rey, con el Concilio, que Gundesindo sólo podía perma- 
necer en Santa Comba en el caso de que á Bermudo le 
pluguiese vivir allí como religioso y reconocerlo como 
Abad; que de otro modo, tenía que abandonar la casa 
con toda su comunidad, y dejarla libre al hijo de Odoi- 
no. Así se hizo, y Bermudo quedó en pacífica posesión 
de la casa de Santa Comba, aunque sin la Escritura de 
donación que había hecho, y que quedó guardada en el 
Archivo ó Tesoro de Santiago. Gundesindo tuvo que vol- 
verse con su comunidad á su Iglesia (2). 



(1) La Escritura sólo dice suos fr aires, que bien pudieran ser sus her- 
manos según la carne; pero es más probable que se trate de hermanos de 
profesión, como Canónigos, Monjes de Antealtares, San Martín, etc.. 

(2) Véanse Apéndices, núm. LXXV. — Por más que no conozcamos las 
razones íntimas por qué en general los Obispos del siglo X procuraban 
tener bajo su régimen inmediato uno ó más monasterios, el hecho era tan 



282 LIBRO SEGUNDO 



Este es el último hecho, siquiera frustrado, que se 
conoce de Grundesindo. Quizás quiso imitar al Obispo 
legionense, Cixila II, el cual, desde su monasterio de 
San Cosme y San Damián, rigió por algún tiempo la 
Diócesis de León (1). Grundesindo tuvo que renunciar á 
hacer lo mismo desde Santa Comba; pero no es difícil 
que intentase llevar á cabo su propósito desde otro mo- 
nasterio. Mas al poco tiempo un accidente inesperado 
cortó el hilo de su existencia, y por lo mismo la prose- 
cución de sus planes. Se ignora qué clase de accidente 
haya sido éste, pues la Compostelana (2) únicamente dice: 
Ex habitáculo camis fertur acrius evulsus fuisse: acaso una 
muerte repentina ó violenta; lo cierto es que de la rela- 
ción de la Compostelana se desprende que falleció sin el 
consuelo de los auxilios espirituales. Lo cual tanto afec- 
tó á su buena madre, la Condesa D. a Argilona, que casi 
puede decirse que renunció su hacienda- en beneficio de 
los pobres, y postrada noche y día ante el altar de San- 
tiago, imploraba con todo el fervor, con toda la efusión 
de que su gran corazón era capaz, de la infinita miseri- 



frecuente en aquella época que sólo puede explicarse suponiendo en todos 
ellos como una necesidad moral ó intelectual, que los obligaba á poseer uno 
ó más lugares de refugio, en que con mayor facilidad pudieran satisfacer las 
aspiraciones de su corazón. Acabamos de ver cuanto trabajó Gundesindo 
para adquirir el monasterio de Santa Columba. Más tarde Sisnando II, 
además de contribuir eficazmente á la fundación de el de Sobrado, que 
él administraba por sí mismo, cooperó á la restauración de el de Cinis. 
San Rosendo tenía á su disposición muchos monasterios que visitaba 
con frecuencia, y defendía cuando era preciso con su influencia y la autori- 
dad. También San Pedro de Mezonzo fué dueño de varios monasterios, de 
los cuales podía disponer á su voluntad aún para después de su muerte. 

(1) Véase España Sagrada, tomo XXXIV, pág. 20G. 

(2) España Sagrada^ tomo XX, pág. 11. 



LOS TEES PRIMEROS SIGLOS DE LA í. COMPOSTELANA Ü83 

cordia de Dios Omnipotente, clemencia y salvación para 
su hijo. Y tanto se encendió su espíritu con el fervor y 
con la confianza de ser oída, que pidió al Señor que se 
dignase manifestarle de algún modo, cuál era el estado 
de su Gundesindo. Así permaneció por algún tiempo, 
durante el cual su alimento era el recuerdo de su hijo, 
al pie del altar del Apóstol, y su descanso la oración y 
la contemplación de la Divina Bondad. En una ocasión, 
á media noche, el desvelo y el cansancio cerraron sus 
párpados y la sumergieron en un letargo, más bien que 
sueño. En tal estado tuvo una visión: vio que un perso- 
naje venerable se acercaba al armario en donde se guar- 
daban los libros del Oficio Divino, que los cogía y que 
les ponía fuego. Despertó sobresaltada, y oyó una voz 
que decía: Sábete que esta noche tu hijo ha sido admitido á la 
compañía de los escogidos. 

Antes de referir esto, había dicho la Compostelana 
que Gundesindo más se había cuidado de las cosas tem- 
porales, que de las espirituales, y que el tenor de su 
vida no había sido muy conforme con su carácter sacer- 
dotal. El Iriense, por su parte, dice que era hombre pro- 
bo, y que desde un principio abandonó la milicia y las 
cosas del siglo, y que siempre estuvo alejado de toda re- 
lación ilícita. Lo que puede tacharse en Gundesindo es 
cierta ligereza é inconstancia en sus propósitos, y algo 
de impremeditación en concebirlos é inmoderado afán 
en ejecutarlos. 



(9 



G) 



CAPITULO XV 



Del Obispo D. Hermegildo.- La Iglesia de Santiago durante 
los reinados de D. Fruela II, D. Sancho Ordóñez, D. Alfon- 
so IV y D. Ramiro II. 




on Gundesindo debió falle- 
cer á fines del año 923 ó á 
principios de 924. En 28 de 
Junio de este último año ya se hallaba consagrado su 
sucesor D. Hermenegildo ó Hermegildo, el cual parece 
haber sido antes Canónigo de Santiago, si es el mismo 
que el que con este nombre aparece en algunos Diplo- 
mas de los años 911, 912 y 913 subscribiendo entre los 
miembros del Cabildo compostelano. En el Diploma de 
Lérez del año 916, subscribe el diácono Hermegildo Si- 
geredo, que sin duda es nuestro Obispo. 

Malos tiempos tocaron á D. Hermegildo; tan malos, 
que la Monarquía leonesa estuvo al borde de su ruina, 



286 LIBRO SEGUNDO 



Casi á la vez tuvo el Prelado compostelano, siempre 
buscado y solicitado con afán de todos lados, que enten- 
derse y acomodarse con cuatro ó cinco Reyes rivales, 
que muriendo casi todos prematuramente, lejos de poder 
prestar apoyo á las personas que les habían demostrado 
afecto y sumisión, las dejaban expuestas á la saña de 
los sobrevivientes. La crisis fué larga y terrible; y los 
Estados cristianos, de aquella vez, se salvaron milagro- 
samente, gracias al valor y esfuerzo del Rey D. Rami- 
ro II, que con el auxilio de Dios, triunfó de sus rivales 
y anonadó en Simancas la fiera arrogancia y poderío 
del Califa de Córdoba, Abderrhaman III. Mas los efectos 
de tan larga y pertinaz agitación duraron por mucho 
tiempo, y con ellos los odios, los rencores, la sed de ven- 
ganza, la calumnia, la difamación y todos los demás 
vicios y pecados, que crecen y se arraigan, como en te- 
rreno propio, en las sociedades así perturbadas y re- 
vueltas. 

Esto, en gran parte, explica lo que acerca de Her- 
megildo dicen la Cowpostelana y aún el Iriense; á saber, 
que desde que fué elegido Obispo se entregó de lleno á 
la disipación y á la satisfacción de sus mundanales ape- 
titos, y que fué como un esclavo de la iniquidad. Lo que 
sabemos, por los antiguos documentos, está muy lejos de 
acreditar este juicio de la Compostelana; por lo que en él 
sólo podemos ver un eco de los clamores levantados en 
otro tiempo por los émulos del Obispo. 

Para desgracia de Hermegildo, al poco tiempo de 
ser elegido, falleció D. Ordoño II, á principios del 
año 924, y por lo tanto, el reino quedó á merced de las 
ambiciones de sus hermanos y de sus hijos. El que se 
adelantó á todos, fué su hermano D. Fruela, que ya rei- 



LOS TEES PEIMEEOS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 287 

naba en Asturias, y que con la fuerza y con la osadía, 
consiguió dejar postergados á sus sobrinos, y en particu- 
lar á D. Sancho, que era el hijo mayor de D. Ordoño, y 
tenía ya el gobierno de Galicia. Para granjearse Don 
Fruela el afecto de D. Hermegildo y del Clero compos- 
telano, tan pronto como se vio apoderado del Trono, 
el 28 de Junio de 924, comisionó á los diáconos Ataúlfo 
y Fruela para que viniesen á Santiago, y en su nombre, 
midiesen y acotasen las doce millas en torno de la Tum- 
ba del Apóstol, que ya habían concedido sus anteceso- 
res. Quería que de este modo constasen como dadas y 
otorgadas por él, ex dato nostro (1). 

Del apeo verificado por los diáconos Ataúlfo y Frue- 
la, resultó que varias de las tierras comprendidas en el 
radio de las doce millas, estaban usurpadas (maltas exin- 
de reperimus oblatas). No desperdició D. Fruela esta oca- 
sión de testimoniar su amor y devoción al Patrón de 
España; así es, que acompañado de su esposa D. a Urra- 
ca, de los Obispos Recaredo, metropolitano de Lugo; de 
Sabarico, de Dumio; de Oveco, de la regia Sede de 
Oviedo; de Branderico, de Tuy, y de Fortis, de Astorga; 
de los Condes D. Gutier Menéndez y D. Gutier Osórez, 
y de otros muchos Magnates, vino á Compostela y allí, 
en presencia de todos, confirmó de nuevo el coto de las 
doce millas, según lo habían ofrecido sus antepasados; y 
él, por su parte, lo extendió por el lado del Norte otras 
tres leguas, hasta el territorio de Nemitos ó Nendos, do- 
nando el Señorío del commisso ó Condado do Montanos 
(Montaos), según lo había tenido Sigeredo Egicaz, des- 



(1) Véanse Apéndices, núm. XL VII. 



288 LIBRO SEGUNDO 



de el Tambre hasta la citada comarca de Nendos (1). 
Para nada suena en este Diploma, otorgado en 17 de 
Septiembre de 924, el nombre del Prelado compostela- 
no; lo cual no deja de ser significativo. Más adelante 
veremos lo que haya de pensarse de estos Privilegios. 

El mismo silencio se nota en otro Diploma despa- 
chado por D. Fruela el 25 de Octubre de 924 (si es que 
este Privilegio no fué dado en el año 912, como trae la 
copia inserta en el Tumbo A, fol. 11, de la Catedral 
compostelana, cuando D. Fruela no era más que Rey de 
Asturias; lo cual no es inverosímil). Por esta Escritura, 
confirma el Monarca á la Iglesia de Santiago la dona- 
ción que su padre D. Alfonso le había hecho de la villa 
de Vallega (Valga) (2), y concede, además, otras muchas 
que, sin duda, habían caído en su legítima, tales son: 
las de Vilanium (Vilano), Valdani, Teudiscli, Invólati y 
Proami, en Bergantiños; las de Andogio (Andoyo), con la 
iglesia de San Mamed, Lepore, Gundesindi y Fornelos, en 
Montanos; las de Mourentan y Villamayor, á orillas del 
Siaonia; las de Barcalla, Parata, Laurinia, Resera?, Párete- 
longa, Mazanaria, Palatio, Adamiri; y la de Ad mola, entre 
Laurum y Magnola, á orillas del Ulla (3). 

Pero, sea esta Escritura del año 924, sea del año 912 
lo cual, en realidad, no parece lo más probable, lo cierto 
es que D. Fruela poco tiempo perseveró en este buen 
camino. Lo que hizo con el Obispo de León, Fronimio, 



(1) Véanse Apéndices, núm. XLVIII. . 

(2) Según consigna D. Fruela, D. Alfonso había adquirido esta villa 
por donación de Baltario. 

(3) Véanse Apéndices, núm. XLIX. 



LOS TRES PEIMEBOS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 289 

y con sus hermanos Aresindo y .Gebuldo (1), demuestra 
cuan poco amigo era de contemplaciones, y con cuánta 
precaución debían guardarse de él aquellos que incu- 
rriesen en su desagrado. 

Si hemos de prestar fe á lo que de él dice el Rey de 
Galicia, D. Sancho, en un Diploma de que luego habla- 
remos, algo parecido, aunque no tan grave, debió pasar 
en Compostela. Dice D. Sancho, que viniendo en rome- 
ría D. Fruela á Santiago, y presentándole D. Hermegil- 
do con todo su Cabildo, para que los confirmase, los 
Privilegios de sus antecesares, no sólo no quiso hacerlo, 
sino que recogió los documentos, y sometió á los subditos 
de la Iglesia del Apóstol al tributo fiscal, de que estaban 
exentos (2). Visto esto, y las confirmaciones que hemos 
citado, dadas por D. Fruela á los Privilegios de sus ma- 
yores, habrá que suponer que después las revocó y las 
anuló del todo. Lo cierto es, que la donación del Conda- 
do Montanos, hecha por D. Fruela, por entonces no tuvo 
efecto. 

D. Fruela acabó malamente, y su muerte, ocurri- 
da á principios del año 925, vino á plantear de nuevo 
el problema de la sucesión al Trono, que de esta vez se 
resolvió quedando, como Rey en Galicia, D. Sancho, el 



(1) Al primero lo desterró de su diócesis, á los segundos los mandó 
matar. 

(2) Adveniens (Rey Froila) in locum saepedictum causa orationis, de- 
monstrans ei Praesul loci ipsius pater Hermegildus cum omni collegio cle- 
ricorum testamenta priorum Regum, ut majorum exempla imitando, et ipsa 
confirmaret, et alia propter semetipsum superadderet, ille autem obduratam 
habens mentem, non solum eadem non confirmavit, sed ibi confirmata sa- 
crilego more abstraxit, et plebem cui erat mitis Apostolus, superimposito 

fiscali imperio, acrius adstrinxit. 
Tomo U.— 19. 



290 



LIBEO SEGUNDO 



primogénito de D. Ordofio II (1); en León, el hijo se- 
gundo D. Alfonso IV; y en Asturias, D, Ramiro, tío 




Fotografía de J. Limia. Fotograbado de Laporta. 

Miniatura del Tamb> A, fol. ^, que representa á D. Fruela II. 

de los anteriores y hermano de D. Ordoño II. D. Sancho 
coronóse en Santiago, y de sobre el Altar Apostólico 

(1) Este D. Sancho estuvo por mucho tiempo confundido con D. San- 



LOS TRES PRIMEROS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 291. 

tomó, ó recibió de manos de Hermegildo, el Cetro, em- 
blema de su real poderío. El mismo lo dice en Diplo- 
ma que acabamos de citar: Dam Domino adjuvante in eo- 
dem saepe nominato Loco apostólico sceptrum acciperem regni. 

La prudencia y la razón de Estado, aconsejaban á 
los dos hermanos, D. Sancho y D. Alfonso (1), el vivir 
en paz y en buena armonía; mas á ello no se prestaba 
el carácter voluble, inquieto y descontentadizo del se- 
gundo; que unas veces aparecía en buenas relaciones 
con su hermano, otras se mostraba desatento y cojijoso. 

D. Sancho, de carácter pacífico, y si se quiere, apoca- 
do y nada ambicioso, se dedicó á gobernar sus Estados 
con mano floja y remisa, más bien que fuerte y áspera. 
Su muerte prematura debió de ser muy sentida por 
todos sus subditos, que sin duda desearían que se prolon- 
gase por muchos años el paternal gobierno de aquel, 
que bien podían aclamar el D. Sancho Deseado de Ga- 
licia, y tanto más deseado, cuanto que nuestro D. San- 
cho murió sin sucesión. 

El documento más antiguo que conocemos de D. San- 
cho, es la donación que hizo en 16 de Abril de 927 al 
Conde D. Grutier Menéndez y á su familia, del lugar de 



cho el Gordo. Los primeros que comenzaron á distinguirlos, fueron el Padre 
Yepes en su Coránica general de San Benito, y Castellá y Ferrer en la His- 
toria de Santiago. 

(1) El P. Flórez, Memorias de las Reynas Cathólicas, tomo I, pág. 82), 
sostiene que el primogénito de D. Ordoño II fué, no D. Sancho, sino D. Al- 
fonso IV, y á las Escrituras que nombran al primero antes que al segundo 
responde: «que lo hacen por ser Escrituras de Galicia donde reinaba D. San- 
cho, y por tanto le dan el primer lugar.» Pero el P. Risco (España Sagrada , 
tomo XXXIV, pág. 232), cita varias Escrituras del reino de León en que 
firma D. Sancho antes que D. Alfonso; por lo cual la salida del P. Flórez, 
resulta ineficaz. 



292 



LIBRO SEGUNDO 



Villare, en donde después fundó San Rosendo el célebre 
monasterio de Celanova; el cual lugar, como se dice en 
la Escritura, estaba próximo á la casa de D. Gutier en 
Villanueva de los Infantes. Despachóse el Diploma en el 
año segundo (no primero, como publicó Flórez), del rei- 
nado de D. Sancho (1). En el mismo año, á 25 de Agos- 
to, concedió á la Iglesia de Santiago y al Obispo Her- 
megildo y á todos sus sucesores el lugar de Busto Varga- 
no, en tierra de Luana (2). Unos tres meses después, á 
21 de Noviembre, con su esposa D. a Gotona, noble seño- 
ra gallega, emparentada con la real familia, otorgó á la 
misma Iglesia y á su Obispo D. Hermegildo otro Diplo- 
ma, en el cual se hace mención del desafecto que demos- 
tró D. Fruela II á esta Iglesia, y de su negativa á con- 
firmar los Privilegios de sus antecesores. D. Sancho, des- 
pués de enterarse del contenido de estos Privilegios, los 
confirma y quiere que valgan en todo tiempo (3). 

A fines del mismo año, á 23 de Diciembre, concurrió 
D. Hermegildo con otros cuatro Obispos al Concilio, cu- 
ya celebración procuró el Conde D. Gutier Menéndez 
para restaurar el monasterio de Santa María de Loyo 
(no de San Eloy, como se ha repetido tantas veces), en- 
tre el Miño y el Loyo en la Diócesis de Lugo, monaste- 
rio que fué la cuna de la ínclita Orden militar de San- 
tiago. Estuvieron presentes en el Concilio los dos Reyes 
D. Sancho y D. Alfonso (4). 

En el año siguiente 928, á 20 de Febrero, subscribió 



(1) España Sagrada, tomo XVIII, Apéndice, pág. 320. 

(2) Véanse Apéndices, núm. L. 

(3) Véanse Apéndices, núm. LI. 

(4) Véase España Sagrada, tomo XVIII, Apéndice, pág. 321. 



LOS TEES PEIMEROS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 293 

D. Hermegildo una Escritura, por la que D. Sancho y 
su esposa D. a Gotona restituyeron á Oduario varias vi- 
llas en tierra de Navia, de Lemos, y junto al río Lor, 
que habían sido de su abuelo Oduario, y de las que éste 
había sido privado por sentencia del Rey, acaso en 
tiempo de las sublevaciones contra D. Alfonso III. 
Oduario presentó á los Reyes, como donativo, un caba- 
llo mauricello (morcillo), una cama con sus ropas, un mulo 
arnarello, tres pieles de cordero adobadas, y reiteles de 
plata dorada apreciados en cien sueldos, que le había 
dado el Rey D. Fruela (1). 

Después de esta fecha, poco más de un año continuó 
gozando Galicia del gobierno de D. Sancho. Una muer- 
te prematura llevó al sepulcro al joven Monarca, y pri- 
vó por entonces á Galicia de su autonomía. La Reina 
D. a Gotona se retiró al monasterio de Cástrelo, que ha- 
bía fundado á orillas del Miño, en la Diócesis de Orense, 
y en él dio honrosa sepultura al cadáver de su esposo, 
por cuyo eterno descanso no cesó de orar mientras no 
tuvo revelación de que se hallaba gozando de la pre- 
sencia de Dios en compañía de los bienaventurados (2). 

Ya que la sucesión al Trono se había declarado divi- 
sible, en aquella ocasión no debía de hacerse caso omiso 
del Príncipe D. Ramiro; mas el Rey de León, D. Alfon- 
so, apreció las cosas de otra manera, y así que tuvo no- 
ticia de la muerte del Rey D. Sancho, se proclamó su 
heredero en el Reino de Galicia. No faltó á lo que solían 
hacer todos los Reyes al comenzar su reinadp, y confirmó 

(1) Cartulario de Celanova, libro II, núm. CXIV, en el Archivo Histó- 
rico Nacional. 

(2) Véase Flórez, Memorias de las Bey ñas Cathólicas, tomo I, pág. 95 
y siguientes. 



294 LIBBO SEGUNDO 



todas las posesiones que tenía la Iglesia de Santiago, tan- 
to en la provincia de Galicia, como en el Bierzo ó en las 
tierras de fuera. Fechóse la confirmación á 8 de Agosto 
de 929 (1). Lo mismo había hecho tres meses antes, á 12 
de Mayo, á ruego y por sugestión del Obispo D. Herme- 
gildo, con las posesiones del monasterio de San Cipriano 
de Calogo en Villanueva de Arosa. Después de un largo 
preámbulo, en que se hace como un resumen de la His- 
toria eclesiástica, demarca el coto de este monasterio dedi- 
cado á San Cornelio, á San Cipriano, á San Salvador, 
á Santa María Virgen, á Santa María Magdalena, á 
Santa Tecla, á la Santa Cruz, á San Sebastián, á San 
Andrés y á Santo Tomás, y edificado en tierra de Lo- 
beira (in térra LupariaeJ y junto al castro llamado de 
Colago, y se lo confirma para siempre. Confirma además 
al monasterio en la posesión de las salinas que los Mon- 
jes, con sus propias manos, habían hecho en el lugar de 
Usa. La subscripción de Hermegildo está concebida en 
estos términos: Sub Xpisti nomine Hermegildus Sedis iriensis 
episcopus hunc privilegium in amore Dei et in honore Sancti 
Cipriam et aliorum Sanctorum, quorum reliquiae in dicto mo- 
nasterio sunt, fieri élegi et manu propria confirmo (2). 

Para captarse asimismo la benevolencia de los mag- 
nates gallegos, encomendó D. Alfonso al Conde D. Gu- 
tier Menéndez, á quien llama su tío, el gobierno de va- 



(1) Véanse Apéndices, ntim. LIL 

(2) Documentos procedentes de San Martín en la Biblioteca de la Uni- 
versidad de Santiago. — Hasta no hace muchos años se conservaban restos 
considerables de esta iglesia monasterial, y aún hemos llegado á ver ínte- 
gro el ábside. A juzgar por estos restos, la iglesia debía de ser de bellísimas 
proporciones, y parecía haber sido construida á fines del siglo XII ó prin- 
cipios del siguiente. 



LOS TRES PRIMEROS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 295 

rias comarcas de Galicia, como las de Quiroga, Sabiñao, 
Ortigueira, etc.. (1) 

Al poco tiempo se le antojó á D. Alfonso el renun- 
ciar la Corona en su hermano D. Ramiro, y vestir la 
cogulla en el monasterio de Sahagún (2). Pronto, sin 
embargo, se cansó de vivir en el claustro, y quiso pres- 
cindir de su hermano, y volver de nuevo á empuñar las 
riendas del Estado en ocasión en que D. Ramiro, al 
frente de un numeroso ejército, se disponía á invadir el 
territorio de los moros. Mas D. Ramiro no se decidió á 
someterse á las veleidades de D. Alfonso; lo sitió en 
León, se apoderó de él y lo encerró en un calabozo. Con 
esto quedó, desde el año 931, único Rey y señor de León 
y Gralicia. 

Siguiendo D. Ramiro la senda trazada por sus ma- 
yores, á 13 de Noviembre de 932, confirmó, así para du- 
rante el pontificado de D. Hermegildo, como el de sus 
sucesores, todas las posesiones de la Iglesia de Santiago; 
omnem dioecesem et plebem et villulas sive ínsulas et commissos, 
atque in omnigyro millie constituía (3). Y como si presintiese 
el terrible trance por qué al poco tiempo los Estados cris- 



(1) España Sagrada, t. XVIII, Apénd., pág. 325. 

(2) No están acordes los historiadores acerca del año en que D. Alfon- 
so hizo profesión religiosa en Sahagún. El P. Flórez supone que D. Alfonso 
se retiró á este monasterio en el año 926; en cambio su continuador, el Pa- 
dre Risco, sienta que hasta el año 931 D. Alfonso no se decidió á dar ese 
paso. Lo más probable, parece que D. Alfonso se hizo religioso al poco tiem- 
po de subir al Trono, pero con el propósito de gobernar el reino desde su 
monasterio, ó fuera, cuando á bien lo tuviese. Esto explicaría por qué en 
algunos Diplomas anteriores al año 931, se llama á sí mismo Adefonsus Eex 
Castus. 

(3) Véanse Apéndices, núm. LIV, 



296 LIBBO SEGUNDO 



tianos tenían que pasar, á principios del año 934 vino 
con su esposa D. a Urraca á Santiago orationis causa, y 
personalmente procuró enterarse de todas las donacio- 
nes hechas por sus progenitores á la Iglesia del Patrón 
de España con el fin de confirmarlas más especialmente. 
Cita y confirma los Privilegios otorgados por D. Alfon- 
so II, D. Ramiro I, D. Ordoño I, D. Alfonso III y sus 
padres D. Ordoño II y D. a Elvira (1), y él, por su parte, 
ofrece el commisso ó Condado de Pistomarcos (Postmar- 
cos), según lo había obtenido Lucido Vimaraz ó Vima- 
rano, y según se comprendía entre el mar, el Ulla, y el 
Tambre (2). 

Con estos preparativos, se disponía tal vez D. Rami- 
ro para la expedición que por este tiempo emprendió 
para someter á los caudillos musulmanes, que se habían 
rebelado contra el Rey de Aragón Mohamad-ben-Ha- 
chim, de la cual expedición volvió victorioso; reversus est 
Legionem cum magna victoria, como dice Sampiro. Mas 
ésta y otras expediciones que había hecho ya D. Ramiro 
no fueron, por decirlo así, sino ensayos y simulacros 
para la gran jornada de Simancas. El pérfido Rey de 
Aragón se reconcilió con el Califa de Córdoba, Abder- 
rhaman III, y ambos, juntos, invadieron los Estados cris- 
tianos. D. Ramiro II, que sin duda tuvo noticia á tiem- 
po de estos manejos y conciertos de los dos Reyes inva- 
sores, recordando lo que en ocasión semejante había 
hecho su tatarabuelo D. Ramiro I, vino por segunda vez 
á Compostela, y ante el Altar del Apóstol confirmó el 



(1) Ninguna mención hace D. Eamiro de la donación del Condado de 
Montanos, hecha por su tío D. Fruela II. 

(2) Véanse Apéndices, núm. LV. 



LOS TEES PRIMEROS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 297 




Fotografía de J. Limia. Fotograbado de Laporta. 

Miniatura del Tumbo Á, fol. 12, que representa á D. Ramiro II. 



298 LIBUO SEGUNDO 



Privilegio de los Votos y prometió extenderlo hasta el 
río Pisuerga, que entonces era el límite oriental del 
reino de León (1). Por su parte el Conde de Castilla, 
Fernán González, prometió hacer análoga donación á la 
iglesia de San Millán de la Cogolla en todos sus Esta- 
dos, que comenzaban donde terminaban los de León. 
Llegó, al fin, el temido día, y el 5 de Agosto de 939, en- 
contráronse los dos ejércitos, y trabóse una de las más 
encarnizadas y sangrientas batallas de cuantas hasta 
entonces se habían librado. D. Ramiro batió primero á 
los moros en Simancas, y después, prosiguiendo la victo- 
ria, acabó de desbaratarlos en Alhandega. «Esta victo- 
ria, dice Dozy (2), fué tan completa y tan señalada, que 
de ella se habló, tanto en el fondo de la Alemania, como 
en los países más alejados de Oriente.» 

Diez años después de la batalla de Simancas, otor- 
gó D. Ramiro II un Privilegio en favor de D. Herme- 
gildo y de todo el Cabildo de Santiago (vóbis patri domno 
Hermegildo episcopo, vel omni congregationi Sancti Jacóbi Apo- 
stoli), por el cual permutó la villa de Paradela, en la co- 
marca de la Amaía, que le donara Alvito Muñiz y que 
antes había poseído el hermano de éste, el abad Munino, 
por la villa de Ameo, fuera de Galicia. D. Ramiro dio 



(1) Cujus (Eanemiri) tempore Abdirahaman Cordobensis Rex cum 
omni exercitu suo fugatus et victus est. Qui rex ante accesserat ad Beatum 
Jacobum causa orationis, et obtulit ibidem vota usque in Pisorga, ut singu- 
lis annis redderent censum Apostolicae Ecclesiae; et Deus magnam dedit 
ei victoriam. (Gron. Iriense, Esp. Sag., t. XX, pág. 604). El Sr. Sánchez 
Vaamonde (Apol. del Voto de Santiago, pág. 149), califica de imaginario este 
Privilegio de D. Ramiro II; pero á él aluden indudablemente en sus Bulas 
los Papas Inocencio III, Alejandro III y Pascual II. (Véase pág. 96 y 97). 

(2) Becherches sur V Histoire et la littérature de V Espagne; 3. a edición, 
tomo I, pág. 157. 



LOS TBES PBIMEKOS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 299 

asimismo una villa en Lago y otra en Vadapia, por otras 
dos villas de la Iglesia de Santiago, sitas, la primera, 
también en Lago, y la segunda, llamada Lameira, en 
Vadapia, según la había poseído el Obispo de buena me- 
moria, Sisnando I. Subscriben la Escritura, que se fechó 
en 3 de Junio de 949, los Reyes D. Ramiro y D. a Urra- 
ca, D. Ordoño proles Regis, D. Sancho pignus Regís, Ro- 
drigo, Jimeno y varios testigos (1). 



(1) Véanse Apéndices, núm. LX. 



mrnT nTmTTnmnTmm nmTTTTmnTTnTm^^ 

111-IMIIllllllllllllllltinillMIIIIIIIIIVIIilllllIIMIIIIIHMIIIltlllllIlllllllllllllllllltllUtltllltllltlllItlllllllllltlllllllttlIlllllllllllflllltMlllllllltlllItllltllllllltllllllltllll 




CAPITULO XVI 



Discútese lo que puedan tener de verdad las aseveraciones 
de la Compostelana acerca del Obispo D. Hermenegildo.— Do- 
naciones de D. Ordoño III.— Indícanse algunas de las cau- 
sas de la perturbación social que por aquel tiempo reina- 
ba en Galicia. 




E los hechos que hemos refe- 
rido hasta aquí de D. Her- 
menegildo , ningún indicio 
se desprende que pueda hacer valer la afirmación de la 
Compostelana, de que nuestro Prelado era un hombre da- 
do á la gula y á la satisfacción de toda clase de vicios y 
pasiones. Veamos si en los que nos restan por referir, 
aparece alguno que pueda hacer siquiera verosímil lo 
dicho por la Compostelana; de otro modo habrá razón para 
inferir que aquí los autores de la célebre Historia no hi- 
cieron más que acoger incautamente alguna de las tan- 



302 LIBBO SEGUNDO 



tas calumnias, que en época de tanta turbulencia y de 
tanto apasionamiento, no pudieron menos de surgir y 
propalarse en cada bando contra los personajes más in- 
fluyentes que militaban en el opuesto. 

Hemos visto que á ruego de Hermegildo, confirmó 
D. Alfonso IV todas las posesiones del monasterio de 
San Cipriano de Calogo. Viendo que la próxima isla de 
Arosa era lugar muy á propósito para el retiro y la 
contemplación, fundó allí, en el mismo año 929, un mo- 
nasterio dedicado á San Julián, dependiente de los de 
Santiago. «El Obispo de Iria D. Hermenegildo, dice 
Yepes (1), en la Escritura de fundación de este monas- 
terio, va haciendo una muy larga relación, en que dice 
que el Rey D. Alonso, luego que fué hallado el Cuerpo 
de Santiago, viniendo á visitarle y á reverenciarle, ha- 
lló que los Monjes que estaban en su servicio, padecían 
necesidad, por lo que pro victu atque vestitu monachorum in 
ipso loco deservientium les dio las islas de Ons, Sálvora, 
Framio, Sias, Arosa, etc..» 

Diez años después, donó Hermegildo al monasterio 
de San Juan de Pravio, fundado en territorio de Nen- 
dos y junto al río Mero, la quinta parte que él tenía 
en la villa de Pravio, y según Espasando y Renfurco, la 
habían dado al Rey D. Ramiro I (2). Son de notar las 
palabras que emplea Hermegildo en la inscripción del 



(1) Coránica, etc., t. IV, fol. 45. 

(2) Véanse Apéndices, núm. LVII .--Firman este documento los presbí- 
teros Cesario, Alactancio, Oduario, Baltario, Odisclo y Cresconio, los diáco- 
nos Hermegildo y Sandino, y además Diego Menéndez, Alfonso, Gemun- 
do, Guimiro, Sigeredo con el presbítero Baldemiro, que hizo de notario. 
Probablemente todos ellos serían Canónigos de Compostela. 



LOS TBES PBIMEEOS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 303 

documento: Ego humillimus ac servorum Domini servus licet 
immerito Hermegildus episcopus. Placuit mihi, etc.. 

Casi la misma frase emplea Hermegildo (Ego exiguus 
servus servorum Dei Hermegildus suo gratia Dei in culmine 
pontificale compto), en la inscripción de otro Diploma, por el 
cual, con consentimiento de todo su Clero catedral (cum 
consensu fratrum et congregationum sancti Jacobi), concede 
para siempre al diácono Sisnando la villa é iglesia de 
San Vicente de Villaostulata (Vilouchada); la cual villa é 
iglesia había sido dada antes en administración al pres- 
bítero Oduario, primero por el Obispo Gundesindo, tío 
del diácono Sisnando, y después por el mismo Hermene- 
gildo. Otorgóse la donación en 30 de Agosto de 947 (1). 
En otras muchas Actas de aquellos tiempos, aparece el 
nombre de nuestro Obispo; tal es la donación que hizo 
el Abad Adelfio al monasterio de Samos en 31 de Mayo 
de 938, que citan Sandoval, Yepes y Risco; la sentencia 
que en el año 942 pronunció San Rosendo con otros 
jueces nombrados ya desde el tiempo de D. Alfonso IV 
en ruidoso pleito sobre la posesión del lugar de Paredes 
entre las parroquias de San Esteban de Codoais (Cos?) y 
San Salvador de Lemenioni (Limiñón), cerca del río 
Mero; la fundación del monasterio de Celanova, en que 
Hermegildo subscribe: Ego Hermegildus miseratione divina 
apostolicae ecclesiae episcopus; etc.. (2) 

De entre otros asuntos, en que haya intervenido más 



(1) Véanse Apéndices, núm. LIX. 

(2) Sobre esta subscripción, dice Flórez (España Sagrada, t. XIX, pá- 
gina 138), que á partir de aquí «se fué introduciendo el título del Apóstol,» 
pero este título ya venía usándose, por lo menos, desde los tiempos de Sis- 
nando I. 



304 LIBBO SEGUNDO 



directamente D. Hermenegildo, citaremos dos por su 
relativa importancia. El presbítero Letimio se había 
desvelado por surtir á la iglesia de Santa Marina de 
Paradela, á orillas del Ulla, en el partido judicial de la 
Estrada, de todo lo necesario para el culto y para la 
manutención de los monjes que allí perseveraban, ha- 
ciendo vida santa. Letimio era uno de ellos, y había 
hecho profesión de obediencia y de pobreza, en manos 
de Exeriola, que parece era el Abad. Donó cortinas, 
una cruz de plata, un cáliz y una patena de la misma 
materia, un candelabro de bronce, una campana de 
metal, libros, casullas para la iglesia, y para la casa 
una bodega con veinticinco cubas, dos hórreos, cinco le- 
chos tornatizos, treinta cátedras ó taburetes, mesas, servi- 
cio de plata, ropas de cama, ajuar de cocina, y además 
muchas posesiones, y entre ellas la mitad de la próxima 
iglesia de Santa Eulalia, que Letimio había heredado 
de su abuelo Eulalio, y otra iglesia dedicada al Salvador 
en el Castro Barbudo, (San Martín de Barbude, ane- 
jo de Paradela), que había adquirido por concesión del 
presbítero Iuverico. Sobre la propiedad de estas dos 
iglesias, movieron pleito á Letimio en distintas ocasiones 
y ante diversos jueces. El pleito sobre Barbude lo falló 
el Conde D. Gonzalo, fundador del monasterio de Ca- 
manzo y padre de la Reina D. a Aragonta. Letimio, en 
cuyo favor se falló el pleito, ofreció como obsequio al 
noble Conde, un muleto de color bayo, apreciado en 
nueve sueldos. El pleito sobre la iglesia de Santa Eula- 
lia, en la cual Letimio había trabajado con no menor 
celo, generosidad y esmero, se vio en Santiago, ante 
una asamblea ó concilio presidido por el Obispo D. Her- 
megildo. Los jueces dieron sentencia en favor de Leti- 



LOS TBES PEIMEBOS SIGLOS DE LA I. COMPOSTEL1NA 305 

mió, el cual como obsequio, ofreció al Prelado un caballo 
bayo apreciado en el valor de seis bueyes, otro caballo 
castaño apreciado en ocho bueyes, y una esquila ó cam- 
panilla de plata de doce sueldos. Todo lo consignó el 
piadoso presbítero en una Escritura, cuyo original se 
conserva en el Archivo de la Universidad Eclesiástica 
de Santiago (1), en la cual Escritura subscribe D. Her- 
megildo, el diácono ó arcediano Sisnando y otros muchos 
individuos del Cabildo compostelano. 

El otro asunto en que tomó parte D. Hermegildo, 
revistió mayor importancia por los personajes que en él 
intervinieron. Dijimos en la página 281 que la Escritura 
en la cual el joven Bermudo había firmado la donación 
de la casa é iglesia de Santa Comba, en favor del Obis- 
po D. Gundesindo, había quedado guardada en el Ar- 
chivo ó Tesoro de la Iglesia compostelana. Apesar de 
esto, Bermudo se retiró tranquilo á Santa Comba; se 
instaló en la casa, y la poseyó pacíficamente sin que 
nadie le molestase, ni contradijese. Empero, la iglesia 
de Santa Comba, no sabemos por qué — acaso porque 
guardaba el sepulcro de San Torcuato, uno de los prin- 
cipales discípulos de Santiago — tenía muchos apetece- 
dores. Sucedió que pasado algún tiempo, el Conde D. Or- 
doño Velázquez envió á su hijo Gutier á criar y educar 
en Compostela, bajo el cuidado del Obispo Hermegildo 
(dedit filio suo Guttier ad nutríendum ad ipso pont/ifex Herme- 
fjildus). La intención del Conde D. Ordoño era, apoderar- 
se de la iglesia de Santa Comba; pero para esto le con- 
venía hacerse con la Escritura de cesión que había 
firmado Bermudo. Consiguió engañar á D. Hermegildo, 



(1) Véanse Apéndices, niíin. LVIII. 
Tomo II— 20. 



306 LIBRO SEGUNDO 



el cual entregó la Escritura á su alumno Gutier, y éste, 
por orden de su padre, á su ayo Nausto Vimaraz. Ya se 
disponía Nausto y su pupilo á incautarse de Santa 
Comba; pero el primero vióse de repente acometido de 
dolores tan acerbos y agudos que le privaron de la vida. 
Lo mismo aconteció al Conde D. Ordoño y á su esposa 
D. a Ermesinda. Con esto siguió Bermudo poseyendo tran- 
quilamente su casa de Santa Comba, y en tal estado se 
la dejó á su hijo Odoino Bermúdez. En cambio la codi- 
ciada Escritura fué á parar á manos de D. a Gunterote 
ó Guntroda, Abadesa de Palatiolo cerca de Celanova, é 
hija del Conde D. Gutier Osorio, la cual había tenido 
buen cuidado de recogerla al tiempo de la muerte de su 
cuñado, el Conde D, Ordoño Velázquez. 

Continuó Odoino poseyendo, como su padre, la iglesia 
de Santa Comba sin que nadie le inquietase, ni pertur- 
base en su posesión, por más que gobernaban aquella tie- 
rra D. Gutier Osorio y su hijo D. Froila Gutiérrez, pa- 
dre el uno, y hermano el otro, de D. a Gunterote. Sin 
embargo, Odoino no estaba tranquilo y recelaba que la 
fatal Escritura fuese origen ú ocasión de nuevos intentos 
de despojo. Pidiósela repetidas veces, pero siempre en 
vano, á D. a Gunterote; y entonces decidió recurrir á la 
benignidad y clemencia del Rey D. Ramiro II, suplicán- 
dole con toda instancia, que interpusiese su poderoso va- 
limiento para que la austera señora no desoyese sus sú- 
plicas. Accedió el Monarca, y comisionó á su tío el Obis- 
po San Rosendo para que en su nombre hablase á Doña 
Gunterote, y la redujese á entregar la Escritura, como al 
fin así lo hizo. Entonces Odoino en prueba de agradeci- 
miento y para acabar de ablandar á la fiera señora, le 
hizo un gran regalo consistente en caballos alf articen, mu- 



LOS TBES PBIMEEOS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 307 

los, alhajas de plata, paños de seda; apreciado todo en 
quinientos veinte bueyes. Al Rey le hizo el obsequio de 
un hermoso caballo álfarace (1), que sabía que le agrada- 
ba y de otros objetos de valor (causas bonas) valuados en 
ciento veinte sueldos. 

Todo, sin embargo, fué inútil; y D. a Gunterote como 
para demostrar, que no había sido por puro capricho el 
negarse á entregar la Escritura, puso demanda á Odoi- 
no sobre la casa de Santa Comba. Y ciertamente la oca- 
sión para ello, era de lo más propicio para D. a Guntero- 
te. Presentó la demanda ante un numeroso Concilio que 
se celebraba en León al tiempo en que su padre, D. Gu- 
tier Osorio, volvía de Asturias y presentaba al Rey Don 
Ramiro, prisioneros á los hijos de D. Fruela II, los in- 
fantes D. Alfonso, D. Ordoño y D. Ramiro, y en que el 
Conde en premio de sus servicios, recibía de manos del 
Rey el gobierno de las tierras de que los Infantes habían 
sido despojados (2). En presencia del Concilio, discutió 



(1) Aquí tiene el Sr. La Fuente los caballos alfar accs, no alfaraclies, 
que tanta atención le llamaron en la Epístola del Papa Juan VIII.— De 
aquí también resulta, que la fama de la excelencia de los caballos de la 
Limia, tuvo en la antigüedad su fundamento. 

(2) Creemos que no pueden ser otros los Infantes á que alude la Es- 
critura, que vamos extractando, en el siguiente párrafo: Hada sunt hcc om- 
nia iudiebus quanclo ipse comes Outtier Osoriz prese ntavit illos infantes ante 
prefatus rex in civitatem rege sedís Legionem, quando eos ceciderunt, et suam 
ierram ipse comes et cum gens sua de manu regís ad imperandum acceperunt. 
Sirve grandemente este párrafo para ilustrar el Cronicón de Sainpiro, en lo 
que dice al final del reinado de Alfonso IV. (España Sagrada, tomo XIV, 
página 465). 

Los Obispos que estaban presentes en el Concilio, eran Oveco Núñez do 
León, Oveco de Oviedo, Dulcidio de Zamora, Salomón de Astorga, Aldere- 
do de Simancas, Dulcidio de Viseo, Ornato de Lamego, Gundesindo de 



308 LIBRO SEGUNDO 



Odoino con el Conde Osorio Gutiérrez, hermano de 
D. a Gunterote, sobre la propiedad de la casa de Santa 
Comba; y el Conde, acaso á falta de otras razones, re- 
quirió al Obispo de Santiago para que terciase en el de- 
bate. Mas D. Hermegildo ya se había retirado del Con- 
cilio y estaba en camino de vuelta para su Diócesis; y 
como era persona que tenía motivos para estar enterado 
de la cuestión, su voto fué considerado por el Rey Don 
Ramiro, como muy digno de tener en cuenta para el 
mejor acierto en la resolución del asunto. Envió, pues, 
al Diácono ó Arcediano de Santiago, Sisnando Menén- 
dez, que á la sazón desempeñaba el cargo de Intendente 
de Palacio fprepositus domus sue), para que hiciese volver 
al Prelado compostelano, como en efecto lo hizo. 

En el Concilio interrogó el Conde Osorio al Obispo 
Hermegildo, si no era á él y á su hermana Grunterote, á 
quien se debía entregar la casa de Santa Comba. El Pre- 
lado contestó resueltamente que sería una injusticia en- 
tregarla á otra persona que á Odoino, y que él, por su 
parte, declaraba que éste era su verdadero dueño; y ante 
el Concilio sostuvo con energía su afirmación contra los 
argumentos y objeciones del Conde Osorio, á las cuales 
el Concilio halló de ningún valor (1). En virtud de esto, 
el Rey y la venerable Asamblea, autorizaron á San Ro- 



Coimbra, Baltario de Tuy, Hermegildo de Lugo y Arias de Mondoñedo. 
Hallábanse también los Condes de Castilla, Fernán González, Ansur Fer- 
nández y Diego Muñoz, y los de Galicia, Pelayo González y Jimeno Díaz, y 
otra mucha cristiandad (multa xpistianitate). 

(1) Tuno invocavit eum (Hermegildum) ipse Osorio ut autorigasset illi 
illa casa et domna Gunterode de facie; et ille episcopus noluit eis autorigare, 
sed contendivit multum cuín eis in ipso concilio, dicens eis quia injuste mihi 
faciobant, autorigavit mihi illa. 



LOS TRES PHIMEEOS SIGLOS DE LA I. COMPOSTE LANA 30!) 

sendo, que probablemente entonces se hallaría en Cela- 
nova, para que en su nombre pusiera á Odoino en pose- 
sión de la casa é iglesia de Santa Comba, como así se 
llevó á cabo (1). 

De otro Documento histórico que se registra en el 
Tumbo A de la Catedral compostelana (2), tomaremos 
otro dato referente al pontificado de D. Hermegildo. 
Entre los Magnates que en los comienzos del reinado de 
D. Alfonso III, tomaron posesión de muchas villas y 
tierras abandonadas en el Mediodía de Galicia y en el 
Norte de Portugal, contóse el Conde Alfonso, por sobre- 
nombre Bettote (3), el cual se posesionó entre otras mu- 
chas, de la villa de Borvene á orillas del Miño, cerca de 
Ribadavia y de otro lugar llamado Maganes. según anti- 
guamente habían estado amojonados. A su muerte sus hi- 
jos Tello, Gonzalo, Teoda y Aragonta, partieron las villas 
que había poblado y poseído su padre, y á Teoda ó Teo- 
dón tocaron las referidas de Borvene y Maganes con todas 
sus pertenencias. Al fallecer Teoda, dejó herederos á sus 
hijos, el Diácono Tello, que era Canónigo de Santiago y 
Leovigildo, pero legó á sus libertos el quinto de las mis- 
mas villas. Los libertos hicieron Escritura de este quinto 
al Rey Don Alfonso III, el cual quinto á la muerte de 
Alfonso pasó á poder de D. Ordoño II, después, de D. Ra- 
miro II, y por último, de D. Ordoño III. Queriendo esto 



(1) Véanse Apéndices, núm. LXXV, pág. 178.— Posteriormente la 
iglesia de Santa Coraba, fué agregada á Celanova, y el cuerpo de San Tor- 
cuato, no el sepulcro, trasladado á la iglesia de dicho monasterio. 

(2) Véanse Apéndices, núra. LXI. 

(3) Es el Conde de Deza, Betote, que asistió á la consagración de la 
Iglesia de Santiago en el año 899. (Véase Esp. Sag., t. XIV, pág. 456). 



10 LIBRO SEGUNDO 



Monarca al subir al Trono, hacer algún bien por el alma 
de sus mayores en la Iglesia de Santiago, consultó al 
Obispo D. Hermegildo y á su Diácono Tello, como po- 
dría realizar éste su proposito. Le contestaron el Obispo 
y el Canónigo, que cediendo al monasterio que se había 
fundado en Borvene, el quinto que los libertos de su pa- 
dre Teoda habían donado, sin haber obtenido para ello 
licencia de los patronos, al Rey D. Alfonso III. Así 
lo hizo D. Ordoño III; cedió el quinto que tenía á 
los religiosos de Borvene para que con intervención 
del Obispo Hermegildo , del Diácono Tello y de la 
Monja Aragonta, sirviesen con los bienes del monaste- 
rio á la Iglesia de Santiago. Firmóse la cesión á 5 de 
Marzo de 951 (1), y en ellas firman el Rey D. Ordoño, 



(1) En el Tumbo se lee Era DCCCCLXXXVIII (año 950); pero como 
trató de demostrar Dozy (Becherches .., t. I, pág. 170), D. Ordoño III no 
subió al Trono hasta principios del año 951. La fecha exacta del falleci- 
miento de D. Ramiro II, tuvo por mucho tiempo divididos á nuestros 
historiadores; pues unos decían que D. Ramiro había fallecido el 5 de Ene- 
ro de 950, y otros diez meses después. Un documento de Samos que cita 
Sandoval (Cinco Obispos, pág. 273), fechado en 27 de Febrero de 951, 
dirimiría la cuestión; pues trae: Incoante regno dominissimo Ordonio princi- 
pe domini Bamiri filio anno regni sui primo; mas las fechas publicadas por 
este autor, suelen ofrecer poca seguridad. La causa de la confusión, á nues- 
tro juicio, estuvo en que como la Era DCCCCLXXXVIIII termina en 
cuatro IIII, fué fácilmente al trasladar los documentos suprimir una I, y 
por consiguiente, disminuir en un año la verdadera fecha. Esto se ve paten- 
temente en la Escritura, núm. VIL, lib. I, del Tumbo de Celanova, la cual 
pone la Era DCCCCLXXXVIII; pero un ejemplar suelto de la misma Escri- 
tura de fines del siglo X ó principios del XI, trae Era DCCCCLXXXVIIII. 
Lo más probable, por lo tanto, es, que D. Ramiro II falleció el 5 de Enero 
de 951 ó pocos días después, y que por entonces comenzó á reinar su hijo 
D. Ordoño III. 



LOS TRES PRIMEROS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 3L1 

los Obispos Hermegildo de Santiago, San Rosendo, 
Gonzalo de León, Fronimio, dimisionario de la misma 
Sede, Arias de Dumio, Hermegildo de Lugo, y San Vi- 
liulfo de Tuy, los Condes Rodrigo, Munino y Osorio y 
catorce testigos. 

De lo hasta aquí expuesto, no puede inferirse que 
D. Hermegildo hubiese sido un dechado de virtud; pero 
lo que desde luego resulta es que no fué un monstruo de 
iniquidad, como nos lo pintó la Compostelana. Durante su 
largo pontificado, que duró más de veinte y seis años, á 
pesar de lo crítico y azaroso de las circunstancias, no 
decayó visiblemente, como sucedió más tarde, el esplen- 
dor y grandeza de la Iglesia compostelana; antes bien, 
la fama de la observancia y santidad con que se vivía 
en sus monasterios, especialmente en el de Antealtares, 
estaba muy extendida. Por esto, el Abad de Santa Ma- 
ría de Cambre, D. Munio, á la hora de su muerte en- 
cargó á sus hermanos Grutier y Alvito, que agregasen 
este monasterio con todas sus pertenencias, al de Ante- 
altares, y se sometiesen en todo á la dirección del vene- 
rable abad Adulfo III. Así lo hicieron los dos hermanos 
hacia el año 942 por una Escritura que vio Yepes (1), y 
de la cual se conserva un extracto entre los documentos 
de San Martín, de la Biblioteca de la Universidad com- 
postelana. Entre las cosas entregadas se contaban tam- 
bién los documentos que había recogido su padre en 
tiempo de D. Alfonso III. Firman la Escritura los Obis- 
pos Baltario (y no Branderico, como leyó el copiante) de 
Tuy; Hermegildo, de Compostela; Rudesindo, de Dumio, 



(1) Coron..., t, V, fol. 03. 



312 LIBBO SEGUNDO 



y Hermegildo, de Lugo; y los abades Vimara, Gladila, 
Gruto y Cristóbal (1). 

Hacia el año 968 el diácono Ñuño, probablemente 
Canónigo de Santiago y descendiente del Rey de Gali- 
cia D. Silón, concedió en Deza, al mismo monasterio, 
extensas heredades: la iglesia de Santa Eulalia de Fil- 
gueira ó Donseón, que habían edificado sus mayores, y 
la décima parte de las aldeas de Bergazos, Val y Vi- 
llamala. 

Por este mismo tiempo se refugiaron en Santiago 
los Monjes de Santa Marina del Tostó en tierra de 
Soneira (Somnaria), en la brava costa del Océano, entre 
Camarinas y Laje. Asaltados y saqueados su iglesia y 
monasterio por una banda de piratas ó salteadores, no 
les quedó más recurso para salvar la vida que apelar á 
la faga, y buscar en Compostela un asilo seguro. Se lo 
prestó generosamente el Abad de Antealtares, el cual 
con sus Monjes, después de enterarse de todo lo que ha- 
bía ocurrido, desplegó toda su caridad con aquellos sus 
desgraciados y afligidos hermanos. Los hospedó en su 
monasterio, los admitió en su refectorio y los consideró 
como miembros de su comunidad. Y tan pronto como se 
presentó ocasión propicia, restauró el monasterio del 
Tostó, y envió allí Monjes y estableció una comunidad 
que se tenía por hija de la de Antealtares. 

Sucesos como el de Santa Marina del Tostó comen- 



(1) Desde entonces el monasterio de Cambre, quedó corno priorato 
de Antealtares. En la actualidad es iglesia parroquial y una de las más 
bellas de la Diócesis. Pertenece al último período románico-bizantino, y su 
ábside está rodeado de corona ó deambulatorio. Guarda también una de 
las hidrias de las Bodas de Cana. 



LOS TRES PUlMERÓS SIGLOS DE LA I. C0M20STELANA 313 

zaban entonces á hacerse demasiado fresuentes. Ade- 
más de otras razones que pudieran aducirse, como el 
estado continuo de guerra, el aislamiento con que solía 
vivir cada región respecto del poder central, hay una 
que debe tenerse muy presente, y es la gran muchedum- 
bre de cautivos y esclavos que debía de haber entonces 
en los reinos cristianos. En sola la expedición que Don 
Ramiro II hizo á Talavera poco antes de morir, trajo 
7.000 cautivos. En la que hizo á Osma en los primeros 
años de su reinado, trajo también muchos miles de pri- 
sioneros. Como nos acreditan recientes y dolorosas ex- 
periencias, por muy buena voluntad que quiera supo- 
nerse en D. Ramiro y en sus generales, no era fácil 
proporcionar suficiente sustento para tanto cautivo; por 
lo que éstos tendrían que buscárselo por su mano. Si á 
éstos se agregan los muchos siervos ó colonos que aban- 
donaban las tierras á que se hallaban adscriptos, se con- 
cebirá fácilmente el gran número de bandas de foragi- 
dos que debían infestar el país. 

En prueba de ello, citaremos algunos de los casos 
ocurridos, no á iglesias y monasterios, sino á un podero- 
so Magnate, el Conde D. Hermenegildo, hermano del 
Obispo Gundesindo y padre del Obispo Sisnando II. Por 
los años 931 un tal Salomón había hecho un hurto; y 
cogido, lo entregaron á D. Hermenegildo y lo condena- 
ron á pagar treinta bueyes. D. Hermenegildo lo dejó en 
libertad bajo fianza, que prestaron los presbíteros Saba- 
neo y Froilán y otros cuatro individuos, obligándose 
todos á pagar veintiún bueyes, si Salomón escapaba. Los 
padres de éste, Donadeo y Tidina, prestaron caución 
con todos sus bienes. Sucedió que Salomón se fugó y se 
llevó consigo á un siervo de D. Hermenegildo llamado 



314 LIBBO SEGUNDO 



Maurelo, y á un ladrón á quien soltó de la cadena, el 
cual tenía que pagar tres caballos por su robo (1). En 
este mismo año Desiderio y su mujer Gudileuba tuvie- 
ron que entregar á dicho Conde la mitad de su heren- 
cia, porque habían afianzado á su hijo Florido en diez 
bueyes para que no escapase; y Miro y su mujer Froisen- 
da fueron multados en la pérdida de todos sus bienes 
por el robo, que con Gatón, siervo del Conde, le había 
hecho su hijo Faíila. Un año antes, Astruedo y su mu- 
jer Froilona, fueron condenados á dar todo cuanto te- 
nían en Presares como restitución de lo que habían ro- 
bado á D. Hermenegildo y á su esposa D. a Paterna. 
Tales eran los materiales que se fueron hacinando para 
la intensa y profunda perturbación que reinó en León 
y Galicia durante la segunda mitad del siglo X. 

Pero volvamos á D. Hermenegildo. La Compostelana 
quiso que el fin de nuestro Prelado correspondiese al 
tenor de su vida, según ella nos lo había pintado. Una 
vida completamente estragada, no podía menos de tener 
un fin trágico; en esto estuvo acorde consigo misma la 
Compostelana; pero, ¿lo estuvo así con la realidad de los 
hechos? Desde luego hay motivos para dudarlo, y no 
faltan indicios seguros que demuestran todo lo con- 
trario. 

Refiere la Compostelana que la víspera del día de su 
muerte, D. Hermenegildo en un acceso de ira, mandó 
arrebatar á una pobre viuda, una vaca con cuya leche 
se sustentaban ella y sus hijos que, según el Cronicón 



(1) Véanse Apéndices, núm. Lili. — Es curioso este documento, porque 
nos da á conocer algo de los procedimientos de aquella época, en materia 
judicial. 



LOS TRES PBIMEEOS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 315 

Iriense eran ocho. Al día siguiente celebró D. Hermene- 
gildo un banquete, al que convidó á los caballeros que es- 
taban á servicio. Ya se hallaba completamente ahito y 
con la cabeza no muy firme á causa de los vapores del 
exquisito vino, cuando en una escudilla de plata le pre- 
sentó un gentilhombre parte del vientre de la vaca ro- 
bada. No se contuvo; metió un trozo en la boca pero al 
disponerse á triturarlo con toda voracidad, reventó á la 
vista de todos. Añade la Compostelana que su sepulcro fué 
incendiado, aunque no dice si con fuego del Cielo ó puesto 
por mano humana; y que con sus propios ojos había vis- 
to las señales de dicho incendio (1). Siendo esto así, ha- 
bría que confesar que la memoria de D. Hermegildo de- 
bía reputarse como de lo más execrable. Sin embargo, 
no la consideraron así los contemporáneos. Su sucesor 
Sisnando, al confirmar el Privilegio otorgado al monas- 
terio de Calogo en el año 929, dice expresamente: Sis- 
nandus episcopus atque successor ex id db antecessore nostro 
domno Hermegildo episcopo divine memorie, qui hunc privile- 
gium confirmare voluit. De divina memoria se le llama tam- 
bién en otro Diploma del año 961 de que más adelante 
hablaremos; y por último, se le da el dictado de Santis- 
simo en otro Privilegio concedido por D. Ordoño IV, 
en 2 de Marzo de 958. 

Por lo que toca á las señales de incendio que dice ha- 
ber visto la Compostelana en el sepulcro de D. Hermegil- 
do, nada tienen de extraño; porque restos de incendio, y 



(1) España Sagrada, t. XX, pág. 12. — El Cronicón Iriense (España 
Sagrada, t. XX, pág. 604), dice que la viuda, anegada en lágrimas, se había 
arrojado á los pies del Prelado implorando misericordia, pero que no ha- 
bía conseguido que se rindiese á sus ruegos y á sus lamentos. 



3Í6 LIBBO SEGUNDO 



de considerable incendio, anterior al siglo XII, se han 
hallado á medio metro de profundidad debajo del pa- 
vimento actual de la Capilla Mayor de la Basílica; los 
cuales muy probablemente datarían del tiempo de Al- 
manzor. 

La Compostelana que tanto se detuvo en dar porme- 
nores acerca de los últimos momentos de Hermegildo, 
nada dijo de la fecha de su fallecimiento. El ver que su 
sucesor Sisnando II ya estaba consagrado en 18 de Mayo 
de 952, como luego diremos, nos hace suponer con mu- 
cha verosimilitud, que Hermegildo falleció á fines del 
año 951. 



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CAPITULO XVII 



Es elegido sucesor de D. Hermenegildo, el Diácono Sisnando 
Menéndez. — Funda con sus padres D. Hermenegildo y 
D. a Paterna, el monasterio de Sobrado.— Concilio compos 
telano en que fué consagrado Metropolitano de Tarrago- 
na, Cesarlo, Abad de Monserrat. 




emos dicho al dar fin al capítulo 
anterior, que en 18 de Mayo de 952 
ya estaba consagrado el sucesor de 
D. Hermegildo, Sisnando II. Así 
nos lo testifica en un Diploma de dicha fecha, D. Ordo- 
ño III, el cual hablando de Sisnando, dice: (¿ni tempore 
nostro per Concílium electus et ordinatus ibi fuit. Indudable- 
mente Sisnando parecía la persona más significada para 
ocupar la Cátedra episcopal de Compostela. Lo reco- 
mendaba su nacimiento, como hijo que era de los Con- 



318 LIBBO SEGUNDO 



des D. Hermenegildo ó Meriendo y D. a Paterna (1), y 
sobrino del Obispo Grundesindo; pero sus prendas perso- 
nales, su actividad, su afabilidad, su carácter emprende- 
dor, su iniciativa, lo hacían sobresalir entre todos los 
miembros de la Corporación capitular, de la cual era Diá- 
cono ó Arcediano (2). Ya hemos visto como en el año 947 
el Obispo D. Hermegildo con consentimiento del Cabildo, 
le había donado la aldea de Vilouchada con su iglesia de 
San Vicente. Por este tiempo ya nuestro Diácono debía 
hallarse desempeñando el cargo de Intendente del Real 
Palacio; y D. Ramiro II para premiar sus servicios, le 
cedió en usufructo la mitad de un cortijo en León, que 
le había dejado un su eunuco. Esto también le dio oca- 
sión para tratar al Príncipe D. Ordoño, y para merecer 
su amistad y confianza. 

De las palabras antes citadas de D. Ordoño III, se 
deduce que en la elección de Sisnando se observaron las 
prescripciones canónicas, pues fué hecha en Concilio al 
que asistirían los Obispos más inmediatos, y el Clero y 
el pueblo compostelano. Otra cosa muy distinta insinúa 
la Gompostelana (3); pues dice que Sisnando sucedió á 
Hermegildo por una especie de coacción, quadam sorte 
potestatis; lo cual no está muy conforme con lo que asien- 
ta D. Ordoño III, que ya reinaba al tiempo en que se 
hizo la elección. Sin embargo, habrá que confesar que la 



(1) D. a Paterna era hija de los Condes D. Gundesindo y D. a Sénior, y 
hermana, á lo que parece, de D. a Jimena, esposa de D. Alfonso IV. 

(2) Por entonces parece que era Presidente del Cabildo otro Abad 
Grundesindo. — Según Yepes (t. IV, fol. 301), Sisnando ya era Arcediano en 
el año 909; pero es de recelar que en la Escritura del monasterio de Cinis 
que cita el célebre Cronista, haya algún yerro en la fecha. 

(3) España Sagrada, t. XX, pág. 13, 



LOS TRES PRIMEROS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 319 

circunstancia de ser Sisnando persona tan acepta á los 
Reyes, debió pesar no poco en el ánimo de los electores. 

Hemos dicho que Sisnando se había hecho acreedor 
á la estimación y afecto del Príncipe D. Ordoño. Así re- 
sulta de los Privilegios concedidos por este Monarca á la 
Iglesia de Santiago; no precisamente por las muchas do- 
naciones hechas al Templo Apostólico, sino por las fra- 
ses y elogios que en dichos Diplomas dedica al Obispo. 
En el otorgado en 12 de Septiembre de 954, le llama ín- 
clito y venerabk padre D. Sisnando, Obispo de este lugar de 
nuestro Patrón, y Pontífice de todo el orbe. fVobis inclyto ac ve- 
nerabili patri domno Sisnando, episcopo hujas Patroni nostri, 
et totius orbis antistiti). Más abajo añade D. Ordoño, que 
en atención á los eminentes servicios que siempre le ha- 
bía prestado después de la muerte de su padre, D. Rami- 
ro II, le había concedido íntegro el usufructo del cortijo 
de que más arriba hemos hablado, (ob famulationem fidelis- 
simam vestram in ómnibus nobis exhibentes, cortem ipsam, etc..) 
Estos servicios debieron ser tanto más de agradecer por 
D. Ordoño, cuánto que sin duda fueron prestados en oca- 
sión en que su hermano D. Sancho ayudado del Rey de 
Navarra D. García y del Conde de Castilla Fernán Gon- 
zález, quiso disputarle el Trono. 

Por el Diploma de 18 de Mayo de 952 (1), otorgó 
D. Ordoño III á la Iglesia de Santiago el commisso de 
Cornado, entre el río Ulla y sus afluentes Laña é Iso, 
según antes, por Real ordenación, lo habían tenido mu- 
chos Condes, sicuti eum habuerunt multi comités per ordina- 
tionem regiam. Subscriben los Obispos Frominio, dimisio- 



(1) Véanse Apéndices, núin. LXI11, 



320 LIBBO SEGUNDO 



nario de León, San Rosendo, Gonzalo de León, Arias de 
Dumio, y Hermegildo de Lugo (1). 

Otro commisso ó encomienda ó Condado, el de Vento- 
sa, concedió D. Ordoño en un Privilegio de 11 de No- 
viembre de 952, según también lo habían tenido antes 
muchos Condes. Subscriben, además de Hermegildo, 
Obispo de Lugo, Dulcidio de Viseo, Ornato de Lamego, 
Ilderedo de Simancas y Menendo (2). 

Por estos años hallábanse grandemente afanados los 
padres de Sisnando II con la fundación del monasterio 
de Sobrado. Viéndose ya de edad avanzada, y conside- 
rando que para ellos los cuidados y faenas de este mun- 
do podían darse por terminadas, quisieron consagrar lo 
que les restaba de vida, de actividad y de fuerzas y parte 
de su hacienda al servicio de su Criador y de su Redentor. 
Con este fin, en una de las tierras de su propiedad lla- 
mada Sobrado (3), á la falda del monte Mauramorta, allí 
donde un pequeño arroyo mezcla sus aguas con el ria- 
chuelo que bajando de la sierra del Bocelo toma el nom- 
bre de Támara ó Tambre, y corre impetuoso hasta per- 
derse en la inmensidad del Océano, comenzaron á edifi- 
car una iglesia bajo el título de Santiago Apóstol, y á 
levantar en su derredor casas para una comunidad de 
mujeres y otra de varones. En 14 de Mayo de 952 ya 



(1) Este commisso de Cornado confinaba por el Este con el de Avean- 
cos. Segi'm habían convenido en tiempo de Ramiro II los Condes D. Jime- 
no Díaz y D. Arias Alvítez, el río Iso, afluente del Ulla, era la linca diviso- 
ria de los Condados. Este convenio fué ratificado por Sisnando al recibir el 
Condado de Cornado, y por el Conde D. Gonzalo Menéndez que á la sazón 
tenía el de Aveancos. 

(2) Véanse Apéndices, núm. LXV. 

(3) Había sido del presbítero Sentario, el cual la había donado por Es- 
critura á los padres del Conde Hermenegildo, Alvito y Argilona. 






LOS TEES PBIMEROS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 321 

estaba construida la iglesia, é instalada en una de las 
casas una comunidad de religiosas bajo el régimen de la 
abadesa Elvira. Así consta de la Escritura que en dicha 
fecha otorgaron en Santiago (in loco Sancti Iacobi arcis 
marmorice locus) D. Hermenegildo y D. a Paterna, por la 
cual dotaron la Iglesia de Santiago y de los demás San- 
tos, cuyas reliquias allí están guardadas, con la villa de 
Sobrado y otras muchas heredades que en la Escritura 
se expresan, para sustento de las Monjas y Monjes, para 
la lumbre de los altares y para limosnas de los pobres, 
hospedaje de los viajeros (hospitum viatorum), y socorro de 
los peregrinos. Subscriben los Obispos Sisnando de San- 
tiago y San Viliulfo de Tuy, el abad Gutierre, varios 
Abades y Canónigos y Religiosos (1). 

En 9 de Octubre del mismo año 952, ya estaban defi- 
nitivamente establecidas las dos comunidades, como se 
ve por el Diploma que en dicho día otorgaron D. Herme- 
negildo y D. a Paterna. Señalan al monasterio, además 
de los diextros con que, según la disciplina entonces 
vigente, debía dotarse toda iglesia nueva, otras muchas 
haciendas en el territorio de Presares y en el de Nen- 
dos. Donan, además, al monasterio 10 yeguas, 20 vacas, 
18 bueyes y 50 ovejas; y á la iglesia, los libros siguien- 
tes: un Antifonario, un Oracionario, un Salterio, un Pa- 
sionario, un Cómico, un Manual, un libro de Sermones, 
otro Ordinum, otro de Horas, otro de Preces, el Opúsculo 



(1) Véanse Apéndices, núm. LXII. — La subscripción de Sisnando está 
concebida así: Sub xpisti nomine Sisnandus episcopus prior quartus a primo 
confirmo. El inciso prior quartus a primo debió de ser añadido al trasláden- 
la Escritura al Tumbo. Según esto, Sisnando ya estaba consagrado en 14 de 

Mayo de 952. 

Tomo II.— 21. 



322 LIBRO SEGUNDO 



sobre la Virginidad de Nuestra Señora, las Sinonimias 
de San Isidoro, con la indumentaria y vajilla correspon- 
diente, como dos cortinas grandes (velos principales) de 
seda?; cuatro de lino, siete frontales de seda... (1), cuatro 
casullas, una capa de seda, tres estolas de seda, un cín- 
culo, una cruz... y una caja dorada, un cáliz con patena, 
un candelabro, un incensario y una campana de me- 
tal (2). La abadesa D. a Elvira dona por su parte varias 
heredades en la villa de Condearagonde (Cullergondo). 
Encabezan las ñrmas Hermenegildo y Paterna y su hijo 
Rodrigo Menóndez. Sisnando subscribe al fin en esta 
forma: Sisnandus Dei gratia episcopus (3). 

Llegadas las cosas á este punto, ya los dos venera- 
bles ancianos podían cumplir sus deseos de recogerse, no 
sólo con el cuerpo, sino con el espíritu, en un lugar en 
donde sus pensamientos y sus aspiraciones pudiesen ele- 
varse más fácilmente al Trono de Dios. De Hermenegil- 
do se sabe que en 30 de Marzo de 955 ya tenía hecha 
en Sobrado profesión de vida religiosa; pues en dicha 
fecha, titulándose confesso con su hijo Sisnando, había 
adquirido para su monasterio de Sobrado por cambio 
con otras heredades (4), la iglesia de Santa María de 



(1) Lo señalado con puntos suspensivos está borroso en la copia del 
Tumbo de Sobrado. 

(2) Anteriormente las campanas eran de hierro, como se ve por el Pri- 
vilegio de D. Alfonso I, otorgado en 740 á Covadonga (duas campanas de 
ferro), y el de Adelgaster á Obona (duas campanas de ferro). (España Sa- 
grada, t. XXXVII, pág) 303 y 308). En el siglo IX ya se hicieron de me- 
tal fundido (fusile). 

(3) Véanse Apéndices, núm. LXIV. 

(4) Las posesiones que en la permuta dieron Hermenegildo y Sisnando, 
fueron la iglesia de Santa María de Vüaianes, á la falda del monte Sacro 
ó Picosagro, y una aldea llamada Argonti. 



LOS TRES PRIMEBOS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANÁ 323 

Mezonzo. Era esta iglesia del abad Gundesindo, descen- 
diente lateral del abad Reterico, y de los demás abades 
que á Reterico sucedieron en el gobierno y posesión de 
esta casa, los cuales, hasta Gundesindo, fueron Fulcare- 
do, Pedro y Vimara (1). Convinieron, pues, Sisnando y 
su padre Hermenegildo de una parte, y el abad Gunde- 
sindo de la otra, en hacer la permuta indicada, que in- 
dudablemente era muy ventajosa al monasterio de So- 
brado, porque la iglesia de Santa María de Mezonzo 
poseía muchos libros (libros nimis abundanter) y buen sur- 
tido de cortinas y paños de altar (vela et vestimenta altaris 
satis affluenter). Sólo se reservó Gundesindo el villar ó lu- 
gar de Busto y la mitad de el de Reboredo, junto á la 
iglesia de San Pedro de Mezonzo. Firman la Escritura 
de permuta, además del abad Gundesindo, los abades 
Gutier, Alactancio y Hermiario, y varios Presbíteros y 
Diáconos (2). 

Mas la importancia de la obra erigida por Herme- 
negildo y su hijo Sisnando, se evidencia por otro Diplo- 
ma fechado en 30 de Diciembre de 955. En él Sisnando, 
llamándose Obispo, aunque indigno, de la Cátedra de 
Santiago Apóstol y de la Sede Iriense (licet indignus Ca- 
thedrae sancti lacobi Apostoli et Iriensis Sedis episcopus), con 
su padre Hermenegildo, dirigiéndose á Nuestro Salvador 
y Redentor Jesucristo y á los gloriosos mártires y pa- 
tronos San Juan Bautista, San Pedro Apóstol, Santiago 
Apóstol, San Miguel Arcángel y San Pelayo mártir, 
después de un hermoso preámbulo, esmaltado de altos 



(1) Véase cap. XIII, pág. 259 y siguientes. 

(2) Véanse Apéndices, núm. LXVI. 



324 LIBBO SEGUNDO 



y piadosísimos conceptos, enumera los bienes, así mue- 
bles como raíces, con que enriqueció el monasterio. Co- 
menzando por el mobiliario de la iglesia, mentaremos 
tres cruces, una de ellas de plata dorada adornada de 
piedras preciosas valuada en 85 sueldos; las otras dos, 
sencillas; una tapa ó caja de los Santos Evangelios, 
también de plata dorada y adornada de piedras precio- 
sas de valor de 100 sueldos; un cáliz con la patena de 
plata dorada, adornado de piedras de 50 sueldos; otro 
cáliz de plata; tres coronas de plata, una dorada y con 
piedras preciosas de 40 sueldos, y las otras dos de 40 
sueldos; tres candeleros de bronce fusilia; dos ciriales 
(caniclstahs) de cobre; una lucerna con su pie de bronce 
fusile; un incensario de plata con su naveta de 40 suel- 
dos; cuatro campanas de metal; dos cortinas grandes de 
seda y cuatro más pequeñas; frontales, palias y paños; 
cuatro dalmáticas; tres cogullas de seda y otras cogullas 
y albas de lino fusiles; dos Antifonarios completos; dos 
Oracionarios, un Manual, un Cómico (1), un Pasionario, 
un Salterio con salmos, cánticos é himnos; dos libros de 
Ordenes, uno episcopal y otro más pequeño (2); un volu- 
men con las Horas del Oficio y con preces; las Vidas de 



(1) El libro Cómico ó Comüum contenía las Profecías, las Epístolas y 
los Evangelios. Librum in Ecclesia necessarium, dice el Obispo de León Don 
Pelayo en la Donación que en 1073 hizo á su Iglesia (España Sagrada, 
tomo XXXVI, Apéndices, pág. 59), de Prophetiis, Epistolls et Evangeliis, 
qui Comicus dicifur. — Véase el interesante Opúsculo del Sr. Villaamil y 
Castro, intitulado: Códices de las Iglesias de Galicia; Madrid, 1874. 

(2) El libro Ordivum, según la nota puesta al fin del Códice Emilia- 
nense, que publicó el P. Flórez (España Sagrada, t. III, Ap. III), contenía 
la fórmula del Bautismo y el Oficio de Sepultura. 



LOS TBES PRIMEROS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 325 

los Padres, laá Sinonimias, las Reglas, las Instituciones 
y la obra de Alcuino? que se intitulaba Octo vitia (1). 

Para la mesa donaron, Hermenegildo y Sisnando, 
un fixorium (2), una inferturla (3), cuatro cucharas, un tro- 
lionem (4), todas estas cosas de plata de valor de 43 suel- 
dos, un salero de plata, una suleiera (salsera) de plata, 
otro trolion de marfil (5), diez escudillas fíalas (6) de pla- 
ta, apreciadas en 120 sueldos, otra escudilla de 15 suel- 
dos, dos nidrias, dos concos, y ocho juegos completos de 
ropas de mesa. Para el dormitorio cuatro galnapes palleas, 
cuatro colchones de pluma de tela de seda, cinco tapetia, 
una alfombra, dos almohadas (álmozálas) , dos Unidas, 
diecinueve galnapes de lana y once colchones de pluma 
de tela de lana. 

Sigue después la enumeración de las fincas, en que 
se citan la de Sobrado (7), y otras muchas en tierra de 
Nallar (Narla), de Mera y de Sarria en la Diócesis de 
Lugo, en Britonia, en Presares, en Postmarcos, en Ven- 
tosa, en Castela, en Montesacro, etc.. Donan, por últi- 



(1) En el Libellus precum de Alcuino, hay un capítulo que se intitula 
De octo vitiis principali bus. 

(2) En otros documentos fissorium. Cuchillo? ó aro para recibir la 
fuente? 

(3) Fuente para servir la comida en la mesa. De inferior, «dapifer qui 
dapes infert.» 

(4) Vas vinarium; jarra, ánfora de vino. 

(5) Un colmillo de elefante montado sobre armadura de plata para que 
pudiese prestar el servicio de jarra, como el que se ve en el Museo de Dres- 
de citado por V. Gay en su Glossaire archeologique, art. Cor. 

(6) En el original: paaras (pateras?) vel fíalas. 

(7) La mitad de todo este solar, que Sisnando tenía por su padre Her- 
menegildo, había tocado á su hermano Rodrigo, al cual en compensación se 
le dio la mitad de otras villas que habían caído en la porción de Sisnando y 
de su madre D. a Paterna. 



326 LIBBO SEGUNDO 



mo, tres mulos domesticados y otros mulos y caballos 
indómitos, tres yeguadas, vacadas, rebaños de ovejas 
hasta el número de 600, y rebaños de cabras y cerdos. 

Subscriben el Documento Sisnando, su hermano Ro- 
drigo con su esposa Elvira, y varios Abades y Canóni- 
gos de Santiago. No confirma el abad Diego, que al pa- 
recer ya había sucedido al primer abad Gutierre; pero 
de él se hace mención en el cuerpo de la Escritura. Pos- 
teriormente, la Escritura fué confirmada, como sucede 
con otras muchas, por los Reyes D. Ordoño IV y Don 
Sancho el Craso (1). 

A excepción del más antiguo, ninguna mención se 
hace en estos Documentos de la madre de Sisnando, Doña 
Paterna, á la cual en algunas Escrituras se da el título 
de Infanta (2). En el último Documento, dice Sisnando 
que da la mitad de la villa de Sobrado por su alma y 
por la de su madre; con lo cual parece que da á enten- 
der que D. a Paterna ya había fallecido. Sin embargo, 
de las palabras de Sisnando no se deduce rigurosamente 
el fallecimiento de la Condesa. Es posible que D. a Pa- 
terna se hubiese retirado, para mayor recogimiento, á 
alguna de las solitarias iglesias ó conventos que poseía 
en sus tierras, p. ej., en la Ulla; y no es del todo inverosí- 
mil que sea la Santa Paderna, cuyo sepulcro se venera 
en la iglesia parroquial de San Julián de Arnois, cerca 
del Puenteulla. 

Otros monasterios más que el de Sobrado, debieron 
conservar gratos recuerdos de Sisnando II. En los Indi- 



(1) Véanse Apéndices, núm. LXVII. 

(2) «Et ipsa Infante —se dice de D. a Paterna en una Escritura del 
Tumbo de Sobrado— creavit illum Petrum (de Mezonzo), et fuit capellán ua 
in casa de ipsa Infanta.» 



LOS TRES PRIMEROS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 327 

ees del Archivo de San Martín Pinario se dice que en la 
Era DCCCCL el Obispo Sisnando y la Reina D. a Urraca 
concedieron á este monasterio los cotos de Betetos y 
Orto. La Era está indudablemente errada, faltosa, por 
lo menos, de 40 años. La Reina D. a Urraca, de que aquí 
se habla, debe ser la viuda de D. Ramiro II (1). Confir- 
mó también Sisnando en la forma que hemos visto en 
la pág. 315 la donación, que con el Rey D. Alfonso IV 
había hecho al monasterio de Calogo su antecesor Don 
Hermegildo. 

Por las firmas de estos Documentos de Sobrado, se 
ve que el Cabildo compostelano formaba aún una Cor- 
poración nutrida y numerosa, como en los tiempos del 
gran Sisnando. Entresacaremos de estas Escrituras, los 
nombres de los que probablemente por entonces eran 
Canónigos de Santiago. Además del abad Gundesindo, 
citaremos á los presbíteros Gravinio, Tructesindo , Ma- 
nila, Ortofredo, Sentario, Leovigildo, Bonoso, Trasulfo, 
García, Trasuario, Marciano, Armentario y Baldemiro, 
y á los diáconos Tello, Ñuño, Vistrerio, Mariulfo, Gun- 
desindo, Espasando, Gudino, Visclamundo , otros dos 
Gundesindos, Ventremiro, David, Lázaro, etc.. 

No se encuentra por entonces en las Escrituras de 
Santiago el título de Arcediano; pero es indudable que 
el oficio ó dignidad de hecho existía, y que los Diáconos 
ascendidos á la dignidad episcopal, como Hermegildo y 
Sisnando II, eran en realidad Arcedianos. El Presidente 
del Cabildo era por entonces, á lo que creemos, el abad 



(1) El coto de Betetos es un despoblado que hay á Ja falda del Picosa- 
gro en la parroquia de Santa María de Lestedo; el de Orto dio su nombre á 
un lugar en la parroquia de San Vicente de Boqueijón, del otro lado de la 
sierra. 



328 LIBEO SEGUNDO 



Gundesindo, al parecer, el mismo que cedió á Sobrado 
el monasterio de Mezonzo. Hay, empero, otro Abad lla- 
mado Alactancio, cuyo nombre se ve muy repetido en 
los Diplomas de entonces, y que quizás pueda también 
disputar el mismo honor. 

Mas el crédito y estimación de que por este tiempo 
gozaba la Iglesia de Santiago, no ya en Galicia y León, 
sino fuera de España, se patentiza con el siguiente he- 
cho, que por su misma singularidad, nos revela hasta que 
punto se había formado idea del poder y de la autoridad 
de nuestra Iglesia. La ciudad de Tarragona, desde la 
irrupción de los árabes, se hallaba destruida y deshabi- 
tada, y el fuero metropolítico de su Iglesia se había en- 
comendado á la Metrópoli de Narbona. Por este tiempo 
algunos catalanes, queriendo prescindir de Narbona y 
restaurar su antigua Metrópoli tarraconense, nombraron 
Metropolitano á Cesario, Abad de Santa Cecilia de 
Monserrat. En el año 957 vino éste á Compostela, de- 
mandando la consagración, fundado en que toda España 
y los lugares occidentales eran la Provincia del Apóstol 
Santiago, que la conquistó con su predicación y doctri- 
na. Fuese porque á la sazón los Obispos leoneses se ha- 
llasen en Compostela reunidos en Concilio, ó porque 
Sisnando con anuencia del Rey D. Sancho, que se halló 
presente, los convocase exprofeso, lo cierto es que en 
Concilio pudo exponer Cesario su pretensión y pedir el 
ser consagrado. Hallábanse congregados, además de Sis- 
nando, que presidía, Hermegildo, Metropolitano de Bra- 
ga y Lugo, San Viliulfo de Tuy, San Rosendo, Gonzalo 
de la Sede regia de León, Oduario de Astorga, Domin- 
gi de Zamora, Teodomundo de Salamanca, Fredulfo 
de Orense, Ornato de Laniego, Diego de Oporto, y va- 



LOS TRES PRIMEROS SIGLOS DU LA I. COlíPOSTEÍLAtf A 329 

rios Abades. Oída la súplica de Cesario, tomó la palabra 
el Metropolitano de Lugo. «Sabemos, dijo, que está es- 
tablecido por los Santos Padres que en cada Provincia 
haya un Metropolitano, y puesto que Tarragona en un 
principio fué ciudad metropolitana en la que se celebra- 
ron Concilios hasta la destrucción de nuestro reino por 
los ismaelitas, restablezcamos lo antiguo y consagremos 
al punto á éste por Prelado. » Viliulfo de Tuy prosiguió: 
«Procedamos á la consagración, porque por nuestros 
Príncipes y los Concilios de Toledo tenemos potestad de 
hacer lo que halláremos justo. Esto es justo y debe ha- 
cerse. > El abad Adamancio — ó quizás Alactancio, el cual 
nombre se ve en muchos Diplomas de la época — varón 
santísimo y timorato, dice Cesario, y de jovial aspecto, 
resumió lo dicho del modo siguiente: «Según lo que se 
contiene en las Reglas y lo que nos enseñan los Cáno- 
nes, conviene elevar á éste á la dignidad episcopal.» 
«Ciertamente, exclamaron á la vez otros muchos, reco- 
nocemos que debemos elegir Arzobispo á este siervo de 
Dios, Cesario, Abad.» 

Luego que Cesario fué consagrado en Compostela 
Metropolitano de Tarragona, se presentó con el Acta de 
consagración á los Obispos de su Provincia; los cuales, 
en especial Emerico ó Aimerico, Metropolitano de Nar- 
bona, Pedro de Barcelona, Arnulfo de Gerona, Atton 
de Vich y Wisaldo de Urgel, como era de esperar, se 
negaron á reconocerlo como Metropolitano. Entonces 
Cesario se vio precisado á recurrir al Papa Juan XIII, 
(965-972), no Juan XII, (955-964), como generalmente 
se dice, suplicándole por medio de una Epístola que se 
hizo célebre por la hinchazón y extravagancia de su es- 
tilo, la confirmación de todo cuanto se había hecho en 



330 LIBRO SEGUNDO 



el Concilio de Compostela. Y decimos que Cesario re- 
currió al Papa Juan XIII , porque en su carta su- 
pone muertos á Sisnando de Compostela y Arnulfo de 
Gerona, (Sisnandum condam... Arnulphus quondam), los 
cuales fallecieron, el primero en 29 de Marzo de 968 y 
el segundo en 17 de Abril de 970 (1); y en tal fecha 
había ya fallecido Juan XII. 

Respecto de la fecha en que tuvo lugar la celebra- 
ción del Concilio compostelano, nada puede afirmarse 
con seguridad, porque la data según se ha publicado, 
está conocidamente errada. Unos lo ponen en el año 957, 
otros en el 962, otros en el siguiente (2). Respecto del 
día 29 de Noviembre no ocurre dificultad, aunque tam- 
poco hay seguridad de que no haya yerro en la indica- 
ción. Como conjetura diremos que quizás se celebraría 
en el año 966, en que D. Sancho se hallaba en Galicia, 
pudiendo por lo tanto asistir personalmente al Conci- 
lio. Desde 966 hasta 970 en que Cesario recurrió á 
Roma, mediaron cuatro años, espacio suficiente, y no 
excesivo, para que el recién consagrado pudiese presen- 
tarse á los Obispos de su Provincia, discutir con ellos la 
validez de su elección, y gestionar el ser reconocido 
como tal Metropolitano. Sin embargo, no insistiremos 
en ello, y aún recordaremos que en 13 de Noviembre 
de 956, parece que también D. Sancho se hallaba en 
Santiago (3). 



(1) España Sagrada, t. XLIII, pág. 135. 

(2) Lo que no puede admitirse es la fecha que á este Concilio da el 
Sr. La Fuente; el cual (Hist. ecles. de Esp n 2. a ed., tom. III, pág. 255), lo 
coloca en el año 914, y sobre él se extiende en juicios harto aventurados. 

(3) Véanse Apéndices, núm. LXVIII. 



LOS TBES PEIMEBOS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 331 

En definitiva, el Papa optó por la separación de 
la Metrópoli Tarraconense de la Narbonense; pero á 
instancia del Conde de Barcelona, Borrell II, en 971, 
encomendó á Attón ó Adón, Obispo de Vich, el cuidado 
de la Iglesia de Tarragona. 

Hechos parecidos por aquellos tiempos, debían repe- 
tirse con frecuencia en Compostela; y si D. Ordoño III 
en su Privilegio de 12 de Septiembre de 954, llama á 
Sisnando II, Antistes totíus orbís, no sería por otra cosa 
sino porque su Iglesia se veía diariamente visitada y so- 
licitada por personas de todas clases y naciones. Mas los 
Notarios, encargados de redactar las Actas, no solían ha- 
cer aprecio de estas cosas; y no porque de él se halle 
rastro en los Diplomas del Archivo Compostelano, tene- 
nemos noticia de este Concilio que presidió Sisnando II, 
sino por el documento que publicó Esteban Baluze (1). 

En el año 961 vino á Santiago Hugo de Vermandois, 
Obispo de Reims, el cual subscribe la Escritura de 27 de 
Febrero de dicho año sobre el litigio que tuvieron San 
Rosendo y Sisnando II. Ugo remensis episcopus. Se ha- 
bía entrometido ilegalmente en el gobierno de esta 
Diócesis, por lo que. fué excomulgado en el año 949. 
Quizás vino á Santiago para rehabilitarse, al menos, 
en el terreno de la conciencia , y de sus labios , si 
es que no le acompañó en su peregrinación, pudo es- 
cuchar el Canónigo de Reims, Flodoardo, las maravillas 
que pasaban en Compostela, y tomar notas para su 
poema De triumphis Christi Sanctorumque Palaestinae, en 
que cantó de Santiago: 



(1) Miscellanea; ed. de Luca, 1761, t. II, pág. 11G. 



á32 LIBBO SEGUNDO 



At fratris Jacobi, Gallaecia, corpore fulges 
Quo capifc extremum locuples Hispania finem. 



Huno gladio Solymis, Herodes saeve, necasti 
Sed metas orbis, te damnato, ille decorat (1). 

Diez años antes había llegado á los fines de Galicia, 
para implorar la intercesión de Santiago, BU. Iacobí 
suffragia iniploraturus, otro Prelado francés, Grotescalco, 
Obispo de Le Puy en Velay. 

En 12 de Septiembre de 954, concedió D. Ordoño III 
á Santiago y á su Obispo Sisnando, á quien llama ínclito 
y venerable* Padre, Pontífice de todo el orbe, el cortijo de 
León, cuyo usufructo había tenido el mismo Sisnando, 
siendo diácono, por Real concesión. En el Diploma se 
hace mención de los grandes servicios prestados en to- 
das ocasiones fin ómnibus) por el Prelado (2). Fácil es 
presumir los servicios que en esta ocasión pudo hacer 
nuestro Obispo á D. Ordoño, si se tiene á la vista aque- 
lla cláusula de Sampiro (3), en que se dice que este Mo- 
narca, al frente de un gran ejército, domó á Galicia, y 



(1) Lib. I, cap. XI, en el tomo CXXXV de la Patrol. lat. de Migue. 

(2) Véanse Apéndices, núm. LXIV.— Otro servicio importante prestó 
sin duda Sisnando, al cual por entonces no pudo referirse D. Ordoño; y fué 
traer á Compostela, á la muerte de este Monarca, á su hijo D. Bermudo 
(después D. Bermudo II), que quedaba en muy tierna edad, y encargarse él 
de su educación. El Tríense (Esp. Sag., t. XX, pág. 607), dice de D. Bermu- 
do que había sido educado en Santiago. Apud inclytam beati Jacobi urbem 
educatum. Lo cual nada tiene de extraño, pues su madre, la Reina D. a El- 
vira, era hija de los Condes gallegos (no asturianos, como dice Flórez), 
D. Gonzalo y D. a Teresa, fundadores de los monasterios de Camanzo y Car- 
bonario ó Carboeiro. (Véase Flórez, Memorias de las Rey ñas Catholicas, to- 
mo I, página 111). 

(3) España Sagrada, t. XIV, pág. 469. 



LOS TBES PBIMEBOS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 333 

que después, continuando su victoriosa carrera, saqueó 
á Lisboa (Ipse quidem rex Ordonius, magno exercitu aggregato, 
Gallaeclam edomuit, Olisbonam depraedavit, etc..) Lo que en- 
tonces podían hacer los Magnates gallegos, nos lo ex- 
presa Odoino Bermúdez en su notable Escritura (1), 
cuando habla de la conjuración que hicieron los Condes 
de Galicia para expulsar al Rey D. Sancho, hermano 
de D. Ordofio III, y dar la corona á D. Ordofio IV. 
(Tune in Mis diebus cogitantes comités galléeos necnon et mag- 
nates palatii eicere Sancionem de sede sua Legione, et daré tro- 
num glorie regni ad Ordonium, prolis AdefonsiJ. Lo que los 
gallegos no pudieron con D. Alfonso III, lo hicieron con 
su hermano D. Sancho. 

Es de advertir que los hijos de D. Alfonso IV, Don 
Ordoño, D. Fruela y D. Fortis, tenían muchos partida- 
rios entre los gallegos, los cuales no olvidaban que Don 
Alfonso había reinado en Galicia juntamente con su 
Rey D. Sancho Ordóñez. El Infante D. Fruela fijó, á lo 
que parece, su residencia en nuestro país. En una Escri- 
tura del Tumbo de Célanova, lib. I, núm. LXXXI, con- 
firma D. Froila,, hijo del Rey D. Alfonso. Después, en el 
año 958, lo vemos aparecer como confesso ó religioso en 
Sobrado, pues con este título firma un Diploma otorga- 
do por su hermano D. Ordoño IV á dicho Monasterio. 
Por último, en el año 975, según resulta de una Escri- 
tura cuyo original gótico se guarda en el Archivo Na- 
cional Histórico de Madrid, tuvo una cuestión con Ful- 
gencio, abad de Samos, sobre la iglesia de Santa María 



(1) Véanse Apéndices, núm. LXXV. 



334 LIBBO SEGUNDO 



y San Félix de Loureiro, en el territorio de Lousada (1). 
D. Fortis parece fué Canónigo de Lugo. En una Escri- 
tura que cita Flórez (2) del año 974, firma Fortis diacu- 
nus Adefonsi Principis ftlius... Se deja adivinar por estos 
datos, cuál pudo ser el fin que se propusieron los gallegos 
al rebelarse contra D. Ordoño III (3); y asimismo se co- 
lige de la Escritura que venimos comentando, que el 
Obispo Sisnando y el Clero de Santiago, permanecieron 
firmes y constantes en la obediencia del Rey de León; el 
cual, acaso de vuelta de su gloriosa expedición, vino por 
Compostela para dar gracias á Santiago por los benefi- 
cios recibidos, como lo hizo en la tierna plegaria con 
que termina la Escritura, y para ofrecer ante su Altar, 
la donación del cortijo, cuyo usufructo había tenido 
Sisnando. 



jrt» — 



(1) «Orta fuit contentio — dice la Escritura — inter illo infantem domni 
Froylani, prolix Adefonsi principis divi memorie cum Fulgentius abba...» 
D. Fruela cedió la iglesia, y recibió como obsequio del Abad y monasterio 
sesenta y ocho sueldos, cuatro arentios in aventum y dos caballos apreciados 
en sesenta sueldos. 

En una Escritura de Sobrado del año 1 204 se hace mención de un alto- 
zano cerca de este monasterio; en el cual altozano hubo unos palacios llama- 
dos de los Infantes. (Auctarium ubi fuerunt palatia de InfantibusJ. Estos 
Infantes acaso serían los hijos de D. Alfonso IV. 

(2) Jleynas Catholicas, t. I, pag. 94. 

(3) Entre los rebeldes gallegos figuraron dos sobrinos de San Rosen- 
do, D. Gonzalo y D. Bermudo, hijos del Conde D. Jimeno Díaz y de Doña 
Adosinda, hermana del Santo Obispo. (Véase España Sagrada, t. XVIII, 
Apéndices, pág. 331). 






CAPITULO XVIII 



Averiguase si hubo tiempo hábil para la prisión de Sisnan- 
do II, de que hablan la Compostelana y otros Cronistas. Te- 
rrible invasión normanda en el año 968. — Perece Sisnan- 
do II en la batalla de Fornelos. 




on la muerte de D. Ordoño III, ocurrida 
en Agosto del año 955, comenzaron á 
turbarse los días tranquilos y serenos, 
de que hasta entonces habían gozado 
Sisnando y la Iglesia compostelana. Y 
no era porque, al menos por entonces, 
tuviesen que recelar de la actitud y ca- 
rácter del sucesor de D. Ordoño, el Rey D. Sancho; el 
cual en 13 de Noviembre de 956 con fórmulas que respi- 
raban la más acendrada piedad y el más sincero afecto, 
para sustento de los Clérigos que servían en el Templo 
del Santo Apóstol, donó el commisso ó Condado de Bavegio 
(Bembejo). Llama á Sisnando Padre Santísimo (Patri 



336 LIBEO SEGUNDO 



SanctissimoJ , y ordena que, como en los demás commissos 
cedidos á la Iglesia compostelana, en el de Bembejo pa- 
guen sus habitantes todos los años lo que acostumbra- 
ban pagar al Real Fisco, que era el tributo cuadragesi- 
mal, y lo que los Condes, que lo tenían en comisión ó 
administración, solían de él percibir. Subscriben los Obis- 
pos D. Rosendo, Gonzalo de León y Hermegildo de 
Lugo (1). 

Mas el fuego de la discordia yacía latente, pronto á 
convertirse á la menor ocasión en voraz incendio. Ya en 
el mismo año 956, el hijo de D. Alfonso IV, D. Ordoño, 
se había presentado en Galicia para disputar la Corona 
á D. Sancho, como se ve por un Diploma de 15 de Junio, 
en que titulándose Rey concede al Obispo Teodomundo 
la mandarían ó commisso de Robleda, Tribes, Caldelas y 
Quiroga (2). Entonces fué cuando, como dice Odoino en 
su Escritura, se concertaron los Condes gallegos con los 
Magnates de la Corte para expulsar á D. Sancho y pro- 
clamar á D. Ordoño (3). Y en efecto, apenas cumplido 
un año de reinado, D. Sancho tuvo que abandonar 
á León, y refugiarse en Pamplona de donde pasó á 
Córdoba. 

Posesionado D. Ordoño IV, á quien Sampiro dio el 
sobrenombre de Malo, del Trono de León, al menos en 
Galicia, no quiso hacer méritos para que dicho califica- 
tivo se hallase justificado. La villa de Salto de Lite, que 



(1) Véanse Apéndices, núra. LXVIII. 

(2) Véase España Sagrada, t. XVI, Apéndice VIII. 

(3) Tune in illis diebus cogitantes Comités galléeos necnon et magnati 
palatii eicere Sancionem de sede sua Legione, et daré tronum glorie regni 
ad Ordonium prolis Adefonsi. 



LOS TEES PBIMEEOS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 337 

pertenecía al patrimonio de la Iglesia de Santiago en 
tiempo del Rey D. Ramiro II y del Obispo D. Hermegil- 
do por manejos de Gemundo Menéndez, había sido ena- 
jenada é incorporada en el Real dominio. Todo esto hizo 
presente Sisnando á D. Ordoño, el cual al punto dispuso 
delante de la Junta ó Concilio en que se había visto el 
asunto, que las cosas se restituyesen á su antiguo estado; 
y á este fin, á 2 de Marzo de 958, despachó un Diploma, 
en el que después de referir lo ocurrido, ordenó que di- 
cha villa de Salto de Lite se destinase, como antes, para 
servicio del Altar del Santo Apóstol, y para congrua sus- 
tentación del Obispo y del Cabildo. Y D. Ordoño, que no 
quería pasar por usurpador, hace notar en el Diploma, 
que él estaba en el Trono de su Padre, porque le corres- 
pondía heredar el reino reinando. ( Successor adest in 
regno domnus Hordonius princeps, proles domni Adefonsi regís, 
cnius proprium est regnum regnando her editare). Firman el 
Privilegio, San Rosendo, Gonzalo, Obispo de León, San 
Viliulfo de Tuy, Diego de Orense y Hermegildo de 
Lugo (1). 

En el mismo día 2 de Marzo de 958 otorgó D. Ordo- 
ño á la Iglesia compostelana las dos aldeas de Monumen- 
ta (Moimenta), y Parata (Parada), que eran de su propie- 
dad, y estaban sitas en el confín del Condado de Morana, 
entre Cuntís y Pontevedra, al pie del monte León. Con- 
firman los Obispos San Rosendo y San Viliulfo y Her- 
megildo de Lugo (2). Otra aldea, la de Jovellini, concedió 
D. Ordoño á Santiago en el mismo año, á 21 de Mayo. 



(1) Véanse Apéndices, niun. LXIX. 

(2) Véanse Apéndices, núm. LXX. 

Tomo II.— 22. 



838 LIBRO SEGUNDO 



Estaba sita esta hacienda á orillas del Miño y cerca de 
Layas, que era del patrimonio de D. Ordoño. Firman el 
Documento los Obispos Rodrigo, Gronzalo, Hermegildo, 
Diego y Domingo, y los Magnates Ñuño Osoriz, Pelayo 
González, Ñuño Núñez y Osorio (1). 

La Iglesia compostelana no fué la única en Galicia, 
que experimentó la generosidad de D. Ordoño. En 13 de 
Noviembre de 958 concedió al monasterio de Sobrado y 
al Obispo Sisnando, bajo cuyo inmediato régimen y cui- 
dado se hallaba entonces la casa, el commisso de Presares, 
para que los Monjes lo tengan como hasta entonces lo 
habían tenido los Condes designados por los Reyes. Fir- 
man los Obispos Gonzalo de León, Hermegildo, Teodo- 
mundo de Salamanca, Diego de Orense?, y el Infante 
D. Fruela, hermano de D. Ordoño (2). Otra gran dona- 
ción había hecho dos días antes al célebre Conde Santo, 
D. Osorio Gutiérrez, á quien varias veces en la Escritura 
llama D. Ordoño tío suyo (3). Otorgóse el Documento en 



(1) Véanse Apéndices, núm. LXXI. 

(2) Véanse Apéndices, núm. LXXII. 

(3) El Conde Santo era hijo de los Condes D. Gutier Osorio y D. a Al- 

donza, y hermano de D. Rodrigo, D. Fruela, D. a Gunterote, D. a Ermesinda, 

D. a Adosinda y D. a Elvira y de otros señores de que se halla mención en 

las Escrituras. D. a Gunterote fué Abadesa en el monasterio de Palatiolo, 

cerca de Celanova. D. a Elvira fué Monja, y D. a Adosinda, en un documento 

del Turneo de Celanova (lib. I, núm. XLVIII del año 941), se intitula reina; 

Adosinda Olim regina. ¿De dónde le vino á Adosinda este título? A nuestro 

juicio de haber estado casada con D. Alfonso IV y de haber engendrado á 

D. Ordoño IV. Siendo esto así, nada tiene de extraño que este Monarca 

llamase tío al Ccnde Osorio, hermano de su madre. Es cierto, que la esposa 

de D. Alfonso IV se dice haber sido D. a Jimena; pero D. a Adosinda pudo, 

como otras muchas, tener doble nombre, ó pudo haber estado casada con 



LOS TEES PEIMEBOS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 339 

León, en presencia de un numeroso Concilio de Obispos, 
Abades y Condes, al cual asistió el Prelado de San- 
tiago (1). 

Pronto cerró, no obstante, D. Sancho el paréntesis 
que en su reinado había abierto D. Ordoño IV; pues si 
no hay yerro en la fecha de un Documento del Tumbo de 
Celanova, lib. II, fol. 133, en 29 de Marzo de 959, ya se 
hallaba de vuelta de Córdoba posesionado segunda vez 
del reino de León. Era natural que á su vuelta se mos- 
trase no muy benévolo con los que se habían conjurado 
para expulsarle del Trono, y aun que considerase poco 
afectos á su persona á aquellos, que habían recibido 
mercedes y beneficios de su rival, D. Ordoño; con tanta 
más razón, cuánto que los partidarios de éste no se ha- 
bían resignado con su desgracia, ni tampoco renunciado 
á nuevas tentativas de insurrección. 

Como si fueran pocas estas causas de inquietud y 
agitación, una nueva plaga cayó sobre Galicia, y la lle- 
nó de luto y desolación. Los normandos volvieron á in- 
festar nuestras costas, al principio en pequeñas expedi- 
ciones como para ejercitarse y reconocer el terreno, 
después en grandes masas y con numerosos ejércitos de 
desembarco. La Diócesis de Iria era la más amenazada 
por lo abierto de sus rías y de sus puertos, y por la ri- 
queza y fertilidad de su territorio. El estado del reino 



D. Alfonso IV antes qne D. a Jimena, y después separarse por causa de al- 
gún impedimento de consaguinidad. 

La D. a Aldonza, madre del Conde Santo, era hermana de D. Gutierre 
Menéndez, padre de San Rosendo. Los dos Magnates más poderosos de Ga- 
licia en su tiempo eran, pues, hermanos políticos. Ambas casas se hallaban 
emparentadas con la familia real, y eran de la primera nobleza de España. 
(1) España Sagrada, t. XVIII, pág. 305. 



340 



LIBRO SEGUNDO 



no permitía que en Galicia hubiese otro, que el Prelado 




Fotografía de J. Limia. Fotograbado de Laporta. 

Miniatura del Tumbo A , fol. 16, que representa á D. Sancho el Craso. 



compostelano, que pudiera encargarse de la defensa y 



LOS TRES PRIMEROS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELAíí A 341 

armamento del país; y en efecto, Sisnando desempeñó á 
maravilla este encargo. Levantó fortalezas como la de 
la Lanzada y la de Cedofeita en los puntos más estra- 
tégicos, estableció guardias y retenes para vigilar y 
guardar las costas, organizó milicias, y arbitró recursos 
para atender á todas estas urgencias. Receloso de un 
golpe de mano sobre Compostela, reparó los muros de la 
ciudad, construyó nuevos torreones, abrió profundos fo- 
sos, y los dispuso de manera que, cuando fuese preciso, 
quedasen inundados de agua. Para todas estas obras 
reunió arquitectos y canteros, y obligó á los pueblos al 
acarreo de materiales, y á prestar los servicios acos- 
tumbrados en semejantes casos (1). 

Lo que más urgía era allegar fondos para sostener 
las guarniciones y destacamentos estacionados en los 
castillos y fortalezas de las costas, que en su mayor par- 
te estaban en el arcedianato de Saines ó Sáliniense, y pa- 
gar y gratificar á los caballeros y campeones que quisie- 
sen encargarse de la dirección de la defensa. Para ello 
determinó Sisnando destinar las rentas del arcedianato 
de Saines, que como hemos dicho en el cap. VI, pág. 151, 
se habían asignado para sostenimiento del Cabildo de la 
antigua Catedral Iriense (2). 

Después de las palabras que acabamos de poner en la 
nota 1. a de esta página, añade el Cronicón Iriense las si- 



(1) Ne forte beatissimi Jacobi Apostoli venerabile corpus ob illorum 
hostium (Normanorum ac Frandensium) occupatione súbito caperetur, lar- 
gita architectis munificentia, ac plebibus labori implicitis, circumquaque 
eura Locum sanctum maenium, turriumque munitione ac profundis vallorum 
fossis aqua circumfusa, ut Locus sanctus tutus esset, summopere cingi prae- 
cepit. (Chron. Iriense, España Sagrada, t. XX, pág. 605). 

(2) Haec omnia diutissime asservata permanserunt praeter archidia- 
conatum Salinensem, quem dominus Sisnandus pontifex iriensis ob barba- 



342 LIBEO SEGUNDO 



guientes cláusulas, en alto grado depresivas del buen 
nombre y reputación de Sisnando. «Como era tan ase- 
glarado y poderoso, dice, ocupó opresivamente á los sier- 
vos de la Iglesia en la construcción de sus palacios y de 
los monasterios de Cinis, Sobrado y Caneda, y distrajo 
los caudales eclesiásticos, entregándolos sin tasa ni me- 
dida á sus parientes. Reprendiólo varias veces el Rey 
D. Sancho cuando de ello tuvo noticia, y los individuos 
del Cabildo lo amonestaron para que reconociese sus 
yerros y se enmendase; pero por su soberbia y por la 
presunción de su alto linaje, á todo se hizo sordo. Sabe- 
dor el Rey Sancho de su contumacia, mandó prenderlo 
y encerrarlo en lugar seguro; y en su sitio fué elevado 
octavo Obispo en la Sede Apostólica, Rudesindo, varón 
santísimo y de ilustre prosapia. » 

A la muerte del Rey D. Sancho, continúan la Com- 
postelana y el Iriense, Sisnando fué puesto en libertad ó 
se fugó de la prisión, según el autor de la Vida de San 
Rosendo (1); y en la noche de Navidad, al frente de un 
tropel de gente armada, penetró en el dormitorio donde 
yacía descansando San Rosendo con los Canónigos, y 
con la punta de la espada levantó la manta que cubría 
el lecho en donde reposaba el santo Obispo. El cual, 
viéndose así interpelado; «Sisnando, quien con hierro anda, 
dijo, á hierro muere;» y esto dicho, se retiró al monasterio 
de Celanova (2), en donde permaneció hasta su muerte. 



rorum infestationem Salinensis terrae militibus in donativum constituit. 
(Véase Monumentos antiguos de la Iglesia compostelana...; Madrid, 1885, 
página 9). 

(1) España Sagrada, t. XVIII, pág. 382. 

(2) O á Caaveiro, según el autor de la Vida de San Koscndo. 



LOS TEES PBIMEBOS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 343 

Con esto Sisnando, cada vez más orgulloso y altanero, 
ocupó de nuevo la Sede, hasta que una saeta normanda 
lo privó de la vida. 

No es inverosímil que el Rey D. Sancho hiciese algu- 
na advertencia á Sisnando, por no considerarlo tan 
adicto á su persona y á su partido, como él deseaba. 
Tampoco es inverosímil que entre San Rosendo y Sis- 
nando mediase alguna cuestión por divergencia de apre- 
ciaciones sobre algún punto concreto (1). Esto sólo, en 
épocas de efervescencia como aquella y en que las pa- 
siones se hallaban tan concitadas, pudo servir de base 
para que los hechos se desfigurasen y agrandasen de tal 
modo, que alcanzaran las proporciones con que nos los 
describen la Compostelana y el Iriense (2j. Este último 
Cronicón nos da muchos pormenores acerca de Sisnando, 
que tienen algún fondo de verdad, pero los presenta tan 
confundidos y embrollados, que sólo compulsando los Do- 
cumentos coetáneos puede desenredarse tal madeja, y sa- 



(1) Y en efecto la hubo, como luego veremos con motivo de unas pes- 
queras en el Tambre. 

(2) La Escritura de Odoino nos refiere de este modo una de las escenas 
que tan frecuentes debían de ser entonces en Galicia. «Tune in illis diebus 
(á la muerte del Rey D. Sancho) excita verunt Galléeos inter se seditionem 
comités domino unum Rudericum VelascDniz et alterum GundÍ3aivum Me- 
nendiz, qui multa inter se per internuntio3 recalcitrantes, et aiversus invi- 
cem verba tyranidem musitantes, constituerunt diem ultionis inter se ut 
bellum agerent.» 

En otro Documento del Tumbo de Sobrado, lib. I, ndm. CXXT, ario 933, 
se nos habla en los siguientes términos de una insurrección contra un Mo- 
narca cuyo nombre no se dice, pero que debía ser D. Sancho: «Cumque pos- 
sideret diabolus corda cuuctorum infelicium, ut spreuerent et abnegarant 
regem catholicum, et odirent legem eius et contemnerent iussa eius atque 
tributa, ascenderunt singuli in singulas rupes, agentes contra Deum in su- 
perbia et deuorantes plebem eius sicut cibum pañis...» 



344 LIBRO SEGUNDO 



car algo en limpio, y restituir á los hechos su verdadero 
alcance. Así confunde al Rey D. Sancho el Craso con 
D. Sancho Ordoñez, á la Reina D. a Teresa con la Reina 
D. a Grotona. Sabía que los monasterios de Cinis, Sobrado 
y Caneda tenían algo que ver con Sisnando; pero igno- 
raba, ó se olvidaba de que el de Cinis había sido fundado 
por los bisabuelos del Obispo, que el de Sobrado lo ha- 
bía sido por los padres, y que el de Caneda era de tal in- 
significancia, que no se sabe donde estuvo (1). Es cierto 
que Sisnando hizo grandes donaciones á Sobrado; pero 
siendo, como era, de familia sobradamente rica, con sólo 
dar su legítima y Los bienes que con su industria y en 
los cargos que ejerció, especialmente en el de Intenden- 
te del Real Palacio, ya podía ser reputado como bien- 
hechor y protector insigne del Monasterio, sin que para 
esto tuviera que lesionar en lo más mínimo los intereses 
de su Iglesia Catedral, 

Compulsemos, pues, los antiguos Documentos partien- 
do del supuesto de que la prisión de Sisnando, en caso 
de que se diese, debió tener lugar dentro de los siete 
años que mediaron entre el regreso de D. Sancho en 959 
y su muerte acaecida á fines de 966. Advirtamos, ante 
todo, que las grandes obras de fortificación que, según el 
Iriense, llevó á cabo Sisnando con consejo de D. Sancho, 
no pudieron hacerse sin tiempo, ni tampoco eran para 
ser dirigidas desde una prisión. 

El año 959, á 13 de Noviembre, el Conde D. Rodrigo 
Menéndez, hermano de Sisnando, con su esposa D. a El- 



(1) Por conjetura se señala el lugar de Cañedo en la parroquia de San 
Pedro de Loureda, cerca de Santiago; el cual lugar era propiedad de los pa- 
dres de Sisnando II, 



LOS TEES PBIMEBÓS SIGLOS DE LA I. COAtPOSTELANA 345 

vira Alvítez, viéndose sin hijos, instituyeron su heredero 
al monasterio de Sobrado. Subscriben los otorgantes en 
esta forma: Rudericus Menendiz in hac scriptura bonefacti 
uel titulum donationis a me facta et in conventu ecclesiae 
Sci. Iacobi Arcis marmorice manu propria confirmata. — 
Gilvira Alvitiz in hac scriptura benefacti uel titulum donationis 
a me facta et in concilio Sci. Iacobi Arcis marmorice mana 
propria confirmata. Confirman los Obispos San Rosendo, 
Arias, que le sucedió en Dumio ó Mondoñedo, y Sis- 
nando (1). 

En 3 de Marzo de 960, Silon Luces ó Lucidez hizo 
una donación á San Rosendo, en la cual firman los 
Obispos Sisnando y Hermegildo de Lugo (2). Estos no 
son indicios de prisión; porque la Escritura no iría á 
otorgarse en el lugar en donde estuviese encerrado 
Sisnando. 

Tampoco estaba preso Sisnando en 27 de Febre- 
ro de 961, en el cual día, ante el Sepulcro de Santiago 
se terminó el litigio que había tenido con San Rosendo 
sobre unas pesqueras en el río Tambre. Creía San Ro- 
sendo, que á su madre Santa Ilduara correspondía 
la cuarta parte en dichas pesqueras; afirmaba Sisnando 
que dichas pesqueras eran íntegras de la Iglesia de San- 
tiago, en virtud de la donación que á la misma había 
hecho D. Ramiro II del Condado de Postmarcos. En una 
gran Junta que se celebró en el monasterio de Vimara- 
nes (Gruimarans, en Portugal), no pudo aclararse la ver- 
dad por falta de pruebas. Entonces convinieron los dos 
Prelados, en que cada uno buscase cuatro hombres bue- 



(1) Véanse Apéndices, núm. LXXII. 

(2) Tumbo de Sobrado, lib. I, núm. CXXI. 



346 LIBBO SEGUNDO 



nos, los cuales, bajo juramento y en un lugar sacrosan- 
to, declarasen lo que supiesen con certeza sobre el pun- 
to en cuestión. El lugar elegido fué el del Sepulcro del 
Apóstol. Entraron todos; pero los cuatro hombres bue- 
nos buscados por San Rosendo, no se atrevieron á con- 
firmar con el juramento su deposición; los de Sisnando 
juraron que nunca habían visto que en las pesqueras, 
objeto del litigio, desde la fecha del Diploma de Rami- 
ro II, tuviese parte otra persona que la Iglesia de San- 
tiago y sus Obispos (1). Dióse con esto por terminado el 
pleito, y la Iglesia compostelana quedó en pacífica pose- 
sión del aprovechamiento íntegro de las pesqueras (2). 

En otra cuestión intervino por este tiempo Sisnando, 
no como parte, sino como Juez y arbitro componedor. 
Al comenzar la reconquista, algunos ascendientes de 
los Condes D. Gonzalo y D. a Teresa (3) se posesionaron 



( 1) Elegerunt omnes magnati, abbates, presby tero3 et diáconos necnon 
et confessores, ut intrarent Hoduarius diaconus Taginiz, Benedictus, Rude- 
ricus et Trevuleus in tumulum beati Iacobi Apostoli, sicut et intraverunt et 
dederunt sacrum iuramentum per ipsius corpus Apostoli et per omnes san- 
ctorum virtutes, que ibi sunt recondite, quod ipsas piscarias unde contentio 
est de tempore domni Hermegildi episcopi in parte ista de quanto tempore 
testamentum et era resonat, numquam ullo homni vidimus inde rationem 
reddenti, nisi post partem sancti Iacobi. (Véase la Escritura íntegra entre 
los Apéndices del tomo XIX de la España Sagrada). 

Quizás este litigio, que no debió dejar de ser ruidoso, dio margen á la 
invención de la temeraria y teatral aventura de Sisnando. 

(2) Consignóse todo en la Acta ó Escritura, que acabamos de citar, 
que posteriormente fué confirmada por D. Ramiro III. 

(3) A principios del siglo X fundaron estos Condes, según ya hemos 
dicho, los monasterios de San Salvador de Camanzo y San Lorenzo de Car- 
boeiro. Fueron padres de dos Reinas, de D. a Aragonta y de D. a Elvira, 
segunda esposa de D. Ordono III, según conjetura Flórez, 



LOS TRES PRIMEROS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 347 

de algunas tierras en la comarca de Saines donde hoy 
están sitas las parroquias de Nogueira, Villalonga, Noa- 
11a y Dena, cerca de Cambados; construyeron casas y 
pusieron colonos para trabajar el terreno. Sus descen- 
dientes estuvieron por mucho tiempo en pacífica pose- 
sión de dichas tierras; pero á mediados del siglo X, algu- 
nos de los moradores de aquel país entraron en aquellas 
aldeas, las arrasaron y en sus alrededores abrieron sa- 
linas. Supiéronlo el Conde D. Pelayo (1) y la Reina 
D. a Aragonta, hijos de D. Gonzalo y D. a Teresa; se per- 
sonaron en el sitio, embargaron las salinas, prendieron á 
los insolentes usurpadores y los presentaron á una Junta 
ó Jurado, en que presidían el Obispo Sisnando, la Conde- 
sa Ilduara, que tenía la torre de Lobeira, y Menendo 
Menendiz que gobernaba aquel territorio, quejándose al 
mismo tiempo del atropello que aquellos villanos acaba- 
ban de cometer. Las salinas eran diez; y á propuesta de 
Sisnando se hizo de ellas la distribución siguiente:, cua- 
tro se dejaron á los que las .habían hecho, y de las otras 
seis, una se destinó para el monasterio de Camanzo, otra 
para el de Salceda en que vivía D. a Aragonta, otra para 
el de Celanova, otra para el de Villanueva de la Conde- 
sa, fundado por Santa Ilduara, madre de San Rosendo, 
otra para los de San Lorenzo de Nogueira, Pilono, Lan- 
taño, Pesegueiro y Carboeiro, y la sexta para D. Pela- 
yo y D. a Aragonta y sus herederos (2). 



(1) Fundó D. Pelayo González el convento de San Lorenzo de Noguei- 
ra con Monjes que llevó de Carboeiro. 

(2) De un extracto que se conserva entre los Documentos procedentes 
de San Martín Pinario, que se guardan en la Biblioteca de la Universidad 
de Santiago. 



348 LIBRO SEGUNDO 



En Junio de 962 concedió D. Sancho el Craso un 
Privilegio al monasterio de Samos; en el cual Privilegio 
con San Rosendo y San Viliulfo de Tuy, firman Sis- 
nando de Iria y otros Obispos (1). 

En el año 963 y en el 964 pasó Sisnando algún tiempo 
en Sobrado, sin duda para dar la última mano á las obras 
del monasterio. A 5 de Junio de 963, Gutier Alvítez con 
su esposa Amudia, por sobrenombre Lilio, donó á Sobra- 
do y á su protector Sisnando, una aldea en Brocos, Con- 
dado de Ventosa. Confirman San Viliulfo, Obispo de Tuy, 
los abades Diego, Gutierre, Alactancio y Gundesindo, y 
el monje Hermegildo, que era el padre de Sisnando (2). 
En 23 de Octubre de 964, en nombre de la Comunidad 
de Sobrado, hizo Sisnando con su padre Hermegildo, un 
cambio de ciertas heredades con el monasterio dúplice 
de San Vicente de Besoucos (3). El 29 de Noviembre, el 
presbítero Argívolo hizo profesión religiosa en Sobrado 
en manos de Sisnando, y al mismo tiempo ofreció la 
iglesia de San Juan de Pratis (Brates), que habían edi- 
ficado sus abuelos. En la fecha se lee: Anno regís Sancii 
Rarniri proles et irlense sedis patri domini Sisnando Epi- 
scopo (4). 

En el año 965 no hemos hallado noticia alguna de 
Sisnando; pero no fué porque se hallase en prisiones, 
pues en el año 966 aún lo veremos en libertad, y ésta, 
después que cayó preso, como se supone, no pudo obte- 



(1) España Sagrada, t. XL, pág. 145. 

(2) Tumbo de Sobrado, lib. I, núm. XLIV. 

(3) Tumbo de Sobrado, lib. I, núm. CXX. 

(4) Tumbo de Sobrado, lib. I, núm. VIII. — Termina la Escritura con 
esta curiosa subscripción: Et omnem congregationem setter ii Superato, intus 
et foris, fratrum et laicorum, confirmat. 



LOS TEES PBIMEBOS SIGLOS DE LA. I. COMPOSTELANA 349 

nerla hasta después de muerto el Rey D. Sancho. Sin 
duda, comenzaba á arreciar la furia normanda y urgían 
los trabajos de fortificación y defensa del país. 

Regístrase en el Tumbo de Sobrado, lib. I, núm. V y VI, 
una Escritura en que se revela el propósito de Sisnando 
de retirarse á este monasterio y permanecer en él guar- 
dando la regla monacal. Es el testamento que con su 
hermano D. Rodrigo y su cuñada D. a Elvira Alvítez, 
que abundaban en los mismos deseos, otorgó en 10 de 
Diciembre de 966, poco tiempo después de fallecido su 
padre D. Hermenegildo. Instituyen los tres mancomu- 
nadamente heredero al convento de Sobrado, con las 
condiciones siguientes: 1. a , la de gozar mientras vivan, 
del usufructo de sus bienes, ellos y los que con ellos per- 
manezcan para servicio de Dios en el monasterio (sub ea 
tándem rajtione servato, ut... dum vita advixerimus, sint omnia 
riostra communia et pernotata pro v'ctum et vestitum tam no- 
strum, quam qui in servitio Dei nóbiscum in ipso prefato mo- 
nasterio permanserint); y 2. a , la de que fallecido alguno de 
los tres otorgantes, pase dicho usufructo á los supervi- 
vientes ó superviviente en su caso. Sigue la enumeración 
de las fincas, en Mera, en Narla, en Parga, en Rábade, 
en Besoucos, en Presares, en Montaos, en Castela, en 
Portugal, etc.. Añaden los Condes D. Rodrigo y Doña 
Elvira, los trajes de lujo y otras aparatosas alhajas con 
que habían engalanado á sus pajes y donceles en las re- 
cepciones y otras ocasiones solemnes (adkimus nostros 
atonitus flj et nostras magnificencias, que dedimus per nostros 



(1) De atónito viene el castellano antiguo atue)\do. 



350 LIBEO SEGUNDO 



infanzones, sive villas sen argento, vel quecumque de ganato 
nostro eis dedimus, nobis cum eo servitium exercuissent (1). 

Sisnando, por su parte, donó la iglesia de Santa Eu- 
lalia de Car olio, junto á Farum Precantium (La Coruña), 
de la que le había hecho Escritura el presbítero Floren- 
cio, y legó, además, también todo su atuendo; pero se re- 
servó el castillo de Aranga. Subscriben el testamento, 
Sisnando, Rodrigo y Elvira, el abad de Sobrado, Pedro y 
varios testigos (2). 

En este mismo año 966, se insurreccionaron nueva- 
mente los gallegos contra D. Sancho, que corrió presuro- 
so desde León á apagar aquel incendio; y con el auxilio 
de los partidarios con que aquí contaba, no tardó en so- 
focarlo, paseándose luego victorioso por toda Galicia has- 
ta el Duero. Sólo el Conde ó Duque D. Gonzalo (3), que 
mandaba en el territorio comprendido entre el Duero y 
el Mondego — el cual territorio venía á constituir enton- 
ces la frontera meridional de Galicia — quiso persistir en 
su actitud rebelde y sostenerla por medio de las armas. 



(1) Recuérdense los veinte pajes y doncellas con que Sisnando obse- 
quió á su esposa Aldonza. 

(2) En el testamento hace mención Sisnando de un primo suyo (conger- 
manus noster), llamado Gundesindo Suárez, del cual dice que le dio una 
villa ó granja, en compensación de setecientos sueldos en que había afian- 
zado á un esclavo moro del Obispo, el cual moro se había fugado. Paturavit 
unam villam pro nostro mauro que nobis fidiavit pro DCC solidos, et fugavit 
illo. Este moro, para ser apreciado en setecientos sueldos, debía ser persona 
de valer, ó por su industria, ó por su habilidad, ó por otra dote semejante. 

(3) (Véase el Cronicón de Sampiro en el tomo XIV de la España Sagra- 
da, pág. 470). Entonces había varios Condes de este nombre en Galicia, Don 
Gonzalo Sánchez, D. Gonzalo Menéndez, D. Gonzalo Jiménez, D. Gonzalo 
Bermúdez, etc., por lo que, por sólo este indicio, no podemos identificar la 
persona. . 



LOS TBES PBIMEROS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 351 

Después mudando de opinión, apeló á una infame alevo- 
sía, é invitando al Rey á una entrevista amistosa y pa- 
cífica á orillas del Duero, le ofreció una manzana empon- 
zoñada. Tan pronto la gustó D. Sancho, conoció que es- 
taba envenenado, y dio vuelta apresuradamente á León; 
pero al tercer día falleció en el camino. Tuvo lugar este 
desgraciado acontecimiento, no en el año 967, como dice 
Florez (1), sino á fines del 966, según resulta de una Es- 
critura del monasterio de Sahagún fechada á 19 de Di- 
ciembre de este último año, en la cual se dice que Don 
Ramiro, hijo de D. Sancho, comenzaba entonces el pri- 
mer año de su reinado, f incipiente primo anuo regni sui 
Ranimiri prolis Sanctiori). 

Y henos aquí en el momento crítico en que debió te- 
ner lugar la escena de la noche de Navidad. A princi- 
pios de Diciembre de 966 falleció, como acabamos de 
ver, el Rey D. Sancho; por lo tanto Sisnando, si es que 
estaba preso, quedó en libertad para ejecutar en la no- 
che del 24 la descabellada é insensata hazaña de pene- 
trar, armado de coraza y espada, en el dormitorio en 
que reposaba su pariente San Rosendo, para expulsarlo 
de Santiago. Ahora dígasenos si en la Escritura ó Tes- 
tamento de 10 de Diciembre del mismo año, se descubre 
en Sisnando disposición de ánimo á propósito para co- 
meter tal atropello. 

Poco tiempo dejaron los normandos permanecer 
tranquilo y sosegado á nuestro Obispo en su retiro de 
Sobrado, entregado á la meditación y á las prácticas de 
la piedad. Al entrar la primavera del año 968, una nu- 
merosa escuadra normanda compuesta de cien naves 



(1) España Sagrada, t. XIV, pág. 451. 



352 LIBEO SEGUNDO 



penetró en la ría de Arosa, y acercándose á los brafia- 
les ó juncales que aún hoy se ven cerca de las Torres 
de Oeste, saltaron en tierra, desembarcaron sus bélicos 
pertrechos, ordenaron sus haces y se pusieron en marcha 
con dirección á Iria, siguiendo sin duda la antigua ca- 
rretera que unía á dicha ciudad con la vía militar que 
venía de Caldas y atravesaba el Ulla por aquel punto (1). 

Sisnando, que acaso había venido á Compostela para 
asistir á los Oficios de Cuaresma en la Catedral, á la 
primera noticia salió precipitadamente en busca del 
enemigo para desconcertar sus planes con una acción 
rápida y un golpe atrevido. 

Entretanto, los normandos se habían ido internando 
en el país, y saliendo de la carretera como de un cauce, 
se desbordaron sobre las vegas de Janza, Cordeiro, Cam- 
paña, Requeijo é Iria, cautivando hombres y mujeres, 
haciendo presa en todo cuanto encontraban, é incen- 
diando y arrasando pueblos, villas y aldeas. Hallólos 
Sisnando, á lo que parece, en Iria ó cerca; los acometió 



(1) La Compostelana (España Sagrada, t. XX, pág. 13), dice que los 
normandos desembarcaron en el puerto de Junquera. Cumque Normani ex 
portu, qui Juncariae dicitur et Illiam tendentes, partes istas depraedarentur... 
El Iriense (España Sagrada, t. XX, pág. 606), añade: Ecce ante eum (Sis- 
nandum) venerunt nuntii dicentes, quod Normani et Fr anden ses et gens mul- 
ta inimicorum veniens de Juncariis, volentes iré ad Iriam, quoscumque nomi- 
nes et mulleres in itinere inveniebant, ducebant captos et terram vastabant et 
praedabant. La Crónica Iriense de Ruy Vázquez, que en esta parte no hizo 
más que traducir casi literalmente al Iriense, llama puerto de Vacariza al 
de Juncar ia. u Vieron moytas ñaues de Normanos et Frandeses, et moytas gen- 
tes de enemigos da fe ao porto de Vacariza et entraron a Ilia..." El puerto ó 
aldea de Bacariza, sobre la margen derecha del Ulla en la parroquia de San- 
ta María de Isorna, está enfrente del de Cabreriza, del otro lado del Ulla, 
en la parroquia de Dimo. Aquí fué en donde debieron desembarcar los nor- 
mandos. 



LOS TEES PEIMEEOS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 353 

con denuedo y los hizo retroceder hasta un lugar que 
llamaban Fornelos y estaba sobre el Louro, río que co- 
rre entre las parroquias de Cordeiro y Campaña (1). 
Allí los invasores se rehicieron; recrudecióse la batalla; 
Sisnando, envanecido con las ventajas hasta entonces 
obtenidas, lanzóse al frente de sus tropas sobre las filas 
enemigas, hasta que alcanzado por acaso por una saeta, 
cae en lo más rudo del combate traspasado y muerto. 
Tanto como llenó de consternación á sus soldados este 
desgraciado suceso, otro tanto infundió valor y arrojo en 
los enemigos; los cuales, como si ya nada tuvieran que 
temer, saquearon é incendiaron á Iria y se esparcieron 
por toda Galicia sin hallar otra barrera que los contu- 
viese, que las montañas del Cebrero. Dieciocho fueron, 
según el Deán de San Quintín de Noyón, Dudón (2), las 
villas y poblaciones saqueadas ó incendiadas por los 
normandos (3). En este número no podemos contar á 
Compostela (4), al amparo de cuyos fosos y muros, que 
con tanta oportunidad había abierto y reparado Sisnan- 



(1) Véanse Monumentos antiguos de la Iglesia compostelana, pági- 
na 18, nota 3. 

(2) Migne, Patrol. lat., tomo CXLI. 

(3) Las hazañas de los normandos en nuestro país se ven vivamente 
descritas en este pasaje de la Escritura, que publicó Flórez entre los Apén- 
dices del tomo XIX de la España Sagrada, pág. 384: «Peccato prepediente 
venerunt gentes Lotimanorum in ipsam terram, et vastaverunt sic ipsam 
ecclesiam (Scae. Eulaliae de Curtis), sicut et alias convicinas eiusdem, sicut 
et sacerdotes sui captivitate ducti, et gladio trucidati fuerunt, ipsasque 
scripturas ipsius ecclesie de ignibu3 concremaverunt, usquequo non reman- 
sit ibidem non petre ignibus ustulato Por todas partes incendio, ruina, de- 
solación y cuchillo. 

(4) Sampiro sólo dice: Strages multas facientes in gyro Sancti Jacobi 
Apostoli, Episcopum loci ipsius gladio peremerunt. 

Tomo IL— 38. 



554 LIBEO SEGUNDO 



do, se concentró toda la gente de armas que habia en 
las cercanías, pudiendo, merced á todo esto, resistir y 
rechazar con éxito los asaltos de los feroces invasores (1). 

Sobre la fecha puntual en que tuvo lugar la muerte 
de Sisnando, reinó gran incertitumbre y discrepancia 
entre los Autores, si bien la opinión más recibida era la 
de que había fallecido en el año 970. 

La Compostelana, no obstante, ofrece tales notas cro- 
nológicas (que sin duda tomó de la lápida sepulcral del 
Prelado), que combinadas con otros datos, no dejan 
el menor lugar á duda. Dice que Sisnando falleció á me- 
diados de la Cuaresma, el IV de las Kalendas de Abril 
de la Era MVI, ó sea á 29 de Marzo de 968. En el año 
970 la Pascua cayó en 27 de Marzo, por consiguiente, en 
este año el 29 de Marzo no fué día de Cuaresma, sino de 
Pascua. En el año 968 cayó la Pascua en 19 de Abril, y 
por lo mismo el 29 de Marzo fué la Dominica cuarta de 
Cuaresma. Añádase á esto que Sampiro (2) sienta que 
la invasión de los Normandos ocurrió en el año segundo 
de D. Ramiro III, el cual comenzó á reinar á fines del 
año 960. Por último, en una Escritura del Tumbo de So- 
brado, lib. I, núm. CVII, del 17 de Septiembre de 968 se 



(1) Tampoco Lugo debió de ser de las ciudades saqueadas; pero el 1 de 
Noviembre (no se indica el año, que sin duda fué el mismo de 9G8), los ha- 
bitantes de su suburbio hicieron con su Obispo D. Hermegildo el pacto de 
residir en la ciudad y llevar todas sus cosas para combatir desde allí deno- 
dadamente á los normandos. Veniamus omnes strenue adipsam civitatem ad 
habitandum, et faciamus riostras casas, in quo reponamus ganatum et nosírum 
afomtum, et si mus ibidem habitantes el dimicantes contra sevientem gentem 
Lofhomanorum. (España Sagrada, t. XL, Apéndice XXII). 

(2) España Sagrada^ t. XIV, pág. 491. 



LOS TBES PBIMEBOS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 355 

supone fallecido á Sisnando (1). Es cierto que en el Acta 
de fundación del monasterio de San Salvador de Loren- 
zana, fechada en 17 de Julio de 969 (2), subscribe el 
Obispo Sisnando y se le presenta como asistiendo al Con- 
cilio que allí se describe; mas, ó la fecha del Acta está 
errada, ó el Acta se refiere al Concilio celebrado antes, 
— y esto es más que probable — no como cosa actual, sino 
como preliminar que había precedido para que la funda- 
ción se hiciese con todas las solemnidades y requisitos que 
los Cánones exigen, como deseaba su fundador. En tal 
caso el Concilio pudo celebrarse en' el año 967; y de este 
modo no hay inconveniente en que á él asistiese Sisnan- 
do, ni en que en el Acta, como sucedía en otros casos, se 
pusiese su subscripción, aunque entonces ya hubiera fa- 
llecido; ya que se trataba de una persona que á la obra 
había prestado su asentimiento y cooperación. 

Un año largo, desde la Primavera de 968 hasta la 
de 969, duró el saqueo de nuestro país por los norman- 
dos; pues Galicia abandonada á sus propios recursos (3), 
destrozada por las facciones de sus Magnates, se hallaba 
impotente para sacudir de su suelo á los invasores. Mas 
al fin la prudencia de San Rosendo, cuya acción provi- 
dencial y benéfica se siente en todos los acontecimientos 



(1) Es un Privilegio otorgado á Sobrado por D. Ramiro III y por su 
tía y tutora D. a Elvira, en que se confirma al monasterio en la posesión de 
varios commisos ó Coüdados, según los habían tenido hasta su muerte Her- 

megildo y Paterna, Sisnando y su hermano Rodrigo. Comitatus iwstros 

quam... obtinuerunt Hermegildus et Paterna, Sisnandus episcopvs et suus 
germanus Rudericus usque finem illorum. 

(2) España Sagrada, t. XVIII, Apéndice XVII. 

(3) Ocupaba entonces el Trono de León D. Ramiro III, niño de seis ó 
siete anos, de cuyas débiles manos, si no se escapaban las riendas del Esta- 
do, era debido al talento y virtudes de su tutora D. a Elvira. 



356 LIBRO SEGUNDO 



de aquella calamitosa época, y el valor del Conde Don 
Gonzalo Sánchez vengaron cumplidamente á los galle- 
gos de las horribles depredaciones de los piratas del Nor- 
te. Cuando ya se disponían, cargados de despojos, á 
regresar á sus naves, el Conde D. Gonzalo Sánchez, con- 
fiado en la ayuda de Dios y en el favor del Apóstol San- 
tiago, les salió al encuentro y con sus huestes arremetió 
contra ellos con tal denuedo, que á todos los pasó á cu- 
chillo sin excluir á su Rey, Jefe ó Wiking, Gunderedo. 
No satisfecho con exterminar á los normandos en tierra, 
se lanzó al mar, apresó sus naves y las hizo pasto de las 
llamas (1). Casi al mismo tiempo los moros, aprovechan- 
do las circunstancias, intentaron invadir nuestro territo- 
rio por la parte del Mondego en Portugal, que, según 
ya hemos dicho, era entonces el límite meridional de 
Galicia. Salióles al paso San Rosendo, que en momentos 
tan críticos por delegación de D. Ramiro III, ó más 
bien de su tía D. a Elvira (2), se había encargado del go- 



(1) Cornos itaque Gundisalvus Sancionis in nomine Domini et honore 
Sancti Jacobi Apostoli, cujus terram devastaverant, exivit cum exercitu 
magno obviam illis et caepit praeliari cum illis. Dedit illi Dominus victo- 
riam, et omnem genteni ipsam simul cum rege suo gladio interfecit, atque 
classes eorum igne crema vit divina adjutus clementia. (Cronicón de Sampi- 
ro, en el tomo XIV de la España Sagrada, pág. 471). 

(2) A l de Enero de 968, D. a Elvira, en nombre de su sobrino D. Ra- 
miro, concedió un Privilegio á Celanova. Ego humillima atqae clientula Gil- 
vira religionis ordo Deo dicata... una cum suprino meo serenissimo principe 
domno Ranemiro... ( Tumbo de Celanova, lib. I, núm. XCIII). Odoino Ber- 
múdez dice también en su Escritura: Defuncto autem ipso Santio principe, 
accepit regnum eius germana sua domna Ocluirá, et perunctus est in regno 
filius ipsius Santionis nomine Eanemirus, minimam etpussillam agens etatem. 
De aquí se desprende, cuan poco acortado anduvo Flórez al corregir á Sam- 
piro en las notas 1 y 1 de las páginas 470 y 471 de España Sagrada , 
tomo XIV. 



LOS TEES PRIMEROS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 357 

bierno general de Galicia (1), les salió al paso y los re- 
chazó victoriosamente (2). 






(1) En la Vida de San Rosendo (España Sagrada, t. XVIII, pág. 383), 
se dice del Santo Obispo: Quamvis super partes Gallaeciae regias vices impe- 
rando exerceret. 

(2) Lo refiere su Vida (loe. cit. pág. 381) y lo repite el Cardenal Ja- 
cinto en el Decreto sobre su culto: Portugalensium patriam divina gratia ab 
incursu Sarracenorum liberavit... Gallaeciam vero a Normanorum mul- 
titudine. 



== rrnn 1 1 1 1 1 1 itti t rrm i f n 1 1 un 1 1 iti 1 1 n i n 1 1 ru¡ ¡ti n ítí rrrfTTnTin m 1 1 ■ 1 1 1 1 rfiri i iriTii i r mi n r n i n í n n n 1 1 1 n m i ¡ i ni fin rr 1 1 1 1 rin 1 1 1 1 ■ 1 1 un 1 1 1 1 1 1 1 1 1 í 1 1 1 n 1 1 rn 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 ■ i ■ == 

= M 1 1 1 1 1 1 II 1 1 1 M 1 1 1 1 1 1 1 1 1 * ' I >l 1 1 1 1 1 M 1 1 1 1 1 1 ti I M 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 M 1 1 1 M 1 1 1 M 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 III 1 1 1 1 II 1 1 1 H I > I M M 1 1 1 > I M 1 1 H 1 1 1 IH MUJ I ' ' t ' ' ' JJI ' li >H ' t J11H 1 1 II j 1 1 1 > 1 1 tt H H 1 1 1 H 1 1 1 H 1 1 1 1 1 = 



CAPITULO XIX 

Confíase á San Rosendo la administración de la Diócesis 

compostelana. 




AS críticas circunstancias en que á 
la muerte de Sisnando II se vio la 
Iglesia compostelana, huérfana de Pastor, asediada por 
los normandos, y por lo mismo aislada ó imposibilitada 
para hacer eleccción canónica de nuevo Prelado, la obli- 
garon á volver los ojos, como entonces los volvió toda 
Galicia, hacia aquel varón providencial, que con la 
energía de su alma, la dulzura y afabilidad de su trato, 
sus eminentes virtudes, su gran saber y doctrina, su acti- 
vidad incansable, su incuestionable prestigio, enjugó las 
lágrimas de la patria, restañó la sangre que corría de 



360 LIBBO SEGUNDO 



sus heridas, y la levantó del abismo de postración y mi- 
seria en que se hallaba sumida (1). 

No es este el lugar de hacer la biografía de San Ro- 
sendo, que de todo buen gallego debe ser conocida; sólo 
recordaremos que ya antes de esta fecha el Santo Fun- 
dador de Celanova, por muchos conceptos, había mereci- 
do bien de nuestra Diócesis, pero en especial con la fun- 
dación del monasterio de San Juan de Caaveiro. 

Abunda nuestro suelo en bizarros y caprichosos jue- 
gos de combinaciones orográficas; pero quizás ninguna 
sea comparable á la que nos ofrece la situación de Caa- 
veiro. En el centro de una profundísima sima, que afec- 
ta la forma de un inmenso cono hueco invertido, yér- 
guese un pequeño cerro que aparece completamente ais- 
lado por el tortuoso curso del Eume y de un su afluente. 
Desde allí el hombre, á quien fué dada erguida mirada, 
contempla el firmamento que se presenta como aérea 
cúpula apoyada sobre las copas de los árboles, que por 
todas partes van trepando hasta dibujar su silueta sobre 



(1) La clase de servicios, que con su prestigio é influencia podía pres- 
tar San Rosendo á la sociedad de su tiempo, se infiere claramente de la re- 
ñida pendencia que, sólo por alardear de valientes y poderosos, sostuvieron 
los Condes D. Gonzalo Menéndez y D. Rodrigo Velázquez. Encontráronse 
los dos rivales en el lugar de Aquüuntias, Diócesis de Orense, al frente ca- 
da uno de su respectiva mesnada, y trabaron encarnizada batalla, de la 
cual, por defección de algunos de sus parciales, salió muy mal parado D. Ro- 
drigo. Si llegó á verse libre de la saña de los que le perseguían, fué debido 
á que hallándose no muy distante de San Rosendo en el lugar de Sabucedo, 
pudo acogerse á su amparo como á puerto seguro de salvación. Inito certa- 
mine, se lee en la Escritura de Odoino, in locum quod dicunt Aquüuntias, 
Budericus terga dedit, et ad domino Episcopo semivivum se collegit in civita- 
te Sabucedo, et Gundisalvus victor abscessit. Si San Rosendo podía dispen- 
sar tal protección á los poderosos, ¿qué no podría hacer en favor de los dé- 
biles y humildes? 



LOS TEES PMMEBOS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 361 

el azul del Cielo. Pocas veces se ve con tal apariencia 
la celestial morada en tan íntimo contacto con la tierra. 
Este lugar tan hecho para la contemplación, este 
pequeño cerro tan oculto en aquella profunda sima, fué 
el que escogió San Rosendo para establecer allí un refu- 
gio en el que pudiesen hallar seguro asilo todos los que 
considerando lo mísero y fugaz y deleznable de lo pre- 
sente, quisieran poner la mira en lo eterno, en lo inson- 
dable de lo que el Señor tiene preparado para el hombre 
que redimió. Hacia el año 930 ya residía allí el abad 
Exum? con los monjes Velasco, Frugulfo y Astrupidio; 
pero el sitio comenzaba á ser solicitado por muchos, y á 
fin de que para todos hubiese comodidad y medios de 
vivir abstraídos del mundo, San Rosendo en unión con 
el Obispo de Lugo D. Ero y los abades Rodrigo y Ana- 
gildo, y el clérigo Sisualdo, hizo una gran donación al 
monasterio, no sólo en bienes raíces, sino también en mo- 
biliario, vajilla é indumentaria sagrada. Donan cortinas, 
vestiduras, misteria, que serían cajas para guardar las 
Sagradas Formas, cruces, cálices y coronas de plata, un 
candelabro, un incensario y una campana de metal. 
Proveyeron la iglesia de algunos libros sagrados, como 
dos Salterios, uno completo y otro más pequeño (psalte- 
rioh), uno ordinum, un oracionario y un manual. No se 
olvidaron de la biblioteca del convento, y le regalaron 
un Códice intitulado Explanatio, que sería la Exposi- 
ción de San Gregorio Magno sobre Ezequiel, las obras 
del abad Smaragdo, que había florecido á principios 
del siglo IX y compuesto varias obras exegéticas y 
místicas (1), Homilías, probablemente, de San Gre- 



(1) Véase el tomo CII de la Patrol. lat. de Migne. 



362 LIBRO SEGUNDO 



gorio, los Diálogos del mismo, las Sentencias, Etimo- 
logías y Sinonimias de San Isidoro, una colección de Vi- 
das de los antiguos Padres (Geruntiquorum) , las obras de 
San Próspero, el Líber Prenosticorum de San Julián de 
Toledo, un Códice rotulado Glosornatarurn, que acaso 
contendría la obra del Ven. Beda sobre la explicación 
de algunas palabras obscuras de la Sagrada Escritura, 
los cuatro ó cinco primeros libros de los Moraks de San 
Gregorio, otro Códice Octo vitia, otro intitulado Questio- 
nurn, y por último, la Regla de San Benito. 

Conceden también las casas que habían edificado en 
torno de la iglesia, y eximen al monasterio de toda voz 
real y episcopal. Señalan, por último, el coto del monas- 
terio que comprendía las parroquias de San Baudilio 
(hoy San Braulio) de Caaveiro, Santa María de Caballar, 
Santiago de Cápela, Santa Eulalia de Soaserra, San 
Martín de Groente y San Pedro de Unta, los cuales bienes 
los otorgantes habían adquirido por donaciones, permu- 
tas y compras que ellos mismos, en especial San Rosen- 
do, habían hecho. La fecha de la Escritura es DIIII. 
Debe leerse DCCCCL.XXIIII, año 936 (1). 

Poco tiempo pudo residir San Rosendo en Caaveiro, 
porque las atenciones que á todas horas sobre él pesaban 
casi le traían en continuo movimiento. Sin embargo, 
son tan vivos los recuerdos que en Caaveiro se conser- 
van del glorioso Santo, que se diría que allí había resi- 



(1) Véanse Apéndices, núm. LVI. — Este monasterio que en esta época 
era de la Orden de San Benito, pasó después á ser de Canónigos Reglares 
de San Agustín. Estaba dedicada la iglesia á San Juan Bautista, á San- 
tiago y sus compañeros (et comitum eius), á la Santísima Virgen, á San Mi- 
guel, á San Juan Apóstol, á Santa Cristina y á otros Santos, cuyas Reliquias 
allí se guardaban. 



LOS TRES PEIMEEOS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELNA 363 

dido y vivido siempre hasta su último momento. Mos- 
traban en la antigua iglesia conventual algunos objetos 
(ahora dispersos y algunos recogidos en el Tesoro de la 
Iglesia compostelana), como cálices, cruces, vestiduras 
que se creía habían pertenecido al Santo Fundador, 
pero que evidentemente son muy posteriores. Como sue- 
le suceder en tales casos, con el transcurso del tiempo 
en la memoria del pueblo, dichos objetos fueron confun- 
didos con los verdaderos y auténticos, que habían des- 
aparecido. Consérvase, sin embargo, en la capilla de las 
Nieves, parroquia de Cápela, en un gran armario-reta- 
blo del siglo XVII, que antes estaba en la iglesia de 
Caaveiro, una alba, que con verdad puede ser atribuida 
á San Rosendo (1). 

Tal era el varón, que no por título de propiedad, 
sino por comisión, se encargó provisionalmente del go- 
bierno de la Diócesis compostelana. De él decía el 
diácono Egilano, en una donación que hizo á Celanova, 
que era verdadero maestro, que con la palabra y el 
ejemplo enseñaba á sus subditos. (Vobis egregio Episcopo, 
domino Rudesindo, Sanctissimo Patri et vero magistro, qui ver- 
bo et exemplo docetis vestros subditos) (2). Como es sabido, San 



(1) Esta notabilísima pieza, cuyo grabado damos en la página siguien- 
te, es uno de los rarísimos ejemplares que se conserva en Europa de dicha 
época. Es muy parecida á la de San Gerardo, Obispo de Toul (-J* 994), de la 
cual sólo nos resta un dibujo conservado entre los papeles de Montfaucón, y 
á la de San Bernulfo, Obispo de Utrecht (f 1056). De ambas publicó des- 
cripciones y diseños Rohault de Fleury, (t. VII de La Messe, pág. 15 y 16, 
y lam. DXIX). La de San Rosendo es de tela fina de hilo, y mide l'90 m de 
alto y siete metros de vuelo. El cuello, las bocamangas y el borde inferior 
estaban adornados de una franja también de tela de hilo, formada de listas 
blancas y encarnadas. 

(2) La Cueva, Hist, Ms. de Celanova, pág. 103, 



364 



LIBRO SEGUNDO 



Rosendo ya había sido Obispo de Mondofiedo, cuya Mi- 
tra renunció hacia el año 940 (no en 957, como dice 




Alba de San Rosendo, que se conserva en la capilla de las Nieves, 
parroquia de Santiago de Cápela. 



Flórez), habiendo sido elegido para sucederle su sobrino 
Arias, hijo de su hermano Munio y de D. a Elvira su 
prima (1). 



(1) En una Escritura del Tumbo de Cetanova (líb. 1, núm. VIH), de 11 
de Junio de 962, subscribe D. Arias en esta forma: Sub Xpisti nomine gra* 
tia Dei Arias episcopus devotionem meae genitricis (Gilvirae), bono animo 
confirmo. San Rosendo tuvo otro sobrino llamado también Arias, hijo de su 
primo el Conde D. Pelayo González, el cual sobrino fué igualmente, según 



LOS TBES PBIMEEOS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 365 

Refiérenos su biógrafo (1), que siendo Obispo de San- 
tiago, expulsó de Galicia á los normandos y á los árabes; 
mas supone, que si entonces San Rosendo ocupaba la 
Sede compostelana, era porque Sisnando II se hallaba 
encarcelado por orden del Rey D. Sancho. Como ya he- 
mos visto, cuando los normandos fueron expulsados de 
nuestro territorio, habian muerto tanto D. Sancho, co- 
mo Sisnando. Por consiguiente, no por estar preso Sis- 
nando, sino por hallarse á la sazón vacante la Sede, te- 
nía San Rosendo el gobierno de la Iglesia compostelana. 

De los hechos de San Rosendo durante tuvo el go- 
bierno de la Diócesis de Santiago, y después que los 
compostelanos, como dice su biógrafo, lo recibieron den- 
tro de los muros de su ciudad como á su libertador (2), 
pocas noticias se conservan. Sábese que con su sobrino 
D. Munino González, que tenía el Condado de Avean- 
cos, aceptó los límites de antiguo establecidos entre 
dicho Condado y el de Cornado. 

En el año 969, á 17 de Junio, asistió al Concilio, ó 
más bien subscribió el Acta de fundación que su primo 
el Conde Santo, D. Osorio Gutiérrez, hizo del monaste- 
rio de Lorenzana. En este Documento se intitula Obis- 
po Dumiense : Sub Xpisti nomine Rudesindus Dumiense 



parece, Obispo de Mondoñedo por el año 977. (Véase Yepes, Coron. ge- 
neral de S. B. f t. V, Apéndice núm. VII, y Risco, España Sagrada, to- 
mo XXXIV, página 283).— Sin embargo, San Rosendo siguió llamándose 
Obispo Dumiense. 

(1) España Sagrada, t. XVIII, pág. 381.— Como ya advirtió Flórez en 
el tomo citado, pág. 84, en el orden cronológico de los sucesos no observó 
gran exactitud el biógrafo de San Rosendo. 

(2) Víctor a Compostellae civibus communi gratulatione receptus est. 
(España Sagrada), t. XVIII, pág. 382. 



366 LIBBO SEGUNDO 



Sedis cettenovense confirmo. En 17 de Enero de 974, con 
título de Obispo Iliense, confirma un Privilegio otor- 
gado por D. Ramiro III á la Santa Iglesia de Astor- 
ga. Sub Xpisti nomine Rudesindus Deí gratia iriensis epis- 
copus confirmat (1). Había motivado esta Escritura la 
supresión del Obispado de Simancas, que había creado 
D. Alfonso IV hacia el año 927 (2), la cual supresión fué 
acordada en un Concilio que por aquel tiempo se cele- 
bró en León (3). Asistió á este Concilio San Rosendo, 
que en él tuvo la principal parte, como se colige de su 
subscripción, que es la primera después de la de los Re- 
yes, y está concebida en estos términos: Ego indignus et 
mérito ultimus Apostolícete cathedrae et Sedis Iriense Rudesin- 
dus Episcopus commissus cum omnes collegas et coepiscopos simul 
tractavimus, et simul Deo gloriam dedimus, et tanquam reci- 
divam (redivivam) hanc Legionensis Ecclesiam cum conniven- 
tía concilii et ad nutu dominae nostrae memoratae Reginae rem 
proprie ipsius indecenter eversam ad jus proprium reduximus, 
et permanere Deo factore totis nixíbus sanximus, et ab his, qui 
vota atque donaría aliena sacrilege et audacter disrumpunt, se- 
jungi quam adhereri satius praemuniti vitam nostram ad 
interitu instabili gressu et mentís fidei pede retraximus. 

Acompañó á San Rosendo en su viaje á León el 
Abad de Antealtares, aquel venerable Pedro que más 
tarde había de sucederle en el régimen de la Iglesia 
compostelana, á la cual igualmente había de ilustrar con 
su prudencia, con su santidad y con su doctrina. La fir- 
ma de Pedro dice: Petrus abba confessor, regenti sciterio añ- 



il) España Sagrada, t. XVI, Apéndice. 

(1) España Sagrada, t. XXXIV, pág. 245 y 284. 

(2) España Sagrada, t. XXXIV, pág. 285, y Apéndice núm. XX. 



LOS TEES PEIMEROS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 367 

teáltarios. Excusado es decir que bajo el régimen de va- 
rón tan consumado en toda virtud, el monasterio de 
Antealtares nada había de perder del crédito de que 
gozaba, de escuela de santidad y perfección (1). 

Después del Concilio de León, presintiendo tal vez 
San Rosendo la proximidad de su fin, quiso abandonar 
de una vez para siempre los enojosos cuidados del mun- 
do, y retirarse á su amado convento de Celanova, que en 
su ausencia regía su más aventajado discípulo, el Santo 
Abad Manilán (2). «No mucho después, dice Flórez al 
tratar de su fin (3), considerándose el Santo en el térmi- 
no de su peregrinación, convocó á los hermanos, y decla- 
ró la cercanía del fin de su destierro. Prevínoles la gran 
comodidad para servir á sólo Dios en aquella Santa Casa 
independiente de ajena sujeción; y que admitiesen en 
ella á toda suerte de personas, nobles y plebeyos, libres 
y esclavos, que deseasen consagrarse al Señor; porque 
Dios no mira la nobleza de la sangre, sino la contrición 
del corazón. Crecía la debilidad del cuerpo, y recibidos 
los Santos Sacramentos, le rogaron los Monjes con al- 
gunos Obispos que allí había, declarase el que le había 
de suceder en la Abadía. El Santo consolándoles, les 
dijo, que nunca los desampararía, y que tomasen por 
padre á su hijo espiritual Mamila (Manilán); y habién- 



(1) En el año 985 á 6 de Junio, el Conde D. Tello Alvítez hizo varias 
donaciones á Antealtares y á su abad Pedro. Subscriben los Obispos San 
Viliulfo de Tuy, Hermegildo de Lugo, Pelayo de Iria, Armentario de Du- 
mio y Gonzalo de Orense. 

(2) En Septiembre de 974 ya parece, que San Rosendo se hallaba en 
Celanova, pues con su convento cambió varias heredades con Octavio y su 
mujer Spanubrida. (Tumbo de Celanova, lib. II, núin. CXXIV). 

(3) España Sagrada, t. XVIII, pág. 84. 



368 LIBRO SEGUNDO 



dolos consolado de su ausencia, entregó el espíritu al 
Señor á hora de Completas, reinando Ramiro III, 
en 1.° de Marzo (como se verificó en el año 977, cuya 
letra Dominical fué Gr), á los setenta años, después de 
haber anunciado el ángel su nacimiento» (1). 






(1) Véase Facta et miracula S. Rudesindi Episcopi, lib. I, cap. III, 
en el tomo XVIII de la España Sagrada, pág. 386, 



ii"illiliiriiiiiiii*iiiitiiti«iiiiiii«iiiiiiiiitiiitii«ititiiiiiitiii*iiiititifiiiiiimitiitimiiiitn«iiiiiitntiitifiiiiiiiiiiiiiiiiiiiintiiitiitiiii*iiiiniiimiiiTiiiiiiiiiiiniiiiitm 



CAPITULO XX 



El Pontificado de D. Pelayo Rodríguez en Compostela. 




ntre los numerosos Monjes que por aquel 
tiempo poblaban el insigne monasterio de 
Celanova, distinguíase Fray Pelayo Ro- 
dríguez, que sin duda era muy conocido 
en Santiago por formar quizás parte del séquito, que en 
sus viajes acompañaba á San Rosendo. Era Fray Pelayo 
hijo del Conde ó Duque D. Rodrigo Velázquez y de su 
esposa D. a Onega Adosinda Luces, los cuales tuvieron, 
además, cinco hijas, Onega, Trudilli ó Trudilde, Velas- 
quita, Munia Donna y Aldonza. No recomendaban me- 
nos á Fray Pelayo sus cualidades personales, que la no- 
bleza de su alcurnia; así es que cuando San Rosendo se 
decidió á abandonar á Compostela y á retirarse definiti- 
vamente á Celanova, los Canónigos pusieron en él los 
ojos, y lo reclamaron como digno de ocupar aquella Sede 

Tomo II— 24. 



370 LIBRO SEGUNDO 



que ya no podía regir el glorioso y venerable an- 
ciano (1). 

Se ignora el año en que D. Pelayo fué consagrado 
Obispo compostelano; probablemente debió de serlo poco 
antes de fallecer San Rosendo (f 1 de Marzo de 977), 
pues en el testamento del Santo, otorgado en 17 de 
Enero de 977, aún firma sin título de Obispo: Pelagius 
dracenus (diaconus?) proles Ruclerici. 

Una amarga prueba lo esperaba al poco tiempo de 
ser consagrado, y era la muerte de su buen padre, que 
falleció en la villa de Paredes, y en su testamento dis- 
puso que se le diese sepultura en el monasterio de Cela- 
nova, y que el quinto de todos sus bienes se emplease en 
limosnas y otras obras pías. Su hijo Pelayo, que era el 
primer testamentario designado, no se dio paz mientras 
no vio cumplida la última voluntad de su padre. En 23 
de Octubre de 978 donó á Celanova la villa de Paredes 
incluida en el quinto de los bienes de D. Rodrigo ¡y con 
qué humildad y fervor de espíritu no dictó la carta de 
donación! «Yo, como hijo sumiso y obediente, dice, á mi 
piadoso padre, he resuelto hacer cuanto antes con buen 
ánimo y de muy buena voluntad lo que se me había 
mandado; y al ejecutarlo, cayó en el quinto de su libre 
disposición la villa de Paredes en donde él había termi- 
nado sus días; y se me ocurrió y me pareció justo conce- 
der, y ofrecer dicha villa á Dios misericordioso y á mi 
Salvador, para que á él y á mí nos sea propicio, en el 



(1) «A Dominis et Senioribus rogatus adducitur» (Cronicón Iriense). 
En lo que grandemente se equivocó el Iriense fué en decir que al tiempo en 
que Pelayo fué elegido Obispo de Compostela, ya lo era de Lugo. Argaiz lo 
Lace pasar nada menos que por cuatro Obispados. 

La Compostelava (lib. I, cap. II. núm. 7) insinúa, que si llegó á alcanzar 



LOS TEESPEIMEROS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 371 

monasterio de Celanova, en donde su cadáver descansa 
sepultado. Ya, Señor misericordioso ó inefable, ya cum- 
plo lo mandado; ya ejecuto los preceptos que me dejó 
mi padre, ya estoy pronto á dar algo, según lo que pue- 
do, por la salvación de su alma» (1). En 17 de Diciem- 
bre del mismo año 978 otorgó D. Pelayo al monasterio 
de Celanova, juntamente con otras personas, la villa de 
San Julián de Cabarcos de Aguiar en el Bierzo. Facta 
scriptura firmitatis, se dice en la fecha, in Concilio Pdagius, 
episcopas et mater eius Honega in Villamartini in die XVII 
decernbris, Era MXVL (2). 

Cuatro años después, á 11 de Septiembre, dio á Ce- 
lanova la villa de Olimbra (Oimbra), en el valle de Ba- 
roncelle, á orillas del Tamaga (partido judicial de Verín). 
En esta Escritura recuerda D. Pelayo su monacato, que 
abrazó por consejo de su padre, flpse vero quo milii filio suo 
providit monasticam ducere vitam); y llama carísimos y ve- 
nerables hermanos al abad Diego y á toda la Comunidad; 
(Carissimis et venerandis fratribus meis Didacus abba et omnem 
congregationem sanctam). En la inscripción del Documento 
dice que él, aunque indigno, por la misericordia del Se- 
ñor Dios, ejerce la cura Pastoral de la Sede Apostólica 
de Santiago, y que por hacer bien por el alma de su pa- 
dre el Duque D. Rodrigo, y que por temor al juicio 



la dignidad Pontifical, fué debido á la osadía propia de todo hombre podero- 
so, según el mundo. Dignitatem hujus Pontificatus saeculari potentia susci- 
piens... Como en lo que inmediatamente sigue, no da la Compostelana muchas 
muestras de estar bien enterada, es de suponer que no tuvo mejores infor- 
mes, cuando escribió las palabras transcriptas. 

(1) España Sagrada, t. XIX, Apéndices. 

(2) Cartulario de Celanova, lib. III. núni. XCV, 



372 LIBRO SEGUNDO 



en el día de las venganzas, y en expiación por sus peca- 
dos, dona, etc.. (1). 

En estos Documentos se ve que Pelayo no estaba tan 
olvidado de las cosas divinas, como da á entender la Com- 
postdana (2). El Cronicón Írteme agrava más la acusación, 
y dice que siendo más dado á los negocios mundanales, 
que á los eclesiásticos, depuso á los más ancianos y dig- 
nos y se rodeó de gente joven é inexperta; con lo cual 
hizo caer en completo desprestigio las dignidades y hono- 
res de la Iglesia. Añade, que por esta razón tanto D. Pe- 
layo, como su padre D. Rodrigo, se hicieron con su pro- 
ceder tan odiosos á los Magnates gallegos, que éstos 
para tenerlos á raya, acordaron entre sí coronar Rey en 
Santiago al infante D. Bermudo, hijo de D. Ordoño III. 
La Compostelana omite esto, pero lanza contra el padre de 
D. Pelayo la más grave de las acusaciones, la de que 
D. Rodrigo fué el que, con otros Condes, trajo á Galicia á 
Almanzor. Para que se vea el valor de estos dichos, baste 
recordar que D. Rodrigo falleció cuatro años antes de 
ser proclamado D. Bermudo en Santiago, y diecinueve 
antes de la venida del célebre caudillo árabe á nuestro 
país (3). 



(1) «Ego vero Pelagius quamvis indignus sed per misericordiam, Do- 
mine Deus, pastorali gerens quram Sedis apostolice Iacobi propter reme- 
dium anime genitoris mei domni Rudericis ducis et formidatio tui iudicii in 
diem ultionum atque expiationem mei delicti, elegi, etc...» (Tumbo de Cela- 
nova, lib. III, fol. 159). Firman esta Escritura los Obispos San Viliulfo de 
Tuy y Gonzalo de Orense, y los abades Placencio, Adaulfo, Ansurio, Froi- 
jano y Florencio. 

(2) Nec in hujus peregrinationis valle per desideriorum caelestium la- 
menta suo se Creatori, ut deberet, humiliavit. (España Sagrada, t. XX, pá- 
gina 14). 

(3) En el fondo hay, sin embargo, algo de verdad en lo que dice la 



LOS TRES PRIMEROS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 373 

El Obispo de Oviedo, D. Pelayo, tomó por otro cami- 
no, y en vez de desacreditar al Obispo compostelano, 
presenta al Rey D. Bermudo como perseguidor de Pre- 
lados y dominado por todos los vicios (1). El Obispo de 
Santiago fué también, según D. Pelayo, blanco de las 
iras de D. Bermudo; pero aquí el Ovetense confunde la 
supuesta persecución de nuestro Prelado (la cual por 
otra parte no es, si se quiere, inverosímil), con el suceso 
del Obispo Adaulfo II (2), que en el Cronicón de D. Pe- 
layo aparece exornado de circunstancias, no del todo 
dignas de crédito. Los dichos, pues, de la Compostelano, y 
del Iriense, vienen en cierto modo á quedar desmentidos 
por D. Pelayo de Oviedo. 

La proclamación y coronación de D. Bermudo en 
Santiago, son hechos indubitables, pero no obedecieron 
á los móviles que supone el Iriense, sino á los que dice 
Sampiro, á saber, á las maneras ásperas y duras con que 
el Rey D. Ramiro III trataba á los Grandes de su rei- 
no, los cuales, cansados de sufrir su tiranía, proclama- 
ron Rey á D. Bermudo, que fué ungido y coronado en 



Compostelano,; pero como le sucede á veces, confunde los tiempos, los hechos 
y las personas. Según Dozy, que cita á Aben Jaldón (Hist. des Musulmán*, 
t. III, pág. 105), hacia el año 9GG D. Rodrigo Velázquez hizo las paces non 
el Califa de Córdoba Hescán II, por mediación de su madre, la cual fué re- 
cibida con las mayores consideraciones en la corte del Califa, y agasajada 
por éste con riquísimos presentes. Esto indica que á la sazón D. Rodrigo 
gobernaba alguno de los distritos de la frontera de Portugal, como el de 
Viseo ó Coimbra, y que por esto tuvo ocasión de entrar en tratos con el 
Califa cordobés. 

(1) Cronicón de D. Pelayo en el tomo XIV de la España Sagrada, pá- 
gina 480 y siguientes. 

(2) Véase página lf>P> f 



374 LIBBO SEGUNDO 



Santiago el 15 de Octubre del año 982 (1). D. Ramiro 
quiso batir á su primo y escarmentar á los rebeldes, y 
desde León corrió en su busca al frente de un gran 
ejército. D. Bermudo no se descuidó por su parte, y á la 
cabeza de sus parciales salió de Santiago para esperar á 
su rival. Dióse la batalla en Pórtela de Arenas, cerca 
de Monterroso; y por ambos lados se peleó con tal de- 
nuedo, que la victoria quedó indecisa. Sin embargo, mo- 
ralmente D. Bermudo quedó vencedor, pues obligó á su 
contrario á retirarse á León, y él continuó en pacífica 
posesión de Galicia (2). Y no satisfecho con esto, al aso- 
mar la primavera del año 984, invadió á su vez los do- 
minios de su rival, y en 24 de Abril se hallaba instala- 
do en la ciudad de León, como resulta del Privilegio 
que publicó Risco en el tomo XXXIV de la España Sa- 
grada, Apéndice núm. XXII; por el cual Privilegio otor- 
gó D. Bermudo varias villas á la Santa Iglesia Legio- 
nense. Subscribe este Documento el Obispo de Compos- 
tela en esta forma: Cum divina virtus Pélagius Iriense 
Seáis, 

D. Ramiro se vio obligado á abandonar á León y á 
replegarse al Mediodía de Astorga, en donde falleció el 
26 de Junio del referido año, recibiendo sepultura en 
Destriana (3). Con esto D. Bermudo quedó pacífico po- 



(1) Rex vero Ranimirus cum esset, elatus et falsiloquus et in módica 
scientia positus , caepit comités Gallaeciae et Legionis sive et Castellae 
factis acriter ac verbis contristan. Ipsi quidem comités talia aegre feren- 
tes callide adversus eum, etc.. (España Sagrada, t. XIV, pág. 471). 

(2) Así e3 que los Cronistas sólo dan á D. Ramiro quince años de rei- 
nado, no contando los dos que reinó en León, después de la batalla de 
Pórtela. 

(3) Véase Dozy, Recherches, etc., 1. 1, pág. 179. 



LOS TBES PRIMEBOS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 375 

seedor de todos los Estados de León y Galicia, como él 
mismo lo expresa con las siguientes palabras en el Di- 
ploma que en 1 de Enero de 986 despachó en favor de 
Celanova: Ego iam dictus ¡winceps... mihi diuino regni subli- 
matas honore, nidio resistente, nulloque yer amplitudinem tiel 
latitudinem terre regni nostri hábitans contradicentem, sed cum 
ómnibus gentibus datam finibus nostris et omni populo terre ré- 
quiem, me pacem habentem... (1). 

Por una Escritura del Tumbo de Celanova (2), se ve que 
en 30 de Mayo de 985 se hallaba D. Bermudo en San- 
tiago, y que presidió una Junta ó Concilio en que el 
Abad de Celanova celebró un contrato con Froilán 
Iustiz y otros sobre la villa de Felgaria. Subscriben varios 
Obispos, y entre ellos Pelayo de Compostela. Subscribe 
también el famoso Conde gallego D. Menendo Gonzá- 
lez, tutor que había de ser de D. Alfonso V. 

Y asistió nuestro D. Pelayo á la coronación de Don 
Bermudo en Compostela? Algún motivo hay para dudar- 
lo. D. Bermudo fué coronado en 15 de Octubre de 982. 
Ya hemos visto que el 1 1 de Septiembre del mismo año, 
D. Pelayo concedió á Celanova la villa de Oimbra, y en 
1 de Octubre subscribió la donación que hizo Odoiiio á 
dicho Monasterio. Como quiera que sea, D. Bermudo que 
parece era algún tanto suspicaz, y que sin causa alguna, 
como dice el Ovetense, tuvo tres años encerrado en un 
castillo al Obispo de Oviedo, Gudesteo, quizás no dejaría 
de hallar algún motivo de queja en la conducta política 
de D. Pelayo, y que en efecto se propasase á expulsarlo 
de su Sede. A domino rege Veremudo expulsus est, dice la 



(1) Tumbo de Celanova, lib. I, núm. V. 

(2) Libro III, núm. XL VI. 



376 



LIBEO SEGUNDO 



Gompostelana. Pero, ¿fueron deméritos del Prelado, ó la 




Fotografía de J. JÁmia. Fotograbado de Laporta, 

Miniatura del Tumbo A, fol. 17, que representa á D. Bermuclo II. 



arbitrariedad del Monarca la causa de esta expulsión, si 



LOS ÍHES fBlMEltÓS SIGLOS DE LA I. COJktPOSTELANA 3 77 

es que la hubo? Los deméritos del Prelado, todo lo más, 
no pasan del confín de la duda, y que el Monarca en 
ciertas ocasiones, procedió arbitrariamente y con formas 
violentas, parece indudable. Lo cierto es, que en el Di- 
ploma otorgado á la Iglesia Compostelana en 29 de Sep- 
tiembre de 985, por el cual dona cinco viñadores y vein- 
ticinco labradores para que cultiven la granja de Vite 
(Vide), que justamente había concedido por su alma á 
la Iglesia el padre de D. Pelayo, ninguna mención de 
éste se hace en la Escritura (1). Subscribe, sin embargo, 
D. Pelayo como Obispo de Iria, la donación que en el 
mismo día 29 de Septiembre de 985, hizo D. Bermudo al 
monasterio de Celanova de las niandat iones, commissos 6 
decanías de Ablocinos (S. Juan de Abruciños) y Barra (San- 
ta María de Barra) cerca del Miño; pero en otro Privile- 
gio fechado en 1 de Marzo de 986 en que el Monarca 
renovó y amplió la misma donación, ya firma como 
Obispo Iriense, D. Pedro (2). 

De todo lo expuesto, y teniendo en cuenta cuan fre- 
cuente era entonces el que los Prelados hiciesen renun- 
cia de sus Sedes y se retirasen á hacer vida santa y 
recogida en algún monasterio, es dado colegir, sin nece- 
sidad de apelar á problemáticas persecuciones y violen- 
tas expulsiones, que nuestro D. Pelayo, notando acaso 
el desvío con que lo miraba D. Bermudo, se decidió á 
hacer dimisión del Obispado y á retirarse á Celanova, 
en donde se había educado, en donde yacían su maestro 
San Rosendo y su padre D. Rodrigo, y en fin, al país en 
donde moraban su madre y sus hermanas. Y en efecto, 



(1) Véanse Apéndices, núm. LXXVI. 

(2) Tumbo de Celanova, lib . I, núm, V. 



378 LIBBÓ SEGUNDO 



en dicho monasterio vivió recogido por espacio de cerca 
de treinta años r firmando en algunos documentos con el 
título de Obispo Cellanovensis (1). En Santiago dejó, no 
obstante, un perdurable recuerdo, la iglesia de San Be- 
nito, cuya fundación debe, á nuestro juicio, atribuírsele. 
Después de referir Sampiro la sublevación de los 
Condes gallegos y la coronación de D. Bermudo en San- 
tiago, trae su interpolador (2), que el Rey de los agare- 
nos, Alcorrexi, entró en Galicia por Portugal, y que aso- 
lándolo y devastándolo todo, llegó á Compostela. Quiso 
penetrar en la Iglesia en donde se custodiaba el Sepul- 
cro de Santiago, pero el Señor le infundió tal terror, que 
dio precipitadamente vuelta, y de su ejército perecieron 
todos de enfermedad en el camino antes de llegar á su 



(1) Entre las muchas Escrituras que pudieran citarse, que atestiguan 
la permanencia de D. Pelayo en Celanova, insertaremos estas palabras de 
una, registrada con el núm. LXVIII, lib. I, del Tumbo de dicho monasterio. 
El monje Vistrario ofrece «post partera prefati monasterii uel pontifice dom- 
no Pelagio episcopo, Manillani abbati uel fratribus in ipso loco pie uiuenti- 
bus uillam quam uocitant Villare subtus Seo. Petro de Mezquita territorio 
Bubale subtus Castro Veines.» 

Conocida la fecha en que D. Pelayo se retiró á Celanova y le sustitu- 
yó San Pedro de Mezonzo, fácil es determinar la data de un notabilísimo 
Documento del Tumbo de Samos, que estractó Morales en su Crónica, 
libro. XVII, cap. I, y citó Flórez en las Memorias de las Reynas ca- 
thólicas, tom. I, pág. 66 y 82, insertando una larga cláusula en la nota 1 de 
esta última página. Morales decía que la fecha estaba tan confusa, que sólo 
se podía sacar que el Documento había sido otorgado en 14 de Mayo. Fló- 
rez lo coloca en la página 82, en el año 997; pero como allí aparece la 
firma de D. Pelayo intitulándose Obispo de la Sede Apostólica: Sub divina 
clementia Pelagius episcopus Apostolice Sedis, con la de Hermegildo Obispo 
de Lugo, que también cesó en 985, á este año hay que atribuir la fecha del 
Documento. 

(2) España Sagrada, t. XIV, pág. 472. 



LOS TBES PBIMEBÓS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELAff A 379 

patria (1). Mas aquí Sampiro, ó su interpolador, confun- 
de con la de Almanzor en 997 la que verificó en el 
año 981 Abdallah-Al-Hadjar. Éste no pudo entrar en Ga- 
licia, y no pasó de las inmediaciones de Zamora, aunque 
sí, causó grandes destrozos, y en un sólo distrito destru- 
yó cerca de mil lugares con sus iglesias, llevándose á 
Córdoba 4.000 cautivos (2). 



-h 



(1) Interim Rex Alcorrexi, cum multis agmíníbus Agarenorum per 
Portugalen8em terram intravit Gallaeciam et Compostellam venit et totam 
ipsam terram depopulavit. Ad Ecclesiam vero sive ad Sepulcrum beati Ja- 
cobi cum magna audacia accederé voluit, sed Deo renuente territus rediit; 
sed Rex noster coelestis non est oblitus christianam plebem, misit in Aga- 
renos infirmitatem ventris, et nemo ex eis vivus remansit, qui rediret in 
patriam unde venerat. 

(2) Véase Dozy, Recherches, etc., t. I, pág. 175. 




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CAPITULO XXI 



San Pedro de Mezonzo 




gnoramos si D. Pelayo Rodríguez esta- 
ría á la altura de los acontecimientos, 
que dentro de poco iban á desarrollarse 
en nuestra patria; quizás este mismo 
recelo lo movería á deponer la Mitra y 
á retirarse á Celanova; pero ciertamen- 
te el hombre providencial, cual lo reque- 
rían las circunstancias, era el que á la 
sazón empuñaba el báculo abacial en 
Antealtares. Y quién era este varón 
insigne cuyas relevantes cualidades así lo señalaban pa- 
ra ocupar un puesto tan eminente, tan ambicionado y 
tan expuesto al choque de las diversas y encontradas 
corrientes, que tan agitada y perturbada traían á nues- 
tra región? 



382 LIBRO SEGUNDO 



El abad de Antealtares, Pedro, había nacido hacia el 
año 930 en Curtís, parroquia del partido judicial de Ar- 
zúa, y era hijo de Martín Placencio, descendiente de un 
piadoso caballero llamado también Placencio, que á prin- 
cipios del siglo IX había fundado el monasterio de San- 
ta Eulalia de Curtís (1), y de una distinguida dama de 
nombre Mustacia, la cual en su adolescencia había sido 
ansaria (2) de la Infanta D. a Paterna, madre del Obispo 
Sisnando II. Fruto de tan honrado matrimonio fueron, 
además de Pedro, Adelfio que también fué monje, Vima- 
ra, padre de otro Vimara, Obispo de Orense (3), Aragon- 
ta y Mustacia. Desde sus primeros años, estuvo también 
Pedro al servicio de la referida Infanta y fué su cape- 
llán (4); mas después que esta señora se hizo religiosa, 
vistió la cogulla en el monasterio de Santa María de Me- 



(1) Nuestro dialecto patrio, fiel depositario de nuestras patrias anti- 
güedades, conservó en el lugar de Chácente, de la parroquia de Curtis, el 
nombre de este virtuoso caballero; pues Chácente se deriva de Placencio. 

(2) No podemos decir con certeza lo que significa esta palabra ansaria. 
Puede conjeturarse con bastante fundamento que Mustacia fué dama de 
honor de la Infanta, y que le recogería por medio de una asa (ansa), la cola 
del manto cuando dicha señora se presentase en traje de ceremonia. 

(3) Este virtuoso Prelado mereció ser contado entre los nueve Santos 
Obispos que recibieron sepultura en el monasterio de San Esteban de Ri- 
vas de Sil. El P. Plórez (España Sagrada, t. XVII), lo excluyó del Episcopo- 
logio de la Iglesia de Orense. En la donación hecha en 1042 por el Obispo 
de Lugo á la Iglesia, subscribe Vimara, en esta forma: Auxilio Xpisti fultus. 
Vimarani auriensis Seáis episcopus. (España Sagrada, t. XL, pág. 161.) En 
1045 subscribe otra donación hecha á Celanova: Sub Xpisti nomine Vima- 
rani epiécopi oriensis Seáis. (Véanse Apéndices, núm. LXXV bis). 

(4) Et ipsa infanta (domna Paterna) creavit illum Petrum et fuit capel- 
lanus in casa de ipsa infanta. (Tumbo áe Sobraáo, t. I). — Por su edad, Pe- 
dro que á la sazón tendría á lo más veinte años, no podía ser capellán en el 
sentido que hoy damos á esta palabra, y sí más bien sacristán ó custodio de 
la capilla. 



LOS TRES PRIMEROS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 383 

zonzo ó Mosoneio, que poco después se anexionó al 
de Sobrado. En el monasterio de Mezonzo que estaba tan 
bien surtido de libros (libros nimis dbundanter, como se 
lee en la Escritura de agregación, año 955), pudo adqui- 
rir nuestro Pedro aquel caudal de conocimientos, que lo 
hizo sobresalir entre todos sus contemporáneos. Figura 
de tanto relieve, difícilmente puede contemplarse desde 
un sólo aspecto; procuraremos, pues, estudiarlo en cuan- 
to Monje, en cuanto Obispo y en cuanto celoso é incansa- 
ble restaurador. 



I 

El Monje 




n el año 952, como hemos visto en otra par- 
te, fué cuando se fundó el monasterio de 
Sobrado, y cuando D. a Paterna y su esposo 
D. Hermenegildo se hicieron Religiosos. Desligado en- 
tonces nuestro Pedro de los lazos que le unían al mun- 
do, siguiendo el ejemplo que le daban sus señores, pensó 
también en retirarse á algún lugar en donde pudiera 
dedicarse con más asiduidad á la oración, á la medita- 
ción y al estudio. A unas dos leguas de Curtís había un 
monasterio que gozaba fama de muy observante desde 
los tiempos del abad Reterico, á fines del siglo IX, y 
que poseía una copiosa biblioteca. Este monasterio era 
el de Santa María de Mezonzo ó de Monasterio, pues es- 
te nombre también llevaba por antonomasia. Este con- 



384 LIBBO SEGUNDO 



vento fué el que eligió Pedro para su retiro, y tan rápi- 
dos progresos hizo en el estudio de las ciencias eclesiás- 
ticas, que muy pronto alcanzó fama de sabio; que así le 
califica el Cronicón Iriense en los siguientes términos: 
Monasterii Mosontii sapientem monachum flj. Cuando en el 
año 955 el monasterio de Mezonzo se agregó al de So- 
brado, es de suponer que el monje Pedro pasase á este 
convento, en donde en 9 de Julio de 959 le hallamos 
ordenado de Sacerdote y desempeñando el cargo de no- 
tario, si, como es probable, es suya la siguiente subscrip- 
ción, que figura en una Escritura del Tumbo de Sobrado, 
(tomo I, núm. XX) de dicha fecha Petrus presbyter confír- 
mate qui notavit (2). 

A medida que corrían los días, el nombre de Pedro 
se hacía más ilustre, y la fama publicaba más activa las 
virtudes del Monje de Mezonzo. Los amigos y todos 
cuantos lo conocían, deseaban con ansia verlo colocado 
en un puesto que ofreciese más ancho campo á su celo y 
laboriosidad. No tardó en presentarse la ocasión en que 
pudiesen ver satisfechos sus deseos, porque hacia el 
año 965 vacó la abadía de Sobrado por muerte ó renun- 
cia del abad Diego, que era el cuarto que contaba aquel 
convento; y ya nadie dudó de que pudiese ser otro que 
Pedro, el que ocupase la vacante (3). En sus manos, el 



(1) El P. Car bajo en la Historia del Convento de Sobrado (de la cual se 
conservan algunos ejemplares manuscritos y de uno de ellos es poseedor el 
Sr. D. Jesús Fernández Suárez, de Santiago), valiéndose de una errada lec- 
ción de la Historia Iriense, dice que San Pedro se llamó no de Mezonzo 
sino Mansoro ó Monsoro, por la gran paciencia y mansedumbre que demos- 
tró al tiempo de la invasión de Almanzor. 

(2) La misma subscripción aparece en otras Escrituras hasta el 
año 064. 

(3) El P f Flórez (España, Sagrada, t, XIX, pág. 176), mueve alguna 



LOS TBES PRIMEROS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 385 

10 de Diciembre de 966, hicieron al monasterio la ofren- 
da de todos sus bienes el Obispo Sisnando II y sus her- 
manos D. Rodrigo y D. a Elvira. Dos años después el Rey 
D. Ramiro III, por indicación de su tía la Reina D. a El- 
vira, hizo una copiosa donación á Sobrado y á sus dos 
congregaciones de hombres y mujeres, y a sus respecti- 
vos Abades, la monja Elvira y el presbítero Pedro (Fe- 
mine Geluire confesse et continenti cibbati PetroJ. La Escritura 
termina con esta subscripción: Petras albas notavit (1). 

Por este tiempo ocurrió la invasión normanda, y la 
iglesia de Santa Eulalia de Curtís fué una de las que 
más experimentaron hasta dónde llegaba el furor y ra- 
pacidad de aquellos corsarios. Cuando, merced a la sere- 
nidad de San Rosendo y al valor del Conde D. Gonzalo 
Sánchez, se disipó la tormenta, el venerable Martín con 
sus hijos, el abad Pedro y el presbítero Adelfio, no se 
dio paz hasta que restauró aquella iglesia, en la cual se 
hallaban concentrados todos sus pensamientos y afeccio- 
nes. (Ipse Uei servus Martinus... cooperuit parietes avorum 



duda acerca de la prelacia de San Pedro en Sobrado, fundado en que el 
abad Pedro que sucedió á Diego, vivió según la Cronología de los Abades 
de este Monasterio, que puso Bravo en las Notas á la Regla de San Benito, 
como tal abad hasta el año 990, y que, por consiguiente, tiene que ser dis- 
tinto de San Pedro de Mezonzo, que era Obispo de Compostela desde el año 
985. Si se admiten, como es procedente, dos abades del nombre de Pedro, en 
vez de uno en dicho período, desaparece la dificultad del P. Flórez. El caso 
es que el mismo San Pedro de Mezonzo, en la Escritura del pleito con el 
Obispo de Lugo, D. Pelayo, de que luego hablaremos, insinúa con bastante 
claridad que él también había sido Abad de Sobrado; pues dice que ni en 
tiempo de los tres Abades que cita, Alvito, Guncito y Diego, ni en el suyo 
(nec cum ipsis Abbatibus, nec mecum, hodie XXXannos), no había oído nada 
de lo que en el valle de Presares demandaba el Obispo de Lugo. 
(1) Tumbo de Sobrado, t. I, núm. CIX. 
Tomo II.— 25. 



386 LIBRO SEGUNDO 



suorum, et quantum illi Bominus ad optionem dedit, continua- 
vit et possedit (lj. 

La Historia no nos dice, ni cómo, ni cuándo San Pe- 
dro pasó á gobernar el monasterio de Antealtares, que 
por entonces era el más insigne de la Diócesis compos- 
telana. Es quizás muy probable que San Rosendo, que 
por aquel tiempo regía la Iglesia de Santiago, conoce- 
dor de sus virtudes, lo llamase para presidir en aquella 
ilustre abadía, así como antes había llamado, para pre- 
sidir en la de Celanova, á San Franquila, Abad de San 
Esteban de Ribas de Sil. Lo cierto es que en el año 973 
ó 974, acompañó á San Rosendo en el Concilio que se 
celebró en León para la supresión del Obispado de Si- 
mancas. En las Actas firma, según ya hemos visto: 
Petrus Abba confessor, regenti sciterio Antealtar ios (2). 

Pocas noticias nos quedan de la prelacia de San Pe- 
dro en Antealtares. Sólo hay memoria de la donación 
que á 6 de Junio de 985 le hizo el Conde D. Tello Alví- 



(1) España Sagrada, t. XIX, pág. 385. 

(2) El P. Flórez (España Sagrada, t. XIX, pág. 176), trajo inmediata- 
mente á San Pedro desde Mezonzo á Antealtares, porque, dice, la primera, 
era casa unida á la segunda. En esto se equivocó grandemente el Autor de 
la España Sagrada, y aún contradice lo que dejaba dicho en la página ante- 
rior. Mosoncio estaba agregado á Sobrado desde el año 955. (Véase Apéndi- 
ce, núm. LXVI). Si Flórez excluyó á San Pedro, de Sobrado, en cambio 
Bravo y Carbajo, lo excluyeron de Antealtares. 

En 14 de Mayo de 976, parece, aún estaba vacante la Abadía de Sobrado, 
pues en una Escritura de venta que hizo Recila, no se menciona Abad algu- 
no, y sí sólo la abadesa D. a Elvira. En 978 á 18 de Julio, tenemos ya en So- 
brado á un abad Pedro; pero este Pedro era hermano del Rey D. Ramiro III; 
pues así lo llama éste en el Privilegio que con dicha fecha concedió al mo- 
nasterio: Tibi fratri nostro Petro abbati, Munie abbatisse uel omni congrega- 
tioni fratram et sororum... (Tambo de Sobrado, t. I, núm. CVIII). Aquí, no 
obstante, cabe el recelo de que el copista haya leído fratri en lugar de Patri. 



LOS TRES PBIMEEOS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 387 

tez. Subscriben la Escritura , que se otorgó regnanie 
principe nostro domno Veremudo, los Obispos San Viliulfo 
de Tuy, Hermegildo de Lugo, Pelayo de Iria, Armenta- 
rio de Dumio y Gonzalo de Orense (1). 

Durante este tiempo, tuvo que pasar el Abad de 
Antealtares por amarga y dolorosa prueba, el falleci- 
miento de su buen padre Martín, con la circunstancia 
de no haber podido llegar á tiempo para recibir su ben- 
dición y recoger de sus labios la última recomendación, 
que con el ansia de un agonizante, había querido ha- 
cerle, de que no diese sepultura á su cadáver en otro 
sitio, que en aquel en donde yacían sus padres, sus 
abuelos, su esposa y sus hijos. ¿Con qué ternura y senti- 
miento no describe el mismo San Pedro este lance de 
su vida en la Escritura de restauración de Curtis? «A 
los pocos días — dice — llegué yo pecador Pedro, que en- 
tonces era Abad y ahora, por voluntad de Dios, Obispo, 
llorando á mi benignísimo padre. Muchos de sus vecinos 
y amigos me refirieron minuciosamente todo cuanto ha- 
bía hecho en sus últimos momentos, y cómo me había 
requerido y conjurado para que hiciese lo que él había 
dispuesto» (2). Mas si el corazón de San Pedro debió de 
quedar traspasado de dolor al escuchar este relato, no 
sintió menor consuelo al saber lo maravilloso de la 
muerte de su padre, el cual, como se dice en la Escritu- 



(1) Esta Escritura, que está ya casi borrosa, se guarda en el archivo 
de la Escuela Diplomática de Madrid. 

(2) Ad non multos dies veni ego peccator Petrus, qui tune eram Abbas, 
nunc vero nu tu divino Episcopus, plangens benignissimum patrem meam, 
et omnes alii adjacentes convicini et amici ipsius patris mei ad singula 
narrantes quidquid gessit ad extremara horain, et quoraodo me sanctificaret 
si fecissem quod ille taxaverat, (España Sagrada, t. XIX, pág. 385). 



388 



LIBKO SEGUNDO 



ra citada, migravit mirifice acl Dominum. Fuertemente im- 
presionado, dejó el Abad de Antealtares á Curtís, y en 
sus oídos iba de continuo resonando el eco de las últi- 
mas palabras pronunciadas por su padre, y transmitidas 
por los que habían presenciado sus últimos instantes. 

Tales fueron los caminos que hasta aquí fué reco- 
rriendo el hijo de Martín Placencio, dejando en todos 
ellos muy marcadas huellas de virtud, de prudencia y 
santidad nada comunes. 




II 



El Obispo 



ua:ndo á fines del año 985 el Obispo 
compostelano, D. Pelayo Rodríguez, se 
decidió á renunciar la Mitra, indispu- 
tablemente en la Diócesis la persona que entre todas 
las clases, aún las más encumbradas, gozaba de mayor 
crédito y consideración, era el Abad de Antealtares. 
Cuando llegó el momento de la elección, todos los votos 
recayeron en él. A cundís ¿enioribus Loci San di d'gnc ele- 
dum, dice el Cronicón Iriense. La elección y consagración 
debieron tener lugar entre el 29 de Septiembre, en que 
D. Pelayo aún firma como Obispo de Iria un Privilegio 



LOS TRES PBIMEBOS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 389 

de Celanova (1) , y el 1G de Noviembre del mismo 
año 985, en que en otro Documento de la Santa Iglesia 
de León (2) ya subscribe el Abad de Antealtares, inti- 
tulándose Obispo de Iria y de la Sede Apostólica. 

Colígese de este último Documento que D. Bermudo 
quiso celebrar en León una especie de Cortes en las cua- 
les fuese pública y solemnemente reconocida por todos 
su autoridad (3), para poder decir después, como liemos 
visto en la pág. 375, que reinaba pacíficamente sin que 
nadie en toda la extensión de sus Estados osase contra- 
decirle. A estas Cortes de León asistieron los dos Obis- 
pos de Compostela, el recién consagrado y el dimisiona- 
rio; de lo cual es dado inferir, que si D. Bermudo expul- 
só á D. Pelayo, como se pretende, de Compostela, no le 
expulsó de su Corte, ni tampoco le excluyó de su Conse- 
jo. A 1 de Enero de 986 confirmó también San Pedro el 
Diploma que D. Bermudo otorgó a Celanova (4). 

El alto concepto que D. Bermudo II se tenía forma- 
do de las eminentes virtudes de San Pedro, se patentiza 
en el Privilegio, que á 7 de Febrero de 986 (5) concedió 
este Monarca á la Iglesia de Santiago. En el año 981, 
Almanzor tomó por asalto la ciudad de Simancas, pasó 
á cuchillo á la mayor parte de sus habitantes y á los 



(1) Lib. III, núm. XLIII. 

(2) España Sagrada, t. XXXIV, Apénd. núm. XXIII. 

(3) En este Documento subscribe también: Freduarius abbas in loco 
apostólico. 

(4) In presentia dominissimi Itermudus... residente in solio ad Cathe- 
dra sua cum omnem totam Palatii sui filii bene natorum et Pontificum 
multorum, id sunt, Viliulfus, Sabastianus, Virmundus, Armentarius, Salo- 
moni, Petrus, simul et Pelagius, quorum concilium adunatum judicum 
et abbatum... 

(5) Véase España Sagrada, t. XIV, Apéndices X, t. XIX, pág. 179. 



390 LIBBO SEGUNDO 



otros los llevó cautivos á Córdoba, en donde encerrados 
en oscuros calabozos y cargados de cadenas, lejos de 
abatirse y titubear en la fe ante aquella inmensa des- 
gracia, cantaban himnos de alabanza al Señor, á quien 
plugo purificarlos y someterlos á tan terrible prueba. 
Dos años y medio soportaron con gran resignación aquel 
duro cautiverio, y al cabo de ellos alcanzaron, por me- 
dio del martirio, la libertad y el descanso eterno en la 
morada celestial. 

Al posesionarse D. Bermudo del reino de León, ha- 
bía querido gestionar su rescate, y con tal objeto envió 
legados á Córdoba; pero cuando éstos llegaron, ya los 
cautivos habían sido martirizados. Entre estos heroicos 
cristianos, se distinguía un varón piadosísimo llamado 
Domingo Sarracino, el cual tenía cortijos, aceñas y 
otras propiedades cerca de Zamora. Como Sarracino no 
tenía herederos, D. Ramiro III se incautó de sus bienes, 
que consideró como mostrencos, ó por el derecho de ma- 
ñería ó maniadigo; mas D. Bermudo, considerando inde- 
coroso que el dueño estuviese reinando en el Cielo y sus 
bienes en poder de manos seglares, los donó á la Iglesia 
de Santiago y á su Obispo Pedro, á quien llama amado 
de Dios, dilectus Dei. Subscriben la donación, que publicó 
Flórez en el tomo XIV, Apéndice X, de la España Sa- 
grada, los Obispos Sebastián de Salamanca, Gonzalo de 
Astorga, Sabarico de León, Armentario de Dumio, Pe- 
layo de Coimbra y Pedro de Iria (1). 



(1) «Inutile et inconveniens erat, ut ille (Dominicus) esset in regno 
celorum, et hereditatem eius possideret rustica et laicalis conventio.» 

Flórez tomó su copia de Ambrosio Morales, el cual puso por fecha 
Era post millenam tertia scilicet et decima. La fecha en el Tumbo A, fol. 17, 
que es el original de que se valió Morales, es Era post millena III scilicet 



LOS TRES PRIMEROS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 891 

r 

A 1 de Junio del mismo año 986, dio D. Bermudo á 
Santiago, vóbis patrono meo Seo. Iacobo apostólo, un cortijo 
en León, que había sido de Paterno Iustiz y de su espo- 
sa María. Subscriben el Diploma los Obispos Viliulfo, 
Gonzalo, Bermudo, Armentario, Sabarico y Pedro, y los 
abades Diego, Pascual, Julián y Pedro (1). El piadoso 
Monarca quería tener asegurado el patrocinio del Após- 
tol ante las gravísimas contingencias que previa. Sabía 
que tarde ó temprano tendría que habérselas con el te- 
rrible Almanzor; conocía el estado de sus fuerzas, que 
se hallaban muy divididas, pues muchos de los Condes 
,que se llamaban sus subditos, inquietos y turbulentos de 
profesión, se le rebelaban con frecuencia, y aún eran 
capaces de entrar en tratos con los musulmanes. Todo 
esto tenía acongojado á D. Bermudo; y ya que en lo hu- 
mano no veía suelo firme en que poner el pie, volvía los 
ojos al Cielo implorando auxilio oportuno. 

La sierra del antiguo monte Ilicino, hoy Picosagro, 
fué en otro tiempo, como hemos dicho, gran plantel de 
monjes y anacoretas, que habitaban unos su cumbre, 
otros sus laderas, y otros las más ásperas quebradas de 
aquella histórica montaña. Cerca del famoso sitio por 
donde el Ulla atraviesa dicha sierra, había un grupo de 
basílicas, de las que la principal era la de San Juan da 
Coba, ó del Yermo. Las basílicas estaban dedicadas á 
San Mamed, á San Jorge, á San Vicente y á San Juan 
Bautista, etc.; tenía cada una su comunidad de religiosos 



et X. Mas aquí hay evidentemente yerro, y así debe corregirse, como pro- 
puso Flórez (España Sagrada, t. XIX, pág. 179), de modo que resulte el 
año 986. 

(1) Véanse Apéndices, núm. LXXVII, 



392 



LIBBO SEGUNDO 



ó religiosas; y todas ellas estaban regidas por el abad 
Grundesindo Sarraceniz. Al servicio de cada una de es- 
tas basílicas y comunidades, había destinados varios 
hombres, que voluntariamente vinieran de los Condados 
de Lobeira, Tabeirós, Deza y otras partes. D. Bermu- 
do II, por hacer bien á estos monasterios y en remisión 
de sus culpas, el 7 de Marzo de 987, otorgó á estas igle- 
sias un Diploma por el cual dispuso que dichos hombres 
sirviesen á los monasterios en la condición de ingenuos, 
sin que nadie pudiese molestarlos, ni someterlos al pago 
de tributo alguno, aún de los pertenecientes al Real 
Fisco. La misma exención otorgó D. Bermudo á todos 
los pecheros que en lo sucesivo viniesen espontáneamen- 
te, aún desde segundo y tercero Condado, á prestar sus 
servicios en las referidas iglesias. Firman el Privilegio, 
que fué confirmado por D. Alonso V y D. Fernando I, 
el Prelado compostelano y varios Magnates (1). 

En este mismo año 987, tuvo que hacer San Pedro 
un viaje á las montañas de Sobrado. El motivo que allá 
lo llamaba era una cuestión que había surgido entre el 
Obispo de Lugo, D. Pelayo, y el monasterio en que nues- 
tro D. Pedro había sido Abad, y que continuaba consi- 
derando como cosa propia. Fundado en algunas Escritu- 
ras del archivo de su iglesia, reclamaba el Obispo de 
Lugo al monasterio varios pechos y servicios que al- 



(i) Véanse Apéndices, núm. LXXV1IL— En 29 de Octubre de 996, 
otorgó D. Bermudo un Privilegio semejante, á la Comunidad de Ermitaños 
de Parameño, concediendo un hombre que con su familia sirviese no como 
esclavo, sino como ingenuo, á cada una de las Ermitas de que se componía 
la Comunidad. (España Sagrada, t. XXXIV, pág. 306). 



LOS TRES PRIMEROS SIGLOS DE LA. I. COMPOSTELA.NA. 398 

gunos de los habitantes en el Condado de Presares de- 
bían pagar á la Iglesia lucense. Negaba el monasterio 
que la Iglesia de Lugo tuviese derecho alguno sobre los 
habitantes de Presares; pues todo este territorio con sus 
habitantes había sido donado á Sobrado desde el año 958 
por el Rey D. Ordoño IV. Para ventilar, pues, esta 
cuestión, reuniéronse en la iglesia de San Pedro de Pre- 
sares el Obispo de Lugo y el Prelado compostelano, que 
salió á la defensa del monasterio, juntamente con otras 
muchas personas, así eclesiásticas, como seglares. 

Constituido el Tribunal ó Concilio, el Obispo lucen- 
se propuso su demanda, según el tenor que arriba he- 
mos indicado. Tomó después la palabra D. Pedro, y con- 
testó en los siguientes términos: «Créame vuestra Cari- 
dad, mi venerable señor y pontífice, que tengo ahora 
57 años, y habité en Sobrado en tiempo de los abades 
Alvito, Guncito y Diego, y pongo por testigo á Dios, 
que no necesita de otro testimonio, de que ni en mi 
tiempo, ni en el de dichos Abades, desde hace 30 años, 
nada más supe, ni tuve otra noticia, sino que el Rey 
D. Ordoño (el IV), de buena memoria, concedió á este 
monasterio el commisso de Presares.» 

En vista de esto, dispuso el Concilio ó Jurado que se 
nombrasen dos fieles ó investigadores que averiguasen lo 
que había de cierto sobre el particular; y por parte de 
la Iglesia de Lugo fué nombrado el abad Alfonso, y por 
parte de Sobrado el abad Adelfio. Catorce días anduvie- 
ron los dos investigadores recorriendo las aldeas y luga- 
res de Presares preguntando á jóvenes y á ancianos, si 
tenían noticia de lo que se contenía en la demanda del 
Obispo de Lugo. Al decimoquinto día se presentaron 
ante el Jurado á dar cuenta del resultado de su investi- 



394 



LIBBO SEGUNDO 



gación, y declararon que á nadie habían hallado que 
supiese la más mínima palabra de lo que demandaba el 
Obispo D. Pelayo. 

Pocos días después, volvieron á reunirse en la iglesia 
de San Julián de Ghidín, á unas tres leguas al Sudoeste 
de Lugo, los dos Prelados con el de Tuy, San Viliulfo, y 
un gran número de hombres buenos para constituir el 
Jurado. Sentados todos en círculo fin clrcuitu), requirie- 
ron de nuevo á los dos investigadores para que manifes- 
tasen lo que habían averiguado durante su comisión. 
Alfonso y Adelfio repitieron lo que ya habían declarado 
en San Pedro de Presares; pero á esto repuso el Obispo 
de Lugo, que los habitantes de aquella comarca trata- 
ban de ocultarle la verdad. 

Entonces acordó el Jurado que los investigadores, de 
cada aldea de las que componían el comrnisso, á saber, 
de Sobrado, Golimbrianos (Cumbraos), Gritario, Folgoso, 
Presares, Villarplano (Vilarchao), Manadelos, Villamauri 
(Villamor) y Poade, designasen dos vecinos de los más 
honrados y de más arraigo, que declarasen, bajo jura- 
mento, lo que sabían sobre el particular. El presbítero 
Fulgencio, que hacía de alguacil, presentó á los designa- 
dos, que eran de los más nobles y ricos (nóbilior-es et locu- 
pletes), ante el altar de San Julián, y allí todos unánime- 
mente juraron por Dios y por su divina palabra, que 
sabían, por lo que ellos mismos habían visto y por lo que 
habían oído á los que fallecieran en los últimos cincuenta 
años, que la Iglesia de Lugo no tenía derecho alguno so- 
bre los habitantes de Presares. Los presarenses, añadie- 
ron, nunca pagaron más tributo que lo que los demás in- 
genuos pagan al Rey, hasta que D. Ordoño concedió este 
commisso al monasterio de Sobrado. Y declaramos que 



LOS TRES PRIMEROS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 395 

en este juramento no hay fraude alguno; y si somos per- 
juros é invocamos falsamente el nombre de Dios, seamos 
reos de lesa Majestad divina y quedemos sujetos ala 
"pena caldaria. 

Apelóse, pues, á esta prueba; nombráronse fieles para 
su ejecución, por parte de Lugo al abad Alfonso, y por 
parte de Sobrado al monje y presbítero Trasuario; y en 
el día señalado se presentó, para sufrirla, un virtuoso 
Sacerdote llamado Salamiro. Diez piedras sacó Salamiro 
del fondo de un caldero de agua hirviendo; y terminada 
la operación, los dos fieles le vendaron el brazo y sellaron 
las ligaduras. Al cuarto día rompieron los fieles los sellos; 
quitaron las vendas, y apareció el brazo, en medio del ge- 
neral asombro, sano é ileso, sin señal alguna de quema- 
dura. En vista de este prodigio, el Obispo de Lugo desis- 
tió de su demanda, y al punto firmó la Escritura reco- 
nociendo la libertad y exención de los habitantes de 
Presares. Subscriben este curioso Documento, que se re- 
gistra en el Tumbo de Sobrado, y publicó Flórez entre los 
Apéndices del tomo XIX de la España Sagrada, además 
de los Obispos de Lugo, Compostela y Tuy, los fieles 
Alfonso y Trasuario, el alguacil Fulgencio, el propio Sa- 
lamiro, los abades Ghindesindo, Requilán, Pedro, Galin- 
do y Manilán, los nobles Froilán Vimáraz y Pelayo Me- 
néndez y otras muchas personas. 

Ahora que hemos visto con que celo y entereza de- 
fendió San Pedro los intereses del monasterio de Sobra- 
do, fácil es concebir con que solicitud no miraría por los 
derechos de su Iglesia Catedral. Por consideración á sus 
graves y autorizadas instancias, hizo D. Bermudo que 
se devolviesen á la Iglesia de Santiago los bienes y ha- 
ciendas de que había sido privada en tiempos anterio- 



396 LIBUO SEGUNDO 



res (1). Esto quizás principalmente se refiera al arce- 
dianato de Saines, cuyos frutos y obvenciones el Obispo 
Sisnando II, en circunstancias difíciles y apremiantes, 
había distribuido entre los caballeros de la comarca 
para estimularlos con este aliciente á ser más vigilantes 
y animosos contra las incursiones de los normandos. 
Conseguido esto, no cesó D. Pedro un instante hasta es- 
tablecer en su Iglesia una administración bien organi- 
zada y vigorosa á la vez, que además de fomentar los 
productos de los bienes eclesiásticos, impidiese que éstos 
fuesen á parar á manos extrañas, ó se distrajesen de su 
propio destino (2). 

Es de creer que ya entonces, atendida la masa con- 
siderable de bienes inmuebles que poseía la Iglesia, se 
introdujesen, si es que no estaban introducidas desde los 
tiempos de Sisnando I, las tenencias, decanías, honores ó 
mandatíones, que eran lotes ó porciones, que por un mó- 
dico canon ó por ciertos servicios, se adjudicaban en un 
principio indistintamente á seglares ó eclesiásticos, y 
después exclusivamente á los ministros de la misma 
Iglesia. 

Respecto de los Votos, es de suponer que para facili- 
tar su cobranza en tiempos tan revueltos y tan sujetos 
á continuos cambios políticos, celebraría San Pedro con- 
cordias con las iglesias y monasterios obligados al pago, 



(1) Huius (Petri) ergo sanctitate et religione dominus Rex Veremu- 
dus, superni timoris amore interveniente, compunctus, quidquid Ecclesia 
bti. Jacobi temporibus omnium Episcoporum amiserat, huic reverendissimo 
viro omnino praecepit restituí. (H. Comp., lib. I, cap. II, pág. 14). 

(2) Qui (Petrus) honores et dignitates et familias Ecclesiae, et reddi- 
tus et vota et omnem honorem et bonum statum rectum reduxit. (Cronicón 
Iriense, en el t. XX de la España Sagrada, pág. 607). 



LOS TRES PRIMEROS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 397 

por ejemplo, como la que se hizo con el monasterio de 
Samos (1), 

La solicitud del Prelado compostelano alcanzó tam- 
bién á los monasterios anejos á la Catedral. El convento 
de Monjas de San Esteban de Boiro, sito en la ría de 
Arosa, había sido uno de los quemados y destruidos en 
el año 968 al tiempo de la invasión normanda. Sus bie- 
nes quedaron casi del todo abandonados y sin cultivo. 
Estaba, pues, perdida aquella hacienda y sin producir 
fruto alguno. Por otra parte, San Pedro no creyó opor- 
tuno reedificar un convento de monjas en aquellas cos- 
tas tan frecuentemente asaltadas por los corsarios; juz- 
gó más conveniente agregar aquella hacienda á algún 
monasterio poderoso, que pudiese guardar y utilizar 
aquellos bienes en servicio de todos. Unió, pues, todas 
las tierras que habían sido de San Esteban de Boiro al 
monasterio de Antealtares, para que éste pusiese allí 
labradores que las cultivasen y aprovechasen, y se en- 
cargase del culto de la nueva iglesia que con tal motivo 
hubo de construirse (2). 

Al mismo monasterio de Antealtares, en 25 de Mar- 
zo de 988, hizo donación de cuantiosos bienes el monje 



(1) Por esta razón, dicen algunos autores, que la firma del Obispo 
Iriense Pedro que aparece en alguna de las copias del Privilegio de los Vo- 
tos, es de nuestro San Pedro, que firmó algunos de los ejemplares expedi- 
dos con motivo de estas gestiones. 

(2) Yepes, Coron. gen. de San Benito, t. IV, pág 55. — La anexión se 
hizo en el año 990. Por este tiempo debieron también agregarse á Ante- 
altares los monasterios de San Martín de Corenza (hoy iglesia parroquial 
en el partido de Noya), San Martín de Ozón (iglesia parroquia] en el dis- 
trito municipal de Mugía) y Santa María de Portor, Portus Odorii (iglesia 
parroquial en el juzgado de Negreira). 



398 



LIBEO SEGUNDO 



Leodefredo. Ofrece á Dios omnipotente, á Santa María 
siempre Virgen, á los bienaventurados Apóstoles Pedro, 
Pablo y Tomás, á San Pelayo mártir y á San Nicolás 
confesor, cuyas reliquias se guardan en el monasterio de 
Antealtares, construido cerca de la Basílica del Beatísi- 
mo Apóstol Santiago, en la villa de Compostela (in villa 
Cornpostella), al abad Gutierre y á todos los monjes, la 
iglesia de San Mamed, San Pelayo y San Miguel del 
Monte, en el partido de Negreira, con los lugares de 
Duomes, Suilán, Nantón, Trians, Buchain, Pazos, etc.... 
Subscribe la Escritura en el siguiente modo, el Obispo 
D. Pedro: Stib Xpisti nomine Petrus iriense et apostolice Seáis 
episcopus confirmo (lj. 

Pocos años después, Suero Rodríguez y Elvira Ramí- 
rez, donaron al monasterio de Antealtares, fundado al 
lado del templo de Santiago (fundatum ad latus templum 
bti. Iacobi apostoli), la villa de Marotio hacia Arzúa, y ade- 
más varias familias de siervos. Confirmó esta donación 
el Rey D. Bermudo, y subscriben como testigos Velasco 



(1) De un ejemplar ya muy estropeado del siglo XII y de hermosa le- 
tra francesa, que se conserva entre los Documentos procedentes de San 
Martín, en la Biblioteca de la Universidad de Santiago. 

A continuación de la de San Pedro está la firma de su capellán, el pres- 
bítero Pedro, en esta forma: Petrus presbyter eius capellanus et cho... napa... 
confirmo. 

Por este Documento conocemos también los nombres de algunos de los 
principales miembros del Clero Catedral, como: Visclamundus primicle- 
rus..., airazco Rapinadiz que et maiordomus, Froila Didaci diaconus, Gudi- 
nus diaconus que et primiclerus, Renamirus Prosperis, diaconus, Guterus, 
Muninz, diaconus, Didacus Archipresbyter, Aloytus Froylaz, Petrus albas, 
Petrus preposiius. Se citan asimismo los nombres de los monjes de Anteal- 
tares, Baltario, Sandino, Rodrigo, Pedro, Geodesindo, Argemiro, Gulderigo 
y Emilo, del anacoreta (anagoretvs) Pedro, y del hermano (frater) Romari- 
go, que sería seglar, 



LOS TEES PBIMEBOS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 399 

Eneguiz, Fromarigo Spasandiz, Egika Veremuiz, Bera 
Sandizniz, etc.... (1). 

En San Martín Pinario introdujo San Pedro una im- 
portante mejora, que evitó á los Monjes graves y conti- 
nuas molestias . Hallábase este monasterio edificado 
fuera del recinto murado de la ciudad; pero los Monjes 
tenían que concurrir á todas horas para celebrar los Ofi- 
cios divinos, ó en la Catedral ó en su propia iglesia de 
la Corticela. Esto era, sin duda, muy molesto y aún pe- 
ligroso, especialmente en las altas horas de la noche. Y 

San Pedro prescindió del antiguo oratorio dedicado á 

* . . . 

San Martín, que ya existía en el convento; hizo construir 

una iglesia más capaz, y con consentimiento del Cabil- 
do autorizó á los Monjes para que en ella celebrasen to- 
dos los Oficios del culto (2). Regía por entonces esta casa 
el abad Riquilano. 

Otras muchas oportunas medidas debió tomar San 
Pedro para hacer florecer la Religión y la piedad en su 
Diócesis, que por otra parte, edificaba con su ejemplo y 
doctrina. Mas sus desvelos no se limitaban al sólo pasto 
espiritual de los fieles que le estaban encomendados; 
también en lo temporal se manifestaba como una provi- 



(1) De un pergamino que se guarda en la Biblioteca de la Universi- 
dad compostelana. Merece conocerse esta cláusula referente á los siervos, y 
aunque en parte está ya borrosa: Non damus eis licentiam in alio loco trans- 
ferre, nec vende ndi Ínter se ad invicem... 

(2) Quia grave erat monachis ad Sanctuin Iacobum, vel ad proprium 
titulum Sanctae Mariae de Cortecella, cotidie confluere, cuidam Potro Epi- 
scopo, viro religiosísimo, et dominis Sancti Iacobi placuit intra Pinarii 
claustrum fabrican habitaculum Dei parvulum in lionore Sancti Martini 
Episcopi et Confessoris. (Yepes, Coron. gen. de San Benito, t, IV, Apéndice, 
núm. XII). 



400 LIBRO SEGUNDO 



dencia que se extendía á todos los menesterosos. Él era 
el padre de los pobres, el tutor de los desvalidos, el d e- 
fensor de los débiles contra las continuas demasías y 
atropellos de los poderosos; y todos los que á él acudían, 
obtenían benigna y paternal acogida (1). 

Frecuente mención se halla de San Pedro en los Di- 
plomas de aquella época. Aparece su subscripción en un 
Privilegio de Celanova de 24 de Diciembre de 988 (cum 
aám'fica Dei potentia Petras Iriensis et Apostolieae Seáis Epi- 
scopus); en otro, concedido también por D. Bermudo II 
en el año 990 al monasterio de Carracedo en el Bierzo; 
en otro del mismo Monarca á la Santa Iglesia de Lugo, 
de 1 de Marzo de 991 (Sió Xpisti nomine Petras Iriensis Se- 
áis et Seáem Sancti lacóbi Apostoli praesal, Dei gratia, episco- 
pus), etc.. No podía ser de otro modo, atendido el gran 
aprecio que de él hacía el Rey D. Bermudo, del cual 
era nuestro Obispo principal consejero en unión con 
otros dos insignes Prelados gallegos, Armentario de Du- 
mio ó Mondoñedo y San Viliulfo de Tuy. 

En 24 de Mayo de 991, otorgó D. Bermudo á la 
Iglesia de Santiago un notable Privilegio, que publicó 
Flórez en el tomo XIX de la España Sagraáa, pág. 379 y 
siguientes. Después de un elocuente preámbulo, que pa- 
ra aquella época hace honor, sino al Rey D. Bermudo, 
al notario que extendió el Documento, sigue una exten- 
sa relación de los bienes que ofrece al Santo Apóstol y 
al Obispo compostelano, D. Pedro. Dona D. Bermudo el 



(1) Estoes lo que viene a decir en k>3 siguientes términos el Rey Don 
Bermudo II en un Diploma del año 991, de que luego hablaremos: cPetro 
Episcopo, qui ipsa Sancta Sede populum Dei etgregem clominicum pascit ac 
regit carnaliter ac spiritualüer f'ovet tuelur.» 



LOS TBES PRIMEROS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 401 

Señorío y propiedad del valle de Salvatierra, que había 
heredado de su padre D. Ordoño III. El valle de Salva- 
tierra está en la parte meridional de Galicia. Por el Sur 
lo limita el Miño, y lo riega á lo largo el río Tea. Ya en- 
tonces contaba con algunas iglesias y poblaciones, como 
la de Verdukgio, la de Frexenedo, las dos aldeas llamadas 
Villaverde, la de Santolobari (Santa Comba de Sotolobre), 
la de Moraría (San Martín de Moreira), la de Nesperaria 
(Nespereira), la de Caretello, la de Bania (Raña, lugar 
en San Martín de Moreira), la de Casal en San Verísi- 
mo de Arcos, la de Boga, la de Asantei (San Pedro de 
Arantei. La villa principal era la de Latid urium ó Laci- 
torium, en el siglo XIV Lazoiro, y desde fines del si- 
glo XV Salvatierra. Dona también D. Bermudo otras 
trece aldeas que estaban de la otra parte del Miño en 
Portugal; el commisso ó Condado de Farum Brigantium 
con la ciudad que cerca del Faro se había edificado en 
los antiguos tiempos; y en el territorio de Deza, cerca 
del monasterio de Pilono, la aldea de Pastoriza (1). 

Una circunstancia singular y especial hay en este 
Privilegio; y es que D. Bermudo reservó á favor de Don 
Pedro, y mientras él viviese, el usufructo de todos estos 
bienes, aún en caso de que el venerable Prelado renun- 
ciase la Mitra y se retirase á algún monasterio (2), pa- 



(1) De esto se infiere, que cuando Dozy dijo (Histoire des musulmans 
d'Espagne, t. III, pág. 200) que D. Bermudo después de la pérdida de León, 
quedó sólo reducido á los distritos próximos al mar, se expresó con bastan- 
te exageración. 

(2) Dum iste pontifex Petrus vivus fuerit, sive in eadem (sede), si ve 

in monasterio, sint illi omnia in stipendio usui fructuario. Post recessum ve 

ro ejus, etc. 

Termina D. Bermudo esta Escritura, que subscriben San Pedro y v,i- 
Túmo II.— 26. 



402 LIBRO SEGUNDO 



sando después todos íntegramente al dominio de los mi- 
nistros del Templo apostólico y de los que en él se 
ocupaban en el canto de la divina Salmodia. 

Dos años después, el 12 de Abril de 993, concedió 
D. Bermudo á la Iglesia de Santiago la villa de Puerto- 
marín, en la margen izquierda del Miño, de la cual se 
había apoderado con ocasión de la rebelión de que ha- 
blaremos en el artículo siguiente, juntamente con la de 
San Pedro de Recelle. 

A fines del siglo IX, ó quizás antes, tres matrimo- 
nios cuyos varones se llamaban Al vito, Cendón y Sige- 
redo, se posesionaron de un terreno abandonado, que 
estaba á orillas del Tambre, en el territorio de Presares. 
A fuerza de perseverancia, lo redujeron á cultivo, y 
cuando la tierra comenzaba á pagarle con opimos fru- 
tos las fatigas que allí habían pasado, pensaron en le- 
vantar una iglesia, que fuese como la morada de su 
espíritu, ya que el cuerpo tenía la suya en los humildes 
edificios que para vivienda habían construido. Dedica- 
ron la iglesia á las santas Vírgenes Eulalia y Cristina, 
en un lugar abundante en heléchos, y que por esto se 
llamaba Filicosus ó Folgoso. Muertos los tres fundadores, 
sus descendientes continuaron cultivando aquel lugar, 



ríos Obispos y Abades, con esta tierna plegaria: «Te pedimos, Santo Padre, 
Eterno Dios, qne este pequeñísimo don hecho á tu Apóstol se multiplique 
ante vuestra presencia, y que así como los de Abel y Melquisedech os fue- 
ron tan aceptos, así éste se nos haga abundante y pingüe en vuestra santa 
presencia.» 

En esta Escritura hace mención D. Bermudo, de su tío el Infante Don 
Bermudo (Véase Flórez, Mem. de las Rey ñas CathoL, t. I, pág. 97), por 
cuyo eterno descanso se había donado á la iglesia de San Torcuato la mitad 
de la villa de Verdulegio. 



LOS TKES PBIMEHOS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 403 

y haciendo las mejoras que su posibilidad les permitía. 
Ildeberto, nieto de uno de ellos, reedificó y agrandó la 
iglesia y puso en ella á un sacerdote llamado Oilán, que 
celebrase Misa y los demás Oficios sagrados. 

Oilán hizo Escritura de satisfacer á D. Pedro las ter- 
cias de aquella iglesia, como las satisfacían las demás 
iglesias de la Diócesis; pero muerto Oilán, el presbítero 
Varginán y su primo Sigeredo, descendientes de los 
fundadores, reclamaron contra esta obligación de Oilán, 
fundados en que dicha iglesia era de propiedad particu- 
lar, y que por lo mismo no estaba sujeta en esto al Dere- 
cho común. San Pedro atendió sus reclamaciones; pero 
Varginán y su primo no pretendían sino que se les reco- 
nociese su derecho, pues hicieron donación al Prelado 
de la iglesia y de todos sus frutos, con la condición de 
que todo lo referente al culto quedase á cargo de Don 
Pedro. Encomendaron también á su inmediato cuidado 
la iglesia de San Miguel de Osoari, que debe ser la de 
San Miguel de Boimil, y la de Santiago de Bove mortuo 
(Boimorto). Al mismo tiempo, la abadesa Odrocia y la 
monja Argilona, que debían ser parientas de Varginán 
y Sigeredo, otorgaron al Obispo el lugar de Bartinone 
(Barcioy), á orillas del Tambre, en el territorio de Pre- 
sares. Fechóse la Escritura en 18 de Julio de 094 (1). 

Del contexto de esta Escritura, y de lo que D. Ber- 
mudo manifiesta en la donación del añoí)01 (2), se de- 
duce que D. Pedro abrigaba la idea de renunciar el 
Obispado, y retirarse como hacían otros muchos Prela- 



(l) Véanse Apéndices núm. LXXX.— En esta Escritura firman los 
diáconos Gutierre, Arias, Ero, otro Arias, Valario, Vistruario y Froilán, 
que debían ser Canónigos de Santiago. 

( l 2) Véase la nota 2 de la pág. 401. 



404 LIBRO SEGUNDO 



dos en aquella época, á algún solitario monasterio, en 
dónde con más tranquilidad y sosiego, pudiera dedicar- 
se á la meditación y á la contemplación de las verdades 
eternas; pero pronto los graves sucesos que sobrevinie- 
ron, le obligaron á desistir de sus propósitos. 

La piedad, era una de las notas características de 
nuestro Prelado. Humilde y contrito en la presencia de 
Dios, devoto y fervoroso en la de la Santísima Virgen y 
de los Santos, era también piadoso y solícito para con 
los suyos, y en especial para con sus padres. Las últimas 
palabras del anciano Martín Placencio, tan profunda 
impresión habían hecho en su ánimo, que no pudo ha- 
llar sosiego mientras no vio cumplido el supremo encar- 
go que en ellas se le hacía. Esta gran satisfacción para 
su corazón de hijo amante y cariñoso, le cupo el 1 de 
Julio del año 995. Pero antes de llegar á este término, 
¿cuántas ansias y cuántas fatigas? San Pedro había de- 
rribado la iglesia vieja de Curtís; la había reedificado 
de nueva planta: con ímprobo trabajo había apeado las 
propiedades que de antiguo poseía la casa; por compras 
ó por donaciones había adquirido otras muchas hacien- 
das, y entre ellas, cerca de la misma iglesia, una de 
tanto valor que por ella había pagado en yeguas, caba- 
llos y paños cien siclos; había reunido y arreglado todo 
el mobiliario, así de la iglesia, como de la casa; y cuan- 
do, por fin, lo tenía todo dispuesto, invitó á las princi- 
pales personas del Clero de Galicia y aún de León para 
que concurriesen á la gran solemnidad que estaba para 
celebrar el día que hemos indicado, con motivo de la 
consagración de la nueva iglesia. 

Concurrieron el decano de los Obispos del reino, San 
Viliulfo de Tuy, Armentario de Dumio, Pelayo de 



LOS TRES PRIMEROS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 405 

Lugo, Gudesteo de Oviedo, Jimeno de Astorga y Froi- 
lán de León; los abades San Manilán de Celanova, que 
también se intitula anacoreta; Diego, otro Abad anaco- 
reta; Riquilano, Abad de San Martín de Santiago; Pe- 
dro, Gausendo, Galindo, Ildebedro, Visterla, Silón y 
Rodrigo; Pedro, prepósito de Antealtares; Teodomiro, 
prepósito de Soñeiro; Palmerio, prepósito de Mezonzo; 
Argesindo, prepósito de Brates; Trasuario, prepósito de 
Sobrado, varios Canónigos de Compostela y otros mu- 
chos Presbíteros y Clérigos. Veíase también allí congre- 
gado el Clero de las iglesias filiales de Curtís, dedicadas 
á Nuestra Señora, á San Pedro y San Pablo, á San Ci- 
priano, á San Martín y á San Pelayo, el de otras mu- 
chas iglesias vecinas y un inmenso concurso de fieles 
atraídos por la fama de la gran fiesta que iba á cele- 
brarse. Hízose la consagración en medio del júbilo ge- 
neral, y San Pedro, profundamente conmovido, firmó 
la Escritura de dote, que como era de rito, mandó ex- 
tender en aquel memorable día. En ella se hace relación 
de los vasos sagrados, de las alhajas, de los libros y or- 
namentos dados á la iglesia; del mobiliario, del ajuar y 
del ganado con que surtió la casa; y de las tierras y po- 
sesiones que destinó para sostén y mantenimiento del 
culto y de sus ministros. En esta Escritura invita á sus 
hermanos y á sus hermanas y á sus demás parientes 
consanguíneos, á habitar en aquella casa, haciendo vida 
santa, y encomienda el gobierno de ella á su sobrino el 
Sacerdote Vimara, que después fué Obispo de Orense, 
prohibiéndole toda suerte de enagenación. 

Antes de la fecha, hizo estampar San Pedro esta 
humilde plegaria: «Santos del Señor: Yo, miserable Pe- 
dro, Obispo, no en las obras, sino en el nombre, os rué- 



406 LIBEO SEGUNDO 



go, os suplico que este vilísimo hecho mío sea estable 
ante vuestros ojos, para que cuando fuere interrogado 
en el Tribunal del Señor, aparezca entre los coros angé- 
licos, y por vuestra intercesión merezca la bienaventu- 
ranza el día de la resurrección, y que jamás la muerte 
tenga sobre mí poder. » Y al signar la Escritura, hizo 
otra oración no menos sentida y fervorosa. 



rl 



III 

El restaurador 



n 1 de Enero de 986 , bien pudo decir 
D. Bermudo que su autoridad era reco- 
$^£)Á nocida y respetada en todo el Reino, y 
que por nadie era turbada la paz de que 
se gozaba en todos sus Estados; pero pronto hubo de 
convencerse de cuan aparentes eran aquella tranqui- 
lidad y aquella calma. Sino en el mismo año 986, en el 
siguiente, estalló en Galicia una imponente sublevación 
capitaneada por los turbulentos Magnates Suero Gun- 
demáriz, Gonzalo Menéndez, Galindo y Osorio Díaz, los 
cuales, á juzgar por todos los indicios, se hallaban en 
connivencia con el fiero Almanzor, que por entonces 
estaba preparándose para invadir los Estados cristianos 
del Occidente de la Península. Corrió animoso D. Ber- 
mudo desde León, para desbaratar los planes de los re- 
beldes; los batió en campo raso; tomó y arrasó sus casti- 






LOS TBES PBIMEBOS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 407 

líos; confiscó sus bienes, y los ahuyentó del reino (1). Al- 
gunos de los rebeldes fueron á buscar refugio en los 
dominios de su protector Almanzor, el cual los acogió 
de muy buen grado, considerando los importantísimos 
servicios que podrían prestarle (2). 



(1) Véase la cita que hace Risco (España Sagrada, t. XL, pág. 148), 
de un Privilegio otorgado por D. Bermudo á la Santa Iglesia de Lugo en 
10 de Septiembre de 988.— Por este Privilegio y otros concedidos en estos 
años por el mismo D. Bermudo á Santiago, Lugo y Celanova, se ve cuanto 
hay de exageración en la pintura que hace Dozy flíist. des Musulmans..., 
t. III, pág. 215) del estado á que por dicho tiempo se vio reducido dicho 
Monarca; y que lo que cuenta Aben Jaldón, citado por Dozy, (Recherches..., 
3. a edic, t. I, pág. 100-101), más traza tiene de novela que de relato his- 
tórico. 

En un Privilegio de D. Bermudo III del año 1032 (España Sagrada, 
t. XL, Apéndice XXV), se refiere que D. Bermudo II vino á Galicia para 
castigar y domar á los sublevados; que permaneció muchos días con este ob- 
jeto en Lugo, que después de muchas batallas sometió á toda Galicia, que 
convocó junta de los principales gallegos en la referida ciudad y que allí 
acordó arrasar todas las fortalezas que habían levantado los rebeldes. «In 
tempore avii nostri Veremundi Rex, rebellaverunt illi Comités Gallecie 
Suarius Gundemariz ceterosque Comités, eius cómplices. Pro tale facto 
exercitu aggregato venit in isto opido Luco, ubi multis diebus commoravit, 
quousque Domini misericordia multis bellis peregit et provincia ipsa Galle- 
tie humiliatos iure suo reduxit. Cum autem concilio acto cum ómnibus ha- 
bitantibus terre ipsius peregit, jussit omnes castros, qui fuerant in superbia 
fabricatos ad terram redigere, et in plano fecit omnes habitare.» 

(2) Entre los rebeldes que hallaron seguro asilo á la sombra de Al- 
manzor, debemos contar al Conde Osorio Díaz, del cual una Escritura del 
Tumbo de Celanova (lib. II, núm. CXLVII), dice, que después de rebelarse 
contra el Rey, se juntó á los sarracenos é hizo muchos estragos en la sierra, 
especialmente en la comarca del referido monasterio. D. Bermudo expulsó 
de Galicia al rebalde Conde, le confiscó sus bienes, y de ellos donó el 1 de 
Septiembre de 993 la villa de San Pedro, sobre el Sil, al monasterio de Cela- 
nova y á su abad San Manilano. 

Expulsado ó ahuyentado de Galicia Osorio Díaz, fué sin duda á ofrecer 
sus servicios á Almanzor; y lo propio debieron de hacer por entonces el Con- 



408 LIBRO SEGUNDO 



Por tales medios, Almanzor, que era no menos hábil 
político, que consumado guerrero, fué allanando el terre- 
no para la gran empresa que meditaba. La fama del 
Santuario de Santiago, se había extendido por todos los 
Estados musulmanes, no sólo de España, sino aún en los 
de Oriente; y los mismos muslimes no tenían reparo en 
comparar la Basílica de nuestro Apóstol por el gran 
concurso de peregrinos que la visitaban, con su propia 
Caba. Engreído Almanzor con sus no interrumpidas 
victorias, concibió el audaz proyecto de llevar sus hues- 
tes aguerridas hasta el pie de los muros de Compostela, 



de Gonzalo Menéndez y su hijo Rudesindo. Estos habían recogido á tres 
siervos de D. Bermudo II que se habían fugado y se negaron á devolverlos 
á pesar de las reiteradas reclamaciones del Monarca. Cuando D. Bermudo 
se presentó en Galicia para combatir á los rebeldes, prendió á Rudesindo é 
insistió en la restitución de sus tres siervos. Rudesindo propuso al Rey que 
si lo dejaba en libertad, buscaría á los siervos y los pondría á su disposición, 
ó en otro caso volvería á la prisión. Para mayor seguridad presentó tres 
fiadores, Diego Románez, Pelayo Menéndez y Cid Díaz, los cuales se obli- 
garon á pagar cada uno 200 sueldos si Rudesindo dentro del plazo conve- 
nido, no traía los siervos, ó no se presentaba en la prisión, aunque quedán- 
dose en prenda con la villa de Puertomarín que era propia del Conde 
Gonzalo Menéndez. Rudesindo, así que se vio libre, se puso á buen recaudo, 
y envió á decir á sus fiadores, que ni esperasen por él, ni' por los siervos. 
Entonces D. Bermudo procedió contra los fiadores, quienes fueron condena- 
dos á pagar los 600 sueldos, como así lo hicieron en vasos de plata, en ca- 
ballos, en frenos y en paños. Quedábales la villa Puertomarín; pero conside- 
rándose acaso poco seguros con esta prenda, se valieron de la intercesión 
de varios Conde3 y Magnates y obtuvieron del Rey que les devolviese los 
600 sueldos en cambio de la referida villa, que, D. Bermudo, según hemo3 
visto donó á Santiago en 993, juntamente con la de Recelle. 

Esta villa de Puertomarín, de que aquí se habla, no es la que está á la 
derecha del Miño, á cuatro leguas al Sur de Lugo, sino la que está á la iz- 
quierda del mismo río, y que es como un arrabal de la primera, con la cual 
comunica por medio de un puente, 



LOS TRES PHIMEBOS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 409 



y asaltar con ellas aquel templo tan venerado por los 
cristianos de toda Europa. Halagábale la idea del riquí- 
simo botín que allí esperaba recoger, y quizás más aún 
la aureola de gloria con que, como resultado de tan 
arriesgada empresa, aparecería rodeada su frente entre 
todos los sectarios del Corán. 

A principios de Julio de 997 movióse, pues, de Cór- 
doba, al frente de numerosas tropas, parte de las cuales, 
la Infantería, viajaron por mar hasta entrar en el Due- 
ro, en donde se unieron con los que habían venido por 
tierra. Antes de atravesar el río, se habían agregado ya 
á la hueste de Almanzor, los Condes gallegos y leoneses, 
sus aliados, que tan eficaz ayuda le prestaron en esta 
ocasión (1). Realizada felizmente esta primera parte de 
su plan de campaña, prosiguió Almanzor su marcha 
sin hallar grave dificultad hasta llegar al Miño. Al pa- 
recer, atravesó este río por cerca de Salvatierra, por un 
desfiladero llamado de Tallares, del cual hace mención 
D. Bermudo II en el Privilegio dado á Santiago en el 
año 991. Desde aquí comenzó el ejército invasor su obra 
de saqueo y destrucción. Arrasaron los muros de la ciu- 
dad de Tuy, destruyeron y saquearon el monasterio de 
San Cosme y San Damián, cerca de Bayona, y llegaron 
al puente de Sampayo, que estaba defendido por un 
castillo. Poco tiempo pudo detenerlos esta fortaleza; la 
tomaron por asalto; y vencido aquel ligero obstáculo, 



(1) Entre ellos ya no podemos contar al tamOso Conde Suero Guilde* 
máriz, el cual había fallecido en el año 991. A su esposa D. a Guncina, que 
era de la familia de San Rosendo, devolvió D. Bermudo II en 10 de Agosto 
de 994, parte de los bienes que había confiscado al Conde D. Suero. 



410 LIBBO SEGUNDO 



continuaron avanzando y robando y talando todo 
cuanto hallaban al paso. Desde Sampayo habían adver- 
tido que en una isla próxima, probablemente la de San 
Simón, se hallaban refugiados gran número de cristia- 
nos. Descubrieron un vado; pasaron á la isla, y despoja- 
ron á los fugitivos de todos los objetos de valor que con- 
sigo habían llevado. 

Hablase de un monasterio dedicado á Santa María, 
que los musulmanes encontraron á su paso antes de lle- 
gar á Iria. Este monasterio de Santa María, ó sería la 
iglesia de Caldas de igual título, ó quizás la misma an- 
tigua Catedral de Iria. A esta ciudad y al monasterio, 
cupo la misma suerte que á otras muchas poblaciones; 
fueron asolados por orden de Almazor. 

¿Qué era lo que pasaba, entre tanto, en Compostela? 
San Pedro, que indudablemente procuraría tener aviso, 
hora por hora, de los movimientos del invasor, compren- 
dió desde luego que sería temeridad insigne el esperar á 
pie firme en Compostela á un enemigo que contaba con 
tan poderosos medios de combate, y al cual tuvieran 
que rendirse ciudades mucho más fuertes y mejor defen- 
didas. Juzgó, pues, más prudente y acertado evacuar la 
ciudad con todo cuanto de precioso y digno de estima- 
ción en ella se encerraba, y guarecerse y ocultarse en el 
interior del país, al abrigo de una áspera sierra, en don- 
de sería más fácil burlar al enemigo, gastar sus fuerzas, 
agotar sus recursos y obligarlo á la retirada. Excusado 
es decir que lo primero que con toda ansia y solicitud 
procuró San Pedro poner á salvo, fueron las Reliquias 
de Santiago y de sus dos Discípulos, San Teodoro y San 
Atanasio, y la vajilla y demás alhajas de la Catedral. 
Lo mismo habían hecho en León con los cuerpos de San 



LOS TRES PBIMEBOS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 411 

| 1 

Pelayo y San Froilán, antes que Almanzor asaltase 
dicha ciudad (1). 

Mas los muslimes seguían avanzando, y el 10 ú 11 
de Agosto dieron vista á los muros de Compostela. Se 
acercan cautelosos, pero advierten con sorpresa que las 
torres y las almenas se hallaban desiertas, y que no 
ofrecían la menor señal de resistencia. Penetran en la 
ciudad y notan la misma quietud, la misma soledad, el 
mismo silencio. Se dirigen al templo del Apóstol, y lo 

r 

ven también abierto y abandonado. Únicamente al pie 
de la Tumba de Santiago hallan postrado á un anciano 
Monje, en actitud de orar. 

— ¿Qué haces aquí? — le interroga Almanzor. 

—Estoy orando ante el Sepulcro de Santiago — con- 
testó el Monje. 

— Reza cuanto quieras — replicó Almanzor. 

Y prohibió que nadie le molestase; y aún se añade, 
que puso guardias cerca del Sepulcro para impedir cual- 
quier desmán y atropello (2). 



(1) El cuerpo de San Pelayo fué retirado á Oviedo; el de San Froilán 
al monasterio de San Juan de Valdecesar, en las montañas de León (Véase 
España Sagrada, t. XXXIV, pág. 305). — Verosímilmente San Pedro ocul- 
taría las Sagradas Reliquias y el Tesoro de Santiago, ó en el monasterio de 
Sobrado, ó en el de Curtís. 

(2) Los Cronistas árabes exornaron el relato de esta expedición de Al- 
manzor con ciertos episodios, en los cuales parece que tuvo más parte la fan- 
tasía, que la fidelidad histórica. Entre estos episodios, el del solitario Monje 
acaso sea el que ofrezca mayores visos de probabilidad. Quizás echaron 
mano de este rodeo, para poder atribuir á la magnanimidad de Almanzor, 
lo que fué efecto de un repentino terror y de un forzado respeto, c Quiso 
acercarse al Sepulcro del Apóstol, dice el Silense, (España Sagrada, t. XVII) 
pág. 300), para hacerlo pedazos; pero aterrado, retrocedió. Ad sepulchrum 
vero Apostoli, ut illud frungeret, iré disposuerat, sed terriíus rediit, 



412 LIBBO SEGUNDO 



Empero, la generosidad del fiero caudillo no pasó de 
aquí. Como para vengarse de los compostelanos, por la 
determinación que habían tomado de abandornar la 
ciudad, ordenó seguidamente la destrucción de todas las 
casas y edificios. La Catedral fué arrasada hasta tal 
punto, que, según un autor árabe citado por Dozy (1), 
«al día siguiente no era posible señalar el sitio donde 
había estado.» Ocho días pasó Almanzor en Compostela, 
entretenido en esta obra de destrucción (2). El Siknse (3), 
dice, que arruinó é incendió las iglesias, los monasterios 
y los palacios. Ecclesias, monasterio,, palatia fregit atque igne 
cremavit. Al mismo tiempo, destacó tropas ligeras que 
saqueasen y devastasen los pueblos cercanos, y cautiva- 
sen á sus moradores. Se dice que algunas de estas fuer- 



(1) Hist. des Musulmans,.., t. III, pág. 234. 

(2) Hasta tal punto no pudo llegar la destrucción y arrasamiento de la 
Catedral, porque no lo habrían consentido los guardias que puso Almanzor 
para custodiar el Sepulcro del Apóstol. Mas verosímil, y aún más conforme 
con lo que dicen los mismos árabes, es la versión de la Composlelana, la 
cual asienta que en efecto los soldados de Almanzor arrasaron la mayor par- 
te de los muros de la Iglesia, pero que respetaron el altar del Apóstol. «Ma- 
jorem partem parietum Bti. Iacobi Ecclesiae, praeter ejus sanctissimum al- 
tare, penitus destruxerunt.» (España Sagrada t. XX, pág. 14). — La religiosa 
Flora, Abadesa del Convento de Santiago de León, describe con estos ne- 
gros colores la obra de devastación llevada entonces á cabo por los sarrace- 
nos. Sic dedit Mis (Ismaelitis) insidiator noster, antiquissimus serpens, victo- 
riam, et projecere civitates in térra, destruxerunt parietes, et nos posuerunt 
in concultatione, civitates dimiserunt in pavimento; capita hominum truncave- 
runt in gladio percutere, ut non civem, non vicus, non castellis eis non reman- 
sit ad ejus devastatione. (España Sagrada, t. XXXIV, pág. 307). 

En la Catedral compostelana emplearon también como elemento destruc- 
tor el fuego, del cual en las excavaciones verificadas en el año 1878, se ha- 
llaron muy claros indicios, que no pueden atribuirse á otra causa. 

(3) España Sagrada, t. XVII, pág. 301 



LOS TBES PBIMEROS SIGLOS DE LA. I. COMPOSTELAKA 413 

zas destacadas, se adelantaron hasta Sant Manicas (San 
Cosme de Mayanca ?), cerca de la costa del Océano. 

Con esto dio Almanzor por teminada la campaña, y 
se dispuso á dar vuelta para su patria. Entre las filas de 
sus soldados colocó los cuatro mil cautivos (número no 
muy considerable para la importancia de la expedición), 
que habían logrado hacer sus tropas. Como principal 
trofeo hizo cargar sobre los hombros de cautivos las 
campanas y las puertas de la Catedral que había 
mandado reservar al tiempo de la destrucción de la 
iglesia (1). 

Del desenlace de este sangriento drama no dicen 
más los Cronistas árabes, sino que Almanzor al repasar 
el Duero, despidió á los Condes Cristianos, sus aliados, á 
los cuales hizo grandes regalos, consistentes principal- 
mente, en telas de gran valor, que desde aquí remitió á 
la Corte una relación minuciosa de su campaña, y que al 
llegar á Córdoba mandó que las puertas del templo 
de Santiago se colgasen del techo de la mezquita, y 
que las campanas se suspendiesen de manera que pu- 
dieran servir de lámparas. Nada más dicen los Historia- 
dores árabes, ni de otras nuevas campañas que haya 



(1) No se dice de que materia eran las puertas. Probablemente, serían 
de bronce esculpido, como otras que había en las principales iglesias de la 
época. 

La expedición de Almanzor dejó; como era natural, profunda huella en 
la memoria de los compostelanos. Al célebre caudillo debieron de atribuir- 
se muchos hechos cuyo recuerdo después con el tiempo fué desvaneciéndo- 
se. Entre estos hechos mentaremos el relativo á la pila bautismal que aún 
se conserva en la iglesia. Decíase que Almanzor intentó abrevar en ella á 
su caballo, el cual reventó en castigo de la soberbia y del sacrilego arrojo 
de su dueño. Ambrosio de Morales en su Viaje Santo, hace memoria de esta 
tradición. 



414 , LIBRO SEGUNDO 



emprendido Almanzor después de ésta, y antes de la en 
que miserablemente perdió la vida (1). Este silencio es 
significativo; y tiene su explicación en lo que afirman 
tanto la Compostélana, como el Silense. La primera dice, 
no queriendo el Apóstol Santiago que quedasen impu- 
nes los ultrajes y destrozos hechos en su iglesia, con tal 
peste hirió á los Sarracenos, que la mayor parte pere- 
cieron en el camino y pocos llegaron á su tierra (2). El 
Silense, por su parte, asienta que no olvidado el Rey del 
Cielo de su misericordia, castigó duramente á sus enemi- 
gos, que desde entonces fueron falleciendo repentina- 
mente y quedando reducidos á la impotencia (3). Mas 
las fuerzas de Almanzor, no sólo quedaron quebranta- 
das físicamente, sino también moralm ente. «¡Veinte mil 
hombres cuento entre las filas de mi ejército, exclamaba 
él en su última campaña del año 1002, aquejado por 
una desconocida enfermedad que le hacía padecer ho- 
rriblemente, y ninguno entre ellos es tan desgraciado 
como yo!» (4). 

No nos detendremos aquí en las circunstancias de la 
célebre batalla de Catalañazor, de la cual dice en resu- 



(1) Almanzor falleció el 27 de Ramadán, del año de la Egira 392 
(20 Noviembre 1001-10 Noviembre 1002). Véase Codera, Boletín de la Real 
Academia de la Historia, t. XXXII, pág. 101. 

(2) Igitur beatissimus Iacobus volens, ne ab Ecclesia sua quam ipsi 
(Saraceni) tantae superbiae calce oppresserant, impune evaderent, tanto di- 
senteriae morbo eos percussit, quod mortuis eorum quampluribus, perpau- 
ci ad propria redierunt. (Esparta Sagrada, t. XX, pág. 14). 

(3) Rex caelestis memorans misericordiae suae, ultionein fecit de ini- 
micis suis. Morte quidem subitánea et gladio, ipsa gens Agarenorum caepit 
interire, et ad nihilum quotidie pervenire. (España Sagrada, t. XVII, 
pág. 301) 

(4) Dozy, Hist. des Musulmans d'Espagne, t. III, pág. 239. 



LOS TRES PRIMEROS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 415 

men Dozy (1), con gusto y desenfado propios de Voltai- 
re, que fué una invención sugerida por el deseo de justi- 
ficar á la Providencia y de absolverla de la falta de haber 
dejado sin condigno castigo las horribles profanaciones 
cometidas por las huestes de Almanzor en los templos 
cristianos, y en especial en el de Santiago. Pero, ¿cómo 
pudo Dozy concebir esta aprensión del apuro y embara- 
zo en que debieron de verse los cristianos, para explicar 
la extraña impunidad de los sectarios de Mahoma? ¿No 
nos dice él mismo (2), que Almanzor, tocado de un mal 
desconocido y padeciendo horriblemente, se proclamaba 
el más desdichado de sus subditos? ¿No pondera (3) el 
cambio inesperado que en brevísimo tiempo sufrieron 
las relaciones de las dos partes beligerantes, de modo 
que los que antes daban leyes á los Príncipes cristianos 
se vieron forzados á recibirlas de un Conde de Castilla? 
¿No nos recuerda (4) que el hijo de Almanzor, Abdelmi- 
lic, que ya por sus hechos tenía demostrado que here- 
dara los talentos de su padre, murió en el año 1008, en 
la flor de su edad? ¿No se lamenta (5) de que la soberbia 
Córdoba, aquella ciudad que por tantos años había lan- 
zado impetuosos escuadrones para sembrar la desolación 
y la muerte en los Estados cristianos, en el espacio de 
seis meses (1009-1010), se hubiese visto hollada y saquea- 
da por las huestes del Conde Sancho de Castilla y por 
las de los Condes Raimundo de Barcelona y Armengol 
de Urgel, y devastada por las hordas de los berberiscos? 



(1) Recherches..., t. I, pág. 20 y 199. 

(2) Recherches..., 1. 1, pág. 194. —Histoirc..., t, III, pág. 239. 

(3) Histoire..., t. III, pág. 291. 

(4) Histoire..., t. III, pág. 268. 

(5) Histoire..., t. III, pág. 296 y siguientes. 



416 LIBRO SEGUNDO 



¿No reconoce (1) que desde esta fecha el Califato de 
Córdoba comenzó á caer á pedazos y quedó reducido á 
la más completa impotencia, que era justamente lo que 
había dicho el Monje de Silos? ¡Y todo esto en trece 
años, que no son gran cosa en el reloj de la Providen- 
cia! ¿O pretendería aún Dozy mayores y más ejemplares 
castigos? Creemos que para la escena del mundo, los re- 
feridos son suficientes (2). 

Por las noticias que San Pedro tenía de los destrozos 
causados por los soldados de Almanzor en León y en 
otras ciudades, ya podría formarse idea de lo que ha- 
brían hecho en Compostela aquellos feroces enemigos 
del nombre cristiano, que con tanto empeño tomaran 
esta expedición; pero la realidad, la triste realidad so- 
brepujó acaso todo cuanto él se había imaginado. ¡Ver 
convertidos en montones de humeantes ruinas, ó cómo 
edificios devorados por las llamas, su antiguo monasterio 
de Antealtares, el de Pinario, el de Afora, todos los edi- 
ficios de Santiago, y hasta el mismo templo del Apóstol, 
objeto de veneración para todos los pueblos cristianos, 
debió ser para su corazón magnánimo y profundamente 



(1) Histoire..., t. III, pág. 304. 

(2) Si Dozy hubiera leído con algún detenimiento, un Privilegio de 
D. Bermudo II que está en Yepes, poco antes del que cita en la nota de la 
pág. 99, t. I, 3. a edic, de sus Recherches, vería el ningún apuro en que se 
vieron los cristianos para justificar á la Providencia de la supuesta impu- 
nidad de los musulmanes. Léase si no el bellísimo preámbulo de dicho Pri- 
vilegio fechado catorce meses después de la destrucción de Compostela, en 
el cual preámbulo D. Bermudo invita á todas las criaturas, incluso las an- 
gélicas, á dar gracias á la Divina Providencia por los beneficios que le ha- 
bía hecho. ¿No podría contarse entre estos beneficios el de ver á sus enemi- 
gos heridos de la peste que dicen los Cronistas, y el de poder fatigarlos y 
perseguirlos en su desastrosa retirada? 



LOS TRES PRIMEROS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 417 

religioso, un espectáculo desolante y desgarrador! Pero 
ya lo hemos dicho; el Prelado compostelano abrigaba en 
su seno un corazón tan grande, como era inmensa la 
catástrofe que registraba con sus ojos, y lejos de abatir- 
se y anonadarse, con la misma actividad que habían 
empleado los moros en destruir, emprendió él la restau- 
ración y reedificación de las iglesias, de los monasterios, 
y de todos los demás edificios públicos de Santiago. 
Prestóle gran auxilio en esta penosísima tarea el Rey 
D. Bermudo, que vino exprofeso á Santiago para reco- 
nocer por sí mismo el estado de la ciudad, y levantarla 
de sus ruinas (1). Este mismo hecho bien á las claras da 
á entender, que las huestes de Almanzor debieron que- 
dar bien escarmentadas, y que por entonces nada había 
que temer de la osadía del feroz caudillo. 

Los trabajos de San Pedro en la Basílica del Após- 
tol, y esto era lo natural en aquellas circunstancias, se 
limitaron á levantar las derribadas paredes, y á restituir 
el edificio, prescindiendo de insignificantes detalles, á la 
forma precisa que tenía antes, sin alterar en nada su 
antigua planta. Sin embargo, el templo, dada la premu- 
ra con que fué reconstruido, no podía presentar, máxi- 
me en las portadas, la belleza y magnificencia que os- 
tentaba antes. Los mármoles que decoraban las fachadas 
occidental y septentrional, debieron desaparecer calci- 
nados por la acción del fuego. En su lugar se colocaron 



(1) Rex igitur (Veremundus) superni amoris stimulo excitatus, in hanc 
urbem curiosa intentione venit, et hujus Apostoli ecclesiara, quam dirutam 
invenit, cura eodem episcopo domino Petro, Deo adjuvante, restauravit. 
(Hist. Gomp., lib. I, cap. II). 

Rex vero Veremundus a Domino adjutus coepit restaurare ipsum locum 
in melius. (Cron. Silense, en la España Sagrada, t. XVII, pág. 309). 
Tomo II— 27. 



418 LIBBO SEGUNDO 



otros capiteles y esculturas labradas en granito; una de 
las cuales debió de ser el relieve que representa la bata- 
lla de Clavijo, y que hoy se conserva embutido en uno 
de los muros del brazo meridional del crucero (1). La 
obra no debió durar mucho tiempo; y supuesta la acti- 
vidad que San Pedro imprimió á los trabajos, quizás 
estaría terminada á fines del año 998. 

El abad de Antealtares Gutierre, (si no le había su- 
cedido ya Ariano, de quien se hace mención en un Do- 
cumento de Lugo del año 1005), y el de San Martín, 
Riquilano, emprendieron á la vez la restauración de sus 
respectivas iglesias y monasterios. El Cabildo, por su 
parte, activó también la reparación de la Canónica y de 
las dependencias anexas; y todos los compostela,nos, á 
no dudarlo, rivalizarían en celo y laboriosidad para re- 
edificar sus moradas y los establecimientos en que ejer- 
cían su industria (2). Con esto, Compostela recobró en 
breve plazo su habitual fisonomía, y pronto continuó 
siendo, como hasta entonces, fuente copiosa de espiritual 
regeneración, y lugar de abocamiento para todos los 
pueblos cristianos. 

El proveer á la Catedral y á las demás iglesias de la 
ciudad, del mobiliario, vajilla é indumentaria necesarios, 
no fué difícil á San Pedro. Para ello no tuvo más que 
devolver á Compostela lo que se había sacado y oculta- 



(1) Véase pág. 107. 

(2) La destrucción de Santiago no debió de ser tan total, como pudiera 
creerse. Durante los ocho días que Almanzor permaneció en nuestra ciudad, 
necesitó locales para alojar sus tropas, y para tal objeto destinaría la Canó- 
nica, los monasterios, las alberguerías, etc.. Es de creer que hasta el mo- 
mento de abandonar la ciudad, los muslimes no se preocupasen del incendio 
de dichos edificios. 



LOS TRES PRIMEROS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 419 

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do al tiempo de la invasión, y colocarlo en su propio lu- 
gar tan pronto como las obras de fábrica estuvieron 
concluidas. Escena tiernísima y conmovedora debió es- 
tar la de restituir las Reliquias de Santiago y sus dos 
Discípulos á sus respectivos sepulcros; la cual tendría lu- 
gar juntamente con la reconciliación de la Iglesia. A 
esta solemnidad, sin duda asistió el Rey D. Bermudo, al 
cual tanta parte atribuyen en la reedificación de la Ba- 
sílica, así la Compostelana, como el Silense. Y aun es de 
suponer que tanto él, como su esposa D. a Elvira, ofre- 
ciesen al Santo Apóstol, como era costumbre en tales 
casos, algunas alhajas ó dones preciosos (1). 

Terminada la restauración de la Iglesia y ciudad 
compostelanas, San Pedro concurrió á la del monasterio 
de San Lorenzo de Carboeiro, que D. Bermudo II confió 
por un Diploma publicado por el P. Yepes, en el tomo V 
de su Coránica y al presbíteix) Anscario y al monje Tra- 
suario. San Pedro subscribe así el documento que se 
otorgó en 5 de Enero de 999: Súb pondas timoris Domini 
Pctnis -iriensis et apostolice Sedis episcopus, confirmo. 

Estas graves ocupaciones, aunque penosas y moles- 
tas, las sobrellevaría San Pedro con gusto, como tan con- 
formes con sus inclinaciones y los deseos de su corazón. 
En este mismo año de 999 se le ofreció otra más enojosa, 



(1) En un privilegio fechado en 1 de Marzo de 1028, la infanta Doña 
Teresa, hija de D. Bermudo y D. a Elvira, hace mención de una alaiara, ó 
alhaiara valde mirifica (*), que su madre había ofrecido á la Iglesia de San- 
tiago. Quizás este donativo fuese hecho al tiempo de la consagración del 
templo apostólico. 

(') La alaiara ó alhaiara 6 alagara, debía de ser ana cortina. En La Escritura <!•■ fundación 
del monasterio de Santa María en León, año 1042, (véase España Sagrada, b. X XX VI, \ pón- 
dice XX), entre las alhajas y prendas oon que se.dotó la iglesia, se dloe; temp o 

ara xna grecisca. 



420 LIBRO SEGUNDO 



en que estaba altamente interesada la hacienda de su 
Iglesia. Era derecho consuetudinario en la tierra de 
Santiago, que los siervos nacidos de matrimonios mix- 
tos, es decir, de matrimonios en los cuales uno de los 
cónyuges pertenecía á dominio distinto de el de la Igle- 
sia, se dividiesen por mitad entre la Iglesia y el señor á 
quien pertenecía uno de los cónyuges. Por esto tales 
siervos se llamaban incommuniatos ó mancomunados, por 
más que la madre, mientras viviese el marido, seguía 
siempre la condición y señorío de éste. Por este tiempo 
un señor llamado Vigila ó Vela, que había heredado 
algunos siervos casados en el coto de Santiago, reclamó 
como exclusivamente suyos á todos los hijos nacidos de 
tales matrimonios. Opúsose San Pedro á esta pretensión 
que cedía en perjuicio de los derechos de su Iglesia, y 
llevó el asunto al inmediato conocimiento del Rey Don 
Bermudo, el cual á la sazón se hallaba en Santiago, y 
con su Consejo sentenció, que los nacidos de tales 
matrimonios perteneciesen por mitad á Vigila y á la 
Iglesia del Apóstol. En virtud de esta sentencia, que se 
dictó el 22 de Junio de 999 (1), fué adjudicado á Santia- 
go Sidiges, y á Vigila Honorico, nacidos ambos del ma- 
trimonio de Grogio, siervo de la Iglesia iriense, con Sin- 
dilona, sierva de la casa de Vigila. 

A esta época debe referirse la donación, que D. Ber- 
mudo hizo á Santiago de unos siervos en el Condado de 
Camota, á saber, Trasmiro y sus cuatro hijos Gronzalo, 
Vimaredo, Benedicto y Gudigeva. La donación la hizo 
el Rey verbal, pero con la intención de revalidar- 



(1) Véanse Apéndices, núm. LXXXL 



• 






LOS TBES PEIMEBOS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 421 

la oportunamente por escrito. Mas esto no pudo efec- 
tuarse, porque teniendo D. Bermudo que ausentarse de 
Galicia, le sorprendió la muerte en el Bierzo, el 5 de 
Septiembre del mismo año 999 (1). No obstante, lo que 
no hizo D. Bermudo, lo efectuó su hijo D. Alfonso en el 
año 1011 (2). 

A juzgar por las circunstancias en que se hallaba el 
reino, la muerte inopinada de D. Bermudo podía consi- 
derarse como una verdadera catástrofe. El Monarca di- 
funto dejaba varios hijos bastardos; pero el legítimo, 
D. Alfonso V, sólo contaba cinco años, y se criaba en 
casa del Magnate gallego, D. Menendo González. Lo que 
en aquel apurado trance acordaron los leales servidores 
de D. Bermudo, fué llevar sin pérdida de tiempo á León 
al tierno Príncipe, y allí ungirlo y coronarlo como Rey 
y señor de los Estados cristianos del Noroeste de Espa- 
ña. Uno de los que acompañaron á D. Alfonso en su 
precipitado viaje, fué, sin duda, el Prelado compostela- 
no, el cual subscribe el primero entre los Obispos, un 
Privilegio que el nuevo Monarca otorgó á la Catedral 
de León el 13 de Octubre del mismo año 999, probable- 
mente al tiempo de ser ungido y coronado (3). Es muy 
verosímil que en la ceremonia de la unción y corona- 
ción, tuviese la parte principal nuestro Obispo de la Se- 
de Apostólica. 



(1) Esta es la fecha de un pequeño Cronicón escrito con letras de oro 
sobre púrpura en el Salterio de Fernando I, que posee la Universidad coni- 
postelana. (Véanse Apéndices, núm. XCII). 

(2) Véanse Apéndices, núm. LXXXIV. 

(3) España Sagrada, t. XXXV, pág. 4 y t. XXXVI, Apéndice II. 



422 



LIBBO SEGUNDO 



IV 



Últimos hechos de San Pedro de Mezonzo 




cíoso nos parece consignar, que hasta 
ahora había sufrido San Pedro con inde- 
cible valor y entereza y paciencia inalte- 
rables, las persecuciones de los enemigos 
declarados; faltábale otra prueba para que su virtud re- 
saltase cada vez más acrisolada: la persecución de los 
enemigos encubiertos. Algunos nobles ambiciosos, viendo 
tal vez privado á nuestro Santo del apoyo y amistad de 
D. Bermudo II, juzgaron que podían disputarle con es- 
peranza de éxito su puesto, y molestarle y afligirle hasta 
conseguir su renuncia ó deposición. He aquí como Ye- 
pes (1) expone estos sucesos de la vida de San Pedro: 
«Acostumbra Dios dar trabajos á los justos para mayor 
merecimiento suyo, y allende de los males (que hemos 
visto) que hizieron los moros en Santiago, que afligieron 
mucho a este santo Prelado, le fué también cosa muy 
penosa sufrir las insolencias de dos hermanos, el vno 
llamado Pelagio Diaz y otro Sumarra (Vimara?) Diaz; 
vnos los llaman potestades del Reyno, que deuian ser 
juezes en cosas temporales; otros los hazen pretensores 
del Obispado; sea lo que fuere, ello es cierto, que estos 
hombres poderosos causaron muchas inquietudes y sedi- 



(*) Inicial del Salterio de D. Fernando I. 

(1) Coránica general de la Orden de San Benito, t. V, fol. 217 vuelto, 



LOS TBES PRIMEROS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 423 

ciones, de las quales nuestro Señor libró al santo Obispo, 
y en ellas fué favorecido de los caualleros del Reyno, 
que por estar tan bien quisto con ellos, le defendieron 
destos hermanos que le querían molestar; y asi salió con 
victoria y mejorado con los pleitos y competencias que 
con ellos tuuo» (1). Estos triunfos no engreían á San 
Pedro, antes lo hacían más humilde, y lo estrechaban á 
reconocerse más obligado á la Divina Clemencia. 

A pesar de su avanzada edad, no rehusaba el pres- 
tar su cooperación siempre que fuese requerido, y así lo 
exigiesen el bien público, ó la utilidad de la Iglesia. 
En 10 de Marzo del año 1000, aún le hallamos en tierra 
de León; pues en dicha fecha confirmó una donación 
hecha por el abad Salvato al monasterio de San Cipria- 



(1) Sobre este pasaje dice el P. Flórez (España Sagrada, t. XIX, pági- 
na 184), que no descubre prueba de lo que refiere Yepes, pues éste no cita 
más que á la Compostelana, en la cual no hay tal cosa. Este es uno de los 
yerros en que incurrió el P. Flórez al escribir la vida de San Pedro. El 
P. Yepes después de presentar en compendio la vida de nuestro Santo, di- 
ce: «Algunas de las cosas que aquí se han referido, son sacadas de la His- 
toria compostelana. > Ahora, el pretender por estas palabras, como hace Fló- 
rez, que el P. Yepes haya dicho que también sacó de la Compostelana la 
especie de la persecución, es completamente arbitrario. El verídico y dili- 
gente Cronista benedictino manejó muchísimos de los Documentos de San 
Martín y Antealtares, y allí halló sin duda noticia de los sucesos que narra 
con tanta seguridad. Y en cuanto á lo que añade Flórez, que la Compostelana 
al hablar de los inmediatos sucesores de San Pedro, Pelayo Díaz y Vimara 
Díaz, nada dice de que se hayan mezclado con el Santo, bueno sería que el 
Autor de la España Sagrada, parase mientes en aquellas palabras de la Com- 
postelana, al tratar de D. Pelayo Díaz; Temporali potestati subnixus pastora- 
lis curae dignitatem post eum usurpavit; que no dejan de ser significativas. 

Mariana debió tener noticia de este Documento á juzgar por lo que dice 
en el lib. VIII, cap. VIII, de la Historia de España: «A Pedro sucedió en 
aquella iglesia Pelayo Diaz, de Juez seglar repentinamente mudado en 
Obispo por malas mañas y fuerza de que usó.» 



424 LIBBO SEGUNDO 



no de Valdesalce, cerca de Valencia de D. Juan (1). En 
tierra de León perseveraba en 13 de Julio y en 12 de 
Noviembre del mismo año, según se ve en los Apéndi- 
ces IV y V del tomo XXXVI de la España Sagrada. Sin 
duda se retiró á aquellos lugares, para evitar las per- 
secuciones de los que en Galicia se habían levantado 
contra él (2). 

El Tumbo de Sobrado, que es un rico venero del que 
pueden extraerse muchas y muy interesantes noticias, 
en el tomo I, folio 52, nos suministra una de las últimas 
que se conservan de San Pedro, con -motivo de una 
cuestión que sostenía dicho convento con el caballero 
Lúcido Quiriáquiz, el cual traía usurpada, desde hacía 
veinte años, la aldea de Bidualdo. Vióse el pleito en una 
gran Junta presidida por el Conde Gonzalo Menéndez, 



(1) España Sagrada, t. XXXV, pág. 5, y t. XXXVI, Apéndice III. 

(2) El 15 de Agosto de este mismo año, firmó San Pedro otro Di- 
ploma que se halla registrado en el tomo I, núm. CXXX, del Tumbo de So- 
brado. No se dice dónde haya sido redactado el Documento, acaso lo haya 
sido en León, si es que San Pedro no vino á Galicia en el intermedio de Ju- 
lio á Noviembre. Viene á ser una Carta de ingenuidad ó completa libertad 
que la monja D. a Teresa, sobrina de San Rosendo, expide á treinta y ocho 
familias de libertos que moraban en el Condado Presares y en el valle de 
Gr i jaiba. Los absuelve "ab omni nexu libertatis, et in aulam ingenuitatis 
permanere iubemus... ita ut, ubi volueritis, vivendi, iendi, manendi, largique 
fovendi vitam vestram... vobis a Deo et nobis concessa licentia et potestas. Et 
propter confirmandam aulam ingenuitatis vestre, damus atque concedimus vo- 
bis omnepeculium vel ganatum, quantum habere videmini simul hereditas ve- 
stra. Et ad die Sce. Marie pro memoria in domo Domini cereum et oblationem 
offeraiis, vel bucellam pauperibus tribuatis quantum iure habueritis," 

San Pedro subscribe así: Sub pondus timoris Domini Petrus Irievsis Se- 
dis confirmans. Después de San Pedro, subscriben los Obispos Armentario 
de Dumio, Pelayo de Lugo y San Viliulfo de Tuy. Firma también una Gel- 
vira Xpisti ancilla, que acaso sea la viuda de D. Bermudo II, 



LOS TBES PEIMEBOS SIGLOS DK LA I. COMPOSTELANÁ 425 

á la que asistieron los caballeros Gudesteo Díaz, Arias 
Pepiz y Froila Gutiérrez, los abades Bermudo, Alfonso, 
Manilán y Visterlán, y otras muchas personas; y allí se- 
ñalóse plazo para la prueba. Al día señalado, en la igle- 
sia de San Cristóbal de Pezobre, á tres leguas y media 
de Arzúa, se reunieron de nuevo todos los jueces, jun- 
tamente con el Prelado compostelano y la Condesa 
D. a Aragonta. Trasarico Sendíniz, que era el procurador 
del monasterio, y el diácono Gutierre Muñiz, descen- 
diente de los fundadores y probablemente Canónigo de 
Santiago, presentaron nada menos que doscientos veinte 
testigos, todos contestes en favor de Sobrado. Con esto, 
á Lúcido no le quedó más recurso que postrarse de rodi- 
llas ante los jueces, é implorar misericordia. Y en efecto, 
la obtuvo; pues aunque el Tribunal sentenció en favor 
de Sobrado, benignamente le otorgó durante su vida la 
tercera parte de los frutos de la aldea en cuestión. Dio- 
se la sentencia, que firma San Pedro con título de Obispo 
Iriense de la Sede Apostólica, el 5 de Junio de 1001. 

En la última Escritura que nos queda referente á 
San Pedro, otorgada el 8 de Julio de 1001, se hace 
mención del atropello y usurpación que á la muerte de 
D. Bermudo II intentaron hacer varios hombres malva- 
dos en algunos de los bienes y haciendas que dicho Mo- 
narca, en diversas ocasiones, había cedido á nuestro 
Obispo, para que con sus productos pudiese atender á 
las necesidades de los monasterios, de cuya administra- 
ción se hallaba él encargado. En estas donaciones, esta- 
ban incluidas veinte familias de siervos que habitaban 
en los lugares de Corneda y Juvencos, en tierra de Cas- 
tela y cerca del Miño. Fallecido D. Bermudo, algunos 
caballeros poderosos trataron de enseñorearse de dichos 



426 



LIBEO SEGUNDO 



siervos, y de sujetarlos á su servicio. De ello se quejó San 
Pedro á la Reina viuda D. a Elvira, la cual acogió be- 



i'S: *' 1 




Fotografía de J. Linda. Fotograbado de Laporta. 

Miniatura del Tumbo A, fol, 35 vuelto, que representa á D. a Elvira, viuda de D. Bermudo II. 



nignamente la reclamación del Prelado, y por hacer 
bien por su alma, y para que su pequeñuelo hijo D. Al- 



LOS TEES PEIMEBOS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 427 

fonso creciese y se desarrollase sin ningún contratiempo 
fut crescat in novissimo vita fUii me i regís domini Adefonsi), 
ratificó la donación de su difunto marido, y el 8 de Julio 
de 1001, mandó extender el Diploma, que puede verse 
en los Apéndices, núm. LXXXIL Por este Documento, se 
ve que D. a Elvira profesaba á nuestro Prelado el mismo 
afecto y consideración que su difunto esposo D. Bermu- 
do. En la inscripción llama á San Pedro su padre y Pon- 
tífice (Vóbis patri et pontifici meo domino Petro). Y con ésta 
cesan en los Documentos las Memorias de D. Pedro; 
pues no podemos estar ciertos de que el Obispo Pedro, 
que en 21 de Diciembre de 1002 firma la donación he- 
cha á la Santa Iglesia legionense por su Prelado Froi- 
lán II (1), sea nuestro insigne Santo. 

Sin embargo, esta mera indicación (2), nos obliga á 
retrasar preventivamente la fecha del fallecimiento de 
San Pedro hasta el año 1003, en el cual, á 10 de Setiem- 
bre, se apagó aquella preciosa existencia empleada siem- 
pre en obras laudables y meritorias, y siempre consagra- 
da á restaurar las ruinas causadas por los enemigos de 
la Religión y de la patria. La Compostelana condensa así 
su elogio: «Después de restaurada y consagrada la Igle- 
sia del Apóstol, murió en el Señor» (3). De los que mue- 
ren en el Señor, se dice que son bienaventurados y di- 
chosos. Esto, aún en lo humano, era muy aplicable á 
nuestro San Pedro. Después de tanto desastre, en medio 
de un período en que parecía que estaba para repetirse 



(1) Véase España Sagrada, t. XXXVI, Apéndice VII. 

(2) La subscripción citada, sólo dice: Sub Xpisti nomine Petrus episco- 
pus confirynat. 

(3) Post restaurationem, consecra ta equidem Ecclesia, Petrus ídem 
episcopus obdormivit in Domino. 



428 LIBBO SEGUNDO 



la pérdida y desolación de España, muere con la satis- 
facción de ver restaurado y enriquecido el monasterio 
de Curtís, en donde yacían sus padres; reconstruida y 
consagrada su Catedral compostelana; y reparadas tan- 
tas otras iglesias y monasterios. Considerado esto, á un 
hombre como San Pedro, la muerte no debía de serle 
amarga, ni penosa. 

La Iglesia ha sancionado la fama de santidad (que 
ya había ponderado la Compostelana (1), con que aparece 
rodeado el nombre de Pedro de Mezonzo. En el Marti- 
rologio Romano, publicado por Baronio, de orden de 
Gregorio XIII, y revisado y corregido en tiempo de Ur- 
bano VIII y Benedicto XIV, al día 10 de Septiembre, se 
lee: Compostellae Sancti Petri Episcopi, qxd multis virtutibus 
et miraculis chruit (2). Gralesinio, en el Martirologio que 



(1) Petrus de Mosontio divinae providentiae gratia subrogatus... Hujus 
ergo sancti tate et religione dominus Rex Veremudus... (España Sagrada, 
t. XX, pág. 14). 

(2) Baronio, en las Notas, cita á Molano en las Adiciones á Usuardo y 
á otros. (Molanus in Additionibus ad Usuardum etaliij. Papebroek f (Acta 
Sanct., al 8 de Mayo), y después de él, Flórez (España Sagrada, t. XIX, pá- 
gina 185), supusieron que Baronio había incurrido en una equivocación, de 
la cual resultó confundido nuestro San Pedro, con San Pedro Arzobispo de 
Tarentasia. La posibilidad de esta equivocación no puede negarse; pero el 
argumento tomado de posibilidades y suposiciones, en buena crítica, no pro- 
cede. Aunque se dé por real y positiva la equivocación, tendrían que expli- 
car Flórez y Papebroek como la memoria de San Pedro de Mezonzo pudo 
hallarse en condiciones de exponerse á ser confundida con la de San Pedro 
de Tarentasia; pues mientras no se dé esta explicación, no se ve motivo por 
qué el Pedro de Tarentasia hubiese de ser confundido con el de Mezonzo y 
no con cualquiera otro Pedro. Por lo tanto, á los que opinen, como los dos ci- 
tados críticos, bueno será recordarles la respuesta ó más bien advertencia 
que en 20 de Agosto de 1870 dio la Sagrada Congregación de Ritos sobre 
esta materia, á saber: «Mandavit insuper (Summus Pontifex) ut admonean- 
tur omnes cultores studiorum Historiae ecclesiasticae et sacrae Archeologiae, 



LOS TBES PBIMEBOS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 429 



había impreso en Milán en el año 1577, ya había dicho 
antes: Compostella, Sancti Petri Episcopi et confessoris. 

En el Breviario de la Orden de San Benito, publica- 
do en Madrid en el año 1626, aparece también el Oficio 
de San Pedro. Hízose esta edición, según las normas es- 
tablecidas por el Papa Paulo V. En el Decreto de apro- 
bación, expedido en Santiago por el General de la Or- 
den, en 4 de Junio de dicho año, se dice que en aquella 
edición reformada, no se permitió añadir nada nuevo ó 
que fuese recién hallado. In hujus autem libetti editione, ni- 
hil novum, nihil recens inventam addi permisimus. 



ut quandocumque agitur de Sanctis vel Beatis, qui, approbante Sancta Sede, 
sunt in possessione publici cultus ecclesiastici, caute se gerant, ac prae 
oculis habeant regulas hac de re traditas a Benedicto XIV in Litteris 
Apostolicis de nova Martyrologii editione, núm. 2 et 18; et De Servorum 
Dei beatificatione et canoniza tione, lib. IV, pág. 2, cap. XVII, núm. 9 et 10.» 

Por lo demás, las fuentes de dónde podían derivarse algunas noticias 
acerca de la Santidad de San Pedro, no estaban tan exhaustas en el siglo 
XVI, como pensaba el P. Flórez. En una compulsa verificada en el año 1501, 
se cita el Tumbo de Antealtar 'es , en dónde nuestro Obispo fué Abad; del 
cual Tumbo se decía que estaba escrito por rúbricas y capitulaciones de letra 
colorada. ¿No podría contener este Tumbo alguna noticia de San Pedro, que 
comunicada después por cualquier caso á Lovaina ó á Milán, fuese utilizada 
por Molano ó Galesinio? Adviértase, finalmente, que en el Breviario Bene- 
dictino impreso en 1626, que contiene el Oficio de San Pedro, en el Decreto 
de aprobación, se hace saber que sólo se permitió la publicación de lo que 
se halló conforme con las antiguas Memorias. 

En el Monasterio de San Pelayo de Antealtares, hay la tradición de ha- 
llarse allí sepultado San Pedro de Mezonzo. En un catálogo de Reliquias 
que se conserva en el Archivo de dicho convento, escrito á principios del si- 
glo XVI, se dice que en la Capilla mayor está un cuerpo Santo, que ni es el 
de San Fagildo, ni el de San Fernando, monjes en dicha casa (seguramente 
que en las Tablas ó Calendarios corapostelanos, tampoco hallaría Flórez los 
nombres de estos dos Santos), pero que muy bien podría ser el de San Pedro 
de Mezonzo. (Véase la Apología que sobre el culto de San Pedro, escribió 
el Cura de Fruíme, en el t. III de sus obras). 



430 LIBRO SEGUNDO 



Grandes fueron los méritos que Pedro de Mezonzo 
contrajo para con la Iglesia composte lana, para con el 
país gallego y para con todo el reino de León; pero no 
fueron menos especiales los que contrajo para con toda 
la Cristiandad. Entre las preces con que debemos acudir 
ante la Santísima Virgen para obtener su Patrocinio, 
cuenta el Papa Benedicto XIV (1) la célebre plegaria, 
(célebre canticumj Salve Regina. «La cual oración, continúa 
el Papa, por algunos es atribuida á Pedro, Arzobispo 
compostelano, que vivió en el siglo X, según lo que se 
lee en los Anales Benedictinos de Mabillón, al año 986, 
pág. 38: Petrus Episcopus compostellanus, cognomento de Moson, 
qai ante episcopatum monasterii Sancti Petri de ante Altaría in 
eadem Urbe fCompostellaJ abbas extiterat. Hic pwum antiphonam 
de Bta. Virgine, nempe Salve Regina, composuisse dicitur. 
Lo mismo había enseñado Durando en su Racional, li- 
bro IV, capítulo XXII (2). Otros creen que el Autor de 
esta Antífona, fué el Bto. Hermanno Contracto, Monje 
de San Benito.» 

Vese por esto, que el Papa Benedicto XIV, deja ex- 
cluido á San Bernardo del número de los Autores á quie- 



(1) En el tratado De las fiestas de Nuestro Señor Jesucristo, de la San- 
tísima Virgen y de los Santos. 

(2) Las palabras de Durando son como siguen, según la edición de 
Lyón, 1565: «Sed et Hermanus Contratus Theutónicus, intientor astrolabii, 
composuit sequentias illas: Rex omnipotens et Sancti Spiritus, etc.. et Ave 
Maria gratia, et Antiphonam, Almi Redemptoris mater, et, Simón Bariona, 
Petrus, vero, compostellanus episcopus fecit illam, Salue Regina misericor- 
diae, vita dulcedo, et spes nostra, Salve; ad te clamamus. 

Hemos preferido la lección, Petrus vero Compostellanus episcopus, á la de 
Petrus compostellanvs; porque la primera se halla autorizada por otras 
ediciones, y además, fué adoptada por algunos Autores que siguieron á 
Durando, como Claudio de Rota, Antonio de Mochares, Mabillón, etc.. 



LOS TEES PEIMEROS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 431 

nes pueda atribuirse la Salve; los cuales quedan reduci- 
dos á dos, San Pedro de Mezonzo y el Bto. Hermann. Y 
en tal caso, salta á la vista lo lógico y atinado de esta ob- 
servación del P. Flórez, gran partidario de San Bernar- 
do en este punto: «Si ha de recurrirse á uno de los dos, 
no podemos excluir al presente (San Pedro); en vista de 
que Autores extranjeros imparciales (y mucho más anti- 
guos, añadiremos nosotros), se la aplican» (1). 

Y en esto San Pedro no hizo sino dar nueva fórmula, 
más concertada y correcta, á ideas y sentimientos, que 
con frecuencia se expresaban en nuestro país en otras 
más toscas y desaliñadas frases. Véase, por ejemplo, esta 
plegaria que D. Bermudo II dirigió á la Santísima Vir- 
gen en un Diploma otorgado á la Santa Iglesia de Lugo, 
el año 991. Veremudus Rex, tibi, Domina mea, et Virginum 
Regina, mater luminis, et genitricem domini nostri Ihsu Xpisti, 
Sancta Maria... O alma Deiet Domini mater, adclinis funditus 
oro, et tuam interventum imploro, ut pro me filio tito, Regí eterno 
suffragia non desinas meo poseeré delicto, id per te redimere me- 
rear, et quo inique gessi áblutus abscedam... (2). ¡Cuántas ve- 
ces, en medio de las terribles tribulaciones que padeció, 
inflamado por estos mismos sentimientos y afectos, no 
recurriría el que había sido sabio monje de Santa María 
de Mezonzo al patrocinio de la Santísima Virgen! 



«43 



(1) España Sagrada, t. XIX, pág. 186. 

(2) Tomo X de pergaminos, del Archivo episcopal de Lugo, núm. V- 



CAPÍTULO XXII 



Ligeras consideraciones sobre el estado social y religioso 
de la Diócesis compostelana durante la primera mitad del 
siglo XI. -Pontificados deD. Pelayo II y D. Vimara Díaz. 




ácil es concebir cómo quedarían 
los Estados cristianos, y en par- 
ticular el de León, después de vein- 
titantos años de una guerra de exterminio. Desquicia- 
miento y anarquía en el orden político: corrupción y 
pervertimiento en el moral; relajación y olvido de toda 
disciplina en el religioso; he aquí, á grandes rasgos, el 
cuadro que ofrecía nuestro país á la entrada del siglo XI. 
Cuadrillas de aventureros, ó más bien de salteadores, 
infestaban por todas partes el país, y ni las mismas ciu- 
dades, incluso la de Santiago, se veían seguías de los 
atentados de aquellos foragidos. Para que pueda formar- 
Be alguna idea de las hazañas de tales bandoleros, y. de 



Tomo II. -28. 



434 LIBRO SEGUNDO 



hasta dónde llegaba su osadía, referiremos aquí, tomán- 
dolos de un Diploma que publicó Flórez en el tomo XIX 
de la España Sagrada (1), las atrocidades cometidas por 
un caballero llamado Sisnando Galiáriz, que, con sus 
hermanos, capitaneaba una numerosa banda de saltea- 
dores. El principal teatro de las fechorías de este mons- 
truo, en el cual su rapacidad sólo era comparable á su 
crueldad inaudita, fué la comarca que se extiende entre 
Santiago y el río Ulla, y que toda • era del patrimonio 
de la Iglesia compostelana. En las seis ó siete correrías 
que llevó á cabo en aquel distrito, hizo los daños siguien- 
tes: se apoderó de la villa de Aocio (Oza); destruyó la 
iglesia de San Félix (de Sales), en donde cautivó á vein- 
tiún hombres y recogió cincuenta cabezas, entre bueyes 
y vacas, y muchas otras de ganado menor, hasta valor 
de 500 sueldos; en la villa de Sares, de la misma 
parroquia, se apoderó de diez hombres y de ganado 
hasta valor de 390 sueldos; en la villa de Rial cogió al- 
gunos hombres inbuciatos y ganado hasta valor de 50 
sueldos; saqueó el monasterio de Bañar íz (San Miguel de 
Rarís), llevándose consigo al presbítero Aspadio y á 
otros cinco Monjes, á dos caballos valuados en 200 suel- 
dos, treinta y un bueyes y vacas, cien cabezas de gana- 
do menor, treinta y un cerdos, una venape palha, un col- 
chón pallium, otro tramisirgo, una campana, un manto, 
dos mantas y dos fieltros; en la villa de Reyes, robó dos- 
cientos bueyes y vacas y quinientas cabezas de ganado 
menor; y de la casa de Vimara Visteraci sacó seis hom- 
bres, que vendió por esclavos, y un caballo apreciado 



(1) Apéndices, pág. 394. Está inserto este Documento en el Tum- 
bo A, fol. 25. 



LOS TRES PRIMEROS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELATTÁ 485 

en 200 sueldos. Esto, por lo que toca á la rapiña; respec- 
to á ferocidad y barbarie, lie aquí sus proezas. Asesinó 
al presbítero Oduario, al monje Alvito y a otros diez 
hombres, Alfonso, Hermogio, Ramiro, Ecta, Sisnando, 
Gomarico, Argemiro, Alamiro, Vimara y Arraldo; á 
otros dos hombres, Sisnando y Pelayo, les cortó las ma- 
nos y la lengua, y los pies á una mujer llamada Toda. 
Habiendo el Rey D. Bermudo III enviado una recua de 
veinticinco mulos para recoger el vino de su bodega de 
Gomariz, en el Rivero, Sisnando le salió al camino, y 
después de apalear á los conductores hasta dejarlos por 
muertos, cortó las colas y las orejas á todas las cabalga- 
duras. Su osadía fué creciendo, en fin, hasta tal punto, 
que más de una vez intentó dar un asalto á la ciudad 
de Santiago. No era ya posible que quedase impune tan- 
ta enormidad. D. Bermudo III hizo sentir todo el peso 
de su autoridad sobre los culpables, y los castigó con 
mano firme. Se ignora lo que haría el Rey de la perso- 
na de tan insolente criminal y de sus cómplices; de sus 
bienes sabemos que los confiscó todos , y que en el 
año 1032 los donó á la Iglesia compostelana, que era 
contra quien dirigía principalmente sus tiros el infame 
Sisnando (1). 

Mas estos hechos, en mayor ó menor escala, se repe- 



(1) Los bienes confiscados y donados á Santiago radicaban en V Mari- 
no (Santo Tomás de Vilariño), en Sah Pelagio (San Pelayo de Mallos?), 
en Cerisaria (Cerdeira, lugar de la parroquia de Vilariño), en Vinialcs, en 
Santa María de Vaanionde, en Santa María de Teo, en Fraxinario (Freixei- 
ro, lugar de San Miguel de Rarís), Villa Chrisii (Vilacristi, lugar de San 
Miguel de Cora), San Vicente, San Miguel de Barcala, Frarici (Fraiz? lu- 
gar de San Cristóbal de Merín), Lucidi (Santa Marina de Lucí), Perarias, 
San Cristóbal de Reyes, San Pedro de Vilanova y San Miguel de Sa- 
randón. 



436 LIBBO SEGUNDO 



tían con frecuencia, y el orden y la paz pública se ha- 
llaban siempre en continuo sobresalto. 

Otra causa hubo, que en el orden religioso ocasionó 
profundas perturbaciones. Desde mediados del siglo X 
se habia apoderado de la sociedad una especie de conta- 
gio moral ú obsesión, por la cual todos, sin excepción, 
habían de hacer vida regular y monástica. Reuníanse 
una ó varias familias, elegían á un Sacerdote de reco- 
nocida virtud y prudencia, á quien daban el nombre de 
Abad; ponían á su disposición todos sus haberes; prome- 
tían, por medio de Escritura que se denominaba pactum 
ó placitum regulae, y cuya fórmula había dado San Fruc- 
tuoso (1), someterse á él en todo; y bajo su direc- 
ción observaban, hasta donde podían, la Regla monásti- 
ca en cuanto á la asistencia á coro, y al cumplimiento 
de los votos ó promesas de obediencia, castidad y pobre- 
za. Pero sucedía, y con harta frecuencia, que fallecido 
el primer Abad ó director, se hacía muy difícil hallar 
otro Sacerdote hábil que le sucediese; ó si se hallaba, ya 
no podía imponerse como su predecesor á los alumnos (2), 
que si no empezaban á sentir cansancio de la Regla, 
pues la mayor parte la habían abrazado sin verdadera 
vocación, se creían tan competentes y tan discretos, por 
lo menos, como el recién elegido. Comenzaban, pues, á 
desfilar, á abandonar el monasterio, á convertirse en 
tránsfugas ó refuganes, como se les llamaba entonces, y 
concluían por dedicarse á la vida de aventuras. Lo peor 
del caso, era que muchos, al salir del monasterio, que- 
rían llevar consigo la parte de hacienda que tenían ce- 

(1) Véase pág. 261, nota 2. 

(2) En muchos de estos pactos se reconocía al Abad el derecho de cas- 
tigar con azotes á los transgresores de la Regla. 



LOS TBES PBIMEBOS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 437 

dida ellos ó sus padres ó abuelos al aceptar la Regla; y 
de aquí un sinnúmero de querellas que solían terminar 
por medios violentos. El resultado, en muchos casos era, 
que la iglesia quedaba abandonada y desierta; la casa 
de la Regla saqueada; y la hacienda repartida, según el 
grado de fuerza que poseía cada usurpador. 

Esto, necesariamente produjo, entre otros, dos males 
gravísimos, la ignorancia en el Clero, y la pobreza y 
ruina de las iglesias. Las iglesias llegaron á tan mísero 
estado, que en algunas no quedaron más que las pare- 
des, como para señalar hasta dónde se extendía el recin- 
to sagrado. Otras, por falta de recursos, estaban cubier- 
tas con paja, como si fueran chozas. 

El Clero, privado de centros de educación y ense- 
ñanza, cayó en la más supina ignorancia, contrajo hábi- 
tos completamente aseglarados, y apenas sabía más que 
lo extrictamente necesario para el desempeño de su sa- 
grado y trascendental ministerio. En la Catedral de 
Santiago, donde en tiempo de los dos Sisnandos hubo 
más de treinta Canónigos, veíase reducido su número á 
siete, según la Compostelana (1), al comenzar el pontifica- 
do de D. Cresconio (1037). Y estos siete Canónigos, al de- 
cir de la Compostelana, no guardaban Regla alguna, ni 
en el traje, ni en la tonsura, ni en lo demás que requie- 
re la vida canonical (2). Aunque aquí rebajemos lo que 
la Compostelana hubo de exagerar por seguir la ley de 
los contrastes, siempre ha de quedar lo suficiente para 
que pueda formarse idea del estado del Clero en la pri- 

(i) Lib. III, cap. XXVI, pág. 543. 

(2) Soli tamen septem canonici in ea servientes nullius ordinis regu- 
lam, nec saltem habitu observantes, nec etiam tonsuram coronae habenten, 
nec barbam deponere volentes, rainus canonice degebant. 



438 LlBttO SEGUNDO 



mera mita,d del siglo XI. Agregúese á todo esto, la me- 
nor edad de D. Alfonso V, durante la cual cualquier 
osado ó aventurero creía hallar fácilmente impunidad. 

Estas eran las circunstancias en que entró á regir la 
Diócesis compostelana D. Pelayo II Díaz (1), en la va- 
cante producida por la muerte de San Pedro de Mezon- 
zo. Como aquella época fué desgraciada en todo, tam- 
bién lo fué en el número de Documentos que nos legó; 
pues son tan escasos, que nos suministran muy débil luz 
acerca de los sucesos y de los personajes del tiempo. 
De D. Pelayo, sólo sabemos que era hijo de un Diego, 
que debía de ser persona muy principal, acaso uno de 
los dos Condes de este nombre, que firman el Privilegio 
concedido por D. Bermudo II en 999 al monasterio de 
Carboeiro (2). Verosímilmente, el hijo de D. Diego era 
Canónigo de Santiago, y acaso el Pelayo, diácono, que 
subscribe la Escritura de Curtís del año 995. 

A juzgar por lo que dice la Compostelana, por muy 
malos medios fué promovido D. Pelayo á la Dignidad 
episcopal (3). Esto no es inverosímil; pero como ya he- 
mos sorprendido á la Compostelana hablando con sobrada 
ligereza en ocasiones semejantes, no podemos fiar mucho 
de sus palabras en este caso. Como quiera que sea, en 
el año 1005, á 13 de Septiembre, según una Escritura 



(1) Gil González (Teatro eclesiástico, t. I, pág. 38), le llama D. Juan 
Díaz. La Cronología de los Prelados compostelanos, que aquí sigue Gil Gon- 
zález, está mucho más desconcertada (y es cuanto puede decirse), que la que 
trae Argáiz en el tomo III de La Soledad laureada. (Alcalá, 1G75). 

(2) Véase Yepes, Coron. gen. de San Benito, t. V, Apéndices, núm. VII. 

(3) Unde Pelagius Didaci temporali potestate subnixus, pastoralis cu- 
rae dignitatem post eum (Petrum de Mosontio), usurpavit. (España Sagrada, 
t. XX, pág. 15). 






LOS TRES PRIMEROS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 439 

del Tumbo de Célanova, lib. II, fol. 106, ya estaba consa- 
grado Obispo de Iria y Compostela. 

El hecho más culminante que se sabe de D. Pelayo, 
durante su pontificado, es la cuestión que en el año 1007 
sostuvo con los Condes de Aveancos, D. Diego González 
y D. Ramiro González, sobre el confín de dicho Conda- 
do con los de Cornado y Bembejo, que eran de la Iglesia 
compostelana. Litigio tratado entre tales personas, no 
pudo menos de revestir gran importancia y notoriedad. 
El día en que se había de fallar la cuestión, reunióse en 
la villa de Pezobre, en el Condado de Aveancos, un 
gran concurso de jueces y de otras muchas personas más 
ó menos interesadas en el pleito. D. Pelayo presentó 
hasta cuarenta testigos, todos calificados, como que eran 
Abades y Sacerdotes, y todos depusieron que la línea 
divisoria entre el Condado de Aveancos y los de Corna- 
do y Bembejo, la formaba desde muy antiguo — desde el 
tiempo de D. Ramiro II — el río Iso. Los jueces no pidie- 
ron más pruebas, y sentenciaron en favor de la Iglesia 
de Santiago. D. Alfonso V confirmó la sentencia en 22 
de Agosto de dicho año, y ordenó á los Condes D. Diego 
y D. Ramiro que no volviesen á traspasar el Iso, ni á 
meterse en las tierras de Santiago (1). 

A la vista de tan ruidoso pleito, parece haber asisti- 
do también el Obispo de Lugo, D. Pelayo. Al menos en 
15 de Julio del referido año 1007, se hallaba en Santia- 
go, como se ve por una nota que puso por su mano en 
un Diploma concedido por D. Ramiro III á Sobrado, 
en 17 de Septiembre de 968 (2). 



(1) Véanse Apéndices, núm. LXXXIII. 

(2) La nota dice así: cPelagius episcopus Dei gratia ubi me agnoui in 



44:0 LIBBO SEGUNDO 



Después de este suceso, se eclipsa de nuevo la memo- 
ria de D. Pelayo Díaz para reaparecer poco después ex- 
puesta al siniestro resplandor que sobre ella arrojan 
estas palabras de la Compostelana: «Y por cuanto con la 
obtención de la Dignidad Prelaticia, se llenó de orgullo 
y de soberbia, por juicio de Dios fué ignominiosamente 
echado por los principes de esta tierra» (1). Que D. Pe- 
layo fuese expulsado de su Sede por los Magnates galle- 
gos, es muy creíble; pero que nuestro Prelado, al menos 
en sus costumbres y en su vida privada, hubiese dado 
lugar á ello, en esto es en lo que la afirmación de la 
Compostelana puede ser recibida con recelo y desconfianza, 
máxime si se tiene en cuenta que á D. Grudesteo, que se- 
gún la misma Compostelana era un Prelado prudente y 
virtuosísimo, sesenta años después le sucedió aún peor. 
Empero, en D. Pelayo Díaz acaso sería un justo juicio 
de Dios. 

Mas los Grandes que así persiguieron á D. Pelayo 
Díaz, no estorbaron que le sucediese su hermano D. Vi- 
mara, lo cual no deja de parecer extraño; bien es verdad 
que, según la Compostelana (2), aparentaba lo que no era; 



ueritate pro comitato de Parriga (que había cedido D. Ramiro III á Sobra- 
do) quod in testamento resonat, quod inde abstulerat Gutier Osoriz, et fa- 
bulauit mihi proinde Munia confessa; et ego concedo illum ad partem 
ipsius monasterii, die quod est idus iulii Era XLV post M in loco beati 
Iacobi apostoli manu propria. (Tumbo de Sobrado, t. I, núm. CVII). 

(1) Et quia sub tantae praelationis obtentu vitio elationis intumuit, 
divino interveniente judicio a principibus terrae ignominiose abjectus fuit. 
(España Sagrada, t. XX. pág. 15). 

(2) Cui (Pelagio) frater suus Vimara Didaci succedens, quoniam sub 
pretextu Religionis, non Deo, sed suae gloriae deserviré studuit... (España 
Sagrada, t. XX, pág. 15). 



LOS TRES PRIMEROS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 441 

su exterior era humilde y piadoso; en su interior sólo as- 
piraba á satisfacer su propia ambición. 

Se ignora el año en que cesó en el Episcopado D. Pe- 
layo; si fué larga ó breve la va'cante que se siguió, y en 
que fecha fué promovido D. Vimara. Por el Privilegio 
que D. Alfonso V otorgó á la Iglesia compostelana en 5 
de Marzo de 1011, se ve que ya entonces D. Vimara es- 
taba en posesión de esta Sede. En este Diploma no hizo 
más D. Alfonso, que ratificar y consignar por escrito la 
donación que D. Bermudo II había hecho á nuestra 
Iglesia de una familia de libertos ó colonos en el commis- 
so de Camota, á saber: Trasmiro, padre, y sus cuatro 
hijos Gonzalo, Vimaredo, Benedicto y Gudegeva. Como 
la muerte había sorprendido á D. Bermudo sin darle 
tiempo á extender la Escritura de donación, su hijo Don 
Alfonso suplió la falta por medio del referido Diplo- 
ma (1). En este mismo año, á 18 de Agosto, firmó Don 
Vimara, con título de Obispo Iriense y de Santiago, una 
donación hecha por la abadesa Fernanda al monasterio 
de Samos. Y en 28 de Septiembre del mismo, aún asistió 
á la consagración de la iglesia de San Juan Bautista de 
León, que habían fundado los Condes D. Munio Fernán- 
dez y D. a Elvira. Firma la Escritura de dotación con 
título de Obispo de la Sede Apostólica de Santiago (2). 

Después de esto, ya no se encuentra otra noticia de 
D. Vimara más que la que trae la Compostelana, á saber, 
que al atravesar el Miño, por accidente fortuito, ó por 
maldad de los que lo acompañaban, pereció envuelto en 
la corriente (3). 

(1) Véanse Apéndices, núm. LXXXIV. 

(2) España Sagrada, t. XXXV, pág 11. 

(3) Sive casu, sive proditione in fluvium Minei dimersus est. 



442 LIBRO SEGUNDO 



No debemos omitir aquí el hacer mención del ilustre 
Arias ó Ariano, el cual, en el año 1005, según nos ense- 
ña un Documento del Archivo Episcopal de Lugo (1), 
vendió á los monjes Grrisomaro, Egica y Euxilano, la 
villa de Argeynundo, en Rumian, que había legado á San- 
tiago, Gutier Grudestéiz, hijo de los Condes D. Grudesteo 
y D. a Gruistiverga. En su lugar, donó Ariano otra villa á 
la Iglesia del Apóstol. 



(1) Lib. IV de pergaminos, núm. LXXIV. 



■H 



CAPITULO XXIII 



Resumen de los juicios de la Compostelana, acerca de los Prela- 
dos que precedieron á D. Diego Gelmírez. Pontificado de 
D. Vistruario. 




rakde es el desenfado, descuido y 
negligencia, con que dejan correr la 
pluma los Autores de la Compostelana, 
cuando tratan de los acontecimien- 
tos referentes á las generaciones que 
les precedieron , y no titubean en sentar las afirma- 
ciones más atrevidas, y lanzar al público los juicios más 
arbitrarios. En lugar de compulsar los antiguos Do- 
cumentos, que les darían luz para apreciar, desde su ver- 
dadero punto de vista, los sucesos de otras épocas, hallan 
más cómodo el hablar de memoria, como vulgarmente 
se dice, y repetir lo que la voz pública pregonaba acer- 
ca de los hechos y de las personas con la dosis de mali- 
cia y apasionamiento que cada cual ingería al hacerse 



44:4 LIBRO SEGUNDO 



eco de los rumores que á su noticia llegaban. Tan censu- 
rable es esta incuria en la Compostelana, que, respecto de 
esto, ni aún á sí misma se tomó la molestia de com- 
pulsarse, como se verá por el ejemplo siguiente. En el li- 
bro II, cap. III, pág. 357, dice que casi, á excepción de 
Dalmaquio, todos los Obispos que precedieron á D. Die- 
go Gelmírez en la Sede de Santiago, no tuvieron otra 
ocupación que la milicia y las armas (1). Veamos lo que 
dice en el cap. II del lib. I, de algunos de los anteceso- 
res de Gelmírez. 

De Teodomiro: Tanto fidentius oculos mentís ad caelestis 
patriae considerationem erigebat... 

De Ataúlfo I: Divini vertí pábulo gregem sibi commissum 
prout váluit vigilanti cura cibavit. 

De Ataúlfo II: Tanto internae visionis desiderio succensus 
extitit... 

De Sisnando I: Adeo in labore sanctae praedicationis 
desudavit, quod despedís saecularium rerum negotiis, supernae 
contemplationi toto mensis affectu inhiavit. 

De San Pedro: Distrkti examinis pavor e perterritus coepit 
maculas suarum sordium poenitentiae lamentis amarissime pu- 
niré, et in alta se Dei contemplatione elevare. 

Si estas eran las armas y milicia en que, según la 
Compostelana, principalmente se ocupaban muchos de los 
predecesores de Gelmírez, hay que confesar que eran 
milicia y armas espirituales (2). 



(1) Qui prius fuerant Episcopi in Ecclesia Bti. Jacobi, excepto fere Dal- 
machio bonae memoriae... non ad adipiscendum Archiepiscopatum, nec ad 
ceteras Ecclesiae dignitates adipiscendas anhelaverant, sed in armis et in 
militia versabantur. 

(2) Hay, sin embargo, que tener en cuenta que, quien hablaba en el se- 
gundo libro dé la Compostelajia, era el extranjero OKraldo ó Giraud, que de- 



LOS TRES PRIMEROS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 445 

Respecto á la incuria y dejadez de los Prelados com- 
postelanos, en solicitar la dignidad Arzobispal, ó la de 
Sede exenta, mal podían anhelar lo que de hecho ya te- 
nían durante el siglo X y gran parte del XI. Es cierto, 
que carecían de título legal ó canónico según el rigor del 
Derecho; pero poseían uno, en aquella época de gran va- 
lor, cual era el de Obispos de la Sede Apostólica. Por esto 
vemos que Alfonso III en la Carta al Clero y pueblo de 
Tours, da á Sisnando I el título de Arzobispo; que Ordo- 
ño III, llama á Sisnando II Antistes totius orbis; y que el 
abad Cesario acude al Obispo compostelano, para que lo 
instituya nada menos que Metropolitano de Tarragona. 
Todo esto, principalmente nacía del título de Obispo de 
la Sede Apostólica, que para evitar equívocos, prohibió ba- 
jo anatema el Papa San León IX en el Concilio de Reinas 
de 1049. Dadas las ideas poco claras y precisas, que en- 
tonces había acerca de la constitución jerárquica de la 
Iglesia, no es de extrañar que se atribuyesen á dicho tí- 
tulo tanto valor y autoridad. Los mismos adversarios del 
abad Cesario vinieron á reconocer, sin quererlo, la auto- 
ridad del Prelado compostelano; pues el argumento que 
alegaron para no admitir al Metropolitano por él insti- 
tuido, fué que el Apóstol Santiago no había venido vivo 
á España; de modo que si para ellos fuera cierta, como 

bía de estar poco versado en la Historia de nuestra Iglesia y de nuestra 
patria. — De todos modos hizo mal Mr. Friedel en su trabajo Études compos- 
tellanes, publicado en la Revista Otia merseiana, vol. I, págs. 75-112, en co- 
piar lo que dice la Compostelana en el cap. III del lib. II. Les premiers 
Évéqués netaient pas precisement des modeles de bons pasteurs, asienta muy 
formalmente Mr. Friedel en la pág. 87 de su Estudio. Pero mayor dosis de 
ligereza se necesita para poner entre los epígrafes de su trabajo — Les ori- 
gines dUm cuite— y para llamar á D. Diego Gelmirez, pág. 107, Premier 
champión de Saint JacquetsU! 



446 LIBBO SEGUNDO 



era para los demás, la predicación del Hijo del Zebedeo 
en nuestra Península, ya ningún reparo podían oponer 
á la institución de Cesario en Compostela (1). Mas no es 
ésta la verdadera doctrina canónica. El grado y exten- 
sión de la autoridad de un Prelado depende, no de que 
un Apóstol haya venido, ni vivo, ni muerto, al país en 
que está enclavada su Diócesis, sino de la potestad de 
las Llaves, que fué conferida exclusivamente por Nues- 
tro Señor Jesucristo al Apóstol San Pedro. 

Dicho esto, para demostrar con cuanta precaución 
deben acogerse las afirmaciones de la Compostelana. res- 
pecto de los hechos de los Prelados que vivieron antes 
del siglo XII, vengamos al sucesor de D. Vimara Díaz, 
D. Vistruario (2). Se ignora el año en que comenzó Don 
Vistruario á regir la Diócesis compostelana, así como 
también se ignora el año en que feneció su predecesor 
D. Vimara; pero en 29 de Abril de 1014, ya estaba con- 
sagrado Prelado de Compostela, pues como tal firma un 
Privilegio que D. Alfonso V concedió al caballero leonés, 
Pedro Fernández (3). 

En 18 de Diciembre del mismo año 1016, firmó Don 
Vistruario con los abades Ariano de Antealtares y Vi- 
Hato de San Martín, la donación que de la mitad de la 



(1) Por esto se ve que la deposición de los cinco Prelados adversarios 
de Cesario, en la cual hizo tanto hincapié el P. Gams, para impugnar la 
venida y predicación de Santiago en España, fué interesada, y por esto 
podía recusarse. Falta saber si otras deposiciones semejantes padecerían la 
misma excepción. 

(2) La Compostelana le llama Instruario; pero es errata de los copistas 
por la facilidad que hay en los manuscritos, de confundir la sílaba in con 
la ul— Mariana (Hist. de Esp., lib. VIII, cap. VIII, al fin), lo denomina 
ísquaria. 

(3) España Sagrada, t. XXXV, pág. 16. 



LOS TBES PEIMEBOS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 447 

villa de Meilán hizo á la Santa Iglesia de Lugo D. a Teo- 
degonza, cognomento Gonzina. Era esta señora de la fami- 
lia de San Rosendo, y había estado casada con el famo- 
so Conde rebelde, Suero Gundemáriz (1). 

Esto da margen á suponer que por entonces se halla- 
ba D. Vistruario en la Corte. Quizás en esta ocasión 
nuestro Obispo bautizase al Príncipe D. Bermudo III, 
quien en un Diploma del año 1028, le llama su padrino 
(vobis patrino meo ano. Vistruario episcopo]. 

Un año después, D. Alfonso V vino á Galicia, y pro- 
bablemente á Santiago; pues el 18 de Abril de 1017, día 
de Jueves Santo, le hallamos en Sobrado, como resulta 
de la siguiente nota puesta al fin del Diploma, núm. VI, 
del tomo I del Tumbo de dicho monasterio: Ingressus est 
rex dominus noster Adefonsus princeps in cimiterio Saperaddo 
die cena Domini 1 qiwd fuit X11II Kalendas maii; et confírmauit 
Jume textum scripture manu sua propria Era L1V post mille- 
sima (2). Fulgentius presbyter scripsit per iussionem regis* 
Luego veremos la causa que debió motivar en este año 
la venida de D. Alfonso á Galicia. 

De esta venida del Rey D. Alfonso no se conserva 
memoria alguna en Santiago; pero hay un Diploma de 
su madre D. a Elvira, por el cual esta señora dona á la 
Iglesia del Apóstol varias villas y posesiones que detalla 
largamente en la Escritura (3). Dona, en primer lugar, 
fuera de Galicia, la villa de Genestario, la cual había si- 



(1) Libro III de pergaminos del Archivo episcopal de Lugo, núme- 
ro CLIV. 

(2) Debe leerse: Era LV post mülesimam, año 1017; porque en éste, 
efectivamente, cayó la Pascua en 21 de Abril, y por consiguiente, el Jue- 
ves Santo en el 18. En el año 1016 cayó la Pascua en 1 de Abril. 

(3) Véanse Apéndices, núm. LXXXV. 



448 LIBBO SEGUNDO 



do de Gonzalo Bermúdez, que se había alzado con el 
castillo de Luna contra D. Bermudo II (1). Confirma 
también la donación que de la villa de Valonga, á orillas 
del Neira, había hecho al Templo Apostólico, Sandino 
Baroncelliz por su alma y la de su hermano el Obispo 
Sisnando, que debe ser el que ocupó la Sede legionense 
desde el año 973 á 981. Concede, además, D. a Elvira va- 
rias villas y haciendas en Aveancos y en Montes, las 
cuales había comprado por mil sueldos en mulos, muías, 
caballos y preciosos paños (obtimos pannos miriffce pre- 
ciosos). 

Hay una circunstancia especial en este Diploma que 
denota lo íntimamente ligado que estaba á la Catedral, 
el monasterio de Antealtares. Otorga D. a Elvira á este 
monasterio y á sus Monjes, y al Obispo D. Vistruario, la 
villa de Lama, cerca de la de Genestario y la de Andríati 
en el teritorio de Castela. Concede, por último, á la Igle- 
sia del Apóstol un cortijo en León con sus molinos, pes- 
queras, etc. Otorgóse el Diploma en 18 de Agosto del 
año 1017. 

No parece, que las grandes iniciativas y las enérgi- 
cas resoluciones hayan sobresalido en el carácter de Don 
Vistruario, por lo cual por este lado no debió de hallar 
grandes obstáculos en el ejercicio de su ministerio. Sus- 
citáronselos, empero, los Condes ó administradores regios 
de los commissos colindantes con los de la Iglesia de San- 
tiago, los cuales Condes, cuando no se ingerían arbitra- 
riamente en el Gobierno de éstos, estaban de continuo 



(1) D. a Elvira había traído este castillo al matrimonio. Cum nostro 
castello nomine Lima et cum nostro ganato, quod in nostro casamento duxe- 
ramus, 



LOS TBES PBIMEBOS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 449 

moviendo querella á los Prelados compostelanos por 
cuestión de confines, ó de atribuciones ó de derechos en 
los respectivos distritos. Para quitar todo lugar á duda y 
á contienda, quiso D. Alfonso V que la Iglesia exhibiese 
todos los títulos por los cuales poseía sus tierras y commis- 
sos. Así se hizo en una gran Junta, que se celebró en la 
iglesia monasterial de Antealtares, en presencia del mis- 
mo Monarca, el 30 de Marzo del año 1019. En dicha Jun- 
ta, según lo que había ordenado D. Alfonso, cinco de los 
Canónigos más antiguos, á saber, el abad Alfonso Eriz, 
que sería el Prior de la Canónica, los abades Alvito y 
Gonzalo y los monjes Arias y Fateredo ante los comisio- 
nados regios Alvaro Ordóñez, amo del Rey y Cid Donne- 
liz, Merino mayor de Galicia (1), presentáronlas conce- 
siones originales de los Monarcas predecesores, y presta- 
ron declaración jurada de cuáles eran los commissos 6 
mandationes, las tierras y los castillos que pertenecían á 
la Iglesia de Santiago. Exhibieron el Diploma de D. Al- 
fonso II, sobre las tres millas; el de D. Ordoño I, aumen- 
tando las millas hasta seis; los de D. Alfonso III y Don 
Ordoño II, duplicando las seis millas y los demás Privi- 
legios en que se contenían donaciones de commissos y 
villas; y juraron, además, que, no siendo en tiempo de 
guerra, todo lo que se contenía en estos Diplomas, siem- 
pre había sido observado y guardado. En vista de todo 
esto, declaró el Rey que dichos Diplomas permaneciesen 
firmes é inviolables en favor de la Iglesia. «Por lo que 
>toca alas villas y heredades, añadió, que fueron pobla- 



(1) Este es el más antiguo Documento en que se encuentra mención de 
el cargo y dignidad de Merino mayor de Galicia. Sin embargo, su institu- 
ción acaso date, por lo menos, del tiempo de D. Berinudo 11. 
Tomo II.— 29. 



450 LIBRO SEGUNDO 



» das después de los mencionados Diplomas en la tierra 
»de Santiago, ordenamos, que todo aquel que hubiese 
» comprado heredades ingenuas ó hubiese poblado villas 
» en dicha tierra, si quisiere irá residir en otra parte? 
»deje íntegros, á la Catedral y á su Obispo las casas y los 
» huertos; pero de la ti'erra de foris (ó sea, de lo que que- 
»dare restando el huerto y la casa), lleve la mitad, y ade- 
finas los frutos que le correspondan de la otra mitad, á 
»no ser que quiera ser reintegrado del costo de la finca. 
»Si de la finca se posesionó sin precio alguno, entonces 
» quede íntegra á la Catedral. Si alguno adquiriere algo 
»en el iglesiario ó diextros de alguna iglesia, piérdalo 
»sin ningún género de excusa.» 

Otros dos puntos se resolvieron en la Junta, que da- 
ban margen á innumerables cuestiones y reclamaciones, 
que á veces degeneraban en sangrientos conflictos. El 
uno se refería á la facultad que pretendían los sayones 
ó alguaciles del Rey para penetrar en las tierras de 
Santiago en causas de crimen ú otras análogas; el otro 
versaba sobre quién era el señor jurisdiccional de aque- 
llos que pasaban de otros commissos á residir en los de 
la Iglesia compostelana. Acerca del primer punto, ha- 
bían declarado los testigos presentados por la Iglesia: 
«que todo lo que se había acostumbrado á satisfacer á 
»los Reyes en causas de robos, parricidios, homicidios ó 
» tránsfugas, se pagó íntegramente á la Iglesia del Após- 
tol por mano del sayón del Prelado, menos cuando no 
»pudiendo éste obligar á hombres soberbios, orgullosos y 
» levantiscos á que le respetasen sus prerrogativas, se 
» quejaba al Rey, y hacía venir los sayones regios para 
» recobrar sus derechos. Nunca entraron, pues, en tierra 
»de Santiago los sayones del Rey, sin ser expresamente 



LOS TBES PBIMEEOS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 451 

> llamados por el Obispo, no siendo para proceder contra 
^ nobles ó infanzones. Y si alguna vez entraron, llama- 
dos por alguien, pero sin mandato del Prelado, al pun- 
>to, tan pronto como se supo, fueron expulsados.» 

Respecto del segundo punto, depusieron los declaran- 
tes «que cuando venían hombres de otros condados a mo- 
»rar en tierra de Santiago, las heredades que poseyeran, 
»las dejaban al Condado de donde habían salido; pero 
»que ellos quedaban sujetos al Señorío de la Iglesia del 
» Apóstol, ó de su administrador, á no ser que fuesen 
» siervos ó libertos del Rey, si es que el Rey, ó los Con- 
>des, ó sus propios dueños, no los habían otorgado por 
» Escritura á la misma Iglesia» (1). 

Nada innovó D. Alfonso respecto de estos puntos, y 
quiso que todo continuase observándose, como hasta en- 
tonces se había guardado. Enumera, además, las igle- 
sias dieccsáles, ó que no estaban sujetas á ningún domi- 
nio, existentes en la comarca de Saines, la cual, como 
hemos dicho, había sido cedida por D. Sisnando II á los 
caballeros habitantes en la misma, para interesarlos en 
la defensa del país contra las piraterías de los norman- 
dos. Menciona también algunos de los territorios que se 
comprendían en la Diócesis compostelana, especialmen- 
te aquellos que podían dar margen á algún litigio, 
como los de Pruzos, Besoucos, Trasancos, Labacengos y 
Nendos. 

En la parroquia de San Esteban de Piadela, cerca 
de Betanzos, se crió una gran Reina, la Reina D. a San- 
cha, esposa de D. Fernando I. Lacróla D. a Fronosilde, 



(l) Véanse Apéndices, núm. LXXX VI.— Véanse Fueros Municipales 
de Santiago y de su tierra, tomo I, pág. 131 y siguientes. 



452 



LIBEO SEGUNDO 



por otro nombre Siti, la cual era de una distinguida fa- 




Fotografía i/e. 7. Linda. Fotograbado de Laporta. 

Miniatura del Tumbo A, fol. 20 vuelto, qne representa á D. Alfonso V. 

milia gallega; pues sus ascendientes habían fundado el 



LOS TRES PRIMEROS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 453 

monasterio cuyo título lleva hoy la citada parroquia, y 
ella misma, con su hermano Vimara Grundemáriz, lo 
restauró y puso en mejor estado. En 30 de Diciembre 
de 1020, el Rey D. Alfonso V, por hacer bien á dicha 
casa, y en atención á los servicios prestados por Frono- 
silde, acotó los diextros del monasterio, y le otorgó el 
señorío y jurisdicción sobre todos los que morasen den- 
tro de aquel término. Quiso D. Alfonso, que á la muerte 
de los dos hermanos pasase el monasterio, con todas sus 
pertenencias, al dominio de la Iglesia de Santiago; por- 
que ésta era tal vez la voluntad de Vimara y Fronosil- 
de. Vimara, no obstante, por la confirmación de este 
Privilegio, recibió del Rey un caballo apreciado en 200 
sueldos, un gavilán, un alano y otros dos perros (1). 

Otro Privilegio subscribió D. Vistruario en 8 de 
Agosto de 1022; por el cual Privilegio permutó D. Al- 
fonso V con el caballero Gudesteo Suárez, nieto del 
Conde D. Rodrigo Velázquez, y sobrino del Obispo com- 
postelano D. Pelayo Rodríguez, la villa de Santa Eula- 
lia en tierra de Deza, que había sido del traidor Galin- 
do (2), y la de Sampiro, cerca de Monterroso, por la de 
Minioto (S). 

De esto que llevamos hasta aquí referido, se colige 
que el Rey D. Alfonso, á pesar de sus juveniles años, 
poseía el tacto y energía suficientes para encauzar las 
desbordadas corrientes, qué hasta entonces habían aso- 
lado la nación. Empero, una nueva tempestad se desen- 



(1) Véanse Apéndices, niím. LXXXVII. 

(2) Galindo se había rebelado en el castro de Trava contra D. Ber- 
mudo II. 

(3) Tumbo A, de la Catedral de Santiago, fol. 23, 



454 LIBRO SEGUNDO 



cadenó sobre Galicia, que amagaba no menores infortu- 
nios y desastres que los pasados. En el año 1016 arribó 
á nuestras costas una numerosa escuadra normanda, y 
penetró por el Miño hasta llegar á Tuy, en donde, ha- 
ciendo un desembarco, de tal modo sorprendieron á los 
habitantes, que después de destruir ó incendiar la ciudad, 
se llevaron cautivos al Obispo y á su Clero, y á otros 
muchos moradores. Continuaron después, por bastante 
tiempo, sus correrías del otro lado del Miño, asediando 
castillos, haciendo mercado con los cautivos, ó degollán- 
dolos y torturándolos, según mejor les convenía. En esto 
se presentó D. Alfonso, á quien ya en 18 de Abril de di- 
cho año 1017, hemos visto en Sobrado, y después de va- 
rios victoriosos encuentros, los obligó á reembarcarse (1). 
Mas las costas de Galicia estaban mal custodiadas, ni 



(1) Multas quidem ipsorum inimicorum cervices fregimus, dice D. Al- 
fonso V en el Diploma otorgado á Santiago en 1024 (España Sagrada, 
tomo XIX, pág. 391), et eos de riostra térra ejecimus. 

Pretendiendo Dozy en sus Recherches (tomo II, pág. 300 y siguientes), 
hacer un cuadro, no histórico sino artístico de las aventuras de San Olao, 
para recargar con más intensas sombras su obra, pretendió atribuir al céle- 
bre Rey de Noruega la destrucción de Tuy y el cautiverio de su Clero y de 
su Obispo. Después de describir las hazañas de las huestes del Rey norue- 
go, y entre ellas el martirio de San Elfego, Arzobispo de Cantorbery, con- 
cluye: «La Iglesia con imparcial equidad tiene por santos, así á Elfego, como 
á Olao Haraldson, uno de sus verdugos.» Aquí Dozy con volteriana impar- 
cialidad calla el arrepentimiento de San Olao y los actos de reparación que 
llevó á cabo. Y para hacer más admisible la suposición de que San Olao 
había sido el jefe de los incendiarios de Tuy, con libertad más artística que 
crítica, corrige la fecha en que el Cronicón Lusitano colocó estos sucesos, y 
la anticipa en dos años; y no satisfecho con esto, apoyándose en la autoridad 
de Risco, que en este punto sin bastante fundamento se aparta del común 
sentir de nuestros Historiadores, hace á D. Alfonso V tres años más viejo 
de lo que era en realidad, 



LOS TRES PRIMEROS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 455 

era fácil guardarlas con los medios de que se disponía 
entonces; así es que I03 normandos repetían casi todos 
los años sus excursiones, y si la ocasión les era propicia, 
se distribuían en bandas para recorrer y saquear el país. 
Uno de los puntos más amenazados, eran las brillas del 
Miño, en donde, sin duda, se proponían tomar desquite 
de los descalabros del año 1017. Con esto se hizo impo- 
sible repoblar por entonces la ciudad de Tuy, y menos 
restaurar la Sede. Mas como aquella importante comar- 
ca no podía permanecer mucho tiempo sin Pastor que 
la rigiese y administrase espiritualmente, D. Alfonso V 
convocó el año 1024 un Concilio, en que se tratase este 
punto, y se acordase lo que se creyese procedente, aun- 
que fuera con carácter de interinidad. Reunióse el Síno- 
do el 29 de Octubre del referido año, á lo que parece, en 
Santiago, y á él asistieron los Obispos Jimeno de Astor- 
ga, Ñuño de León, Vistruario de Compostela, Iñigo, cu- 
ya Sede ignoramos, Adeganis de Oviedo, y Pedro de 
Lugo, y varios Condes y Magnates de la Corte. Lo que 
se acordó respecto de la Sede de Tuy, fué unirla á la de 
Santiago, é incorporar con la compostelana la antigua 
Diócesis tudense (1). Al ratificar D. Alfonso el acuerdo 
del Concilio, donó á Santiago el Señorío de lo que que- 



(1) Transactoque multo tempore ciim Pontificibus, Comitibus atque 
ómnibus Magnatis Palatii, quorum facta est turba non módica, tractavimus 
ut ordinaremus per unasquasque Sedes Episcopos, sicut canónica sententia 
docet. Cum autem vidimus ipsam Sedem (Tudensem) dirutam, sordibusque 
contaminatam et ab Episcopali ordine ejectam, necessarium duximus et 
bene providimus, ut esset conj uñeta Apostolicae Aulae, cuius erat provin- 
cia; et sicut providimus, ita concedimus... parti sci. Apostoli ut ibi maneat 
per saecula cuneta. (Diploma de D. Alfonso V entre los Apéndices del 
tomo XIX de la España Sagrada). 



456 LIBEO SEGUNDO 



daba de la antigua ciudad de Tuy con la iglesia de San 
Bartolomé, que quedó en pie entre sus ruinas. 

No se detuvo aquí la liberalidad del piadoso Monar- 
ca para con la Iglesia del Patrón de España, sino que 
añadió nuevas larguezas, además de la de la Diócesis 
tudense. Dio la iglesia de San Pedro de Benevivere (Bem- 
bribe, cerca de Vigo); la de Santiago de Pórtelas, del 
otro lado del Miño; la de San Salvador de Rial, en el 
territorio de Célticos, á orillas del Tambre (1); la de 
San Julián de Negreira con sus iglesias, sus colonos y 
todas sus demás pertenencias; y en el suburbio lucense, 
la de San Vicente de Spate. Añadió, finalmente, otra 
muy importante donación, la de la isla de Oneste (2), en 
las márgenes del Ulla, en la cual el mismo D. Alfonso V 
había hecho construir una ciudadela para cerrar el paso 



(1) En el Diploma publicado por Flórez se lee in ripa maris, en lugar 
de in ripa Tamaris. 

(2) Esta isla es la del famoso castillo de Oeste cerca de Catoira. El 
P. Flórez (España Sagrada, tomo XIX, pág. 192), cree que en lugar de 
Oneste debe leerse Aunios (Ons), porque asentando D. Alonso V que la isla 
de Oneste era una de las donadas por D. Alfonso III á Santiago, y no apa- 
reciendo el nombre de Oneste, más si el de Aones entre las dadas por este 
último Monarca, era dado inferir que el poner Oneste en lugar de Aones 
había sido una errata del amanuense. Añade el P. Flórez (pág. 196), que el 
sitio de Oeste se reduce á unas peñas sobre las que levantaron los romanos 
las torres de Augusto, y que por consiguiente no ofrecían comodidad para 
la ciudad mirae magmtudinis, de que habla D. Alfonso V. Mas la ciudad ó 
ciudadela no se redujo á las peñas mencionadas por Flórez, sino que se ex- 
tendían por bastante espacio á lo largo del río en la margen izquierda. Aún 
hoy día pueden verse los restos del antiguo recinto murado. Además, ha- 
biendo sido construida esta ciudadela para proteger á Santiago, ad defen- 
dendam ipsius Apostoli patriam, para este objeto, en la isla de Ons resultaría 
completamente inútil. 



LOS TEES PBIMESOS SIGLOS DE LA I. CÓMPOSTELANA 457 

á las naves normandas que se enfilaban por dicho río, y 
eran una constante amenaza para la ciudad de San- 
tiago. 

Entre las distracciones que padeció el P. Flórez al 
tratar del Obispo D. Vistruario, debemos notar la en 
que contradice á la Infanta D. a Elvira, la cual, en un 
Privilegio concedido á la Catedral de Lugo en 1071, ha- 
bía afirmado, que la Iglesia de Tuy quedara sujeta á la 
de Santiago después de la irrupción de los ismaelitas. El 
Padre Flórez sienta que esta sujeción sólo tuvo lugar 
después de la invasión de los normandos; pero en cierto 
modo aconteció mucho antes, desde que los Prelados 
tudenses, para evitar las furiosas acometidas de los ára- 
bes, se vieron precisados á buscar refugio y asilo en la 
Diócesis compostelana. 

No nos detendremos en citar los Privilegios que por 
estos años subscribió D. Vistruario, sin olvidar nunca el 
título de Obispo de la Sede Apostólica; pues de ello sólo 
se sacaría, para nuestro objeto, la mera mención del 
Prelado. Del año 1028, hay una importante donación 
hecha á la Iglesia de Santiago por la piadosa Infanta 
D. a Teresa, hija de los Reyes D. Bermudo II y D. a Elvi- 
ra. Dona la virtuosa Infanta al Obispo D. Vistruario y 
á todo su Cabildo (Patri et pontifici domini Vistruarii et om- 
ni Congregationi apostolici Loci), un cortijo dentro de los 
muros de la ciudad de León, con la iglesia de San Millán 
en él edificada, el cual cortijo se hallaba al Norte de la 
ciudad, cerca de la puerta llamada del Conde, y no le- 
jos del monasterio de San Pelayo, en donde D. a Teresa 
había hecho profesión religiosa. El Obispo y Cabildo 
ofrecieron como obsequio á la Infanta, una magnífica 
cortina (dlaiara valde mirifica), que se guardaba en el 



458 



LIBEO SEGUNDO 




Fotografía de José Lintia. Fotograbado de Laporta. 

Miniatura del Timbo A, fol. 38, que representa á la Infanta D, A Teresa, 



LOS TBES PE1MEBOS SIGLOS DE LA I. CO&tPOSÍELAtf A 459 

Tesoro de la Iglesia, y que fuera donada por la madre 
de D. a Teresa (1). 

Mas en este mismo año 1028, á 4 de Julio, ocurrió 
un lamentable suceso que llenó de luto á todo el reino, 
y que dio ocasión á grandes disturbios y á muy trascen- 
dentales cambios en las relaciones políticas entre los di- 
versos Estados cristianos de nuestra Península. En dicho 
día (2), D. Alfonso Y, que estaba sitiando á Viseo, pe- 
reció víctima de su confianza y de su arrojo, atravesado 
por una saeta. Al punto fué proclamado su hijo D. Ber- 
mudo III, el cual en 15 de Noviembre del referido 
año 1028, por el alma de sus padres, otorgó á la Iglesia 
de Santiago la villa de Cordeiro, en el territorio de Sai- 
nes, que había sido de sus abuelos maternos, los Condes 
gallegos D. Menendo González y D. a Toda. Dio también 
la villa de Auna, á orillas del Tambre en Postmarcos, 
que sus abuelos paternos, D. Bermudo II y D. a Elvira, 
habían adquirido de Arias Alfonso. Al mismo tiempo, 
donó D. Bermudo III al monasterio de Antealtares y al 
Obispo D. Vistruario, á quien llama su padrino (monaste- 
rio Sci. Petri apostoli quod fundatum est prope aulam Sci. la- 
cobi, et vóbis patrino meo domino Vistruario episcopoj, las villas 
de Maurlini y Bermiri (3). En el mismo año, y á 30 de 
Diciembre, D. Bermudo III, además de confirmar la do- 
nación de Cordeiro, otorgó á Santiago la tierra de Car- 



(1) Véanse Apéndices, núm. LXXXVIII. 

(2) El año y día en que falleció D. Alfonso, sobre los cuales no esta- 
ban acordes nuestros Historiadores, nos los dá fijamente el Salterio de Don 
Fernando I. En su Cronicón se lee: Adefonsus rex oviit IIII feria mensis 
iulio, era TLXVI. — Véanse Apéndices, núm. XCII. 

(3) Véanse Apéndices, núm. XC. 



460 



LIBEO SEGUNDO 



nota, según confinaba con la de Célticos, con los dos cas- 




Fotografía de J. Limia. Fotograbado de Laporta. 

Miniatura del Tumbo A, fol. 21, que representa a D. Bermudo III. 



tillos de San Jorge y Cañedo, que se habían edificado 



LOS TEES PBIMEBOS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 461 

para su defensa (1). Dónala D. Bermudo para sustento 
de los Clérigos que sirven en la Iglesia Apostólica, para 




Fotografía de ./. Limia. Fotograbado eU Laporta. 

Miniatura del Tumbo A, fol. 37 vuelto, que representa á D. a Urraca, viuda de f). Alfonso V. 

socorro de los pobres y hospedaje de los peregrinos y 



(1) Estos dos castillos estaban, al parecer, en la parroquia de San Ma- 



462 LIBEO SEGUNDO 



extranjeros. Termina D. Bermudo encomendándose á 
las oraciones de D. Vistruario y de todo el Cabildo, y 
rogándoles que el día de la fiesta de Santiago, distribu- 
yan pan y vino á los pobres (1). 

Ya antes que el joven Monarca D. Bermudo protes- 
tase en la forma que hemos visto, de su amor y devoción 
á la Iglesia de Santiago, la Reina viuda D. a Urraca, con 
su madre D. a Jimena, había ofrecido en 26 de Septiem- 
bre al Santo Apóstol su villa de Letiftcus (Lédigos), en 
el territorio Coza, entre los ríos Carrión y Aratoi, con to- 
dos sus edificios, viñas, pomares, prados y demás perte- 
nencias (2). Aún no transcurridos dos años, otras dos 
Princesas, D. a Sancha y D. a Teresa, hijas de D. Bermu- 
do II y D. a Elvira, á 27 de Enero de 1030, concedieron 
á Santiago, en tierra de Camota y cerca del sitio en 
donde el Tambre desagua en el mar, la villa de Sar an- 
tes, que sus padres habían comprado á Arias Alfonso y 
á Ordoño Ramírez (3). 

Si prescindimos de estas regias donaciones, pocas 
noticias tenemos del Obispo D. Vistruario y del Clero 
Catedral compostelano. Otros Prelados de aquellos 
tiempos, solieron hacer como D. Pedro de Lugo, D. Pe- 
layo de León, etc., cuantiosos donativos á sus Iglesias, 
consignados en Escrituras, á que ellos daban el nombre 
de Testamentos. Indudablemente, D. Vistruario hizo en 
favor de su Iglesia alguna cosa semejante; pero las Es- 



med de Camota, partido judicial de Muros, el uno en el lugar de Castelo 
y el otro en el famoso monte Pindó, y ambos sobre la costa del Océano. 

(1) Véase España Sagrada, tomo XIX, Apéndices. 

(2) Véanse Apéndices, núms. LXXXIX y XCII, pág. 226. 

(3) Véanse Apéndices, núm. XCI. 



LOS TRES PRIMEROS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 463 



crituras originales se perdieron, y el compilador del 




Fotografia dé ./. Limia. Fotograbado de Laporta. 

Miniatura del Tumbo A, ful 88 vuelto, que representa a D.« Sancha y I >.« Teresa. 

Cartulario Compostefano, que desde el año 1129 se había 



464 LIBEO SEGUNDO 



propuesto insertar en él todas las donaciones, así las 
hecjias por los Reyes é Infantes, como las de los Prela- 
dos, Condes y personas privadas, no pasó del primer 
libro, que era el destinado á contener las concesiones 
regias. De aquí el silencio que se nota respecto de obras 
y donaciones hechas por los Prelados y aún por otras 
personas á nuestra Iglesia. 

De D. Vistruario se sabe por una Escritura que Ar- 
gáiz (1) leyó en un libro manuscrito del Monasterio de 
Oña, que en 8 de Julio de 1029, donó varios bienes al 
convento de San Sebastián de Picosagro. Subscriben el 
Documento, además de D. Vistruario, otros cuatro Obis- 
pos, y los abades Alvito, Ariano, Gonzalo y Adulfo. Los 
tres últimos eran Abades en Compostela; el primero en 
Antealtares, el segundo en San Martín Pinario, y el 
tercero, acaso fuese el Prior de la Canónica. Alvito, es 
sin duda, el Abad de Samos del mismo nombre, que des- 
pués fué Obispo de León, y mereció el honor de los al- 
tares (2). 



(í) La Soledad Laureada, tomo III, pág. 387. 

(2) He aquí el resumen que hace Argáiz de esta Escritura: «En el año 
1029 he visto Escritura suya (deD. Vistruario), donde haze diferentes mer- 
cedes al Monasterio de San Sebastián de Monsagro... Era esta Cueva (la del 
Picosagro) de donde los Discípulos de Sant lago echaron aquella Serpiente, 
de que se haze relación en la vida y sepultura del Apóstol. Era tradición, 
que en ella dexaron los Santos Discípulos depositadas muchas reliquias, o 
lo habían hecho otros sucessores; y deseando por aora con vana curiosidad 
algunos, que es, lo que de cierto auia en ella, parece ser, que intentándolo 
fueron abrasados con fuego, que salió de ella, y muertos en la prosecución 
del intento, que procuraron dar alcanze por dos o tres vezes; assi desistien- 
do de su curiosidad tuvieron todos tal respeto al dicho lugar, que el Obispo 
Vistruario hizo muchas mercedes al Monasterio de San Sebastian...» Esto era 
en substancia lo que contenía del Libro manuscrito de Oña. Mas de esta 
Escritura se conservaba en el Archivo de San Martín Pinario el original ó 



LOS TRES PRIMEROS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELASA 465 

Pequeña fué la tregua que las pasiones políticas y 
otras más ruines concedieron á la moralidad y al orden. 
Muerto D. Alfonso V, cuyo valor, tacto y prudencia 
elogia D. Fernando I, en un Diploma otorgado á la 
Santa Iglesia de Astorga en el año 1046 (1), muchos 
caballeros turbulentos y ambiciosos, confiados en que los 
pocos años ó inexperiencia de D. Bermudo III no po- 
drían oponer serio obstáculo al logro de sus perversas 
concupiscencias, se entraron por las heredades de las 
iglesias, y cada cual arrebató y se apoderó de lo que 
pudo. En el capítulo XXII hemos hablado de los inaudi- 
tos atropellos, latrocinios, y asesinatos perpetrados en la 
tierra de Santiago hacia el año 1032 por el caballero 
Sisnando Galiáriz. Teniendo en cuenta la situación po- 
lítica del reino, fácil es explicar la libertad é impunidad 
con que procedían estos malvados. En el año 1031, Don 
Sancho el Mayor, Rey de Navarra, invadió el reino de 
León, se hizo dueño del territorio sito entre los ríos Cea 
y Pisuerga, y desde aquí destacó algunas fuerzas para 
que, con el auxilio de los Condes que estaban rebelados 
contra D. Bermudo III, se internasen por el país. Algu- 
nas de estas tropas así destacadas, en connivencia con el 
Conde rebelde D. Rodrigo Románez, sobrino del famoso 
D. Suero Gundemáriz, se posesionaron del castillo de 
Lapío (Labio), cerca de Lugo, con la intención de hacerse 



un trasunto gótico, del cual en los índices de Documentos se hace mención 
en los siguientes términos: «Serie de sucesos memorables <{ue han aconte- 
cido en Montesacro, donde fué edificado } T dotado el monasterio de San 
Sebastian para monjes benitos; de la cual fundación se hace mención en 
esta Escritura; su fecha Era MLXVII (año 1029); en gótico. Cajón 2.° A, 
pieza 5. a » 

(1) España Sagrada, t, XVI, Apénd. XVI. 
Tomo II.— 30. 



466 LIBRO SEGUNDO 



fuertes en aquel sitio, y coadyuvar de este modo á los 
designios de su Monarca. Pero fueron tales los desmanes, 
robos y asesinatos que cometieron, que el mismo Don 
Rodrigo Románez, á instancia de todo el Clero y pueblo 
de la comarca, pasó á desalojarlas por la fuerza de aquel 
sitio. Para ello se concertó con una de las bandas de 
normandos que recorrían el país, y con estas fuerzas y 
las suyas asaltó el castillo, le puso fuego y lo arrasó 
hasta los cimientos (1). 

Disponíase D. Bermudo á rechazar impávido á los in- 
vasores de su reino, y á castigar severamente á los se- 
diciosos que así lo perturbaban; mas en esto se le ofreció 
un ventajoso partido que lo desembarazaba de su más 
poderoso enemigo, el Rey de Navarra. Era el matrimo- 
nio de su hermana D. a Sancha con D. Fernando, hijo 
segundo de D. Sancho el Mayor. La boda debió verifi- 
carse en la segunda mitad del año 1032; y por tal ma- 
nera, quedó D. Bermudo en libertad para habérselas con 
los traidores que habían intentado aniquilar y destrozar 
sus estados. 

A mediados del referido año 1032, debió de venir á 
Galicia para restablecer el orden y hacer cumplida jus- 
ticia en los rebeldes. El malvado Sisnando Galiáriz y 
sus cómplices, no quedaron sin el correspondiente casti- 



(1) Querellaverunt se ad ipse Comes (D. Rodrigo) de Vascones, qui 
sedebant in ipsa penna, dicentes quod habebant de illos grande dampno et 
malfacturias in ecclesias et in meskinos, de predas et disrumptiones, et 
rausos et liomicidios et furtos, et eoritm erat illa térra herma et desolata. 
Tune vero coadunavit se ipse Comes cum omnes suos barones et cum gens 
Leodomanorum, et cerravit ipsa penna et pressit ea per fortia, et cremavit 
et solavit ea. (Privilegio otorgado por D. Bermudo III á la Santa Iglesia de 
Lugo, en 30 de Agosto de 1032, España Sagrada, tomo XL, Apéndice, nú- 
mero XXV). 



LOS TRES PRIMEROS SIGLOS BE LA I. COMPOSTELANA 467 

go. D. Bermudo les confiscó todos sus bienes, y de acuer- 
do con la Junta que sobre el particular se celebró en 
Santiago, los adjudicó á la Iglesia del Apóstol (1), para 
que con sus productos se hospedasen los peregrinos y se 
socorriesen los pobres, y en especial para que los minis- 
tros del templo pudiesen por medio de ellos atender á su 
sustento temporal, y el donante conseguir ante el Su- 
premo Juez la gloria eterna (2). Datóse la Escritura que 
aún subscribe la Infanta D. a Sancha, en 25 de Agosto 
de 1032. En 30 de Agosto, ya D. Bermudo se hallaba en 
Lugo, á cuya Santa Iglesia otorgó el Privilegio que he- 
mos citado en la nota de la página anterior. 

En el año 1034, el Rey de Navarra repitió la invasión 
en los estados del Rey D. Bermudo, y con tanta fortuna, 
que en poco tiempo se apoderó de León y de Astorga. 
El Monarca navarro apenas encontró resistencia, y esto 
sin duda fué debido, como conjetura el P. Risco (3), á 
una grave enfermedad que tuvo largo tiempo postrado 



(1) «Placuit mihi etomni concilio ut tibí Deo Omaipotenti et apostólo 
tuo Jacobo, post Deum mihi fortissimo Patrono, cujus corpus tumulatum est 
sub Arcis marmoricis, territorio Galleciae in finibus Amaeae, et tibi domi- 
no Vistruario episcopo cum omni congregatione ipsius Loci faceré textum 
scripturae firmitatis de omni illorum re, tam villis, quam monasteriis.» Si- 
gue después la enumeración de los lugares en donde radicaban dichos 
bienes, á saber, en Vilariño, San Pelayo de Mallos, Cerdeira, Viniales, 
Fraiz, Vaamonde, Teo, Freixeiro, Vilacristi en San Miguel de Gora, San 
Miguel de Barcala, Lucí, Pereiras, Reyes, Vilanova, San Miguel de Saran- 
dón. (Véase España Sagrada, tomo XIX, Apéndice, páginas 395-39G. — Véase 
atrás, cap. XXII, pág. 434-435). 

(2) «Ut et inde ferant omnes subsidium temporale, et ego in divino 
exanime gloriam aeternalem.» — Era la fórmula ordinaria empleada por 
entonces. 

(3) España Sagrada, tomo XXXV, págs, 37 y siguientes. 



468 LIBKO SEGUNDO 



á D. Bermudo III, en un pueblo de la Limia, en la pro- 
vincia de Orense (1). Mas repuesto de su grave dolencia, 
ó de la sorpresa que debió causarle la repentina é ines- 
perada invasión de D. Sancho, reunió en Galicia un 
considerable ejército y se puso en marcha para reco- 
brar sus estados de León. La muerte del Rey navarro 
acaecida á principios del año 1035, facilitó el éxito de 
su empresa, pues en 16 de Febrero de dicho año ya se 
hallaba en posesión de la capital de sus estados (2). 

Mas aquí nos ocurre la mención de un desagradable 
suceso, que refiere la Compostélana en los siguientes tér- 
minos: «Recibiendo Vistruario el cargo Pontifical, de tal 
modo conculcó con sus malas costumbres los preceptos 
de la vida santa, que exigiéndolo así sus deméritos, fué 
puesto en cadenas por el Rey D. Bermudo en la Era (no 
se expresa), y allí pagó el tributo á la naturaleza» (3). 

El hecho de la prisión por sí sólo, máxime en aque- 
llas circunstancias, no arguye nada contra la conducta 
moral del que así fué tratado. Cuando el Obispo de Lu- 
go, D. Pedro (del cual no puede decirse que no haya 
sido ejemplar Prelado), no quiso admitir en el año 1034 
dentro de su ciudad al Rey D. Bermudo, no sería por- 
que no quisiese aceptar los halagos y beneficios del Mo- 
narca, sino por recelarse del mal que con aquella entra- 



(1) Cadivit ei (Regí Veremundo) mora prolungata, et fecit ad eum 
Fernando Aluariz et sua mulier, domna Marina, seruitium idoneum. (Car- 
tulario de Celanova, lib. II, núm. LV). 

(2) España Sagrada, tomo XXXV, pág. 46. 

(3) Instruarius pontificale suscipiens vices, adeo doctrinara sanctae 
vitae pravis moribus conculcavit, quod suis exigentibus meritis a domino 

Rege Veremundo in vinculis mancipatus sub Era debita naturae per- 

solvit. 



LO TUES PRIMEBOS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 469 

da le podía sobrevenir. Para proceder así D. Pedro, 
debió tener algún motivo poderoso, y el más eficaz en 
este caso, sería el ver lo que se había hecho con otros 
Prelados. Y en efecto, D. Bermudo con sus Condes ó 
Barones, D. Alvaro Ordóñez, D. Rodrigo Ordóñez, Don 
Pedro Fláiniz, D. Oveco Bermúdez y D. Esteban Osórez, 
juró que no ocasionaría al Prelado de Lugo, ni él, ni sus 
Magnates, ningún daño, ni robo, ni muerte, ni ningún 
otro agravio (1). 

No nos olvidemos de que el Rey D. Bermudo era 
casi un niño, y que por consiguiente, estaba expuesto á 
las sugestiones de sus Magnates, poseídos algunos de 
ellos de muy ruines pasiones, de las cuales acaso fué 
víctima el Obispo D. Vistruario. 



*H^***^H> 



'*-*>-2- 



(1) Jurant ai vos, Petrti3 Dei gratia episcopus..., ut ssdeat iste Rex 
dominus VereinuDdus fidelis dominus super eum (Episcopura), et non ha- 
beat dampnum, nec pressa, nec mortem, nec aliquo impedimento de me, 
Veremundo Rex, nec de meos Barones. (Apéndice núm. XXVI, en el tomo 
XL de la España Sagrada). 




CAPITULO XXIV 



El Obispo D. Cresconio. Importantes obras que llevó á cabo 
durante los primeros años de su Pontificado. 




^ A primera mención que se halla de 
D. Cresconio, sucesor de D. Vis- 
truario (1), es en un Documento de Celanova, otorgado 
en 9 de Junio de 1037 por D. Bermudo III. En él subs- 
cribe D. Cresconio con el título de Obispo de Iria. 



(1) Argáiz (La Soledad Laureada, tomo III, pág. 388), introduce entre 
D. Vistruario y D. Cresconio á un Obispo, á quien da el nombre de D. Ser- 
vando. Sienta, además, que fué Obispo de León antes de serlo de Santiago. 
Esto de ningún modo puede admitirse, porque mucho antes que D. Servan- 
do dejase de ser Obispo de León, ya D. Cresconio lo era de Santiago. Para 
probar que D. Servando fué Obispo compostelano, cítase una lista de los 



472 LIBBO SEGUNDÓ 



«Cresconio, nacido de exclarecido linaje, de tal ma- 
nera resplandeció por lo ilustre de su nobleza, que con 
la prudencia y denuedo de su milicia, exterminó á los 
normandos que habían invadido esta tierra. Levantó 
edificios de muros y torres para fortificar la ciudad de 
Compostela. Terminada la iglesia de Santa María (de 
Iria), que él, con el auxilio de Dios, liabía edificado, al 
llegar en sus últimos días- al castillo de Honesto, por 
él construido para defensa de la Cristiandad en la 
Era MCIV, fué sobrecogido por la inexorable muerte» (1). 

Tal es el elogio que de este insigne Prelado dejó es- 
crito la Compostélana. Es parco, pero expresivo, máxime 
si se atiende á la sobriedad y concisión con que los au- 
tores de dicha Historia solían escribir acerca de los Pre- 
lados de aquellos tiempos. Sin embargo, no están aquí 
incluidos todos los aspectos, ni aún los principales, desde 
los que debemos contemplar esta noble figura, á este 
varón preclaro y famoso, como en otro lugar le llama la 
Compostélana. Cresconio no sobresalió sólo por la alteza 



nueve Obispos Santos, sepultados en San Esteban de Rivas de Sil, en la cual 
lista, aparece D. Servando como Obispo de Santiago. Mas esta noticia debe 
ser muy posterior, y sin duda se hizo cuando, á fines del siglo XV, se reco- 
gieron del claustro, en donde se hallaban, los restos de los Santos, y se de- 
positaron en la Iglesia. Ninguno de los Catálogos de los Obispos compos- 
telanos cuenta como tal á D. Servando; ni tampoco en los Tumbos de San- 
tiago, de Sobrado, de Celanova, aparece firmando con este título. 

(1) Cresconius, igitur, nobilissimo genere ortu3, tantae nobilitatis 
lampade resplenduit, quod suae militiae circunspecta strenuitate Norma- 
nos, qui hanc terram invaserant, funditus extinxit, et aedificia murorum 
turriumque ad muniendam urbem Compostellae construxit. Cumque post 
consummationem hujus ecclesiae Sanctae Mariae, quam ipse, Deo opitu- 
lante, fecit, jam instante ejus vitae termino ad Castellum Honesti, quod ad 
defensionem Christianitatis construxerat, perveniret, in Era MCVI me- 
tuendae mortis incursu impulsus est. (España Sagrada, tomo XX, pág. 15). 



LOS f RES PRIMEROS SIÓLOS DÉ LA I. COJÍÍOSÍELAÍÍA 47$ 

de su alcurnia, ni por ser Padre y tutor de la patria; 
fué también restaurador de la Disciplina eclesiástica y 
de las buenas y sanas costumbres; reivindicador de la 
justicia y de los derechos de su Iglesia; gran promove- 
dor de los estudios eclesiásticos y de la ilustración del 
Clero. En todos estos terrenos debemos estudiar é inves- 
tigar su acción, por más que la escasez de Documentos 
se rebele, y ponga toda clase de obstáculos á nuestra 
tarea. 

Del linaje de D. Cresconio no sabemos más que lo 
que nos dice la Gompostélana, la cual ni siquiera nos da 
su apellido patronímico. Empero, como su sobrino y su- 
cesor D. Gudesteo descendía, al parecer, del gran Conde 
gallego D. Menendo González, tutor de Alfonso V, Don 
Cresconio, al menos por afinidad, debía de hallarse em- 
parentado con esta nobilísima familia. 

Cuál era su estado, ó qué grado ocupaba en la je- 
rarquía eclesiástica antes de ser nombrado Obispo, se 
ignora, aunque debe presumirse que era miembro del 
Clero Catedral compostelano. Lo que puede asegurarse, 
es que no fué, como pretenden Yepes y Gil González, el 
'prepósito ó Prior de Celanova que llevó el mismo nombre, 
y fué discípulo de San Rosendo. Argáiz reconoce esto 
mismo; pero como para él todos, ó casi todos los Prela- 
lados de aquellos tiempos fueron Monjes benedictinos, 
se conforma con que si Cresconio no fué el Prior citado, 
sería otro Monje que habría vivido después en Celanova. 

De los primeros años del pontificado de D. Cresco- 
nio, pocas noticias se conservan; tanto, que el P. Flórez 
comenzó á contar su pontificado desde el año 1048, cuan- 
do hacía ya once años que nuestro Obispo había tomado 
posesión de la Sede. Mas por lo que dice la Compostelana, 



474 LIBRO SEGUNDO 



y por los efectos, se presume fácilmente cuál debió de 
ser su principal preocupación durante ese tiempo. 

Desde el año 1032, ó antes, recorrían este país ban- 
das de normandos, que saqueaban ó incendiaban nues- 
tras iglesias, nuestros pueblos y nuestras villas, y en 
algunos casos daban la mano á los aventureros indíge- 
nas, menesterosos de fuerzas y de recursos, como se vio 
cuando el Conde D. Rodrigo Románez quiso asaltar el 
castillo de Labio, cerca de Lugo. El jefe de estas bandas 
era, probablemente, el iarl ó Conde danés Ulfo, del cual 
se cuenta que estuvo enseñoreado de Galicia, de donde 
recogió grandes riquezas, y que por esta razón fué lla- 
mado Ulfo el Gallego (1). Los Magnates gallegos se ha- 
llaban por entonces ocupados, primero, en rechazar la 
invasión de D. Sancho de Navarra; después, en seguir á 
D. Bermudo III, que quería recobrar parte de sus Esta- 
dos del poder de su cuñado D. Fernando I, y que por su 
excesivo arrojo pereció el 4 de Septiembre de 1037 en 
la batalla de Tamarón (2); y por último, en sublevarse 
contra D. Fernando, que había sido ungido Rey de León 
el 22 de Junio de 1038 (3). 

Un hombre del carácter de D. Cresconio, no podía 
permanecer impasible é indiferente ante la desolación 
de la patria. Reclutó soldados, los adiestró en el manejo 

(1) La Knyllinga Saga, citada por Dozy (Recherches...; 3. a edición; 
tomo II, pág. 314), dice de este famoso capitán: «Ulfo, conde en Dinamarca, 
era un bravo guerrero* viajó como vikingo (rey del mar) hacia el Oeste, 
conquistó y saqueó a Galicia, e hizo allí un gran botin; por esta razón se le 
denominaba Ulfo el Gallego.» 

(2) Ovitum Veremundi regis in bello pugnator fortis die IV feria men- 
sis septembris era TLXXV. (Véanse Apéndices, núm. XCII, pág. 225). 

(3) Ordinatio domini Fredinandi regis in lejone X Kalendas iulias 
Era TLXXVI. (Véase Apéndice citado). 



LOS TBES P&IMEBÓS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 475 

de las armas; nombró capitanes, los impuso en la táctica 
de la guerra; y cuando tuvo todo aprestado, salió en 
busca del agresor, y no cesó de guerrear y combatir 
hasta que consiguió ver limpia de enemigos toda su Dió- 
cesis y gran parte de Galicia. De este modo, con sus 
propios recursos, desbarató D. Cresconio las huestes de 
los daneses, como antes D. Alonso V había deshecho las 
de los noruegos. fSuae militíae circunspecta strenuitate... Nor- 
manos funditus extinxü). 

Mas como D. Cresconio comprendía que esta inva- 
sión no había de ser la última, y que aún era de temer 
que se repitiese con mayor furor y encarnizamiento, 
juzgó oportuno ponerse en condiciones de rechazar cual- 
quiera acometida, é impedir que el país fuese de nuevo 
saqueado y asolado. 

Entonces el castillo de Oeste era considerado, según 
dice la Compostelana, como la llave de Galicia; cuya po- 
sesión facilitaba el dominio sobre todo el país (1). Como 
ya hemos dicho, D. Alonso V fué el que comenzó la 
construcción de tan estratégica fortaleza, y para abre- 
viar su fábrica, obligó á todos los labradores, desde Tria- 
castela hasta la costa del Atlántico, á ir á prestar servi- 
cio siempre que fuesen llamados. Más tarde, como los 
muros amenazaban con frecuencia ruina, pues aunque 
trabados en su interior con vigas, estaban formados de 
piedra menuda asentada en seco, se regularizó este ser- 
vicio limitándolo á los labradores que habitaban entre 



(1) Quippe Honestum quasi quaedam clavis atque sigilluin est Gallae- 
ciae; quod si exterae gentes hunc locum sibi praeriperent, munitione ibidem 
composita, Gallaeciam invadero atque depopulari prae manibus haberent, 
(Libro II, cap. XXIII). 



4?ó * USBO SEGUNDO 



el río Iso y el mar; pero obligándolos, por Real Edicto, 
á venir dos veces al año para ayudar á los trabajos de 
reparación y mantenimiento de los extensos lienzos de 
pared. No satisfacía á D. Cresconio esta obra, que con 
tanta facilidad se desmoronaba; emprendió, pues, su re- 
edificación, pero dando á los muros más firme y sólida 
estructura, y levantando altas torres, desde las cuales se 
ofendiese más certeramente al enemigo (1). En el centro 
de una de las torres, construyó una capilla delicada á 
Santiago. 

Con esto tenía D. Cresconio lo bastante para vigilar 
y entretener, en todo caso, á los invasores, y ganar 
tiempo para que en Compostela, que naturalmente era 
el principal objeto de su codicia, pudieran tomarse las 
convenientes precauciones. Entonces, para nuestra ciu- 
dad, resultaba muy estrecha la cerca con que se la ha- 
bía ceñido en el siglo IX, y el caserío, prescindiendo de 
tal valla, se extendió en todas direcciones por fuera de 
los muros. Fuerza era, no obstante, poner al abrigo de 
cualquiera golpe de mano las nuevas edificaciones y en- 
sanchar en la misma medida el recinto fortificado. A 
esto atendió el previsor Obispo, levantando nuevas mu- 



(1) Cresconius tamen bonae memoriae Ecclesiae Bti. Jacob i Episcopus 
Ídem castellum turribus excelsis atque muro firmissimo partim munierat. 
(Historia Compostelana, loe. cit.) —Probablemente data de esta época la ins- 
cripción hallada recientemente al pie de las Torres de Oeste, y era la tan 
memorable, HOC SIGNO TVETVR, PIVS.-HOC SIGNO VINCITVR 
INIMICVS. Estaba grabada alrededor de una Cruz sobre una piedra, que 
parece el dintel de una puerta. Guárdase este interesante monumento en el 
Museo arqueológico de Pontevedra, por donación del Sr. D. José Salgado 
Rodríguez. 

Por este tiempo debió también tenderse una cadena para cerrar por 
aquel sitio el paso del río. 



LOS TUES PBIMEROS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELAtf A 477 

rallas, nuevas torres, que probablemente describían el 
mismo perímetro que tuvo la ciudad hasta el siglo XVI. 

Para prevenirse y precaverse de esta manera, había 
más que sobrados motivos. No ignoraba D. Cresconio, 
que tal era la nombradía de que entre las gentes del 
Norte gozaba la ciudad y templo de Santiago, que con 
su nombre designaban á toda Galicia. Jakóbsland (tierra 
de Jacobo), llamaban á nuestra región las Sagas escan- 
dinavas; Terra BtL lacóbi, el Cronicón del monasterio An- 
driense; Terra regis de Sancto lacobo, Juan Bromton. Por 
consiguiente, la ciudad y templo de Santiago habían de 
ser el principal blanco adonde se dirigiesen los tiros y 
acometidas de aquellos piratas. Todos estos trabajos, to- 
das estas fortificaciones, estaban, pues, muy en su lugar; 
y al emprenderlas D. Cresconio, libró ciertamente á Ga- 
licia de nuevos desastres, de nuevas desolaciones, y se 
hizo acreedor al reconocimiento y gratitud de todo 
el país. 

Algo le faltaba, sin embargo, que era el centro, el 
núcleo de todos estos trabajos y el más íntimo objetivo 
de todos sus desvelos; y este algo era fortificar en regla 
el templo de Santiago. Para ello, edificó dos torres de- 
lante de la apostólica Iglesia, que no sólo la defendiesen 
de los ataques de frente, sino que la flanqueasen y la 
protegiesen contra los movimientos envolventes del 
enemigo. En el interior de las dos torres levantó dos al- 
tares, dedicados, el de la una, á San Benito, y el de la 
otra, á San Antonino (1). 



(L) Altaría Sancti Benedicti et Sancti Antonini fuerant in turribus, 
quas in inunitionem Apostolicae Ecclesiae fecerat Cresconius Episcopus 
ante veterem Bti. Jacobi ecclesiolam. (Historia Compostelana, libro II, 



478 



LIBBO SEGUNDO 




Fotografía de J. Linda. Fotograbado de Lnporta. 

Miniatura del Tumbo A, fol. 25 viielto, que representa a D. Fernando I. 



cap. XXV). — Estas torres fueron deshechas cuando, no muchos años des- 
pués, se construyó la nueva iglesia. 



LOS TRES PRIMEROS SIGLOS DE LA. I. COMPOSTELANA 479 

Tales fueron los importantes trabajos que debieron 
absorber la atención de D. Cresconio durante los prime- 
ros años de su pontificado. Es muy verosímil, no obstan- 
te, que hubiese asistido á la coronación de D. Fernan- 
do I en León, la cual, como hemos dicho, tuvo lugar el 
22 de Junio del año 10B8. Con este motivo tuvo ocasión 
de darse á conocer al nuevo Monarca, el cual hizo de él 
alto aprecio, y siempre lo consideró como uno de sus 
más firmes partidarios. No merecían el mismo concepto 
todos los Magnates gallegos, pues algunos levantaron el 
estandarte de la rebelión contra D. Fernando, y entre 
ellos la Condesa D. a Odrocia, con su hija Elvira y su nie- 
to el Conde Munio Rodríguez, quien se apoderó de Mon- 
terroso y de otros castillos pertenecientes á la Coro- 
na (1). Mas estas alteraciones no pasaron de conatos de 
insurrección, y Galicia se conservó siendo uno de los 
países más adictos á D. Fernando; pues cuando éste se 
vio obligado á reohazar con la fuerza la desatentada 
ambición de su hermano D. García de Navarra, los ga- 
llegos concurrieron en gran número á la jornada de 
Atapuerca (1 de Septiembre de 1054), que tuvo por re- 
sultado el triunfo completo de D. Fernando, y la muerto 
del inquieto y turbulento Rey de Navarra (2). 

Lo mismo aconteció en las expediciones que D. Fer- 
nando hizo en Portugal en los años 105G y 1057, y más 
tarde en 1064. En 105 6, el animoso Monarca conquistó á 
Sea y á otros castillos, y en 1057, á Viseo el 29 de Julio, 



(1) Véanse Apéndices, núm. XCIV. 

(2) Quibus auditis Fernandus Rex, collecto a finibus Gallaeciae im- 
menso exercitu, injuriam regni ulcisci properat. (Cronicón del Silense en el 
tomo XVII de la España Sagrada, pág. 317). 



480 LIBRO SEGUNDO 



y á Lamego en 29 de Noviembre (1). Es de presumir, y 
aún casi seguro, que el Prelado compostelano acompañó 
al Rey D. Fernando en estas expediciones, como de 
cierto se sabe, según luego veremos, que lo hizo en la 
del año 1064. 



(1) In Era MLXXXXIV intravit mense martio rex Ferdinandus cum 
su o exercitu per aquam Minei de Tude Portugalliam. (Véase España Sa- 
grada, tomo XIV, pág. 171). 







IIIIIII1MIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIMIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIUIIIIIIIIIIIIIIMI 



r jiiiiiiiijiiijiii|iiiiiii|iiiiiiijiiiiiii]i|iiiiiliiiliiiliiiliii]iii]i)i]i iji|iiiiii|iiijitijiiijiiijiii|iiijiii)|i)i|iiijiiiiili|)iiiiiii|iii]iiii.ii!tiniji,ii M 

rr'ítrn'rrnTfiTniflTrn'nTrT'ltTTrriTitil' 




CAPÍTULO XXV 



Continúan los hechos de D. Cresconio. — Conquista de Coim- 
bra. Donaciones que hizo D. Fernando I á la Iglesia com- 
postelana.— Su fallecimiento en 27 de Diciembre de 1065. 




UY ineficaces serían todas cuantas 
investigaciones ahora se hiciesen 
para averiguar lo que D. Cresconio 
haya podido hacer en el edificio 
material de su- Iglesia. Debiera decirse que embargada 
su atención con obras más urgentes, como las fortifica- 
ciones de la ciudad, y con el gobierno de su extensísima 
Diócesis, que por entonces comprendía la de Tuy y casi 
se alargaba hasta el Duero, no tuvo lugar para empren- 
der en su Iglesia grandes edificaciones, las cuales de- 
bieron limitarse á los reparos más precisos, así en la 
Canónica, como en las demás dependencias del Templo. 
Acaso acariciaría ya la idea de construir una Basílica 
más grandiosa, y capaz de contener las muchedumbres 

Tomo H.— 31. 



482 LIBEO SEGUNDO 



de romeros que diariamente acudían á Compostela; mas 
la muerte no le permitió realizar tan vasto proyecto, 
que requería mucho estudio y preparación. Lo cierto es, 
que quien llevó á cabo obras considerabilísimas en las 
Catedrales de Iria y de Braga, según luego veremos, no 
pudo dejar olvidada la de Compostela, á la cual tenía 
subordinados toda su actividad y todos sus desvelos. Mas 
antes que nos ocupemos de las obras de Iria y de Braga, 
vamos á reunir aquí algunos hechos, que aunque menos 
importantes, no deben quedar omitidos en la biografía 
de tan insigne varón, con quien tan esquivos se mues- 
tran los Documentos de la antigüedad. 

En el año 1045 vino en peregrinación á Santiago, 
D. a Fronilde, esposa de D. Ordoño, hijo de D. Bermu- 
do II. D. Cresconio cedió á esta piadosa señora el cortijo 
que había sido de un eunuco del Rey D. Ramiro II (1); 
el cual cortijo se hallaba inmediato á la Catedral y al 
Palacio Real de León; prope aulam Sancti Salvatoris et pala- 
tium Regis (2). 

D. Cresconio había continuado intitulándose, como 
sus antecesores, Obispo de Iria y de la Sede Apostólica. 
Esta última denominación llegó á causar algunos rece- 
los en Roma, como ocasionada que era á torcidas inter- 
pretaciones y á exageradas presunciones, que podían 
degenerar en cisma. Con menor pretexto, algunas igle- 
sias habían pretendido romper el vínculo de unidad que 
las tenía subordinadas á la Cátedra de Pedro, declarán- 
dose independientes. El Papa, San León IX, no veía 
con buenos ojos este título que usaba D. Cresconio, y lo 



(1) Véase cap. XVII, pág. 318-319. 

(2) España Sagrada, tomo XXXV, pág. 62. 



LOS TBES PEIMEROS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 483 

calificaba de injustificable arrogancia; así es que en el 
Concilio de Reims, celebrado á principios de Octubre del 
año 1049, pronunció contra él sentencia de excomunión. 
Excommunicahis est, etiam, se lee en las actas de este Con- 
cilio, según las publicaron Labbó y Cossart (1), Sancti 
Jacobi archiepiscopus Galliciensis, quia contra fas sibi vendica- 
ret culmen Apostolici nominis. 

En el Concilio de Coyanza, celebrado un año des- 
pués, D. Cresconio usó sólo el título de Obispo Iriense; 
mas posteriormente volvió á tomar el de Obispo de la 
Sede Apostólica; por lo que es de creer que daría alguna 
explicación al Papa sobre el sentido de este título. 

Al hablar la Compostelana de D. Gudesteo (2), dice 
que este Prelado quiso conservar la hacienda, los dere- 
chos y prerrogativas de su Iglesia en el mismo estado de 
recta y vigorosa administración, en que los había dejado 
su antecesor D. Cresconio (3). Este elogio está dedicado 
á D. Gudesteo, pero no favorece menos á su predecesor, 
pues demuestra la energía de su carácter, su celo y la 
rectitud de sus intenciones. En el año 1062, se hallaba 
en el territorio de Braga, á donde, sin duda, había ido 
para visitar las parroquias que la Iglesia de Santiago 
tenía por aquella comarca. Con el mismo objeto, había 
ido allí también el Obispo de Lugo, D. Vistruario, á 
cuya Sede estaba agregada, desde los tiempos de D. Al- 
fonso el Casto, la bracarense. Habiendo notado este Pre- 
lado que varias de las iglesias diocesales ó canónicas de 



(1) Col. Concih: Venecia, 1730; tomo XI, col. 1411. 

(2) España Sagrada, tomo XX, páginas 15-1<¡. 

(3) Juxta vigorem praedecessoris sui dignitatem et honores hujus Apo- 
stolicae Ecclesiae ad statum rectitudinis promoveré voluit. 



484 LIBBO SEGUNDO 



Braga estaban usurpadas por algunas personas laicas, 
reclamó contra este despojo ante el Rey D. Fernando, 
el cual comisionó al Prelado compostelano y á Gutino 
Venegas, que gobernaba la tierra de Portugal, para que 
averiguasen á quién correspondía la propiedad de dichas 
iglesias. Hecha la averiguación, resultó que éstas siem- 
pre habían sido de la Sede de Braga, y que sus detento- 
res eran descendientes de siervos de esta Sede, que en 
el siglo IX había puesto allí el Obispo de Lugo, D. Fla- 
viano, para poblar aquella comarca (1). , 

Del alto crédito de que gozaba D. Cresconio en el 
ánimo del Rey D. Fernando, tenemos repetidas pruebas; 
baste citar en este momento los muchos Diplomas en 
que, al lado del Rey, aparece la firma de nuestro Prela- 
do, como en el otorgado á Celanova en 10 de Junio 
de 1056 (2), en otro de 9 de Junio de 1058, registrado 
en el Tumbo celanovense (3), en otro dado al monasterio 
de Cinis en 29 de Junio de 1061 (4), etc. D. Fernando, 
que por otra parte estaba bien penetrado de cuánto de- 
bía esperar de la protección del Patrón de España, San- 
to titular de la Iglesia que gobernaba D. Cresconio, no 
se mostraba remiso en favorecer á esta Iglesia con sus 
ofrendas y donativos. En 8 de Enero de 1061, concedió 
á D. Cresconio y al Cabildo compostelano, que nadie 
pudiese molestar con servicios y otras imposiciones á los 
hombres que habían ido á poblar la villa de Corneliana, 



(1) España Sagrada, tomo XL, pág. 173. 

(2) Tumbo de Celanova, lib. I, núm. VI. 

(3) Lib. III, núm. XXV. 

(4) De una copia del siglo XII, (¿ue se guarda en la Escuela superior 
de Diplomática de Madrid. 



LOS TEES PBIMEEOS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 485 

á orillas del Limia, en Portugal, donada á la Iglesia de 
Santiago por D. Ordoño II (1). 

El monasterio de Celanova poseía en Compostela, 
quizás desde el tiempo de San Rosendo, una casa junto 
á la fuente de Meo samélli, que no sabemos si será la de 
Ciqmlli ó Sequelo. Inmediato á esta casa había un corti- 
jo ó huerta cerrada, que era de la Condesa D. a Odrocia. 
Al entrar D. Fernando en posesión del Reino de León, 
parece que algunos gallegos se negaron á reconocerlo 
como Rey. Por lo menos D. a Odrocia y su familia, se re- 
belaron contra el nuevo Monarca, que al fin se apoderó 
de sus personas y les confiscó los bienes. Contábase en- 
tre los bienes confiscados, la huerta mencionada, que 
D. Fernando cedió á Celanova, para que cuando algu- 
nos Monjes viniesen á Compostela, tuviesen más como- 
didad para hospedarse. Quiso, sin embargo, el Monarca, 
que entre tanto la casa estuviese desocupada, sirviese 
de albergue á los pobres y á los peregrinos que venían 
á visitar el Sepulcro de Santiago. Reliquis diébus sit ceno- 
docium Dei in susceptione pauperum... (2). 

En fines de Diciembre del año 1063, concurrió Don 
Cresconio á una de las fiestas más notables y concurri- 
das que se hayan celebrado en España: á las que se hi- 
cieron en León con motivo de la traslación de las Reli- 
quias del insigne Doctor San Isidoro. Acompañaban á 
nuestro Obispo, entre otras personas, el Abad composte- 
lano, Froilán, que sería el presidente del Cabildo, y San 
Fagildo, Abad de Antealtares. Fué dignación de la Di- 
vina Providencia, que nada faltase de todo cuanto pu- 
diera contribuir al esplendor de la fiesta, ni la deslum- 

(1) Véanse Apéndices, núm. XCIII. 

(2) Véanse Apéndices, núm. XCIV. 



486 LIBEO SEGUNDO 



bradora majestad del Solio, ni el espléndido boato de los 
Magnates y cortesanos, ni la grave y mesurada pompa 
de los jerarcas de la Iglesia, ni el innumerable concurso 
del pueblo, ni el prestigio de la santidad y de la virtud. 
Cinco venerables varones, que después merecieron ser 
llamados Santos, Santo Domingo de Silos, San Fagildo 
de Antealtares, San Iñigo de Oña, San García de Ar- 
lanza, San Sisebuto de Cárdena, asistieron al recibi- 
miento y sepultura de otros dos Santos españoles, San 
Isidoro y San Alvito, que falleciera en Sevilla y fuera el 
principal encargado de gestionar la traslación del glo- 
rioso Doctor. 

Esta fiesta fué digna preparación para la gran 
empresa que meditaba D. Fernando, la conquista de 
Coimbra; pero aún realizó otra más próxima y directa, 
que describiremos con las palabras del Silense: «Después 
de estos triunfos, para reducir á Coimbra, la mayor de 
las ciudades de aquella comarca, al culto cristiano, se 
dirigió el Rey en actitud suplicante al Templo del 
Apóstol Santiago, cuyo Cuerpo por divina dispensación 
de nuestro Redentor, se dice fué traído á España. Tres 
días pasó allí en oración implorando la intercesión del 
Apóstol para con la Divina Majestad, á fin de obtener 
en aquella guerra prósperos y felices sucesos. Hechas 
sus ofrendas en aquel venerando lugar, confiado en la 
Divina protección, se puso sin demora en camino el Rey 
Fernando en dirección á Coimbra, y llegado allí sentó 
sus reales alrededor de la ciudad. Y creo muy digno de 
manifestar para que todos lo sepan, cuan acepta ha sido 
á Dios su devota y ferviente oración» (1). 

(1) Quibus triumphatis, ut Conimbria illarum partium máxima civitas, 
^uae istis praefuerat, in cultum Cliristianititis redigeretur, limina Bti. Ja- 



LOS TRES PBIMEBOS SIGLOS DE LA I. COMPOSTE LANA 487 

D. Fernando vino, pues, á Compostela á los pocos 
días de haberse terminado las fiestas de León, y el 20 
de Enero del año 1064 ya tenía sentados sus reales 
alrededor de Coimbra. Hallábanse en la hueste además 
de la Reina D. a Sancha, los Obispos de Santiago, Lugo, 
Viseo y Mondoñedo, y los Abades de Guimarans y 
Celanova. Al cabo de seis meses de riguroso asedio, y 
abierta anchurosa brecha, entró triunfante D. Fernando 
en la ciudad, en la cual hizo cinco mil cincuenta cauti- 
vos ó prisioneros (1). 

Tratando el P. Flor ez 'de la conquista de Coimbra y 
de la fecha en que acaeció, dice lo siguiente (2): «Aquí 
se mezcla otra especie digna de ser referida para honra 



cobi Apostoli, cujus Corpus per divinam nostri Redemptoris visitar ionem 
ad Hispaniam delatum dicitur, Rex flagitando petiit. Ibique supplicatione 
per triduum facta, ut id bellum prósperos ac felices haberet eventus, Apos- 
tolum ad Divinam Majestatein pro eo intercessorem postulabat. Donato 
itaque venerando loco, Fernandus Rex divino fretus muniraine, Conimbriam 
andacter accelerat, castris super eam positis, consedit. Ceterum ut devotissi- 
ma eius oratio qualiter a Deo accepta fuerit, ómnibus clareat, exprimere 
dignum duxi. (España Sagrada, tomo XVII, pág. 311). 

(1) XIII Kalendarum Februarii Era MCII Rex Fernandus cum con- 
juge ejus Sancia Regina, Imperator fortissimus, simul cum suis Episcopis 
Cresconio Iriensi Apostolice Sedis, Vestruario Lucensis Sedis, Sisnando 
Visensis Sedis, Suario Minduniensis seu Dumiensis Sedis, similiter Ab- 
batibus Pe tro de arcestio Vimaranensi cum suo prepósito Arrian o con- 
fratre, et de comatio Cellenove Arriano Abbate, et alii multorum filii bono- 
rum hominuin, obsedit civitatem Colimbriam et jacuit ipse Rex cum suo 

exercitu VI menses; et capta fuit in manus illius Regis per honorificen- 

tiam pacis et cum presura famis. Etexierunt inde ad captivitatem VmiliaL. 
Saracenorum, et fuit ipsa capta et ipsa captivitas in vespera sancti Xpisto- 
phori, que est VII idus Iulii. (Cronicón Complutense; España Sagrada, 
tomo XXIII, pág. 316).— El VII idus Iulii, como advirtió ya Flórez, debe 
leerse, VIIII kls. Augusti, como trae el Cronicón Conimbricense, 

(2) España Sagrada, tomo XIV, pág. 98, 



488 LIBRO SEGUNDO 



y gloria de Dios, y para liquidar más lo propuesto. Dice 
el Süense que desde Jerusalén vino en peregrinación á 
Santiago un Griego al tiempo del sitio de Coimbra, el 
cual de dia y de noche oraba en el pórtico del Templo 
del Apóstol (1); y como ya entendiese algo la lengua 
española, oía que los Fieles imploraban la protección 
del Santo, rogándole cada dia, que como buen soldado 
favoreciese las armas del Rey en tanto empeño. El 
Griego se burlaba del nombre de Soldado aplicado al 
Apóstol, diciendo dentro de sí, que sólo habia sido pes- 
cador, y que nunca habia montado en un Caballo. Por 
la noche se le apareció en un éxtasi el Apóstol, tenien- 
do unas llaves en la mano, y con rostro alegre le dijo: 
«Ayer te burlabas de los que me oraban, apellidándome 
»buen soldado, sin persuadirte a ello.» Al punto apare- 
ció un gran caballo blanco, cuya claridad iluminó la 
Iglesia abriéndose las puertas; y montando en él San- 
tiago, dijo al Peregrino: Con estas llaves tengo de entregar 
mañana al Rey Fernando la ciudad de Coimbra d la hora de 
Tercia. El Griego atónito con la visión convocó por la 
mañana á los clérigos con otras personas principales, 
y sin saber nada de la expedición les dijo, que el Rey 
Fernando entraba aquel dia en Coimbra, contándoles 
lo que le había sucedido. Entonces notando el dia, en- 
viaron posta al Rey para asegurarse si era del Cielo la 
visión; y hallaron que en efecto había entrado el Rey 
en la Ciudad en aquel dia a la hora de Tercia. El Silense 
dice que era Domingo, y esto parece se opone á lo dicho 
de la feria sexta. Pero no hay oposición, pues los Chro- 



(1) Gran parte del área de este pórtico ha sido descubierta hará cuatro 
años al renovar el entarimado del Coro. (Véase el grabado de la pág. 186). 



LOS TBES PRIMEROS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 489 

nicones se deben entender de la rendición de la ciudad; 
y el Silense de la entrada del Rey; lo que corresponde 
á diferentes días: en el Viernes capitularon los Moros 
entregarla salvando las vidas; en el Sábado saldrían los 
cinco mil y cincuenta que, expresa el Complutense... y 
en el siguiente (Domingo) fué la efectiva entrada del 
Rey en la ciudad según la expresión del Silense: Cum die 
Dominica Sol primo clarus patefecerat orbem, etc.. (1). El 
Tíldense alude más claramente á los tres días; uno de la 
rendición; otro de la expulsión de los Moros; y otro de 
la entrada efectiva: Rex Fernandus adquiescit (feria VI de 
la capitulación), et ejectis Sarracenis (en el día siguiente), 
quadam die Dominica hora tertia civitatem cepit. > 

Todo esto juntamente se verifica en el año 1064, 
mejor que en el 1058, en que Flórez equivocadamente 
colocó la rendición de Coimbra. En 1064, el 25 de Julio, 
día de la entrada triunfal de D. Fernando en Coimbra, 
fué domingo. En el viernes anterior, la feria sexta del 
Cronicón Qonimbrkense, tuvo lugar la capitulación. 

Por lo que había ocurrido en Compostela, ya no 
pudo quedar duda á D. Fernando de que, en efecto, 
mientras él peleaba con las armas materiales al pie de 
los muros de Coimbra^ otro campeón, otro adalid, ma- 
nejaba en su favor las espirituales de la oración, y de 
que, por tanto, á Santiago, que tanta parte había teni- 
do en la victoria, debía de darse parte en el botín en 



(1) Tengase presente que el Silense pudo enterarse de estos sucesos, 
por boca de los mismos que los habían presenciado, como le aconteció con 
algunas de las circunstancias de la traslación de San Isidoro. Refiérese 
también este prodigioso suceso, con algunas ligeras variantes, en el Libro 
de los Milagros del Apóstol Santiago, cap. XIX, atribuido al Papa Calixto II. 
Dícese aquí, que el peregrino griego era Obispo, y que se llamaba Esteban. 



490 LIBBO SEGUNDO 



señal de agradecimiento y gratitud (1). Antes de resti- 
tuirse, pues, triunfante á su Corte, se encaminó el pia- 
doso Monarca á Santiago para dar gracias al Apóstol 
por el señalado triunfo, que con su ayuda acababa de 
obtener, y donarle la parte que le correspondía en los 
despojos de la victoria (2). No se conserva el Diploma 
que con tal motivo debió de otorgar D. Fernando, pero 
á juzgar por las alhajas y preseas que en el año ante- 
rior donara á la Iglesia de San Pelayo de León, los 
presentes que entonces ofreció ante el altar de Santia- 
go el agradecido Monarca fueron, sin duda, magníficos 
y cuantiosos. 

En el año siguiente, 1065, último de su vida, volvió 
D. Fernando á Santiago acompañado de su esposa y de 
sus hijos, D. Sancho, D. Alonso, D. García, D. a Urraca 
y D. a Elvira, y de todos los Magnates de su Corte y de 
algunos de los más altos funcionarios del Estado, como 
los gobernadores de las tierras recientemente conquista- 
das en Portugal. El objeto de esta nueva venida, nos lo 
expresa el gran Rey en el Diploma que concedió en 
aquella ocasión: vino para visitar devotamente con su 
Corte el santuario de Santiago; causa orationis. El año 
anterior había venido D. Fernando para dar testimonio 
de sus sentimientos personales de gratitud y devoción; 
este año vino para dar el mismo testimonio, pero con 



(1) Pugnat i taque Fernandus Rex apud Conimbriam (pugna) mate- 
riali; pro cujus victoria capessenda Jacobus, Christi miles, Magistrum apud 
intercederé non cessat. (Silense, en el tomo XVII de la España Sagrada, 
pág. 312). 

(2) Rex vero Fernandua pro triumphato hoste limina Bti. Jacobi 
Apostoli cum donis deosculans, ad Legionensem urbem alacer revertitur. 
(/Silense, loe. -cit., pág. 313). 



LOS TRES PBIMEBOS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 491 

mayor solemnidad, con mayor publicidad, cual convenía 
á un Rey y á un Reino, que se reconocían obligados á 
los señalados favores y protección del Apóstol. 

Que D. Cresconio no faltó en esta ocasión á ninguna 
de cuantas consideraciones eran debidas á tales rome- 
ros, no puede ponerse en duda; y sin embargo, no se 
halla de él mención directa en el Diploma en que se nos 
da cuenta de esta venida de D. Fernando. Tal vez lo 
retrajeron motivos de circunspección y delicadeza. La 
Iglesia compostelana tenía que presentar á los Reyes 
una queja; una queja contra los Gobernadores ó Merinos 
de Portugal, Diego Tructesíndez, Sisnando Yáñez y 
Tedón Téllez. los cuales, con desaforadas imposiciones, 
se entrometían en las villas, iglesias y monasterios que 
la Sede de Santiago poseía en aquellas tierras, y mo- 
lestaban importunamente á sus moradores. Estimó tal 
vez el prudente Prelado que no sería bien visto el dar á 
sus huéspedes el menor motivo de desazón y disgusto. 
Quien tomó á, su cargo esta misión, fué el discípulo de 
D. Cresconio, D. Pelayo, recién consagrado Obispo de 
León, el cual in vlce et persona domni Cresconii, puso en co- 
nocimiento de los Reyes los excesos y demasías de sus 
Ministros; y los halló tan bien dispuestos, que D. Fer- 
nando mandó despachar, sin demora, un Privilegio por 
el que se amonestaba severamente á dichos Gobernado- 
res, para que se abstuviesen de entrometerse en las villas 
y tierras de Santiago. «En reverencia á nuestro Patrón 
Santiago Apóstol, dice D. Fernando, cuyo Cuerpo des- 
cansa en Galicia en la ciudad de Compostela, y con cu- 
yo auxilio vemos postrados y subyugados á nuestros ene- 
migos, confirmamos a vos D. Cresconio y a los Clérigos 
y séniores de vuestra Sede, que todos los que de nuestras 



492 LIBSO SEGUNDO 



tierras quieran pasar a morar en las vuestras, os sirvan 
como los demás vuestros vasallos bajo el régimen inme- 
diato de vuestros merinos y sin intrusión alguna de nues- 
tro Gobernador, ni de ninguna otra potestad» (1). Fe- 
chóse el Diploma á 10 de Marzo de 1065 (2), y fué subs- 
cripto por los Reyes, por todos sus hijos, y los Magnates 
de la Corte, incluso los Gobernadores de Portugal (3). 

En otras ocasiones había implorado D. Fernando el 
favor de Santiago para extender los dominios cristianos 
por el Occidente de España; ahora lo pedía para enar- 
bolar el estandarte de la Cruz en las regiones de Levan- 
te. En efecto, aquel mismo año, dirigió sus armas sobre 
el reino de Valencia, y después de conquistar muchos 
pueblos y ciudades, estando ya á punto de apoderarse 
de la capital, una grave enfermedad lo detuvo en su 
victoriosa carrera. Restituido á León, se preparó para 
la muerte, como saben hacerlo los Reyes verdaderamen- 
te cristianos. Ante el altar de San Juan, de San Isidoro 
y San Vicente, depuso el manto real y la corona, se cu- 
brió de ceniza y vistió el cilicio, y al tercer día, 27 de 
Diciembre de 1065, á la hor^i de sexta, asistido de va- 
rios Obispos, entregó el alma al Rey eterno, su Criador 
y Redentor. 

En sus últimos años, después de las apremiantes 
atenciones del Estado, las obras de piedad eran su prin- 
cipal preocupación. En todas las Iglesias del Reino dejó 
testimonios inequívocos de su generosidad y devoción; 



(1) Fueros de Santiago y de su tierra, tomo I, páginas 135-136. 

(2) En el Tumbo se lee Era MCIa, que es año 1063; pero aquí debe de 
haber yerro; pues D. Pelayo no fué Obispo de León hasta el año 1065. 

(3) Véanse Apéndices, núm. XCVL 



LOS TEES PEIMEBOS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 493 

pero con las Iglesias de San Salvador de Oviedo y de 
Santiago, fué con quien más se esmeró su regia muni- 
ficencia. Colebat prae ceteris et venerabilibus locis, dice el 
Süense (1), Ecclesiam Sancti Salvatoris Ovetensis, quam multo 
auro et argento donavit. Níhihminus, Ecclesiam Beati Jacolri 
Apostoli diversis muneribus exornare studuit. 



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(1) España Sagrada, tomo XVII, pág. 320. 



CAPÍTULO XXVI 



Concilios compostelanos del año 1060 y del 1063. 




omo dice el Sr. La Fuente, una de las 
cosas que inás contribuyeron á realzar 
el glorioso reinado de D. Fernando I, 
fué la celebración del Concilio de Co- 
yanza, convocado por dicho Monarca en 
el año 1050: Ad restaurationem Christiani- 
tatis. Dicho Concilio, como observa el 
citado historiador, fué uno de los más importantes de la 
Edad Media en nuestra patria, recuerdo de los antiguos 
toledanos y último esfuerzo de la Disciplina particular de Es- 
paña. En lo de calificarle como último esfuerzo de la 
Disciplina eclesiástica española, no anduvo muy acerta- 
do el Sr. La Fuente; pues el Prelado compostelano, Don 
Cresconio, que había asistido á este Concilio, á los pocos 



496 LIBEO SEGUNDO 



años reunió otros dos en su propia Iglesia, en los cuales 
se trató de ordine ecclesiastico y de institutionibus sanctorum 
canonnm, y se renovaron en gran parte los decretos del 
Concilio coyacense. 

Acerca de estos Concilios compostelanos, escribíamos 
en el Boletín Eclesiástico de esta Diócesis del año 1865, lo 
siguiente, que quizás no sea inoportuno reproducir: «Ge- 
neralmente los historiadores sólo hablan de un Concilio 
compostelano, bajo el pontificado de D. Cresconio. Así 
Baronio en sus Anales, como Aguirre en su Colección de 
Concilios españoles, Mariana en su Historia general, Flórez 
en el tomo XIX de la España Sagrada, Noguera en las 
Notas á Mariana, y últimamente, para omitir otros mu- 
chos, el Sr. Tejada Ramiro en ambas ediciones de su 
Colección de Cánones de la Iglesia Española, ponen un Con- 
cilio en 1056, pero nada dicen de que se haya celebrado 
otro en tiempo del Obispo D. Cresconio. 

>Y á la verdad, los autores anteriores al P. Flórez, 
tuvieron razón para obrar así; pues los dos ejemplares, 
hasta entonces publicados, indudablemente se referían 
á un mismo Concilio. Mas el erudito Agustino, al final 
del tomo XIX de su España Sagrada, publicó otro ejem- 
plar de un Concilio compostelano, tomado del Archivo 
de la Santa Iglesia de León; ejemplar que él creyó una 
nueva copia del Concilio celebrado en Compostela 
en 1056. Este su dictamen, fué abrazado por casi todos 
los historiadores que le sucedieron. 

>Y sin embargo, para persuadirse de que la copia 
publicada por el P. Flórez se refiere á un Concilio dis- 
tinto de el contenido en los dos ejemplares anteriores, 
basta comparar con alguna detención á éstos con aque- 
lla. El P. Risco, que fué el primero que sentó que dichos 



LOS TRES PRIMEROS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELAtf A 497 

ejemplares se referían á distintos Concilios (1), ya notó 
sus principales diferencias. El de los dos antiguos ejem- 
plares, fué presidido por D. Cresconio; el del ejemplar 
legionense, por D. Fruela, Obispo de Oviedo; al primero 
asistieron tres Obispos, al segundo cinco; aquel contiene 
seis capítulos ó títulos; éste siete. Por último, los preám- 
bulos y las fechas son enteramente distintos. Es verdad 
que algunas disposiciones se hallan repetidas casi con 
las mismas palabras en el segundo; pero esto no debe 
extrañarlo quien conozca la costumbre de los Concilios 
de aquellos tiempos, de extender sus decretos, valiéndose 
de las cláusulas y fórmulas de otros anteriores. » 

Veamos ahora en que año se celebró cada uno de 
estos dos Concilios, y comencemos por el contenido en 
los dos ejemplares primeramente conocidos, que se su- 
pone celebrado en el año 1056. Dichos dos ejemplares 
fueron publicados, el uno por Aguirre (2), que lo tomó 
del Archivo de la Santa Iglesia de Toledo, y el otro por 
Tamayo Salazar (3), que lo sacó de un Códice del Esco- 
rial. En ambos ejemplares está la fecha de la Era tan 
errada, que por sólo este dato no es posible señalar, ni 
aún aproximadamente, el año de la celebración del 
Concilio. En el ejemplar Escurialense se lee: Data et con- 
firmata lex die XIX halendarum februariarum, Era MLXIX, 
auno XXI regnante serenissimo Principe Fer diñando, ó sea 
á 14 de Enero de 1031. En el de Toledo: Data et confirmaba 
lex die XVI II halendarum februariarum, Era MLXXXXIV, 
anno XXI regnante serenissimo Principe Fredenando, ó sea 



(1) España Sagrada, t. XL, cap. IX, págs. l'¡7 y siguientes. 

(2) Collectio máxima Conciliorum omnium Hispavide, 
(o) Martirologio español, al día 10 de Marzo. 

Tomo II. —fifi, 



498 LIBBO SEGUNDO 



á 15 de Enero de 1056. Mas en esta fecha hay un dato 
firme, que puede ponernos en camino para averiguar con 
seguridad el año de la celebración de este Concilio; y es 
el año XXI del reinado de D. Fernando I. Ahora bien, 
este Monarca comenzó á reinar en 22 de Junio , no 
de 1037, como dice Risco, sino de 1038 (1); y por consi- 
guiente, el año XXI de su reinado cayó desde 22 de Ju- 
nio de 1059 hasta 22 de Junio de 1060. Colocando, pues, 
este Concilio en 14 de Enero de 1060, resulta celebrado 
en el año XXI del Rey D. Fernando. 

El P. Risco alega otra prueba en favor del año 1060, 
tomada del tiempo en que comenzó su pontificado el 
Obispo de Lugo, D. Vistruario, el cual subscribe como 
electo las Actas del Concilio. El predecesor de D. Vis- 
truario, D. Maurelo, presidió en Lugo hasta fines del 
año 1059; por lo tanto, su sucesor no pudo comenzar 
sino después de esta fecha; lo cual se aviene perfecta- 
mente con el que en 14 de Enero de 1060, era tan sólo 
electo. En 11 de Octubre de 1060, ya D. Vistruario se 
hallaba consagrado, como resulta de una Escritura que 
aduce Risco (2), en cuya fecha se menciona á D. Vis- 
truario como Pontífice en Lugo: Pontífice nostro Vistruario 
in Luco. Luego el Concilio debió de celebrarse antes 
del 11 de Octubre de 1060 y después de 1059; y por lo 
tanto, erradamente lo colocó el P. Risco en el año 1061, 
sin tener en cuenta que entonces ya corría el año XXTI 
de D. Fernando. Tenemos, pues, que el Concilio, cuyas 
Actas nos ofrecen los dos ejemplares Escurialense y To- 
ledano, se celebró en 14 de Enero de 1060. 



(1) España Sagrada, t. XXXV, pág. 51. 

(2) España Sagrada, t, XL, pág. 166. 



LOS TRES PRIMEROS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 499 

¿Y en qué año se celebró el Concilio del ejemplar 
Legionense que supusimos ser distinto de el del año 1060? 
Acerca de esto no puede haber duda, porque las diver- 
sas notas cronológicas que trae la fecha, convienen per- 
fectamente en un mismo año. En el preámbulo se dice 
que el Concilio se celebró en el año XXV de D. Fernan- 
do, ó sea entre el 22 de Junio de 1063 y el 22 de Junio 
de 1064. Al final se lee: Notum die X ¡calendas novembris 
Era CI post millesimam; ó sea, otorgado á 23 de Octubre 
de 1063, el cual día cayó justamente en el año XXV de 
D. Fernando. 

Demostrada ya la distinción entre ambos Concilios, 
y fijado el año en que se celebró cada uno de ellos, vea- 
mos el texto traducido al castellano. 



Concilio compostelano del año 1060 




N nombre de nuestro Señor Jesucristo. Este 
es el Concilio celebrado en la ciudad de 
Compostela, dentro de la Basílica del bien- 
aventurado Apóstol Santiago, por los Obispos, Presbíte- 
ros, Diáconos, Clérigos y Abades que subscriben al fin. 

Capítulo I. 

Ordenamos, que conforme á los Sagrados Cánones, 
procuren los Obispos establecer la Regla Canónica en 
sus Iglesias Catedrales, y que para esto elijan, con con- 
sentimiento de los demás Clérigos, dos ó tres Prepósitos, 
á quienes deleguen el cuidado de la Diócesis, y á quie- 



500 LIBBO SEGUNDO 



nes igualmente incumba el régimen y administración de 
los monasterios. 

Todos deberán celebrar y hacer oración en la iglesia 
á unas mismas horas. Todos igualmente tendrán un 
mismo refectorio y un mismo dormitorio; que serán los 
del Obispo mientras resida á corta distancia ; procu- 
rando, de este modo, que nunca falte ninguna de las 
tres cosas que constituyen la vida común. En todos estos 
actos se guardará silencio, y durante la mesa se leerán 
libros piadosos. 

Los Obispos, así como los Clérigos, vestirán ropa 
talar. Los Canónigos, además, deberán tener cilicios y 
capillos negros; y para que no tengan necesidad de an- 
dar preguntando en qué días habrán de usarlos, los se- 
ñalaremos aquí: todos los días de Cuaresma, los de Le- 
tanías, las ferias cuarta y sexta, y siempre que hagan 
penitencia. 

Los Obispos y Presbíteros ofrecerán todos los días el 
Santo Sacrificio; y los que por enfermedad ó debilidad 
del cuerpo no puedan hacerlo, asistirán á él. 

Todos rezarán, por lo menos, cincuenta salmos con 
las Horas Prima, Tercia, Sexta, Vísperas y Completas, 
los Nocturnos á media noche y los Maitines. 

Ningún seglar tenga autoridad ó delegación alguna 
sobre las cosas de las iglesias canónicas (1), y sólo á los 
Arciprestes y Primicerios pertenecerá el régimen y dis- 
ciplina de todos los demás Clérigos inferiores, á cuya 
manutención atenderán, de acuerdo con los dos ó tres 
administradores puestos por el Obispo. 



(1) Iglesias canónicas eran las llamadas también dioecesales, exclusiva- 
mente sujetas al Diocesano sin dependencia alguna de personas extrañas. 



LOS TEES PRIMEROS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 501 

Cuando el Diácono dice en la Misa: ínter vos pacem 
tradite, se dará el ósculo de la paz á todos los que se ha- 
llen en la iglesia y en las galerías . 

En todas las comuniones mayores de la Natividad del 
Señor, Pascua y Pentecostés, cada cual debe hacer ofren- 
da según sus facultades. 

Capítulo II. 

Cúidese en todas las Diócesis, que los Abades que se 
elijan, .sepan exponer, de un modo claro y ortodoxo, el 
misterio de la Santísima Trinidad, y estén versados en 
el estudio de las Santas Escrituras y de los Sagrados Cá- 
nones. A su cargo estará el establecer escuelas en las 
respectivas iglesias canónicas, el procurar la observan- 
cia de la disciplina, y el presentar á los Obispos á los 
que hayan de recibir los Sagrados órdenes. 

Para optar al subdiaconado se requieren veinticua- 
tro años de edad; veinticinco se exigen para el diacona- 
do, y treinta para el presbiterado. Los ordenandos debe- 
rán saber el salterio con la parte de cánticos é himnos, 
las ceremonias y ritos de la aspersión de la sal, del bau- 
tismo, de la insuflación y de la recomendación del alma, 
y cantar las Horas y el Oficio Divino, ya sea de Mártires, 
ya de Confesores, ya de Vírgenes, ya de uno ó varios 
difuntos, y todos los responsorios. 

Ninguno al pretender la Sagrada Ordenación, se 
atreva á incurrir en simonía. Asimismo, ningún Obispo, 
Presbítero, Diácono, ú otro cualquiera ministro, quiera 
comprar ó vender las cosas sagradas, por ejemplo, el 
Oleo, ni nada perteneciente al Orden eclesiástico. Al que 
esto hiciere, téngasele por simoníaco, y no por verdadero 
cristiano. 



502 LIBRO SEGUNDO 



Ningún Clérigo podrá traer armas. Todos los Canó- 
nigos deberán tener rasurada en forma circular la parte 
superior de la cabeza, corto el cabello y afeitada la 
barba. 

Capítulo III. 

Prohibimos que los seglares, las mujeres y los tráns- 
fugas ó re fúganos (1), posean heredad alguna dentro de 
los diextros de las iglesias. 

Los templos deben de estar bien reparados, cubiertos 
con tejas y provistos de cruces, cajas y cálices de plata, 
y de libros para todo el año. 

Se prohibe á los Obispos y monjes tener trato alguno 
con mujeres extrañas; y sólo por necesidad se permite 
que tengan en sus casas á su madre, á alguna tía ó her- 
mana, que en sus costumbres y traje no desmientan la 
piedad que debe reinar en tales sitios. 

En todos los domingos se hará la aspersión de la sal, 
y se cantarán los Himnos sagrados. 

Los refuganos, que hubiesen contraído matrimonio 
(lo cual solo por enfermedad ó debilidad puede hacerse), 
si es que se apartan de sus mujeres, pueden ser admiti- 
dos á la confesión y recibir la penitencia con la condi- 
ción de habitar y dormir en la casa de los Presbíteros de 
la iglesia, y de nunca separarse de su compañía. 

Todo cristiano debe saber de memoria, el símbolo y 
la oración dominical, y confesarse y hacer penitencia 
según sus circunstancias se lo permitan. 

Ninguno tenga dos mujeres, ni se case con la mujer 



( 1 ) Se llamaban ref ájanos los Clérigos de Órdenes menores, que deja- 
ban el estado eclesiástico para contraer matrimonio. 



LOS TRES PRIMEROS SIGLOS DE LA I. OOMPOSTELANA 503 

de su hermano. El infractor sea privado de la comunión 
eclesiástica. 

Capítulo IV. 

Las monjas deben observar puntualmente los estatu- 
tos de la vida regular, estar estrechamente unidas entre 
sí por los vínculos de la caridad, y renunciar á sus pro- 
pias riquezas y al mundo para siempre. En todos los 
asuntos temporales que afecten á sus monasterios, desig- 
nen á personas laicas, que averigüen y defiendan sus de- 
rechos. 

Los que habiendo hecho propósito de sujetarse á la 
vida regular en un monasterio, mudando después de pa- 
recer, volviesen al siglo así como el perro vuelve á su 
vómito, sean separados de la comunión de la iglesia, 
mientras tanto no se recojan en su monasterio. Y el que 
á los tales patrocinase ó retuviese, no conduciéndolos á 
su monasterio, sea excomulgado. 

Capítulo V. 

Los jueces y potestades no ejerzan opresión en los 
pueblos; antes bien, en los juicios usen de misericordia. 
No reciban ofrendas, ni regalos antes del fallo; después 
de averiguada la verdad, tomen lo que sea justo y con- 
forme á las leyes. 

Ninguno crea en agüeros ó encantamientos, ni obser- 
ve el curso de la luna, ni los animales inmundos. Tam- 
poco se cuelguen figurillas de mujer en los telares. Todos 
éstos son actos idolátricos, y por lo tanto anatematiza- 
dos por la Santa Madre Iglesia; y los cristianos sólo en 
nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo deben 
hacer todas sus cosas.. 



504 



LIBRO SEGUNDO 



Capítulo VI. 

Lds consanguíneos unidos en matrimonio, sean sepa- 
rados, y hagan penitencia; de lo contrario, príveseles de 
la comunión eclesiástica y del trato con los fieles. 

Lo mismo ordenamos respecto de los presbíteros y 
diáconos que hubiesen contraído matrimono. 

Sigue después la fecha y las subscripciones de los tres 
Obispos, Cresconio, Suario de Dumio, y Vistruario electo 
metropolitano de Lugo (1). 



II 



Concilio compostelano del año 10G3 




or aquellos tiempos tan revueltos, lo 
inesperado é imprevisto era lo que solía 
determinar el curso de los acontecimientos, pues de im- 
proviso tan mudadas se veían las circunstancias, que 
los acuerdos de antemano tomados, unas veces resulta- 
ban perjudiciales, otras quedaban del todo frustrados, y 
otras aparecían como en suspenso y en expectativa. 
Algo de esto debió acontecer con los decretos del Conci- 
lio compostelano del año 1060; pero el perseverante 
Cresconio, cuyo ánimo no decaía con las dificultades y 
obstáculos, antes se sobreexcitaba y fortalecía, procuró 
reunir otro Concilio más numeroso, en el cual las deci- 



(1) Véanse Apéndices, núm. XCII bis, 



LOS TBES PBIMEBOS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 505 

siones del anterior recibiesen más solemne y plenaria 
confirmación. Tal fué, sin duda, el motivo que el 23 de 
Octubre de este año 1063 congregó dentro de la Basílica 
del Apóstol, á los Obispos de Oviedo, de Compostela, de 
Oporto, de Dumio y de Lugo, juntamente con muchos 
Abades, Presbíteros, Diáconos y aún Magnates emplea- 
dos en la Corte. Después que los Padres hubieron delibe- 
rado acerca de los puntos que estimaron dignos de aten- 
ción, hicieron redactar los decretos que siguen con el 
preámbulo que va á la cabeza. 

En el nombre de Dios Omnipotente, de Jesucristo su 
Hijo, Verbo desde el principio, en quien Dios rige todas 
las cosas, hecho hombre en el tiempo en las entrañas de 
la Virgen María sin dejar de ser Dios, y del Espíritu 
Santo que de ambos procede, un sólo Dios subsistente 
en tres personas. Este es el Concilio habido en el 
año XXV del Príncipe D. Fernando, en el templo del 
bienaventurado Apóstol Santiago, sancionado y promul- 
gado por los Obispos, Abades, Presbíteros, Diáconos, 
Magnates del Oficio palatino allí congregados. Después 
que entre nosotros, los que abajo subscribiremos, hubi- 
mos conferenciado y discutido sobre la disciplina y la 
observancia de los sagrados Cánones, no pudimos menos 
de notar algunos de los abusos que por negligencia ó por 
descuido, se habían introducido contra el esplendor de 
la Santa Iglesia y la pureza de la Fe católica. Ahora de- 
puesta ya la pasada negligencia, queremos poner fin á 
estos males, y decretamos para lo futuro, lo siguiente: 

Capítulo I. 

Ordenamos, que conforme á los Sagrados Cánones, en 



506 LIBBO SEGUNDO 



las Iglesias Catedrales se tenga y observe la Regla Ca- 
nónica. Para ello los Obispos, además del Primicerio, con 
consentimiento de los demás Clérigos, de entre los Canó- 
nigos elegirán dos ó tres Prepósitos, á quienes incumba 
el cuidado de la Diócesis y de las decanías ó tenencias, y 
el proveer de lo necesario á la Canónica. 

En todo tiempo celebrarán en la iglesia y á una mis- 
ma hora, y todos tendrán con el Obispo un mismo refec- 
torio y un mismo dormitorio. Durante la mesa se leerán 
libros piadosos, y se guardará silencio. Cuando el Obispo 
se vea precisado á viajar por la Diócesis, no por eso se 
suspenda la Regla Canónica; antes bien continúe bajo la 
dirección de uno de los Prepósitos dichos. 

Los Obispos, Presbíteros y Diáconos, vistan ropas ta- 
lares. Los Obispos y Presbíteros, ofrezcan todos los días 
el Santo Sacrificio; y los que estén impedidos por enfer- 
medad ó debilidad del cuerpo, asistan á él. 

Sobre las cosas de la Iglesia, ningún lego reciba atri- 
bución alguna, sino el que en sus costumbres y en su há- 
bito sea un verdadero Canónigo. 

Capitulo II. 

Añadimos, que los Sacerdotes elegidos Abades en las 
Diócesis, sepan exponer de un modo claro y ortodoxo el 
misterio de la Santísima é Individua Trinidad, y estén 
versados en el estudio de las Santas Escrituras y de los 
Sagrados Cánones. A ellos corresponderá el presentar á 
los Obispos los Ordenandos, quienes deberán saber todo 
el Salterio, los ritos y ceremonias de la aspersión de la 
sal, del bautismo y de la recomendación del alma, y te- 
ner el Oficio de Difuntos. En cuanto á la edad, esto es lo 






LOS TRES PRIMEROS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 507 

que establecemos, que el diaconado se reciba á los vein- 
ticinco años, y el presbiterado á los treinta. 

Los Clérigos no usen armas seculares, ni ningún in- 
terés reciban por el bautismo, ni por acto alguno que se 
refiera á las cosas sagradas. 

Capitulo III. 

Prohibimos que los refuganos, después de contraído 
matrimonio, reciban cosa alguna de la Iglesia. 

Las cruces y cajas de las iglesias sean de plata. 

Las mujeres extrañas no tengan trato alguno con 
los Obispos y Monjes; y sólo en atención á la necesidad, 
se permite que en las parroquias tengan los Clérigos en 
su compañía á la madre ó á alguna tía ó hermana, con 
tal que en sus costumbres y hábito se revele su religio- 
sidad. 

Capítulo IV. 

Mandamos también que se corrija la insolencia de 
aquellos, que contándose abusivamente en el número de 
los Clérigos, malversan torpemente los bienes de la 
Iglesia. 

Todo el que pretenda ser tenido como Canónigo y 
gozar de los beneficios eclesiásticos, reciba alguno de los 
siete Ordenes, de que se compone la jerarquía de la 
Iglesia. En caso de que se nieguen á recibir dichos Or- 
denes y contraigan matrimonio, dejen los bienes ecle- 
siásticos, y sean considerados como meros seglares. Mas 
si en vez de contraer matrimonio, andan de lugar en 
lugar buscando la satisfacción de su carnal concupiscen- 
cia, sean separados de la comunión eclesiástica, hasta 
tanto que arrepentidos vuelvan á mejor vida. 



508 LIBBO SEGUNDO 



Capítulo V (I). 

Acerca de las Monjas, ordenamos que no posean en 
particular cosa alguna, y que estén íntimamente unidas 
entre sí por los vínculos de la caridad. 

Los Monjes obedezcan á sus Abades como á sus pro- 
pios padres, y los Abades á su vez deben ser condescen- 
dientes con sus subditos, procurar todo lo necesario para 
su sustento y vestido, amarlos como si fueran sus hijos, 
y mostrar especial cuidado con los débiles y enfermos. 

Capítulo VI. 

Los consanguíneos dentro del séptimo grado, no pue- 
den contraer matrimonio; y si lo hubiesen contraído, 
usando de misericordia, disponemos que no sean separa- 
dos sino los que estén dentro del quinto grado. Los in- 
cestusosos, que se opusieren á la separación, sean priva- 
dos de la comunión de la Iglesia y del ósculo de la paz. 

Los raptores, los falsarios, los encantadores, los que 
abandonan sus propias mujeres, los que pudiendo con- 
traer lícitamente matrimonio no lo hacen, para entre- 
garse más desenfrenadamente á la satisfacción de su 
lascivia, los refuganos, que contra lo que disponen los 
Sagrados Cánones, se sustentan con los bienes de las 
iglesias (2), hagan penitencia, y absténganse de prose- 
guir en su criminal conducta. De otro modo, sean exco- 



(1) En el original legionense este capítulo lleva, por equivocación, re- 
petido el número IV. 

(2) Este creemos que sea el sentido de aquella casi ininteligible cláu- 
sula: Refuganes et ecclesias partitores, sed ut Sanctos Cañones admonent per 
tas viventes... - 



LOS TRES PBIMEBOS SIGLOS DÉ LA I. COMPOSTELANA 509 

mulgados, y á la hora de la muerte, niegúeseles la 
recomendación. Y sean tenidos por semejantes á éstos, 
los que los acogieren, ó tuvieren con ellos algún trato. 

Capítulo Vil. 

Añadimos, por último, que los Clérigos que no rasu- 
ren la barba, no pueden entrar en el coro, ni leer las 
divinas lecciones, ni cantar los responsos, ni tocar las 
cosas sagradas, ni ser admitidos en el Capítulo y refec- 
torio, ni recibir porción alguna de las cosas de la iglesia, 
pues deben ser considerados como simples legos. 

Siguen la fecha y las subscripciones (1). 

Con tanto ahinco procuraron los Padres extender y 
arraigar la observancia de estos Cánones, que antes de 
separarse, escribieron al Obispo de León, D. Jimeno, re- 
mitiéndole un ejemplar de las Actas, y anunciándole 
que para el próximo año 1064 tenían acordado reunirse 
de nuevo en Lugo, en donde les sería muy grato verlo á 
él, al Obispo de Nájera, al de Astorga, D. Ordoño, y á 
algún otro Obispo más, que pudiese asistir. He aquí 
la carta: 

«Nosotros los sobredichos a nuestro Hermano y Co- 
episcopo D. Jimeno, salud. Rogamos a Vuestra Fideli- 
dad que enmiende ó añada lo que mejor le pareciere. 
Celebrareis concilio con vuestros Hermanos y Obispos 
para tratar de la Regla de la Santa Fe, pues nosotros 
confiamos en vuestra prudencia y hacemos votos para 
que asi podáis hacerlo. 

> También os participamos que quince dias antes de 



(1) Véanse Apéndices, uiím. XCV. 



510 LIBEO SEGUNDO 



la próxima Cuaresma (1), tenemos pensado renovar el 
Concilio en la ciudad de Lugo, á donde no dejareis de 
concurrir para que Cristo os lo premie en su Reino. 
Válete. 

» Avisareis al Obispo de Nájera, al de y á D. Or- 

doño para que en dicho dia, por lo menos dos o tres de 
vosotros, podáis asistir a nuestra reunión» (2). 

III 

Algunas observaciones sobre estos Concilios 
compostelanos 

Ccjj-f lara y manifiesta es la parte principalísima 
v ^ que debió tener D. Cresconio en las decisio- 
nes y acuerdos de estos Concilios. Ambos fueron cele- 
brados en su Iglesia, y el primero de ellos fué por él 
presidido. Esto supuesto, vamos á permitirnos comentar 
algunas de las más notables de sus disposiciones. 

Lo primero en que convinieron los Padres, fué en el 
restablecimiento de la vida regular y común en sus res- 
pectivas Iglesias. En Santiago, durante todo el siglo X, 
debió de conservarse en vigor este método de vida entre 
el Clero Catedral, pues todos los Prelados que vivieron 
en dicha centuria, podrían tener defectos, pero no el de 



(1) Hacia el 10 de Febrero; pues en IQfít cayó la Pascua en 11 de 
Abril. 

(2) No se conservan las Actas de este Concilio de Lugo, ni aún hay 
seguridad de que haya podido celebrarse á causa del sitio de Coimbra. 



LOS TRES PBIMEBOS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 511 

carecer de entusiasmo y celo por la vida común. En la 
primera mitad del siglo XI, efecto de las continuas tur- 
bulencias que agitaron el país, y de la relajación consi- 
guiente, tan á menos vino la Regla Canónica, que al 
entrar D. Cresconio en la posesión de la Sede, en San- 
tiago sólo había siete Canónigos, y al decir de la Corn- 
postelana (1), tan aseglarados, que ni gastaban hábito 
clerical, ni tonsura, ni querían afeitar la barba. De aquí, 
que los Padres tanto insistiesen en restaurar la vida 
reglar de los Canónigos, y levantarla de su decadencia y 
postración, fijando con toda claridad las tres cosas que 
la constituían, á saber, un mismo coro, un mismo refec- 
torio y un mismo dormitorio. 

Una grave innovación trataron de introducir estos 
Concilios respecto de los Arcedianos. Quisieron prescin- 
dir de esta Dignidad, y en su lugar ordenaron que los 
Obispos, con consentimiento del Cabildo, nombrasen dos 
ó tres Prepósitos que desempeñasen parte de las funcio- 
nes confiadas hasta entonces á los Arcedianos, como era 
la administración de los bienes de la Diócesis, y el cui- 
dado y régimen de las parroquias y monasterios. A los 
Arcedianos incumbía, según el Canon V del Concilio de 
Coyanza, el presentar los Ordenandos á los Obispos; los 
Concilios compostelanos cometieron este cargo á los 
Abades de los monasterios y á los Rectores de las igle- 
sias canónicas. La razón por qué los Prelados se creyeron 
en el caso de tomar estas medidas, fué acaso el deseo de 
contener la arrogancia de los Arcedianos, los cuales, en 
las vacantes; presumían casi siempre ser ellos los llama- 



(1) Lib. III, oap. XXXVI, 



512 LIBBO SEGUNDO 



dos á suceder á los Prelados difuntos. Sin embargo, esta 
innovación no prosperó; y no muchos años después, en 
tiempo del Obispo D. Diego Peláez, había en Santiago 
tres ó cuatro Arcedianos, que gozaban de las antiguas 
atribuciones. 

En el canon III del Concilio de Coyanza, se prohibió 
el usar en el Santo Sacrificio de la Misa cálices de ma- 
dera ó de barro ó de otra substancia quebradiza; pero 
no se señaló el metal de que habían de estar formados; 
de modo que podían hacerse de estaño sin contravenir 
á lo dispuesto en este Concilio (1). Los Padres compos- 
telanos ordenaron que todos los cálices fuesen de plata. 
Lo mismo dispusieron acerca de las cruces de altar y de 
las cajas en que se reservaban las Sagradas Formas (2). 

Por lo que toca á la forma del Altar y á la clase de 
vestiduras que se debían usar en la celebración del Santo 
Sacrificio, nada se alteró en lo que había dispuesto y de- 
clarado el Concilio coyacense; desde el cual quedó fijado 
el número y clase de vestiduras que deben usar en el Al- 
tar los Presbíteros y Diáconos. El ara, según el Concilio 
de Coyanza, debía de ser toda de piedra y cubrir ó for- 
mar todo el plano superior de la Mesa eucarística; tota sit 
lapídea. En esta forma continuó hasta bien entrado el 
siglo XVI. 

Desde esta época comenzaron á caer en desuso los 
velos principales, que se suspendían á la entrada del Pres- 
biterio; lo cual en parte se explica porque dadas las 



(1) Creemos que los cálices, vasos, concas, navicellas, etc., cuya mate- 
ria se designa con el nombre de eirache, eirake, iraké, en los Documentos 
de esta época eran, en efecto, de estaño. 

(2) En Galicia estas cajas ó píxides se guardaban en un nicho abierto, 
por lo regular, en la pared de la iglesia al lado del Evangelio. 



LOS TRES peimeros siglos de la i. compostelana 513 

grandes dimensiones que desde entonces adquirieron las 
iglesias, era muy difícil y costoso hallar velos convenien- 
tes que cubriesen todo el arco triunfal. Continuaron 
usándose las cortinas ó alagaras, alaiaras, aUiaiaras, que 
rodeaban el Altar. 

Del Canon I, del Concilio de 10G0, parece deducirse 
que entonces todos los fieles estaban obligados á comul- 
gar tres veces al año, á saber, por Pascua de Navidad, 
Resurrección y Pentecostés. 

También se hace mención en este mismo Canon de 
las oblatas; pues se manda que en dichos tres días, cada 
fiel haga ofrendas según su posibilidad. 

En este Canon ó Capítulo se hace mención de todas 
las Horas canónicas á excepción de la Nona. Tal vez se 
rezase en el refectorio, como en los Monasterios se reza- 
ban las Completas en el dormitorio. 

En el Capítulo II del Concilio de 1060, se exige que 
los que hayan de ser elegidos Abades ó Rectores en las 
iglesias canónicas, estén versados en el estudio de las Sa- 
gradas Escrituras y de los Cánones eclesiásticos. Esto da 
á entender que entonces abundaban los Textos Sagra- 
dos y las Colecciones dé Concilios; pues sólo así podrían 
hallar los Presbíteros la erudición que se les exigía. 

En el mismo Canon se encarga á los Abades que es- 
tablezcan escuelas en sus respectivas iglesias (1). Inútil 
es encarecer la importancia de esta disposición, que de- 
muestra de que modo la Iglesia fomentó, según tantas 
veces calumniosamente y con insigne ingratitud se está 



(1) Las escuelas de los monasterios ya databan desde muy antiguo, asi 
en Galicia, como en otras regiones. En un Documento de Celanova del año 
1002, se pone entre los testigos turba pueroruní degenlibus tu acola, En otro 

Tomo II.— 33. 



514 LIBKO SEGUNDO 



repitiendo, la ignorancia y el obscurantismo. Y es más, 
si esto es fomentar el obscurantismo, hay que confesar 
que en tal tarea ninguna otra institución le hizo com- 
petencia por entonces. 

Respecto del impedimento de consanguinidad en el 
matrimonio, se siguió la legislación canónica entonces vi- 
gente, que prohibía y declaraba nulos los matrimonios 
celebrados entre consanguíneos hasta el séptimo grado 
de parentesco. Sin embargo, en el capítulo VI del Conci- 
lio del año 10G3, se permitió a los consanguíneos que esta- 
ban ya casados, que pudiesen permanecer unidos, con tal 
que su parentesco no excediese del quinto grado. De este 
modo se fué preparando la reforma del Concilio latera- 
nense IV, que limitó este impedimento al cuarto grado. 

En el Canon III del Concilio de 1060, se prohibe que 
los seglares posean heredad alguna dentro de los diextros 
de las iglesias. Los diextros eran el terreno contiguo á 
la iglesia, hasta la distancia de ochenta y dos ú ochenta 
y cuatro pasos en contorno; el cual terreno se conside- 
raba como parte integrante de la iglesia. Los doce pasos 
más próximos se destina.ban para cementerio; los restan- 
tes para huerto (1). 



Documento del año 1005, se dice que el monasterio de San Pedro de Rocas se 
había incendiado per negligentiam puerorum ibi in solióla adliuc degentis li- 
teras legebant. En una donación que en el año 1037 hizo Oduario Bermúdez 
á Celanova, manifiesta que allí había enseñado él las letras: ubi liiteras 
docui, etc. 

(1) En el Diploma que en el año 886 concedió D. Alfonso III á la 
Santa Iglesia de Orense, se lee: ítem adjicimus in omni giro ecclessiae ves- 
trae L XXXII passus; XII pro corpora tumulanda; LXX pro toleratione 
oynnes vita Sancta degentes. En el 860, D. Ordoño I, donó al Obispo de León 
Froniínio, varias iglesias en Asturias, y le encarga que, según enseñan los 



LOS TEES PRIMEROS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 515 

Por último, de estos Concilios compostelanos resulta, 
que la incontinencia y la simonía, dos horribles plagas, 
que por entonces tenían contagiado á casi todo el Clero 
de Europa, aquí en nuestra Península, al menos en los 
reinos de Galicia, León y Asturias, por favor de Dios, no 
se hallaban tan arraigadas y generalizadas, que necesi- 
tasen remedios tan fuertes y extraordinarios, como fue- 
ron los que se adoptaron en los Concilios de Roma y de 
Roán del año 1074, en el de Winchester del año 1076, en 
el dePoitiers del año 1078, etc.. Y por lo que toca á la in- 
continencia, el celibato era obligatorio, no sólo á los Clé- 
rigos de Ordenes mayores, sino á los de menores; los cua- 
les solo podían contraer matrimonio en caso de que por 
enfermedad ó debilidad del cuerpo, necesitasen la asis- 
tencia y auxilios del matrimonio, permaneciendo siem- 
pre, empero, bajo la inmediata inspección de sus respec- 
tivos Presbíteros. 

De estos nuestros Concilios también se infiere la nin- 
guna necesidad que á fines de este siglo XI hubo de que 
viniesen reformadores extranjeros á vigorizar nuestro 
espíritu religioso, alterando la fisonomía de nuestra Igle- 
sia. En el seno de nuestra patria y alimentados con el 
jugo de sus entrañas, se formaron en Compostela, Prela- 
dos como Cresconio, Gudesteo y el mismo D. Diego Pe- 
láez; en León San Alvito y Pelayo; en Lugo Pedro y 
Vistruario; en Oviedo Froilán y Arias, etc., etc.. Ni otra 
escuela, ni otra madre en lo temporal, reconocieron los 
Abades Santo Domingo de Silos, Santo Domingo de la 



Cánones, les acote los diextros. Ex omni circuitu de ipsa jam dicta Jora, 
prout Cañones docent, dextros eorum pone pro corporc tumulanda et pro 
subsidio fratrum. 



516 LIBBO SEGUNDO 



Calzada, San Fagildo de Antealtares, San Iñigo de Oña, 
San Grarcía de Alianza, San Sisebuto de Cárdena, San 
Veremundo de Hirache y San Juan de Ortega. No fue- 
ron, pues, la decadencia y la relajación las que deman- 
daron la venida de reformadores extranjeros. Bueno se- 
ría que esto no pudiera atribuirse á veleidades de Don 
Alfonso VI, en lo cual más digno es de reprensión, que 
de alabanza. 



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<r*-^ > llllllllllllllltllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllttllllliuilllllllllllllllliwilllllllllllllllllllllllltlllllllll ^ »- «^ 



CAPITULO XXVII 



Noticia de algunos de los alumnos de la Escuela compostela< 
na del tiempo de D. Cresconio. 




N el Concilio compostelano del año 1060, 
Canon II, mandóse que se estableciesen 
escuelas en todos los monasterios y en to- 
das las parroquias diocesales ó canónicas. 
Esta sola disposición basta á hacer presumir que en las Ca- 
tedrales había escuelas aún en aquellos azarosos tiempos. 
De la organización de la escuela compostelana, no se con- 
serva noticia alguna; pero hay memoria de dos alumnos 
muy calificados, suficientes por sí solos para acreditarla. 
El uno, es el Infante D. García, que después fué Rey de 
Galicia; el otro, el clérigo Pelayo, más tarde Obispo de 
León. 

Dice el Süense en su Cronicón, que una de las co- 
sas en que puso mayor esmero el Rey D. Fernando, fué 
en la educación de sus hijos. Procuraba primero que 



518 LIBRO SEGUNDO 



adquiriesen la instrucción necesaria con el estudio de 
las artes liberales, y después, cuando llegaban á edad 
competente, los hacía adiestrar en el manejo de las ar- 
mas, en la equitación y en la caza (1). 

La persona á quien confió D. Fernando la instruc- 
ción literaria de su hijo menor, D. García, fué el Obispo 
D. Cresconio, que indudablemente con este objeto, en el 
año 1053, trajo al Infante á Santiago, como resulta de 
una Escritura citada por Risco (2), en la cual, al fin,, se 
lee la siguiente nota: In ista Era (M)LXXXXI levavit 
Episcubo domino Cresconio acl illo infante domino Garda ad 
Galicia, 

De la permanencia de D. García en Compostela, nos 
quedó una insigne memoria, que debemos agradecer 
á los Historiadores y Cronistas belgas. Al entrar la 
primavera del año 1056, llegó á nuestra ciudad una nu- 
merosa caravana de peregrinos, procedentes de Lieja, 
presidida por Roberto, Monje del monasterio de Santia- 
go de la misma ciudad. Todos fueron recibidos con corte- 
sía y afabilidad suma por D. Cresconio y su pupilo Don 
García, pues entre ellos venían personas de gran distin- 
ción. Al despedirse Roberto, que después llegó á ser el 
cuarto Abad de su monasterio, preguntó á D. Cresconio 
y á D. García, si sería indiscreción el solicitar alguna 
Reliquia del Apóstol para ennoblecer con ella á su pro- 
pio monasterio. Accedió D. Cresconio, y puso en manos 
del piadoso Monje parte de un hueso braquial de Santia- 



(1) Rex vero Fernandus filios suos et filias íta censuit ínstruere, ut 
primo liberalibus disciplinis, quibus et ipse studium dederat, erudirentur. 
(España Sagrada, t. XVII, pág. 316). 

(2) España Sagrada, t. XXXV, pág. 65. 



LOS TEES PEIMEEOS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 519 

go (1) con algunas otras Reliquias de San Bartolomé 
Apóstol, San Pancracio y San Sebastián. 

El historiador de la Iglesia de Lieja, Bartolomé Fi- 
seno (2), explica así la facilidad con que el Obispo de 
Compostela y D. Grarcía se prestaron á los deseos de Ro- 
berto. El Infante, siguiendo acaso las instrucciones de 
su padre (3), aspiraba á contraer matrimonio con una de 
las dos hermanas del Emperador de Alemania, Enri- 
que III. Mostráronse, pues, fáciles y complacientes, tan- 
to D. García, como el Obispo, para que á su vez los pe- 
regrinos, entre los cuales venía, sin duda, alguno de la 
Corte del Emperador, hiciesen saber, en dónde convenía, 
sus deseos y aspiraciones. 

Llegaron las Sagradas Reliquias á Lieja el día de 
San Servasio (13 de Mayo), y recibidas con grandes fies- 
tas por toda la ciudad, fueron depositadas en la iglesia 
monasterial de Santiago, á la cual algunos llaman la 
maravilla de Lieja. El Señor quiso hacer sentir, con varios 
prodigios, la presencia en la famosa ciudad belga de la 
Reliquia de su Apóstol (4). Lamberto, Monje del referi- 



(1) Algunos historiados belgas dicen que lo que dio D. García, ó más 
bien D. Cresconio, fué un brazo) pero el mismo Fiseno advierte sobre esto: 
Insignem ejus (brachii) portionem interpretor , nec aliud Jwdie superest. 

(2) Hist. Ecclesiae Leodiensis, lib. VIII, núm. 27. 

(3) Los otros dos hijos de D. Fernando I, D. Sancho y D. Alfonso, ca- 
saron también (D. Alfonso cinco veces), con Princesas extranjeras. 

(4) Los historiadores de Lieja refieren el que aconteció á un comer- 
ciante que empleó en usos profanos un gran lienzo, en que habían sido en- 
vueltas las Reliquias al ser conducidas á, Bélgica. Tan mal empezaron á ir 
sus negocios, que él tenía á la vista su completa ruina. Ocurrióselé llevar el 
paño ó lienzo á, la iglesia de Santiago en Lieja, y desde entonces todo para 
él cambió de aspecto, y sus asuntos marcharon prósperamente. Del paño se 
hicieron dos estandartes, que en tiempo de Gil, Monje de Áurea valle (en 
la primera mitad del siglo XIII), aún permanecían en la iglesia. 



520 LIBEO SEGUNDO 



do monasterio de Lieja, en un Cronicón que no pasa del 
año 1194, hablando de las fiestas que se celebraron con 
motivo de la entrada de las Sagradas Reliquias, dice 
que no se acordaba en Lieja, ni antes, ni después, un día 
de mayor regocijo (1). 

Se ignora cuál haya sido el resultado de las gestiones 
de los peregrinos de Lieja, y ni aún puede asegurarse 
que D. García, que por entonces apenas había salido de 
la pubertad, haya llegado á contraer matrimonio. 

No sabemos hasta qué punto D. Grarcía sería materia 
dispuesta para recibir las enseñanzas y consejos de Don 
Cresconio; del otro alumno que hemos citado, consta que 
la semilla cayó en terreno fértil, y que produjo opimos 
frutos. ¡Con qué íntima satisfacción no recuerda el Obis- 
po legionense, Pelayo, en la Escritura de 10 de Noviem- 
bre de 1073, día de la solemne consagración de su igle- 
sia, que él había nacido en la provincia de Galicia, que 
se había criado en la Sede de Santiago, que allí había 
sido instruido con todo esmero en las ciencias eclesiásti- 
cas, que había sido promovido al Orden del Diaconado, 
y que por fin allí había permanecido hasta que las ca- 
nas, satélitas del tiempo, habían comenzado á poblar su 
cabeza! (2) ¡Con qué delicado sentimiento de gratitud 
no nombra en la misma Escritura á su señor D. Cresco- 
nio, que á instancia de los Reyes D. Fernando y Doña 



(1) Haec (Reliquiae) cum tanto honore. et totius populi jucunditate mi- 
raculisque coruscantibus ad ecclesiam Apostoli deportatae sunt, ut majorum 
nostrorum aetas laetiorem diem prius nec postea meminerit se vidisse* 
(Véase Acta Sanctorum, t. IVde Julio, die XI, en el Comentario sobre San- 
tiago, pte. I, §. IX, núms. 102 y siguientes). 

(2) Ego enim Pelagius istius auctor testamenti in Gallecia provincia 
ortus, adolevi in Sede Sancti Jacobi, ibique doctrinis ecclesiasticis adprime. 



LOS TRES PEIMEBOS SIGLOS DE LA I. OOMPOSTELANA 521 

Sancha, le había dado licencia para que pudiese cam- 
biar el estalo del coro de Santiago por la Sede legio- 
nense! (1) 

Bien conocidas debían de ser de D. Fernando y 
D. a Sancha las dotes del Canónigo compostelano, cuan- 
do así espontáneamente lo llamaron para ocupar la Se- 
de legionense (2). Las obras que en el espacio de ocho 
años llevó á cabo el alumno de D. Cresconio, demuestran 
bien á las claras, cuan de veras había adoptado como 
norma de conducta el lema que dejó consignado en la 
Escritura de fundación de una hospedería al lado de su 
Iglesia: Moríale corpus in mortali saeculo cam honore sustine- 
re. Construyó de nuevo los tres altares principales de la 
Basílica, el baptisterio, el palacio episcopal, el claustro, 



eruditus, ad gradum usque levitici Ordinis promotus sum, inde evolatis ali- 
quibus annis, et máxime cum jam temporanei funderentur vértice cani, ar- 

cesitus sum (a bonae) memoriae Rege Fredenando et Sanctia Regina 

( España Sagrada, t. XXXVI, Apéndices, núm. XXVIII). 

(1) In hac Sede Sancti Salvatoris et Sanctae Mariae urbis Legionensi 
constitutus Episcopus, Deo auxiliante et domino meo Cresconio Pontifice in 
hoc consentiente. (España Sagrada, t. XXXVI, loe. cit.) 

(2) «El limo. Truxillo (Risco, España Sagrada, t. XXXV, pág. 102), á 
quien siguió el P. Lobera, creyó que D. Pelayo fué Monje en el monasterio de 
Santiago, sito junto á la Catedral de León, y que por eso dice, que admitió el 
Obispado con licencia de Cresconio, el cual, según consta de otras Escritu- 
ras, era Abad del expresado monasterio. Este dictamen es contrario á la 
letra del Testamento de D. Pelayo, porque habiendo dicho que se crió en la 
Iglesia de Santiago de Galicia, dice luego que después de allí fué llamado 
por D. Fernando y D. a Sancha para que presidiese en la Silla Episcopal 
de León.» 

En cambio Sandoval (Fundaciones de San Benito), asienta que D. Pelayo 
había sido Monje en Sahagún. Fué prurito en Sandoval y en Argáiz, el 
sostener que casi todos los Obispos españoles de la Edad Media habían sido 
Monjes benedictinos. Cuenta esta ínclita Orden con suficientes legítimas 
glorias para sí y para dar, y no necesita de infundadas apropiaciones. 



522 LIBEO SEGUNDO 



el refectorio y el dormitorio. Adquirió varios libros doc- 
trinales y otros para el Oficio Divino. Hizo tres cruces, 
una de oro con piedras preciosas, que guardaba un trozo 
del Llgnum Crucis; otra grande de plata, maravillosa- 
mente labrada; y otra pequeña, para llevar en los días 
feriados. Enriqueció á su Iglesia con ricas casullas, dal- 
máticas, estolas, manípulos, frontales, túnicas, albas, 
amitos, etc.. Donó tres vasos de plata y otras muchas 
piezas de vajilla para el refectorio, y lechos y ropas para 
el dormitorio. Bendita es su memoria en León. 

Indudablemente podríamos referir otro tanto de su 
maestro Cresconio, si se hubieran conservado en nuestra 
Iglesia las donaciones de nuestros Obispos; mas ahora no 
cabe más que recordar lo que dice el Eclesiástico (1): que 
Dios honra al padre en los hijos. 

De aquí se deduce, que si no nació entonces la escue- 
la compostelana de calígrafos y curiales que tanta fama 
llegó á alcanzar, recibió gran impulso ó incremento. Lo 
cierto es, que no en otra parte, sino aquí, se formaron 
hombres como Grelmírez, que fué Notario y Canciller del 
Conde de Galicia, D. llamón, y que de entre los Canóni- 
gos compostelanos solían elegir sus Cancilleres los Reyes 
D. a Urraca y D. Alfonso VII, y sus inmediatos sucesores. 

Alumnos beneméritos de esta escuela fueron también 
otros dos Canónigos compostelanos, Ecta Gundesíndez y 
Arias Díaz; los cuales con el Diácono Pelagio Gatoniz, que 
á nuestro juicio debe de ser el Pelayo, de quien acaba- 
mos de ocuparnos, subscribieron el Diploma otorgado por 
D. Fernando I al Monasterio de Celanova en 10 de Ju- 



(1) Cap. III, v. 3, 




LOS TBES PBIMEEOS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 5 l 2B 

nio de 1056 (1). Ecta Gundesíndez llegó á ser un juriscon- 
sulto distinguido como lo acredita el hecho de cometer- 
le el Rey D. Alfonso VI en 1083, el conocimiento de un 
ruidoso pleito que traía el Obispo de Oviedo D. Arias con 
el Conde D. Rodrigo Díaz de Asturias. En la sentencia 
se decía que Ecta Gundesíndez era natural de Com- 
postela (2). 

Arias Díaz siguió también la carrera de la Curia, y 
en el año 1072 el Rey D. Alfonso VI lo nombró su Nota- 
rio ó Canciller (3). Como tal Notario otorgó la donación 
que en 29 de Julio de 1071 hizo la Infanta D. a Elvira á 
la Santa Iglesia de Lugo, recibiendo del Prelado rúcen- 
se como honorarios las tercias de la parroquia de Santa 
María de Marrozos (4). Como Juez lo hallamos también 
citado en una sentencia que por comisión de D. Fernan- 
do I dio con otros Jueces en un pleito que sostenía el 
Obispo de Lugo, D. Vistruario, sobre unas villas de la 
Iglesia de Braga (5). 



(1) Tumbo de Celanova, lib. I, núm. VI. — He aquí las subscripciones 
citadas, según el orden en que se hallan: Arias Didaz diaconus confirmat. — 
Petro Qundisaluiz confirmat. — Ordonio Didaz diaconus confirmat. — Pelagio 
Gatoniz diaconus confirmat. — Eita Gundesindiz diaconus confirmat. 

(2) España Sagrada, t. XXXVIII, pág. 88. — Ecta Gundesíndez subs- 
cribe entre los Magnates de la Corte de D. Fernando I varios Diplomas de 
este tiempo; por ejemplo, el otorgado por dicho Monarca á Santiago en 1065. 

(3) En un Diploma concedido por este Monarca al monasterio de Chan- 
tada en 6 de Enero de 1073 (véase Yepes, Coron. gen. de San Benito, t. VI, 
Apéndice IV), subscribe: Arias Didaz iudex atque regis notarius confirmat. 

(4) Arias Didaz notavit et confirmavit; pro quo mihi dedit Presul pre- 
scriptus (Vistrarius Lucensis) tertias ecclesie Sce. Marie de Marrocios per- 
petualiter habituras.— (España Sagrada, t. XL, Apéndice XXVII). 

(5) Véase España Sagrada, t. XL, pág. 172 



524 



LIBRO SEGUNDO 



Una bellísima joya literaria que se conserva en la 



I 









Fotografió de J. Limia, Fotograbado de Laporta. 

Miniatura que representa á los Reyes D. Fernando y D. a Sancha. 



Biblioteca de la Universidad compostelana, y que data 



LOS TBES PBIMEROS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 525 

de estos tiempos, debe ser atribuida, á nuestro juicio, á 
la escuela de calígrafos y miniaturistas, que no pudo por 
menos de florecer en aquella época en nuestra ciudad. 
El nombre del miniaturista Frictosus, corrupción de Fruc- 
tuosus, presenta la misma forma que el gallego Freitoso; 
y esto sólo es un indicio bien patente de cual era la pa- 
tria de este nuestro pintor, como él se llama. 

«Viene á ser un libro litúrgico, — decíamos de este 
precioso Códice en el número de El Eco de la Verdad, co- 
rrespondiente al 10 de Octubre del año 1868 — y contie- 
ne el Salterio, cánticos, oraciones, y al fin el Ordo ad mé- 
dium noctis con varias antífonas. Su estado de conserva- 
ción es excelente; la vitela blanca y fina; la letra, que es 
gótica, clara, limpia y gallarda; las capitales iluminadas 
con vivos y hermosos colores, predominando el morado 
y el azul turquí. El oro parece dado con goma.> 

La primera página contiene una miniatura en que 
se ve una figura humana, que representa al parecer la 
Sabiduría. Viste túnica amarilla , manto de púrpura, 
nimbo de oro, y sostiene un libro también de oro con tres 
cruces rojas. Sigue después un laberinto formado por un 
paralelógramo, al que cortan cuatro franjas, dos diago- 
nales, una vertical y otra horizontal; una franja circular 
rodea el punto de intersección, y otras cuatro rectilíneas, 
que forman un rombo, unen los extremos de las franjas 
vertical y horizontal. En estas franjas están escritos en 
varias direcciones los nombres de los dueños del libro, 
que fueron los Monarcas D. Fernando I y D. a Sancha: 
Fredinandi recjis, necnon Sancie regirte sum lilter. 

La miniatura más notable, es la en que se hallan re- 
presentados Reyes . El fotograbado de la pág. 524 , 
nos dispensa de hacer una, descripción de dicha miniatu- 



526 LIBRO SEGUNDO 



ra (1). De las iniciales puede formarse idea por las de los 
capítulos del presente tomo, que todas sobre ellas fueron 
calcadas sobre el original con gran esmero. 

Los nombres del calígrafo y del miniaturista, apare- 
cen en la siguiente inscripción entre complicadas franjas 
de laceria. 

Sancia ceu vohiit 

quod sum regina peregit 

Era millena novies 

dena quoque terna 

Fetrus erat scriptor 

Frictosus denique pictor. (Año 1055). 

El Códice tiene 31 centímetros de alto por 22 de an- 
cho; la caja del texto unos 20 de alto por 12 de ancho. 

Si se tienen en cuenta la gracia y esbeltez con que 
están dibujadas algunas figuras de las iniciales, la inven- 
tiva y la gallardía y originalidad de la composición, la 
soltura de los movimientos, la gran naturalidad en los 
gestos y actitudes y en la disposición de los paños, ya de- 
jará de ser un misterio el que á los pocos años pudiesen 
aparecer en Compostela aquellos admirables escultores 
que labraron los relieves, los capiteles y los canecillos 
que decoran nuestra Basílica. De lo cual se ve que los 
destellos de luz que resplandecían en el seno de la Es- 
cuela compostelana, irradiaban en todas las esferas de 
la actividad humana. 



(1) D. Fernando viste túnica verde, manto purpúreo y un largo bastón 
ó cetro de oro; D. a Sancha, túnica purpúrea, manto verde y toca azul. 



^^=xmm títti i uiiuttí ii iiiiiriiiiii 11 1 1 iti ¡ n i ii 1 1 1 1 1 1 1 11 rn i rTi 1 1 i ti i n ■ i iti i ni n i i 1 1 1 r u íiTfTTTrrn uirTimiiiiiii íi iiTTii*iTTr¡ífnrm iiiiiTnniiiTiiiTiiiTnriTmnrTTTrrT»m^^= 

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UUMi^lPÜ ■IDi'll J I' U 1 U 'L' 'i'ü 'i.' ■'■ 1 1 1 1 1 1 1 1 j i n 1 1 1 1 1 1 i 1 1 1 1 1 m 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 ii 1 1 1 1 1 1 m 1 1 1 1 1 H 1 1 1 1 < 1 1 1 ii 1 1 u i n 1 1 1 u 1 1 1 1 1 m ii 1 1 1 u n 1 1 1 1 1 1 h n 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 ¡ 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 n 1 1 1 n 1 1 1 1 1 1 1 1 1 



IIIIIIIIIIIIIIIIHIIIIIIIllllHIIIIIIIIHIIIIIIIIIIIIIIIIIIIinillllinillllHlllllllrS 



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CAPITULO XXVIII 



Últimos hechos de D. Cresconio. Su fallecimiento en el Cas- 
tillo de Oeste. — Notas sobre la peregrinación á Santiago 
en estos tiempos. 




efieee el Silense (1), que después 
de depositadas las Reliquias de 
San Isidoro en el templo de San 
Juan y San Pelayo de León, el 
Rey D. Fernando celebró una gran Junta de Magnates 
para dividir el reino entre sus hijos, D. Sancho, D. Al- 
fonso y D. García, y las Infantas D. a Urraca y Doña 



(1) España Sagrada, t. XVII, pág. 320. 



í 



528 LIBEO SEGUNDO 



Elvira, asignando al primero los estados de Castilla, al 
segundo los de León, al tercero los de Galicia, y á las 
Infantas las ciudades de Zamora y Toro y además 
todos los monasterios, que eran propiedad de la Corona. 
Lo mismo viene á decir, pero con más pormenores, el 
Cronicón Compostelano inserto al fin del tomo XX de la 
España Sagrada. Así de D. García dice, que el Rey Don 
Fernando le concedió por juro de heredad á Galicia y 
Portugal con la región Hispalense y la ciudad de Ba- 
dajoz, las cuales, como las de Zaragoza y Toledo, le pa- 
gaban tributo todos los años (1). 

Racional es suponer que D. García fué ungido y co- 
ronado Rey de Galicia en la Iglesia compostelana y por 
mano del Obispo D. Cresconio, su preceptor. Ninguna 
noticia nos ha quedado de los festejos que debieron ce- 
lebrarse en Compostela con motivo de esta solemnidad, 
que tendría lugar, como parece consiguiente, á princi- 
pios del año 1066. De este año hay un Privilegio de la 
Infanta D. Urraca, fechado á 25 de Junio, por el cual 
dicha señora otorgó á la Iglesia de Santiago varias 
villas, iglesias y posesiones en el valle de Vez, en Portu- 
gal, con la condición de que, mientras ella viviese, había 
de gozar á medias con los Clérigos del Lugar Apostólico 
de los frutos de dichas haciendas. Subscriben el Diplo- 
ma, además de la Reina viuda D. a Sancha, los cuatro 
hermanos de D. a Urraca en este orden, D. a Elvira, Don 
Alfonso, D. García y D. Sancho, que era el primogénito 



(1) Garseae autem natu minori Gallaeciam cum Portugalia et Ispalen- 
sem regionem cum ci vítate Badaliotli, in propriam hereditatem concessit, 
licet tune temporis a Sarracenis potestative tenerentur, qui supradicto Regí, 
scilicet Federnando, sicut Caesaraugustani et Toletani, tributum annuatim 
persolvebant, 



LOS TRES PRIMEROS SIGLOS DE LA I. OOMPOSTELANA 529 

entre los varones. Aparecen allí también las firmas ele 
los Obispos D. Vistruario de Lugo. D. Pelayo de León y 
D. Pedro de Astorga, y de otros muchos Proceres y 
Magnates (1). El no figurar allí la firma de D. Cresco* 
nio, da motivo á pensar que el Diploma se otorgó en 
León, en ocasión en que todos los cinco hermanos se ha- 
llaban reunidos. 

Este año de 1066, fué verosímilmente el último de la 
vida de D. Cresconio. Treinta años llevaba por lo menos 
de pontificado, y sin embargo de lo desvanecidas que se 
hallan por la acción del tiempo, la incuria de los hom- 
bres y el extravío y destrucción de muchos Documentos, 
las huellas que dejó impresas en la sociedad de su época, 
son tan características y expresivas, que nos revelan 
claramente la energía y el vigor de su alma, compara* 
bles á las de un San Pedro Damián, de un Hugo de Die, 
de un San Gregorio VII, sus contemporáneos. Ya hemos 
indicado algunas de las medidas que adoptó para el ré- 
gimen interior de su Iglesia Catedral, en virtud del que 
anuló á los Arcedianos, dando mayores atribuciones al 
Abad ó Presidente del Cabildo, que tomó el nombre de 
Arcipreste. Fuélo por este tiempo D. Visclamundo, cuyo 
nombre, con los de otros Canónigos compostelanos, apa- 
rece en las Escrituras de aquellos tiempos. Así, en el 
Privilegio otorgado por D. Sancho II á la Santa Iglesia 
t de Orense en 31 de Julio de 1071, firman como miem- 
bros del Clero de la Catedral compostelana, Visclamun- 
do, Arcipreste; Sendemiro, Clérigo; Gonzalo, Presbítero; 
otro Gonzalo, Juez; Menendo, Juez; Vimaredo, Presbí- 



(1) Véanse Apéndices, núm. XCVII. 
Tomo II. — 3á. 



530 LIBKO SEGUNDO 



tero; Sigeredo; Martirio, primiclero, y Arias Díaz (1). 
Los mismos firman en otro Privilegio que dos días antes 
había concedido el Rey D. Sancho á la Santa Iglesia de 
Lugo (2). Algunos más subscriben en el Diploma que el 
13 de Enero del mismo año 1071, otorgó la Infanta 
D. a Urraca á la Santa Iglesia de Tuy (3). Otros muchos 
más Canónigos debía de haber en Santiago, porque los 
citados sólo son los que viajaban acompañando á la 
Corte. 

A D. Cresconio quizás deba atribuirse también la 
institución de los Jueces eclesiásticos, miembros del Ca- 
bildo, para suplir las atribuciones cercenadas de los Ar- 
cedianos. Al menos los Canónigos, Jueces eclesiásticos? 
comenzaron á aparecer por este tiempo. 

De la solicitud de D. Cresconio tampoco pudieron 
quedar excluidos los monasterios basilicales de San Mar- 
tín y Antealtares, los cuales como anexos que eran á la 
Basílica, estaban más inmediatamente sujetos á la ins- 
pección y régimen del Prelado. No hay noticias precisas 
de la intervención que habría tenido D. Cresconio en di- 



(1) Ista (isti) de Loco Sancto: Vistramundus (Visclamundus) archi- 
presbytcr confirmo. Sendemirus clericus confirmo. Grundisalvus presbyter 
confirmo. ítem Grundisalvus judex confirmo. Menendus judex confirmo. Vi- 
maredus presbyter confirmo. Sigeredus testis confirmo. Martinus testis 
prim. testis confirmo. ¿Arias Didaci testis confirmo . (España Sagran ai 
tomo XVII, Apéndice II, pág. 242). ♦ 

(2) España Sagrada, t. XL, Apéndice XXVII. 

(3) De ecclesia Bti. Jacobi Apli. Iusclamundus (Visclamundus) archi- 
prcsbyter cf. Gundisalvus pbr. cf. Froilanus pbr. cf. Petrus pbr. cf. Petrus 
pbr. cf. Sendemirus arcbidiaconus cf. Stefanus diac. cf. Fagildus diac. cf. 
Martinus diac. cf. Petrus diac. cf. Joannes diac. cf. Ghmdisalvo judice cf» 
Menindus judice cf. Martino Rodrigiz cf. Arias Didaci cf. Pelagio Dida- 

i". (España Sagrada, t. XXII, Apéndice I. 



LOS TEES PEIMEBOS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 531 

chos monasterios; sábese, empero, que en el de Antealta- 
res, sólo por el acto jurisdiccional que ejerció al nombrar 
Abad á San Fagildo, merecería que su nombre fuese pro- 
nunciado con veneración y gratitud. El Abad de Ante- 
altares, San Fagildo, le acompañó en el año 1063, como 
liemos visto, á León para asistir á las fiestas que se cele- 
braron al recibir los cuerpos de San Isidoro y San Alvi- 
to. En tiempos difíciles, no precisamente por movimien- 
tos ó convulsiones políticas, sino por contrariedades de 
otro género, gobernó este insigne varón su abadía, acre- 
centando la hacienda y defendiendo enérgicamente los 
derechos y consideraciones de su monasterio (1). 

Del Abad de San Martín, Adulfo, hay motivo para 
suponerlo nombrado por D. Cresconio, pues ya subscribe 
como tal Abad de San Martín un Diploma del año 1067. 
Adulfo gobernó por largo tiempo dicho monasterio, y de- 
jó fama de gran virtud y santidad . Era hombre de 
grandes pensamientos y acometió la ardua empresa de 
echar abajo la iglesia vieja, que databa del tiempo de 
San Pedro de Mezonzo, y de construir otra nueva, mu- 
cho más extensa y magnífica. 

El reflorecimiento de la vida monástica se extendió, 
como era consiguiente, de la iglesia matriz á toda la 
Diócesis. En prueba de ello, entre las muchas casas con- 
ventuales que pudiéramos citar, sólo mencionaremos la 
de San Salvador de Cinis, en. tierra de Nendos. En 1061, 
á 27 de Junio, los Reyes D. Fernando y D. a Sancha 



(1) "Bajo el pontificado de D. Cresconio, el monasterio de Antealt 
adquirió la propiedad de las iglesias de San Andrés de Camporredondo y 

San Julián de Postmarcos; la primera, por donación del Conde Tello Ah ítez 
y su esposa Munia Donna; y la secunda, por donación de la Sicrva de Diov, 
Ferilde. 



532 LIBBO SEGUNDO 



confirmaron á este monasterio, á petición de los Condes 
D. Sigeredo Alvítez y D. a Adosinda Arias, descendien- 
tes de los fundadores, su antiguo coto y los de las igle- 
sias anejas, San Salvador de Armental, San Pedro de 
Morranca y San Salvador de Trasanquelos. Subscriben 
el Diploma los Reyes, sus tres hijos D. Sancho, D. Alonso 
y D. García, y el Obispo D. Cresconio (1). Dos años des- 
pués, D. Sigeredo y su esposa D. a Adosinda enriquecie- 
ron la casa con grandes posesiones; y por el Testamento 
de su hijo D. Al vito, otorgado en 16 de Diciembre 
de 1073, se conocen los nombres de los Religiosos y Re- 
ligiosas que en ella moraban. D. Alvito, que también se 
había hecho Monje en la misma casa, le deja la villa de 
Carballeda, en tierra de Montanos (Montaos), la iglesia 
de San Salvador de Cerneda, y otras villas y posesiones 
con todo el ganado que en ellas le pertenecía. De este 
Testamento, sólo se conservan originales las últimas 
cláusulas y las subscripciones,. que pueden verse en los 
Apéndices, núm. XCIX. Antes de cerrar el Testamento, 
se acordó D. Alvito de dos campanas de mesa y un címba- 
lo, que también dejaba al monasterio. 

Quien, como D. Cresconio, con tanta solicitud se afa- 
naba por el esplendor de su Iglesia, no podría menos de 
sentirse vivamente conmovido al ver el número siempre 
creciente de peregrinos que de todas partes del mundo 
concurrían á visitar el Santo Templo de Santiago. Si se 
conservaran algunos restos de los antiguos fastos de la 
peregrinación á Compostela, podríamos ver en ellos re- 



(1) De una copia del siglo XII, que se conserva en la Escuela Superior 
de Diplomática de Madrid. 



LOS TEES PBIMEBOS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 533 

gistrados los nombres de muchos personajes ilustres, que 
á costa de mil fatigas y penalidades, rindieron á nuestro 
Apóstol este tributo de amor y veneración. Sólo por in- 
cidencia se conocen los nombres de algunos varones in- 
signes, que llenos de afecto y compunción, visitaron por 
este tiempo nuestra Apostólica Basílica. 

Ya hemos hecho mención del Monje de Santiago de 
Lieja, Roberto, y de los caballeros belgas que lo acom- 
pañaban, y del peregrino griego, á quien algunos hacen 
Obispo y dan el nombre de Esteban, que pasó largo 
tiempo velando noche y día á las puertas de la Iglesia 
de Santiago. A éstos, habremos de añadir, á principios 
de este siglo XI, ó á finés del anterior, al Monje arme- 
nio, San Simeón, que visitó los principales Santuarios de 
Europa, y llegó á este último confín con el ansia de im- 
plorar la protección de Santiago. Ecclesiam Bti. Jacobi 
petiit orationis gratia. Detúvose, á lo que parece, algún 
tiempo en Galicia, y libró á una hija del Rey (que debía 
ser D. Bermudo II), de la obsesión del demonio. De los 
presentes que con este motivo se le ofrecieron, sólo quiso 
aceptar á un joven esclavo llamado Juan, al cual, desde 
aquel punto, trató como á hermano (1). Citaremos tam- 
bién á San Teobaldo de la familia de los Condes de 
Champaña, y á su compañero Gualterio ó Gautier, los 
cuales, á pie descalzo juntos, vinieron desde Alemania 
á reverenciar á nuestro Apóstol, y á San Guillermo, fun- 
dador de la Congregación de Monte-Virgen, que vino 
igualmente á pie desde Italia. 

En el año 1063 vino Pedro, predecesor en la Sede de 



(1) Véase la biografía de S. Simeón, en el tomo VI del mes de Julio de 
los Acta Sanctorum. 



534 LIBEO SEGUNDO 



Le Puy, en Francia, del célebre Ademaro, qne se cruzó 
el primero en la expedición decretada por Urbano II. El 
Obispo de Le Puy, Pedro, susbcribe el Diploma que el 
22 de Diciembre otorgó D. Fernando I á la iglesia de 
San Juan Bautista y San Isidoro de León. Probablemen- 
te la solemnidad de la Traslación de San Isidoro, cogió 
al Obispo Pedro en esta ciudad, al venir ó al volver de 
Compostela. 

Algunos años antes había venido á Santiago el Arzo- 
bispo de Milán, Guido ó Vidon de Veíate, para cumplir 
la penitencia que San Pedro Damián, á él y á gran par- 
te del Clero de su Diócesis, había impuesto por los deli- 
tos de simonía de que se hallaron convictos y confesos. 

Según la Crónica de Normandía publicada por el Pa- 
dre Martín Bouquet en el tomo XIII de la Colección de los 
Historiadores de Francia, el caballo que montaba Guiller- 
mo el Conquistador en la célebre batalla de Hastings 
(14 de Octubre de 1066), le había sido llevado de Espa- 
ña por un caballero peregrino del Apóstol Santiago. (1). 

A Santiago vino también, pocos años después, el 
Arzobispo de Maguncia, Sigifredo, el cual, condolido de 
los males que sufría la Iglesia en Alemania por efecto 
de los procedimientos despóticos del Emperador Enri- 
que IV, quiso hallar consuelo y esfuerzo al pie de la 
Tumba de Santiago. 

Estos hechos aislados, y la calidad de las personas 
mencionadas, ya por sí demuestran cuan considerable 
debía de ser el número de peregrinos que frecuentaban 



(1) Ya años antes, hacía el 1034, había estado en Compostela otro ca- 
ballero Normando, ítoger I de Tosny. (Bouillet, 77 Eglise Sainte. Foy de 
Conches (Eure); Caen, 1889. 



LOS TEES PEIMEEOS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 535 

entonces la Basílica compostelana; pero hay otras prue- 
bas, que aunque indirectamente, confirman hasta la 
evidencia lo mismo. Viendo el Rey de Navarra. D. San- 
cho el Mayor (j* 1035), los muchos trabajos y vejaciones 
que al atravesar por sus extensos Estados., padecían los 
romeros que venían á Compostela, procuró á toda costa 
el hacerles menos penoso y expuesto el camino. Después 
de doblar las cumbres de los Pirineos, veíanse precisa- 
dos los peregrinos á buscar guías, si no los traían consi- 
go, que los condujesen por sendas casi impracticables á 
través de las montañas de Guipúzcoa y Álava, para no 
exponerse á caer en poder de las bandas de los saltea- 
dores sarracenos que de continuo infestaban las co- 
marcas de la baja Navarra y de la Rioja. El Rey 
D. Sancho no quiso por más tiempo consentir esto. 
Desde lo alto de la sierra del Pirineo hasta Nájera, hizo 
abrir una carretera, y arrancó del poder de los sarrace- 
nos los países limítrofes para establecer una zona segura 
y tranquila por la cual los peregrinos de Santiago pu- 
diesen circular sin peligro, ni obstáculo de ningún gé- 
nero (1). 

Entonces no había personas encargadas oficialmente 
por el Estado, de la recomposición de los caminos. Esta 
falta en el camino de Santiago la remedió la caridad, 



(1) Ab ipsis namque Pyrenaeis jugis ad usque castrum Najarae quid- 
quid terrae infra continetur, a potestate Paganorum eripiens, iter Sti. Jaco- 
bi, quod barbárico tiniore per devia Alavae peregrini decimal uint, absquo 
retractionis obstáculo currere fecit. (Cronicón del Silcnse en el t. XVII do 
la España Sagrada, pág. 304). — Créese que la Reina D. a Mayor, al abrir su 
marido D. Sancho este camino, mandó construir el puente que dio el nom- 
bre á Puente la Reina. 



586 LIBRO SEGUNDO 



que encendió el pecho de muchas personas piadosas y 
las movió á prestar toda clase de auxilios á los peregri- 
nos. No sólo se dedicaban á construir puentes y á hacer 
otras obras necesarias para la reparación y conservación 
de la carretera, sino que fundaban hospederías, y ellos, 
por sí mismos, asistían á los peregrinos y les suministra- 
ban ropas, alimentos, consuelos y medicinas. Distinguié- 
ronse en obra tan meritoria, personas de tan sobresa- 
liente virtud como Santo Domingo de la Calzada, San 
Adelelmo ó Lesmes, San Juan de Ortega, etc.. El nom- 
bre de Santo Domingo se hizo célebre y conocidísimo por 
este motivo. De San Lesmes se refiere, en su Vida, que 
tan pronto se instaló en la habitación que le cedió Al- 
fonso VI junto á la capilla de San Juan Evangelista, al 
pie de los muros de Burgos, se consagró por completo al 
servicio de Dios, prodigando á los peregrinos toda suerte 
de cuidados (1). El Abad de Sahagún, D.Julián, esta- 
bleció una hospedería en su monasterio para acoger á 
los peregrinos de Santiage (2). 

El sinnúmero de hospitales ó hospederías escalona- 
dos á lo largo del camino de Santiago, merecería por sí 
sólo un grueso volumen, á juzgar por los excelentes tra- 
bajos publicados sobre este tema en estos últimos años 
por muy eruditos y entusiastas escritores, especialmente 
en la nación vecina de allende los Pirineos. De la casa 
de hospedaje para peregrinos establecida en Compostela 
por D. Fernando I en 1061, ya hemos hablado en el ca- 



(1) Acta Sanctorum al día 30 de Enero, cap. IV, núm. 20. — Ut tradi- 
tam sibi habitationem adiit, Deo istic coepit religiosissime famulari, peregri- 
nas sedulo ministrare, tecto recipere, cibo recreare, morbis liberare. 

(2) Yepes, Coron. gen. de San Benito, tomo III. 



LOS TBES PBIMEBOS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 537 

pítulo XXV. Pero tales casas databan ya de tiempos 
mucho más remotos. No falta quien atribuya á Carlo- 
magno la fundación en los Pirineos del célebre Hospital 
de ítoncesvalles, que en un principio estuvo en la mon- 
taña de Ibañeta (1). A ejemplo de éste se fueron edi- 
ficando otros muchos ; de modo que según advierte 
Mr. Al. Nicolai (2), «si se marcaran en los antiguos ma- 
pas los hospitales de que se halla mención y las rutas que 
ellos señalan, pronto se adquiriría la certeza de que así 
como todo camino conduce á Roma, así en otro tiempo 
todo camino conducía á Santiago.» 

Maravilloso era en efecto el espectáculo que por en- 
tonces, y por mucho tiempo después, ofrecían casi todos 
los pueblos de Europa, al emprender la peregrinación á 
Compostela, para rendir á costa de mil sacrificios, fati- 
gas y vejaciones este tributo de adoración á Jesucristo 
sobre la Tumba de su amado discípulo Santiago. D. Al- 
fonso VI nos indica claramente hasta dónde se extendía 



(1) Véase el curioso opúsculo del Abate Dubarat, intitulado: La Com- 
manderie et V hópital d' Ordiarp, depandance du monástere de Roncevaux, 
Pau y París; 1887, y el tomo I de Navarra y Logroño, en la colección: Espa- 
ña, sus Monumentos, etc.. pág. 433. He aquí como se expresa el Sr. Madra- 
zo en este lugar: «Saliendo de la actual colegiata de Roncesvalles, con direc- 
ción al Norte, una montañuela de cerca de tres kilómetros de subida, 
conduce á un relleno, donde existe hoy un edificio de insignificante arqui- 
tectura, robustecido con contrafuertes, cuyo campanario claramente denota 
su carácter de construcción religiosa del siglo XVI. Es este edificio, la er- 
mita de San Salvador de Ibañeta, nombre tomado del que lleva la montaña 
donde está su asiento; pero no es el edificio primitivo que fundó allí Carlo- 
magno para asilo de los peregrinos, que por aquella parte venían arrostran- 
do peligros y trabajos con propósito de emprender desde Navarra el camino 
á Santiago de Compostela. De la antigua fábrica carolingia, nada queda. > 

(2) Monsieur St. Jacques de Compostelle; Burdeos 1897; pág. 44, 



538 LIBBO SEGUNDO 



el flujo y reflujo de peregrinos, cuando al posesionarse á 
fines del año 1072, por muerte de su hermano D. Sancho, 
de los reinos de León y de Castilla, por hacer bien á to- 
dos sus subditos y á los demás pueblos, no sólo de España, 
sino de Italia, Francia y Alemania, que por motivo de 
religión se encaminaban á Santiago, suprime el portaz- 
go que había á la entrada de Galicia, sobre el monte Val- 
cárcel, entre los ríos Burbia y Balboa (1). 

Puesto D. Cresconio en el centro de este movimiento 
incesante, conmovedor, imperioso, no podía menos de 
sentirse obligado á corresponder al cúmulo de afectos que 
despestaba el ver de continuo á tantos hombres de todas 
condiciones, de todas edades, de todas nacionalidades, 
apiñados dentro y alrededor de la Basílica de Santiago, 
demandando humildes, insistentes y fervorosos, perdón 
para sus culpas, remedio para sus faltas, alivio para sus 
penas, ayuda para sus empresas, gracia y virtud para 
servir como verdaderos cristianos á su Criador y á su 
Redentor. 

Por otra parte, este afán incansable de renovar las 
iglesias y reconstruirlas bajo un plan más suntuoso y 
magnífico, era una de las tendencias dominantes de la 
época. Como nos advierte un contemporáneo de D. Cres- 
conio, el monje cluniacense Rodolfo Grlaber, desde los úl- 
timos años del siglo X, parecía que la humanidad había 
despertado de un gran letargo, y que sacudía afanosa 



(1) Providemus aliquid operari et constituere quod nobis proncíat ad 
Salutem anime nostre, et ceteris populis, non solum Hispanie, sed etiam 
Italie, Francie et Alemandie profioiat ad réquiem... máxime peregrinorum 
et pauperum qui ad Sanctum Jacobum causa orationis proficiscebantur. 
(España Sagrada, t. XXXVI, Apéndice XXVII)» 



LOS TRES PRIMEROS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 539 

su pasada somnolencia, renovando y mejorando la estruc- 
tura de sus iglesias. Tal tendencia alcanzaba aún á los 
lugares más humildes y apartados, según se observa en 
una Escritura del año 1019 (1), en que la monja y Con- 
desa Adosinda dice de la iglesia de San Martín de 
Lalín, edificada algunos años antes, que era una obra 
admirable y espléndida: constructam miro opere víbranti. 

Cresconio, ya que no fuese el iniciador del movi- 
miento, por su carácter no podía quedar rezagado, y 
seguramente había de figurar en primera fila entre los 
promovedores de estos trabajos. 

Una de las principales preocupaciones de nuestro 
animoso Prelado, debía de ser, pues, el poseer un tem- 
plo digno , majestuoso y capaz de contener las mu- 
chedumbres que diariamente llegaban anhelosas de 
postrarse al pie del Sepulcro Apostólico, ó al menos 
cobijarse bajo las sagradas bóvedas que guardaban tan 
celestial Tesoro. Que D. Cresconio no fuese persona en 
cuya alma no hallasen eco las grandes y las altas, si- 
quiera atrevidas, concepciones, bien claro resulta de las 
notas biográficas que en estos últimos capítulos hemos 
reunido. Que era hombre de acción, á quien no arredra- 
ban las dificultades que ofrece toda construcción, cuan- 
do reviste cierta importancia y magnitud, bien lo acre- 
ditan las obras que hemos mentado, como las murallas 
y fortificaciones de Compostela, y la reedificación del 
castillo Honesto, y las que realizó en las antiguas Cate- 
drales de Iria y de Braga. 

Cuando D. Cresconio entró á gobernar la Diócesis 



(1) Archivo episcopal de Lugo, lib. II de pergaminos, niím. XLVI, 



540 LIBEO SEGUNDO 



compostelana, la Iglesia de Iria, la venerable anciana 
que, la primera había recogido en su seno la prenda de 
amor y solicitud perpetua que al tiempo de morir legara 
á España nuestro Maestro y nuestro Padre en la Fe, por 
efecto de las continuas guerras y de los trastornos políti- 
cos y de las invasiones de los normandos, yacía en mise- 
rable decadencia y abandono. El noble Prelado se pro- 
puso levantarla de su postración, tanto en lo material 
como en lo moral, y devolverle parte de su antiguo 
prestigio y autoridad. La antigua Catedral Iriense que, 
al parecer, estaba dedicada á la Santísima Virgen, y, 
que probablemente, como hemos indicado en otra par- 
te (1), había sido destruida por los normandos, fué tras- 
ladada á la Basílica cementerial de Santa Eulalia, edifi- 
cada en sitio menos expuesto á las incursiones de los 
bárbaros, y defendida por el castro ó castillo de la Bocha 
Blanca. 

D. Cresconio, no sólo construyó nueva iglesia (2), 
sino que edificó en su derredor las dependencias necesa- 
rias en una Catedral, como sala capitular, refectorio, 
dormitorio, etc.. (3). Donó á la nueva Iglesia tres cálices 
de plata, dos grandes campanas, un libro de Decretales, 
otro de Cánones, un Salterio completo, los Morales de 
San Gregorio, y el Sacramentarlo del mismo Papa. La 



(1) Tomo I, pág. 371. 

(2) Post consummationem hujus Ecclesíae Sanctae Mariae, quam ipse 
(Cresconius) Deo opitulante, fecit... (Hist. Gomp. en el tomo XX de la Espa- 
ña Sagrada, pág. 15). 

(3) Domos per in circuitum ecclesíae instruxit, et refortorium, capitu- 
lum, dorniitorium et reliquas domos necessarias. (Véase el Privilegio conce- 
dido por D. Diego Gelmírez á la Iglesia de Iria, en el año 1134, en los Mo- 
numentos antiguos de la Iglesia compostelana, págs. 8-11). 



LOS TBES PRIMEROS SIGLOS DE LA I.COMPOSTELANA 541 

renta con que se sustentaba el Clero destinado al 
culto y servicio de esta Catedral Iriense, había queda- 
do muy mermada desde que el Obispo Sisnando II, con 
motivo de las frecuentes incursiones de los normandos, 
cediera los frutos del Arcedianato de Saines á los caba- 
lleros y gente de armas de la comarca. En compensa- 
ción, D. Cresconio cedió á la Iglesia de Iria el diezmo 
de cierta renta llamada quinta, que se pagaba en varias 
feligresías sitas en las cercanías, como las de Carcacía, 
Herbón, Oin, Requeijo, Cruces, etc.. Dióle, además, el 
diezmo de todas las pesqueras existentes en el río Ulla, 
desde el lugar de Bandín, en San Pedro de Carcacía, 
hasta las Torres de Oeste; eximió del pago de quinta á 
todas las heredades propias de la Iglesia Iriense; y de- 
claró exentos á los Canónigos de Iria de toda otra juris- 
dicción, que no fuese la inmediata del Obispo composte- 
lano (1). 

En otra obra notable, la reedificación de la Catedral 
de Braga, tuvo buena parte nuestro D. Cresconio, como 
se ve por la obra intitulada £a Metrópoli de Braga (2), 
que hacia el año 1592 escribió el Agustiniano Fr. Jeró- 
nimo Román, después de reconocer el Archivo de dicha 
Iglesia. «Este templo material que hoy vemos — dice el 
Padre Román — es el que los primeros Reyes de Portu- 
gal edificaron con más devoción, que grandeza. Los pri- 
meros que pusieron mano.á esta obra, fueron los Obis- 
pos Vistraro, que también se dice Vistremiro de Lugo (8), 



(1) Véase el Privilegio citado en los Monumentos antiguos, etc.. 

(2) Citada por Risco, España Sagrada, t. XL, pág. 181. 

(3) Es el Obispo D. Vistruario, que ocupó la Sede Luceuse desde el 
año 10í>0 á 1086. 



542 LIBBO SEGUNDO 



y Crescencio (Cresconio), de Iría ó Compostela; porque 
como procuraron por todas las vías posibles que se resti- 
tuyese la Metrópoli, también ayudaron á comenzar 
la obra. » 

Fácilmente se adivinan los motivos que debieron 
impulsar á poner mano en esta obra á los dos Prelados. 
El de. Compostela era señor temporal de muchas tierras 
alrededor de Braga; al de Lugo estaba encomendado el 
régimen espiritual de esta Diócesis; para ambos, por lo 
tanto, era decoroso el interesarse por la restauración de 
tan ilustre Iglesia. A D. Cresconio deba también, quizás, 
atribuirse la construcción ó reedificación de la iglesia de 
Santiago de Braga, la cual, en opinión del P. Román, 
era el único templo que existía en dicha ciudad al co- 
menzarse su definitiva restauración (1). 

Por todo esto, insistimos en que el pensamiento de 
D. Cresconio debía de estar siempre fijo en el engrande- 
cimiento de su Iglesia Catedral. La muerte no le permi- 
tió realizar tan nobles ideas, y con él las enterró en el 
sepulcro; de donde, sin embargo, á los pocos años sur- 
gieron prontas á pasar al terreno de los hechos, bajo el 
impulso de otro gran Prelado, D. Diego Peláez. 

En el año 1068 coloca la Conqwstelana, sin duda por 



(l) «Volviendo a la población de Braga, escribe el erudito Agustino, 
digo, que al principio fué poca cosa, y lo principal fué por donde esta la 
puerta de Santiago; y si a mi me dejaran sustentar mi opinión, aquella igle- 
sia de Santiago fué la primera parroquia de Braga, y por alli iban edificando 
hasta llegar á la Iglesia Mayor: porque todo lo que vemos por donde es 
Palacio, y la calle que llaman de Soto y el Castillo, es obra nueva. Parece 
ser esto así, porque la parroquia de Santiago se intitula y intituló la iglesia 
de Santiago de la Ciudad; que es tanto como decir, que la Ciudad estaba 
adonde se edificó la dicha iglesia.» (España Sagrada, t. XV, pág. 186). 



LOS TEES PEIMEROS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 



543 






yerro de los copistas, el fallecimiento de D. Cresconio. 
Un año antes debió haber quedado huérfana de tan in- 
signe Pastor la Diócesis de Compostela; pues en 1067 
aparece ya como Prelado de Santiago el sucesor Don 
Grudesteo. 

D. Cresconio falleció en las Torres de Oeste, en 
aquel castillo que él había levantado á costa de tantos 
desvelos y tantos afanes, para defensa de la Religión y 
de la Patria; pero es de creer, que su cadáver fuese traí- 
do á Compostela para que recibiese la sepultura que 
merecía, al lado de sus predecesores y en el atrio de la 
Basílica de Santiago. 



CAPITULO XXIX 



De D. Gudesteo, sucesor de D. Cresconio. — Guerras civiles 
entre los hijos de D. Fernando I.— Trágico fin de D. Gudes- 
teo en la Canónica de Iria. — Sucédele D. Diego Peláez, por 
designación de D. Sancho, Rey de Castilla. - Abolición del 
Rito gótico en España. -Prisión y muerte del Rey de Gali- 
cia, D. García. 




on Cresconio legó á su sobri- 
no y sucesor D. Gudesteo, 
su celo, su doctrina, su reli- 
giosidad, pero no pudo legarle el temple de su alma. 
Era D. Gudesteo, como ya hemos dicho, de una de las 
familias más encumbradas de Galicia. La Ccmpostela- 
na (1) lo hace sobrino por línea materna del Conde Don 
Froila; pero como por entonces había on nuestro país 



( 1 ) España Sagrada, t. XX , págs. 15-16, 
Tomo II.— 35. 



546 LIBBO SEGUNDO 



varios Condes del mismo nombre, como D. Froila, Frue- 
la ó Froilán Bermúdez, D. Fruela Arias, D. Fruela Me- 
néndez, D. Fruela Díaz (1), D. Fruela Jiménez, y todos 
ellos de familias distinguidísimas, no podemos precisar 
con fijeza, á cual de estas casas pertenecía nuestro 
Prelado. 

La elección y consagración de D. Gudesteo, debieron 
seguirse con pequeño intervalo al fallecimiento de su 
predecesor. En un Privilegio que cita Argáiz (2), conce- 
dido por el Rey de Galicia, D. García, al monasterio de 
San Antolín de Toques, en 28 de Febrero de 1067, se 
ve ya la firma de D. Gudesteo: Gudesteus Apostolícele Sedis 
Episcopus. 

Al entrar D. Gudesteo á regir la Diócesis composte- 
lana, se propuso por modelo á su predecesor, y procuró 



(1) D. Froila Bermúdez fué padre del célebre Conde de Traba, D. Pe- 
dro Fróilaz; D. Froila Arias lo fué de la primera esposa de éste, D. a Urraca; 
D. Froila Menéndez fué hijo, á lo que parece, del Conde D. Menendo, ayo y 
tutor de D. Alfonso V; y D. Froila Díaz fué Conde de Lemos. 

(2) La Soledad Laureada, t. III, pág. 391. — Entre los Documentos 
procedentes de San Martín Pinario, que se guardan en la Biblioteca de la 
Universidad Literaria de Santiago, hemos visto un extracto de este Privile- 
gio, hecho en el año 1801, que por referirse al Rey de Galicia, D. García, 
del cual tan pocas noticias se conservan, damos aquí casi íntegramente: 
«D. García Rey de Galicia confirma á Toques el coto de Meire, que ya tenía 
por concesión de D. Alonso V y sus sucesores. Lo confirma el Abad Tanoy 
cum agmina monachorum bti. Benedicti regula clarens... offero pro remedio 
anime mee vel parentum atque abolorum meorum hereditate mea propria que 
habeo de susceptione illorum... Pone muchos Santos por titulares, la primera 
la excelentísima Virgen María y el último San An tonino, quorum baselica 
fundata esse dignoscitur in loco Fer vendas ubi dicunt Toccas super rivulo 
Flamosinno, sub alpe quod dicent Maura mortua, territorio Aviárteos, ubi est 
celia in solidata rupis constructa... inter Leporario et Bustello, secus monte 
liiisorio f discurrente fluvio quod vocitant Bioscco vergens in Barazone... De- 
marca dicho coto. Et hec oblatio que pro animarum meorum parentum dive 



LOS TEES PEIMEBOS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 547 

sostener vigentes y en toda su fuerza las disposiciones 
que éste había adoptado para el buen gobierno de su 
Iglesia, así en lo espiritual, como en lo temporal (1). 
Mas las circunstancias habían cambiado: el Rey, que 
con brazo fuerte, y más aún con su discreción, virtud y 
prudencia, había sabido mantener de modo admirable 
entre sus subditos la subordinación, la armonía y el or- 
den, acababa de bajar al sepulcro, y al punto, el vacío 
que dejara, entraron á llenarlo la ambición, la discordia, 
el odio, y todas las pasiones trastornadoras de los Es- 
tados. 

Penetrado como estaba D. Fernando I de lo poco 
avenidos que prometían ser sus hijos cuando llegasen á 
sucederle en el Trono, hizo en vida entre ellos, como he- 
mos visto, la partija de sus Estados. Nada se consiguió 
con esto; el hijo mayor, D. Sancho, ya de suyo de carác- 
ter inquieto y turbulento, se juzgó perjudicado en el re- 
parto, y trató de resarcirse desposeyendo á sus herma- 



memorie Fredinandi regís et Sancie regine obtuli, sit rata in conspectu Al- 
tissimi... Sexta feria Ilkalendas mar til Era MCV." 

Subscriben, además de los Obispos Gudesteo, Vistruario de Lugo y Sua- 
rio de Dumio: 

Fagildus abba sciterio de Antealtares confirmo. 

Adulfus abba de sciterio Sci. Martini de Vinario, conf. 

Comütessa Ilduara prolix Velasquü conf. etc.. 

No concuerdan las notas cronológicas que se señalan en la fecha; pues 
el 28 de Febrero del año 1007, no fué viernes, sino miércoles. Esto nuda 
tiene de extraño en un Documento, que ya debió pasar por muchas manos. 
Sin embargo, si en la fecha de las calendas suplimos una V, entonces des- 
aparece toda divergencia. 

(1) Juxta rigorem (vigorem en algunos ejemplares) praedecessoris sai 
dignitates et honores hujus Ecclesiae ad statutum réctitudinia promoveré 
voluit. (Historia Compostelana, libro I, cap. II, núin. 11). 



548 LIBEO SEGUNDO 



nos. Contra quien primero dirigió sus tiros, fué contra el 
hermano menor, D. García; y tan buena arte se dio, que 
sedujo á su otro hermano D. Alfonso para que le ayu- 
dase en la empresa, ó al menos, para que se mostrase 
pasivo y neutral. 

La discordia entre los hermanos debió estallar poco 
después del fallecimiento de su buena madre D. a San- 
cha, ocurrido en 1067. En el año 1066, á 25 de Junio, 
aún firman todos, incluso la Reina madre, el Privilegio 
que la Infanta D. a Urraca otorgó á la Iglesia de Santia- 
go (1). Probablemente el Rey D. García no esperaba 
verse tan de pronto acometido por sus hermanos; así es 
que le fué forzoso abandonar su Reino y buscar refugio 
en la Corte del Rey moro de Sevilla, del mismo modo 
que poco tiempo después su hermano D. Alfonso tuvo 
que buscarlo en la del Rey moro de Toledo. Por tal ma- 
nera D. Sancho y D. Alfonso quedaron dueños de Gali- 
cia; y al parecer, se la repartieron como buenos herma- 
nos. Así lo supone con gran probabilidad el P. Flórez, 
en vista de que D. Sancho firma varios Diplomas como 
Rey de Castilla y de Galicia, por ejemplo, el concedido 
por su hermana D. a Elvira, á la Santa Iglesia de Lugo, 
en 29 de Julio de 1071 (2), y D. Alfonso firma también 
como Rey el que la Infanta D. a Urraca otorgó á la San- 
ta Iglesia de Tuy en 13 de Enero del mismo año (3). De 
lo cual concluye Flórez (4), que esto de intitularse am- 
bos hermanos casi á un tiempo Reyes de Galicia « sólo 



(1) Véase el cap. XXVIII, pág. 528. 

(2) España Sagrada, t. XL, Apéndice XX Vil. 

(3) España Sagrada, t. XXII, Apéndice I. 

(4) España Sagrada, t. XXII, pág. 66, 



LOS TRES PRIMEROS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 549 

puede concordarse diciendo, que por haber dado D. Al- 
fonso paso por su Reino á D. Sancho en la guerra contra 
D. García, partieron la provincia, y quedó por D. Alfon- 
so esta parte de Tuy. » 

Del año 1068, á 10 de Diciembre, hay una donación 
hecha á la Santa Iglesia compostelana por la Infanta 
D. a Elvira, á quien, sin duda por equivocación, llama 
Reina el compilador del Tumbo (1). Por dicha donación, 
ofrece D. a Elvira al Santo Apóstol y al Clero de su Igle- 
sia varias villas que había adquirido en Lemos, en Tria- 
castela y en otros puntos de Galicia (2). 

Verosímilmente, á la sazón D. García se hallaba ya 
refugiado en Sevilla, pues no subscribe el Diploma de 
su hermana, como parecía natural; pero no por eso debe 
decirse que renunciara á toda tentativa de recobrar sus 
Estados. Y en efecto, al poco tiempo lo vemos en la 
Galicia meridional ó portuguesa al frente de un podero- 
so ejército, que á 18 de Enero de 1071, desbarató por 
completo, entre Braga y el río Cavado, al que sus her- 
manos habían dejado en aquella región para sostener su 
señorío (3). 

No sabemos si D. García avanzaría en aquella oca- 



(1) Fol. 37. 

(2) Véanse Documentos, núm. XCVI1T. 

(3) Era MCIX, XV kalend. Februarii, Portugallenses commiserunt 
praelium adversus regem domnum Garciam fratrem (filium) regis donni 
Fernandi. Habebantque tune caput in ipso bello comitem Nuno Menendiz: 
periit ipse ibi, et cuncti alii sui fugerunt. Obtinuit autera Rex de illis victo- 
riam in loco qui dicitar Pertalini inter Bracharam et fluvium Cavado. 
(Cron. Lusitano, en el tomo XIV de la España Sagrada, pág. 418). — En- 
tonces fué, sin duda (si no lo había hecho ya antes), cuando D. García trató 
de restaurar la Metrópoli bracarense. (Véase al P. Román, citado por Fló- 
rez, España Sagrada, t. XV, pág. 185). 



550 LIBRO SEGUNDO 



sión hasta la actual Galicia; lo cierto es que, según un 
Diploma que se guardaba en el Archivo arzobispal de 
Braga, citado por Sandoval, en este mismo año 1071 
donó á la Santa Iglesia de Tuy y á su Obispo D. Jorge, 
el coto de Vilar de Mouros, en la comarca de Va- 
lencia (1). 

Como quiera que sea, estos ejemplos no eran muy á 
propósito para contener la ambición y los instintos de 
rapacidad en los subditos; y esto bien lo experimentó el 
Obispo D. Gudesteo. Entre él y su tío el Conde D. Froi- 
la, surgió una grave cuestión, cuyo motivo no indica la 
Compostelana al hacer el resumen del pontificado de Don 
Gudesteo, en el Episcopologio que tegió de los Prelados 
que precedieron á D. Diego Gelmírez; pero que deja 
entrever en el capítulo XXXVII del. libro III. Dice allí, 
que entre el Conde D. Fernando Pérez de Traba y sus 
ascendientes, y los Prelados compostelanos, desde anti- 
guo, había habido ruidosos pleitos y fieras contiendas á 
causa de algunas familias de siervos ó villanos, cuya 
propiedad se disputaban; y añade, que esto había dado 
ocasión á muchas muertes, aún de personas nobles, y á 
otros atropellos no menos vituperables, y, por lo que 
decían algunos, al asesinato del Obispo D. Gudesteo. 

Según esto, lo que pretendía el Conde, era ejercer 
sobre varias villas y tierras de que era propietario, 
entre el Ulla y el Tambre, ciertos derechos incompati- 
bles con la exención de que gozaba el coto de Santiago, 
el cual, como ya sabemos, se extendía entre dichos ríos; 
y aunque en tiempo de D. Cresconio, que probablemen- 



(1) Hispana Sagrada, t. XXIÍ, pág. 66\ 



LOS TRES PRIMEROS SIGLOS DE LA. I. COMPOSTELANA 551 

te era su hermano, se había abstenido, al parecer, de 
toda reclamación menos fundada, con el sobrino juzgó 
que ya podía proceder de otra manera. D. Gudesteo, á 
pesar del respeto que le merecía el tío, negóse con toda 
entereza á consentir sus exigencias, como depresivas de 
la dignidad y de los privilegios de la gran Iglesia que 
administraba. Instaba D. Fruela; y D. Gudesteo se mos- 
traba dispuesto á aceptar todo arreglo en el que queda- 
sen á salvo los intereses de su Iglesia; pero tal solución 
se hacía cada vez más imposible por la intemperancia 
siempre creciente del Conde. Después de algún tiempo 
de inútiles negociaciones, en que fueron puestas á prue- 
ba la prudencia, la fortaleza y la mansedumbre de Don 
Gudesteo, adquirió D. Fruela el convencimiento de que 
era en vano esperar el vencer la firmeza de su sobrino, 
y apeló á uno de esos infames recursos en que se ve, no 
tanto el deseo de salir con su intento, como el despecho 
y el propósito de tomar á toda costa una inicua ven- 
ganza. Habían ajustado entre ellos, bajo juramento, una 
tregua (quadam dierum pace inier eos fídei juramento firmata, 
dice la Compostelana) , sin duda para dejar libre el ánimo 
de estos embarazosos cuidados durante la Cuaresma 
que se aproximaba, que era la del año 1069. Y en efec- 
to, el Prelado huyendo del bullicio y buscando el sosiego, 
se retiró á la Catedral de Iria, en donde se propuso 
pasar aquel tiempo santo en compañía de los Canóni- 
gos irienses. Entonces fué cuando tuvo lugar aquel te- 
rrible lance, que así describe Flórez en la España Sagra- 
da (1): «Llego el Conde á persuadirse que el Prelado no 
torcería su constancia por motivo de la carne y sangre 



(1) Tomo XIX, pág. 200. 



552 LTBEO SEGUNDO 



de su Tío: y como los grandes señores, sienten más la 
contradición, por estar más acostumbrados á su gusto, 
trazó la última venganza y la maldad de quitar la vida 
al Obispo. Para esto amontonó circunstancias que agra- 
vasen su perversa intención, valiéndose de paz, aña- 
diendo juramento, escogiendo el tiempo Santo de Cuares- 
ma, en que el Prelado se había retirado al Padrón para 
consagrarse al ayuno y misterios de nuestra Redención. 
Allí envió el Conde sus comisarios á que le hablasen. 
Recibiólos benignamente el Obispo; púsolos á su mesa, 
y como familiares los dispuso camas en su Cámara. 
Cuando le vieron dormido, salieron con mucho tiento á 
buscar al Conde, que esperaba en el campo con su 
gente, y quería no faltar á la maldad. Entraron muy 
quedito; y llegando á la Cámara, mataron al Obispo, 
haciéndole pedazos inhumanamente» (1). 

Así pereció, prematuramente, el venerable D. Gu- 
desteo; mártir del deber, y víctima de la desenfrenada 
ambición, y de la saña de un soberbio prohombre, que 
en esto mismo declaró su impotencia ante la virtud y la 
grandeza de ánimo del Prelado. Su pontificado fué bre- 
ve; el ejemplo, que dio con su constancia y firmeza, se 
recordará siempre. 

A la sazón, hallábase enseñoreado de Galicia el Rey 
de Castilla, D. Sancho; quien comprendió al punto, que 
para regir la Iglesia de Santiago en aquellas circunstan- 
cias, se necesitaba una persona que, á un gran carácter 
y energía, uniese no menor poder y respetabilidad por 
la posición social de su familia. El elegido, D. Diego Pe- 



(1) Véase Htst. Compost, lib. I, cap. II, núm. 11; lib. II, cap. LV; y 
libro III, cap. XXXVII. 



LOS TBES PKIMEEOS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELAXA 553 

láez, reunía estas condiciones; pues probablemente, era 
hermano de uno de los dos Condes, D. Gonzalo Peláez, 
ó D. Pedro Peláez (si es que los tres no eran de una 
misma familia), y además estaba dotado de tal fuerza 
de espíritu, como después lo demostraron sus hechos. 
D. Diego firma ya como Prelado de Santiago el Privile- 
gio que en 13 de Enero 1071 concedió la Infanta Doña 
Elvira á la Santa Iglesia de Tuy: Sub trino et vero Deo 
Didacus Ecchsiae Iriensis episcopus confirmo. 

En tiempo de este Prelado, dice la Gompostelana, 
que fué abolida la Liturgia gótica ó muzárabe, y que se 
recibió la romana (1). Otros cambios no menos trascen- 
dentales se introdujeron en la organización de la Iglesia 
española comenzando por el restablecimiento del Pri- 
mado de Toledo. Desde entonces, la Iglesia compostela- 
na dejó de gozar de las consideraciones que le prestaba 
su título de Sede Apostólica; dejó de convocar Concilios de 
varios Prelados, como en 1060; dejó de consagrar, como 



(1) In hoc tempore apud Hispanos Lex Tole tana obliterata est et Lex 
Romana recepta. (Lib. I, cap. II, n. 12). — En donde primero se introdujo el 
Hito Romano, fué en el monasterio de San Juan de la Peña el 22 de Marzo 
del año 1071, día martes en la segunda semana de Cuaresma. Segúu algu- 
nos, comenzó á la Hora de Sexta; según la historia antigua de dicho monas- 
terio, á la Hora de Nona; por lo que las Vísperas de las fiestas principales 
empezaban allí por la Hora de Nona. (Véase Flórez, España Sagrada, t. III, 
Dissertacion de la Missa antigua de España, §. XVI). Poco después, en el 
mismo año, se introdujo en Barcelona y Cataluña; aunque según Villanue- 
va (Viaje Literario, t. VI), en algunas iglesias de esta región se hallaba 
establecido de antes. 

En Navarra se introdujo hacia el año 1070, en que D. Sancho I Ramí- 
rez, por muerte de D. Sancho V de Peñalén, se posesionó de dicho Reino. 

En Castilla, León y Galicia, que fué donde el Rito Romano halló mayor 
oposición, fué recibido el año 1078, por lo que dicen el Cronicón de Burgos 
y las Memorias antiguas de Cárdena. 
Tomo II.— 36. 



554 LIBBO SEGUNDO 



por derecho propio, á Prelados de otras provincias, por 
ejemplo á Cesario de Tarragona. El rasero que con 
mano tan vigorosa extendía San Gregorio VII sobre 
las cabezas de los Reyes, alcanzó también á los Potenta- 
dos eclesiásticos; y la Sede Apostólica de Santiago que- 
dó reducida á la condición de mera Sufragánea, como 
lo era la Iglesia de Iria en tiempo de los Godos. 

Es de presumir, que D. Diego Peláez no se confor- 
mase fácilmente con estas innovaciones, en las cuales 
tanto empeño mostró D. Alfonso VI; y quizás ésta habría 
sido una de las razones por qué incurrió en desagrado 
del Monarca. Pero el Prelado, procuró tomar el despi- 
que á su manera, apresurando la construcción de una 
Basílica, que en su género, fuese, como luego veremos, 
única en Europa. 

Y ahora, antes de pasar á la Segunda Parte, para 
no incurrir en descortesía, diremos algunas palabras del 
Rey de Galicia, D. García, educado en Santiago y coro- 
nado, á lo que debe creerse, en su Basílica. Después que 
D. Alfonso VI, á la muerte de su hermano D. Sancho, 
ocurrida al pie de los muros de Zamora el 7 de Octubre 
de 1072, recobró sus Estados, inducido por la Infanta 
D. a Urraca, so pretexto de evitar nuevas guerras y com- 
plicaciones, se apoderó cautelosamente de la persona de 
D. García (13 de Febrero de 1073), al tiempo en que 
éste venía confiado á conferenciar con él, y á darle qui- 
zás el parabién por haber obtenido la libertad. Para 
mayor precaución, lo encerró en un castillo, y ordenó 
que se le tratase con todas las consideraciones debidas á 
su persona; pues su propósito, decía, era que á su muer- 
te heredase la Corona el infeliz encarcelado. 

D. García falleció en su prisión el 22 de Marzo 



LOS TBES PBIMEEOS SIGLOS DE LA I. COMPOSTELANA 555 

de 1090; y sus funerales se celebraron en León con 
toda pompa y aparato, cual convenía á aquel á quien, 
si bien se le había secuestrado el ejercicio de la potestad 
Real, era considerado como Rey, y cuyo despojo se con- 
sumó por lo que pudiera llamarse Razón de Estado (1). 
Dejó D. García, á lo que parece, dos hijos; el Infante 
D. Ramiro, que subscribe en esta forma un Privilegio 
otorgado en 1080 por su tío D. Alfonso VI al monaste- 
rio de Sahagún: Ramirus infans Garsiae Regís filius (2); y 
el Conde D. Fernando, al cual la Reina D. a Urraca lla- 
ma su pariente consanguíneo, y de quien se hace men- 
ción en la Historia Compostelana f3j. 



(1) He aquí como, de acuerdo con el Sítense, expone estos sucesos el 
Cronicón Compostelano, inserto al fin del tomo XX de la España Sagrada: 

«Quo audito, frater eius Garsea, qui in exilium Hispalim abierat, ad 
fratrem suum Adefonsum, qui, ut dictum est, regnum acquisierat, cum 
magna satisfactione infortunate remeavit. Ipse enim Adefonsus suae soro- 
ris Urrachae consilio eum captum feria IIII idus Februarii Era MCXI in 
carcere retrusit, et usque ad mortem eum ibi tenuit. Est autem mortuus ille 
Garsea die VI feria, XI kls. Aprilis Era MCXXVIII, ad cujus sepulturam 
fere omnes Hispaniae Episcopi et Abbates Legionem convenerunt, et eum 
honorifice regio honore sepelierunt» 

La inscripción de su sepulcro decía así: Hic requiescit dominus García 
Eex Portugallie et Galléete filius regis Maguí Fernandi. Hic ingenio captus 
a fratre suo, in vinculis obiit. Era MCXXVIII. XI . kal. Aprilis. 

(2) Yepes, Coron. gener. de San Benito, t. III, Apénd., núm. IX. 

(3) Libro I, cap. LXIII y LXIV. — Este Conde D. Fernando debe ser 
el poderoso é ilustre caballero Fernando García, de quien se habla en el ca- 
pítulo XXI del Anónimo de Sahagún, inserto por Escalona en la Historia de 
este monasterio. 




GcFiStvti? 




L!EflM3 






Como principal fundamento de nuestra narración, ofrecemos 
á nuestros benévolos lectores la serie que sigue de documentos 
históricos. Hemos procurado conservar en cuanto nos ha sido 
posible y lo consentía la más fácil inteligencia del texto, la orto- 
grafía de los originales, ó en su defecto, de las copias más anti- 
guas que pudimos haber á las manos. 

La mayor parte de estos documentos son inéditos: algunos de 
los publicados ya se dan aquí con mayor sujeción á la letra del 
texto, y salvadas las erratas. 

Hemos omitido en gran parte las fórmulas imprecatorias 
con que suelen terminar los documentos, pues con peca diferen- 
cia son todas de un mismo tenor; y conocida una, están conoci- 
das las demás. Hemos respetado, sin embargo, aquellas que ofre- 
cen alguna novedad. 

Los Tumbos ó Cartularios de Santiago, Sobrado y Cela- 
nova, que han sido los que nos proporcionaron mayor contin- 
gente de materiales, fueron compilados en el siglo XII. Los dos 
últimos se guardan en el Archivo Histórico Nacional en Madr'd. 

En los traslados que nos ofrecen dichos Tumbos, nótanse 
algunos pasajes conocidamente viciados. Por regla general, á no 
ser que la errata fuese evidente, nos hemos abstenido de hacer 
modificación alguna en el texto que teníamos á la vista. 



6 



tTíTftTtTftllT^ 



NÚMERO I 



era dccclvi. Villa ostulata. Año de C. 818. 

(San Vicente de Vilouchada). 1.° de Setiembre. 



Donación hecha por el conde Alvito á l.° de Septiembre 
de 818 al monasterio de San Vicente de Vilouchada. 



In nomine sánete et indiuidue trinitatis siue ob hono- 
rem sancti uincentii leuite et martyris xpisti cuius basí- 
lica esse dignoscitur in uilla que ab antiquis uocitabatur 
lentróbe, et nunc uocitatur ostulata, subtus castro bríone 
territorio montanos iuxta riuulo tamare. Ego exiguus ac 
pusillus seruus seruorum dei aloitus comes peccatorum 
mole depressus in spe et fiducia sanctorum meritis non 
usquequaque desperatione deicior. sed teste conscientia 
reatum mei criminis expauesco. Ut ergo per te, Sanctis- 
sime martyr, reconciliari merear a domino iesu xpisto 
atque sanctorum meritis eterna gaudia possideam, de 
paupertacula mea oferre uolo sánete ecclesie tue quod 
uoui ex proprio corde cum summa deuotione, scriptum 
namque est. uouete et reddite domino deo uestro. Et 
ideo cum omni afectu cordis ipsum meum uotum implere 
procuro. 



APÉNDICES 



Itaque concedo et offero glorie tue atque sacro sancto 
altari tuo in loco iam supradicto uilla ostulata, que mihi 
concesserunt per scripturam filii rikilani suas portiones 
quantum ibidem habebant ínter suos heredes ab integro, 
ipsi filii rikilani. nominibus. uilloi. auolina. astaguerra. 
gasuildi, et trasaricus pro contemptione que habebant 
cum uittina et filiis suis pro ista iam dicta uilla uel pro 
alus in giro ista. Et per ordinationem domini adefonsi 
principis concessi ego iam nominatus aloitus post par- 
tem filiorum rikilani. et eieci de illis ista uittina, exce- 
pto quod non illam eieci de ista uilla ostulata. Et ipsi 
superius nominati consilium inter se agitantes, ut erant 
germani dederunt mihi in ista uilla suas portiones per 
términos antiquos. quantum ibidem eos competebat et 
eiecerunt de ista alias ubi iam heres eram. 

Modo tamen stante ipsa uilla post meam partem. 
uel heredum meorum, uittine. gunderannus. ruderici et 
curuelli annuit inter nos bone pacis uoluntas ut diuisse- 
mus ista uilla in tribus heredibus sicut et fecimus. Pren- 
didi ego iam dictus aloitus tertiam portionem in ista 
uilla per marcos certos et sinales. id est, per puteum qui 
est in medio castro, et inde in directo ad dexteram par- 
tem per carralera antiquum, quomodo aquam uertit ad 
ecclesiam contra solem usque in tamare. Ad sinistram 
uero partem per alium carralem antiquum et inde per 
marcos et signales. et inde in directo ad riuulum qui 
discurrit de montana usque in tamare. omnem ipsam 
tertiam portionem in ista uilla cum cunctis terminis et 
adiacentiis. arbores. térras, pratis. pascuis. paludibus. 
aquis cum ductibus suis ab integro offero sacro altari 
ecclesie tue pro uicto ac uestito sacerdotum et mona- 
chorum dei in ista ecclesia deseruientium. siue pro lu- 
minaria altaris tui uel helemosinis pauperum. sicut us- 
que nunc iuri meo firmiter mansit uel manere potuit. 
sic omnia cum omni uoce prosecutionis mee ecclesie 
tue offero perpetualiter habituram. Quem tamen scrip- 
tum uel titulum donationis ecclesie traditum in arcis 






APÉNDICES 



eiusdem ecclesie repono. et omnia supradicta ipsi eccle- 
sie ab hac presentí die uel tempore iure perpetuo pos- 
sideatur. Quod cum iuramento confirmo per deum celi 
et regnum glorie sue, quod contra hunc factum meum 
nunquam ueniam ad irrumpendum. 

Si quis tamen homo quod fieri non credo de propin- 
quis uel heredibus meis contra hanc cartulam testa- 
menti uel donationis ad irrumpendum uenerit, primo 
sit excommunicatus et cum iuda traditore in eterna 
pena damnatus et insuper regie potestatis aflictus. pa- 
riat uoci ecclesie ipsa uilla duplata. et hanc scripturarn 
testamenti plenam in cunctis obtineat firmitatis rouo- 
rem. facta cartula testamenti uel donationis kalendas 
septembris era DCCCLVI. Aloitus in hanc cartulam 
testamenti uel donationis á me factam manus meas. 

Badamundus abbas testis. Didacus testis. 

Hysmael abbas ts. Recemirus ts. 

Eugenius abbas ts. Kederedus ts. 

Sendericus presbyter ts. Rodericus ts. 

Ildemirus presbyter ts. Grilloi ts. 

Proamirus presbyter ts. Ascaricus ts. 
Astrulfus iudex ts. 
Elarinus presbyter et iudex ts. 
Vittina cum filiis suis confirmo. 

Noticia de illis qui fuerunt in ipsas uillas consigna- 
tas post partem filiorum rikilani, qui uenerunt cum 
domino aloito. 

De asturias iste sunt: Sumemirus 

Sénior 
Crescentius 
Teodemirus 
ítem Sumiemiru3 
Aufila 
Daniel 
Quorimio per 



APÉNDICES 



De iria: Badericus presbyter testis. 
Petras presbyter ts. 
Ansuetus presbyter ts. 
Franzemirus presbyter ts. 
Sisnandus presbyter ts. 
Aliulfus presbyter ts. 
Trastemirus ts. 
Félix ts. 
Florentius ts. 
Genetivus ts. 

Sub Xpisti nomine Kindulfus dei gratia episcopus 
confirmo. 

(Turnio 6 Cartulario de Sobrado, tomo I, nára. XLII). 



NUMERO II 
ERA DCCCLXVIII. Año de C. 830. 



Designación hecha por Tructíno, delegado de D. Alfonso II, de 
algunas de las iglesias pertenecientes á la Sede Iriense. 



In Era DCCCLXVIII venit dns. tructinus per ordi- 
nationem dni. Adefonsi principis et consignavit dno. 
Adulfo episcopo ecclesias que3umque sunt proprie hy- 
riensis Sedis, id est, 

in trasancos et lauazengos scm. Petrum iuxta flu- 
uium naray. ecclesiam in dorsu. sea. Maria in brion. 
scm. Saturninum iuxta fluuium iubia. scm. vincentium 



APÉNDICES 



in cetaria et ínsula selima cum sua ecclesia. sea. María 
in Carantra. 

In besaucos ecclesie sce. eulalie in caurio. scm. uin- 
centium in carois. scm. tirsum in magobre. sea. eulalia 
in lubre. scm. iulianum in siliobre. scm. iacobum iuxta 
siliobre. 

In comisso de plutios. scm. xpoforum ad eume. latum 
portum. scm. martinum in tiobre. 

In nemitos sea. eulalia in castellum ad asperunti. 
sea. Maria in portimilio. ecclesia de bandoia. ecclesia 
montani ad reuoreto. scm. stephanum in piauela. 
scm. iacobum ad berosindi. scm. uincentium ad celia 
gundemari in ripa de mero, ecclesia in madagio, eccle- 
sia in palleo. sea. eulalia in auigondo cum sua uilla et 
scm. tirsum in auegondo. 

In comisso de faro ecclesia sce. marie in conduzo. 
sea. eulalia in carolio. scm. petrum in letaonio. scm. tir- 
sum in oseyro. 

In bregantinos scm. uincentium ad artiles. scm. Ro- 
manum in uillanio. scm. martinum in 099a. scm. ma- 
metem in seauia. 

In Seminaria, scm. saturninum in uimian90. 

In nemancos. sea. eolalia in donobria. 

In camota ecclesia pintani in sentes et ecclesia gau- 
diosi. ecclesia ad gentines. ecclesia sea. talasie. ecclesia 
in autis. ecclesia ad rodo, ecclesia ad stario ad Zende- 
miri. 

In pistomarcos. ecclesia sce. xpistine. in lestone. 
scm. saturninum in grana, scm. uincentium in neuare. 

In comisso de célticos, ecclesia in aranton. ecclesia 
sce. eulalie in laginas. scm. martinum ad fonte calata, 
sea. eulalia in logrosa. 

In montanos scm. petrum ad uenza. sea. maria in 
trazo, scm. iohannem ad campos, sea. eulalia ad pera- 
ria mala. 

In marcóla, scm. martinum. sea. maria ad papucirn. 
scm. petrum in ayazo. sci. tome de uilar romare. 



8 



APÉNDICES 



In bauegio. scorum cosme et damyani. 

In monte sacro scm. petrum ad carcacia. scm. feli- 
cem in saines, scm. iohannem ad heremo. 

In monte nigro. scm. iohannem in latera, sea. eula- 
lia. scm. laurentium in monte nigro. scm. uincentium 
in radicosa. 

Este documento está tomado de un Códice del siglo XIII al 
XIV, que se guarda en el Archivo de la Santa Iglesia Coinpostela- 
lana, y está rotulado en el dorso: Concordias con esta ciudad, privile- 
gios y constituciones, fol. 135. En el mismo Códice antes del docu- 
mento preinserto se lee el siguiente, en que se dan más por extenso 
las iglesias pertenecientes á la Iglesia Iriense en el territorio de 
Nendos (1). 



Noticia de ecclesiis que sunt in Nemitos de sede hy- 
riense ex antiquo: id est., scm. Tirsum de Mauegondo 
scm. Stephanum de Paleo; scm. Vincentium de Celia 
sea. Maria de Porcimilio; scm. Julianum de Mandagio 
scm. Stephanum de Piauela; sea. Eulalia de Sepelunca 
sea. Eulalia de Avegondo; scm. Martinum de Bandogia 
sea. Maria de Revoreda; sea. Maria de Vilarino quam 
fecit Romanus cum suis gasalianis, et duas subditas de 
Piauela unam et aliam de Paleo; scm. Petrum de La- 
deaonio; sea. María de Gonduze. 



(1) V. Monumentos antiguos de la Iglesia Compostelana, pág. 35. 






APÉNDICES 



NUMERO III 
era dcccxcii Año de C. 854. 

D. Ordoño I dona en el año 854 tres millas en torno de la 
Tumba de Santiago sobre las tres que ya había concedido 
D. Alfonso II. 

Ordonius rex tibi patri Athaulpho episcopo. Mitti- 
mus tibi per hanc nostram preceptionem nostros pueros 
et familiares nuntios, qui pro reuerentia et honore 
bmi. Iacobi Apostoli, nostri et totius Hispaniae patroni, 
cuius corpus tumulatum est in Grallecia in finibus Ama- 
ea ut confirment tibi post partem Loci Sancti tria millia, 
que diue memorie predecessor meus dns. Adefonsus 
catolicus ad honorem eiusdem sanctissimi Apostoli con- 
tulit. Et ego similiter pro mea anima ad honorem su- 
pradicti Apostoli addo alia tria milla ut sint sex milia 
integra, ut omnis populus, qui ibi abitaverit, serviat 
Loco Sancto sicut michi et antecessoribus meis serviré 
consueverat. facta scriptura in Era MCCCLXXXXII. 

Ordonius rex confirmat. 

(Tumbo A de la Iglesia Compostelana, fol. 1, vuelto). 



10 APÉNDICES 



NUMERO IV 



era dcccc. Santiago. Año de C. 862. 

D. Alfonso III confirma la clonación de las seis millas hecha 
por su padre D. Ordoño I. 

Ad hanc ordinationem dominissimi ordonii principis 
aduilatum fuit concilium in locum sanctissimum bti. Ia- 
cobi Apostoli ubi sanctum corpus eius tumulatum est. 
Vidimus et pertractauimus et recoluimus ordinationem 
et cartam eiusdem domini ordonii gloriosissinii principis 
per quam concessit ad ipsum locum uillas. et in eis no- 
mines habitantes, de termino de sex milibus ad infra. 
quam adefonsus rex filius eius conmuni consilio tocius 
concilii confirmauit. In era DCCCC. 

Qui ibi fuerunt: Gudesteus 

Eruigius 
Emilianus 
Quiriacus et bonellus abba. 

Adefonsus rex confirmo. 

(Tambo de Sant., tom. A, fol. 2). 



I 



APENDldKS 1 i 



NUMERO V 



era cxiv. Santiago. Año de C. 866. 

18 de Junio. 

D. Alonso III confirma todo cuanto á esta Santa Iglesia ha- 
bían dado sus antecesores (y él mismo en vida de su pa- 
dre), y además demarca in concilio la diócesis de Iría, y 
manda que se corrija y castigue á los malhechores, que 
había en las tierras de Santiago, y que hasta entonces ha- 
bían gozado de impunidad. Parece que esta carta debió 
concederse en Santiago, antes de la rebelión del conde 
don Froilán. 



Patri Athaulfo episcopo Adefonsus rex. Per hanc 
nostram iussionem concedimus et damus et afirmamus 
tibi Smum. locura patroni nostri Sci. Iacobi apostoli cum 
ómnibus, que ante dudum ad ipsum locum pertinuerunt, 
uel pertinent, que antecessores nostri ibidem affirma- 
uerunt uel nos ipsi fecimus per ordinationem genitoris 
nostri, que omnia scriptis firmauimus. Adicimus etiam 
uobis sedem hiriensem, ubi est ecclesia bte. Eulalie Vir- 
ginia cum omni plebe, que de ipsa fuerunt uel sunt ratio- 
ne, quemadmodum illud habuerunt antecessores uestri 
donnus Teodomirus et dns. Athaulfus episcopus, seu 
etiam diocesem, quam hic in concilio notamus uel delibe- 
ramus, habuistis, ita ut omnia rigiliter et firmiter regatis 
et mala vitia extirpetis et pro nobis rationem faciatis. 
Quod si quis uobis uel in módico conturbauerit, aut ip- 
sam plebem absque uestra uoluntate sibi adiungere vo- 
luerit, aut iilos male operantes sicut hucusque fecerunt 
non correxerit, statim illud nobis per uestrum nuncivun 



12 APÉNDICES 

et scriptum notuin faciatis, vt qui adversarius de iusticia 
fuerit, illud accipiat quod in concilio dignus est accipere. 
Pro nobis more sólito orare non deficiatis cum omni con- 
gregatione uestra. Notum die XIIII Kal.' iulii, era 
DCCCCHII. 

Adefonsus rex confirmo. 

(Tumbo A, fol. 2; España Sagrada, tom. XIX, Apénd.) 



NUMERO VI 



era CMV. Santiago. Año de C. 867. 

20 de Enero. 

D. Alonso III restituye á esta iglesia la villa de Carcacía, que 
le había usurpado el conde Froiian, muerto en Oviedo, por 
haber querido despojar del reino á dicho Monarca. 

Patri Athaulfo episcopo Adefonsus rex. Secundum 
quod nobis sugessisti pro villa vocitata Carcacia, quam 
ille infelix Froila, dum erat de ratione ecclesie hiriense 
sedis et sce. Eulalie, sibi adprehendiderat, nihil illi per- 
tinens; nos tamen concedimus eam vobis, sicut ipsa de 
nostra proprietate fuit, per omnes suos términos ab inte- 
gro, sicut eam antecessor tuus domnus Theodomirus epi- 
scopus habuit, ita ut cum uestris clericis habeatis ex ea 
tolerationem, et nemo uos pro ea conturbet, sed securi 



¡, 



APÉNDICES 13 



et quieti illaní obtinete. Praesente tamen Ostofredone, 
quem ordinamus, et mittimus ut eam uobis adsignet. 
Notum die XIII Kal.' februarii era DCCCCV. 

Adefonsus rex confirmo. 
Petrus theon testis. 
Atthanus ts. 
Fernandus ts. 
Rudericus comes ts. 
Benignus diaconus ts. 
Félix ts. 



(Tumbo A, fol. 2; Esp. Sag., tomo XIX, Apénd.) 



NUMERO VII 



eea dccccv. Álmerezo Año de C. 867. 

(San Tirso de Cospindo). 7 de Mayo. 



El obispo de Mondoñedo don Rudesindo I ofrece á este mo- 
nasterio una cuantiosa donación en alhajas, libros y ha- 
ciendas. 



Domnis inuictissimis. et post deum mihi patronis 
fortissimis sancto uincentio leuite et martyris xpisti 
sanctoque iohanni apostólo dilecto domini et euangeli- 
ste quorum basilica sita est in loco armeretio territorio 
bragantinos. Ego seruus uester rudesindus dei gratia 



14 APÉNDICES 

tándem ordinationem in domino sempiternam salutem. 
Multis quidem manet notissimum eo quod locum istum 
armeretio iam dictum habuit meus tius gauinius et ex 
illius in nostram deuenit hereditatem. atque postmodum 
inter meos germanos dum nostram diuideremus heredi- 
tatem ex integro deuenit in meam portionem. Obinde 
placuit mihi atque conuenit proprio et spontaneo uoto. 
et ut tándem exinde uestro suffragio cooperante, facino- 
ris mei remissionem obtineam. ut uobis et ecclesie uestre, 
sicut supradictum est in eodem loco fúndate, oferrem 
ipsum locum sicut et offero cum ómnibus suis tam quo- 
modo ibi habeo, quam quod adhuc cum domini gratia, 
ibi augmentare potuero. Id est. domos, orrea. cellaria. 
quoquina et molendinum. cum ómnibus intrinsecis do- 
morum ipsorum cupos, cupas. ferramenta. uasa etiam 
uitrea et erea. seu et lignea uel etiam ut dictum est in- 
trinsecus domorum ipsorum. siue etiam uineas. pumares. 
térras et incultas cum omni accessu uel recessu suo. 
aquis. pratis. pascuis. paludibus cum cunctis presta.tioni- 
bus loci ipsius. omnia ut superius dictum est uobis dono 
atque concedo siue et térras quas habeo in seretio (1) si- 
militer offero eidem uestre ecclesie atque concedo. 

Adicio etiam uestre ecclesie in eodem loco crucem 
argenteam. coronas similiter argénteas duas. ministeria 
argéntea, par una. incensale argenteum unum. libros id 
est beati prosperi. expositum ezechielis. beati pauli apo- 
stoli epistolas. moralium. passoniarium. n. et antifona- 
rium quos communiter cum meis feci germanis. tam pro 
illorum quam et pro mea deuotione. sic uestre iam dicte 
ecclesie offero. ut communis exinde nobis ante deum sit 
remissio peccatorum. Offero etiam pro subsidio fratrum 
ibidem persistentium et in eodem loco degentium. equas 
omnes quas modo quidentus diligatas sint.uacas similiter 



(1) Cerezo, lugar en parte de Cospindo y en parte de ¡San Vicente de 
la Grana su anejo. 



APÉNDICES 15 

ducentas cumque m.° goesenda in sua sit custodia, siue 
oues quas hic in eadem uilla habent cum omne quod exin- 
de procreatus fuerit. boues. VIH. porcos. XX. seu quena- 
pe tramisirgam. tapetem et plumacios. III. siricium. I. 
láñeos. II. siue et libros quod adhuc si uixero faciam et 
hic perscripsero. id est. ordinum. precum. psalterium. 
manualem in duas formas diuisum. incensales éreos 
dúos, librum etiam beati job. et expositum de eptatico et 
reguin. seu et glosamatarum in uno corpore continen- 
tem, gerenti. cum hec omnia ut superius dixi. uobis et 
uestre hic ecclesie offero atque concedo et perhemniter 
habiturum decerno. Ita tamen ut nullus ex germanis uel 
suprinis meis exinde quippiam afierre presumat. uel di- 
ctionis sue hab abdicat. sed omnia sacerdos. qui in eadem 
uestra ecclesia religiose uixerit et deo seruierit. sine 
cuiusquam inquietudine contineat et pro sua substenta- 
tione uel pauperum securas possideat. ac defendat. et si 
se exinde subtraxerit. nichil inde secum ferré presumat 
de illo que huic scripture. adiciens ut omnia ista que 
uestre ecclesie confero. fratres mei siue suprini uel quo- 
rum post istas obdefensiones pressi. deo exinde habeat 
curam. et qui exinde aliquid auferre conauerit. ibi si 
illud pariter cum sacerdote qui ibi fuerit. repellantur. et 
omnia ipsa tueantur atque defendant. Vt ipsi qui ibi 
fuerint ad eos caput teneat. et ut eos de aliorum impul- 
sione defendant. in eorum tuitione persistat. 

Seruos etiam meos uel ancillas tam quos iam de patre 
meo hereditate per colmellum cum fratribus meis diuisi. 
quam etiam et quos adhuc de matris mee successione mi- 
hi competunt. sicut eos iam per alia scripta liberos esse 
constituit. ita et per hoc testamentum omnes liberos 
esse decerno. et sub patrocinio eorumdem fratrum eos 
esse coniuncto. Qui sicut etiam decreui si aliqui ex illis 
eos superfiue uiolenter oppresserit. licitum sit illis de eo 
qui illos iniuste atriuerit recedere. et ei qui eos modaue- 
rit reconferre. Ego ipsi suam obedientiam exhibere in 
uestras tamen festiuitates pro anime mee remedio lumi- 



16 APÉNDICES 



naria offerant. et qui in quantum ualuerit bucellam 
pauperibus et elemosinam prebeant. 

Alias uero uillas meas, seu pumares et uineas exce- 
pto quod in coris (1) germanis meis omnem meam por- 
tionem concessi. uel si illis aliquid adhuc exinde per 
scripturam testauero. Omnia autem quod in testamen- 
tum reliquero ipsi mei liberti inter se equaliter diuidant. 
et in perpetuo uindicent ac defendant. Concesso illis 
omne peculium.w. peculiare suum. tam quod nunc ob- 
tinent. quam quod adhuc cum dei adiutorio augere uel 
profligare potuerint. 

Alia uero res mea. id est. mulos, muías, cauallos. 
equas. boues. uaccas. oues. porcos. uestitum etiam lineum. 
laneum siue siricum. tam de lecto quam de quocumque 
indumento omnia mei germani siue suprini in meas mis- 
sas expendant. et si bene illud disposuerint fructum pro 
ante deum laboris boni recipiant. Ita tarnen ut si mea 
domina et mater super me uixerit quousque uixerit om- 
nia ipsa possideat. et cuneta ipsa disponat et post eius 
excessum. quod remanserit. ipsi mei germani uel suprini. 
omnia fideliter tam pro me quam pro illa sicut superius . 
dictum est cuneta in pauperibus imperciant et eis tri- 
buant. Amodo uero Qt deinceps omnia, quod per hanc 
scripturam definió, ualiturum et íirmum statuo ut in 
perpetuo perenni ualore et iugi stabilitate inconuulsum 
maneat. Si quis sane, quod fieri minime credo exinde 
quidpiam infringere uel disrumpere uoluerit, aut hanc 
scripturam per quam libet tyrannidem uiolare tentaue- 
rit, sit anathema coram Xpisto Domino et coram Patre 
suo qui est in celis et coram Spiritu Sancto et angelis 
uniuersis. Afflictus etiam temporalia damna inferat iam 
dicte ecclesie uestre uel ad ipsos meos libertos cui uio- 
lentiam fecerit, uel de isto quod statui aliquid iam dicte 
uestre ecclesie uel ad ipsos libertos auferre presunserit, 



(1) San Martín de Cores. 






APÉNDICES 17 



duplum tantum quantum auferre tentauerit, uel quan- 
tum ab ipsis melioratum stiterit, stante et permanente 
huius scripture mee textum in omni robore et perpetua 
firmitate. Facta scriptura testamenti et confirmationis 
uel donationis nonas maii era DCCCCV. Regnante in 
asturias principe adefonso. anno regni eius completo 
primo. 

Sub christi nomine rudesindus dei gratia episcopus 
hanc scripturam testamenti conceptionis et donationis 
quam spontaneo uoto fieri elegi et manu mea scripsi. 

Pelagius testis. 
Patruina testis. 
Grisulfus abbas ts. 
Gudigena ts. 
Erus ts. 
Gauinius ts. 
Atanitus ts. 
Félix ts. 
Ikila ts. 
Gemundus ts. 
Baltarius ts. 
Palmacius abbas ts. 



(Inédito. Cart.° de Sobrado, tomo I, núm. CXXII). 



Tomo II.— 2. 



18 APÉNDICES 



NUMERO VIII 



EEA DCCCCVIII. Mezovzo. Año de C. 870. 

(Santa María). 17 de Septiembre. 

El abad Reterico paga la offertionem, ¡nfurcion ó censo debido 
por este mcnasterio al rey don Alonso III, y se obliga á 
pagárselo durante toda su vida. 

In dei nomine. Ego retericus abbas licet immerito. 
tibi gloriosissimo principi nostro Adefonso. Placuit rnihi 
atque conuenit ullo cogentis imperio nec suadentis ar- 
ticulo, sed propria mihi accessit uoluntas. ut tibi domino 
meo facerem donationem sicut et fació de ómnibus rebus 
meis. id est in uillas quas uocitant presares cum eccle- 
siis uocabulo sanctum petrum et sancta maria monaste- 
rio uilla nantonis, qui est fundatum inter presares et 
montanos per omnes suos términos antiquos, seu libros, 
ornatum uel omne ornamentum ecclesie, muías, kaualos. 
equas. bou es. uacas. uestitu. uineas et pumares uel om- 
nia. dono atque concedo tibi domino meo. et direxi ex 
persona mea presentem fulgaredum presbyterum su- 
brinum meum qui ista carta a me rouorata ex mea per- 
sona meo domino sicut et tradidit. Ego namque pecca- 
tor alumnus uester retentus sum ab egritudine graui 
quod uidere non ualeo presentiam domini mei. Tamen 
profiteor me per singulos annos dum uixero per istum 
monachum dirigere meam offertionem sicut et feci et 
semper faciam. seu etiam et ipsos familiares meos quos 
ego iam per cartam ingenuos restauraui. ita ipsos nomi- 
nes domino testo atque concedo per istam cartam. ut 



APÉNDICES 19 

sint post partera dominicam testati uel domino deser- 
uientes. Quamobrem ipsi homines suprascripti ex meo 
dominio abrasi et dominico iure et dominio post obitum 
meum abeatis et in perpetuo uindicetis et quicquid exin- 
de faceré uel iudicare uolueritis liberam in dei nomine 
habeatis potestatem. Facta scriptura donationis XV. ka- 
lendas octobris, era DCCCCLXVI1I (1). Retericus abbas 
hanc scripturam donationis a me factam. 

Fulgaredus confirmo. 
Didacus presbyter conf. 
Gudinus diaconus. 
Aloitus presbyter conf. 
Gulfarius presbyter conf. 

(Inédito. Cartulario de Sobrado, tom. I, núm. LÍI). 



(1) En esta data debe haber }erro, y quizá deba suprimirse una C 
ó suprimir LX como se colige de las escrituras LXI y LX del Cartulario 
de Celanova, libro I, y de la CX del de Sobrado, tom. I. La fecha de las 
primeras es del año 871; la de la segunda del 955. El Rey, que aquí se 
menciona, es D. Alfonso III. 



20 APÉNDICES 



'll-Wi-JJ ' -..i." I J..iJJ."l .. ' ..I .L. .- ' ..»■- ,1 ' J.J 



NUMERO IX 



ESA DCCCCix. Mezonzo. Año de C. 871. 

(Santa María). 5 de Junio. 



Unifa y otros presbíteros y diáconos y además algunas mon- 
jas reconocen por su abad á Fulcaredo y se obligan á ha- 
cer vida común y religiosa sometiéndose en todo á su 
dirección. 



In nomine patris et filii et spiritus sancti. Nos omnes 
fratres et sórores qui subter scripturi uel signa facturi 
sumus pactum simul et placitum deo et patri nostro ful- 
garedus abbati et petri presbyteri qualiter modo et dein- 
ceps sub regula abtiua et sanctorum patrum exempla 
tua simus obedientes imperio pro salute animarum no- 
strarum. qualiter iuste et pie et caste et sobrie uiuamus 
in hoc seculo amen. Ut quicquid adnuntiare uel impera- 
re iusseritis pro salute anime nostre, humiliter omnia 
adimpleamus. nichil proprium uindicantes. sed omnia 
quicquid uisi sumus abere sit nobis post huno scriptum 
sánete regule pacem abiturus. ut nullus ex propinquis 
nostris uel extrañéis potestatem in rebus nostris que in 
nostra potestate tradimus non abeat nisitu et fratres tui. 
qui nobiscum pariter sub nostra potestate permanserint 
in regula sancta uel in hunc pactum uel placitum post 
uestrum transitum ea post deuindicauerint abeant 
omnia in perpetuum. Sane illud omnes uno animo com- 
promitimus tibi. ut si quis ex nobis contra tua precepta. 
uel sánete regule documenta contumax murmurans su- 
surrans uel calumpniator extiterit. Tune abeatis pote- 



APÉNDICES 21 



statem unumquemque nostrum secundum suam culpam 
uel nesrlisrentiam emendare. fla2:ella excommunicationem 
biduaaa et diuturna triduana sacundum qualitatem cul- 
pe. Ut si quod absit aliquis ex nobis in malis persevera- 
uerint et fratres scandalizauerint et ad seculum reuerti 
uoluerint. sint excommunicati de omni re monasterii 
quos ibi abstulit. et careat omnem uooem causandi pro 
ipsa legis mundane. Ut si aliquis res pressuntiue de mo- 
nasterio rapuerit aut in aliquo loco monasterio contur- 
bauerit. accipiat deo emendatione et de parte et de 
pontífice rege nostro sententiam qualem ipsi domini ta- 
xauerint. Factum pactum uel placitum regule sánete 
ipsas nonas iunias era DCCCCIX. 

Suscriben Pedro presbítero, Unila presbítero, Heldefonso pres- 
bítero, Holomo presbítero, Sesemiro diácono, Senderica deovota, 
Recesindo diácono, Aliverta deovota, Ermildo diácono, Terenciano 
presbítero, Grendo presbítero, Visterla diácono, Ageredo diácono, 
Grundesindo diácono, Geodeverto diácono, Sisnando diácono y Iu- 
bando presbítero. 

Ranosindus ne inmute tur (1). 

(Inédito. Cartulario de Celanova, lib. I, núm. LXI). 



(1) Véase la escritura anterior, 



22 APÉNDICES 



NUMERO X 



ERA dccccix. Mezonzo. Año de C. 871. 

(Santa Maria). 5 de Junio. 



Fulgaredo sobrino del abad Reterico ofrece á esta iglesia, de 
la que era abad, algunas posesiones situadas entre el 
Miño y el Ladra. 



In dei nomine fulgaredus abbas, petrus presbyter et 
berildi deouota domnis inuictissímis ac triunfatoribus 
sánete marie uirginis et genitricis domini nostri iesu 
xristi et sancti georgil et comitum eius et sancti mi- 
chaelis archangeli. quorum baselica in territorio in ui- 
11a ubi dicunt nantone ubi est ipsa baselica fundata 

quod dicitur monasterio iuxta fluuio tamare concedi- 

mus et offerimus uillas quas abemus inter minio et 

latera uilla ab integrum cum omni suo accesu. secun- 
dum eam nobis donauit segericus abbas post partem no- 
stram et secundum quod donauerat ipsam uillam domnus 
adefonsas rex ipsius segerici abbatis, nos testamus post 

partem ecclesie siue et alias térras cot comparamus 

omnia iam dicta ipsas uillas concedimus in ipso loco 
sanctorum. uela. cruces, signos, kalices. patenas, coro- 
nas, candelabros, libros sive et omnis tesaurus ecclesie 
aurum. argentum. vestimentum. laneo. lineo, domos, edi- 
ficia. ferramenta. cupas. cupos, uaccas. boues. kaballos. 
equas. mulos, aues. vel omne peccora promiscua et 
uolatilia. omnem ex integrum conceiimus... Factascrip- 



APÉNDICES 23 



tura testamenti ecclesie sánete ipsas nonas iunias Era 
DCCCCVIIIL 

Falgaredus abbas hoo testamentum ecclesie sánete 
á me factum. 

Petras presbyter hoc testamentum eoclesie sánete 
á me factum. 

Berildi deouota hoc testamentum ecclesie sánete á 
me factum. 

Froyla presbiter ubi notarius fui iter... o. 

(Inédito. Cart.° de Celanova, lib. I, n. LX). 



NUMERO XI 



ERA D0C3CXII. Santiago. Año C. 874. 

14 de Febrero. 

Donación de Alfonso III al presbítero Sisnando, administra- 
dor de esta Santa Iglesia. 

Adeíonsus Sisnando presbítero secundum quod nobis 
suggessisti per nostram iussionem concedimus tibi uel 
fratribus qui sub manu tua sunt ecclesiam sce. marie 
in territorio liuanense quod dicunt ad uillam causeca- 
die tr^ns foris monte, quas molo temporibus nostris deo 
auxiliante adprehendimus et dilatauimus. id est in con- 
finio iuxta flumen est uilla vocabulo alesce cum parieti- 
bus destructis et ecclesiis quas de stirpe adprehendidisti. 
ex quibus imam uocabulo sea. eulalia. et aliam uilla ni 
uerdiagio de riuo usque in montesum ecclesia sci. mar- 



24 APÉNDICES 



tini. Confirmamus tibi monasterium, quod est in uilla 
cremanes uocabulo sci. xpofori secus fluuium estola quod 
ante dudum prehendidisti nemine possidente. per arro- 
gio arguuelio et bustus exitus usque de ordas et de illa 
intercisa usque ad forcata de mentare per términos 
ipsius uille. et ecclesiam sci. martini in locum alione 
quam cum tuos fratres adprehendidisti. Ita ut habeas 
ex ea tolerationem et gubernationem. tam uos quam 
eciam et qui post uos faerint et uitam religiosam duxe- 
rint. et firmiter illud tam uos ut diximus quam et pars 
monacorum uindicent atque defendant iure perenni. ut 
tibi post hanc nostram oblationem a domino merces 
eueniat copiosa, et fratres qui inde tolerationem habue- 
rint pro nobis orare non recusent. Notum dio XVI. Kal. 
martis. Era DCCCCXIL 

Adefonsus rex confirmo. 

Sigeredus conf. Félix qui notuit conf. 

Viliulfus conf. Argericus testis 

Didacus conf. Gundemarus testis. 

Argimirus conf. 

(Tumbo A, fol. 2 vuelto . 



APÉNDICES 25 



NUMERO XII 



era dccccxviii. Santiago. Año de C. 880. 

30 de Junio. 

Alfonso III confirma al Obispo Sisnando en la posesión de 
esta Diócesis. 



Adefonsus patri Sisnando episcopo. Secundum quod 
in concilio per collationem íuit deliberatum, concedimus 
uobis atque adfirmamus sedem hiriensem, ubi electus et 
ordinatus estis pontifex cum omni plebe vel familia, 
que de ipsa sunt ratione, siue sedes abbatiles, villas et 
Ínsulas, quae de ipse sunt sede, uel etiam omnem dioce- 
sem sicut illud obtinuerunt antecessores uestri dive me- 
morie preteriti episcopi, seu etiam domum sci. Iacobi 
apostoli Patroni nostri cum cunctis prestationibus suis 
et commissum ab omni integritate, quod dudum per 
nostre praeceptionis iussionem ibidem concessimus; ita 
ut per hanc nostram ordinationem omnia obtineatis, 
instruatis, arguatis, et rigiliter regatis, et nemo ausus 
sit qui uobis, uel in módico disturbationem faciat in su- 
pradicta sede, plebe, vel diócesi: et qui talia faceré uo- 
luerit auditui nostro illud scriptis notescite, et prout nos 
decet vindicare, illud ordinemus. 

Sanctitatem uestram et omnium sacerdotum eccle- 
siae bti. Iacobi precibus effragitamus, ut crebro pro no- 
bis orationi insistere non pigeatis. 

Facta concesio et contestatio die II Kal. iulii Era 



26 AtENDICfeS 

DCCCCXVIIL Praesente Iuliano diácono in facie ordi- 
namus qui vobis omnia adsignet. 

Adefonsus rex. 

(Tumbo A, fol. 2 vuelto. — Esp. Sag., tom. XIX). 



NUMERO XIII 



Santiago. 

Orden expedida por don Alonso III á Lucido y Aldroito para 
que entreguen y señalen á esta iglesia y al Obispo Sisnan- 
do la villa de Cesar y otras, y el commiso que había tenido 
Juan Diligato. 



Adefonsus rex et Lucido et Aldroito. Dum istam no- 
stram ordinationem acceperitis, secundum quod in fa- 
ciera presentí gatino hordinauimus adsignare post par- 
tem sancti iacobi apostoli patronis nostri uillam Cesa- 
ri (1), sanctum iulianum, et palatium cum habitatoribus 
earum et patri sisnando episcopo sicut eas hauus noster 
dive memorie domnus adefonsus iam dudum sancto 
iacobo apostólo concessit ut pro anima eius ibi deseruis- 
set ipse populus. Et nos quidem per nosmedipsos corn- 



al) Al margen: De uilla cesar in Sarra. 



APÉNDICES 27 



missum quod ilianus diligatus habuit cum ipsis uillis ibi 
dedimus deseruiendo perpetim. Vos quidem non faciatis 
ibi aliquam perturbationem, quia qui talia egit ad per- 
fectum non peruenit. Multos habetis quos in exemplum 
de ipso loco habeatis. 

Adefonsus rex confirmo. 

(Tumbo A, fol. 5, vuelto). 



NUMERO XIV 



ERA dccccxxi. San Juan da Coba. Año de C. 883. 

. (Ulla). 11 de Agosto. 

D. Alonso III concede algunas posesiones á este monasterio 
y á su abad Panosindo. 

In nomine Domini. Gloriosus Adefonsus rex Pano- 
sindo abbati. Per huius serenitatis preceptionem conce- 
dimus tibi monasterium sancti Ioannis in eremo quod 
est fundatum in ripa fluuii Vlie in cauerna montis 
quam dicunt Montem sacrum, qui antiquitus uocabatur 
ylicinus non multum procul loco Arcis marmoricis ubi 
corpus beatissimi Iacobi apostoli requiescit. Concedimus 
prefatum locum cum ómnibus terminis adiacentibusque 
atque tralitionibus suis et qúantamcumque eiusdem 
loci pertinentiam inuenire potueris. Omnia babeas $t in 



28 APÉNDICES 



eodem loco Dominum pro nobis deprecare. Et de nostro 
dato firmiter et perenniter possideas ut et tu inde tolera- 
tioneni cum ceteris fratribus habeas et pro nostre glorie 
tranquillitate ibi Dominum depreceris. Facta scriptura 
concessionis sub die V. idus augusti era DCCCCXXI, 
luna cúrrente secunda anno feliciter XVIII gloriosi 
regni nostri in Dei nomine Oveto. Computatis ab exor- 
dio mundi sex millia octoginta et duobus. Adicimus 
etiam tibi et ecclesias que f uerunt conquisitas post .par- 
tem eiusdem sancti Ioannis per (1) utilitates quas nos 
manu propria confirmamus. 

Adefonsus princeps manu nostra confirmo. 

Adinandus testis. Petrus Teoni ts. 

Fromaricus ts. Pelagius Petriz ts. 

Didacus ts. Erus Munioni ts. 

Sandinus ams. ts. 

Sarracinus ts. 

Nepocianus ts. 

(Inédito. Cartulario de la Catedral de Santiago, fol. 2 vuelto). 



(1) propter, según la copia inserta en el privilegio de B. Pedro Elias. 



APÉNDICES 29 



-lU— m-.i n-i. 



NUMERO XV 



ERA dccccxxi. Santiago. Año de C. 883. 

17 de Agosto. 

D. Alfonso III confirma á esta Santa Apostólica Iglesia en la 
posesión de lo que en Portugal le habían donado el pres- 
bítero Cristóbal y Romarico Cerwa. 

In nomine domini gloriosissimus adefonsus rex patri 
sisnando episcopo. et ad omnem congregationem uestro 
regimini subditam de loco arcis marmoricis ubi corpus 
sci. ac bmi. patroni nostri iacobi apostoli requiescit. in 
domino semper salutem. Multis quidem manet notissi- 
mum quod ratione retinetur ambiguum. eo quod dum 
extremi fines prouincie gallecie ab antiquis pre impul- 
sione sarracenorum in occidentali plaga deserti iacerent. 
et per longa témpora ipsa pars predicte prouincie here- 
ma maneret. postea quidem presentí tempore deo fa- 
uente. nosque illius gratia in regni culmine consistente, 
dum per domini pietatem nostra fuisset ordinatio. ut de 
tudense urbe usque mineo ciuitatem omnis ipsa extrema a 
xpi. plebe popularetur sicuti deo iubente conpletum est. 
Cumque ut diximus per dei iussionem xpiani gaudentes 
nouam adprehenderent regionemí adfuit Ínter cetera 
agmina populorum quídam presbiter nomine xpóforus. 
qui cum dei iuuamine adprehendit monasterium quod 
fait edificatum a bto. dei uiro dno. fructuoso, cuius me- 
ritum et uitam sacra scripturam testatur. Quod mona- 
sterium situm est in locum montelios inter monasterium 
dumiense atque suburbio bracharense. quod ab antico 



30 APÉNDICES 



cognoscitur fore in sci. saluatoris fundatus honore. Quem 
locum dum predictus presbiter cum ómnibus terminis 
suis pluribus annis de sua adprehensione securas habe- 
retí annuit ei uoluntas ut testaret ipsum locum per 
scripture textum post partem bti. iacobi apostoli perhen- 
niter possidendum. 

Similiter quoque in ipsa populatione uir quidam no- 
mine romaricus quem in cognomento ceruam appellant 
adprenhendidit plures uillas de ilja parte fluminis mineií 
in suburbio tudense. ex quibus unam uocabulo nogariam 
cum ómnibus terminis salta uel adiacentia sua post par- 
tem eiusdem sci. iacobi apostoli per scripture seriem: 
tradidit habituram ubi iam uos amplum templum sci. 
xpofori construxistis. Hunc tamen adfuit iussio clemen- 
tie nostre. ut pro id ante deum remuneratio per inter- 
cessionem eiusdem sci. iacobi apostoli nobis eueniat co- 
piosa, ut quod superius est adnotatumí per huius scri- 
pture seriem sit perhenniter confirmatum. Ita ut letc 

Facta scriptura concessionis et confirmationis: sub 
die XIII kls. septembris luna *. Era DCCCCXXI. 

Adefonsus rex hanc scriptum manu mea confirmo. 

Exemena regina conf, Naustus conibriensis eps. conf. 

García conf. Sebastianus auriensis eps. conf. 

Nepocianus conf. Sarracenus maiordomus ts. 

Maurus legionensis conf. Posedonius notarius ts. 
Froila testis. 

(Tumbo A, fol. 3). 



APÉNDICES 31 



NUMERO XVI 
ERA DCCCCXXI. Santiago, Año de C. 883. 

25 de Septiembre. 

D. Alfonso III dona al Obispo Sisnando I el lugar de Cerrito. 

In nomine domini adefonsus rex et exemena regina 
vobis patri dno. Sisnando episcopoi in domino salutem. 
ínter ceteras acciones quas pro regni nostri utilitatibus 
pia miseracione exponimus: illud ad remedium anime 
prouenire confidimus. ut sanctis ecclesiis largicionis mu- 
ñera! prelargimus. Et ideo per lmius serenitatis nostre 
preceptionem donamus atque concedimus uobis post 
partem patroni nostri sci. iacobi apostoli ubi uos presul 
cognoscimini esse. uillarem nostrum proprium quem di- 
cunt cerritum. qui est in locum uaorres. iuxta monaste- 
rium uestrum. ubi est ecclesia sci. iohannis et sci. iaco- 
bi. Sicut taxamus concedimus uobis predictum uillarem 
ex integro per omnes suos términos sicut usque hodie 
fuit post nostram partem. ut faciatis ibidem ecclesiam 
uocitatam sci. iacobi apostoli. ob cuius honorem uobis 
ipsum iam dictum uillarem concedimus. ita ut. etc.. 

Dato dono nostroí séptimo kls. octubris discurrente 
Era DCCCCXXI anno gloria regni nostri feliciter octa- 
uo décimo. 

Adefonsus rex manu mea confirmo. 

Scemena regina conf. Naustus eps. conf. 
Ermegildus eps. conf. Ermegildus maiordomus conf. 
Sarracenus conf. Gauinus conf. 

(Tumbo A, fol. 3 vuelto). 



32 APÉNDICES 



NUMERO XVII 



ERA dccccxxiii. Santiago. Año de C. 885. 



D. Alonso III dona á esta Santa Iglesia la villa de Geronciana, 
cerca de León, y otra tierra, que había sido del rebelde 
Hanno, que había atentado contra la vida de don Alonso, 
quizá al mismo tiempo en que se rebelaron Hermenegildo 
é Iberia. (Véase un documento del año siguiente). 



In nomine sce. et indiuidue trinitatis domino sancto 
et dei martiri glorioso bmo. nobisque post deum piissi- 
mo patroni nro. iacobo apio, cuius sancta et uenerabilis 
eccla. sita est in locum arcis marmoricis ubi corpus 
eius tumulatum esse dignoscitur territorio gallecie, nos 
famuli adefonsus rex et exemena regina in remissionem 
nostrorum peccaminum offerimus et donamus vestre 
glorie et onori ecclesiam sci. Romani martyris que est 
fundata in suburbio legionense civitatis in villa vocita- 
ta gerontiana que discurrit in términos de uilla de re- 
gula usque ubi se coniungunt ambo ipsi fontani subtus 
ecclesiam in ipsa uarcena cum suo exitu usque in illas 
ossias cum ómnibus adiunctionibus suis atque presta- 
tionibus. Adiicimus etiam glorie uestre secus fluvio 
urbico in confino de castro alcoba señera per suos 
términos, uidelicet, de ripa iam dicti fluminis ad sursum 
usque in strata per quam euntes et i edeuntes ciues gal- 
lecie soliti sunt ambulare et usque ad planum, et in 
suburbio de sublancio de senara ad semenaturam XXX 
modiorum, que fuit de Hanmu, qua caruit ipse per 
suam infidelitatem dum de nostra nece et ti adicione 






APÉNDICES 33 



consiliatus est; ut ita habeant illud monachi uestri qui 
in laudem uestram ibi commorantes, simul cum antistite 
Sisnando, qui nostro tempore per concilium electus et 
ordinatus est in eodem loco ut exinde sustentationem et 
gubernationem habeant, tam modo in hoc tempore 
quam et qui in futuro ibi religiose uixerint, ut nobis per 
uestram scam. intercessionem ante deum merces eueniat 
copiosa. Si quis ammodo et deinceps quis libet homo 
hoc nrum. donum infringere temptauerit sit anatema 
in conspectu dei patris et suorum angelorum, et sit con- 
dempnatus in die iudicii amen, stante ac permanente 
hac scriptura in omni robore et perpetua firmitate. Fac- 
ta scriptura testamenti era DCCCCXXIII. 

Adefonsus rex conf. Exemena regina conf. 

Didacus presbiter conf. Maurus eps conf. 

Ermegildus conf. Sebastianus eps conf. 

Veremudus conf. Rudesindus eps conf. 
Iustus eps conf. 
Grlaianus episcopus conf. 

(España Sagrada, tom. XIX. Apénd. — Tumbo A, fol. 3 vuelto). 



Tomo II.— 3. 



34 APÉNDICES 



NUMERO XIX 



EEA DCCCCXXXV. Santiago. Año de C. 886. 

24 de Junio. 

D. Alonso III con su esposa é hijos dona á esta Iglesia unas 
salinas cerca de la Lanzada, que habían sido de los rebel- 
des Hermenegildo Pérez é Iberia. 

In nomine patris et filii et spiritus sancti, qui in tri- 
nitate unus et verus Deus, domino glorioso ac post 
Deum nobis fortissimo patrono sancto iacobo apostólo 
cuius corpus tumulatum esse dignoscitur in arcis mar- 
moricis. Nos famuli uestri adefonsus rex et exemena 
regina offerimus atque concedimus sacro sancto altario 
uestro atque uenerande eiusdem aule, salinas que fue- 
runt de nostra ratione iure percepto in comisso, qui dici- 
tur saliniense, siue etiam vivarios et caldarios, quantos 
cumque ibi habuerunt hermegildus filius petri et uxor 
sua yberia, qui se in superbia tumore contra nos eleua- 
uerunt et rebellionis ausus adtenti: patrie nostre extre- 
ma conturbauerunt et nostram necem cum alus sibi con- 
similibus cerciter machinaverunt et per legum decreta et 
nostre sinodis instituta omnia sua quecumque uisi sunt 
habere, tam de proprietate, quam et de colibet conque- 
stu,prout illorum fuerunt meritaí ex toto caruerunt. Obin- 
de, ut supra retulimus, ipsas iam dictas salinas, que 
sunt in littore maris in supradicto loco de termino de 
plataneto et usque in lanzada et quantascumque in 
ipsa peta habuerunt salinas supra nominati Hermegil- 
dus et Yberia uel quantascumque Arias habuit, uobis 






APÉNDICES 35 

uenerando iam prefato apostólo siue cultoribus uestri 
regiminis in uita sancta sub uestro umbráculo ibi degen- 
tibus uel pro uictu aut substancia monachorum, paupe- 
rum uel etiam peregrinorum iure perpetuo offerimus 
atque concedimus et per omnipotentem deum cunctos 
Buccessores seu posteritatem nostram obtestamur et per 
trinitatem inseparabilem conmonemus, quatinus in nullo 
tempore quislibet hunc exiguum mumusculi nostri testa- 
mentum temeré ausus sit conuellere aut in módico cone- 
tur disruptionis modum adtemptare. Quod qui fecerit, 
reus permaneat ab ecclesia catholica et extraneus sit a 
sancta communione. Factum atque datum hunc testa- 
mentum Deo Omnipotenti et Sancto Iacobo Apostólo 
necnon Sisnando pontifici iriense sedis episcopo, sub 
die VIII Kal. s iulii, discurrente era DCCCCXXIIIL 

Adefonsus rex hoc testamentum confirmo. 

Exemena regina conf. Argimirus testis. 

Garsea conf. Possedonius ts. 

Hordonius conf. Argimirus ts. 

Froila conf. Didacus Prbr. ts. 

Ermegildus ts. 

Sarracenus ts. 

Maurus legionensis episcopus conf. 
Brandaricus lamecensis eps. conf. 
Naustus conimbricensis eps. conf. 

(Arch. Arzobispal, copia del siglo XV, cotejada con la del Tumbo A, 
fol. 3 vuelto). 



36 APÉNDICES 



NUMERO XX 



eba dccccxxv. Carta de dote. Año de C. 887. 

29 de Abril. 

Sisnando dota rica y espléndidamente a su esposa Aldonza, 
en la forma que estaba prevenida por el Fuero Juzgo. 

In dei nomine. Ego sisnandus tibi dulcissime sponse 
mee. Morum futurae coniugis mihi diuino muñere tuum 
adeptus conubium. et uiuendi tecum hac desiderátum 
animo felicem cupiens te sponsam mihi ex digna pro- 
sapia spondere malui quam dulciflius assensum tuum 
elegi. cuius in genere nobilitatis claritas pollet. et in ho- 
minum honestatis pulcritudo clarescit forma. Et ideo 
propter insignia tante solemnitatis. et tue uirginitatis 
intemerata pudicitia elegi. Donamus atque concedimus 
dulcédine tue in dotis titulum decem pueros. isti sunt. 
fromarigus. petrus. betotus. recaredus. malulus. feles. 
marcitus. egela. seuerinus. lopellus. Similiter puellas de- 
cem. Iste sunt. teodesinda. malucca. egilo. gonza. rosalia. 
domnina. guncina. oihenia. ansoi. pinniola. Caballos 
XX. et muía cum sella et freno ornato, equas cum suo 
anuso L. uacas. C. iuga boum. XX. peccora promiscua 
quingenta. In ornamento uel uestimento solidos CCCC. 
Villas. XXX. Iste sunt. In Nemitos, Generozo, Viuenti, 
Caliobre, Vendabre, Pontelia, Theodorici, Heletes cog- 
nomento Limenioni, Crendes, Villare, Porcimilo. Iten in 
Montanos, Laureda ad scm. Petrum, Villare, Barbarios, 
Camba, Villa maiore, Gafoni. In Presares, Idstartilione, 
Villare, Maneleo, Codesoso, ad Lagiona, ad sea. Eula- 
lia. In Castella, villa Transarici, ad Ecclesiola, Pinzana, 



APÉNDICES 37 



Dornellas, Cusanca, Berducedo, Bitolarios, Sandurci, ad 
Gallegos, ad Castanaria, Pescoso. In Deza, Paraíso, 
Pastoriza, Navego, Asmo. Insuper de omne omnino re 
mea X. portionem. Qualiter hec omnia superius nomi- 
nata que in tuo nomine in dotis titulum conscribimus 
uel donauimus. ex presenti die et tempore apprehendas, 
habeas et teneas et posteris nostris de pari coniugio pro- 
creatis habitura relinquas, uel quicquid exinde faceré 
uel iudicare uolueris, sit tibi á me concessa potestas. Si 
quis sane, quod fieri minime credo, contra hunc factum 
meum venerit ad irrumpendum, pariat tibi omnia ipsa 
superius dicta duplicata, uel triplicata, et quantum a te 

íuerint meliorata, et tibi perenniter habita Pacta 

cartula dotis uel donationis. III. Kalendas maii era 
DCCCCXXV. Regnante domino adefonso principe, heu- 
stoca confirmo. Sisnandus hanc dotem quam fieri uolui 
manu propria confirmo. 

Cissila abbas conf. 

Hermildus abbas conf. 

Vniscus testis. 

Herus ts. 

Fofus ts. 

Gemundus»ts. 

Egica ts. 

Fafianus ts. 

Fredenanda ts. 

Sisesqundia ts. 

Hermegildus ts. 

Breto ts. 

Refulfus ts. 

Vianamundus pbr. scripsit. 



(Inédito. Cartulario de Sobrado, tom. I, n.° CXVIII). 



38 APÉNDICES 



NUMERO XXI 



era dcccgxxxi. Santiago. Año de C. 893. 

26 de Julio. 

D. Alfonso III dona a esta Santa Apostólica Iglesia la villa 
de Áreas. 

In nomine sce. et individué trinitatis uobis domino 
et glorioso ac post Dominum fortissimo patrono seo. ia- 
cobo, cuius corpus tumulatum esse dignoscitur sub aréis 
marmoreis provincie galletie. Nos famuli uestri adefon- 
sus rex et exemena regina in domini nostri Iesu Xpisti 
amore et honore uestre perpetué glorie et propter re- 
missionem peccatorum nostrorum, et ut nobis in presen- 
tí seculo uictoriam de inimicis tribuatis, et post consor- 
cium cum sanctis angelí s uestra intercessione mereamur 
percipereí offerimus atque donamus glorie uestre pro 
uictu fratrum in loco uestro degentium et sustentatio- 
ne pauperum seu peregrinorum adueniencium uel ibi 
conrnorancium ecclesiain sce. Marie nobis iure debita 
que est fundata in uilla quam dicunt Arenosium (1) 
juxta fluuium Tena (2) secus ripam Minei, ipsam eccle- 
siam prenominatam cum octoginta quatuor dextris in 
omni circuitu cum terris, uineis, pomeriis seu domibus 
et edificiis cunctis que infra ipsos dextros esse uidentur 
uobis damus et concedimus, ita ut ipsa omnia hodierna 
die de iure nostro abrasa loco uestro et patri Sisnando 



(1) Al margen de letra poco posterior: De sancta marta de arenis, 

(2) Bío Tea. 



A!ȃNDIC)ES 39 

episcopo et fratribus ibi conmorantibus sint concessa, 
tali ratione posita, quod nullo in tempore a nobis uel ab 
alus sit inquisita. Quod qui hoc decretum nostrum uel 
testamentum in aliquo disrumpere aut euellere ausus 
fuerit, canonice sententie subiaceat et de suo proprio 
omnia dupliciter vestre ecclesie persoluat stante et per- 
manente hac scriptura in omni tempore et perpetua fir- 
mitate. Facta scriptura testamenti sub die VIII kalen- 
das augusti Era DCCCCXXXI. 

Adefonsus rex hanc scripturam confirmo. 

Exemena regina confirmo. Iustus pter. testis. 

Veremudus conf. Possidonius ts. 

Garsia conf. 
Ordonius conf. 
Froila conf. 
Gundisaluus testis. 

(Tumbo A, fol. 4). 



40 APÉNDICES 



NUMERO XXII 



ERA dccccxxxi. Santiago. Año de C. 895. 

25 de Noviembre. 

D. Alfonso III dona á esta Santa A. Iglesia algunas propieda- 
des en el Bierzo. 

Id nomine sánete indiuidue trinitatis domino sancto 
glorioso Dei martiri et nobis post Deum fortissimo pa- 
trono beatissimo iacobo apostólo, cuius sancta et uene- 
rabilis ecclesia sita est in locum arcis marmoricis ubi 
sanctum corpus eius tumularum esse dignoscitur prouin- 
cie gallecie Ego adefonsus rex et exemena regina 
in domini nostri ihsu. xpi. amore et honor e et in remissio- 
nem meorum peccaminum, et ut nobis in presentí uita 
de inimicis detur uictoria et in futura cum sanctis dei 
uestra intercessione mereamur participare, offerimus et 
donamus glorie uestre pro sustentatione religiosorum 
fratrum in uita sancta perseuerancium seu peregrino- 
rum ibi adueniencium uillas prenominatas in ripa riui 
quem dicunt ualle carcere secus fluuium buruia id est 
parata, limitosum cum ecclesiis et uineis. uillare dece- 
miani per suos términos anticos tam de ista parte quam 
de illa, cum terris, domibus et edificiis cunctis cum 
uineis, pomiferis ceterisque arboribus cum exitibus et 
aquarum molendinorum cursibus et cunctis prestationi- 
bus suis que ad ipsas uillas pertinent et quicquid ibi filii 
sarraceni et sindine obtinuerunt. et per suam culpam 
amiserunt. erigentes se in superbiam contra nos et pa- 
triam regni nostrií quos per uestram intercessionem 



APÉNDICES 41 



uirtus diuina humiliauití et usque ad nichilum redegit. 
Unde omnia que habere uisi fuerunti per legum decreta 
nobis sunt undique concessa. 

Adicinius etiam ecclesie uestre in territorio bergiden- 
se uineam que est in uilla quam dicunt montemasedo. 
siue et busto quem dicunt maiore qui iacet ad radicem 
montis cappelloso. Ita ut cultores uestre ecclesie de 
nostro iure in uestro conmutantes sit illis adiumentum 
ad uictum et ad indumentum corporis perhenni iure 
concessum, quatinus per uestrum suffragium criminum 
nostrorum ueniam consequamur et in futuro nobis re- 
muneracio ueniat copiosa. Siquis hunc uotum nostre 
oblationis de uestro iure qualicumque ambicione uel 
ausu temeritatis aufferre temptauerit. sit anathema in 
conspectu Dei patris omnipotentis et omnia in duplo 
parti ecclesie uestre restituat. et hec testamenti series 
plenam obtineat firmitatem. 

Facta scriptura die VII Kls. decembris. 
'Era DCCCCXXXIII. 

Adefonsus rex manu mea conf. 

JExemena regina conf. Gundisaluus testis. 

Garsea conf. Froila ts. 

Hordonius conf. Ranemirus ts. 



(Tumbo A, fol. 4). 



4:2 APÉNDICES 



NUMERO XXIII 



era dccccxxxvi. San Verísimo de Arcos. Año de C. 898. 

Sisnando presbítero y sus hermanos hacen con el abad Adul- 
fo un pacto ó plácito de vida religiosa, y le dan la iglesia de 
San Verísimo de Arcos de Furco cerca de Cuntis. 

et aliut tantum quantum a buta li- 

centia et concessa potestas Facta kartula 

concessionis et regule traditionis era 

DCCCCXXXVI. Sub pontífice domno sisnando epi- 
scopo. 

Sisnandus presbyter hanc pactum uel placitum a me 
factum )JT 

Tructesindus prs. hanc pactum uel placitum a me 
factum manu mea (+) 

Gudesteus prs. hanc pactum uel placitum a me fa- 
ctum manu mea (|) 

Fortunit hanc pactum uel placitum a me factum (í) 

Anagildus prs. hanc pactum uel placitum a me fa- 
ctum (§§) 

fr manu mea — (í) 

...uigitus ha — (+) 

fradegunda deouota uobis abbati meo domino addaul- 
fo sicut me iam dudum uobis et ecclesie sancti uerissimi 
tradidi cum omnia mea : : : : ita modo : : textum scri- 
pturo : : : : : trado et manu mea titulum placiti et pacti 

subscrito ()<•) ' 

Sub Xristi nomine Sisnandus dei gratia episcopus 
hanc testamentó pactum seriem quod fieri 



APÉNDICES 43 



cum comuni conlatione sancti iacobi elegimus manu 
propria confirmamus. 

Spanosindus abbas confirmans. 

honoricus presbyter testis. 

gundemarus prs. ts. 

xristoforus prs. ts. 

herus prs. ts. 

ascaricus prs. confirmans. 

sigeredus prs. ts. 

mirachius prs. ts. 

viliulfus prs. ts. 

froarengus subdiaconus ts. 

justus prs. ts. froarigus dcns. ts. 

Sindini prs. ts. agustinus dcns. 

Sisnandus diaconus ts. eccemirus dcns. ts. 

placedon dcns. ts. dagaredus dcns. ts. 

reccesuindus dcns. ts. frogulfus dcns. 

qniriacus dcns. ts. teodila dcns. ts. 

ariulfus dcns. ts. gundesindus dcns. ts. 

Theodomirus dcns. ts. iten gundesindus dcns. ts. 

romanus ts. 

hermemirus dcns. quod scribsi hordinatus a meo 
pontífice domno sisnando episcopo adnuntiante supra- 
scribto spanosindo abbate manu propria subscribsi. 

(Fragmento original inédito. Documentos de San Martín en la Biblio- 
teca de la Universidad de Santiago). 



44 APÉNDICES 



NUMERO XXIV 



era dccccxxxvii. Santiago. Año de C. 898. 

30 de Diciembre. 



D. Alfonso III dona á esta Santa A. Iglesia varias villas en el 
territorio de Coimbra. 



In nomine sánete et indiuidue trinitatis. domino 
sancto glorioso ac post deum fortissimo patrono iacobo 
apostólo cuius corpus tumulatum esse dignoscitur sub 
aréis marmoricis provincia gallecie. Ego adefonsus prin- 
ceps in dni. nri. ihu. xpi et uestre perpetué glorie. Qua- 
tinus presentís uite fruamur utilitate et eterne here- 
ditatis habeamus societatemí offerimus atque concedi- 
mus memorie uestre. pro uictu monachorum. pro subsidio 
pauperum et susceptione peregrinorum siue aduenum. 
uillas in suburbio coninbriense quas nuper dominus de 
manu gentilium abstulit et sancta uestra intercessione 
dicioni nostre subdidit. id est uilla in ripa de fluuio 
uiaster cum ecclesia uocabulo sci. martini et uilla cre- 
scemiri siue et iuxta fluuio uilla cum ecclesia sci. lauren- 
ti et terciam partem de uilla trauazolum Ínter agatam 
et uaugam. Omnes has uillas cum terminis adiacentiis 
seu cum omni prestancia sua quicquid ad easdem uillas 
pertinet uel pertinere uidetur. Quas suprataxatas eccle- 
sias et uillas sánete aule uestre subditas tradimus iure 
perhenni. Quisquis itero spiritu rapacitatis deceptus hanc 
nostram donationem usurpare uel infringere conatus 
fuerit, sit ab omni Deo confusus et ab ecclesia Dei pre- 



APÉNDICES 



45 



senti seculo segregatus et in eterna dampnatione cum 
iude xpi traditore dampnatus. 

Facta scriptura testamenti in die festivitatis supra- 
dicti patronis nostri sci. iacobi. n X kls. ienuarii. 

Era DCCCCXXXVII (1). 

Adicimus etiam atque confirrnamus ecclesias quas 
itila abba per textum scripture sce. uestre ecclesie con- 
cessiti cum omni prestancia sua. 



Adefonsus rex conf. 
Hordonins conf. 
Iacobus eps. conf. 
Naustus eps. conf. 
Froila rex conf. 
Lucidus conf. 
Pelagius conf. 



Hermegildus conf. Fredosindus ts, 
Segeredus conf. Adefonsus ts. 



Erus conf. 
Vilifronsus conf. 
Sauaricus conf. 
Telo conf. 



Hermegildus ts. 
Gundesindus ts. 
Didacus ts. 

Egas ts. 



(Tumbo A, fol. 4 vuelto). 



(1) Según Castellá y la copia que se remitió á Flórez, venía á ser la 
Era DCCCCXXXin. 



46 APÉNDICES 



NUMERO XXV 



eea dccccxxxvii. Santiago. Año de C. 899. 

6 de Mayo. 

Diploma otorgado por D. Alfonso III el día de la consagración 
de esta Santa A. Iglesia. 

Celicolo glorioso domino ac patrono seo. Iacobo apo- 
stólo, cuius uenerabile sepulchrum est sub aréis marmo- 
ricis in provincia Gallecie. Nos Adefonsus rex et Exe- 
mena regina, una cum patre nostro Sisnando episcopo, 
cuius instinctu studuimus aulam tumuli tui instaurare 
et ampliare, et in Xristi a more et in tuo perpetuali ho- 
nore. Offerimus itaque et uolumtarie donamus sancto 
altario uestro ecclesias. id est scm. Xristoforum in ripa 
Minii cum villa Nugaria et eiusdem saltum Magnimi- 
ri uocitatum, ecclesiam sce. Eulalie in Montenigro, 
quam obtinuit Teodemirus episcopus cum uniuersis pre- 
stacionibus suis. ítem et ecclesiam sce. Marie in Arenoso 
juxta fluuium Tena cum cunctis prestationibus suis. 

Iterum offerimus pro luminariis accendendis, pro 
sacris odoribus adolendis, ac sacrificiis inmolandis, pro 
uictu clericorum vel sustentatione pauperum. uillas, id 
est, uillam Petri Pistoris, que est in Montenigro cum 
ómnibus terminis et adiacentiis suis, et fuit ipse Petrus 
hiriensis seruus et habitauit in uilla dominica; uillam 
uiniolis (1) in ripa Vlie cum ómnibus terminis suis siue 
et ecclesiam sci. Clementis, et aliam uillam uitaliani 



(1) Alibi: Iuniolis. 



APÉNDICES 47 

cum terminis suis; uillam Valliga, que est iuxta sedem 
hiriensem cum terminis et adiacentiis suis uillam que 
est iuxta fluuium Aleste territorio bracharensi ubi eccle- 
sia sci. Victoris est fundata cum uicis suis. id est Efi- 
gies. Murgotos. Palatium. et per términos de Larnazares, 
quam nuper Pelagius filius Petri per nostram ordinatio- 
nem extirpe prehenditit, et nos illam ex eo per conmu- 
tationem accepimus et dedimus ei alias uillas Zetaría 
et Pandion, et modo eam uobis simul cum ipso loco 
sci. Victoris concedimus perhabendam. Villam quam 
dicunt de Molendinis, que est inter sci. Victoris domum 
et Br achara iuxta fluuium Aleste cum ómnibus terminis 
suis. Omnes has uillas cum ómnibus mancipiis nostris 
habitantibus in eis intus et foris, necnon et familiam 
sce. Eulaliae iriensis Sedis. Monasterium sci. Fructuosi 
episcopi, in locum Monteselios iuxta Bragara, et Dumio 
cum terminis et adiacenciis suis; uillam Carcatiam inte- 
gram cum ecclesia sci. Petri ibi fundata; insulam Aones 
cum ecclesia Sci. Martini; insulam A rauca cum eccle- 
sia sci. Iuliani ibi fundata; item insulam Saluare cum 
ecclesia ibi sita, et ecclesiam sci. Vincentii in Ínsula 
Ocobre cum dextris suis. 

Adicimus etiam villas, quae sunt in Varna (1), quas 
diuisimus cum filiis Suarii, unde nos prendidimus me- 
dí etatem, et illi medietatem; illam nostram portionem 
integram üestro sancto loco offerimus. 

Concedimus etiam in Vallecarcere, uillas, id est, Pa- 
ratam cuín ecclesiis et uineis. Limitosum cum ecclesia 
et uineis: Villarem decimanií cum suis terminis, quid- 
quid in supradictis uillis filii sarraceni et sendine ha- 
buerunt et nostro iure legaliter sunt subdite propter eo- 
rum insolentiam erga nos et erga Ecclesiam Dei; omnes 
has uillas cum cunctis praestationibus uel edificiis suis: 
ecclesiam sce. Marie immo sci. Romani in suburbio le- 
gionense in uilla Geroncana cum sua senra et suo exitu 



(1) Véase un documento del año 912. 



48 APÉNDICES 

ab integro. ítem in territorio asturiense in commisso de 
Tinegio in locum Vaurres uillas duas uocitatas Castellum 
et uillam Hermigildi et ecclesiam sci. Ioannis in Castel- 
lo, siue et uillam Colimas et Cerritum cum ecclesiis 
scae. Mariae et sci. Iacobi cum ómnibus terminis suis. 
Ecclesiam scae. Marie in territorio ouetensi in locum 
Teneiana cum ómnibus terminis et adiacentiis suis. 

ítem offerimus uestrae gloriae ecclesias et uillas, 
seu et nomines et quidquid nobis per scripturam dona- 
tionis concessit Retericus abba (1) in Presares, ipsam 
uillam iam dictam per términos antiquiores et cunctis 
praestationibus suis et ecclesiam sci. Petri in ea funda- 
tam, seu etiam et alias ecclesias per alia loca, ubi eas 
inuenire potueritis, et in comisso de Sonaria ecclesiam 
Sci. Iuliani, quae est fundata in uilla Onexa, siue et uil- 
lam Gerniu, quam nobis donauit Gradinus. 

In territorio conimbriense uillas, id est, uillam in 
ripa de fluuio Viaster cum ecclesia sci. Martini, et uilla 
Crecemiri, siue iuxta fluuium Certoma uillam cum ecle- 
sia sci. Laurentii et tertiam portionem de uilla Traua- 
zolo inter Ágata et Vauga. Omnes has uillas cum ter- 
minis et adiacentiis suis. Adiecimus etiam ecclesias 
quas itilla abba per textum scripturae aule uestre con- 
cessit. 

Has quidem suprascriptas uillas, et ecclesias in 
remissionem peccatorum nostrorum bto. Iacobo apo- 
stólo sint dedicate. Nihil inde quislibet sacerdos ad ius 
aliarum ecclesiarum ausus sit conmutare uel ad aliquam 
personam transferre. Hoc diuino testimonio per etates 
succiduas futuros premonemus episcopos, ne uotum hoc 
nostrum tepida conuersatione dissoluant uel dissoluen- 
tes annuant. Obtestamur eos quibus post nostris excussis 
temporibus a Deo regnum dabitur per Xpi. regis inpe- 
rium et per apostolicum honor em, ut de cunctis nostris 



(1) Véanse los clocmnentos VIII y IX. 



APÉNDICES 49 

offerunculis quibus Deo et apostólo suo daré studui- 
mus, nichil emutilare, nichil usurpare uel aufferre pre- 
sumant dum certissime conste t pro nostra et pro Xpi- 
stianorum gente et pro subdita plebe nobis a Deo con- 
cessis talibus ei placeré uoluisse muneribus. 

Suscipe hec, quesumus Domine, que offerimus in 
templo tui honoris, uidelicet, apostoli tui Iacobi, et tra- 
dimus in manus pontificis tui Sisnandi episcopi, qui pa- 
riter nobiscum uotum peregit et instanter strenuus com- 
pleuit. Igitur memoramus et confirmamus quidquid de- 
uotissime aui et parentes nostri huic aule uestre 
obtulerunt , uidelicet proauus noster diue memorie 
Adefonsus princeps, et auus noster Renamirus bone 
memorie princeps, et genitor noster Ordonius princeps 
qui omnes multa beneficia, et dona casta mente sancto 
altario u estro obtulerunt. Facta donationis carta an- 
no XXXIIII regni gloriosi principis Adefonsi, presenti- 
bus Episcopis et comitibus in medio ecclesie dei, die 
consecrationis templi. II. e nonas maii. 

Era DCCCCXXXVIL 

Adefonsus rex, seruus Xpisti confirmo. 

Grarsea, confirmo. 

Ordonius conf. 

Gundisaluus conf. 

Froila conf. 

Ranemirus conf. 

Hermegildus conf. (1) 

Teodemirus Egitaniensis episcopus conf. 

Gomadus uiscensis eps. conf. 

Naustus conimbriensis eps. conf. 

Sisnandus iriensis eps. conf. 

Eleca caesaraugustanus eps. conf. 



(1) Este Hermenegildo, por otro nombre Menendo, Ñuño ó Munio, 
parece fué hermano ó tío de D. Alonso III, y abuelo de San Kosendo. 
Tomo II— 4. 



50 APÉNDICES 

Argimirus lamecensis eps. conf. 

Recaredus lucensis eps. conf. 

Iacob cauriensis eps. conf, 

Pelagius comes conf. 

Froila comes conf. 

Lucidius comes conf. 

Erus Fredernandi conf. 

Ascarius testis. 

Petrus testis. 

Munio Muniz comes conf. 

Osorius comes conf. 

Erus comes conf. 

Gundesaluus comes conf. 

Spanosindus conf. 

Ermaldus testis. 

Froila ts. 



(Tumbo A, fol. 4 vuelto-5 vuelto). 






Acta de la Consagración de la Iglesia de Santiago en el año 
899, según la publicó Castellá (Hist. del Apóstol Santiago, 
lio. IV, pág- 460), tomándola de un ejemplar de letra gótica 
que se guardaba en la Santa Iglesia de Oviedo. 



In nomine dni. nri. Jesu Xristi, edificatum est tem- 
plum sci. Salvatoris et sci. Iacobi apostoli in locum Ar- 
éis marmoricis territorio Galleciae per institutionem 
gloriosissimi principis Adefonsi III cum coniuge Sceme- 
na sub pontífice loci eiusdem Sisnando episcopo. 

Suplex egregii eximii principis Ordonii proles ego 
Adefonsus princeps cum praedicto antistite statuimus 
aedificare domum Domini et restaurare templum ad 



APÉNDICES 61 

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tumulum sepulchri Apostoli, quod antiquitus construxe- 
rat diuae memoriae dns. Adefonsus Magnus ex petra et 
luto opere paruo. Nos quidem inspiratione diuina adlati 
cum subditis ac familia riostra adduximus in sanctum 
locum ex Hispania ínter agnima maurorum, quae elegi- 
rous de ciuitate Eabecae petras marmóreas quas aui no- 
stri ratibus per Pontum transvexerunt, et ex eis pulcras 
domos aedificaerunt, quae ab inimicis destructae ma- 
nebant. Unde quoque ostium principale occidentalis 
partis ex ipsis marmoribus est appossitum: supercilia 
uero liminaris sedis inuenimus sicut antiqua sesio fuerat 
miro opere sculpta. 

Ostium de simistro iuxtra oraculum baptistae et 
martyris Ioannis, quem simili modo fundauimus, et de 
puris lapidibus construximus columnas sex cum basibus 
totidem posuimus, ubi abbobuta tribunalis est constru- 
cta, uel alias columas sculptas, supra quas porticus im- 
minet, de oppido portucalense ratibus deportatas addu- 
ximus quadras et calcem unde sunt aedificatae colu- 
mnae decem et VIII, cum alus columnelis marmoreis 
simili modo nauigio. 

Igitur anno secundo, mense décimo, postquam Deo 
auxiliante et mérito Apostoli aedificatum est et comple- 
tum, venimus in sanctum locum cum prole nostra, et de 
Sede unaquaque episcopi et de regno nostro omnes 
magnates cum plebe catholica, ubi facta est turba non 
módica. Ideoque II nonas maii, anno Incarnationis Do- 
mini DCCCLXVIIII, secunda feria deducebat annum 
ad lunae cursum III, luna XI, consecratum est templum 
hoc a pontificibus XVII, id 6st, Joannes occensis, Vin- 
centius legionensis, Gomerus astoricensis, Hermegildus 
ovetensis, Dulcidius salmaticensis, Naustus conimbrien- 
sis, Argimirus lamecensis, Theodemirus uesensis, Gu- 
maedus portucalensis, Jacobus cauriensis, Argimirus 
bracharensis, Didacus tudensis, Egila auriensis, Sisnan- 
dus iriensis, Eecaredus lucensis, Theodesindus britonien- 
sis, Eleca caesaraugustanensis, in quo reliquiae sanctae 



52 APÉNDICES 

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reconditae fuerunt a pontificibus in altaría sancta nin- 
quide, et calce consepta, quae urneas áureas habent, se- 
pulchra balsamum et incensum redolent fragrantia. 

In altare sci. Saluatoris sunt ter senae reliquiae 
subtracta una. De sepulcliro Domini; de vestimento Do- 
mini; quando crucifixus est. ítem de túnica Saluatoris; 
de térra ubi Dominus stetit; de ligno scae. Crucis; de 
pane Domini; delacte scae. Mariae; sci. Jacobi Apostoli; 
sci. Thomae Apostoli; sci. Martini episcopi; sci. Vincentii 
Leuitae; sci. Christophori et sci. Bauduli; scorum. Juliani 
et Basilisae; scae. Leocadiae cnf.; de ciñere et sanguine 
scae. Eulaliae Emeritensis et scae. Marinae. 

In altare quoque dextro in quo est vocabulum sci. 
Petri sunt reliquiae, id est, sanctorum Petri et Pauli 
apostolorum;de sepulcliro Domini; sci. Andreae Apostoli; 
sci. Fructuosi episcopi; scarum. Luciae et Rufinae, et 
scae. Lucriciae martyris. 

In altare II sci. Ioannis Apostoli et Euangelistae, 
quod est ad leuam; eiusdem sci. Ioannis; de sepulcro Do- 
mini; sci. Bartolomaei apostoli; sci. Laurentii archidia- 
coni; sci. Bauduli, et scae. Leocadiae confessoris. 

In túmulo altaris sci. Ioannis, quod est sub tectu et 

constructu latere sinistro ad aquilonem repositae sunt 

septenae dignae reliquiae; Joannis Baptistae; de sepul- 
cliro Domini; de cruore Domini; scae. Mariae Virginis 
matris Domini; scorum. Juliani et Basilisae; scae. Lucri- 
ciae martyris; et scae. Eulaliae Emeritensis. 

Haec omnia quoque dignissime manent tumulata in 
ligneis tabulis imputribilibus, quadris, cera marmori 
mixta sáxea implet foramina parua duredine coacta 
signant sigilla diuisa. Desuper quoque restant marmórea 
gipsa cum regula quadra. 

Super corpore quoque beniuoli Apostoli patet alta- 

rium sacrum, in quo patet antiqua es martyrum the- 

ca, quam a sanctis Patribus scimus conditam esse, unde 
nemo ex nobis ausus fuit tollere saxa. Post Dominum, 
te, Patrone, oro cum coniuge vel prole, ut digneris me 



APÉNDICES 53 



habere famulum et cum agnis velere induar, nec e-san- 
cte subtractus cum edis nocens inveniar. 

Tu quoque meus Sisnande, sedis apostolicae ponti- 
fex, preces iubeas fundere Christo, ut post corpus depo- 
situm concedat mihi veniam et réquiem aeternam, 
Amen. Completum hoc est era congruit esse nouies cen- 
tena, sexies dena, addito tempore uno. Erectum in regno 
anno DCCCCIIII. tempore multo omissimus fabricare 
templum; nunc ordinem credimus impletum voluens tri- 
cesimum tertium. 



NUMERO XXVI 



ERA mdcccclii? Picosacro. Año de C. 904? 

Septiembre 1.° 

El Obispo compostelano Sisnando I funda el Monasterio de 
San Sebastián de Picosagro. 

In nomine sánete et indiuidue Trinitatis. Domino 
sancto gloriosoque Dei martyri, ac triumphatori Se- 
bastiano cui basilica fundata est ad radicem inontis, qui 
ab antiques uocatus est Monssacer, et (ego?) exiguus ac 
passillus seruorum Domini famulus Sisnandus ac si in- 
dignus episcopus in Domino sempiternam salutem, 
amen. Multis quidem manet notissimum et quod diuina 
clementia adjuti, dum essemus sub umbráculo in loco 
apostólico Sancti Iacobi aduenit nobis mente deuota ut 



54 APÉNDICES 



construeremus atque edificaremus monasterium in sepe- 
dicto loco quod nunc Deo fauente perfectum est, atque 
completum et manibus nostris consecratum; ob inde pla- 
cuit nobis propter remedium anime nostre, ut nobis ante 
Dominum merces eueniat copiosa ut aliquantulum ex 
uoto proprio of ferré curar emus, quia scriptum est; uoue- 
te et reddite Domino Deo uestro. Ideoque cum omni 
operis affectu eamdem ipsam nostram deuotionem im- 
plere procuramus ac si concedimus uel offerimus ecclesie 
uestre atque sacrosancto altario, id est, ministeria eccle- 
sie calicem argenteum cum sua paropside, crucem ar- 
genteam, capsa argéntea, signum cum aquisibus suis, 
frontales dúos, palees, pallas de super altare, duas pal- 
las, uellos dúos, casullas duas, orales tres. ítem cálices 
dúos, libros ordinum sacerdotalium primo. Ierontion 
I. tertium cum suo ofíicio idem martyris Sancti Seba- 
stiani passio et missa, scala argéntea de sex solidos cum 
nostro nomine; pro uictu quoque uestitu monachorum 
Dei et sacerdotum, qui in ipso loco prestiterint in Con- 
gregatione cenobiali deseruientes ibidem regulariter, 
siue pro luminaria sacri altaris uel eleemosynis paupe- 
rum damus atque ibidem in prefato loco domos et edifi- 
ciis cunctis cum intrinsecis suis quidquid ad monasterii 
utilitate pertinet, siue etiam in suburbio montis de uilla 
Artillarlo de arca, que est inter uilla Sireguti et Artil- 
larlo, per strata que discurrit super donum Gutini et 
Gatoni usque in arca de luli Barbito et super ipsa stra- 
ta infando et usque in Reboritillo, ubi congregatio sa- 
cerdotum est in diebus litiniarum et sic per strata ubi 
terminus sedet de Suberito usque in monte et inde us- 
que in términos de Hauzanes, per ubi diuident cum 
Artillero térras ruptas et inruptas cum arbores bausas 
et felgarias quidquid ibident conclusum est liabeat om- 
nia par Ecclesia perpetualiter. Commendamus jam di- 
ctum locum cum omnia quidquid ibidem pertinet Nam- 
temiro pro cognomento Guto et Leodulpho presbytero, 
<jui coadungiit ibi fratres, qui in uita sancta, juuante 



APÉNDICES 56 



Domino, persistant et habeant ipsum locum firmiter 
absque alicujus dominatione, et cui ea relinquerint post 
discessum suum. Necnon quoque ego Leodulphus pre- 
sbyter affero atque concedo huic loco in honorem sancti 
Sebastiani qnod ibidem propriis manibus auxiliante Do- 
mino, laboraui uel ganaui seu quod ex populo ibidem 
obtulerunt, id est, psalterium, orationum, passionum, 
commicum et manualium, scala argéntea una, uena- 
pes IV, plumatios V, tapete I. lentos VI cathedras X. 
mensas VIII. mensorios VÍII. concas XV. arcas III. cu- 
pas X. cupos III. boues X. uacas XX. equas X. oues XXX. 
siue pomerium médium, quod comparaui de Belesario 
in uilla Palatio de Sudares, uel quicquid ad prestitum 
monasterium pertinet, quo et juratione confirmamus per 
Dominum.v/.v.v. quia contra hunc factum nostrum 
numquam erimus uenturi al irrumpendum, quem ta- 
men scripture, uel titulum donationis in hac ciuis regu- 
le uestre traddimus conseruandum. Addimus etiam uo- 
bis clamores et duas partes de illo uoto. Facta series 
testamenti uel titulum donationis ipsas kalendas se- 
ptembris era DCCCCLII. 

Sub Xpisti nomine Sisnandus Dei gratia episcopus 
in hunc testamentum á nobis factum manu mea con- 
firmo. 

Ego Leodulphus presbyter cum omnia que ganaui 
et in testamento tradidi, quem fieri uolui confirmo. 

Gundisindus Abbaluiti (abba Aluiti) confirmat. 

Ermoge abba conf. 

Sagatus presbyter conf. 

Gibulcus presbyter conf. 

Ermemirus presbyter conf. 

lustus conf. 



(II columna). 

Ermegildus confirmat. 

Addauleus (Adaulfus?) diaeonus conf. 



56 APÉNDICES 



Munninus dcns conf. 
Vistrarius dcns conf. 
Tellus dcns conf. 



(III columna). 

Credosindus (Fredesindus?) bresbyter conf. 
Gundisindus presbyter testis. 
Cresconius presbyter testis. 
Sumemirus presbyter testis. 
Augustinus presbyter testis. 

(IV columna). 

Vimara abba conf. 
Petrus presbyter conf. 
Vínuleus (Viliulfus?) presbyter conf. 
Ioannes dcns. testis. 
Anastasius dcns. testis. 
Armentariz dcns. testis. 

Eliebas clericus quod scripsi et pro teste me posui 
manu mea. 

Yepes: tom. IV, Apénd. núm. XIV). 



APÉNDICES 



61 



NUMERO XXVII 



Santiago. Año de C. 906. 



Carta de D. Alonso III al Clero y pueblo de Tours en contes- 
tación á otra que estos le habían dirigido por conducto 
del Obispo Sisnando de Compostela. 



In Dei nomine Adefonsus pro Xpisti nutu, atque po- 
tentia Hispaniae rex, christianissimo gregi, et cultoribus 
tumuli bti. confessoris Xpisti Martini turonensis Eccle- 
siae in Xpisto et per Xpistum aeternam salutem. Literas 
sanctitudinis vestrae, quas per Mansionem et Datum de- 
ferri procurastis ad egregium pontificem apostolicae Ja- 
cobi sedis archiepiscopum Sisinandum, postquam eas 
ille gratiose suscepit, et avide percurrens usque ad no- 
stram clementiam destinare solerter non pepercit, reci- 
tatis quoque vestris apicibus, de sospitate vestra gavisi 
sumus: de nortmannorum autem audacia, qui domum 
bti. Martini incenderunt, suffoderunt, ac eius pascua de- 
pascuerunt, dolor exinde impatiens nostro infixus est 
pectore. Sed quia certurn est pro contemptu divinorum 
praeceptorum et transgressione mandatorum, Judaeam 
et Jerusalem perniciem substinuisse praessurarum, ac 
domum Dei, legemque divinam ab multis stirpis vicibus 
esse captam, atque succensam. Sed quoniam non in fi- 
nem irascitur Dominus a Iesu sacerdote magno et Zoro- 
babel, et Esdra et Neemia in melius pro Dei iussu omnes 
ruinae fuerunt contractae, ac domus Dei restaurata. 
Vnde confidimus in mérito et interventu sci. Martini, 
qui vobis domum suam spiravit muñiré et instaurare. 



68 AP&roiCEá 

ut ultra non conculcet eam superbus, nec contaminet 
pollutus. 

De mirabilibus quoque, quae penes uos gesta sunt, 
ut uestra narrat scedula, quae hodie agit Dominus in 
uestra ecclesia, loqui mutos, solvi colligatos, audire sur- 
dos, auxit nobis milliare gaudium benedictus Dominus, 
qui per magnam misericordiam corroborat in omni tri- 
bulatione Ecclesiam suam. Ideo optamus vos bene vale- 
re, et sic ut prospere agatis, peragere procúrate et do- 
íiium sci. Martini instudete muñiré. Graudemus valde 
de hoc quod recte facitis. Et magis autem horum nos 
habemus gaudium cum audimus vos in viis Domini am- 
bulare et domum Dei restaurare, eiusque atria muñiré, 
ut ipso praestante ultra non paveat ruinam. 

De cetero quod rursum insinuastis, quia penes vos 
coronam imperialem habetis ex auro et gemmis com- 
ptam, nostrae serenitati condignam, et ob id apostolicam 
serenitatem Sisinandi intervenistis, ut nobis hoc insi- 
nuare procuret et emere peroptare, ita ut res ista, si no- 
strae complacuerit voluntati, apicibus redditis certificare 
vobis non differatur. Ideoque placuit nostrae serenitati 
hoc quod sermocinati estis et insuper opulentam impen- 
dimus consiliis vestris gratiam. Quamobrem pernoscite 
navalem remigationem inter vos (1) et amicum nostrum 
Amalvinum ducem Burdelensem inesse et opitulante 
alti Poli potentia in hoc anno qui est Incarnatione Do- 
mini DCCCCVI, indictione VIIII, inter cetera máxime 
disposuimus, ut mense madio nostrae naves, cum pueris 
Palacii nostri usque burdelensem civitatem remigent. 
Vos tamen si ex corde hoc implere nitimini, dirigite 
ipsam coronam per vestros fidelissimos fratres ad Amal- 
vinum comitem burdelensem, ut sit ibidem in mense dif- 
finito mediante madio et eam ibidem nostri pueri inve- 
niant: ratione servata, ut nostrae ibidem remaneant 
naves et pueri nostri cum aliquibus ex vestris fratribus, 

(1) Léase: noa. 



APÉNDICES 59 



quousque dúo aut tres ex ipsis vestris fratribus cum ali- 
quantulis ex nostris pueris et cum ipsa corona, unam 
tantummodo ascendant navem, ut citius devolent usque 
ad nostram, Deo auxiliante praesentiam. Quod si pla- 
cuerit, extemplo plenarium diffinitum direxerimus vobis 
per illos pactum; non enim minuere, sed augere et lo- 
cupletare causam Ecclesiae vestrae nitimur. Insuper et 
muñera in adminiculum fabricae conamur per íratres 
vestros vobis possidere. Quod si perplacuerit, remitte- 
mus eam sanan ditatos fratres et ob fastidium locu- 
pletatos. 

Sane optamus vestram beniguolentiam, ut quidquid 
conscriptum habetis de virtutibus quae in ecclesia ue- 
stra post obitum S. Martini gratia et mérito ipsius, Deo 
annuente, factae sunt, nobis dirigere non gravemini, 
quoniam tamen, nos de mirabilibus eius liabemus con- 
scriptum, quae in vita ipsius usque ad obitum mystice 
peracta sint. Nos quoque multorum virorum illustrium 
vitam, virtutes et mirabilia utpote Emeretensium evi- 
denter ac sapienter conscriptas liabemus, quae ut remo- 
rar in archivis vestris non habentur. Quod si vobis utili- 
tas fuerit, dirigere eas procurabimus. 

De cetero quod conquaeritis cuius Apostoli tumulus 
hic penes nos habetur, certissime pernoscite Iacobi apo- 
stoli Zebedei Boanergis, qui ab Herode decolatus est, 
sepulchrum liabemus in Archis marmcricis provincia Gra- 
laeciae. Manu enim Domini gubernante, ut multae veri- 
dicae continent historiae, usque ibidem per ratem corpus 
eius perlatum est, atque sepultum. Cuius sepulchrum 
multis claret hactenus mirabilibus, lacinantur daemo- 
nes, caecis redditur lumen, claudis gressus, surdis audi- 
tus, mutis eloquium, multisque et alus mirabilibus, quae 
cognovimus, et vidimus, et pontífices et cleri ipsius nar- 
raverunt nobis. Nam quomodo in Jerosolima ab Herode 
decollatus est, et liuc sportatus atque sepultus, vel quo 
tempore, vel quomodo, evidenter manifestum ómnibus, 
et veridicae nostrorum Archiepiscoporum epistolae et 



60 APÉNDICES 



Patrum historiae et multorum testantur eloquia. Quod 
si ad singula modo voluerimus ea vobis narrare, in lon- 
gius vexetur stilus, quo modum excedemus epistolae, 
iuxta imnio festinationem gerulorum qui noluerunt re- 
morari. Sed opitulante Deo, dum vestri ad nos devene- 
rint clerici, omnia liquidius et enocleata, nulla. lucubra- 
tione retenta, sed quod a stis. Patribus accepimus et 
tenemus inscripta, vobis dirigere non denegamus, Deo 
annuente, et amota omni haesitatione, certe credatis, 
quod rectum et iustum tenemus. 

Quod autem exquisistis quantum ab Occeano mari 
eminus distat eius tumulus, uel in quo loco situs est, a 
mari uirio pernoscite usque ad locum ubi, Domino gu- 
bernante (1) dúos fluvios, quos antiqua vetustas nomi- 
navit Voliam et Sarem, in locum qui dicitur Bisria, 
vestrae (2) sedis iriensis, Ecclesiae scae. Eolaliae haben- 
tur millia X, et exinde usque ad gloriosum eius sepul- 
chrum habentur millia XII. 

(Publicó por primera vez esta Carta Andrés Duchesne en las No- 
tas á la Biblioteca Cluniacense. Reprodújola Flórez con algunas co- 
rrecciones tomadas de Baluze, que la había visto en el Cartulario 
de S. Martín de Tours, entre los Apéndices del t. XIX de la 
Esp. 8ag.) 



mmme^mmitÉiim^a» i ni«g«m 



(1) Appulit ínter, vel quid siinile subintellige. 

(2) Veteris, melius leges, 






APÉNDICES 61 



NUMERO XXVIII 



era dccccxlvi. Santiago. Año de C. 908. 

4 de Marzo. 

El Presbítero Viliulfo dona á esta Santa A. Iglesia la de San 
Juan de Pensello en tierra de Braga. 



In nomine sce. et indiuidue Trinitatis domino et pa- 
trono meo sanctoque Dei martiri sancto Iocobo apostólo 
cuius corpus tumulatum manet sub archis marmoreis 
territorio gallecie in finibus amaee. Ego seruus uester 
licet indignus Viliulfus presbiter cum peccatorum mole... 
(Siguen las fórmulas acostumbradas en que se exponen 
los motivos de la donación). Et sic concedo et offero glo- 
rie uestre atque sacro sancto altario uestro pro uictu 
atque uestitum monachorum Dei in ista sancta ecclesia 
nostra (uestra) deseruiencium suum etiam uel in elemo- 
sinis pauperum id est ecclesiam sci. iohannis uel socio- 
rume ius martirum cum omni utensilie sue. crucis, calcis, 
(calicis) atque corone seu in libelos uel uela ministeria 
ecclesie qui etiam fundata in uilla que uocitatur Pensel- 
lo subtus montículo Lartico iuxta arrogio selo territorio 
bracarense, necnon quoque. et ipsa uilla prefata Pensel- 
lo quantumcunque me in ea competet ab integro per 
terminis et adiacentiis suis, térras pomares, uineis, salta, 
sub paretis montis et fontis cum omne accessum uel re- 
cessum iendi et redigendi siue etiam domos et orrea et 
intrinsecus omne domorum quantum Dei iubamine ibi- 
dem augmentare uel profectare potui uel adhec (adhuc) 
potuero, id est, cupas, cupos, lectos, cathedras, mensas 



62 APÉNDICES 

seruicios compendíales sicut superius resonat, omnia 
aule uestre esse perpetualiter pro anime redemptionis 
mee esse concedo. Idemtidem quoque boues et nacas 
oniculas porcos et omne quadrupeda nel uolatilinm om- 
nia ecclesie sánete nestre concedo firmiter permansnro 
quo et jnracione confirmo per Deum qui diuisit lucem a 
tenebris quod contra hunc factum meum numquam ero 
uenturus ad irrumpeñdum. Si qnis tamen quod absit 
munime (minime) credo ais (quis?) contra hoc factum 
meum ad irrumpeñdum uenerit et quisquis ille fuerit 
ultio diuina constrictus pena incipiat luituras, et insuper 
parti ecclesie uestre pariat auri talentum et ham scri- 
ptura testamentó in ómnibus plenam habeat firmitatem. 
Facta scriptura testamenti. IIII. nonas martii. Era 
DCCCCX'VL 

Vistrarius dens. ts. 

Gundesindus abba cf. 

Hermerote abba cf. 

Adaulfus abba cf. 

Froarengus dens. ts. 

Adaulfus dens. ts. 

Munius dens. ts. 

Hermegildus dens. ts. 

Gririuus dens. ts. 

Munius pbr. ts. 

Tudericus pbr. ts. 

Recesuindus pbr. ts. 

Sub Xpisti nomine Sisnandus dei gratia eps. conf. 

( Tumbo C, fol. 142). 



! 



APÉNDICES 63 



NUMERO XXIX 
ERA DCCCCXLVUI. Adones. Año de C. 910. 

(Santiago de Ois). 28 de Febrero. 

Godoigia dona varios pomares á este Monasterio. * 

In Dei nomine. Ego Godoigia uobis domini inuictis- 
simis ac triumphatoribus gloriosis sce. Marie Virginis et 
Genitricis Domini nostri Iesu Xpisti, seo. lacobo Apo- 
stólo Domini, seo. Iohanni Baptiste et seo. Martino Epi- 
scopo Xpisti, quorum basilica sita et in loco Adones 
territorio Nemitos. Cum peccatorum mole depressa in 
spe fidutia... deuotionis mee extitit ut pro remedio ani- 
me mee offeram arcibus uestris id est pumare cum suo 
terreno in uilla Mariniano, que habeo communiter cum 
Alcedonia; pumare que dicitur Morobii mea portione 
integra que habeo in ipso pumare cum suo terreno... Si 
quis tamen contra hunc factum meum ex filiis meis uel 
nepotibus aut quilibet homo etc.. 

Facta scriptura testamenti pridie kls. martii. 

Era DCCCCX'VIII. 

Godoigia in hac scriptura donationis a me facta et 
manu mea. 

Rudesindus pbr. ts. Teodesindus conf. 

Froyla confirmat. Goimirus testis. 

Nobotianus conf. Gondulfus ts. 

Africanus conf. Flámula ts. 



Teodigus conf. 



(Tumbo de Sobrado, tom. I, fol. 17). 



64 APÉNDICES 



NUMERO XXX 



ERA DCCCCXLIX. Santiago. Año de C. 911. 

20 de Abril. 



D. Ordoño II, Rey de Galicia, hace á esta Santa A. Iglesia y á 
su Obispo Sisnando I, una rica donación en villas, siervos 
y alhajas. 



In nomine sce. et indiuidue trinitatis glorioso dno. 
nostro seo. iacobo apostólo, cuius uenerabile corpus se- 
pultura est in arcis marmoricis in prouincia gallecie. 
Nos famuli eius hordonius rex et geluira regina s... 
iduimus uotum nostrum conferre in xpi. amore et in suo 
perpetuali honore. et per hoc nobis a deo futura cumu- 
lentur premiaí per quod nos corana ipso dispensamus 
terrena. Et quia scriptum est. uouete et redite dno. deo 
uestro. Idcirco offerimus sacrosancto altario tuo. cabsas 
duas ex auro obtimo cum lapillis et margar itis miro 
opere compositasí et cum nomine nostro. aliam ex uitro 
transmarino in arcos dÍ3positam. balteum sacerdotale ex 
auro gemmis atque lapidibus constructum. calicem au- 
reum cum sua parapside cum lapillis et margaritis. olo- 
uitreum ornatum. ítem uelos de polegia dúos principa- 
les, ex quibus unum plumatum cum siptacos. Coronas ex 
auro obtimo prefulgentes .III. cum lapidibus preciosis 
ornatas. Crucem auream fusilem cum lapidibus preciosis 
ornatam. Casulam episcopalum. piscina. ítem aliam ca- 
sulam piscinam et uiridem in una textura! cum duas fa- 
cies. et terciana casulam aluataroni. Frontales uermicu- 



APÉNDICES 65 



los .III. exaurotos. aquanianiles argénteos sculptos exau- 
ratos. Intermisium rotundum palmiceum miro opere 
pictumí et exauratum. Cathedram episcopalem ligneam 
atque oseam cum clauis et malis argentéis cum suo sca- 
bello miro operae conpositos. 

Pro uictu quoque et uestitu monachorum dei deser- 
uiencium sub sacrosancto umbráculo uestro uel peregri- 
norum et pauperum adueniencium. necnon, eciam pro 
anima diue memorie genitoris nostri dni. adefonsi con- 
cedimus in territorio saliniense insulan ocobre cum suas 
uillas et cum suas ecclesias intus. uel cum cunctis pres- 
tacionibus suis. extra uillam uocabulo ardena que fuit 
ex proprietate petri. Confirmamus quoque omnes Ínsu- 
las que sunt infra mare quas pater noster domnus ade- 
fonsus rex per testamentum concesit seo. loco uestro. id 
est aones. f ramio, saluare. arauza. sias. et tanao cum 
ecclesiis et prestationibus aearumdem. ítem et uillam 
noaliam in saliniense cum suis hominibus ibi habitanti- 
bus per omnes suos términos anticos. et cum suis salinis 
et pumare in cornato. Secundum ea concessit prefatus 
genitor noster hermemiro presbitero et ille concessit ea 
seo. uestro apostólico loco, ut in uita sua medietatem 
possideat. post obitum uero suum integra sint ecclesie 
uestre. Adicimus in territorio br achárense ecclesiam 
sci. iohannis in ripa de aue cum sua uilla uel adiacencia. 
cum cunctis prestationibus suis. quantum ibi honoricus 
abba obtinuit. et nobis per scripturam concessit. ita 
modo dum uita uixerit gundesindus presbiter cui eam 
dudum per scripturam concessimus. medietatem habeat 
in uita sua. post obitum quidem suum ab integro sit par- 
tem loci huius. 

Donamus etiam glorie uestre ex mancipiis quos sea. 
intercessione uestra de gente hismaelitarum cepimusí 
nominibus froilanum. leodericum cognomento abdela. 
froritum cognomen abderahamam cum sua muliere ma- 
ria. et sua filia guntina. zaliit. zaliim. scahit. zahaton. 
iausar. lallus. fetta. melchi. zahit. aloitus. fare. adosinda 

Tomo II.— 6. 



66 



APÉNDICES 



cognomento hanna. teodegundia cognomento anza. car- 
rataim. belita. rahama. kerita. aissima. cepta cum filia 
sua. ítem et alios zahat. eikar. abdel. gatel. calaph. ítem 
cahat. alfarach. abuzahat. feta e